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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2014

Los libertarios en Chile y la participacin electoral

Jos Antonio Gutirrez D. y Rafael Agacino
Rebelin


Nota: Este artculo comenz como una serie de intercambios de ideas que fueron tomando forma hasta llegar a la versin actual. Una versin preliminar de este artculo ya ha circulado, pero aunque esta versin es la definitiva, estamos lejos de creer que esto es un trabajo acabado. Si bien el destinatario principal es la corriente libertaria, las opiniones las escriben dos autores de "culturas distintas" (libertaria y marxista). Lo que ponemos en debate, sin embargo, es que la decisin de un sector de los libertarios de meterse a lo electoral tiene efectos ms all de ellos y debe evaluarse en la perspectiva de su impacto sobre toda la izquierda revolucionaria.
 
Las recientes elecciones presidenciales en Chile, donde la no participacin superior al 50%- fue la ganadora absoluta, podran calificarse de totalmente normales a no ser por la aparicin de un sector de la izquierda libertaria, que sorpresivamente se subi al escenario poltico-electoral. En efecto, la Red Libertaria (RL) se sum decididamente y de manera entusiasta a la plataforma Todos a la Moneda, cuyo candidato fue Marcel Claude[1]. Esta plataforma aglutinaba a la Unin Nacional Estudiantil (UNE), a sectores sindicales como el SITECO y los bancarios, con propuestas polticas como el Partido Humanista, Izquierda Unida, el Movimiento Patritico Manuel Rodrguez y la mencionada RL.
 
Como era de esperar, esta decisin produjo una sensacin de malestar y desorientacin en sectores que se reclaman del movimiento libertario, amn de la sorpresa que se llev la izquierda revolucionaria no libertaria que haba llamado a la abstencin activa. En el campo libertario se produjeron, quiebres, recriminaciones y desnimo. No slo la decisin en s de participar en elecciones produjo esta reaccin telrica en el movimiento libertario chileno, sino la manera en que aquella se tom (con acusaciones de secretismo, imposicin de consignas, falta de transparencia y debate, etc.), segn se desprende de una serie de comunicados producidos por sectores escindidos de la OCL-Chile (organizacin que ha sido impulsora de RL), por el Frente Anarquista Organizado (FAO), el CAL y la Red Libertaria Estudiantil (RLE)[2].Las rplicas de este sismo poltico se sentirn, con seguridad, por un buen tiempo.
 
Nuestro propsito no es cuestionar las formas mediante las cuales tal decisin fue tomada (o impuesta, segn quien opine) y sus implicancias para el movimiento libertario en Chile. Creemos que eso compete a quienes se encuentran vinculados por lazos orgnicos a las expresiones polticas que crearon RL o que se escindieron de ella. Tampoco nos ocupa, primordialmente, el impacto que tal decisin tuvo para el campo que se reclama de la tradicin anarquista. Aparte de las declaraciones mencionadas, ya han sido producidos argumentos robustos, entre otros, por Arturo Lpez y Pablo Abufom.[3] Mucho menos nos proponemos hacer un anlisis del programa de Todos a La Moneda o de las fuerzas polticas que sustentaron esta plataforma. Nos interesa, en cambio, evaluar el impacto que esta decisin ha tenido para un sector mucho ms amplio del pueblo que el representado por esta plataforma electoral y mucho ms amplio que aquellos sectores provenientes de la tradicin libertaria. Compartimos nuestras reflexiones para contribuir al debate de carcter tctico y estratgico en este proceso de recomposicin del movimiento social en Chile.
 
 
Los libertarios y la cuestin de la participacin electoral
 
Los libertarios, tradicionalmente, han estado en contra de la participacin electoral de los revolucionarios. En gran medida esto es lo que los distingui, en el seno de la Primera Internacional, de las diferentes corrientes socialdemcratas[4]. Sin embargo, ha habido ocasiones excepcionales en las cuales los anarquistas han promovido candidaturas o participado en elecciones. Se cita frecuentemente el caso de las elecciones en Espaa en 1936, pero hay ms casos, como algunas candidaturas de protesta levantadas en Italia o Francia a fines de la dcada de 1870 y comienzos de 1880 (tctica defendida por Carlo Cafiero en su famoso artculo La Accin donde se define tambin la propaganda por el hecho). En el contexto represivo que envolvi a Europa despus de la represin de la Comuna de Pars, Bakunin recomendaba a algunos de sus seguidores en Italia participar en plataformas electorales junto a los socialistas reformistas. Tambin la FCL francesa particip, en medio de la paralizante represin en la Francia de mediados de los 50 en guerra contra los secesionistas argelinos, en elecciones locales (hecho que el mismo Georges Fontenis, principal dirigente de esa agrupacin, reconocera ms tarde como un error)[5].
 
Sin embargo, el hecho es que en la inmensa mayora de los casos los anarquistas -tradicin poltica que origina el vocablo libertario- han sido hostiles a la participacin electoral y por buenas razones. Uno de nosotros ha escrito en el pasado que:
 
"Los anarquistas no estamos de suyo, por definicin, en contra de las elecciones como mecanismo; si en las elecciones llamamos a anular el voto o a no votar, es por el contexto dentro del cual este voto se ejerce: dentro del aparato de Estado, que de esta forma valida su dominacin sobre quienes nos vemos excluidos de la toma de decisiones (). Nuestra oposicin no es al voto en cuestin, sino que al aparato estatal en toda su dimensin."[6]
 
Por ello no es sorprendente que la decisin de sumarse al trabajo electoral haya causado revuelo y debate, ms an cuando se deja entrever que no es algo coyuntural, sino que es una nueva tctica en el arsenal de mtodos de RL que se aplicar, ritualmente, en todos los procesos electorales por venir[7].
 
Por su parte, aunque mucho menos excepcional, la participacin electoral y su rol en la tctica de la izquierda no libertaria, ha producido ros de tinta, y si bien sus vicisitudes histricas y polticas son importantes, no son un punto central para el presente anlisis.
 
 
El ritual electoral y la recomposicin de un bloque revolucionario en el Chile de hoy.
 
No puede tomarse la excepcin como regla. Es por ello que la participacin electoral de este sector que se reclama de la tradicin libertaria, no debe buscarse en la ideologa sino en la lectura que se hace del perodo histrico, entendiendo que la situacin de Chile en el 2013 no es comparable a la represin post-Comuna de Pars (que limit seriamente las posibilidades de accin e intervencin de un naciente movimiento obrero), ni al contexto del Plebiscito de 1988 en el Chile de la dictadura, ni a las condiciones de terror impuestas en el Kurdistn por la guerra sucia, ni mucho menos parecidas a las elecciones de 1994 en la Sudfrica post-apartheid, ni se viene saliendo de una estrategia fracasada de lucha armada.
 
El perodo abierto desde el 2006, est caracterizado por un ascenso de las movilizaciones populares y una trizadura del consenso en torno al modelo neoliberal impuesto en las ltimas cuatro dcadas. En este contexto, el discurso libertario, ha empezado a ganar influencia en franjas cada vez ms importantes, fundamentalmente estudiantiles (el reciente triunfo electoral de Melissa Seplveda en las elecciones de la FECH es prueba de ello), pero tambin sindicales, y en menor medida, en franjas poblacionales/territoriales. La izquierda clsica, sea reformista o revolucionaria, as como diversos sectores organizados del pueblo, tampoco han podido quedar indiferentes a este discurso y lo reconozcan o no, se sienten emplazados por aqul.
 
En la franja de organizaciones libertarias, un sector ha planteado que las movilizaciones sociales han alcanzado un techo - tesis, en nuestra opinin incorrecta- y que debemos pasar de una estrategia de construccin a una de disputa por la hegemona al bloque en el poder, tesis en correcta en general, aunque apresurada y poco matizada.
 
Ambas tesis las han articulado en una confusa y elstica consigna: la ruptura democrtica, con se argumenta que es posible conquistar y tensar mediante el voto programtico lo que la lucha popular en los sindicatos, en los territorios, en las comunidades y en el movimiento estudiantil no ha podido conseguir[8].
 
Creemos necesario debatir las premisas que subyacen a la citada consigna, pues sta, creemos, deriva de una lectura incorrecta y apresurada de la realidad usando elementos conceptuales tomados mecnicamente de otros contextos y otras experiencias, hecho que revela la falta de maduracin poltica en que todava estamos.
 
Respecto al primer punto, a nuestro juicio, la movilizacin social no ha alcanzado ni en trminos objetivos ni subjetivos, un techo. Las posibilidades de movilizacin son an amplias, la necesidad de movilizar sectores sociales ms all de estudiantes o ciertos enclaves obreros (minoritarios, por estratgicos que puedan ser) sigue estando a la orden del da. Esta movilizacin, que debe ser extendida, unificada desde abajo, cualificada en trminos de su combatividad, es el punto central para la reconstruccin de un movimiento popular con independencia de clase y capacidad de disputar la hegemona al bloque en el poder, tarea an en ciernes. En las actuales condiciones de debilidad del movimiento obrero y popular, la participacin (y derrota) electoral, en vez de contribuir a la unidad sobre la base de aumentar la capacidad de lucha del pueblo, como era la intencin de sus promotores, ha terminado, por el contrario, debilitando las bases de una acumulacin de fuerzas de ruptura. Tal tctica, de haber tenido algn sentido, slo era justificable si hubiera existido un estado tal de acumulacin de fuerzas propias que, independientemente del resultado, permitiera elevar la moral de lucha, fortalecer la organizacin popular y de los trabajadores, y que no implicara ceder ni la conduccin ni la iniciativa de movilizacin a los sectores reformistas, vacilantes o claramente reaccionarios.
 
En las condiciones actuales, esta aventura electoral, en el mejor de los casos, se tradujo en una ralentizacin durante meses de los procesos de construccin y de movilizacin poltico-social, y en el peor, someti a las franjas independientes a fricciones y fraccionamientos que, como sabemos, tendrn costos enormes sobre los procesos de construccin y de convergencia de los revolucionarios. Como lo plante un artculo de debate sobre la lnea asumida por RL escrito por Arturo Lpez: en el marco de la formacin social del Estado capitalista en Chile, () toda reforma que posibilite la transformacin parcial aunque sustancial del actual patrn de acumulacin y de su blindaje institucional demanda la organizacin ininterrumpida y permanente de las fuerzas sociales de cambio. Por tanto las elecciones en este caso no ayudan a crear conciencia, confunden, no promueven la lucha, todo lo contrario la paralizan tras un espejismo. No apunta directamente al logro de conquistas, sino que la deriva sustituyendo la movilizacin popular por un oscuro juego parlamentario.[9]
 
Respecto a la necesidad de pasar de la construccin a la disputa por la hegemona, es sin duda, una tesis correcta en general. Si bien el proceso construccin/disputa debe verse como una unidad dialctica, existen nfasis dependiendo del momento que se vive, y sabemos que el Chile actual an lleva profundas marcas de las derrotas estratgicas vividas en el perodo de 1973-1990. No podemos pecar de ser excesivamente optimistas del estado de construccin o de la combatividad del movimiento popular; la presencia en algunos enclaves sindicales o estudiantiles o en cargos de representacin no es una vara para medir la situacin del conjunto del pueblo. En los sectores populares la influencia de las ideas de ruptura con el orden del capital sigue siendo extraordinariamente baja, y no podemos reemplazar una lectura objetiva de la realidad con el deseo an cuando un sector del movimiento libertario, sobredimensione su propia importancia e implantacin.
 
Debemos reconocer los lmites objetivos para  el desarrollo de una estrategia revolucionaria en el Chile de hoy: entre la consigna construir poder popular y su construccin prctica hay un trecho demasiado grande. Es necesario identificar las limitaciones, los puntos de quiebre, las fortalezas desde las cuales construir. Pensar las posibilidades estratgicas en este perodo requiere no slo de realismo, sino de una buena dosis de creatividad poltica para no reproducir un esquema poltico (ie., el ritual electoral) que, aunque se venda como novedoso, est ms que trillado y es incapaz de convocar la imaginacin de una poblacin que se mantiene indiferente, a la vez que, contrariamente, no se hace ms que enviar una seal contradictoria a los que ya estn en lucha. La participacin electoral, parece ms bien la demostracin de que lo que realmente toc techo es la imaginacin de la izquierda revolucionaria y libertaria. 
 
Boicot electoral y construccin de poder popular desde abajo
 
La abstencin, como hemos dicho, fue la gran ganadora de las pasadas elecciones. De por s, esto no significa nada desde el punto de vista de acumulacin poltica las fuerzas rupturistas. Nadie, mucho menos la izquierda revolucionaria o los anarquistas, pueden reclamar la abstencin como una seal de respaldo poltico. De hecho, en la primera vuelta la capacidad de agitar la abstencin activa por parte de organizaciones populares y revolucionarias, fue muy escasa, en parte, debido a cierta confusin y desnimo generado por el lanzamiento de la candidatura de Claude. Fue y ha sido difcil reponerse de este impacto pues, en un pas como Chile, se entiende que se hace poltica slo cuando se vota o se levantan candidatos; si no es as, se asume que se est fuera de la coyuntura... Mirada estrecha de la poltica de unos, y escasa capacidad de organizacin nuestra para haber lanzado un boicot activo en las elecciones.
 
La decisin de RL de participar en las elecciones se hizo an ms difcil de entender pues, por una parte, el discurso libertario acrecentaba su influencia en franjas cada vez ms amplias del pueblo, y por otra, cuando la deslegitimacin del bloque dominante y sus instituciones alcanzaban su punto ms alto. En vez de contribuir con herramientas tiles para forjar una alternativa poltica por fuera del escenario poltico hbilmente trazado por el bloque en el poder (con el fin de adormecer y confundir el terreno real en el que se libra la lucha de clases), se contribuy a legitimar la institucionalidad en el reducido pero significativo crculo de influencia propio, fortaleciendo as la disociacin entre lo poltico[10] y lo social pese a las intenciones originalmente contrarias[11]. El mismo nombre de la plataforma electoral, Todos a la Moneda, en cierta medida expresaba ese fetichismo del poder poltico, esa estadolatra que Poulantzas describe como endmica de las capas medias, que ven al Estado como rbitro, neutro, justiciero, fruto de un contrato social por encima de la lucha de clases, fuente de todo poder[12], cuando en realidad la disputa de poder, de hegemona, se da con la burguesa en todas las esferas sociales, en mbitos mucho ms cotidianos.
 
Esta decisin ech por tierra uno de los contenidos ms potentes de la crtica anarquista del Estado democrtico-representativo, la crtica a la pretensin de crear, mediante el juego electoral, de:
 
un espacio artificial, ad-hoc y ficticio, dentro del cual se maneja, supuestamente, el mbito de lo poltico, dentro de lo cual se mueve la administracin del poder () es en este punto en el cual debe estar la crtica medular de los anarquistas a esta forma de ejercer la poltica: porque en nuestra concepcin, el poder debe ser ejercido por los propios afectados, en los espacios cotidianos, en todos los mbitos de nuestra existencia () Es por eso que el poder popular le debe hacer frente de la misma manera, enseorindose de nuestras propias vidas a cabalidad. (...) La no participacin en elecciones burguesas, no puede ser considerada uno de los fundamentos polticos de la militancia anarquista revolucionaria, sino que se debe desprender naturalmente de nuestra estrategia de construccin en el seno de la clase obrera. "[13]
 
Por ello sostuvimos que, desde la perspectiva de la recomposicin de un bloque revolucionario orientado hacia el fin estratgico de construccin de poder popular, la tctica ms acertada, aunque para nada fcil, en el momento actual era el boicot electoral Qu significaba una poltica de abstencin activa en la coyuntura?
 
 Denunciar tanto los cantos de sirena de la Nueva Mayora que nos instaba a participar como "ciudadanos", sujetos responsables, como tambin, el ilusionismo de los sectores de izquierda radical y libertaria que pretendan convencernos que el camino de la participacin electoral en las actuales condiciones es vlido para el perodo;
 llamar a impulsar y desarrollar la organizacin a todo nivel: escuelas, liceos, universidades, lugares de trabajo, barrios y comunas, en torno a las demandas locales, de los trabajadores y populares, anteponiendo a los ritmos de la poltica burguesa nuestra alternativa de construccin propia y desde abajo;
 llamar a acelerar los procesos de convergencia poltico-social por medio de referentes federativos que, respetando la vitalidad y la especificidad de las organizaciones de base, contribuyeran a unificar y amplificar la voz y opinin poltica de aquellos que optamos por la construccin de poder popular, coordinando horizontalmente las diferentes iniciativas populares de base.
 
 
Tarea titnica para la coyuntura y tambin para el perodo; pero que hay que asumirla sin maximalismos y sabiendo que la tarea de recomposicin del movimiento popular y revolucionario ser lenta, prolongada, para la cual no hay atajos posibles, que requiere sentar bases para desarrollar niveles de confrontacin y organizacin extendidos que puedan erosionar la actual hegemona neoliberal.
 
 
Proyecciones polticas para el perodo post-electoral
 
RL planteaba que Todos a La Moneda no sera un espacio meramente electoralista, sino un polo de construccin (ie., desde arriba) para la lucha de los de abajo. El hecho es que despus de las elecciones el panorama poltico para la izquierda revolucionaria, a pesar de las promesas grandilocuentes, en el mejor de los casos, no vara sustancialmente: siguen trabajando los mismos sectores en los mismos espacios que antes. Incluso peor pues el sector libertario y su crculo de influencia, as como la izquierda radical a la que se apel, se encuentra hoy ms fragmentada; cruzada por desconfianzas y nuevos recelos. En la misma plataforma electoral las querellas y disputas intestinas han agotado las ilusas proyecciones tcticas del espacio, hecho indudablemente exacerbado por el amargo sabor de la derrota.
 
La misma RL reconoce inequvocamente que el pobrsimo desempeo electoral de la plataforma es un fracaso: La votacin del 2,8% est muy por debajo de las expectativas, inclusive las ms pesimistas[14]. La derrota, sin embargo, no es solamente electoral como lo pareciera entender RL, sino tambin tctica, profunda, expresin de la incapacidad de crear un proyecto ajustado a las actuales condiciones de Chile y en oposicin a los rituales de auto-legitimacin de la democracia representativa y de las instituciones del Estado burgus. A la vez que no podemos sobredimensionar la poblacin crtica al sistema en base a una extrapolacin de las movilizaciones sociales recientes, tampoco suponer la emergencia de una alternativa poltica con la pura intervencin en las instituciones electivas del Estado (neoliberal). No en vano una parte significativa del movimiento de trabajadores y popular busca su recomposicin ensayando alternativas de accin directa y de auto-organizacin de base y horizontal. Y qu mejor momento para las corrientes libertarias cuyo discurso, despus de dcadas, encuentra eco en la propia prctica de las masas?
 
El perodo poltico abierto en Chile anuncia grandes complejidades para las clases dominantes y para el movimiento popular. El bloque en el poder debe reorganizar un sistema poltico cada vez ms desgastado y operar apelando a la zanahoria y el garrote. Y esto el pueblo lo sabe. Intentarn cooptar al movimiento popular y de trabajadores para legitimar los ajustes que tal reorganizacin requerir, contando ahora explcitamente con la anuencia de la obsecuente direccin poltica del Partido Comunista. Tambin sabemos que quienes no se sometan a las reglas de la "repblica" quedarn afectos a toda la fuerza estatal represiva reservada para quienes se niegan a seguir aguantando y reproduciendo la explotacin, la discriminacin, la desigualdad, la injusticia, la corrupcin y la destruccin de las bases socio-ambientales de la vida colectiva. Las franjas de la izquierda independiente, sean comunitaristas, marxistas, libertarias o socialistas, ya no pueden seguir ensimismadas y deben multiplicar sus nexos con el movimiento de trabajadores y popular, multiplicar sus esfuerzos para acelerar los proceso de convergencia poltico-social y generar las condiciones polticas para retomar la iniciativa y abrir camino entre las fisuras que afectan la dominacin poltica que impuso el Capital a partir de la contrarrevolucin neoliberal de 1973.
 
La unidad en la que los libertarios han sido tan insistentes, se convierte hoy no solamente en algo necesario, estratgico, sino que urgente. El debate, desde siempre no ha sido sobre la unidad sino cmo se comprende sta, cmo se desarrolla, cmo se construye. Es ah donde el anarco-comunismo criollo hizo una gran contribucin cuando el Congreso de Unificacin Anarco-Comunista levant en el 2002, la consigna: Unidad desde Abajo y en la Lucha. sta unidad es entendida como la construccin programtica desde las experiencias organizativas y de lucha realmente existentes, que contribuya al fortalecimiento de las organizaciones populares, verdaderos sujetos de la lucha revolucionaria () enfatizando el protagonismo poltico del mismo pueblo organizado en la tarea de madurar su posicin y mejorar su capacidad de combate[15], como ha sealado Pablo Abufom.
 
Estos debates competen al conjunto del pueblo, especialmente a su franja organizada y en lucha. Cmo proyectar las demandas del movimiento popular hacia una alternativa de claro quiebre con el actual sistema es una tarea urgente que no puede ser asumida sino mediante un debate profundo y pblico, colectivo, democrtico e informado; en el cual se respeten las diferencias en la bsqueda de puntos de confluencia y acuerdo, forjando consensos y no imponindolos. Hay muchos temas que quedan por resolver en el actual periodo para los revolucionarios: cmo luchar por las reformas ms all del reformismo; cmo articular estas luchas con  un proyecto socialista integral y liberador; cmo construir procesos de unidad sin renunciar a la independencia de clase; cmo avanzar en la construccin de poder popular evitando la burocratizacin; cmo cualificar estas luchas con ms discusin y formacin poltica; cmo forjar un movimiento de masas sin temer que nuestras posiciones no sean desde el comienzo mayoritarias. Todo esto, desde luego, desborda el objeto de estos comentarios. En este debate colectivo, que sin duda lo debe dar el conjunto de la izquierda revolucionaria, estamos convencidos que los anarco-comunistas tienen un rol fundamental que jugar y un aporte muy especfico, nico, que proporcionar al archipilago de fuerzas que pugnan por avanzar en la construccin de una alternativa al modo de vida impuesto por el capital.
 


[1] http://www.elciudadano.cl/2013/07/01/72475/declaracion-publica-de-la-red-libertaria/  
[2] http://anarkismo.net/article/26441 http://anarkismo.net/article/26283 http://anarkismo.net/article/26394 http://www.elciudadano.cl/2013/11/04/97420/declaracion-nacional-de-ocl-ex-ocl-chile/
[3] http://www.perspectivadiagonal.org/una-izquierda-libertaria-de-intencion-revolucionaria/ y http://www.perspectivadiagonal.org/los-horizontes-del-movimiento-libertario/
[4] Obviamente, esto no era lo nico que distingua a bakuninistas de marxistas, ni tampoco la diferencia tctica debe considerarse al margen de otros factores de disenso. El debate que llev al quiebre de la Primera Asociacin Internacional de Trabajadores fue bastante ms complejo que a favor o contra las elecciones. Hubo, tambin, cuestiones de mtodo, de la autonoma de las secciones para elaborar tctica, involucradas y por ello es que no todo el sector que luego integrara al sector anti-autoritario (en oposicin al sector liderado por Marx) deriv al anarquismo.
[5] Dejamos de lado la discusin de las tesis del municipalismo libertario desarrolladas por el ecologista social y anarquista estadounidense Murray Bookchin en la dcada de los 80, las cuales han sido particularmente influyentes en el movimiento de liberacin kurdo, porque su desarrollo responde a elementos totalmente diferentes a los esgrimidos por RL. En un artculo bastante mesurado y bien ponderado, alejado de todo dogmatismo, Ulises Castillo toca el tema del municipalismo libertario: creo que negarse a una realidad futura en la que instancias intermedias como una, hasta aqu ficcional, institucionalidad municipal que permitiera dispersar el poder estatal, al tiempo que un fortalecimiento de las comunidades polticas organizadas, dentro de un marco de transicin en proceso hacia un modo de vida y organizacin socialista, no podra ser negado a priori. Pero es justamente el cierre institucional actual, adems del carcter del Estado en Chile, los que niegan la posibilidad de ver con buenos ojos, el reforzamiento de esta institucionalidad a travs de la legitimidad otorgada a la ficcin representacional. http://www.perspectivadiagonal.org/los-libertarios-y-las-elecciones-la-tarea-de-sumar-y-no-ser-sumados/  
[6] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=8565
[7] http://www.sicnoticias.cl/movimiento-social/2013/12/10/analisis-preliminar-de-la-red-libertaria-sobre-la-experiencia-y-proyecciones-del-movimeinto-tods-a-la-moneda/ 
[8] http://www.perspectivadiagonal.org/una-izquierda-libertaria-de-intencion-revolucionaria/ El artculo en el que la tesis de la ruptura democrtica ha sido trabajada con mayor claridad conceptual ha sido escrito por Felipe Ramrez http://www.perspectivadiagonal.org/una-apuesta-revolucionaria-de-la-izquierda-libertaria/
[9] http://www.perspectivadiagonal.org/una-izquierda-libertaria-de-intencion-revolucionaria/ (nfasis en el original)
[10] Equiparado a lo estatal.
[11] http://www.elciudadano.cl/2013/07/01/72475/declaracion-publica-de-la-red-libertaria/  
[12] Nicos Poulantzas Fascismo y Dictadura, Ed. Siglo XXI, 2005, pp.282-284.
[13] http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=8565
[14] http://www.sicnoticias.cl/movimiento-social/2013/12/10/analisis-preliminar-de-la-red-libertaria-sobre-la-experiencia-y-proyecciones-del-movimeinto-tods-a-la-moneda/ 
[15] http://www.perspectivadiagonal.org/los-horizontes-del-movimiento-libertario/


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