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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-12-2013

Muere Diomedes Daz, el Cacique de la Junta, dolo de la cultura vallenata
Sin medir distancias

Camilo de los Milagros
Rebelin


he venido a su casa porque s

que a pesar que el compadre se nos fue


Pocos personajes recogen a la vez tanta gloria y tanta vergenza nacional como Diomedes Daz. Es un enano inmenso, un gigante diminuto, empequeecido por sus infortunios, sus escndalos, sus vicios. Diomedes fue un compendio de defectos que cantaban haciendo prodigios.

Naci en La Junta, un casero hirviendo de miseria en algn atrasado paraje entre la Guajira y el Csar, dos de los departamentos ms pobres de Colombia. Dicen que de nio tuvo que soportar el hambre y la humillacin, que perdi un ojo por un desafortunado accidente y que pastoreaba cabras en esa tierra azotada por el sol, la pobreza y el abandono. La vida me ha golpeado ms de dos veces sentenci con alegra una vez. Nunca fue bueno para la escuela, pero el vallenato, que es refugio de tantos genios inservibles para otra cosa, le dio la mano.

Dios a todos nos tiene en cuenta dice una de sus canciones. De la miseria absoluta Diomedes vol llegando hasta la nube ms alta, con su poderosa forma de entonar los versos. Ese timbre de ponerle el alma a cada letra, esa forma de llorar cantando o cantar llorando, lo llev a conquistar al pueblo costeo. Un pueblo que se rinde con facilidad ante la originalidad y la extravagancia, que se doblega cuando algn apasionado le ensea que la existencia por esas cinagas, serranas y sabanas, no est hecha de arroz de coco sino de sentimientos profundos, de lamentaciones y parrandas que se extienden hasta el infinito. Porque si haba algo que poda encarnar el espritu costeo, con toda su belleza pero tambin con sus miserias y sus taras, ese algo se llamaba Diomedes Daz.

Rodeado de gloria, el Cacique cobr al mejor estilo de este pas de advenedizos todas sus viejas penurias: se jactaba de haber engendrado cerca de 30 hijos por toda la costa como su antepasado musical Alejo Durn, ostentaba sus lujos y riquezas de mal gusto, se vanagloriaba de sus amistades con sujetos de odiosa reputacin como los gamonales y paramilitares costeos. Fue prfugo de la justicia y protegido por terratenientes de infame recordacin. Como no poda suceder de otra manera en una tierra ensuciada de drogas y violencia, ambas coquetearon con l: tuvo una larga relacin con la cocana y un terrible episodio de asesinato por el que fue condenado a 6 aos de crcel.

Ya deca que pocos como l recogan la gloria y la vergenza, porque debido a su categora de dolo popular, que en el Caribe llega a la adoracin, le eximen de sus crmenes, de sus odiosas complicidades, de sus vicios y sus reprochables actos. Dicen esta noche mientras rueda la notica de su muerte, que debe separarse al hombre del artista, la figura del personaje no puede empaar la del msico que fue. Cuestionable su vida pero loable su obra musical.

He ah una sntesis de este pas de vergenza. No hay muerto malo. No hay criterios ticos para juzgar aquello que la imaginera popular absuelve por considerarlo ms propio a sus sentimientos que las leyes, porque hasta el asesinato o el peor de los vicios es perdonable en nuestra cultura de tiros al aire y machos que dejan una hembra preada en cada pueblo.

De Diomedes se podr decir que fue un ser miserable, que encarnaba todos los valores del atraso y el patriarcado costeo -las costumbres aquellas- que personific la figura del macho ignorante a la que caban cuantos prejuicios imaginables haya, que confraterniz con criminales y bandidos. Pero tambin se podr decir que supo hablarle a su pueblo al odo como nadie lo haca, que cantaba como pocos, con el alma, y que se gan a versos el corazn de una tierra slo recordada por el viento, la soledad y la pobreza. El Caribe lo llora como no va a llorar a ninguno de sus hijos en muchos aos.

Por eso es que la vida es un baile que con el tiempo damos la vuelta. Pero el tiempo acaba la fiesta, ya lo deca el Cacique. La vida de hombres y mujeres, como los afectos, es parecida a los vallenatos. Es contradictoria, es incoherente. Hoy, a pesar de todas sus miserias, le digo a ese grande tan lleno de vergenza que fue Diomedes, con tristeza y dolor sincero que "es la hora de partir, sin medir distancias, y ni sombra quedar de aquel amor".



"Sin Medir Distancias": Diomedes Diaz


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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