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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2013

Entrevista a Manuel Caada sobre la renta bsica
Lleg la hora de que la renta bsica deje de ser un debate filolgico y se convierta en 'fuerza material' que transforme la sociedad y el mundo

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Miembro del Frente Cvico, trabajador social incansable, Manuel Caada es, entre mil cosas ms, un camarada admirable, un activista social imprescindible. De lo mejor, en mi opinin, que han generado la tradicin revolucionaria hispnicas en estos ltimos cincuenta aos.

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Vienes esta semana a Barcelona, una ciudad tan tuya y de tantas gentes como t, a participar en un debate sobre la renta bsica que se celebrar el prximo mircoles 18 de diciembre, a las 18:30 en Plaza Urrutia, 125, metro Plaza de la Repblica (antigua plaza Llucmajor), en un local ciudadano que no para de organizar debates, presentaciones, cine-forum. Gramsci en estado puro. Quin ha organizado el encuentro? Quines participis en l?

El acto lo organizan los compaeros de Espai Marx, una comunidad poltico-cultural con la que me siento muy identificado. El Espai Marx es un vivero de ideas al tiempo que un espacio de fraternidad, integrado por revolucionarios bien temperados, por comunistas de diversas trayectorias y filiaciones pero que comparten, todos ellos, tanto los anhelos de mar como la desconfianza hacia los atajos. La gente de Espai Marx se mueve en ese difcil equilibrio militante que hay que construir, del que hablara Bertold Brecht, frente a los irreflexivos, que nunca dudan y frente a los reflexivos, que nunca actan.

En el debate participamos Ramn Franquesa, Jos Iglesias, Josep Bel y miembros de los Campamentos Dignidad de Extremadura. Ramn Franquesa es profesor de economa en la Universidad de Barcelona, integrante del Frente Cvico Somos Mayora y uno de los promotores ms activos de la ILP por la Renta Garantizada de Ciudadana que se ha puesto en pie en Catalunya. Jos Iglesias es, indiscutiblemente, uno de los padres de la Renta Bsica en el Estado Espaol, una de las personas que ms ha trabajado en la elaboracin terica y la divulgacin de la renta bsica por estos pagos de la piel de toro. Forma parte del Seminario de Economa Crtica Taifa y de Baladre. Y, por ltimo, Josep Bel es trabajador de Telefnica, un veterano sindicalista, militante en las Comisiones de Base (COBAS) e integrante del Procs Constituent.

Me gustara llamar la atencin sobre el ttulo de la convocatoria

Hazlo, hazlo, por supuesto.

No se trata de un debate ms, al uso, sobre la renta bsica, para especular sobre su viabilidad econmica o sobre sus bondades keynesianas. Se trata de debatir sobre la renta bsica como herramienta para la organizacin y transformacin. Es decir, queremos hablar de la construccin del sujeto de la renta bsica, de la organizacin del pueblo obrero y precario.

Lo digo por derecho. Ha llegado la hora de que la renta bsica deje de ser un debate filolgico con entrada reservada a economistas, socilogos o activistas con trienios, para pasar a convertirse en una fuerza material que sirva para transformar la sociedad y el mundo. Aquello en lo que, segn Mao, se convertan las ideas correctas cuando las gentes de abajo se apropian de ellas. O sea, que el debate sobre la renta bsica ha de instalarse en las oficinas de empleo, en los bares de los barrios y en las conversaciones de la juventud sin futuro. Y convertirse, junto a otras muchas propuestas, en escrache, en corrala, en despensa social, en comunidad de lucha, en definitiva. Es ah donde -supongo- adquiere sentido la participacin de los Campamentos Dignidad en este debate.

Entro propiamente en materia: a qu debemos, a qu deberamos llamar renta bsica? Hay alguna relacin, y cul si fuera as, entre la renta bsica y los subsidios de renta garantizada? En este mbito de la renta bsica, no hay posiciones diversas y algo diferenciadas?

Se trata de un concepto muy sencillo: todas las personas, por el mero hecho de nacer, tienen derecho al acceso a los bienes materiales que le garanticen sobrevivir con dignidad. La renta bsica, por decirlo con Jos Iglesias, es el derecho que tiene cada ciudadano/a a percibir una cantidad peridica para cubrir sus necesidades materiales, sin ninguna condicin que lo limite. No es nada nuevo, por otra parte. A Marcelino Camacho le escuchamos decir algo muy similar en mltiples ocasiones.

