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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2005

Las malas noticias de la petroguerra

Jorge Beinstein
Rebelin


El Imperio barranca abajo

El atentado de Londres puede ser visto como la culminacin de una serie de malas noticias para el Imperio llegadas durante las ltimas semanas y que constituyen claras seales del empantanamiento de la petroguerra . La confrontacin se inici hace algo ms de tres aos a partir del ataque contra las Torres Gemelas aunque es posible constatar que el aumento vertiginoso de los gastos militares de los Estados Unidos no comenz el 11 de Septiembre de 2001 sino mucho antes (ver grfico Gastos militares de Estados Unidos). Lo que avala las hiptesis acerca de la complicidad activa o pasiva de las autoridades estadounidenses con esos hechos buscando as aprovecharlos polticamente. Dicho de otra manera, existe una dinmica militarista lanzada hacia el fin de la presidencia de Clinton (guerra del Kosovo) coincidente con el auge de la burbuja consumista-burstil y sntomas notorios de degradacin institucional, ese primer envin contribuy a preparar las condiciones para la llegada de los neoconservadores al gobierno quienes desataron una segunda burbuja financiera y aceleraron la carrera blica. Si profundizamos el anlisis deberamos remontarnos hacia comienzos de los aos 1980 cuando la presidencia de Reagan dio el empuje decisivo al proceso de deterioro de la cultura productiva norteamericana combinado con enormes gastos militares y la emergencia de redes de negocios especulativos: el cncer parasitario termin por hacer su gran metstasis dos dcadas despus.


Podemos destacar tres malas noticias previas a los hechos de Londres: el avance arrollador de la resistencia irak, la victoria electoral en Irn de la lnea dura antinorteamericana y la expansin de la guerrilla afgana, dichos acontecimientos marcan un giro decisivo en el panorama internacional.

Irak

Las declaraciones triunfalistas en mayo pasado del vicepresidente Dick Cheney (la insurgencia irak esta dando sus ltimos suspiros) aparecen ahora como provenientes de un lejano pasado, solo un mes despus el jefe del Pentgono Donald Runsfeld sealaba que la insurgencia podra seguir durante cierto nmero de aos... cinco, seis, siete, ocho, 10, 12 aos" para agregar a rengln seguido que las autoridades norteamericanas haban realizado contactos con ella. Al mismo tiempo circulaban documentos y declaraciones originados en la CIA o en el alto mando militar (con diversos grado de respaldo formal) augurando por lo general un porvenir negro para la aventura afgano-irak, desde el General John Abizaid, mximo jefe militar estadounidense para Asia Central y Medio Oriente, admitiendo un incremento decisivo en las operaciones de la guerrilla irak durante el ltimo semestre, hasta el informe secreto de la CIA (pero difundido por el New York Times) sealando el surgimiento de una nueva generacin de combatientes islmicos a lo largo de todo el mundo musulmn comparable por su magnitud con la nacida a partir de la guerra de Afganistn en los aos 1980. Aquella vez la guerra santa estaba dirigida contra los soviticos pero ahora (sobre a todo a partir de la invasin a Irak) asume un definido perfil antinorteamericano (1).

En realidad las declaraciones de Cheney fueron los ltimos suspiros de una campaa meditica tan avasalladora como mentirosa, desde los primeros meses de la ocupacin norteamericana era evidente que la resistencia se extenda de manera irresistible y que los ocupantes en lugar de ampliar su base social la reducan cada vez ms. Este proceso dio un verdadero salto cualitativo en el ltimo trimestre: por una parte se hizo patente el fracaso en la construccin de una polica militar irak ttere, sus reclutas son blanco de ataques devastadores y cuando entran en operaciones suelen eludir el combate o desertar. En segundo lugar, y esto es lo ms grave, la resistencia ha pasado de los pequeos ataques iniciales de muy reducida duracin a grandes operativos, prolongados en el tiempo, muy bien coordinados y eficaces: la guerrilla dispersa del 2003 es ahora una articulacin de ejrcitos populares slidamente enraizados en la poblacin. Un ejemplo reciente de ello fue el ataque masivo a mediados de junio contra el cuartel policial de Baya'a, el ms importante de Bagdad. Dur cerca de dos horas, en sucesivas oleadas y mostrando una frrea disciplina varios centenares de combatientes (tal vez un millar) mantuvieron en jaque a las fuerzas estadounidenses y sus subordinados irakes. Es el inevitable paso, bien conocido en la historia de la guerra de guerrillas, de la pequeas unidades de combate que hostigan el enemigo a grandes estructuras que entablan verdaderas batallas (2). En el plano irak las fuerzas ocupantes aparecen aisladas de la poblacin en una actitud estratgica defensiva y sin poder consolidar un subsistema de poder local mnimamente estable, frente a ellas la guerrilla deviene ejercito, poder. Coincidente con esto en el territorio norteamericano las encuestas de opinin empiezan a mostrar que el grueso de sus habitantes oscila entre el pesimismo respecto del futuro de la guerra hasta llegar a la exigencia del retiro de las tropas.

Irn

La segunda mala noticia lleg tambin desde el Medio Oriente. Un pieza decisiva de la estrategia de ocupacin de Irak fue la manipulacin de rivalidades tnicas (siguiendo el modelo yugoslavo), uno de cuyos objetivos centrales era obtener la complicidad de una porcin importante de los shiitas enfrentndolos con los sunitas considerados la base principal de la resistencia. Pero los shiitas irakes tienen su retaguardia cultural en Irn donde el shiismo protagoniza un proceso revolucionario desde hace un cuarto de siglo. Adems en el 2003 los halcones de Washington aspiraban a replicar en Irn su victoria militar de Irak, pero con el correr del tiempo esas ilusiones se fueron enfriando a medida que se hundan en el pantano irak. Sin embargo siguieron hostilizando a Irn creyendo que as terminaran por doblegar al gobierno moderado del presidente Khatami, representante de la alta burguesa local, en especial en su poltica energtica pero tambin obligndolo a presionar a los shiitas irakes para que estos se sometan a la estrategia del ocupante. Pero la prolongacin de la masacre colonial en Irak sumada a las bravuconadas imperiales contra Irn han contribuido de manera decisiva no a amedrentar a los iranes, como suponan ciertos estrategas de la Casa Blanca, sino a enfurecerlos contra el Imperio. La victoria electoral del futuro presidente Mahmud Ahmadinejad expresin de la radicalizacin de los sectores ms pobres, del pas profundo, levantando las banderas originales de la revolucin islmica, de Khomeini, claramente antinorteamericanas; significa un duro revs para los Estados Unidos, no solo en su poltica para el Gofo Prsico sino tambin en su estrategia petrolera global. No es casual que una de las primeras felicitaciones que recibi Ahmadinejad fue la enviada por Hugo Chavez (3).

Afganistn

La tercera mala noticia lleg desde la lejana Afganistn, casi olvidada por los medios internacionales de comunicacin. All, segn nos lo explicaban ciertos evaluadores occidentales, la colonizacin tenda a estabilizarse, la resistencia (en especial la conducida por los talibanes) estaba en camino a la extincin. Pero esos anlisis eran falsos, a lo largo del segundo trimestre de este ao Afganistn reapareci en las grandes publicaciones y pantallas de televisin de Occidente con cada vez mayor frecuencia. La multiplicacin de las operaciones de la resistencia crecientemente mortferas tratan de ser contrarrestadas sin mayor xito por las fuerzas de ocupacin con abundancia de masacres de poblacin civil (los famosos daos colaterales). Algunos expertos en el tema no dudan en hablar de la irakizacin de la guerra afgana (4), es decir: emergencia de una guerrilla tcnicamente eficaz y descentralizada, contando con apoyo el activo ascendente de la poblacin y el desconcierto de los invasores y su gobierno ttere local.

En la Casa Blanca con la llegada de Bush fue elaborada la teora de que la superpoderosa potencia militar norteamericana era capaz de ganar dos guerras importantes al mismo tiempo. La experiencia irak demuestra que el Imperio no puede enfrentar ni una sola guerra prolongada en la periferia, si a ese fracaso se le suma un segundo frente de gran envergadura (y las noticias provenientes de Afganistn sealan que eso podra llegar a suceder) es muy probable que en un futuro no muy alejado veamos a los halcones en serios apuros.

El fin de la impunidad colonial

Las tres malas noticias fueron ms que completadas por una cuarta el 7 de Julio de 2005. El atentado de Londres, algo ms de un ao despus del producido en Madrid, est marcando un hecho nuevo: el fin de la impunidad colonial. En las guerras coloniales del pasado (desde la conquista de Amrica hasta la guerra de Vietnam) las metrpolis podan seguir con su vida pacfica normal mientras sus tropas masacraban a los pueblos perifricos. Pero el siglo XX no transcurri en vano, los procesos de independencia y recuperacin o recreacin de identidades culturales en la periferia, la interpenetracin global (comunicacional, industrial, financiera, comercial, migratoria, etc.), y luego la marginacin y el aplastamiento de los pueblos pobres del planeta (aunque sometidos a una modernizacin intensa) han ido creando una realidad diferente donde los ms oprimidos al mismo tiempo que ven agravada su situacin perciben que pueden rebelarse y extender su mano hasta el centro imperial del mundo. A travs de redes humanas complejas los daos colaterales y otras humillaciones coloniales ocurridas en un remoto rincn de Irak, Afganistn o Palestina pueden ser ahora respondidas en el corazn del territorio imperial, han desparecido las inhibiciones culturales y los bloqueos tcnicos que lo impedan en el pasado. Al ocurrir esto las poblaciones de los pases ricos descubren que la guerra colonial produce una suerte de efecto boomerang que lleva la violencia hasta su propia casa, en otras palabras, la guerra colonial ba dejando de ser lo que era, una guerra en el otro mundo , subdesarrollado, es decir una subguerra asimtrica, para convertirse en guerra integral donde ambos espacios, el imperial y el colonizado, constituyen teatros de operaciones militares.

Los espaoles sacaron sus conclusiones sobre esto de manera inmediata cuando luego de los atentados de Madrid: acabaron con el gobierno de Aznar e impusieron el retiro de sus tropas de Irak. la paz fue su respuesta.

Repercusiones econmicas

La evolucin de la petroguerra empieza a impactar sobre las economas de los pases centrales y desde all al resto del mundo. La conexin entre las malas noticias enumeradas y el aumento del precio del petrleo es evidente, se trata de factores de la coyuntura que agravan, convergen, con una tendencia pesada del sistema global hacia el techo de mxima produccin de petrleo que estamos a punto de alcanzar y a partir del cual la economa mundial enfrentar la opcin siguiente: seguir creciendo para estrellarse con el colapso energtico o retardar dicho colapso con tasas de crecimiento econmico prximas a cero o negativas. Aunque para que esta ltima alternativa sea socialmente viable y no derive en una explosin de caos y desempleo sera necesario introducir cambios revolucionarios en la economa y la cultura que excederan de lejos las posibilidades del capitalismo, de su lgica de rentabilidad a cualquier costo. El bloqueo energtico global era tcnicamente previsible desde hace ms de tres dcadas cuando la hiptesis de King Hubbert restringida a la explotacin petrolera en Estados Unidos empez a cumplirse (la superpotencia inici su declinacin como productor de petrleo) y su extrapolacin a la produccin mundial sealaba que el mximo sera alcanzado entre la primera y la segunda dcada del siglo XXI a partir del cual se instalara la penuria energtica. Pero las vas alternativas de ahorro energtico e introduccin de nuevas fuentes de energa (solar, elica, biotecnolgica, etc.) pudieron desarrollarse de manera muy limitada, no solo debido a dificultades tecnolgicas (superables a largo plazo) sino bsicamente a su no adaptabilidad a la dinmica de acumulacin del capital, sus tasas de beneficios, su ritmo creciente de innovacin e incremento de la productividad, su cultura de consumo, etc.

El actual empantanamiento militar del Imperio trae o traer tambin a corto plazo otras consecuencias negativas para el sistema, entre ellas la persistente baja del dlar, resultado de los desajustes fiscales y comerciales de Estados Unidos, y la desaceleracin de la euforia consumista en dicho pas, nico mega motor de la demanda global. De ese modo la solucin neoconservadora (militarista) a la decadencia del Imperio deviene un catalizador de la misma, la crisis sigue su curso.

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(1) Pepe Escobar, Asia Times; Iraq, the new Afghanistan (Jun 24, 2005) y The first, not the last throes (Jun 25, 2005). (2) ibid.

(3) M.K. Bhadrakumar, Left, Right: Iran and Venezuela in lockstep, Asia Times, Jul. 8 2005.

(4) Goinaz Esfandiari, Afghanistan, Iraq-style, Asia Times, Jul. 13 2005.



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