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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2013

El legado de Mandela: las trampas de la historia

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


Siniestros personajes de otras tierras han venido a nuestro pueblo,

Buscan a Bafazane,

Y quieren meterle algunos tiros, oh no,

Dicen que su palabra es estruendosa y que su gente es demasiado orgullosa,

Y que no se darn por vencidos mientras l est por ah,

Es el cielo encima nuestro lo que l ama.

(Juluka, Bullets for Bafazane Balas para Bafazane, 1983)

 

Gavin Brown, un activista britnico que por aos denunci y se moviliz en contra del odioso rgimen del apartheid sudafricano, coment el da viernes, durante una conferencia en el Trinity College de Dubln que, al enterarme esta maana de la muerte de Mandela, me sorprendi mucho saber que todo el mundo estaba en contra del apartheid y del rgimen sudafricano. Incluso David Cameron, el primer ministro britnico, dijo que era una inspiracin para l, aunque lo que recuerdo es que cuando era lder de la Federacin de Estudiantes Conservadores vendan camisetas con el eslogan de Ahorquemos a Mandela. Esta memoria sintetiza a la perfeccin no slo la hipocresa de la llamada comunidad internacional, que hoy celebra a una figura a la cual potencias como Estados Unidos o Inglaterra tildaban de terrorista, mientras apoyaban generosamente la dictadura del racismo institucionalizado en Sudfrica. Tambin refleja el campo de batalla en que se convierte la memoria histrica y el legado poltico de una figura tan compleja como Mandela, a quien, con razn o sin ella, tanto la izquierda como la derecha reclaman. Que quienes lo encerraron, lo insultaron, lo torturaron, o apoyaron su encierro y al rgimen que lo mantena tras las rejas, hoy lo elogien, es algo que debera llevarnos por lo menos a desconfiar de los tributos oficiales.

Por supuesto, que hay uno que otro personaje recalcitrante y luntico como David Horowitz que en un excepcional obituario tilda a Mandela de terrorista impenitente [1]; pero esa no es sino la excepcin que confirma la regla. Su diatriba contra Mandela no es gratuita: les recuerda a la derecha global lo que repetan incesantemente hasta hace algunos aos, mientras el resto del mundo gritaba Free Mandela (Liberen a Mandela). La derecha, bien se sabe, nunca ha sido conocida por su coherencia. Pero lo cierto es que el legado poltico de Mandela no es claro, ni es tan sencillo como a primera vista lo parece. Cul es el Mandela que celebramos? El que fue un cono de la lucha contra el racismo institucional o el que estrech la mano de la Reina Isabel II? El Mandela que crea en la igualdad irrestricta de todas las personas, o el que termin administrando una sociedad que, mientras ganaba formalmente en igualdad racial, termin acrecentando exponencialmente las desigualdades sociales? El Mandela comunista o el Mandela neoliberal que profundiz las privatizaciones en los 90? El lder revolucionario o el conciliador? El Mandela de la negociacin de paz o el Mandela que agitaba la lucha armada?

La revista Semana publicaba un artculo en el que se deca, con una falta de sentido histrico impresionante, que Mandela derrot al apartheid con el poder de su palabra [2]. Esto es mentira. El apartheid fue derrotado con la lucha y la movilizacin activa de todo un pueblo, que aplic la frmula, tan odiada como temida tanto por la oligarqua como por la socialbacanera colombiana, de la combinacin de todas las formas de lucha (frmula que, por cierto temen slo cuando usa el pueblo, porque los ricos la vienen usando desde siempre). El apartheid cay por la movilizacin masiva de las comunidades marginalizadas, por las huelgas de los mineros, y por la lucha armada de un sector del Congreso Nacional Africano (ANC). S, tal cual lo oyen, lucha armada. Palabra, organizacin, unidad, pero tambin dinamita.

Por supuesto, tambin estn los rapsodistas del status quo, como Vargas Llosa (un derechista de ultratumba) que reconocen que Mandela recurri a la lucha armada, pero que una vez que descubri su error de criterio, y abraz el dilogo poltico, se abrieron las puertas a la paz y la reconciliacin en Sudfrica [3]. Este argumento, lo reproduce Semana en otro artculo publicado con motivo del deceso del lder sudafricano, tratando de llevar un poco de agua al molino colombiano: Mandela () declin el uso de las armas poco antes de salir de la crcel, en 1990. Estaba convencido de que un acuerdo poltico lo llevara ms pronto y de manera menos sangrienta al cumplimiento de sus objetivos. Su propsito no eran las armas. Era la democracia [4]. Un argumento bobo: el objetivo de ningn movimiento guerrillero, ni en Sudfrica ni en Colombia, son las armas sino cambios sociales profundos. Esto lo recuerda bien la avalancha de propuestas que las FARC-EP han llevado a La Habana. Propuestas las cuales, huelga aclarar, no habran estado nunca en la agenda poltica del pas de no ser por la existencia de un conflicto social y armado, nos guste o no. El recurso a las armas se da cuando los caminos para conseguir esos planes se estiman institucionalmente bloqueados.

Este tipo de argumentacin, que ve la lucha armada como un capricho de desadaptados y no como respuesta a la violencia de Estado, busca hacer recaer el peso de la responsabilidad en un conflicto armado sobre los hombros de quienes se rebelan sobre la injusticia y no sobre quines la alimentan. Se sobredimensiona el rol de ex rebeldes arrepentidos as como la supuesta generosidad del poder, a la vez que minimiza los sacrificios del pueblo. No es casual que en Colombia este tipo de argumentos, tan cmodos para el poder, encuentran un eco importante en los medios o que Sergio Fajardo lamente que no haya un Mandela colombiano en el proceso de paz [5]. En realidad, en Sudfrica hubo conflicto armado hasta que el bloque en el poder se decidi a negociar con los rebeldes. As no ms ser tambin en Colombia.

Mandela hoy es un cono polivalente, de muchas caras, con sus luces y sus sombras. Las luchas del pueblo sudafricano contra el apartheid son un patrimonio de la humanidad, un hito importante en el proceso de humanizacin de nuestra torturada especie. Pero tambin estas luchas encapsulan las contradicciones de su tiempo: animadas por los valores de la izquierda, terminan entrampadas en el estrecho horizonte ideolgico del neoliberalismo, donde la igualdad de todos fue entendida apenas como libertad ante el omnipotente mercado. La Sudfrica que soaron quienes se opusieron con todos los medios a su disposicin al apartheid no es aquella que termin masacrando a los mineros en Marikana en Agosto del 2012, ni en la cual el 50% de la poblacin se debe contentar con apenas el 8% de la renta nacional, ni en la cual una cleptocracia multicolor enquistada en el Estado se divide los despojos de la corrupcin rampante. Esa Sudfrica sigue siendo una tarea pendiente, con Mandela o sin l.

Notas:

[1] http://www.frontpagemag.com/2013/david-horowitz/nelson-mandela-1918-2013/

[2] http://www.semana.com/mundo/articulo/un-gigante-de-la-historia/349100-3

[3] http://elpais.com/elpais/2013/06/27/opinion/1372345409_851455.html

[4] http://www.semana.com/mundo/articulo/lecciones-de-mandela-para-colombia/367323-3

[5] http://www.semana.com/nacion/articulo/para-paz-necesitamos-mandela-colombiano/267983-3

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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