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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-12-2013

Insubordinacin y saqueos, sntomas de un poder corrodo

Gerardo Avalle
Rebelin


Lo que aqu proponemos es una lectura que se aleja de aquella otra que habla del caos, la furia y la paranoia. Lo que presentamos es tambin, otra lectura, tambin poltica, de los acontecimientos del 3 y 4 de diciembre en Crdoba.

Hay algo que dejar bien en claro dentro de lo que es el escenario poltico y social cordobs, y tiene que ver con lo que dijo el gobernador De La Sota: esto no fue un estallido social donde el hambre ocup el primer lugar. Uno recorre los barrios, conoce a su gente, y no encuentra un escenario que se compare a 2001, en absoluto. Lo que si nota en esos mismos barrios es un fuerte sentimiento de indignacin e injusticia que da cuenta del modelo excluyente y represivo que propone Unin por Crdoba para la ciudadana cordobesa. Y por otro lado, al mismo tiempo, encuentra el efecto ms nefasto que produjo esa poltica, que es el discurso racista y segregacionista de la clase media.

Nadie niega ac los hechos de violencia social que hemos vivido en estos dos das, pero pocos visibilizan la violencia cotidiana con que son tratados los sectores populares por parte de las fuerzas represivas. Ante tanta violencia institucional y control social, es previsible que en algn momento explote todo eso contenido. En ese sentido, lo vivido no deja de ser un sntoma que advierte sobre la poca libertad con que esos sectores atraviesan su cotidianeidad. Y lo hicieron en el momento que la poltica gubernamental lo permiti, que fue cuando su nico dispositivo de seguridad estuvo desactivado, que es la polica. Lo que esto muestra, sin dudas, es que Crdoba tiene una poltica de seguridad operativizada slo por la fuerza represiva.

Ello abre otro problema, y es la autonomizacin de la fuerza; el manejo de cajas paralelas para su propio financiamiento, la falta de control del funcionamiento interno, y las relaciones de poder que ah se tejen. La narco-polica no es un negocio que le cost barato al delasotismo, tanto hacia dentro de su estructura de poder, como hacia la opinin pblica. Y sectores internos de la misma polica han operado polticamente frente a esto, mostrando el resquebrajamiento de la disciplina y la jerarqua y la incapacidad poltica de dirigir a la fuerza policial. Qu mejor lavado de cara que este, donde mostraron a trabajadores de la seguridad vctimas de la precarizacin existente en el empleo pblico?

Los episodios de estos das sin dudas deben ser ledos tambin en este registro, no debe desatenderse que la polica de Crdoba es una de las ms cuestionadas del pas, no debe dejar de advertirse sobre la gravedad de las declaraciones de uno de los acuartelados cuando levantaron la medida de fuerza, quien seal la ciudad es nuestra, vamos por ellos y la unin hace la fuerza, y nosotros somos la fuerza. Expresiones ms antidemocrticas de una institucin no democrtica, no elegida por la ciudadana, y puesta al servicio de la ciudadana, que la esgrimida por ese oficial presenta una gravedad institucional alarmante. Y sobre todo advierte lo que antes dijimos, la existencia de solo una poltica represiva y no de seguridad, que trae como consecuencia la autonomizacin insubordinacin a las instituciones republicanas- y la habilitacin a un modo de proceder autoritario, como dueo y patrn de estancia. No debemos desconocer que la localizacin de los primeros saqueos fue en las zonas donde se produjeron los acuartelamientos, y una fuerza autonomizada es un actor que opera polticamente, y el rumor es una herramienta muy importante para la generalizacin de una accin.

Que en el marco de tanta indignacin, haya habido sectores organizados, comandados, etc., es algo que no podemos negar. En todo evento de esta magnitud, el actor social que interviene no es nico, ni mucho menos homogneo, y en ese contexto, las posibilidades para los oportunistas es mayor. Se hizo mucho nfasis en los motoqueros, pero poco se dijo de los autos de alta gama que estaban apostados en grandes centros comerciales cargando tecnologa de ltima generacin, que tambin era saqueada.

Los saqueos no son solo caos, son un hecho poltico que denuncia la incapacidad de un rgimen poltico de contener e incluir a esos sectores de la poblacin. La autodefensa de la poblacin tambin es un hecho poltico, y el resurgimiento de un discurso conservador muy preocupante asociado a la poblacin armada haciendo justicia por mano propia, controlando el trnsito y la circulacin, con una orientacin altamente racial. Un racismo cultural altamente xenfobo.

Otra dimensin que aqu entra en juego es el resquebrajamiento del bloque de poder que representa el delasotismo, la prdida de direccin poltica y la percepcin por parte de los diferentes sectores que lo conforman que el proyecto poltico que propona est perdiendo adhesin y efectividad, fuerza, y por lo tanto las disputas por la reconfiguracin de esa trama de poder se hacen ms visibles y viscerales. Y son, al mismo tiempo, extendidas al resto de la sociedad.

Un gobernador, que por tercera vez en una dcada y media est a cargo del ejecutivo provincial, y ya baj dos veces su candidatura presidencial, tiene pocas chances de instalarse en el escenario poltico nacional como lder del peronismo. Y eso lo sabe y lo siente el peronismo local. Y la ciudadana ya lo expres en las ltimas elecciones, no se puede decir que el peronismo delasotista tuvo una buena eleccin local, ni mucho menos en la ciudad, donde directamente perdi. Esa es informacin de coyuntura que no se puede obviar al momento de tratar de comprender la reconfiguracin de la fuerza poltica local.

La primera reaccin ante el discurso del gobernador la noche que volvi de su viaje al exterior, y el que pronunci a la maana siguiente, es que intent mostrarse fuerte, reafirmando su autoridad. Sin embargo, si uno ve detenidamente, lo que observa es un gabinete sin capacidad de decisin, la concesin de todas las demandas a la fuerza policial, y una incapacidad de autocrtica respecto del accionar del gobierno, que se tradujo en responsabilizar al gobierno nacional por su no intervencin, apelando al cordobesismo tan particular que intent instalar cuando gan por tercera vez la gobernacin. Ese discurso ya perdi efectividad, y luego de rechazar el envo de la gendarmera, al da siguiente solicit que fuera puesta a disposicin de la provincia.

Y finalmente, algo que no se puede desatender, es el nuevo escenario de oportunidades que abre al resto de los sectores del empleo pblico organizado, que con toda justeza y en un acto de igualdad estn reclamando mejoras en sus condiciones laborales y salariales. Esto, claramente, no deja de advertir sobre los serios problemas que enfrenta la fuerza poltica gobernante, y ms preocupante aun, la salida represiva que esta puede presentar ante la incapacidad de proponer un proyecto poltico alternativo que contenga las demandas sociales.

 

Gerardo Avalle es Mgter. en Sociologa, Politlogo. Integrante del Colectivo de Investigacin El llano en llamas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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