Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-01-2014

Notas a propsito del artculo de E. Gudynas, La izquierda y el progresismo: la gran diferencia
Gobiernos populares de Latinoamrica, transicin o reciclaje?

Isabel Rauber
Rebelin


El texto de Gudynas intenta poner en blanco y negro los cambios polticos que vienen teniendo lugar en territorios de Nuestra Amrica. En ese sentido, al iniciar el artculo afirma: Uno de los mayores cambios polticos vividos en Amrica Latina en los ltimos veinte aos fue el surgimiento y consolidacin de los gobiernos de la nueva izquierda. Ntese que el autor define a estos gobiernos latinoamericanos como los gobiernos de la nueva izquierda, sin embargo, de inmediato los subclasifica como progresistas, por considerarlos anclados en la idea de progreso. Sobre esta base, asegura, se marca una divergencia con muchas de las ideas y sueos de la izquierda latinoamericana clsica.

As, en el primer prrafo del texto, el autor emplea tres categoras polticas diferentes: nueva izquierda, progresismo e izquierda clsica. Atribuye a ellas diferencias sustantivas en las miradas estratgicas, las propuestas y planes gubernamentales, y en las prcticas polticas concretas de los actores polticos que las encabezan. Sin embargo, no deja en claro qu entiende por nueva izquierda, ni por izquierda clsica. Tampoco define claramente que entiende por "progresismo" ni por "progreso".

Al principio parecera que, segn el autor, la nueva izquierda es el progresismo, sin embargo, lnea a lnea, se ocupa de demostrar que los gobiernos que engloba indiferenciadamente al inicio como de la nueva izquierda, en realidad no lo son, puesto que solo llegan a ser progresistas. Aqu surgen interrogantes: Por qu definirlos entonces como algo que inmediatamente se niega? Al parecer esto responde a la intencin del autor de marcar una distancia sustantiva entre el perodo inicial de los gobiernos de la nueva izquierda en Latinoamrica, y el perodo actual, en el que siempre siguiendo a Gudynas‑, estos han devenido en: progresistas, anclados en las viejas ideas de progreso y crecimiento econmico, es decir, economicistas. De aqu se derivaran, a ojos del autor, polticas muy limitadas de estos gobiernos en relacin con la perspectiva de cambio social, ancladas en exportacin de materias primas, en estimulacin del consumo, en planes de asistencia econmica a los sectores desprotegidos, para lo cual apelan fundamentalmente‑ a polticas extractivistas

El progresismo actual () no discute las esencias conceptuales del desarrollo, afirma el autor. Esto supondra, en sntesis, que los gobiernos de la ex-nueva izquierda devenidos en progresistas, se atienen planamente a la antigua concepcin economicista del desarrollo, contradiciendo y alejndose crecientemente de los procesos democratizadores originariamente impulsados desde abajo, con los movimientos sociales, y ahora frenados-negados desde arriba. Llegado a este punto el autor entra en una seguidilla de consideraciones que buscan reforzar sus objeciones a los que considera hoy son ex-gobiernos de la nueva izquierda. Con las generalizaciones secundariza o menosprecia los esfuerzos por construir instancias articuladoras regionales (ALBA, UNASUR, CELAC) y su significacin poltica en este tiempo para los procesos de cambio que pugnan por profundizase y enraizarse en cada pas.

La transicin en la nueva realidad global y continental

Un debate postergado pero imprescindible

El articulo mencionado resulta una provocacin interesante, porque aunque su autor no se lo proponga‑ con sus reclamos e imputaciones, pone al descubierto la necesidad de abrir debates acerca de la transicin hacia la nueva sociedad, acerca de sus contenidos, sus tareas, sus significados, sus actores centrales, sus alcances, su horizonte histrico en las condiciones actuales de Latinoamrica, en el actual sistema mundo y tiempo histrico que vivimos.

