Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2013

La emocin moral

Jos Ramn Otero Roko
Rebelin


En el anterior texto que publicamos en Arts Coming tica de la Forma insinubamos la idea de emocin moral como propuesta para evolucionar el concepto de hptica elaborado por el crtico de Arte y anarquista Herbert Read. Una emocin moral que se incorpore a la aprehensin ms primaria de las creaciones. Porque a pesar de que el Arte ha sido abordado en el siglo XX, y en el XXI, desde todo tipo de categorizaciones tcnicas, sensitivas, culturales, su intencionalidad poltica se ha diseminado en numerosas ocasiones slo como vulgarizacin de las obras. El juicio esttico corresponda al crtico. El juicio tico, y su correlato en forma de discusin, a la opinin pblica, no compradora y muchas veces no observadora del Arte, en un proceso acentuado desde la irrupcin de la postmodernidad por la pregunta quines somos nosotros para juzgar la moral del otro?

Ese complejo de indeterminacin ante las dudas que surgieron tras la cada de diversos muros se ha ido superando en una sociedad qumicamente lbil, en la que, por medio de la observacin y deliberacin de los asuntos pblicos, y el arte no es otra cosa que un asunto pblico, se tiende a reequilibrar el ecosistema idetico y a hacerlo ms estable gracias al fuerte contrapeso de un sector social amplsimo en el que se discuten y se deducen todas las sinergias sociales. El sujeto hoy no acude a donde se expone el arte contemporneo para admirar su precio sino para confrontarse con el valor de su pensamiento.

Luego podemos explorar la tesis, ya veremos si correcta o no, de que estamos en un proceso en el que el significado est recobrando su primaca sobre el significante. La discusin del valor esttico sigue siendo complicada y es difcil decidir si nos encontramos en algo parecido a los principios de una democracia creativa total, donde pueden seducirnos desde el artista que copa museos y galeras hasta el outsider que todava no ha llegado, o no ha querido llegar, al mercado, como al revs, sumarnos al elitismo y tentarnos con la aseveracin de que tal multiplicidad impide que las creaciones singulares se perciban como tales y que la avalancha de propuestas est codificada de modo que abunda la repeticin y escasea la originalidad. Seguramente es la segunda idea, a la que cualquiera puede acudir en un momento de flaqueza o hartazgo, la que est equivocada, porque en el fondo deviene de la providencia la creacin y desprecia que el libre trfico de obras y pensamientos, de formaciones, de anlisis, de comunicacin, sea la herramienta gracias a la cual surge cada da ms arte que nunca.

Pero ese valor funcionalmente esttico de otra gran parte del arte contemporneo qu nos dice? Slo una minora arrinconada por el curso de la Historia, y que disfruta impostando las seas de identidad de una lite, parece llamada a obligar a las obras a neutralizarse de su trascendencia en el hoy. Porque el pblico, quien dictamina los fracasos del arte para un estilo de vida, parece cada vez ms interesado en observar las creaciones artsticas como una contribucin al debate en el que participa a travs de las calles, las redes sociales y los medios de comunicacin online. No importan los clculos en base a un nmero ureo, importa que las obras nos discutan, nos apoyen, nos rebatan, nos sirvan como un ejemplo que va a ser verbalizado decenas de veces en la vida de cada observador. Importa la emocin moral.

El precio de la obra influye cada vez menos en su valor. Aun no habiendo visto las noticias en televisin desde hace aos se puede sospechar que los grandes titulares sobre sumas alcanzadas en subastas, que acompaaron nuestra adolescencia hacindonos creer que el arte era inalcanzable, han quedado para los medios ms sensacionalistas, o al menos en las redes sociales y en los agregadores online que uno conoce no tienen ninguna relevancia y permanecen visibles tan slo en los mentideros del negocio del Arte. El valor hoy es el sistema de ideas que sostiene la obra. Por eso el Arte se ha entrelazado en tantas cosas, no por una similitud esttica o por una finalidad comercial que unifica lo ms dispar, sino porque deseamos establecer vnculos y comunicarnos con cuanto nos relacionamos, porque la belleza es el vehculo de la armona, y como decamos en el artculo anterior, la armona es el vehculo de la justicia.

La belleza moral renuncia a ser pragmticamente universalista. No valen los discursos de esa otra concepcin de la belleza donde los y las aspirantes a Miss Universo piden la Paz Mundial y un libro de Coelho para llevarse a una isla junto a su perro Jurgen. De lo que se trata es de confrontar ideales y principios contra las praxis del lado oscuro del mundo, ese lado que excluye de la perfeccin a casi todo y a casi todos. La belleza moral es una parte, una fraccin de un futuro que intentamos que se anticipe. Una idea que tiene forma en estas tres dimensiones, un acto que pretende convocarse en asamblea junto a su pblico.

Las emociones son identidades y la identidad es la base del Arte. Por ello cuando hablamos de beligerancia no estamos proponiendo una guerra que no haya librado ni una sola obra en la Historia, lo que sucede es que esas batallas casi siempre se han ejecutado desde el otro bando, en una jerarqua que no poda discutirse, donde los excluidos, los no embellecidos, los no adulados por una armona imaginada, eran los oprimidos, aquellos, stos, de los que se extraa y se extrae de su esfuerzo la sal con la que pagar la posteridad. El Arte no es un privilegio, es un derecho de todo aquel que trata de expresarse con justicia. Y la emocin moral preexiste a cualquier otro tipo de emocin, porque ms all de una plstica, a la que no podemos aferrarnos, nos proporciona el poso que vendr con nosotros el resto de la vida, su reflexin en forma de smbolo, su interpelacin para absolvernos o condenarnos por haber o no haber estado a la altura del eidos inmutable que hace al mundo inteligible.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter