Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2013

De la "discriminacin positiva" y el universalismo a la francesa
A propsito de la paridad hombre-mujer

Christine Delphy
Matxingune taldea


La cuestin de la paridad poltica no es el nico objeto de las reflexiones de esta asamblea, cuya misin es la realizacin de la igualdad entre mujeres y hombres en todos los dominios.

As es como yo veo la paridad en poltica, que todava no hemos definido, como una parte de un conjunto ms vasto.

La cuestin de la paridad poltica la plantean aquellas y aquellos que la proponen como la reivindicacin de una igualdad perfecta que exigira igual nmero de mujeres que de hombres en las asambleas electas y, si lo entiendo bien, se trata de recrear en las asambleas la proporcin de mujeres y de hombres que existe en la poblacin general.

En mi opinin, la reivindicacin de paridad padece defectos en la formulacin de su objetivo, su argumentario y su tctica. Estos defectos le quitan el apoyo de una buena parte de las nicas fuerzas susceptibles de lograr que tenga xito: las fuerzas feministas. Pero si su objetivo se reformulara de manera ms amplia como un aumento de la participacin de las mujeres en los puestos de decisin en el conjunto de la sociedad y, por consiguiente, tambin en las asambleas polticas, electas o no, su argumentario tambin podra ser diferente, anclado en el universalismo; su tctica, en vez de exigir un cambio legislativo importante podra no exigirlo e inscribirse (al menos en teora) en el marco existente de la accin positiva. Finalmente, para conseguir el apoyo de las masas feministas, debe ser a la vez menos y ms ambicioso: el acceso de las mujeres a los puestos de responsabilidad en las asambleas polticas ya no se debe presentar como la panacea que no puede ser. En cambio, inscribir este acceso en una poltica de accin positiva y de accin positiva extendida a todos los sectores de la sociedad y a todos los dominios de actividad acallara las crticas que preguntan qu programa sustancial va a acompaar a la prometida eleccin de las mujeres en las asambleas territoriales y nacionales.

En mi opinin, la reivindicacin de la paridad es la reivindicacin del acceso a las funciones polticas y no es separable de la reivindicacin ms general de acceso a todas las funciones y puestos de decisin altos, adems de simplemente a todas las funciones y a todos los puestos ya sean altos o bajos, aunque no sea necesario pedir estos ltimos.

La peticin de aprobar una ley que instaure una cuota, ya que, como dice Varikas (1995), una cuota de uno de cada dos sigue siendo una cuota, se justifica como se justifican todas las polticas de accin positiva y las cuotas son uno de los instrumentos cruciales de esta poltica.

Esta poltica de accin positiva incorpora necesariamente unas premisas molestas, como dicen algunas? Es intil? Por ltimo, es imposible, est abocada al fracaso?

Esto es lo que afirman algunas feministas que hacen tres tipos de crticas a esta reivindicacin:

  1. es esencialista en su justificacin y 1bis) este esencialismo que el feminismo critica en el pensamiento dominante, es decir, la divisin de la humanidad en dos subespecies distintas, en vez de estar debilitado por la accin de las feministas, se encontrara inscrito debido a ello en la Constitucin o, cuando menos, en la ley;

  2. la democracia es ella misma masculina por esencia y, por consiguiente, irrecuperable;

  3. la eleccin de mujeres no garantiza un progreso para las mujeres.

En un primer momento voy a abordar estas crticas y ver si son insuperables, si no se puede salvar la proposicin sustancial que se expresa en la peticin de paridad y a continuacin me centrar en la inscripcin de la accin positiva en la bsqueda de un verdadero universalismo para demostrar:

La accin positiva es preferible a la paridad Los objetivos de la paridad son compatibles con un anlisis no esencialista

1) El argumentario de las partidarias de la paridad a veces es esencialista. A menudo menciona la necesidad de que las mujeres estn representadas en razn de su diferencia natural esencial respecto a los hombres. Por consiguiente, la diferencia de sexos sera incomparable con cualquier otra diferencia social; mientras que est prohibida la representacin separada o especfica de los grupos sociales, la de las mujeres de los hombres tendra sentido.

Por lo tanto, la reivindicacin de la paridad lleva a la siguiente pregunta: De qu son los hombres y las mujeres?, como se preguntaba[1]: De qu son los pies del soldado?, a lo que se responda: Los pies del soldado son objeto de cuidados constantes. En mi opinin, de la misma manera los hombres y las mujeres, y el sistema formado por esta divisin, el sistema de gnero, son objeto de cuidados constantes por parte de la sociedad como tal y por parte de cada una y cada uno de sus miembros.

Qu es el sistema de gnero? El sistema de gnero es un sistema cognitivo que separa a la humanidad en dos grupos totalmente distintos, totalmente estancos, incompatibles entre s y totalmente jerarquizados (Delphy, 1991).

El sistema de gnero se distingue en eso del clsico sistema de clases. Sin embargo, se basa en una organizacin social en clases, las clases de sexo o de gnero. Esta organizacin social en la que las mujeres estn oprimidas y son explotadas en tanto que grupo por la otra mitad de la humanidad se denomina patriarcado. Por consiguiente, el sistema de gnero es el aspecto cognitivo del patriarcado, organizacin poltico-econmica, mientras que el sexismo es la ideologa de estos dos sistemas.

Por qu tres trminos y a veces ms? Porque en esta conceptualizacin la base de los otros dos sistemas est constituida por la explotacin econmica, explotacin cuyas cifras conocen ustedes.

Qu es el gnero? El gnero como concepto esttico corresponde poco ms o menos a sexo social. La investigacin ha demostrado que la mayora (por no decir todas) de las diferencias de sexo, por supuesto, las diferencias de estatuto social, de riqueza y de poder, pero tambin las diferencias llamadas psicolgicas, de aptitudes y de actitudes, entre mujeres y hombres no estn causadas ni por el sexo anatmico ni por las diferencias de funcin en la procreacin que conlleva este sexo anatmico. De hecho, el sexo anatmico solo conlleva eso: unas diferencias de funcin entre hembras y machos en la procreacin. Por consiguiente, lo dems, denominado a menudo diferencia de sexo y tambin a menudo trasladado a esta diferencia anatmica, es una construccin social arbitraria. Segn algunas mujeres, la razn de esta construccin social se encuentra en las diferencias de funcin en la procreacin. Para otras, entre las que me encuentro, la diferencia anatmica sirve puramente de marcador, de signo de referencia que hace ms fcil la identificacin de las personas que hay que explotar. Es una postura que hoy se considera osada, pero que dentro de diez o quince aos se considerar una evidencia.

Pero ya sea que se considere que el sistema de gnero tiene su origen en la diferencia anatmica y sus consecuencias para la procreacin o, como yo, en la propia jerarqua, todas las feministas coinciden en condenar esta jerarqua. En resumen, ya se considere que el gnero est vinculado al sexo de manera necesaria o de manera adventicia, se considera que el gnero es una construccin social producida por una organizacin poltica y econmica injusta y que la reproduce a la vez.

Ahora bien, la reivindicacin de paridad se puede basar en un anlisis en trminos de gnero: no debe ser necesariamente esencialista.

Con todo, hay que distinguir la paridad como acceso a las funciones electivas o ms generalmente a las asambleas polticas, electas o no, y la paridad como representacin.

El acceso a las funciones de las que alguien ha sido apartado est perfectamente justificado en un anlisis en trminos de gnero: es simplemente el establecimiento de una poltica no discriminatoria y una poltica no discriminatoria puede y debe pasar por la accin positiva, lo que a veces se denomina una discriminacin inversa. Poco importa cmo se llame: se trata en todos los casos de una accin correctiva, correctiva de una discriminacin pasada, cuando el acceso estaba prohibido, discriminacin cuyo efecto todava se hace sentir; y correctiva de las discriminaciones presentes, de jure o de facto , que impiden a ciertas personas tener iguales oportunidades de acceso debido a su pertenencia a un grupo. Esta es la filosofa de la accin positiva ah donde se practica, esta es la filosofa de las Naciones Unidas, para las cuales una accin positiva correctiva no se puede considerar una discriminacin. Por lo tanto, esta doctrina contradice tanto al Tribunal Constitucional francs como a la ltima sentencia del Tribunal Europeo; ahora bien, las convenciones internacionales estn por encima de las leyes nacionales y de las decisiones europeas, y, por lo tanto, se puede esperar que esta doctrina entre en la casa Francia y en la casa Europa.