Vivimos tiempos de cambios constantes y de confusin, y ello lo refleja tambin Gudynas al escribir de forma confusa. Es evidente que tiene preocupaciones y se percata de algunos problemas, en realidad, poco novedosos para quienes seguimos de cerca el curso de los procesos actuales. Pero aunque no ensea nada nuevo, su anlisis recorre algunos puntos clave que es preciso discutir. Toca muchas aristas y, al hacerlo aunque de modo disperso y forzando regularidades donde, si existen, no estn suficientemente claras an‑, llama la atencin y provoca el debate, considero que en ello radica probablemente su principal aporte.

No ocurre lo mismo cuando se refiere a las interrelaciones entre movimientos sociales y ongs, estableciendo prcticamente una equiparacin entre ellos, con lo cual da por tierra sus planteamientos respecto del protagonismo de los movimientos (o se refera a ongs?). Igualmente resulta cuando menos llamativo su elogio a la CIDH, como si se tratar de un organismo que brillara por su criterio de justicia para con los pueblos Estas referencias parecen ms bien una reaccin de enojo del autor frente a alguna crtica de la que pudo ser destinatario, aunque no lo manifiesta as en este artculo.

Algunos temas o problemticas a considerar

-Cambio de mentalidad y construccin de un nuevo pensamiento crtico

Analizar con parmetros de ayer la realidad del presente es fuente segura de errores. Y ello ocurre cuando se intenta trazar una lnea de continuidad analtica entre la realidad social local y mundial, las tareas y la perspectiva estratgica que se plante la izquierda en el siglo XX, y la realidad del sistema-mundo actual del cual es parte nuestra regin y, consiguientemente, entre las propuestas y actitudes polticas de la izquierda que hoy gobierna (nueva izquierda, progresismo), y los planteamientos de la izquierda clsica (de fines del siglo XX).

Vale hacer notar, adems, que en el siglo pasado no existi una izquierda clsica, hubo muchas izquierdas, muchas miradas, propuestas, estrategias y caminos para lograrlas, protagonizados por actores polticos diversos, generalmente enfrentados entre s. Tal fue el caso, por ejemplo, de la divisin entre los reformistas (camino gradual de reformas dentro del capitalismo) y los revolucionarios (toma del poder, ruptura con el sistema e implantacin del socialismo), y sus consiguientes propuestas de las entonces llamadas va pacfica (electoral) y la va armada (insurreccional o guerra de guerrillas para la toma del poder).

Indudablemente estas polmicas, lejos de estar saldadas, se manifiestan hoy bajo nuevas formas, aunque ahora tienen lugar en la realidad de un nuevo sistema-mundo regido por la hegemona global del capital con sus instituciones de poder global del mercado. Al plantearse el cambio social, es necesario entonces, dar cuenta y enfrentar nuevas problemticas, nuevos contenidos, horizontes y actores. No se puede trazar una lnea directa entre los reformistas ayer y quienes hoy plantean caminos de reformas, ni viceversa. No se puede tampoco, contraponer abstractamente, reforma y revolucin; dicotoma que cada da se revela ms obsoletas, a la vez que surgen y se plantean nuevas y complejas mediaciones, contradicciones y tensiones entre lo viejo y lo nuevo, entre reformas y cambios raizales.

Qu significa hoy ser revolucionario?, tomar el poder?, qu poder?, quines? Y, en tal caso: qu haran el da despus?, quines?, con quines?, cmo?

Para qu se quiere o se necesita el poder poltico-institucional? Pues para impulsar cambios en la realidad social, promover la organizacin y ampliacin del sujeto poltico-social en su desarrollo hacia la conformacin de la fuerza social de liberacin, capaz de constituirse en conduccin soiopoltica popular del proceso histrico de cambios, desde abajo, en los mbitos parlamentario y extraparlamentario. Y para pensar colectivamente, decidir y realizar los cambios raizales, en la medida que el conjunto de condiciones sociales, culturales, de conciencia, organizacin, y en la subjetividades, as lo haga posible transformando la correlacin de fuerzas anclada en el poder constituido, desde el nuevo poder constituyente.

