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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2005

En su 26 Aniversario
Revolucion Sandinista: la utopia sigue siendo necesaria

Marcelo Colussi
Rebelin


"Podrn cortar todas las flores pero no detendrn la primavera"

Se cumplen ya 26 aos del triunfo de la Revolucin Sandinista en Nicaragua. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces, y el momento actual es oportuno para hacer un balance de todo lo transcurrido.

La historia de esta revolucin puede ser un smbolo de la historia del siglo XX, de sus luchas, de sus sueos. Qu qued de todo ello? Podramos responder, como hace el ex vicepresidente sandinista Sergio Ramrez por cierto uno de los ms conspicuos intelectuales nicaragenses, no sin cierta cuota de desencanto: "Lejos de los ideales de origen, y sin ninguna de las ilusiones de transformacin de la realidad del pas cumplidas, pareciera no haber ninguna herencia de aquellos aos dramticos que conmovieron al mundo".

En un sentido, lamentablemente tiene toda la razn. Poco ha quedado de los logros de esa heroica gesta revolucionaria. Poco, muy poco. Y ah es donde vale el ejemplo de Nicaragua como laboratorio mundial: de todos aquellos ideales que marcaron las grandes luchas populares del siglo XX, de los movimientos guerrilleros latinoamericanos que pretendan un nuevo amanecer, hoy da queda poco, casi nada.

Pero esos ideales no han desaparecido! Las causas que generaron esas lneas de pensamiento siguen presentes, por lo que la reaccin ante las injusticias contina siendo absolutamente vlida, aunque los caminos se muestren tortuosos, aunque podamos sentirnos aturdidos respecto hacia dnde caminar.

Hoy, a 26 aos del sueo transformado en realidad en uno de los ms pobres y reprimidos pases del continente americano, el discurso dominante nos fuerza a la autorepresin y nos hace ver esos ideales y a la misma Revolucin Sandinista como un incmodo recuerdo. Es preciso reconocer que la derrota ha sido grande, que el golpe sufrido no es poca cosa. Haber perdido 50,000 vidas humanas y 17,000 millones de dlares de la riqueza nacional como "castigo" por osar independizarse del imperio y construir una alternativa con nombre y apellido propios ha sido un castigo ejemplar. Luego de eso parece muy desatinado al menos en principio intentar volver a recorrer esas sendas. Para la lgica obligada que debera desprenderse de esa leccin aprendida es que mejor olvidar estos sueos juveniles y, tal como lo hizo hasta el cansancio el reaccionario y antinsanidnista Cardenal Obando y Bravo, llamar a la reconciliacin dejando a un lado las utopas.

Es cierto que la experiencia sandinista dej un sabor amargo, que puede incluso llegar a verse frustracin luego de todo el proceso. Es cierto que en esos diez aos de gobierno hubo corrupcin, autoritarismo, excesivo centralismo. Que estas cosas se dieran en la Nicaragua de la dinasta Somoza (la gran finca de los peores dictadores de la historia del pas) no asombra; pero duele, sin dudas, que se haya dado en el paraso que se intent construir sobre los escombros de esa dictadura. Duele que 26 aos despus de la entrada triunfal de los revolucionarios en Managua, muchos de aquellos jvenes soadores armados de fusiles y ansias de justicia sean hoy los nuevos ricos del pas, que hayan hecho de la poltica una prostituida profesin ms, que puedan seguir viviendo sin una genuina autocrtica.

Pero ms an, muchsimo ms an, duele que el monstruoso imperialismo de Estados Unidos haya sido y contine siendo el responsable final de esta debacle sin miras de poder ser sentado en el banquillo de los acusados. Duele la impunidad con que el poder del mundo destruy los ideales de justicia, y cmo ahora intenta alinear a las fuerzas del cambio tras un discurso manso y asptico, desideologizado en definitiva.

Evocar hoy, luego de ms de un cuarto de siglo, el triunfo de la ltima revolucin socialista del siglo XX no es un puro ejercicio de nostalgia. Es la recuperacin de una memoria a la que se ha intentado invisibilizar, a la que se esconde, se denigra, se trata de hacer desaparecer. Pero la memoria sigue viva. Las injusticias siguen siendo el pan nuestro de cada da en las relaciones sociales; la pobreza, la discriminacin, la exclusin de amplias mayoras continan signando el destino de gran parte de la humanidad, por lo que los ideales de lucha en pos de una transformacin de las condiciones de vida no han pasado de moda.