De hecho, esta doctrina de las Naciones Unidas, que ya han adoptado Estados Unidos y Canad, se contenta con reconocer la existencia de grupos oprimidos en la sociedad y con tomar acta de ello de manera formal argumentando que no hacerlo es prorrogar la situacin de opresin.

Esta doctrina, que ha sido desarrollada por el Comit de Derechos Humanos, representa el estado ms avanzado de la reflexin sobre lo que, no por azar, todava se denomina en Francia derechos del hombre[2].

Por lo tanto, si bien el hecho de que algunos argumentos en favor de la paridad sean esencialistas invalida estos argumentos, no invalida la propia reivindicacin en la medida en que esta se puede basar tambin legtimamente en otro argumentario.

1bis) Transformar la reivindicacin de paridad en reivindicacin de cuotas

por una parte eliminara el obstculo de pasar por una ley ya que, sin ofender a la justicia francesa, las cuotas de la accin positiva son perfectamente legtimas segn los tratados internacionales, y, por otra parte, eliminara la hipoteca representada desde el punto de vista feminista por la inscripcin en la ley del reconocimiento del gnero; en efecto, esta inscripcin sera paradjica desde el punto de vista de estas feministas, entre las que me cuento, para quienes la abolicin del gnero y no su consolidacin son el trmino ltimo del combate.

2) Segn algunos anlisis feministas, la democracia moderna se basara en la solidaridad entre hombres

basada ella misma en la exclusin de las mujeres. En la medida en que la democracia sera una institucin co-extensiva con la exclusin de las mujeres, sera imposible por definicin introducir en ella a las mujeres. Ahora bien, la forma en que se basa una institucin puede ser estructural o adventicia. La nocin de democracia no exige la exclusin de nadie ni de ningn grupo. Resulta que en las repblicas estadounidense y francesa surgidas de la Ilustracin la solidaridad entre ciudadanos se ha basado en una solidaridad entre hombres, solidaridad basada en su estatuto comn de patriarcas: primero de propietarios de mujeres, de nios y de bienes ya que durante mucho tiempo la democracia fue censitaria en este pas, y despus solo de mujeres y de nios. Pero el abandono del censo no deshizo la repblica, sino que la perfeccion. El abandono de la exigencia de que la solidaridad entre ciudadanos se base en su comn posesin de una mujer (la cual, al ser objeto, no es sujeto de derecho) se puede entender ahora que el matrimonio ya no es una posesin de la mujer por parte del marido, al menos en derecho. Se puede considerar que la democracia se apoya en una exclusin: entonces hay que sealar que es paradjico que este argumento lo utilicen los adversarios de la paridad, porque este anlisis debera llevar al abandono de la democracia, mascarada e ilusin, y a la reivindicacin por parte de los excluidos de esta mascarada, de poderes paralelos en el mismo terreno. Pero tambin se puede considerar, como yo hago, que la democracia real nunca se ha ajustado a los principios que invocaba: que en cuanto se formularon estos, quienes controlaban el cuerpo poltico real se apresuraron a hacer excepciones de ellos de modo que se excluyera de la cosa pblica, la res publica , la repblica, primero a las mujeres y despus a los no propietarios. En este anlisis lo que falla son las encarnaciones de la democracia debido a su acaparamiento por parte de una o varias clases precisas, y no sus principios. Y a pesar de todo, estos principios tiene la ventaja sobre otros principios de que permiten precisamente criticar la aplicacin que se hace de ellos en la realidad. Finalmente, se cuestiona el funcionamiento de la repblica en nombre de los principios de esta repblica.

3) La paridad para hacer qu?

o: defendern las mujeres los intereses de las mujeres?. Soy sensible a esta pregunta y a veces pesimista. Pero hay que considerar la alternativa: la alternativa es no cambiar nada. Ahora bien, no cambiar nada es dejar unas asambleas, y en particular en Francia el Parlamento, compuestas de hombres hasta un total de a veces un 95 %.