-De la izquierda del deber ser a la izquierda del ser

Ser de izquierda significa que se es revolucionario, no que se recitan textos, ni que se dicen bonitos discursos, o que se tienen perfectos programas. Ser revolucionario es ser parte del proceso colectivo de cambio del mundo en sentido de justicia, equidad, paz, progreso humano, en el sentido y con el contenido que esto tiene para el horizonte revolucionario Qu cantidad de cambios hay que hacer en cada momento y a qu velocidad han de realizarse? Nada de ello puede definirse fuera de la arena de los acontecimientos y sus contradicciones. No hay recetas; no hay frmulas. Se trata de una pulseada permanente con el poder del capital en general y con los nichos de su hegemona que estn dentro de nosotros mismos.

La teora revolucionaria no puede existir fuera de los procesos revolucionarios y sus sujetos; es gua para la accin en tanto emana de ella, se nutre y enriquece en las prcticas socio-transformadoras y hacia ellas vuelve, marcando aciertos, errores, desafos, mostrando trampas y abriendo caminos estimulando la marcha. Es pensamiento crtico de las prcticas revolucionarias, por eso puede orientarlas, ser gua para la accin. Lamentablemente, esta expresin se tom al pie de la letra, mecnicamente, suponiendo que para ello deba haber una doctrina correcta, cientfica, previa a los acontecimientos. Ella, como si fuera una linterna, habra de conducir a los pueblos en lucha por el buen camino, alejando a sus conducciones de errores y derrotas. Nada ms alejado de la realidad, de la propuesta epistemolgica de Marx, y de la verdad histrica.

No existe una teora absoluta sobre el comunismo, el socialismo comunista, comunitario, o del siglo XXI, esperando en el algn lugar (fuera del mundo), para ser aplicada a cada realidad. Nada ms apriorstico y dogmtico que ello. Como ya advirtiera Marx, esta es la oposicin tpica del idealismo entre la realidad y lo que debe ser, paradjicamente el rasgo caracterstico del mal llamado marxismo cientfico en el siglo XX. [Marx,C., 1966: 11]

La ideologa, el pensamiento crtico revolucionario, el pensamiento poltico y social se van construyendo permanentemente, es decir, estn en constante cambio, con los acontecimientos histricos, con la maduracin de conciencia de los sujetos en sus prcticas, con las dinmicas de las luchas sociales de clases, etctera. Como advirtiera Maritegui: es una creacin heroica de los pueblos, y por tanto, hay que rescatar esa creacin, sistematizarla y conceptualizarla y reconceptualizarla permanentemente, desde abajo, en articulacin orgnica con los sujetos colectivos de las prcticas sociales, siendo a la vez- parte de ellos.

-Del enfoque analtico abstracto a la mirada analtica sistmica (concreta)

El autor presenta sus enfoques an atrapados por los lmites del pensamiento lineal‑fragmentario propio del siglo XX: aborda las cuestiones ecolgicas o de la naturaleza de modo aislado, igualmente lo relativo a pobreza, desarrollo, democracia como si estas problemticas sociales se pudieran analizar y resolver aisladamente, sin contar con un enfoque integral sistmico de la realidad social en cada momento (integrando economa, poltica, cultura, modo de vida). Concuerda con el Buen Vivir levantado por los gobiernos, pero les recrimina que no lo llevan a cabo.

La pregunta, en tal caso, sera: Cmo saber si lo llevan a cabo o no?, a partir de qu elementos?, desde dnde, con quines y con cules parmetros medirlo? Porqu? Indudablemente hay que entrarle de lleno a estos debates.

Urge reflexionar sobre las condiciones de la transicin en la situacin actual del mundo y de nuestras sociedades, teniendo como punto de partida (y de llegada), las experiencias de los actores sociopolticos que las llevan adelante, sus y las subjetividades, identidades, cosmovisiones

-Recuperar la dimensin analtica y sistmica de la categora modo de produccin

Ser ecologista, por ejemplo, no implica necesariamente estar ubicado en el nuevo tiempo. Si se piensa en la ecologa separada del modo de produccin y reproduccin de la vida social, se mantiene la vieja concepcin de la naturaleza como objeto del cual la humanidad puede servirse, en tanto sujeto.

