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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2013

Una nueva crisis se asoma en Ucrania

Txente Rekondo
Rebelin


Los recientes acontecimientos en Ucrania han trado a mucha gente los recuerdos de lo que aconteci en 2004 en aquel pas durante la Revolucin Naranja, un episodio ms de aquella plaga de las llamadas revoluciones coloristas que buscaban el cambio de rgimen auspiciado por occidente en muchos estados del antiguo espacio sovitico.

La marcha atrs que ha realizado el presidente ucraniano Victor Yanukovich al rechazar la firma de un acuerdo de asociacin y de libre comercio con la Unin Europea ha sido la excusa que ha movido a diferentes sectores de la oposicin a salir a las calles ya a ocupar edificios pblicos en la capital. Los posteriores argumentos del gobierno, dejando la puerta abierta a nuevas negociaciones con Bruselas no sirven para los fines de la oposicin, que claramente persigue un cambio de rgimen, una vuelta a la revolucin naranja.

Y en ese complejo escenario que ya de por s representa Ucrania y su historia, se aaden adems la presencia de terceros actores, como la Unin Europea (UE) y Rusia, cada uno de ellos defendiendo sus propios intereses por encima de los de la poblacin ucraniana.

El acuerdo ofertado por la UE no representa el camino de rosas que algunos medios occidentales quieren hacernos creer, ms bien es el resultado de una oferta que prima los intereses econmicos y geopolticos de los miembros del club europeo, y sino que se lo pregunten a los dirigentes polacos, entre otros, deseosos de hacerse con el mercado ucraniano.

Acompaado de un discurso envuelto en declaraciones sobre derechos humanos y democracia, los dirigentes de la UE buscan incorporar a los oligarcas ucranianos en su mbito de influencia, y de esa forma debilitar al mismo tiempo las actuales relaciones y acuerdos que mantiene Kiev con Mosc, ya que como apuntan algunos diplomticos de la UE, cualquier prdida para Rusia es algo deseable para nuestros intereses.

Ms all de eso, se intenta hacer una lectura interesada de los deseos de la poblacin ucraniana (va encuestas, claro, no a travs de las urnas), y as se nos dice en occidente que la mayora de la poblacin quiere integrarse en la UE. Pero si bien las encuestas, que no las urnas, sealaban en octubre una ventaja de diez puntos de los partidarios de esa frmula, los ltimos sondeos apuntan a un empate tcnico.

Y adems, hay que tener en cuenta la trampa dialctica a la que se nos quiere sumir, la UE no est ofreciendo una integracin a Ucrania, lo que le oferta es una tratado de asociacin y libre comercio (como lo ha ofrecido a pases como Chile, Sudfrica o Egipto, que difcilmente ingresarn en la UE), lo que obligara al pas a cumplir medidas destinadas a llenar las arcas de Bruselas, y vista la situacin que a da de hoy se viven en muchos estados de la UE, difcilmente se podra pensar en la ingenuidad de sta a la hora de aportar una poltica econmica que beneficiase a la poblacin local.

Rusia, por su parte, ha logrado una victoria parcial. Desde Mosc no se ha ocultado la preocupacin que supona el tratado citado. Ya en agosto ante maniobras similares de Kiev, los dirigentes rusos pusieron severas medidas fronterizas que perjudic seriamente a la economa de Ucrania. Siguiendo la mxima de o con nosotros o con ellos, Mosc no duda en cambiar sus condiciones econmicas (precio del petrleo o el gas, flexibilidad aduanera...) al tiempo que reafirma su postura de que un acuerdo aduanero con ellos es la mejor opcin para ambos estados (no hay que olvidar que Rusia sigue siendo el destinatario de buena parte de los productos ucranianos), y creen al mismo tiempo que si logra mejorar la economa ucraniana con esa poltica pueden decrecer los sentimientos que en su contra siguen presente en amplios sectores de Ucrania.

Hay al menos otros dos factores a tener en cuenta a la hora de interpretar la poltica rusa. Por un lado, el temor a que la OTAN y sus aliados en la UE continen con su poltica de estrangulamiento geogrfico hacia Mosc, en un momento donde el pas est recuperando su posicin y su peso en la esfera internacional. Y por otro lado, no hay que olvidar que en ambos pases hay mucha gente que sigue pensando que ambos pueblos son parte de una misma nacin o como afirman otros, dos naciones hermanas.

