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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2013

El filsofo y poeta ecosocialista, Jorge Riechmann, imparte una conferencia en el Frum de Debats de la Universitat de Valncia
Una tica colectiva frente al enloquecido Extremistn

Enric Llopis
Rebelin


En El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable (Ed. Paids Ibrica, 2008), el ensayista y financiero de origen libans Nassim Nicholas Taleb pergea las categoras de Extremistn y Mediocristn, que Jorge Riechmann recupera para sealar que el ser humano de hoy vive entre extremos (extremistn), en un mundo crecientemente complejo, dominado por el vrtigo de un capital enloquecido y que ha perdido toda mesura (Mediocristn). Frente a ese panorama, hace falta una tica fuerte, colectiva y vinculada a la poltica, pues la tica individual, aunque importante, no alcanza para dar respuesta a los problemas estructurales que padece la humanidad.

As puede resumirse la conferencia impartida por el filsofo, traductor literario y poeta ecosocialista, Jorge Riechmann, en el Frum de Debats de la Universitat de Valncia, titulada Moderar extremistn? Sobre el capitalismo y el papel de la tica en la crisis civilizatoria.

Riechmann suele hilvanar un discurso complejo, preciso y moteado con abundantes citas. Para explicar la nocin de extremistn y su aplicacin al mundo actual se apoya en un texto de J.A. Gonzlez, C. Montes e I.Santos (Capital natural y desarrollo: por una base ecolgica en el anlisis de las relaciones Norte-Sur, en Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global): Las alteraciones inducidas por el ser humano a partir de la Revolucin Industrial han sido de tal magnitud que algunos autores se refieren ya a nuestra poca como a una nueva era geolgica: el Antropoceno. En ella, el impacto de las actividades humanas se deja sentir en prcticamente todos los sistemas naturales y los cambios tienen lugar con una mayor velocidad e intensidad que en el pasado, con consecuencias impredecibles tanto para los sistemas naturales como para las sociedades humanas.

As, vivir en el Antropoceno significa desarrollarse en un contexto de cambios intensos, rpidos y globalizantes que delimitan un horizonte de gran incertidumbre e impredecibilidad que, por lo general, ni los individuos ni las instituciones estn preparados para afrontar.

A juicio de Jorge Riechmann, moderar extremistn supondra mesurar la economa, la ecologa, la demografa y la loca dinmica en la que nos encontramos. O aplicar el ttulo de uno de sus ltimos ensayos, tomado del Chile de la Unidad Popular, El socialismo puede llegar slo en bicicleta (Los Libros de la Catarata, 2012). Para controlar el sistema econmico y cientfico-tecnolgico, nos hace falta Poltica en sentido fuerte, como tica de lo colectivo y democrtica. Pero tambin, a veces, bastara reivindicar la bicicleta en lugar del avin a reaccin o el misil intercontinental, subraya el profesor de Filosofa Moral en la Universidad Autnoma de Madrid. Hace tres aos, Jorge Riechmann titul una conferencia en el Jardn Botnico de Crdoba de una guisa similar: Lo sencillo es hermoso. En una poca en que niveles de complejidad cada vez mayor tropiezan con limitaciones inherentes en nuestra capacidad para gobernarla.

En resumidas cuentas, el mundo de hoy afronta tres cuestiones cruciales, segn el coordinador del libro Meter al dinero en cintura (Ed. Icaria). Primero, pasar de una moral de proximidad a una moral de larga distancia; adems, se impone la necesidad de referencias externas fuertes, en sentido intelectual, moral y espiritual, para sofrenar el rapidsimo desarrollo de extremistn en los ltimos cinco siglos, y particularmente en las tres ltimas dcadas neoliberales; por ltimo, con el fin de alcanzar mesuristn, se impone adquirir conciencia del choque de las sociedades industriales con los lmites biofsicos del planeta.

Con qu tica enfrentarse a estos enormes retos? Una polmica suscitada en el blog de Riechmann (Tratar de comprender, tratar de ayudar), en el que el autor contrasta pareceres con uno de sus lectores, esboza los perfiles. Escriba el ensayista el 2 de octubre: En tica ecolgica, la gran cuestin moral no es qu hago frente al contenedor de reciclaje, sino qu hago frente a la sede bancaria. Lo que se encuentra detrs de la devastadora crisis ecolgica que est arrasando la biosfera es la dinmica autoexpansiva del capital. Es decir, la tica individual (sin accin colectiva) no basta para romper con las estructuras de la dominacin capitalista.

El lector/interlocutor responde (en el mismo blog) que ante el dolor, ante el mal, necesitamos ms concrecin, que s que encuentro cuando se trata de apelar a la responsabilidad de cada uno, pero muchas son las veces que el roto se cose con un banco o un poltico del PP. Porque el problema no es sealar a la banca, sino saber por qu cobramos por los bancos en nuestras cuentas corrientes.