Integralmente, el debate acerca de la ecologa es parte del debate civilizatorio, del planteo claro de la indivisible interrelacin naturaleza-sociedad como clave para la defensa de la vida toda. Este resulta uno de los anclajes epistemolgico-cosmovisivo fundamental pues abre posibilidades para la creacin de un nuevo modo de produccin y reproduccin de la vida social, es decir, de un modo de vida, anclado en la indivisibilidad de la vida humana y de la naturaleza. Es por ello, un horizonte promotor de la creacin de una nueva civilizan (re-humanizada).

La civilizacin creada por el capital y su lgica de mercado amenazan a la sociedad y la naturaleza de muerte, el sistema mundo anclado en la produccin destructiva para satisfacer la voracidad creciente de ganancias de los centros del poder global del capitalismo actual, profundiza un sistema productivo-destructivo que no toma en cuenta el sistema reproductivo, es decir, no se hace cargo de las consecuencias o cargas sociales que su reproduccin sistemtica imponen a la sociedad (con nfasis en las interrelaciones humanas y sus modos de vida) y a la naturaleza. Encontrndonos al borde del abismo, la defensa de la vida se impone y es integral y reclama la construccin de una convivencia armnica entre sociedad y naturaleza como parte de un todo que se llama vida. Con esto quiero subrayar un elemento central: el contenido sistmico, interconectado de las problemticas a enfrentar y, por tanto, de las respuestas a construir para superarlas.

En relacin con esto, est claro que los caminos de la transicin hacia la nueva sociedad y el nuevo mundo ‑cuyo horizonte se redefine y abre con la llegada de estos gobiernos de la nueva izquierda progresista latinoamericana‑, ya no pueden analizarse con los lentes de una lupa del siglo XX, cuyos parmetros pertenecen a un mundo y un tiempo histrico que ya no existe.

Las problemticas de hoy no son exactamente las mismas de ayer, recicladas. Aunque muchas coinciden, se desarrollan en situaciones y dimensiones nuevas, con aristas e interconexiones no solamente nuevas, sino anteriormente desconocidas o inimaginadas. Por ello hay que descubrirlas y analizarlas tal como ellas existen y se manifiestan hoy.

Habra que ir incluso unos pasos atrs y ver si existe una claridad comn en la definicin acerca de cules son los pilares claves para avanzar hacia una civilizacin capaz de superar los males, las tragedia, los modos de interrelacionamiento y pensamiento humanos de la civilizacin actual, regida por la lgica del metabolismo social del capital.

Un recorrido por las programticas de los actuales gobiernos progresistas, de izquierda, revolucionarios o populares de la regin parece indicar que no es as. Esto refuerza la necesidad de centrar las reflexiones tambin en este aspecto ‑aunque sin pretender unificar o encasillar procesos socioculturales profundamente diferentes‑, para ir fortaleciendo, tal vez, sus posibilidades de encaminarse hacia la construccin de convergencias estratgicas. Esto es parte de los desafos del presente. A ello se anudan interrogantes claves. Entre ellas:

Quines son los creadores y protagonistas de las definiciones del rumbo de los cambios, de sus contenidos, sus ritmos, etc.? Puede el pueblo de un solo pas, aisladamente, en el mundo globalizado, crear y construir una civilizacin nueva?, en qu aspectos s y en qu debe hacerlo interarticuladamente con otros? Cul es el sentido de la integracin latinoamericana?, est relacionada con la posibilidad de construir un referente regional capaz de correr el horizonte civilizatorio mas all de los lmites del capital o es solo un campo formal para el intercambio mercantil y diplomtico?, etctera.

Reflexionar sobre esto ayudar a pensar hasta dnde un proceso de cambios sociales raizales puede avanzar dentro del capitalismo, realidad sociopoltica, econmica y cultural en la que viven y se desarrollan todos los pases, gobiernos y procesos del mundo, y desde la cual y en la cual tambin creamos, construimos los cambios y pensamos la transicin. Ello contribuira, por ejemplo, a matizar o reinterpretar la expresin del autor cuando, refirindose a los gobiernos de la nueva izquierda o progresistas latinoamericanos, dice: en algunos casos hay una retrica de denuncia al capitalismo, pero en la realidad prevalecen economas insertadas en ste....

Acaso supone el autor que los que ganaron las elecciones podran romper inmediata y tajantemente con el capitalismo? Cmo?, con cules fuerzas sociales?, con cuales propuestas?, reemplazndolo con qu sistema?, apuntalando cul civilizacin? Acaso considera el autor que ya existe, prefabricado, el nuevo sistema productivo-reproductivo social que puede reemplazar al del mercado, y que solo se tratara de aplicar su recetario a las realidades concretas? Se trata acaso de aplicar o de crear, construir y apostar a lo nuevo, conocindolo en la medida que se lo va creando y construyendo? Estas son solo algunas interrogantes que pueden estimular el pensamiento colectivo acerca de estas problemticas de fondo.

Est claro que los pueblos no saltan al vaco; los grandes cambios sociales ocurren siempre por acumulacin, a partir de desarrollar las fuerzas sociales, econmicas, culturales y polticas del pueblo capaces de desplazar (imponerse sobre) el entonces- viejo orden metablico social. Esto supone procesos histrico-sociales de creacin colectiva de los pueblos, su autoconstitucin en sujetos polticos de su vida, de su historia; supone la refundacin democrtica de nuevas institucionalidades e instituciones, de nuevas interrelaciones entre todos los integrantes de una sociedad, y con el mundo entero y con la naturaleza.

No se puede vivir en libertad en un mundo plagado de injusticias, salvo desde una posicin individualista: Si yo estoy bien, no me importan los dems. No hay salida individual, por pases, si no hay salida para todos los pases, global. Se trata, entonces, en principio, de una transicin anclada en diversos procesos integrales de cambios en el mbito de cada pas que tendern a orientarse hacia el mismo rumbo y horizonte estratgico. En materia de integracin, este es uno de los mayores desafo: definir un rumbo y un horizonte civilizatorio colectivos capaz de traccionar los procesos locales y regionales en una misma direccin, y definir cul es esa direccin para encaminarse hacia el horizonte comn. Es entonces cuando la paciencia histrica, as como la creacin sostenida y la resistencia al capital y sus tentaciones cotidianas, se imponen como realidad.

Si se acepta que los procesos todos se desarrollarn durante bastante tiempo dentro del capitalismo, es de suponer entonces, pulseadas constantes, palmo a palmo, con el poder del capital, luchando por construir, sostener y desarrollar desde abajo otra hegemona, popular, orientada a abrir cauces a una nueva civilizacin, anclada en el Buen Vivir y Convivir. En esta perspectiva, tal vez lo que el autor define como retrica anticapitalista de los gobiernos, resulte, en algunos casos, un recurso pedaggico poltico orientador-estimulador de cambios y creaciones, fortalecedor de procesos en curso que -desde abajo- alimentan las esperanzas y las utopas del nuevo mundo, hacindolas realidad da a da en sus comunidades, en sus economas, en sus modos de vida solidarios, en un respeto creciente a la naturaleza recuperndola como sujeto de vida y para la vida, creciendo en la conciencia integral de la vida y de los modos de vida.

Todo esto supone un proceso integral de cambios en la concepcin del mundo, del progreso, el bienestar, el desarrollo, la economa, la sociedad y las interrelaciones humanas y con la naturaleza. Nada puede verse, pensarse o resolverse por separado. Una nueva mentalidad, un cambio cultural se impone.