Ucrania mientras tanto, sigue presa de los deseos de una oligarqua que tampoco duda en anteponer sus propios intereses. Una clase poltica y econmica que desde su reciente independencia ha antepuesto sus beneficios a cualquier otra estrategia y ha ido alternando en el gobierno candidatos que se nos presentan en los medios occidentales como pro-europeistas (como si Ucrania no estuviera en Europa) y pro-rusos. Pero ms all de esas diferencias que tambin se plasman en la sociedad ucraniana de manera geogrfica o generacional, lo cierto es que unos y otros son capaces de maniobrar y buscar alianzas que para muchos seran impensables.

La corrupcin, el oscurantismo, y el camaleonismo poltico son algunas de las caractersticas de unos y de otros. Como seala un analista ucraniano, la situacin se asemeja a la etapa de Yeltsin en Rusia, un rgimen que con el apoyo occidental dejo todo en manos de los oligarcas al tiempo que se desmontaba el estado ruso. Y el citado analista aada irnicamente, la diferencia es que por desgracia en nuestro pas no hemos encontrado una figura como Putin.

En esa lnea, a da de hoy no se vislumbra en el horizonte ucraniano una figura capaz de anteponer los intereses del pas a los de la UE, Rusia o la oligarqua local. Obviamente, de surgir esa persona, podra poner fin al mandato oligarca actual, a las pretensiones neocoloniales de Bruselas y sus aliados, y afrontar con Rusia unas relaciones beneficiosas para el pueblo ucraniano, bien en una futura Unin Euroasitica o en otra frmula.

El gobierno ucraniano ha dejado claro que de momento, y tal vez a la espera de una mejor oferta, lo que desea es dinero, no discursos sobre derechos humanos o democracia, y si la UE no est dispuesta a aportar esas cantidades, buscar otros socios, va Mosc o va Beijing (de hecho el presidente est estos das en China).

La oposicin por su parte se encuentra dividida, con importantes sectores de extrema derecha condicionando las protestas, y hurfana de lderes ajenos a la oligarqua local. Al mismo tiempo, cada vez es ms evidente que la dependencia de muchos sectores opositores hacia los fondos y ayudas occidentales condiciona cualquier intento serio de credibilidad. Un ejemplo lo tenemos en la obsesin de muchos medios occidentales de buscar la figura idnea para liderar el cambio de rgimen, y para ello utilizan la poltica del todo vale.

Un ejemplo lo tenemos en las informaciones tendenciosas que acusaban a supuestos provocadores del gobierno (los llamados titushki) de incitar a los enfrentamientos con la polica, cuando en realidad observadores de todo tipo han apuntado a la presencia organizada de los citados grupos de extrema derecha. O cuando algunos resaltan la figura de Yulia Tymoshenko (encarcelada por corrupcin entre otros cargos) como la esperanza de occidente. Un personaje simptico para esos medios, que pertenece a la oligarqua local, y como sealaba un joven blogero ucraniano, poda ser la Berlusconi local.

El cambio de opinin de ltima hora del presidente Yanukovich ha supuesto una victoria relativa para su gobierno y para Rusia, no obstante, todava es pronto para anticipar el escenario que se nos presentar en Ucrania en los prximos das o semanas.

Son muchas las dudas que todava planean sobre el citado escenario. En primer lugar la capacidad o no de la oposicin de mantener el pulso o de lograr finalmente el cambio de gobierno o de rgimen que persigue. En segundo lugar, el propio presidente puede cambiar nuevamente de opinin, ya que no hay que olvidar los intereses que mueven a esas clases oligarcas. En tercer lugar, habr que observar la reaccin de Occidente, que seguramente seguir con su apoyo meditico y econmico a los diferentes sectores de la oposicin para lograr instalar en el pas un rgimen acorde con sus intereses econmicos, polticos y geoestratgicos. Y finalmente, en cuarto lugar, cabe la posibilidad de que la situacin degenere en enfrentamientos violentos cuyo desenlace es muy difcil de predecir, pero que tiene antecedentes muy peligrosos en otros estados del antiguo espacio sovitico.

Lo que no cabe duda es que si no se pone fin al dominio de la oligarqua, difcilmente el pueblo ucraniano podr aspirar a una situacin donde sus condiciones mejoren sustancialmente o aun futuro mejor. Y tampoco se pueden esperar grandes oportunidades de cambio de la llamada oposicin, que a pesar de alzar las banderas de la revolucin o de acceso a la UE, ni pretende una transformacin revolucionaria de la situacin ni puede lograr el acceso al club europeo de Bruselas, ya que el propio tratado ofertado recientemente rechaza reconocer el derecho potencial de Ucrania para ingresar en la Unin Europea.

Txente Rekondo. Analista Internacional

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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