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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2005

Estrategias comunicativas para una masacre

Gennaro Carotenuto
Brecha

De la tragedia de Londres no hay imgenes ni de cadveres ni de sangre y, a pesar de la atribucin a Al Qaeda de los atentados, se rechaza rotundamente la conexin con la matanza iraqu. Es una precisa estrategia comunicativa. Vacila a cambio la estrategia vaticana contra el choque de civilizaciones


En la tarde y madrugada del 7 de julio miles de redacciones periodsticas en el mundo han buscado sin xito una imagen simblica de las masacres de Londres. Pues, no haba!

Aquella vana bsqueda fue originada por una precisa y probablemente ponderada y preventiva decisin conjunta de los grandes medios britnicos, del Ministerio de Interior y de los organismos policiales. No hay fotos de las duras, no hay detalles desde adentro del metro, ni cadveres, ni sangre, humo, mochilas abandonadas, destrozos. Ni siquiera hay escenas de desesperacin, pocas de gente que llora. La totalidad de la prensa mundial, el viernes como en los das sucesivos, ha utilizado fotos de heridos leves, en condicin de caminar, y algunas fotos del autobs de la lnea 30, tomadas con zoom desde considerable distancia. No est dicho que no est bien pero del 7 de julio londinense no quedar una foto smbolo como el avin que se estrella contra las torres o el albatros que se hunde en el petrleo o otras fotos histricas que simbolizan el gueto de Varsovia o el guerrillero espaol de Robert Capa.

Aunque nadie dude de la libertad de prensa britnica, el sistema meditico de este pas est muy centralizado sobre la BBC, otro par de canales televisivos nacionales y un puado de grandes diarios, Times, Guardian, Independent, Observer. Si est en juego un sentimiento nacional y la percepcin de un enemigo externo, no es difcil para estos pocos medios autorizados orientar la opinin pblica hacia una percepcin comn que aparece severa y digna. No estaba dicho que as fuera, ni que esta fuese realmente la idiosincrasia del pas si se piensa en la duradera locura colectiva frente a la muerte de Diana Spencer. Estamos as ante una eleccin comunicativa con rasgos muy distintos y ms complejos de la estadounidense del 2001 y de la espaola del 2004.

El 11 de septiembre el sistema meditico del pas y del mundo cabalgaron la conmocin colectiva hasta el paroxismo. Nada de toda la sangre, el humo, el polvo, la desesperacin que haba, fue ahorrado al televidente. El clamoroso atentado fue inmediatamente clasificado como el peor crimen de la historia de la humanidad, un golpe a sangre fra por un enemigo que simbolizaba el demonio. Todo preludia a la necesidad y a la justeza de una justicia infinita administrada por las manos del Presidente de Estados Unidos. El 11 de marzo espaol fue comunicativamente ms desafortunado. Las mentiras de Aznar, que pretendi culpar la organizacin vasca ETA, eran tan groseras y descaradas que el Partido Popular result duramente castigado por los electores el domingo siguiente.

Sin embargo, la estrategia del gobierno Aznar verta en los mismos elementos de las estrategias comunicativas de los dos pases anglosajones. Primero: hacer pasar al gobierno y no slo la ciudadana como vctima. Segundo: tergiversar sobre las motivaciones de los terroristas. Tercero: apuntar a la diabolicidad de un enemigo en guerra contra nuestra sociedad abierta. Cuarto: mezclar elementos distintos, cosas ciertas, mentiras descaradas y no dichos para procurar compactar la opinin pblica al lado del gobierno. La aprobacin de Bush super durante semanas el 90 por ciento. La de Blair ha subido rpidamente en estos das, llegando a rondar el 49 por ciento, mucho para un lder que gan las ltimas elecciones slo por falta de alternativas.

Tanto fue grosero el juego de Aznar como sutil resulta el de Blair. Sin embargo para los dos lo fundamental fue rechazar la idea que el motivo desencadenante de los ataques en el corazn de Europa haya sido la guerra. En la estrategia comunicativa britnica hay un corpus complejo de elementos. La sobriedad est justificada con la necesidad de confinar el dolor a la esfera privada. La no exposicin del cuerpo de las vctimas contribuye por un lado a suavizar el trauma social y por el otro a evitar que los autores capitalicen sus dudosos xitos. La sociedad estadounidense, alimentada por los medios, reaccion al 11/9 con una repugnante pltora de ms de 200 asesinados de personas con rasgos fsicos rabes. Decenas de taxistas de religin sikh, murieron as. Fue un pogromo olvidado por los medios- que no se repiti en Espaa y no se est repitiendo en Gran Bretaa.