Pero este enunciado tan elemental es, a su vez, subversivo, pues choca con la lgica del sistema econmico y poltico que se cimenta en la intemperie, la precariedad y la servidumbre. El capitalismo convierte a la tierra, al agua, a los servicios pblicos o al propio ser humano en mercaderas, subordina la vida a las premisas del beneficio privado. La osada de la Renta Bsica es que pone en evidencia esa incompatibilidad entre capitalismo y derechos humanos. Pero, al mismo tiempo, choca con el sentido comn dominante, con nuestro yo ntimo que se ha hecho capitalista.

La crtica del trabajo asalariado, la necesidad de repartir la riqueza, cuyo origen es social, la urgencia de herramientas que permitan planificar el decrecimiento y la reconversin ecolgica de la economa, la puesta en marcha de instrumentos que garanticen la igualdad de gnero, la posibilidad de enfrentarnos al rgimen precario, el desafo a las polticas sociales del poder y su planificacin de la miseria: todos estos argumentos y otros muchos, subyacen en la idea de Renta Bsica, la nutren desde distintas tradiciones emancipatorias.

Pero la segunda pregunta que formulas sobre la relacin entre la Renta Bsica (RB) y los subsidios nos interpela sobre las posibilidades de intervencin social desde esa propuesta. Hacen falta mediaciones, claro est. La renta bsica, con sus tres caractersticas definitorias (universal, individual e incondicional) no va a implantarse por las buenas y de un plumazo, para todo el mundo una buena maana, y sin lucha. Las clases dominantes no tienen por costumbre suicidarse, es evidente.

Y ah entran en escena los movimientos.

Exacto, ah entran en escena los movimientos que suelen ser bastante ms dctiles que los catedrticos de universidad. Hasta ahora haba un foso insalvable entre los defensores de la Renta Bsica y quienes propugnan rentas mnimas (con diversas denominaciones: renta garantizada, subsidio, salario social...).

El acierto y la insolencia del movimiento por la Renta Bsica en Extremadura fue justamente establecer un puente entre ambas propuestas formulando la aplicacin de la Renta Bsica por fases. La ILP de Extremadura estableca tres fases: en primer lugar, se aplicara de modo inmediato a los parados sin cobertura; en segundo lugar, en el plazo de un ao, a aquellas personas con subsidios o pensiones por debajo de la cantidad que se reclamaba (600 euros); y, por ltimo se promovera su extensin universal. Este planteamiento mestizo permita que en la lucha por la RB se pudieran sentir identificadas tanto las posiciones ms abiertamente anticapitalistas como aquellas otras ms gradualistas. Eso s, Renta Bsica como derecho, no rentas mnimas que funcionan como reservas indias de pobres, como instrumentos de conformacin, control y clientelismo de pobres.

En los Campamentos Dignidad utilizamos mucho esta expresin de Rosa Luxemburg: Hay que elevarse por encima de los estrechos horizontes del pan cotidiano.

 

Qu grande era Rosa!

Lo era. Pero sin levitar del pan cotidiano, aadimos nosotros. Pan cotidiano y horizonte de transformacin social son partes indesligables de la misma lucha. Si lo que queremos no es escribir un libro sino construir un movimiento popular, deberemos asumir que habr momentos en los que insistamos ms en el pan cotidiano y otras ocasiones, lo haremos ms en el horizonte estratgico. Unos insistirn ms en la RB como garanta de ingresos, como renta de existencia. Otros subrayarn ms su eficacia como caja de resistencia frente a los abusos laborales. Y habr quin incida sobre todo en su capacidad de liberacin, de semilla alternativa. Renta de existencia, renta de resistencia, renta de liberacin, distintos acentos que deben convivir formando parte de la misma lucha. No debera angustiarnos que haya diferencias de enfoques y acentos, es consustancial a un autntico movimiento.

Porque adems, lo importante no es tanto la propuesta como la gente que puede hacerse dueo de ella. No es un movimiento para una ILP o una propuesta pormenorizada de Renta Bsica en todos y cada uno de sus aspectos. Es al revs: una ILP al servicio de la construccin de un movimiento contra el paro y la precariedad.

Claro, ah se encuentra un debate cuyo esclarecimiento no puede eludirse, por mucho que se quiera. Los derechos universales se construyen siempre desde algn sitio, desde algn sujeto particular. Sera insensato esperar que el derecho universal a la vivienda venga a reclamarlo Botn o las inmobiliarias, en lugar de los desahuciados o las jvenes parejas condenadas a vivir en casa de sus padres. Ni la reforma agraria va a venir a reivindicarla la Duquesa de Alba, por mucho que nosotros le prometamos reservarle un huertecito para autoconsumo. Lo mismo ocurre con la RB. Por mucho que aspiremos a su extensin universal, el sujeto natural en la lucha por la RB son las personas en paro, pobres o precarias. Somos capaces de que esta lucha lo sea al mismo tiempo de la clase obrera ms tradicional y del precariado? Que se apropien de ella tanto el cani como el informtico, tanto el parado de la construccin como el becario de investigacin, tanto la clase obrera como el precariado. La RB puede y debe tener ese propsito: ser una herramienta de alianza, de unidad de clase.

Tal como est el panorama econmico, poltico, no es una quimera hablar en estos momentos de renta bsica? No hay cosas ms urgentes y, sobre todo, ms alcanzables?

Es justamente lo contrario. Si no es ahora, cundo lo haremos? Ahora, cundo el hambre y la miseria llaman a la puerta de miles de casas obreras; ahora, cuando 6 millones de personas se encuentran en el paro forzoso (dos millones de ellas sin ningn tipo de cobertura al desempleo); con 3 millones de personas, segn Critas, que sufren la pobreza severa; con ms de 300.000 jvenes que han tenido que emigrar en busca de trabajo; con 4 millones de personas mortificadas por la pobreza energtica, sin luz y sin medios para calentarse; con ms de 2 millones de personas acogidas a los bancos de alimentos y la caridad institucional Cundo, si no es ahora, ahora que la justicia vale menos que el orn de los perros, como deca Len Felipe.

De acuerdo, de acuerdo.

Hace unos das, en Alcal de Guadaira, moran tres personas de una misma familia por ingerir productos en mal estado recogidos de la basura. Es un sntoma ms de lo que est ocurriendo. En las calles volvemos a gritar con rabia Queremos pan, trabajo y libertad. Y lo del pan ha dejado ya de ser metafrico.

Todava hay demasiada gente de la menguante clase media, incluso en los crculos militantes, que no quiere verlo. Es tan acogedora la rutina de nuestras jergas, de nuestras inercias, de nuestros imperecederos debates! Hace poco ms de una semana, el economista Juan Torres, escriba un artculo titulado Necesitamos la renta bsica?. Lo escriba as, con interrogantes. Pero, por qu con interrogantes? Para algunas personas no lo es, pero para muchos ciudadanos y ciudadanas la renta es imprescindible.

Lo que es una autntica quimera es suspirar porque vuelvan los tiempos de Curro se fue al Caribe, como deca aquel anuncio-prototipo de los tiempos de bonanza consumista. No, no volvern. Y adems, ya comprobamos sobradamente que esa euforia inducida, esa burbuja del crdito, ocultaba precariedad y explotacin laboral, destruccin ecolgica, estafa financiera, prdida de soberana econmica y poltica.

Pero, adems, el capitalismo ya est en otra cosa. Estamos ante una mutacin histrica, el neoliberalismo ha incubado monstruos que pugnan por nacer. Basta con contemplar la progresiva normalizacin de la brutalidad policial y la represin de la disidencia poltica, cuyo ltimo fruto es la llamada Ley Mordaza.

La ley de la patada en la boca la llaman algunos.

No est mal. En los aos 30, cuando el fascismo se enseoreaba ya en toda Europa, Dimitrov haca una llamada angustiosa a construir frentes populares y organismos unitarios de los trabajadores. Hoy, como entonces, la mejor forma de impedir el retorno siniestro de la bestia es construir los movimientos ms elementales para la defensa de los intereses econmicos, polticos y culturales de la clase obrera y encontrar en la defensa de los intereses ms vitales un lenguaje comn que una a nuestro pueblo.

Una de las formas ms habituales de despachar la renta bsica es tildndola de utpica. Pienso que, como deca Paco Fernndez Buey, una de las cosas ms serias que podemos hacer ahora es precisamente impedir que el poder se quede con las grandes palabras de las tradiciones de liberacin, y las deshonre. La lucha por el sentido de las palabras es parte de la lucha social. Y recuperar el buen sentido de la palabra utopa merece esa lucha.

Perdona que insista. Es viable? Un pas de pases como Espaa puede en estos momentos centrarse en una reivindicacin de este calado? Qu poltica econmica, qu poltica fiscal sera necesaria?

Esta pregunta es una de las tres objeciones que suelen ponerse a la renta bsica, su viabilidad econmica, de dnde saldra el dinero. Las otras dos son la de la haraganera a la que inducira y la de su carcter utpico. Sin embargo, nuestra experiencia nos dice que esta pregunta-objecin es cada vez menos frecuente. Demasiados Brcenas, Urdangarines, cazadores de elefantes, subvenciones billonarias a los bancos, privilegios de diputados, etc, a la vista, como para que a nadie se le ocurra alguna fuente de dnde financiar la renta bsica.

Claro que requerira una poltica econmica y fiscal distinta. La deuda ilegtima y el fraude fiscal son dos muestras de la sangra de dinero pblico que podra tener una utilidad social y econmica al servicio de la mayora.

Has hablado ya de ello pero vuelvo al tema: qu podra significar la consecucin de la renta bsica para las clases trabajadoras espaolas?

Una de las virtudes de la renta bsica es que puede representar el papel de fondo de resistencia contra la explotacin laboral. Pero ms all de esa utilidad evidente, me gustara llamar la atencin sobre lo que puede significar la lucha por la renta bsica.

Est surgiendo un nuevo movimiento obrero, un movimiento obrero de nuevo tipo. Movimiento obrero, como saban los viejos militantes, es un trmino que va ms all del sindicalismo. Las Plataformas de Afectados por las Hipotecas (PAH), los Campamentos Dignidad o las Mareas en defensa de lo pblico son, en gran medida, formas de expresin de ese nuevo movimiento obrero, que surge exigiendo alquileres sociales en las puertas de los bancos, renta bsica en las oficinas de empleo o tarifa social para el transporte pblico. Es un nuevo movimiento obrero que se afana por nacer fuera o en la frontera de los centros de trabajo. Pero tambin en el interior de las empresas estn surgiendo nuevas formas de lucha o se rescatan con decisin otras que aparecan como anacrnicas o poco razonables, como la huelga indefinida. Si hace dos aos, nos hubieran dicho que los maestros de Baleares, los barrenderos de Madrid, los trabajadores del alumbrado o los de empresas como Panrico haran un uso resuelto de esa herramienta no nos lo habramos credo. Abramos bien los ojos y, sobre todo, recorramos con nuestro pueblo los nuevos caminos de lucha.

Ahora mismo estn crendose corralas, asambleas de [email protected], despensas solidarias, lunes y martes al sol, roperos sociales, marchas de la dignidad, redes de solidaridad popular, formas de auto-organizacin obrera que constituyen en la prctica el embrin de un gran movimiento contra el paro y la precariedad. La lucha por la renta bsica y la ILP que la reivindica quieren ser un instrumento ms que le d consistencia y lo fortalezca. No somos mercanca en manos de polticos, empresarios o banqueros. No somos el excedente, la poblacin sobrante del capital.

La renta bsica es una reivindicacin del Frente Cvico, del que creo que formas parte? Es as?

S, soy miembro del Frente Cvico. Me identifico con la convocatoria inicial de Julio Anguita y pienso que la misin del Frente Cvico es trabajar en la construccin de un contrapoder, de un fuerte movimiento popular capaz de enfrentarse a la banca, al gran capital y a sus manijeros en la poltica. Debemos evitar por todos los medios convertirnos en una opcin poltico-electoral o algo similar. Nuestros referentes deben ser ms el 15M, las PAH y todas las formas de organizacin popular que estn emergiendo. La Acampada Dignidad de Crdoba y las Marchas de la Dignidad del 22M apuntan en ese sentido. Debatir de censos internos en esta hora me parece una frivolidad.

No puede dejar de preguntrtelo: cul es la actual situacin del movimiento social de los campamentos de la dignidad?

Los Campamentos Dignidad de Extremadura son, en mi opinin, un fruto extraordinario de la lucha de los parados, de las barriadas populares y de la juventud precaria en esta tierra maltratada. En definitiva, son una creacin de la clase obrera de Extremadura.

Nacimos en las puertas de las oficinas de empleo reivindicando la renta bsica. Y tirando de la cereza del paro y la renta bsica empezamos a nombrar y luchar contra las otras llagas: los desahucios de vivienda, los cortes de agua por impago, la carencia de comedores escolares para los chavales, el escndalo de las urbanizaciones-fantasma o el criminal medicamentazo.

