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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2005

Relaciones EE.UU.-Amrica Latina
Hegemona, globalizacin o imperialismo

James Petras
Rebelin

Traducido para Rebelin por Carlos Sanchis


Introduccin

Muchos estudiosos, periodistas y expertos, sobre todo en los Estados Unidos, confan en los conceptos de hegemona o globalizacin, en lugar del de imperialismo en las discusiones de las relaciones de los EE.UU. y Latinoamrica.

La "Globalizacin" no explica los inmensos flujos de capital, beneficios, patentes, pagos de intereses y lavado de dinero que fluyen desde Amrica Latina. Ni explica la red de bases militares y misiones de los EE.UU., ni las operaciones del ejrcito y la inteligencia a travs de los cuales Washington interviene en Amrica Latina. La globalizacin no describe el control y la explotacin por parte de los EE.UU., de bancos multinacionales y firmas inversoras sobre las finanzas, la energa, el comercio y las materias primas de Latinoamrica.

"Hegemona" no es un concepto til excepto en circunstancias y tiempos muy limitados. La mayora de las polticas norteamericanas del ALCA (rea de Libre Comercio de las Amricas) para la privatizacin de las comunicaciones, el agua y la energa, son vehementemente contestadas por la gran mayora de los pueblos de Amrica Latina a travs de protestas masivas, derrocando a los regmenes clientelares de los EE.UU. que las apoyan o refrendan. Esta claro que los EE.UU. no ejercen "hegemona" sobre el 70% de la poblacin urbana y rural, sobre todo sobre los obreros, campesinos y empleados pblicos. La influencia ideolgica norteamericana o hegemona es ejercida sobre la lite poltica y econmica. Es ms, incluso entre la lite poltica, bajo la presin de las masas, a travs de huelgas generales o amenazas de levantamientos populares, hay quienes, por lo menos temporalmente, rechazan las polticas norteamericanas, de ah los esfuerzos de Washington por derrocar al presidente de Venezuela popularmente elegido.

Las relaciones EE.UU.- Amrica latina, en tanto que afectan a la gran mayora de la poblacin de la ltima, estn basadas en la dominacin, las amenazas econmicas, militares y en la intervencin directa e indirecta. La nocin de imperialismo capta mejor la dual naturaleza de las relaciones de dominacin, explotacin y colaboracin de la lite clientelar de los EE.UU. con Latinoamrica; lo que, en cierto modo, no lo hacen las de globalizacin y hegemona.

Imperialismo y resistencia hoy

El imperialismo es una estructura y una relacin. La estructura imperial incluye la inmensa red econmica que se aprovecha de Amrica Latina, las agencias estatales imperiales y su penetracin en las instituciones internacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y anlogas) y sus recursos polticos en las estructuras estatales de los regmenes latinoamericanos. Los conflictos nacionales y de clase entre el imperio y las organizaciones socio-polticas de masas juegan un papel determinante para definir las polticas, estructuras y direccin latinoamericanas. El ejercicio del poder imperial depende de la correlacin de clase y de las fuerzas nacionales en un pas y momento dado.

Durante los ltimos treinta aos, el imperialismo norteamericano, con el apoyo de las elites latinoamericanas, ha tenido un gran xito imponiendo un "mercado libre" o modelo econmico-poltico neo-liberal a lo largo del continente y ha producido extraordinarias transferencias de riqueza a los bancos de EE.UU. y multinacionales; se estima en alrededor de 1.5 billones (1.500.000.000.000) de dlares durante los ltimos 15 aos.

El resultado de este modelo de acumulacin "de concentracin imperial", ha sido el inmenso empobrecimiento de la poblacin rural y urbana, la descendente solidez de los empleados del sector pblico y de los obreros, y el crecimiento de un "sector informal" de bajos salarios de entre el 50-80% del total de los trabajadores.

Dados los ntimos vnculos entre el modelo imperial concentrado en el "mercado libre" y la aguda polarizacin social, no es sorprendente que el respaldo de los EE.UU. a los regmenes clientelares y a las polticas neo-liberales haya sido el blanco de las protestas masivas que se han llevado a cabo, de los levantamientos e incluso de los desafos electorales.

Desde la dcada de los noventa al 2005, los presidentes clientelares norteamericanos han sido desalojados de Venezuela, Brasil, Ecuador (3 veces), Bolivia (2 veces), Per y Argentina. Han sido derrotados referndumes para privatizar empresas pblicas en Uruguay (agua y sistemas portuarios), Per (agua), y Bolivia (agua). Los principales levantamientos han tenido lugar para re-nacionalizar el petrleo y el gas (Bolivia), para acabar con el pillaje financiero de los bancos extranjeros (Argentina), y para acabar con los programas intrusos de erradicacin de cosechas de la hoja de la coca (Per y Bolivia). Dos movimientos importantes de la guerrilla colombiana, con 25.000 combatientes, han rechazado con xito un programa de contrainsurgencia de tres mil quinientos millones de dlares dirigido por los EE.UU. y tienen el control de un tercio del territorio. En Venezuela, mayoras populares superiores al 60% respaldan al presidente Chvez y su programa nacional-populares, sus iniciativas constitucionales y las alianzas gubernativas y del congreso. Un golpe financiado por los EE.UU. y apoyado por la lite militar fue derrotado por una movilizacin popular masiva unida a militares constitucionales.

Los principales movimientos democrticos y sociales de la regin se oponen unnimemente a las polticas imperiales norteamericanas y en muchos casos, han llevado a cabo programas significativos de redistribucin de la riqueza. El brasileo movimiento de trabajadores sin tierra (MST) ha ocupado miles de haciendas y asentado a ms de 1.5 millones de campesinos. Los sindicatos de cultivadores de coca en Per y Bolivia se han asentado cultivando tierras, aumentado sus ingresos substancialmente. El movimiento de obreros desempleados ha tomado y opera ms de 200 fbricas, al tiempo que 3 millones de desempleado argentinos se han asegurado la renta de subsistencia del gobierno nacional, en contra de los programas de austeridad del FMI. En Ecuador los sindicatos y los movimientos indios han bloqueado la plena privatizacin de la industria del petrleo estatal.

Mientras que los movimientos sociales de masas han demostrado los "lmites" del poder imperial norteamericano - econmico y militar - no puede decirse lo mismo de los partidos electorales de "centro-izquierda" que han capitalizado el descontento popular para ganar elecciones.

La mayora de los periodistas y acadmicos norteamericanos continan refirindose al rgimen de 'Lula' Da Silva en Brasil, al gobierno de Kirchner en Argentina, al rgimen de Lagos en Chile y ms recientemente a la presidencia de Tabare Vzquez en Uruguay como de "centro-izquierda" an cuando estos regmenes han abrazado casi sin excepcin toda la agenda neo-liberal. Esta caracterizacin errnea est basada en la trayectoria pasada de estos regmenes (su pasado izquierdista), o, en algunos casos, en sus demandas demaggicas o en auto-identificacin. De hecho los regmenes de centro-izquierda han aumentado y extendido la privatizacin y el excedente del presupuesto para pagar la deuda externa, procediendo a reducir los sueldos, las pensiones y el empleo del sector pblico, abriendo el pas a ms destruccin ecolgica subvencionando la expansin de explotaciones agro-mineras en la Amazona y otros entornos frgiles.

El imperio norteamericano ha fracasado en el avance por la va coercitiva, en la intrusin militar y con las polticas represivas contra los movimientos de masas pero ha tenido xito en sus objetivos utilizando a los partidos electorales de centro-izquierda. El problema es, sin embargo, que el pueblo pronto se desencanta profundamente con lo que percibe como traicin por parte de las elites polticas de centro-izquierda y regresa al nico mtodo intentado y probado de accin directa: las protestas de masas, huelgas generales, bloqueos de carreteras y ocupaciones de tierras. Mientras que los movimientos sociales han sido, en principio, los vehculos a travs de los cuales la clase obrera, los campesinos y los empleados han desplazado a los polticos venales, realizado reformas sociales y bloqueado las polticas ms atroces promovidas por Washington, la realidad es que no han podido tomar el poder estatal. Cada presidente derrocado o echado del cargo es reemplazado por otro, salido de la misma lite y siguiendo las mismas polticas neo-liberales. Esta 'rotacin' o 'circulacin' de elites, a las que los publicistas imperiales se refieren, con aprobacin, como 'cambios constitucionales' ha bloqueado los esfuerzos de los movimientos por provocar cambios estructurales amplios e irreversibles.

Dentro de algunos de los principales movimientos de Amrica Latina, particularmente en Bolivia, Ecuador, Mxico y Brasil, hay debate y discusin sobre crear un nuevo instrumento poltico de clase basado en la toma del poder estatal. Sin embargo la relacin entre la dinmica de los movimientos sociales y la cuestin del poder estatal todava es muy problemtica. Lo que ha inclinado la balanza en una direccin ms favorable, en el gran combate entre los movimientos latinoamericanos y el imperio norteamericano, es la enrgica estrategia 'regionalista' propuesta por el presidente Chvez de Venezuela. Los amplios programas de bienestar socio-econmico, particularmente en salud y educacin, del presidente Chvez, proponen un desafo serio al modelo imperial de concentracin promovido por los EE.UU. Las derrotas de Chvez a los esfuerzos norteamericanos para desestabilizar su gobierno, su oposicin a la invasin norteamericana de Hait y su venta de petrleo subvencionado y gas a los pases caribeos le ha ganado la simpata en lo que se llam "el patio trasero de Washington." La diversificacin de relaciones comerciales con China, Irn, Libia, India, Rusia, as como su propuesta de Chvez de una compaa regional latinoamericana de petrleo y de un bloque comercial ha demostrado ciertamente, incluso a las elites latinoamericanas, que las alternativas a la dominacin norteamericana son factibles y prometedoras.

Las estrechas relaciones comerciales y polticas entre Venezuela y Cuba proporcionan un modo de cooperacin regional: Venezuela suministra a los cubanos petrleo a precios subvencionados y Cuba mantiene los programas educativos y de salud a los venezolanos. La emergencia de un modelo venezolano basado en una economa mixta, en el bienestar social, en la poltica exterior nacionalista e independiente y en la masiva participacin popular en el proceso poltico, bajo el liderazgo de un presidente afro-venezolano presenta un formidable 'punto de referencia' para el florecimiento de los movimientos sociales en Amrica Latina.

La declaracin del presidente Chvez en junio del 2005 de que l era un socialista del siglo XXI, y que no ve ningn futuro en la explotacin capitalista e imperialista, ciertamente, relegitima un Marxismo renovado, que busca unir a la nueva configuracin de las fuerzas sociales radicalizadas - los indios, los negros, los obreros precarios y los descendentes empleados pblicos - con los sectores militantes de los sindicatos obreros y movimientos campesinos.

La agenda extremista de Washington, su postura beligerante hacia Venezuela y Cuba ha polarizado Amrica Latina contra los EE.UU., como lo demostr la reciente (junio de 2005) reunin de la Organizacin de Estados Americanos, votando en contra de las propuestas de Condoleza Rice para "vigilar" las medidas autoritarias tomadas por regmenes latinoamericanos (lase Venezuela).

Las relaciones de EE.UU. con Latinoamrica en un futuro previsible continuaran estando marcadas por un intenso conflicto, sobre todo en el mbito de los movimientos de masas. Washington continuar beneficiandose del reciclaje de los regmenes putativos de 'centro-izquierda ', pero estos continuarn teniendo, probablemente, un apoyo popular de corta duracin. Es posible que en un futuro no demasiado lejano, una u otra coalicin de los pobres urbanos y rurales llegarn "a lo ms alto" y tomarn el poder, probablemente en uno de los pases andinos, poniendo as en movimiento un nuevo desafo al imperio y a los movimientos de solidaridad internacionales y regionales.


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