Las mujeres no son necesariamente feministas, pero la probabilidad de que lo sean es mayor que la probabilidad de que los sean los hombres. Por consiguiente, nada puede ser peor que la situacin actual y, por lo tanto, no hay nada que perder y todo que ganar en cambiarla.

Adems, hay que volver a la distincin entre acceso y representacin, distincin que no se hace lo suficiente y que perjudica a las partidarias de la paridad. En efecto, unas veces estas dicen: ser bueno para las mujeres, porque las mujeres no harn las mismas cosas que los hombres. Entonces se les acusa de esencialismo, de creer que las mujeres son buenas por naturaleza, o de ingenuidad, de creer que las mujeres se empearn necesariamente en defender los intereses de las mujeres. Si, en cambio, la mujeres dicen: no se os promete nada, se les acusa de cinismo y se les responde: entonces, por qu bamos a votar por vosotras?.

Creo que hay que distinguir tajantemente ambas cosas.

Las mujeres tienen derecho a ser consideradas igual que los hombres, a los que no se pide que sean feministas, y, por lo tanto, acceder a estos puestos sin que se tenga respecto a ellas unas exigencias superiores, que es la forma clsica de la discriminacin: ellas deberan merecer aquello a lo que los dems tienen por derecho adquirido.

Adems, sera mejor para el estatuto del conjunto de las mujeres que fueran elegidas unas feministas. Pero esto depende tanto, si no ms, de las electoras que de las electas. Las mujeres en Francia no hacen sentir su voto, mientras que en otros pases existe un voto de las mujeres, es decir, una diferencia significativa entre el voto de las mujeres y el voto de los hombres ( gender gap ), lo que demuestra que las mujeres son conscientes de tener unos intereses especficos. Este voto es lo que falta aqu. Y es que, para qu serviran unas candidatas feministas si y mientras que las electoras no tengan conciencia de gnero o mientras no estn dispuestas a transformarla en papeleta de voto?

El falso universalismo o lo masculino neutro El retroceso identitario francs o la defensa de los privilegios

La accin positiva evoca una fuerte resistencia en Francia; solo se puede culpar de esta resistencia a la defensa de los privilegios de los grupos dominantes. Esta defensa adopta la forma de una demonizacin de Estados Unidos y de una idealizacin de Francia. La demonizacin de Estados Unidos se realiza por medio de una desinformacin activa sobre lo que ocurre en ese pas, desinformacin que utiliza unas caricaturas, incluso unas invenciones puras y simples, tan grandes que provocara risa si el conjunto de la sociedad francesa no aceptara ahora como hechos estas caricaturas y estas invenciones. En un peridico como Le Monde se lea en 1996 que en Estados Unidos una mirada de soslayo puede llevarte a la crcel. O por primera vez en 1994 en boca de un participante en un debate televisado que hoy en Estados Unidos los hombres tienen miedo a estar solos en un ascensor con una mujer. Deca esta burrada como un hecho probado y constatado. Despus lo he odo al menos veinte veces, lo que verifica el adagio de que una mentira repetida con frecuencia se convierte en verdad. Esta frase se ha convertido en un lugar comn, en una verdad del Evangelio. Personas que nunca han puesto el pie en Estados Unidos o Canad, que nunca han ledo una palabra de un artculo en ingls te dicen: yo conozco Estados Unidos y es as. Su informacin les llega nicamente de los peridicos franceses. Estos peridicos tienen pocos corresponsales, siempre los mismos, que siempre dan a leer lo que aparentemente los franceses quieren or: que Estados Unidos es terrible, el pas de la droga en venta libre y de una intensa represin policial, del sexo a gog y del puritanismo, de las violaciones de menores (ya que las nicas series de televisin que trataban el problema del incesto eran hasta hace poco estadounidenses) y de los abusos de demandas de acoso sexual En resumen, es una cosa y la contraria pero, en todo caso, es el infierno.

Los grandes intelectuales mediticos se turnan en la televisin para denunciar los perjuicios del puritanismo y del comunitarismo estadounidense, la tumba de la democracia segn ellos. Todos estos mitos y fanfarronadas no seran sino motivo de broma sobre el todava muy vivo provincialismo francs si los autores no se inspiraran en artculos escritos por la derecha estadounidense ms reaccionaria y si ellos mismos no se presentaran como progresistas aprovechndose de una reputacin que ya no se merecen desde hace lustros.

