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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2013

Respuesta a Len Valencia
Nuestra patria conocer la paz cuando sean desmontadas las causas del conflicto

Timolen Jimnez
http://farc-ep.co


Escribe el seor Len Valencia una columna en la revista Semana, con fecha 21 de diciembre, en la que me confiere el dudoso honor, ms ambiguo todava por compartirlo con el Presidente Juan Manuel Santos, de personaje del ao. El solo hecho de que el nombre de un revolucionario sea insinuado como objeto de reconocimiento por parte de los grandes medios de comunicacin, es indiciario de que alguna trama oscura se est tejiendo en torno a l por los poderes dominantes.

Por encima de sus afectados esfuerzos por distanciarse en justa proporcin de cada uno de sus candidatos, salta a la vista la doble zalamera del seor Valencia, quien como buen representante de esa izquierda acomodada y ajena al tejido real de la lucha popular, jams vacila en encender una vela a Dios y otra al Diablo, confiando en ganar la generosa condescendencia de los revolucionarios mientras lame de las mieles que resbalan por entre los dedos de la reaccin.

No s de dnde saca el seor Valencia, para elogiar la que estima valiente actitud a dialogar del Presidente Santos, que ste ha reconocido las graves limitaciones de la democracia colombiana y sobre esa base ha abierto las ventanas para las reformas y la paz. Apenas ocho das atrs, en la Convencin del Partido Cambio Radical, Santos afirm enfticamente que en La Habana no se est negociando el Ejrcito, ni el sistema poltico, ni el sistema econmico, volviendo a repetir que:

all lo nico que se est negociando es una transicin para que esta gente deje las balas, deje armas y las cambie por los votos, por los argumentos, descartando, como lo ha hecho siempre, la mera posibilidad de reformas capaces de alterar de algn modo el orden vigente. Y volvi con sus designios de incrementar como nunca antes el pie de fuerza militar y policial, al igual que sus capacidades de todo orden,para que mantengan esa situacin que nos enorgullece.

La presunta valenta que el seor Valencia asigna al Presidente por haberle reintegrado a la insurgencia su reconocimiento poltico, en la prctica se traduce en denominarla apenas como esa gente a la que su gobierno ha propinado los golpes ms contundentes de toda su historia: el nmero uno, el nmero dos, ms de 40 cabecillas y el nmero de integrantes de esas organizaciones en armas, estn su nivel ms bajo de toda la historia.

Concederle melosamente el beneficio de la duda hacia el futuro en materia de reformas, en realidad equivale a otorgarle el aval por todo cuanto est haciendo el da de hoy en contra de los intereses del pueblo colombiano. Al fin y al cabo el seor Valencia comienza su nota sealando que si bien el seor Santos no est despertando gran entusiasmo, ste le sobrar en cuanto firme la paz, como picando el ojo a quien de modo no tan subliminal sugiere como prximo Presidente.

Con aires de perseguido, recuerda que por defender la paz es sealado como terrorista y defensor de regmenes dictatoriales. Lo cual no le evita lanzarse a afirmar que las FARC gozamos del rechazo generalizado, que la inmensa mayora de la opinin pblica no reconoce ningn tipo de razn a nuestro alzamiento en armas, que somos una guerrilla vieja, acosada por la degradacin del conflicto y hasta perturbada. De veras odiar la ultraderecha a quien escribe esas cosas?

Muy de acuerdo con su juicio perverso acerca de la insurgencia, de la cual se retir seducido por los cantos de la globalizacin neoliberal y el fin de la historia, dice escribir a fin de estimularme para que me mantenga absolutamente firme en mi decisin de llevar las FARC a la paz. Su cauto escepticismo no deja de revelar su torcida intencin de hacer creer que la paz, en un pas como Colombia, depende de la decisin unilateral de una sola persona, de entregar las armas y rendirse.

Si fuera as, la desmovilizacin del mismo seor Valencia aos atrs hubiera significado la paz para el pas. Pero l sabe bien que a las FARC y a la Colombia real nos cabe traer a cuento el famoso verso de Juan de Dios Peza: As, dijo el enfermo, no me curo; yo soy Garrik! Cambiadme la receta. Nuestra patria conocer la paz cuando sean desmontadas las causas que originaron y alimentan el conflicto, lo cual exige muchas ms voluntades que la sola de Timolen Jimnez.

Comenzando por la del Establecimiento, que se muestra convencido, con Santos a la cabeza, y no con Uribe como muchos piensan, que la paz nacer de la victoria militar contra la insurgencia, esto es que en la Mesa de Conversaciones simplemente se refrendar con nuestras firmas lo que la fuerza militar y paramilitar del Estado conquistar en el campo de batalla. Lo cual les impide, naturalmente, comprometerse en un cese el fuego bilateral o en cualquier acuerdo humanitario.

Es con esa misma ptica sesgada, as no parezca consciente de ello, con la que el seor Valencia piensa que lleg la hora de que en la Mesa dejen de pedir las FARC, para pasar ahora a responder ante los imperiosos requerimientos con los que el Estado espera aplastarnos. Pues no, el Estado colombiano, su rgimen poltico, las clases dominantes en el poder, tienen que reconocer su papel fundamental en la violencia y el horror vividos en nuestro pas por tan largo tiempo.

Y comprometerse con sinceridad a desmontarlo definitivamente. Abriendo todos los escenarios a la participacin del pueblo colombiano en la toma de las decisiones ms importantes para el futuro de la nacin. Cuando todo el Establecimiento presiona porque la insurgencia no pueda salir a hacer poltica, lo hace porque tiene la certeza del inmenso caudal de opinin que estamos en capacidad de mover en este pas. Las grandes mayoras tienen tambin su papel en la paz.

Por eso el gobierno de Juan Manuel Santos se ha opuesto radicalmente a la participacin de los colombianos en la Mesa de La Habana, por eso se opone a la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, por eso desprecia olmpicamente cualquier tipo de reformas que abran seriamente el espacio a la deliberacin poltica abierta del pueblo colombiano, que impliquen alterar siquiera un poco las crecientes ganancias del gran capital y el latifundio.

Por eso, porque se inspira en el imperio romano, Santos considera que la paz consiste en contar con un invencible aparato de aplastamiento a la lucha popular. Y es precisamente a eso que el pueblo de este pas y la insurgencia armada nos hemos enfrentado durante medio siglo. No, seor Valencia, si ser el personaje del ao implica comulgar con semejante burla a nuestro pas y su gente, permtame decirle con franqueza que lanzo su ofrecimiento al fango.


(*) Timolen Jimnez es comandante y Jefe del Estado Mayor Central de las FARC-EP


Fuente: http://farc-ep.co/?p=2724


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