A lo que zanja Riechmann: La autoconstruccin no es una tarea slo individual: es tambin una tarea social (de hecho, en cierto importante sentido, es social antes que individual). La espiritualidad en la ciudadela interior (Marco Aurelio) deber ir de la mano con los movimientos de masas. Si no lo logramos, se pierde la espiritualidad y se pierden los movimientos de masas. Adems, nuestro drama es el retroceso constante en nuestras capacidades de accin colectiva, desde hace decenios.

De hecho, si la tica no manifiesta una continuidad con la poltica puede convertirse en una forma de autoengao. Porque puede plantarse un dilema moral en torno a utilizar (o no) el contenedor de reciclaje, pero lo cierto es apunta Jorge Riechmann- que en las sociedades industriales la basura domstica representa nicamente el 3% del conjunto de residuos. Por eso, el dilema moral del contenedor, sin ms, entendido como cuestin personal, no pasa de ser una maniobra de distraccin para llenar de impotencia a individuos aislados, apunta el filsofo. Adems, es un modo de pensar que engarza con la ideologa del individuo narcisista. De un modo lapidario lo condensa el crtico literario y de la cultura, Terry Eagleton: T puedes olvidarte del sistema pero seguro que el sistema se va a olvidar de ti. O, como afirma Riechmann, no hay refugio en la tica individual al loco desarrollo del capitalismo.

Uno de los fenmenos ms en boga hoy, como puede advertirse en los anaqueles de libreras y centros comerciales, es la autoayuda. Libros que pretenden sencillas terapias, basadas muchas veces en psicologa de ocasin, se convierten en grandes xitos de venta. El fenmeno cobra sentido, a juicio de Riechmann, en una cultura con tanta desagregacin y fondo nihilista como la actual, donde una corriente bsica es que los problemas colectivos se perciban como inercias individuales; Hay un enorme dispositivo organizado desde arriba en ese sentido. Se trata, otra vez, de que los problemas estructurales se observen como individuales. Si hubiera ms ateneos populares y construccin de subculturas por parte de los movimientos sociales, no se abrira tanto el terreno a libros con respuestas predigeridas para las angustias de la gente, subraya el poeta.

En la obra de Aristteles, tica y poltica ya aparecen interconectadas (la existencia del ser humano slo cobraba sentido en la Grecia clsica inserta en la polis); en el marxismo, la vida del individuo est condicionada por la estructura econmica y por su adscripcin a una clase social (segn su relacin con los medios de produccin). En Manuel Sacristn y Paco Fernndez Buey, con quienes Jorge Riechmann comparta un marxismo abierto, la poltica viene a definirse como tica de lo colectivo. De lo contrario, en el campo restringido de la tica individual, hay cuestiones irresolubles. Por ejemplo, qu fuentes de energa, y con qu criterios, se priorizan para el consumo de un pas?

Tampoco las actuales tendencias genocidas y biocidas pueden explicarse, segn Riechmann, por rasgos psicolgicos o impulsos individuales. La razn reside en el capitalismo financiarizado. James Tobin, cuyo apellido bautiz la clebre tasa sobre el capital financiero que nunca entr en vigor, contaba cmo para un banquero que conoci, su ms largo plazo eran diez minutos. Esta afirmacin, en un tiempo en que la informacin y las redes sociales corren a la velocidad de la luz, tiene clarsimas consecuencias estructurales.

Ciertamente, est al alcance de un individuo autorregularse y moderar sus necesidades de consumo. Incluso ingresar en hbitos decrecentistas. Sin embargo, hay transnacionales que invierten enormes sumas para generar y afianzar esta cultura productivista y derrochadora, explica Riechmann, autor de una treintena de ensayos (en solitario o en colaboracin) sobre tica medioambiental, ecologa poltica y pensamiento ecolgico. Por ejemplo, en el caso del negacionismo climtico, se esconden detrs de esta consigna unos intereses infinitamente ms poderosos que una aislada accin individual.

Hay quien asegura las eternas querellas antopolgicas- que el ser humano se caracteriza por una ambicin ilimitada, la que explicara los escenarios de guerra y la imposibilidad del socialismo. Pero, responde Riechmann, recurriendo a Aristteles, que puede encauzarse esta ambicin mediante las buenas costumbres o las leyes justas. De hecho, casi todas las culturas han afirmado la necesidad de desear bien en contraposicin al deseo irrefrenable, que siempre se ha intentado canalizar; con excepcin de la cultura occidental mayoritaria hoy, que nos conduce a un mundo terrible y hobbesiano. El gran reto, por tanto, alcanzar Mesuristn. Seremos capaces?, concluye Riechmann.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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