Ahora bien, por el contrario, estas personas se han implicado en un dudoso combate contra lo que es ms progresista en la sociedad norteamericana. Esta insensata denuncia de todo lo que es estadounidense y en particular de lo que es progresista va acompaada de la defensa de un modelo ideal, y que como por casualidad es el modelo francs, que nosotros somos los nicos que lo tenemos. Es muy interesante la coincidencia entre derecha e izquierda en este punto: sean cuales sean sus diferencias en otros aspectos, existe una convergencia sorprendente sobre la necesidad y la urgencia de hacer siempre y en todas partes el elogio de Francia, la patria de los derechos humanos, de la democracia, del universalismo y del camembert. Es falso histrica y factualmente (excepto en el caso del camembert). No tenemos el monopolio de las ideas generosas ni de lo dems. Pero esta mana de autobombo de los franceses va aumentando. Por ejemplo, la excepcin cultural, expresin forjada durante las negociaciones del GATT, significaba que todas las producciones culturales eran una excepcin del acuerdo; despus, a raz de un contrasentido colectivo y revelador, se convirti en la excepcin cultural francesa, y luego en la excepcin francesa. El sentimiento de superioridad de los franceses nunca ha estado ms marcado (Delphy, 1993). Y se va acentuando su separacin del resto del mundo. Y es que cuando en la prensa extranjera se habla del excepcionalismo francs no es un cumplido. Pero los franceses lo ignoran o se burlan de ello: aun cuando se perciban, las crticas que se dirigen a Francia no moderan su autosatisfaccin, todo lo contrario. No hacen sino crear un sentimiento de persecucin, sentimiento que refuerza el de tener razn. Acaparamiento de valores que son de toda la humanidad, definicin heroica de la nacin que resiste a los ataques del extranjero, sentimiento de soledad virtuosa y combativa, lloriqueo sobre la incomprensin de la que es vctima: quin no reconocera en ello los procesos mentales e ideolgicos del nacionalismo?

As, los intelectuales mediticos seudoprogresistas son los agentes o los ecos de una forma de nacionalismo de izquierda: no se defiende a Juana de Arco, sino la Revolucin Francesa, a la que adems no ataca el extranjero, pero tampoco se considera el fin obligado de la historia y la culminacin perfecta del progreso de la humanidad.

Esta forma de nacionalismo de izquierda (cada vez menos diferente del nacionalismo de derecha) va acompaada de un ataque a los grupos contestatarios: las minoras tnicas, las mujeres, los homosexuales, acusados de querer destruir la unidad nacional y el universalismo republicano. Se pueden hacer dos anlisis de este fenmeno: o bien que este ataque es el verdadero objetivo de poltica interna que persigue este enfoque nacionalista o bien que el nacionalismo y el ataque a las minoras constituyen un todo indisociable, la contraccin de la identidad nacional en una norma cada vez ms estrecha y la lucha contra los disidentes del interior, en una palabra, la pusilanimidad cultural y el retroceso identitario son caractersticos del nacionalismo.

En cualquier caso, qu es este universalismo del que se jactan estos defensores de la identidad francesa y que pretenden proteger contra lo que llaman las tentaciones comunitaristas de los grupos dominados (lo cual es irnico cuando se piensa en el comunitarismo de los dominantes que constituye este retroceso identitario)?

Hacia un verdadero universalismo

Este modelo que se dice universal en realidad es un falso universalismo.

  1. Ha erigido el gnero en modelo dominante (fcil, puesto que era el nico). Conminado por el gnero dominado a hacerle un sitio, en un segundo momento le dice: Entra y haz como se hace en mi casa: pide al dominado que se conforme a su modelo, que sea como l. Evidentemente, es imposible. Y es que los hombres solo son hombres en la medida en que explotan a las mujeres, por consiguiente, las mujeres no pueden, por definicin, hacer como los hombres: a) porque no tienen a nadie a quien explotar b) porque sera necesario que dejaran de estar explotadas ellas mismas para poder estar en igualdad con los hombres c) porque si los hombres no tuvieran mujeres a las que explotar, ya no seran hombres. Por lo tanto, por definicin las mujeres no pueden ser las iguales de los hombres tal como ellos son hoy porque tal como ellos son hoy presupone la subordinacin de las mujeres. Por ello resulta infundado el miedo de algunas feministas diferencialistas a que la igualdad signifique el alineamiento de las mujeres con el modelo masculino (Delphy, 1991).