Ahora mismo tenemos dos importantes litigios de una misma lucha, la lucha del pan. Hemos conseguido que, al final, tengan que pagar la renta bsica de insercin a muchas ms personas y familias de las que ellos pretendan. Queran que slo 1.500-2.000 personas pudieran acogerse. Ellos mismos reconocen ya 18.000 solicitudes y, al menos, 8.000 perceptores nuevos. Pero estn torturando a la gente con obstculos burocrticos kafkianos, retrasando el pago. Marean a la gente con papeleo y excusas, de modo que, 7 meses despus de aprobada la ley, slo han pagado a 300 personas. Hemos empezado una campaa de escraches en la puerta del Director de Poltica Social, Juan Bravo. Y la campaa de denuncia va a durar toda la Navidad y ascender a todos los escalafones culpables de esta ignominia. Si no pagan a la gente antes de terminar el ao, se les van a atrangantar los langostinos.

La segunda batalla es por el reparto de alimentos. En el campamento, desde su nacimiento, era tal la solidaridad del pueblo que se cre una despensa de forma espontnea. El excedente de comida lo repartamos en los barrios ms machacados. Y, de forma natural, llegamos a una conclusin: haba que participar en el reparto de alimentos pero, claro est, no desde la lgica de la caridad, el asistencialismo y el clientelismo, si no desde la perspectiva de la solidaridad y la lucha. Reparto y lucha, lucha y reparto, que decimos nosotros. O mejor an: Comparto y Lucho. Porque todo el mundo tiene algo que compartir y aqu la relacin es entre iguales.

Y de ese modo, buscando cmo llenbamos la despensa empezamos a buscar alternativas. La despensa la llenaramos de cuatro fuentes: cooperativas y pequeas tiendas que colaboran, un huerto grande en terrenos municipales para abastecer a los barrios de hortalizas, mesas de recogida en los supermercados y, por ltimo, los Bancos de Alimentos. Y ah, en el Banco de Alimentos de Badajoz ha empezado una lucha que nos parece pionera en el Estado y de cuya trascendencia tampoco nosotros ramos del todo conscientes. Legalizamos los Campamentos como asociacin y reclamamos, en igualdad de condiciones, el acceso al reparto del Banco de Alimentos, atendiendo a que la parte del len de estos almacenes procede del FEGA, es decir est financiado con fondos pblicos europeos. En el mes de octubre empezamos con 45 familias. En noviembre ya eran 200. Ahora mismo estamos ya por encima de las 300 familias.

Tenamos claro que la distribucin deba ser al mismo tiempo un elemento de denuncia y generacin de conciencia, y por eso hicimos el primer reparto ante la oficina de empleo y el segundo ante el Parlamento de Extremadura, con el lema Que la vergenza la sientan ellos. A los dos das, el Banco de Alimentos nos niega el acceso a cualquier nuevo reparto, porque dice que hacemos un uso poltico de los alimentos. Nos lo dicen ellos, que son tanto la Presidenta de Badajoz, Doa Carmen de Aguirre, como el Presidente de la Fundacin Estatal del Banco de Alimentos, Don Jos Antonio Bustos, supernumerarios del Opus Dei. Y en esas estamos, literalmente, en la lucha por el pan.

En el despliegue de la lucha de los Campamentos Dignidad, nos vamos encontrando con los mecanismos capilares que organizan la poltica social del poder, su hegemona. Porque no podemos seguir hablando de hegemona en abstracto, como si tratara de un prurito de cultura poltica. Hay que escrutar con detalle las casamatas de la servidumbre y la impotencia, la articulacin del entramado que trabaja para la contencin del conflicto, para la divisin de las clases populares.

Pero al tiempo que crecemos dentro de nuestra clase y de Extremadura, estamos intentando ayudar a la extensin de la lucha. Ahora mismo hay dos iniciativas en las que estamos implicados a fondo, junto con otros muchos colectivos: la ILP estatal por la Renta Bsica y las Marchas de la Dignidad que confluirn en Madrid el da 22 de marzo. El SAT, el Frente Civico, la PAH o las asambleas de [email protected] de territorios muy diversos son algunos de nuestros acompaantes en estos dos envites. En la lucha social tambin los grandes ros nacen de los pequeos ojos de agua, escribi Roque Dalton.

Quieres aadir algo ms admirado y muy querido Manuel?

Aprovecho para hacer un llamamiento a todas las compaeras y compaeros de todos los rincones del Estado Espaol a que se impliquen tanto en la movilizacin de la ILP estatal por la Renta Bsica como en las Marchas de la Dignidad del 22M. Mucho nimo a [email protected] Vamos a hacer que caigan los gobiernos y las polticas canallas de la Troika.

Muchas gracias a ti y a toda la gente de Rebelin.

Salvador Lpez Arnal es nieto del cenetista aragons, asesinado en Barcelona en mayo de 1939 delito: rebelin militar-, Jos Arnal Cerezuela.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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