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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2013

A propsito del balotaje en la prxima eleccin presidencial
Sobre voto y elecciones

Hernn Montecinos
Rebelin


No se trata de apostillar al voto en s, como mecanismo que sirva para elegir a nuestros representantes. Eso est fuera de toda duda. Sin embargo, el problema no radica tanto en por quin votar, sino para qu votar. Mirado as el problema, y de acuerdo a las condiciones polticas reales que se vivan, el voto puede servir, y otras, no servir. El problema radicar en saber discernir, cuando ese voto va estar en una vereda o en otra.

En mi opinin, en las actuales condiciones polticas-sociales y econmicas, nuestra sociedad necesita cambios estructurales y no meros ajustes y reformas. En este contexto, el voto va a perder efectividad si no va a ser un vehculo que sirva para efectuar los cambios que nuestra institucionalidad reclama (Constitucin, Isapres, AFPs, Cdigo de Aguas, Cdigo Laboral, Concesiones Mineras, Educacin Pblica gratuita, etc.,). En definitiva, un voto que tenga la seguridad de que quien llegue al Palacio de La Moneda, no va a continuar con la misma poltica de siempre: puros ajustes, reformas, o mera cosmtica.

En este contexto, no es misterio decir que, en las actuales condiciones polticas, el votar se ha convertido en un puro ritual, en un sin sentido, al no producir los efectos que de suyo natural se le atribuyen al voto. En tal virtud, el voto se ha deslegitimado, se ha descredibilizado, peor an, se ha convertido en un elemento de distraccin, un vehculo para cazar incautos. Un proceso que se repite cada cierto nmero de aos, para bien administrar y peor an, consolidar y profundizar los privilegios del poder econmico y poltico vigentes.

Pero qu es el voto? Este no es ms que una forma liberal de perpetuacin del poder del Estado con sus instituciones. Fue instaurado desde la Revolucin Francesa y repetido por los proyectos constitucionalistas posteriores. Es la piedra angular de las democracias burguesas, desde su ascenso al poder, y que ha venido perfeccionndose para perpetuar el poder de los gobernantes que, en general, pertenecen a las capas altas de la sociedad. Las constituciones incluyen este sistema con matices ms o menos similares y a veces dismiles, (monarquas, presidencialismo, parlamentarismo), sin embargo, hay un elemento comn en todos ellos: perpetan las relaciones de desigualdad y de opresin, sin cambios verdaderamente profundos.

Sobre el voto y las elecciones, es interesante saber cmo el poder econmico, poltico, meditico, sociocultural, en suma liberal capitalista, ha creado toda una maquinaria para que el ciudadano crea que el voto y las elecciones cumplen con toda una normalidad, como si se tratase de un orden natural y, a veces, hasta divino. Entonces, quien se suma a la crtica consciente, sobre la naturaleza del voto, termina siendo tachado de rebelde, anarquista, o cualquier otro epteto estigmatizador que se le quiera dar.

El voto, como tal, no es sinnimo de libertad ni de accin real de la sociedad, sino que es una forma de atarse a los designios de una pequea minora que ha podido montar su juego del poder y que ha sabido orientar a la mayora hacia esa burda pero eficaz mentira llamada democracia electoral. Misma que ha podido apaciguar a este gran rebao por medio de una poderosa maquinaria que sustenta el orden establecido en lo poltico, econmico y social.

En fin, en sus efectos prcticos, el voto y las elecciones no han sido otra cosa que la mscara utilizada por el liberalismo para producir la ficcin de una participacin popular en los gobiernos, lo que ciertamente, de ningn modo, se cumple. Porque si bien el pueblo vota, ste no tiene ninguna incidencia en el manejo de los asuntos pblicos ni tan siquiera en los asuntos de los problemas vecinales.

 

Pero no se puede hablar aisladamente del voto y las elecciones sin relacionarlas con lo que se entiende por democracia. En este sentido lo primero que hay que decir es que la gran falacia de la democracia, en su fase actual, es que se la ha considerado desde un punto de vista puramente instrumental, desde una visin reductiva, alejada de sus principios tericos fundacionalistas ms proclamados (gobierno del pueblo y para el pueblo, igualdad de derechos, elecciones libres, participacin, justicia social, etc.).

Instrumental, en el sentido que se la mira desde un punto de vista puramente cuantitativo, alejado de sus elementos cualitativos o valricos. Democracia remitida a una cuestin de simple nmero, como democracia puramente representativa (y no participativa) ligada a un puro ritual eleccionario, en que la gente slo es convocada a votar pero no a elegir, lo que es cosa bien distinta. Se soslaya que la prctica de los actos eleccionarios, para que vaya a correlato con sus supuestos tericos ms proclamados, exige la expresin del ejercicio de la voluntad libre, esto es, una voluntad que no sea ni inducida, ni coercionada, ni condicionada, ni menos an, manipulada.

