Portada :: frica :: Nelson Mandela, luchador por la libertad
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2013

Por qu todos hablan bien de Mandela?

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Poco se puede aadir a lo ya dicho en estos das sobre Nelson Mandela: pocas veces se ha rendido un homenaje tan unnime a la memoria de un hombre. Ahora bien, quizs s cabe decir algo precisamente sobre esta estrepitosa unanimidad.

De entrada puede producir alguna extraeza que los mismos gobernantes que cierran las fronteras a los emigrantes o los deportan a golpes o pagan a dictadores para que se deshagan de ellos con discrecin en los desiertos, los que mandan drones a bombardear otros pases y soldados a invadirlos, los que apoyan dictaduras en las que los extranjeros trabajan en condiciones de esclavitud, los que persiguen y encarcelan a jvenes por soar la autodeterminacin de sus pueblos, los que promulgan leyes liberticidas, los que apoyaron en otro tiempo el apartheid en Sudfrica y lo apoyan hoy en Palestina; que los mismos periodistas e intelectuales que piden a gritos la cadena perpetua y hasta la pena de muerte, los que arremeten contra Cuba o contra Venezuela, los que legitiman golpes de Estado en Honduras y criminalizan a Correa o Morales, los que defienden la privatizacin de los recursos, la educacin y la cultura, los que en estos das rendan tambin homenaje a Kennedy y un poco antes a Thatcher y Reagan, produce sin duda extraeza -digo- que estos gobernantes y estos periodistas sientan de pronto ese arrebatado fervor por un expreso poltico que luch toda su vida contra ellos y lo que representan.

Desde la izquierda, este desmayo mstico de los polticos y los medios de comunicacin produce, ms que extraeza, indignacin y en las redes y en los peridicos ms comprometidos muchos comentaristas han denunciado con razn su hipocresa y su cinismo, recordando que Mandela fue considerado durante aos terrorista, que defendi la lucha armada y que su proyecto de liberacin para Sudfrica se meda en el espejo de Argelia y de Cuba. Hay, s, una tentativa de asimilacin o de recuperacin de Mandela por parte del sistema, tentativa que inspira una inevitable repugnancia. Pero conviene ir un poco ms all de esta repugnancia instintiva para no quedar atrapados en el horizonte de nuestras desdichas placenteras e incontaminadas.

Nos quieren robar a Mandela, quieren robar a Mandela a ese pueblo damn que luch a su lado. Eso es necesariamente malo? En general, desde la izquierda tendemos a juzgar a los personajes histricos por su resistencia a la recuperacin. Si un personaje histrico es susceptible de recuperacin por parte del sistema, si el sistema muestra una decidida voluntad de recuperarlo, si habla elogiosamente de un revolucionario muerto, eso se debe bien a que en realidad fue derrotado, bien a que han conseguido arrebatarnos su legado. En el caso de Mandela las dos cosas son en parte ciertas y la desconfianza de la izquierda est bastante justificada. Si leemos el captulo que Naom Klein dedic a Sudfrica en su obra La doctrina del shock o atendemos a los datos relativos a desigualdad econmica y violencia racial en ese pas, podemos decir que el combate de Mandela fracas o al menos no triunf enteramente. Asimismo podemos decir que convertir a Mandela en un antirracista abstracto y homenajearlo por ello supone una manipulacin que busca volverlo inservible para las causas populares. A menudo los capitalistas, los racistas, los machistas premian u homenajean a los anticapitalistas, a los antirracistas y a los antimachistas no tanto para sobornarlos y ablandarlos -que tambin- sino para contaminarlos e inutilizarlos en sus propias filas. Y lo hacen porque a menudo tambin desde la izquierda caemos en la trampa.

Pero la izquierda somos cuatro gatos y no deberamos perder mucho tiempo en recordarnos los unos a los otros lo que ya sabemos. La unanimidad del homenaje a Mandela, qu significa? Es una tentativa de recuperacin que indicara una derrota? No estoy seguro. Hay que pensar en la gente normal. Mandela es un personaje de ficcin. Es un personaje de ficcin porque la realidad produce sobre todo personajes de ficcin. En este sentido, Mandela o Ghandi o el Che Guevara son personajes de ficcin a igual ttulo que Rambo, que defendi la causa de la libertad en Afganistn junto a Ben Laden, otro personaje de ficcin. Pero para la gente normal unos y otros no son lo mismo; y no lo son porque cuando la gente normal, acosada por la dictadura o el FMI, sale a las plazas a reclamar libertad se pone una camiseta del Che y no una de Rambo. Claro que s: desde la izquierda puede resultarnos indignante que hayan convertido al Che en el icono de la rebelda abstracta, a Ghandi en el icono del pacifismo abstracto y a Mandela en el icono del antirracismo abstracto. Pero esos iconos, a veces hasta econmicamente rentables, no son una victoria del mercado. Cuando un pueblo deja su pasividad para luchar por buenas razones (la justicia, la igualdad, la democracia, la autodeterminacin) es una excelente cosa que recuerde e invoque la rebelda abstracta, el pacifismo abstracto y el antirracismo abstracto, pues la propia lucha vuelve estos conceptos inevitablemente concretos. Cuando un pueblo, en cambio, acepta o reivindica malas causas (como el neoliberalismo o el franquismo) no ser jams rebelde ni pacifista ni antirracista: nunca a nadie se le ha ocurrido salir a la calle a apoyar a Franco, a Thatcher o a Pinochet en nombre del Che, de Ghandi o de Mandela. Digamos que los iconos esperan desactivados, o activados en otra parte, a que los pueblos tomen las plazas. Entonces no hay ninguna duda acerca de cules son utilizables y cules no. Ningn neonazi se pondr jams una camiseta del Che o de Ghandi o de Mandela para dar una paliza a un inmigrante. El Che, Ghandi y Mandela son inrobables incluso como personajes de ficcin.

