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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2013

Salir de la oscuridad; mujeres de Burundi

Eleuterio Gabn
Rebelin


Su abuela sola repetir un refrn que la pequea Iris nunca acababa de comprender del todo; No hay gallina que cante cuando el gallo est delante. Un da Iris fue a visitar a unas primas que vivan en el campo. Las nias jugaban en el saln y la madre divertida, les gastaba bromas chillando desde la cocina. Al rato el cabeza de familia lleg a casa. Sus primas se callaron de inmediato y la mujer orden a las nias que vinieran rpidamente a la cocina. All permanecieron todas en silencio mientras el hombre se acomodaba en el silln. Entonces Iris record a su abuela y empez a comprender cmo era realmente la cultura de su pas.

Burundi es uno de los pases ms pequeos de frica, cuenta con 7 millones de habitantes y est situado en la zona de los grandes lagos, en el mismo corazn del continente. Colinda con Ruanda, Tanzania, Congo y Uganda. Su sociedad es mayoritariamente patriarcal, fundamentalmente en el mbito rural, donde el 80% de la poblacin vive segn este sistema, mientras que tan slo un 20% en el medio urbano. Para las mujeres la educacin tambin vara dependiendo de si nacen en el campo o la ciudad, no obstante s tienen en comn varios principios. Se las ensea que deben servir y respetar siempre a los hombres, incluidos los nios. Desde pequeas interiorizan que son inferiores a los nios y estos a su vez que deben asumir el poder y tienen la obligacin de sacar la familia adelante. Sin embargo es la mujer la que cultiva, lleva la casa y cuida de la familia. No slo reproduce si no tambin produce. Pero no tienen acceso a trabajos remunerados ni derecho a la propiedad, tampoco la de sus propios hijos. Dependen siempre del marido.

Nunca han tenido acceso a la vida pblica, algo que ha empezado a cambiar. Tras el conflicto las mujeres han llegado al parlamento. La comunidad internacional se felicita de que exista un 30% de mujeres entre esa clase poltica. Sin embargo esto no es progreso como se quiere vender, estas mujeres no representan a la mujer real burundesa.

El conflicto al que se refiere nuestra compaera Iris, comenz hace 20 aos, en 1993 y acab oficialmente en 2005. Las mujeres fueron las principales vctimas de la guerra, tambin las nias. La violacin se aplicaba sistemticamente como arma de guerra, si quieres mermar a un hombre vas a por su mujer. Ella representa su honor, su intimidad. Esta funesta prctica, tambin funcionaba estratgicamente, ya que obliga al enemigo a retroceder para proteger a sus mujeres. Iris cuenta que la impunidad durante la guerra fue total. Todo el mundo haca lo que quera, violaba, mataba. Saban que no haba justicia, ni donde denunciar y que no les pasara nada.

Tras la guerra los soldados y violadores volvieron a convertirse en civiles y desaparecieron entre la gente y se diluy su responsabilidad en los crmenes de guerra. Resulta muy difcil perseguirlos ahora y tras el conflicto ha aumentado la violencia domstica, precisamente por esa mentalidad de los soldados que ha quedado impune. Es casi imposible obtener datos oficiales sobre violaciones. En 2011, Mdicos sin Fronteras present un informe en el que registraba que hasta un 90% de las mujeres de Burundi haban sufrido violacin. Culturalmente la violacin resulta un lastre para la cohesin y el honor familiar, pilares de nuestra cultura. La mujer avergenza a la familia, ya no se podr casar porque est sucia. Nunca se la considera vctima, al contrario, siempre es culpable por como viste, cmo acta, consiente, provoca... Ellas nunca denuncian .

Pero a veces las cosas cambian. Ya en 2003 un proyecto de Mdicos sin Fronteras en el que se trataba de visibilizar en la sociedad de Burundi el problema de la situacin de la mujer, deriva en diversas asociaciones locales. Una de ellas es SERUCA, que significa salir de la oscuridad, donde la compaera Iris ha trabajado. En la asociacin las mujeres, principalmente vctimas de agresiones sexuales, son atendidas de forma gratuita, 24 horas al da, siete das a la semana. Reciben apoyo mdico, la posibilidad de chequeos, medicinas antiretrovirales y pldoras del da despus, todo gratis. Reciben tambin apoyo psicolgico que pueden mantener durante el tiempo que necesiten, si son seis meses como si son dos aos, no hay lmite. SERUCA tambin trabaja desplazndose a las zonas rurales con algunas mujeres para que expliquen su experiencia y den a conocer las oportunidades que les brinda la asociacin. Hasta la fecha ms de 20 mil mujeres se han acogido al proyecto. Todo esto es un avance, un progreso y an hay ms. A partir del 2007 las mismas mujeres deciden dar otro paso. Son ellas mismas las que sienten la necesidad de romper su silencio y hablar sobre todo el sufrimiento que haban callado. Se abre as la posibilidad de comenzar a denunciar y perseguir a los violadores y la asociacin pone en marcha un departamento legal con el fin de presentar los casos ante la justicia.

Este proceso nos lleva sin embargo a hablar de la corrupcin y la impunidad en el pas. Cada mes hay 365 casos que se presentan ante los tribunales, sin embargo slo cinco de ellos llegan a tener xito. Los jueces, en su mayora pertenecientes a clases pobres y humildes, son constantemente sobornados y as los casos nunca llegan a juicio. La corrupcin es generalizada. El gobierno de ahora est formado por la misma gente que en la guerra hizo barbaridades. No quieren que nada salga a la luz y hasta que no haya verdadera justicia una persona no puede cerrar la puerta de su pasado. Todo pasa por un proceso de justicia y reparacin.

Pero al margen de los problemas de corrupcin y del cuidado a las mujeres vctimas de violacin de guerra, Iris pretende ir ms all y analizar las causas de los problemas. Hay que hablar de educacin, de la educacin de los hombres, hay que trabajar en las causas porque si slo trabajamos en los sntomas nunca acabaremos con los problemas. Care International trabaj con hombres durante dos aos pero el programa dej de funcionar porque le retiraron los fondos. A menudo los hombres que pasan por ese proceso de reeducacin no quieren hablar de temas sexuales con mujeres, tienen un ego muy grande debido a la educacin de su cultura y no admiten mujeres maestras. Hay que llegar incluso a la estrategia de tratar de convencer a estos cazurros de que tratando bien a sus mujeres ganarn en todos los sentidos.

Iris admite que el pesimismo aparece muchas veces cuando una se encuentra trabajando en contextos as. Sin embargo las mismas mujeres con las que trabaj le hicieron cambiar de opinin. Ellas mismas que padecieron la guerra, fueron violadas y repudiadas por los suyos, no se consideran vctimas sino supervivientes. Este punto de vista proporciona una perspectiva totalmente diferente de las cosas y alimenta la esperanza para seguir peleando por el futuro y el de sus nias.

Gonzalo Soria es licenciado en Filosofa por la Universidad de Granada y en Comunicacin Audiovisual por la Universidad Oberta de Catalunya.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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