Otra cosa muy distinta es que en este momento puntual del combate las fuerzas del capital hayan ganado de eso no quedan dudas y enseoreadas como se sienten, se permitan menoscabar los ideales que orientaron los cambios de los que la Revolucin Sandinista fue uno de los ltimos ejemplos. Sin dudas el proceso nicaragense cay por su dinmica interna, por una suma de desaciertos donde se apuntaba ms arriba el autoritarismo y la corrupcin jugaron un papel importantsimo. Pero no menos cierto es que esa militarizacin de la vida cotidiana, esa cerrazn ideolgica y defensa quasi paranoica de sus principios en que cay en el transcurso de la guerra se debi a un ataque infame, despiadado, inmoral de la principal potencia capitalista del orbe.

Una vez ms: la revolucin en Nicaragua fue un ejemplo para el mundo. Luego del ascenso de las luchas populares en las dcadas de los 60 y los 70 del pasado siglo, con movimientos guerrilleros de izquierda prontos a poder tomar el poder en ms de un pas latinoamericano, con un Irn que se le escapa de control, la geoestrategia de Washington con los halcones en la Casa Blanca y Ronald Reagan a la cabeza fue de intolerancia absoluta para con el sandinismo y para con cualquier atisbo de contestacin. El golpe que propin entonces, preparatorio de los planes neoliberales que se implementaran en la dcada siguiente, fue mortal. Las consecuencias se siguen pagando: desintegrado el bloque sovitico, acabada la revolucin nicaragense, las luchas populares han perdido el terreno ganado en ochenta aos de avance durante el siglo XX. Hoy se nos presenta la lucha armada y el discurso clasista como una rmora odiosa de un pasado que hay que desechar. Las luchas populares quedaron atrs; para las grandes masas los fantasmas de hoy da son el desempleo, la delincuencia cotidiana, el narcotrfico. Hablar de sindicalizacin o de poder popular puede llegar a equipararse con enfermedad mental.

Pero la Revolucin Sandinista no pas en vano. Como no pasan en vano los movimientos sociales. En otros trminos: la historia no pasa en vano; siempre deja huella. Aunque pretenda borrrsela, ah sigue estando. Aunque lleguemos al colmo de hablar de reconciliacin (cmo?, y la justicia?), la reparacin de tanta inequidad sigue esperando. No hay dudas que se perdieron las conquistas de la campaa de alfabetizacin, las tierras de las cooperativas, los servicios pblicos subsidiados. Estn mejor entonces ahora los nicaragenses?

De lo que se trata, sin dudas, es de revisar muy crticamente los desaciertos que el laboratorio de esos dramticos aos nos invita ms bien: nos conmina a desarrollar. Pero tanto como eso, la herencia de la Revolucin Popular Sandinista nos alienta a pensar que las utopas siguen siendo posibles. Sera demencial aceptar que los planes neoliberales en boga mejoraron las condiciones de la humanidad. Seguramente no es posible proponer hoy, aturdidos como seguimos estando, los pasos que la izquierda levantaba hace unas dcadas. Pero la construccin de utopas posibles sigue convocndonos.
Como decamos: poco qued de la dcada sandinista. Quedan ciudadanos nicaragenses pobres, muchos y ms empobrecidos que aos atrs. Lo cual no es poco. Si eso queda, ello significa que hay mucho por hacer todava. Recuperar la memoria no es la evocacin folklrica de un hecho trivializado. Si hoy evocamos esos 26 aos de una revolucin que se propuso como camino es porque la razn sigue estando del lado de los que sufren y vieron apagarse el amanecer que aquel 19 de julio de 1979 prometa. Recuperar la Revolucin Sandinista es recuperar la lucha por un mundo ms justo.

Y como dijo el jesuita espaol Xabier Gorostiaga, por largos aos residente en Nicaragua: "los que seguimos teniendo esperanzas no somos estpidos". Recordemos que una de las pginas ms memorables de la msica occidental el "Himno a la Alegra" nada menos la escribi un sordo. Aturdidos como podemos seguir estando an tras las derrotas sufridas, creo que el ejemplo beethoveniano debe sernos de utilidad.

La historia sigue, y ah estn las incontables luchas populares a lo largo de toda Latinoamrica tratando de forjar otro maana. Ah est el movimiento zapatista, o el despertar de los movimientos campesinos e indgenas; ah estn los piqueteros argentinos, o los sem terra en Brasil hacindose or. Y ah est, retomando las banderas de Sandino, la Revolucin Bolivariana en Venezuela, llamando a la unidad continental y construyendo el socialismo del siglo XXI.
Evocar la Revolucin Sandinista, por tanto, es hacer nuestro el epgrafe del presente escrito: "Podrn cortar todas las flores pero no detendrn la primavera".


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