A este respecto, sabemos que los supuestos de libre eleccin, atribuibles hoy a la democracia, no se cumplen en la mayora de los pases del mundo. La apologizacin de la democracia, a la que recurre frecuentemente la clase poltica contempornea, no tiene ms sentido que inscribirla dentro de aquel contexto intelectual que se ha plegado a las concepciones liberales de hacer poltica, esto es, orientada a preservar el poder en el mbito de una elite minoritaria y clasista. Un plegamiento que valora la vida poltica slo como una asociacin meramente instrumental, cegndose ante la esencial importancia de la participacin ciudadana activa en la vida pblica.

De otra parte, en tanto subsista una multiplicidad de grupos que pueden navegar entre lgicas antagnicas, resulta contradictorio negarles sus derechos a las lgicas minoritarias por el simple hecho que as lo haya determinado una mayora. Por eso, solucionar la democracia mediante un puro procedimiento de suma y resta aparece hoy bastante mezquina. Y es en este cuadro cuando una democracia ms participativa que representativa debe empezar a tomar vuelo.

Delegacin y participacin; nada de antagonismo sino complemento enriquecedor. La somera enumeracin de caracteres distintivos de la democracia, por s slo no bastan. Las democracias para que sean plenas requieren, adems de otras condiciones, de la participacin efectiva de la ciudadana. Por eso, frente al encandilamiento de las supuestas bondades de la democracia puramente representativa, aqu estamos los que hoy observamos esta modalidad con desconfianza, con conciencia crtica, porque avizoramos e intuimos de algn modo la crisis que se avecina.

En su momento, Zbigniew Brzezinski explicaba: En la sociedad tecno trnica el rumbo, al parecer, lo marcar la suma del apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caern fcilmente dentro del radio de accin de personalidades magnticas y atractivas, quienes explotarn de modo efectivo, las tcnicas ms recientes de comunicacin para manipular las emociones y controlar la razn.

Una reflexin que revela la realidad actual. Esto se debe a que la democracia, en su actual modalidad y fase, contiene todos los elementos para dar curso al ejercicio de la manipulacin. Manipulacin no tomado como un trmino del todo cerrado, sino ms bien como un concepto asociado a la idea de que la ambigedad en lo humano, como realidad ontolgica que lleva sobre s el hombre, es volcado en favor de tal o cual proyecto, o tal o cual accin, sin que el sujeto se d cuenta de ello.

Por tal, una decisin que aparenta ser libre, no es ms que la expresin de condicionamientos inducidos que actan desde el lado de afuera hacia los subconscientes. Sin embargo, reconocer la manipulacin contrara la conciencia de la adultez y, por tanto, tal posibilidad, aunque sea un dato de la realidad tiende a ser negado, fundamentalmente, por aquellos mismos que son manipulados.

Gramsci en sus notas referidas al carcter de la opinin pblica sealaba que cuando el Estado quiere iniciar una accin impopular o poco democrtica, empieza a ambientar una opinin pblica que sea adocilada a tales propsitos. En efecto, sirvindose de la publicidad, los medios de comunicacin y las encuestas de opinin, el Estado es capaz de crear una sola fuerza que modele la opinin de la gente y, por tanto, la voluntad poltica nacional, convirtiendo a los discrepantes en un polvillo individual e inorgnico.

Esto quiere decir que la adhesin espontnea de las masas a los propsitos y fines del sistema, no implica una adhesin racional y consciente, sino ms bien el resultado de un proceso compulsivo y manipulador capaz de dejar en total estado acrtico a los que recepcionan los mensajes.

En fin, el poder que tienen los dominadores, lo tienen slo porque nosotros consentimos en ello, porque nos convencieron funcionar bajo la premisa de la competencia por sobre la cooperacin, por el individualismo, por sobre la comunidad, dividir e imperar usando todos los recursos comunicacionales que tienen. Esta actitud, que desde un punto de vista psiquitrico caera en un grado de Psicopata, desde el punto de vista filosfico, segn Nietzsche, correspondera al nivel de obediencia que lleva en su ADN el espritu de rebao, todos corderos, todos borregos, no ms all de eso.

 

Ahora bien, cualquiera que salga electa de las dos candidatas en disputa, para las elecciones presidenciales del 15 de Diciembre, todo seguir igual, es decir, seguiremos viviendo en un sistema institucional en que todos los espacios fundamentales estn copados por el mundo de la derecha, sobre todo, de la econmica que es la predominante. Carlos Marx ya nos adverta, hace 200 aos, que lo predominante es la infraestructura (el poder econmico), y que la superestructura slo es derivada de sta (religin, tribunales, poltica, FFAA, etc.,)

Y no deja de tener razn, cuando en nuestro pas estamos viviendo con crudeza tal realidad. En efecto, las Fuerzas Armadas seguirn siendo de derecha, igual los directorios de las AFPs, Isapres, bancos y financieras. Tambin los dueos de Malls, Supermercados y cadenas farmacuticas, as como tambin, las empresas concesionarias de carreteras. La educacin seguir con su lucro a cuestas, as como el agua potable caso nico en el mundo- seguir siendo propiedad privada. La energa, los minerales y peces seguirn siendo entregados a las multinacionales o transnacionales, todos sus dueos, por cierto, de derechas. En la salud seguirn habiendo clnicas para ricos y consultorios para la clase media y los pobres. Prensa, radio y televisin, seguirn bombardendonos con sus mentiras, al comps de las instrucciones de sus dueos, todos ellos de derecha. As, suma y sigue, en un largo etc.