  2. Este falso universalismo reproduce la estructura del sistema de gnero del que adems forma parte o del que es uno de sus constituyentes, sobre todo en su forma jurdica. En el sistema de gnero los dos gneros no solo no son iguales sino que estn jerarquizados al ser uno el positivo y el otro su contrario por definicin, el negativo. Pero, adems, aparte de que uno representa el bien y el otro el mal, estos dos gneros no tienen tanto espacio el uno como el otro en la definicin de lo humano: las mujeres son especficas, mientras que los hombres son generales; las mujeres son diferentes mientras que los hombres son simplemente normales, lo cual es normal puesto que ellos son la norma. Esta visin del mundo, la ideologa de gnero, impregna todas las instituciones formales e informales, empezando por el derecho. Esta visin del mundo y las instituciones en las que se basa y que la encarnan es lo que defienden aquellos que rechazan el acceso de las mujeres a la ciudadana en nombre de lo universal, es decir, de la normalidad.

  3. Este modelo, presente en la mayora de los sistemas sociojurdicos y polticos occidentales, es la base que se propone para la igualdad entre sexos : es el modelo de la igualdad formal. No pone en tela de juicio la explotacin patriarcal, que ignora, y lleva a un modelo que he denominado la equidad. Se sabe que la equidad es lo que es justo y lo que es justo no es obligatoriamente igual (Delphy, 1995a). Esta filosofa, adoptada por el gobierno francs en su informe en las Naciones Unidas para la Conferencia Mundial de Pekn de 1995, dice en sustancia a las mujeres: cuando hayis hecho todo el trabajo de la casa y a condicin de que lo hayis hecho, tendris total libertad para consagraros a un trabajo pagado, pero no esperis que se os remunere igual que a los hombres, que, despus de todo, se pueden concentrar mejor en su carrera. Y como adems ser cansado, se os aconseja trabajar solo a tiempo parcial. La equidad no evita la explotacin de las mujeres, que no reconoce, pero les permite pagar su deuda de diferentes maneras: en incremento de trabajo o en dinero, o en una combinacin de ambas cosas. Es la explotacin a la carta .

    Lo que ahora defienden los partidarios de la integracin a la francesa o del universalismo republicano es esta igualdad formal, generadora de equidad, es decir, de una desigualdad justa. Proponen la integracin de los excluidos, entre ellos las mujeres, nicamente por medio de la ausencia de discriminacin explcita, la igualdad formal.

  4. Por aadidura, oponen esta ausencia de discriminacin, que ellos consideran suficiente, a la accin positiva, que consideran discriminatoria.

    1. La oposicin entre no discriminacin y accin positiva se basa en un sofisma o en una confusin: se decreta que para conseguir una sociedad igual hay que hacer como si esta lo fuera. Ahora bien, hacer como si lo fuera cuando no lo es supone perpetuar la desigualdad. Es poner en la misma lnea de salida a unas personas que no tienen los mismos recursos y simular sorprenderse al constatar que no han logrado los mismos resultados al llegar a la meta.

    2. Muchos de estos liberales, en el sentido poltico, se ofuscan con el hecho de que los individuos oprimidos se constituyan en grupo para llegar a la no discriminacin. En primer lugar, no son los individuos discriminados quienes se han constituido en grupo o en categora, sino que son los discriminadores quienes les han constituido en grupo o categora. A continuacin, como se les discrimina en tanto que miembros de este grupo, solo luchando juntos podrn esperar a la larga ser considerados individuos. Pero los liberales querran que los individuos oprimidos en tanto que miembros de una categora especificada por el grupo dominante se presenten, sin embargo, al principio de la lucha como querran ser en la meta, es decir, como individuos.