-Una nueva concepcin de totalidad se abre paso

Es interesante notar que en el tiempo en que los posmodernistas anunciaban el fin de la totalidad y del relato colectivo, revive con fuerza el pensamiento cientfico que argumenta la concatenacin universal de los fenmenos en la naturaleza y en la sociedad. Por supuesto, se trata de una totalidad nueva, profundizada y ampliada con el apoyo de la nano-sociologa hasta lo macro, siempre con la mirada integradora que anuncia que lo analtico (fragmentado) es parte de un fenmeno social mayor al que se articula y que en esa articulacin se define socialmente, o ms exactamente, se interdefine permanentemente en procesos de interaccin constante y redefiniciones mutas, cambios, saltos Tales son las dinmicas sociales dialcticas, ms precisamente identificadas ahora como tales, por la denominada teora de la complejidad.

-El lugar central de los procesos est en los sujetos

No hay teora, ni propuesta, ni programa ni organizacin que pueda desplazar o sustituir el protagonismo creativo colectivo de los sujetos sociales y polticos, su capacidad para (auto)constituirse en fuerza sociopoltica de liberacin, conduccin poltica colectiva del proceso de cambios en los mbitos parlamentario y extraparlamentario (conjugados, articulados). Concebir la actual tarea histrica civilizatoria de defensa integral de la vida, desde las lites, grupos reducidos, llmense estos partidos, movimientos, ongs implica quedar atrapado por una retrica testimonial que, a lo sumo, puede servir como justificacin personal frente a la titnica labor colectiva de los pueblos abocados a crear el mundo que ha de sustituir a este.

-La interculturalidad y descolonizacin

Y esto alude directamente a presupuestos nuevos, que den cabida a la diversidad de actores, con sus modos de vida, cosmovisiones, cosmopercepciones, sus identidades, subjetividades, aspiraciones, propuestas es decir, habla de superar el obsoleto paradigma dogmtico acerca del sujeto revolucionario, que lo limitaba a una supuesta clase obrera industrial que, en rigor, nunca existi en Latinoamrica, llama a dejar atrs el eurocentrismo negador de los pueblos indgenas como sujetos con plenos derechos y capacidades, llama tambin a abrir espacios polticos a las mujeres con sus pensamientos liberadores, como a todos/as los marginados/as o excluidos/as segn sus capacidades fsicas, sus identidades sexuales, etc., en resumen, llama a abrir las prcticas polticas a la perspectiva intercultural para concebirlas desde este lugar, reclamando por tanto, una mirada que d cuenta de los dismiles intereses de los diversos actores y sectores que conforman el llamado campo popular.

Esto supone tambin hacerse cargo de las disputas de poder que tienen y tendrn lugar en el seno del pueblo y que acompaarn la creacin del nuevo mundo buscando nuevas relaciones y modalidades de organizacin y accin que vayan superando la verticalidad jerrquica instalada como el saber hacer de la humanidad durante milenios. Sobre esta base se podrn ir abriendo pasos hacia una perspectiva de interrelacionamiento cada vez ms horizontal, reconociendo la igualdad entre los diferentes, en derechos, identidades, subjetividades, modos de vida, estableciendo condiciones para la convivencia de las diferencias sobre la base de equidad y la complementariedad. La democracia ocupa aqu un lugar central, puesto que limitarla a aquella representativa o directa‑ que solo reconoce el derecho de las mayoras es, en realidad, una modalidad encubierta de autoritarismo, pactado y reglamentado en las constituciones.

El derecho es siempre para quienes lo necesitan, no para quienes lo poseen, es decir, alcanza tambin a las minoras, a los relegados/as de siempre, a los subordinados/as y excluidos/as histricos Y su reconocimiento y ejercicio efectivo hay que construirlo colectivamente. No hay modos de convivencia colectiva que puedan imponerse a la humanidad, por muy perfectos que ellos resulten en la propuesta terica. De ellos hay sobradas muestras en la historia reciente.

Por ello, la interculturalidad presupone, se asienta y promueve, la descolonizacin cultural (modo de vida y de pensamiento) de nuestras realidades, desde la historia hasta el futuro pasando por el presente. No dice solo respecto de la colonia, la conquista y colonizacin emprendidas en el siglo XV. Teniendo en cuenta que la conquista y colonizacin de Amrica, genocidio mediante, implant el capitalismo en estas tierras, los actuales procesos de descolonizacin comprenden todo el perodo histrico, desde tiempos de la llegada del capitalismo a nuestras tierras de la mano de la conquista y colonizacin hasta la liberacin del jugo del capital en lo econmico-social y cultural, en el modo de vida, de percepcin, de conocimiento, de interrelacionamiento humano y con la naturaleza.

Para expresarlo sintticamente: interculturalidad y descolonizacin constituyen pilares claves promotores de la nueva civilizacin, anclados en la equidad, la solidaridad y la bsqueda de armona en la convivencia humana y con la naturaleza y, todo ello, sustentado en un nuevo modo de produccin y reproduccin, cuyo ciclo garantice la reproduccin de la vida humana y de la naturaleza. Se trata de un proceso bsqueda y creacin colectivas de una nueva racionalidad del metabolismo social, proceso que Franz Hinkelammert define como: racionalizar lo racionalizado (por el capital).

Esta es, en trazos gruesos, la situacin.

Dibuja un tiempo movido por un gran tembladeral histrico en el que transitamos sacudidos permanentemente por reajustes o resquebrajamientos de la agonizante civilizacin construida y regida por el capital. No es de extraar, por tanto, que los caminos diversos que hoy se plantean acerca de la transicin orientada a una superacin de esta civilizacin, provoquen mas incertidumbres que certezas. Vamos a un mundo nuevo, que depende de nuestras capacidades. No viene del ms all; no hay nadie que a priori lo haya prediseado para nosotros Como dice Silvio Rodrguez, la revolucin se hace a mano y sin permiso.

-El Estado, actor central o herramienta popular para la transicin?

Destaco particularmente, en primer lugar, lo referente a la concepcin y el papel del Estado, tanto en los inicios de los procesos de cambio orientados a la transicin, como a los cambios que necesariamente habrn de ir suscitndose en el curso de esos procesos.

En este aspecto, se plantea una diferenciacin entre los procesos encabezados por los gobiernos populares del continente, puesto que algunos de ellos, tal vez mejor avenidos a la definicin de progresistas dada por Gudynas, se plantean ser una variante prolija del capitalismo, definiendo a esta civilizacin como su horizonte histrico.

Recuperar el papel central del Estado como institucin pblica garante de derechos sociales y del respaldo econmico para el ejercicio efectivo de esos derechos, es apenas un primer paso, casi obligado, del que arrancan los gobiernos dada su situacin posneoliberal inicial. Pero superado ese momento, se abren interrogantes claves. Entre ellas: Es el Estado un actor central del proceso o es una herramienta? Si es una herramienta, de quines y para quienes?. Y en ambos casos, quines lo motorizan y conducen?, es decir, quines son los protagonistas del proceso? Y aqu se abre una inmensidad para pensar y reflexionar. Aunque no es factible ahora adentrarme en este tema, vale recordar que el Estado, como toda institucin pblica, es la personificacin de un poder de clase social especfico, est hecho a su medida y en funcin de la defensa de sus intereses, que representa y para lo cual fue constituido. Es absurdo entonces, sostenerlo tal cual, es decir, ajustado a la defensa de esos intereses y su jurisprudencia y pretender que, a la vez ‑en tales trminos‑, pueda resultar una herramienta de cambio social.

-Potenciar la participacin y el control popular

Para poner la direccin en este rumbo hay procesos democratizadores transformadores imprescindibles, como por ejemplo, las asambleas constituyentes, cuya realizacin abre jurdicamente- las puertas a la participacin de la ciudadana popular (movimientos indgenas y sociales) en la definicin de las polticas publicas y la gestin de lo pblico, de sus territorios, sus comunidades, etc. Esta participacin habr de incrementarse sustantivamente en funcin de las tareas que los pueblos se tracen en cada momento, de ah que las asambleas constituyentes sern varias, tantas como lo demande el proceso democratizador revolucionario en cada sociedad.

‑Transformar raizalmente la democracia

Los procesos democrtico revolucionarios necesitan transformar la democracia, abrirla a la diversidad de ciudadanas que habitan en nuestras tierras, apostar a la participacin de los pueblos desde abajo, avanzar hacia la plurinacionalidad, en cada pas y en el continente.

No hay posibilidad de Estado plurinacional sin democracia plurinacional, pero esto hay que crearlo y construirlo, sostenerlo y desarrollar, en cada pas y en el continente. La revolucin democrtico-cultural que tiene lugar en Bolivia, por ejemplo, lleva en esto la delantera, es el laboratorio de la nueva Latinoamrica, plurinacional, intercultural y descolonizada. No es que ya haya madurado como Estado plurinacional, pero esta definicin ubica la plurinacionalidad en el horizonte y en los imaginarios, estimulando y traccionando el proceso hacia ese rumbo. Esto es parte de la conduccin poltico-ideolgica de los procesos.

Qu estn llenos de errores?, obviamente. Lo contrario sera propio de un engao.

No hay nada que hagamos, saliendo de las entraas del mundo regido por el mercado y su lgica mezquina y competitiva que pueda ser puro y propio de un mundo otro, que todava no ha sido creado por nosotros. Su alumbramiento ocurrir mediante un parto doloroso, pero como en todos los caos, ser maravilloso y balsmico. Por eso, en este contexto, ms que la razn individual que es importante, sobretodo para quien la sostiene-, es primordial aportar a la construccin de la razn colectiva, sustento de la voluntad colectiva. Esto no significa, sin embargo, que haya que silenciar las opiniones o crticas a los procesos; siempre que se hagan desde adentro, redundarn en beneficio colectivo, incluso si ellas tambin contienen errores.

No hay arbitro individual ni colectivo, partidario, onegestico o institucional estatal o religioso que pueda dictaminar quin tiene la razn y quin no. No hay nada mas feo en poltica que la razn de Estado, en todos los casos.

Los intelectuales (orgnicos) no pueden diluirse en la gestin del gobierno o el Estado; ciertamente deben estar comprometidos, entrar al fango de la vida real, ser parte de las bsquedas y los procesos de construccin de lo nuevo; pensar desde afuera de los procesos no aporta, pero tampoco su exgesis. Es necesario ser parte, estar comprometidos y, a la vez, mantener un distanciamiento critico, necesario para que sea posible aportar al proceso colectivo. En esa interrelacin, ser uno ms, no aporta.

En resumen, considero que un trabajo como el que me ha movido a escribir estas lneas es un ejemplo palpable de las contradicciones de la diversidad de miradas, juicios y prejuicios que atraviesan los procesos polticos abiertos con los actuales gobiernos populares en el continente. Ellos tal vez abran cauces a transiciones que podran desarrollarse a partir del presente, es decir a partir del inicio de las etapas posneoliberales, de la mano de grandes luchas sociales, intentan ahora embanderan procesos de cambios raizales.

Que estas reflexiones contribuyan a promover debates necesarios acerca de la transicin hacia el mundo nuevo, alentando la bsqueda de un nuevo modo de produccin y reproduccin que haga posible el Buen Vivir y Convivir entre la humanidad y la naturaleza, anclado en nuevos paradigmas de bienestar, progreso, desarrollo y democracia, alimentando as un nuevo pensamiento critico revolucionario que nos convoca hoy a defender la vida atravesando los campos minados por el capital, sin entrenamiento previo.

Tales son algunos desafos.

Bibliografa empleada

Gudynas, Eduardo (2013) Amrica Latina. Izquierda y progresismo: la gran divergencia, ALAI http://alainet.org/active/70074

Rauber, Isabel. (2012) Revoluciones desde abajo. Ed. Continente-Pea Lillo, Buenos Aires.

Marx, Carlos. (1966) Crtica de la filosofa del estado de Hegel, Editora Poltica, La Habana.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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