Porque incluso esta tentativa de robo indica que, de hecho, al menos de manera parcial, y a pesar de los datos econmicos de Sudfrica, Mandela ha triunfado sobre los mismos que lo nombran. Vivo, dobleg el brazo del apartheid que apoyaban muchos de los que ahora lo alaban. Muerto, reprime el racismo de los que antao apoyaron la discriminacin y que hoy no tienen arrestos para decir lo que realmente piensan. Quin se lo impide? El personaje de ficcin Mandela y los millones de personas en todo el mundo que lo lloran sinceramente. Mandela los obliga, s, a ser polticamente correctos. No debemos desdear este pequeo logro en nombre de un falso radicalismo. El mundo en el que vivimos es atroz, pero sabemos por experiencia que podra ser an peor si los discursos confinados en minoras subterrneas ascendieran desde las profundidades y hablaran desde las instituciones sin complejos. Es bueno que las instituciones del capitalismo sean hipcritas; es bueno que un Mandela de ficcin -con millones de personas detrs- los obligue a ser hipcritas. Ni la derrota del apartheid ni el establecimiento de un antirracismo abstracto -que no deben impedirnos seguir luchando contra el racismo concreto- son victorias pequeas.

Como sabemos, la alta cultura se entretiene en establecer, por ejemplo, cnones literarios con listas ms o menos arbitrarias de obras y autores. Ms all de diferencias ideolgicas o nacionales, todas coinciden al menos en las exclusiones: habr listas en las que estarnFlaubert, Manzoni y Cervantes y otras en las que no estarn, pero no hay ninguna lista en las que estn Paul de Cock o Campoamor.

La gente normal tambin canoniza sus modelos y referentes polticos. Tiene sus panteones populares, reservas de resistencia encarnada para los das de revuelta. En todos esos panteones, sin duda, estn el Che, Ghandi y Mandela, Espartaco y Jos Mart. En muchos de ellos estn Chvez, Shankara, Abdelkrim. En algunos Fidel Castro y Simn Bolvar. En ninguno estn -no s- Hitler, Stalin, Thatcher u Obama. No es que no haya diferencias entre estos ltimos cuatro nombres, pero tienen en comn que ninguno de ellos sirve para rebelarse en nombre de la justicia.

Queda en pie la pregunta, dirigida a la izquierda, de por qu siempre nos roban o intentan robarnos los nuestros mientras que nosotros nunca tratamos de robarles los suyos. Una respuesta es que la derecha es mucho ms promiscua y mucho menos puritana que la izquierda. El capitalismo convierte al Che en una camiseta y a Mandela en un hombre bueno mientras que nosotros somos incapaces de apropiarnos de lo que hay nuestro en ciertos catlicos, en ciertos liberales, en ciertos ilustrados: cierto Chesterton, cierto Locke, cierto Kant o incluso cierto Roosvelt y cierto Papa Francisco.

La otra respuesta tiene que ver con la victoria de los buenos personajes de ficcin. Es que son realmente buenos. Nunca se ver a nuestros gobernantes y a nuestros medios de comunicacin recuperar a Stalin. Por qu? Porque es un perdedor universal. Dejan ese trabajo de recuperacin a un pequeo sector de la izquierda que de esa manera, mediante ese esfuerzo insensato, se derrota a s misma sin necesidad de intervenciones exteriores. La derecha es muy lista. Por qu recupera al Che, a Ghandi, a Mandela? La derecha recupera a los nuestros porque son ms populares, porque forman parte del canon resistente de la gente normal, porque representan una victoria de esa decencia comn sin la cual toda legitimidad es imposible. Su recuperacin es el triunfo de los pueblos. Gloria al victorioso Mandela que, tras obligar a los malos a abolir el sistema de apartheid, les obliga ahora a hablar bien de l.

Santiago Alba Rico es filsofo y columnista.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/por-que-todos-hablan-bien-de-mandela/5308


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