Y si la derecha es propietaria de todo lo que existe en nuestro pas, De qu es dueo el pueblo?

No hay donde perderse: de sus sueos, de sus puras ilusiones. Para eso tienen los programas de farndula, el ftbol, los realities, el Festival de Via del Mar, los Malls, las tarjetas de crditos, el Kino, los carretes, y la ilusin de que somos dueos de esta tierra a travs del espejismo del voto y las elecciones. La religin como opio del pueblo, advertido en su tiempo por Carlos Marx, ha sido reemplazada hoy por estos nuevos opios.

Noam Chomsky se refiere a una de las estrategias de las elecciones como la distraccin, consistiendo sta en desviar la atencin del pblico de los problemas importantes y reales, y de los cambios decididos por las lites polticas y econmicas, mediante la tcnica del diluvio o inundacin de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.

Dejad que los votos se acerquen a m! Parece ser la consigna de las dos candidatas. Cada cual prometiendo cualquier cosa que se le pida en el periodo de la campaa electoral, para una vez elegidas, olvidarse e incumplir las promesas de campaa. Una historia repetida hasta el hartazgo, y sin embargo, todava hay quienes ingenuamente creen el cuento de hadas del voto y las elecciones.

Un misterio envuelto en un enigma. Extrao caso de cmo los menos, explotadores, obtienen autorizacin de los ms, explotados, para seguir expolindonos. Nadie que ignore esto podr develar la intriga que encierra la ley de votaciones, centro y motor que les permite mantener nuestra servidumbre voluntaria. La beligerancia canbal de una derecha antidemocrtica y el cortoplacismo baldo de una izquierda sin ideologa ni tica, explican el porqu ocurre este raro fenmeno, pero no el cmo lo toleramos

 

Como lo ha dicho Felipe Portales, sta es una dictadura perfecta porque no se nota a simple vista. Incluso cada vez parece ms democrtica. Sin embargo, La verdad es muy diferente. Estructuralmente, es el mismo pas que era al trmino de la dictadura, con la misma Constitucin apenas retocada en mnimas formas. La Concertacin, en acuerdo con la derecha, legitim el sistema econmico y social existente. Tenemos el mismo Plan Laboral, las AFP, las Isapres, las concesiones mineras, el mismo sistema tributario y financiero, etc. Vivimos en medio de mitos e imgenes falsas. Lo ms pattico de todo esto es que la Concertacin legitim, consolid y perfeccion el sistema refundacional de la dictadura

Podemos concluir que el sistema poltico chileno vive una crisis que no puede resolverse desde adentro, votando ni eligiendo un candidato u otro. Apostamos, por el contrario, a dejar en evidencia que la mayora de Chile no se siente representado por los partidos existentes bajo el amparo del sistema electoral pinochetista. Creemos que dejar en evidencia la grave crisis de legitimidad es un tapabocas poltico a los propios actores enquistados en el sistema. Es recordarles que cada vez somos ms quienes rechazamos un sistema de elecciones que slo sirve para avalar y consolidar las posiciones de dominio de quienes descaradamente nos siguen explotando. Avalados por los partidos polticos y una serie de enredadas otras martingalas, entre ellas, el propio voto y las elecciones, se nos impide hacer los cambios que necesitamos para salir del deplorable estado en que nos encontramos.

Por ltimo, en todas las elecciones ha habido votos nulos, blancos y abstenciones. Sin embargo esos votos quedaban encerrados en la intimidad de nuestras propias conciencias y, por tal, nadie las tomaba en cuenta, era slo un nmero, no producan ningn efecto poltico.

En esta ocasin, esa ntima decisin dejar de perderse en la pura individualidad, para pasar a constituir un hecho poltico social de envergadura. Una abstencin que marcar un hito poltico muy potente, ms potente que aquel rutinario acto de depositar un papelito con una raya en una urna, lo que slo ha servido para mantenernos por 26 aos dndonos vueltas ah donde mismo.

Nos asiste la seguridad, de que, por esta vez, los que NO VAMOS A PRESTAR EL VOTO, constituiremos la primera y gran mayora del pas. Si as sucediera, quien sea elegida quedar poltica y ticamente deslegitimada.

 




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