      Esto es prestar poca atencin al carcter necesariamente dialctico de cualquier combate por la inclusin en lo universal, es decir, por la capacidad de ser considerado en su singularidad de personas y no en tanto que mujer, negro, etc.

    Las mujeres tienen unos intereses comunes: aunque se definan estos intereses como consistentes en la desaparicin de las categoras de gnero, para lograr este objetivo se necesita en un primer momento la toma de conciencia de esta comunidad de intereses y, por lo tanto, el reagrupamiento. Para cualquier grupo dominado y que desee dejar de serlo es cierto que para dejar de constituir una categora pasiva primero debe constituirse en categora activa poltica. Concebir el objetivo de abolir las categoras de gnero como contradictorio con el medio de constituir una comunidad poltica de gnero es absurdo lgicamente pues eso consiste en decir: para llegar a alguna parte hagamos como si ya estuviramos ah (pero no es absurdo polticamente, porque seguir este consejo es garantizar que no se llega a ninguna parte, que es el objetivo que buscan quienes lo dan).

  5. El universalismo a la francesa hace pesar sobre los grupos dominados una sospecha de objetivos comunitaristas o separatistas.

    Sin embargo, en toda lgica el universalismo no es antnimo del comunitarismo, sino antnimo del particularismo en tanto que defiende derechos iguales y parecidos para todos por oposicin a unos derechos categoriales. Ahora bien, este universalismo no puede existir:

    1. si las mujeres o cualquier categora estn fuera del derecho comn y todava lo estn en muchos dominios: por ejemplo, la oposicin privado/pblico no es sino el establecimiento de derechos diferenciados y desiguales segn el sexo y la edad (Delphy, 1995b);

    2. si el sujeto de derecho del derecho comn, es decir, del derecho que se supone que se aplica a todos, no es verdaderamente neutro ni universal, si en realidad est especificado, ya sea en la letra de la ley o por la doctrina o la jurisprudencia: ahora bien, el sujeto de derecho, implcito o explcito, es el hombre: se supone que su figura particular encarna lo general y, como se ha dicho antes, es lo normal y la norma.

    Con relacin a las exigencias de esta norma y, por consiguiente, del derecho comn, las mujeres, que no son hombres, sern obligatoriamente deficientes o estarn desfavorecidas incluso en ausencia de discriminacin explcita e incluso si no estn sometidas a un derecho especial. La igualdad de los derechos, el verdadero universalismo, solo se puede realizar poniendo en tela de juicio la especificacin oculta del sujeto de derecho universal, revelando su naturaleza sexuada, etnizada y de clase, y sustituyendo este sujeto de derecho por un individuo que pueda ser todos los individuos, que tenga en cuenta a todos los individuos. No se trata de volver a inventariar todas las idiosincrasias posibles, sino de poner en el centro del derecho al ser humano y su realizacin, sus necesidades, sean las que sean. Cuando para ser indemnizada una mujer tiene que demostrar que un hombre habra podido tener la misma enfermedad, esto es una versin de la igualdad que demuestra bien en qu es una impostura la llamada igualdad formal: porque aqu el supuesto universal tiene un referente , no solo de hecho sino de derecho.

    Ahora bien, la especificacin del sujeto de derecho no va a desaparecer por s misma, solo desaparecer si se trabaja activamente para eliminarla.

Conclusin

Todava no existe el universalismo: es un proyecto (Delphy, 1995c). Y su realizacin pasa por la denuncia del falso universalismo. De ello se desprende que el principal obstculo para la realizacin del universalismo lo constituyen quienes pretenden que ya existe.

Por una parte, porque se oponen a la denuncia del falso universalismo; por otra, porque al hacerlo (y, adems, es su objetivo) mantienen la regla comn (que se supone es universal) tal como es: es decir, una realidad categorial y que tiene como referente el sujeto dominante, el macho adulto y blanco, una regla que por definicin desfavorece y excluye a las categoras dominadas.

Por ltimo, porque esto tiene como resultado posible que estas categoras dominadas, cansadas de ser discriminadas sistemticamente (es decir, por un efecto de sistema) por un derecho que se supone universal, pueden ser tentadas por el establecimiento de reglas semejantemente categoriales por s mismas; al desesperar de encontrar justicia en la regla comn, pueden renunciar a ella y pedir el beneficio de derechos especficos.

