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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2013

Crisis en el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu

Alfredo Rada
Rebelin



Hace ms de una dcada que cuando la intelectualidad progresista habla de los pueblos indgenas tiende a reverenciar a sus representantes. Es cierto que en nuestra historia contempornea encontramos lderes aymaras y quechuas consecuentes con su ideologa revolucionaria, anticolonialista y antiimperialista, uno de ellos es el fundador de la Confederacin Sindical nica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) Genaro Flores Santos, hoy bastante enfermo y anciano; otra fue la valiente mujer minera Domitila Chungara, slo por dar dos nombres.

Siempre he cuestionado la idealizacin de lo indgena en que caen algunos intelectuales, igual que en los aos 70 otros intelectuales encumbraban a los obreros slo por ser tales, exagerando sus virtudes y pasando por alto sus defectos. A esa izquierda obrerista de aquellos aos le sucedi en este nuevo siglo otra izquierda indigenista; mientras la primera hablaba del proletariado como vanguardia revolucionaria de la sociedad, la segunda teorizaba sobre los originarios como reserva moral de la humanidad. Soy crtico de las dos.

Tambin en los 70 comenzaron a surgir, como una novedad poltica, los kataristas organizados en varios partidos polticos: el Movimiento Revolucionario Tpac Katari de Liberacin (MRTKL), el Movimiento Indio Tpac Katari (MITKA) o el Partido Indio de Bolivia. Cada uno tena a sus propios lderes: Raimundo Tambo, Genaro Flores, Constantino Lima, Luciano Tapia. Saban defender sus ideas, cuyo fundamento ideolgico se basaba en el filsofo Fausto Reynaga, que escribi textos esenciales como la Tesis India.

Sin embargo, cuando sucedi el golpe de Luis Garca Meza en 1980, entre los que aparecieron apoyando la dictadura estuvo Eufronio Vlez, dirigente de una de las facciones indianistas. Fue una llamada de atencin de que en ese incipiente movimiento originario tambin haba oportunistas y traidores.

Vayamos a un caso ms relevante. En los aos 90, cuando muchos revolucionarios se convirtieron al neoliberalismo, fue la de Vctor Hugo Crdenas una de las peores traiciones. Prefiri ser segundo bajo las rdenes de un oligarca Gonzalo Snchez de Lozada antes que dirigir ese poderoso movimiento poltico de los pueblos indgenas que estaba naciendo. Pudo ms la ambicin que la conciencia.

Ya en nuestros das se sabe de indgenas que hacen pactos con los enemigos histricos de las naciones originarias. Rafael Quispe, asesor del Consejo de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq), fue el operador que impuls desde hace seis meses un acuerdo poltico entre la dirigencia de esa organizacin encabezada por Flix Becerra con el Partido Verde, que proclam al neoliberal Jorge Quiroga Ramrez como candidato a la presidencia. Este turbio alineamiento precipit una reaccin de varios suyus (organizaciones territoriales de carcter regional) en La Paz, Oruro y Potos, que hace dos semanas realizaron un congreso en el que desconocieron a esa dirigencia y eligieron nuevas autoridades encabezados por el Jiliri Apu Mallku (autoridad mayor) Hilarin Mamani, de Potos. Casi de inmediato, los dirigentes desplazados convocaron a su propio evento congresal, en el que se eligi a otro Jiliri Apu Mallku, Freddy Bernab, de Oruro. Con esto se consum la divisin de Conamaq.

No obstante, esta organizacin ya estaba debilitada por otros factores. Uno de esos factores fue el conjunto de denuncias de manejos irregulares en el Fondo de Desarrollo de los Pueblos Indgenas. Este fondo, creado en 2004 dentro de la Ley de Hidrocarburos, se financia con un porcentaje del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH). Aunque es fiscalizable, el Fondo Indgena tiene mrgenes de autonoma y es administrado directamente por las organizaciones sociales, correspondindoles a las anteriores autoridades de Conamaq la designacin del Gerente de Proyectos, cargo que en los ltimos aos recay en el seor Epifanio Pacheco, tcnico de los ayllus de Chuquisaca.

Sern las auditoras a realizarse en los siguientes meses las que establezcan si las sospechas son ciertas, determinando adems las responsabilidades administrativas, civiles y penales de quienes han tenido el mando econmico del Fondo. Pero ya las denuncias de malos manejos daaron a la organizacin originaria, erosionando la confianza de las bases comunales en sus dirigencias.

Otro de los factores que debilit a la organizacin tiene que ver con la fase posterior a los procesos de titulacin de tierras que impuls el Conamaq. Bien se sabe que esta organizacin tuvo la virtud histrica de promover las titulaciones colectivas como Tierras Comunitarias de Origen (TCO) en favor de los ayllus y markas en el occidente andino de Bolivia. Su momento de mximo esplendor orgnico fue hace diez aos, cuando logr aglutinar a comunidades aymaras y quechuas que demandaban la consolidacin legal de sus posesiones de tierras. Pero, una vez tituladas, no pudieron pasar a una siguiente etapa, aplicando nuevos modelos comunitarios de gestin territorial y productiva, de carcter colectivo y asociativo, en las mejores condiciones abiertas por un rgimen econmico constitucional que, por primera vez en nuestra historia reconoce al sector social y comunitario.
Un tercer factor es la orientacin de la accin poltica de la organizacin. La saliente conduccin de Conamaq se equivoc en sus estrategias respecto al Gobierno. Es que una cosa es la crtica propositiva dentro del proceso de cambio para profundizarlo, otra es deslizarse por la pendiente inclinada del oportunismo hacia los brazos de la derecha. Despus del conflicto por el Territorio Indgena del Parque Nacional Isiboro Scure (TIPNIS), los exdirigentes Becerra y Quispe se volvieron cada vez ms opositores a Evo Morales, sin darse cuenta que transitaban en ruta contraria a sus bases, que le reciban con entusiasmo como lder indgena cada vez que visitaba sus municipios para entregar obras.

Estos factores explican la poca capacidad de convocatoria del Conamaq, esa relacin inversamente proporcional entre los exaltados discursos de sus mallkus con la poca cantidad de gente que logran movilizar, lo que no alcanza a disimular ni siquiera la exagerada cobertura meditica que se les brinda.

Entender la difcil situacin de esta organizacin y, lo ms importante, aportar a su resolucin pasan por analizar las causas de su crisis; para ello no sirven los argumentos simplones que atribuyen todos sus males a una supuesta injerencia gubernamental.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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