A las motivaciones psicosociales hay que sumar otro elemento. Los britnicos han sido conducidos a revivir uno de los momentos ms gloriosos de su historia, que sienten parte positiva de la idiosincrasia nacional. Con el efecto Churchill, que Tony Blair ha citado repetidamente, la sociedad ha sido llamada a la misma compostura mostrada frente a los bombardeos nazi en plena segunda guerra mundial. La mitad Este de la ciudad fue completamente destruida, hasta Buckingam Palace fue golpeado dos veces y sin embargo la imagen que el pas quiso dar fue de absoluta normalidad, con teatros y restaurantes llenos. Son los ingleses que no se hicieron invadir los que se pretende reproducir hoy.

A estos elementos, en su mayora positivos, ha sido necesario ofrecer algunos elementos colaterales de tergiversacin para completar la imagen ofrecida a la opinin pblica interna u internacional. Blair, como Bush, han manipulado la interpretacin de los atentados como consecuencia del presunto compromiso del G8 a favor de frica. Como para su ex-cmplice Aznar no era conveniente conectar los muertos de Madrid y Londres con los muertos de Bagdad. En estos das miles de opinlogos en todo el mundo repiten de manera taladrante este mensaje: el Irak no tiene nada que ver. Es el mismo mensaje del 11 de septiembre: por qu nos odian tanto? La BBC, dcilmente, durante toda la tarde del da 7 ha contribuido a proyectar esta imagen hasta atribuir repetidamente los atentados de Madrid a la voluntad de Osama Bin Laden de reconquistar la pennsula ibrica despus de la cada de esta en 1492. Es un testimonio que contribuye a desvirtuar la imagen de la BBC de rgano autorizado y independiente. Conforma otra, de rgano tendencioso y parcial. Si Madrid 2004 fue la venganza por la cada del Reino de Granada y Londres fue contra las ayudas a los nios hambrientos de frica podemos temer que algn da a la autorizadsima BBC convendr atribuir la cada de las Torres Gemelas a los indianos Mohawks, que poblaban Manhattan hasta el siglo XVII.

UN MISTERIO ANTICRISTIANO En la tarde del jueves, los observadores ms atentos, percibieron como un terremoto el primer comunicado salido desde el Vaticano sobre los atentados de Londres. A las 13.45 las agencias atribuyen al Papa Joseph Ratzinger, en una carta al Cardinal de Londres Murphy OConnor, la definicin de anticristianos para los atentados.

Es un giro de 180 grados respecto a la poltica de su predecesor, Karol Wojtyla. Este haba rechazado en todo momento la idea del choque de civilizaciones y religiones impulsada por los neoconservadores y los gobiernos anglosajones. Tanto despus del 11 de septiembre 2001 y del 11 de marzo 2004, como frente a las agresiones a Afganistn y Irak, Juan Pablo II haba sido la voz ms alta en distinguir claramente entre los presuntos responsables de atentados y el Islam como religin y oponerse a las guerras desautorizando la tentacin de muchos en los dos bandos de presentar las guerras como conflictos interreligiosos y evitar que el mundo musulmn pudiera considerar todo el mundo cristiano como agresor.

En pocos minutos el comunicado da la vuelta al mundo, se reproduce y llega a la boca de miles de polticos y comunicadores que no esperaban otra cosa para martillar con bulla pontificia- sobre la guerra declarada por el Islam a toda la cristiandad. A los pocos minutos el Vaticano publica la carta en el sitio internet. A la palabra anticristiano, se sustituye el trmino barbrico, totalmente neutral. No hay ninguna desmentida ni nada que agregar: para el comunicado oficial los atentados no fueron anticristianos sino barbricos. Si fue un error es un desastre, quizs el ms grave en dcadas de parte de la diplomacia vaticana y silenciosamente alguna cabeza rodar en la oficina de prensa pontificia. Sera una muestra de frivolidad que podra tener consecuencias gravsimas sobre la autoridad del Vaticano mismo como mediador en los conflictos que involucran a Oriente Medio y el mundo musulmn. Si fue un ballon dessai estaramos a la vspera de un cambio inslito, radical y peligroso de la diplomacia vaticana con el nuevo Pontfice. La interpretacin que se puede dar es que Benedicto XVI no descarte que, en el caso se hagan endmicos los atentados en Europa, pueda hacer una plena eleccin de campo a lado de las potencias occidentales. No sabemos an si Ratzinger tenga la vocacin para ser un nuevo Urbano II o Inocencio III, los papas que proclamaron la primera y la cuarta cruzada en 1095 y 1198. Sin embargos sabemos que por un lado la idea de Occidente y de las races cristianas de Europa estn profundamente arraigadas en su pensamiento y por el otro que todo el discurso vaticano sobre Londres a pesar del desliz anticristiano- sigui sigilosamente los pasos conciliatorios de su predecesor.



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