Creo que, en la medida en que estos derechos especficos dejan intacto un derecho comn desfavorable para los dominados, a largo plazo no pueden aportarles la verdadera igualdad; y los derechos especficos que tienen en este momento las mujeres en Francia les son perjudiciales, aunque parezcan estar a su favor (Delphy, 1995b).

Solo en Francia la reivindicacin de participacin en la poltica adopta la forma de la reivindicacin de paridad y pide que se cambie la ley como medio para lograrlo.

En otros lugares se plantean y satisfacen unas exigencias menores: las cuotas son el pan cotidiano de la accin positiva, por ejemplo, en Escandinavia, donde una poltica voluntarista a todos los niveles del Estado trata de acabar con la marginacin de la mitad de la poblacin.

Cmo, entonces, no relacionar esta radicalidad de la peticin con la resistencia encarnizada de la sociedad francesa al abandono de lo masculino como norma, incluso en el lenguaje (Delphy, 1994)? Es casual que esta reaccin se produzca en Francia y no en Quebec, donde la existencia de mujeres en los ministerios, en los quirfanos y los talleres de artistas no se oculta mediante masculinos neutros?

Cmo no relacionar esta reivindicacin con la infame sentencia del Tribunal Constitucional, el cual se ha apoderado de la propuesta de cuotas sin que se le solicitara y ha osado condenarlas justificando que eso creara categoras en el seno de la Repblica? Como si estas categoras no existieran y no tuvieran un fundamento jurdico ni estuvieran creadas en gran parte por el propio derecho, en sus declaraciones y en sus silencios!

Cmo no relacionar el hecho de que la enconada negacin de la opresin de las mujeres se disfrace de defensa del universalismo y el hecho de que nicamente en Francia se tenga que justificar la participacin poltica de las mujeres con un argumentario diferencialista?

Si, al prohibir la accin positiva, la versin francesa del universalismo obliga a las mujeres a inscribir a las mujeres y a los hombres como dos especies distintas en la Constitucin, la defensa a ultranza de sus privilegios por parte de los dominantes habr tenido unos resultados paradjicos: aqu transformar en abismo la fisura que se obstinan en negar. Y al igual que la mala moneda expulsa del mercado a la buena[3], el falso universalismo habr expulsado al verdadero.

Christine Delphy
7 de enero de 1996

(Este texto se elabor para una audicin en el Observatorio de la Paridad representado por Gisle Halimi y Roselyne Bachelot el 14 de mayo de 1996.)

[Traducido del francs para Boltxe kolektiboa por Beatriz Morales Bastos.]

Referencias

Delphy, Christine (1991): Penser le genre: quels problmes?, en M.C. Hurtig et al., Eds., Sexe et genre, Pars, Editions du CNRS.

Delphy, Christine (1993): L'affaire Hill-Thomas et l'identit nationale franaise, Nouvelles Questions Fministes, 14, 4.

Delphy, Christine (1994): Le baquelache en france, Nouvelles Questions Fministes, 15, 2.

Delphy, Christine (1995a): Egalit, quivalence et quit: la position de l'Etat franais au regard du droit international, Nouvelles Questions Fministes, 16, 1.

Delphy, Christine (1995b): L'tat d'exception: la drogation au droit commun comme fondement de la sphre prive, Nouvelles Questions fministes, 16, 4.

Delphy, Christine (1995c): Rapports de sexe, genre et universalisme, entrevista de Myriam Lvy y Patrick Silberstein, Utopie Critique, segundo trimestre.



[1] Se refiere al Manual del soldado en campaa del ejrcito francs.

[2] En francs, los derechos humanos se denominan droits de l'homme [derechos del hombre].

[3] Se refiere a la llamada Ley de Gresham, uno de los pilares de la economa de mercado, segn la cual cuando en un pas circulan simultneamente dos tipos de monedas de curso legal y una de ellas es considerada por el pblico como buena y la otra como mala, la moneda mala siempre expulsa del mercado a la buena.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter