Portada :: frica :: Nelson Mandela, luchador por la libertad
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2013

Mandela condena a la derrota a toda caverna racista

Narciso Isa Conde
Rebelin


Invocar a Mandela en momento en que como hroe de la humanidad da el salto a la inmortalidad, es algo imperioso para los/as que amamos esta tierra y este pueblo, abrazando persistentemente el sentido de justicia y la causa de la emancipacin social de todas las vctimas de la opresin, la discriminacin y la exclusin.

Ms aun cuando en nombre de la defensa de la patria, los que saquean y destruyen su patrimonio, que equivale a destruirla a ella misma, se proponen desconocer ese legado que ordena el fin del racismo y se empean en retroceder e imponer un especie aparteid dominicano, nutriendo su actual dictadura institucional con el suero perverso de un racismo camuflajeado de un anti-haitianismo maniqueo.

Omos el nombre de Mandela en hermosos cantos de la joven negritud en rebelda, lo volvimos a escuchar en las voces del pueblo negro redimido, lemos su conmovedora historia y la vimos reproducida en documentales pletricos de terneza, de clamores por la paz, de inevitables armas a tomar y liberaciones a conquistar.

Mandela Mandela Madiba.

Mandinga multiplicado, condensado en Mandela-ser viviente Nelson el grande, el inmenso, el indoblegable, nos abraza tan fuerte como tambin nosotros/as decidimos abrazar a los/as dominicanos/as de ascendencia haitiana amenazados/a de ser desnacionalizados/as.

Y nos abraza ms fuerte en este instante en que nos llega la dura noticia de que su ser sublime y esplndido, despus de un siglo de prdigas insumisiones y justicieras herejas, ha expirado para eternizarse.

Felizmente se trata solo de un cambio de materia regia a luminosa energa, de transformacin de su cuerpo en valiosa memoria subversiva de opresiones y exclusiones sin dejar este mundo, sin abandonar este universo tan necesitado de su ejemplo.

S, Mandela se quedar entre nosotros/as y seguir junto a las nuevas generaciones.

Su obra, su alma, su inmensa humanidad se queda.

Mandela abraz especialmente en el da de hoy a los/as dominicanos/as de su color, originarios de su querida frica plasmada con singular belleza y gallarda en la hermana Hait, descendientes todos/as de su pueblo heroico y trabajador, pueblo vejado, abusado y empobrecido como pocos otros en nuestra Amrica.

Mandela desde su origen sentenci a muerte la sentencia malvada de los ladroneles, neo-trujillistas, balaguerianos, vinchistas, neonazis Su espritu insumiso ha alimentado sin cesar la avalancha mundial que la repudia y el avasallante pliego de denuncia que desde este terruo indoblegable hace trizas el patrioterismo y muestra el rostro de la semi-esclavizacin y de la violencia racista que se escuda en el odio chovinista contra Hait, prfidamente construido por elites hispanfilas.

Post Mandela y su obra libertaria toda caverna racista est condenada a la derrota, por ms burbujas que generen sus nuevos mpetus repletos de estigmatizaciones y amenazas de muerte.

Eso ha sido escrito muchas veces: el ms puro de los redentores sociales y de los combatientes por la libertad acompaar siempre a la humanidad en todas sus peleas redentoras. Y nuestra patria -agredida por esta mezcla de capitalismo neo-conservador, neoliberalismo como se le llama comnmente, y nazi-racismo criollo- es humanidad oprimida y sociedad amenazada de muerte.

El ms sufrido y sacrificado de los libertadores, el ms desinteresado de s mismo El ms nosotros y nosotras El no egocntrico El no egosta El que nunca dijo mo El que pudo reelegirse sin oposicin y no quiso no nos abandonar.

Recio en la pelea decisiva, generoso en la victoria, modesto y reconciliador en la gestin del nuevo poder. Humilde en la grandeza. Ser sublime, repito. Hombre nuevo. Hombre-pueblo. Hombre-humanidad. No se va. Se queda entre nosotros/as.

S, Mandela no se va, perdurar, seguir creciendo como elevada e inagotable expresin de dignidad. No habr manera de volverlo a hundir en aquel hueco inmundo que inicialmente lo ocult y aisl, para luego, paradjicamente, engrandecerlo por su decorosa insubordinacin frente al cepo y sus apestosos carceleros perfumados.

Pero es de ley, que despus de consumado el inminente desenlace anunciado luego de su reciente gravedad, Espartaco, Tupamaruc, Ilich, Lumumba, Juan Pablo, Francis, Minerva, Ernesto, Jos Carlos, el To Ho, la Rosa roja, Toussaint, Jacque Viaux -quienes que como l amalgamaron la revolucin con el amor- habrn de abrazarlo y besarlo en el ldico espacio de los eternos imprescindibles.

Y Mandela, risueo, les dir y nos dir- con voz pausada y tierna que l tambin habr de quedarse aqu en esta Tierra para siempre.

Y la humanidad, muy alegre, jams lo despedir. Cantar. Le cantar por siglos al inmenso Mandela con el corazn henchido de agradecimiento, asaltado el pensamiento universal por el imperioso anhelo de ser colectivamente como l.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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