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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2005

Despus del NO francs

Rmy Herrera
Rebelin

Traducido para Rebelin por Juan Vivanco


El 55% de los franceses han rechazado el proyecto de constitucin europea en el referndum del 29 de mayo. Este intento de dar rango constitucional al neoliberalismo, preconizado desde hace aos por los libertarios de derechas (tambin en Estados Unidos), pretenda dotar a Europa de una constitucin que redoblase el poder del gran capital creando instituciones supranacionales blandas, en menoscabo de la soberana de los estados nacin. Era sobre todo el proyecto de las transnacionales, cuyos dirigentes franceses llamaban a votar s a una Europa prspera: Total (petrleo), con sus 9.100 millones de euros de beneficios en 2004 (los ms altos que ha obtenido nunca una firma francesa), que despide en el territorio nacional; LOral (cosmticos), con el patrn mejor pagado del pas (6,6 millones de euros al ao) y una propietaria que es la mujer ms rica de Francia (con una fortuna de 11.400 millones de euros), mientras que uno de cada seis trabajadores gana el salario mnimo y siete millones de franceses viven en la pobreza; Schneider (mquinas herramientas), con el alza ms fuerte en los dividendos de sus accionistas (+63,6%), que deslocaliza; sin olvidar Dassault (armamento), que acababa de comprar medios de comunicacin. Estos ltimos hicieron una campaa agresiva por el s, manipularon las conciencias y prodigaron mentiras. Los franceses dijeron no.

Este no es un voto de clase, recuerda a las elites que el pueblo existe, que las clases populares resisten, que el mundo del trabajo todava sabe movilizarse. Porque en el no se ha juntado el sufragio de los obreros (80%), los pequeos campesinos (70%), los empleados (67%), los funcionarios (64%), los artesanos, pequeos comerciantes y profesionales intermedios (ms del 50%), los desempleados (71%)... Muchos de ellos jvenes de los barrios populares. Este resultado es el fruto de la conciencia, la resistencia y la unin de las clases populares. Es su primera victoria frente al neoliberalismo desde las grandes huelgas de 1995. Este no es un rechazo a quienes, desde las derechas y las izquierdas tradicionales, han entregado el pas al pillaje de los especuladores desde hace 20 aos. Los franceses saben lo que les cuesta la destruccin de los servicios sociales por obra de la derecha (reforma de las pensiones por el gobierno de Raffarin), pero tampoco han olvidado que quienes implantaron el neoliberalismo en Francia, a partir de 1984, fueron un presidente (Mitterrand) y un gobierno (Fabius) socialistas o por lo menos miembros del Partido Socialista. La alternancia sin alternativa en la gestin neoliberal reduce las diferencias entre la derecha y el PS a simples matices retricos. La socialdemocracia convertida al neoliberalismo es tan indispensable para las clases dominantes como sus partidos de derechas, a la hora de imponer a unos sindicatos paralizados la destruccin de las conquistas sociales.

Cada vez son ms los franceses conscientes de la estrecha relacin que existe entre el neoliberalismo y la hegemona de Estados Unidos. El neoliberalismo puede definirse como el poder del mundo financiero, es decir, de los propietarios del capital mundial dominante, que en su mayora, a escala planetaria, son estadounidenses. Su mundializacin se ha impuesto a partir de Estados Unidos, sobre todo tras el golpe poltico de la Reserva Federal estadounidense, que aument unilateralmente sus tipos de inters en 1979. La Europa que se construye sin sus ciudadanos es la del gran capital europeo occidental, el mismo que desde la cada del muro de Berln intenta transformar las economas de Europa central y oriental en periferias. Liberal y atlantista desde el principio, el proyecto de las fuerzas dominantes europeas, tras el hundimiento de la URSS, limit sus objetivos a la defensa prudente de sus intereses, sometida al gran capital estadounidense, a su estrategia neoliberal guerrera y a los instrumentos de su hegemona: la OTAN en el terreno militar, y el FMI y el Banco Mundial en el econmico. Los europeos no han opuesto ninguna resistencia consecuente, ms all de los discursos en el Consejo de Seguridad de la ONU (algo es algo), a los crmenes y el pillaje perpetrados por el mundo financiero, cuya herramienta es el gobierno de Bush. En Francia, gracias al consenso entre el PS y la derecha, en 1992 se adopt el tratado de Maastricht sobre el mercado nico (neoliberalismo) y en 1999 se decidi participar en la guerra contra Yugoslavia (atlantismo).

Esta alianza de clases dominantes europeas y estadounidenses (a la que se ha asociado Japn), dirigida fundamentalmente contra los pueblos del Sur (incluida China, por supuesto) est legitimada, segn la ideologa dominante, por los valores democrticos que encarnan. Pero despus del referndum ha quedado en evidencia el carcter ficticio de la democracia burguesa, tal como funciona en Francia. Casi toda la clase poltica tradicional respaldaba el proyecto de constitucin europea. Han perdido. Y se han aferrado al poder. Chirac a la presidencia (con un 25% de opiniones favorables en junio de 2005), Sarkozy a la direccin del primer partido de derecha (UMP), y Hollande a la del PS (con una cota de popularidad del orden del 35%, inferior a la de los dirigentes del partido comunista y del trostkista). Si para la inmensa mayora de los franceses la democracia debe reducirse a dar un paseo un domingo cada ao, o cada ao y medio, hasta el colegio electoral para hacer cola (en silencio), mover la cabeza al or su nombre (en silencio), meter un sobre en la urna (en silencio) y volver a su casa (en silencio), sin que cambie nada, para este viaje no hacen falta tantas alforjas. La burguesa tiene el poder y no piensa soltarlo. Y si resultara que nosotros tampoco vivimos en democracia?

El lector que no conozca bien Francia podra pensar que el nombramiento de Villepin para el cargo de primer ministro, el 31 de mayo de 2005, presagiaba un cambio en las relaciones entre Pars y Washington. Acaso no haba sido l quien, hace meses, en el Consejo de Seguridad de la ONU, se haba enfrentado a la mquina guerrera de la administracin Bush para oponerse a la guerra de Irak? Y no ha situado como primera prioridad la lucha contra el desempleo? Pregunta: se puede esperar un giro de la poltica francesa, en un sentido menos neoliberal y menos atlantista? Respuesta: probablemente, no. Villepin ha desempolvado las viejas consignas engaosas de la campaa de Chirac, su jefe la reduccin de la fractura social, y ahora descubre que desde hace 20 aos hay ms del 10% de desempleo en Francia. Pero pretende crear empleo y reforzar la cohesin social con ataques a la legislacin laboral y a la seguridad social, es decir, acentuando el neoliberalismo que ha originado el problema.

Lo que cabe esperar del nuevo gobierno, por tanto, es ms neoliberalismo, pero tambin, pese a las apariencias, ms atlantismo. Varios hechos lo sugieren. De entrada, los franceses se han enterado con sorpresa de que en Pars, desde hace tres aos, hay una base militar francoestadounidense en la que trabajan codo con codo los servicios secretos franceses y los agentes de la CIA. Probablemente esos colegas de despacho vieron juntos por televisin la famosa confrontacin entre Francia y Estados Unidos en la ONU... Adems, el hombre fuerte del nuevo gobierno, Sarkozy, ministro del Interior, dirigente del poderoso partido de derecha, apoyado por los parlamentarios de la mayora y rival de Chirac, es proestadounidense y, segn se dice, el favorito de Washington. Ni que decir tiene que es partidario de un neoliberalismo duro (igual que su hermano, nmero dos de la patronal francesa). Por ltimo, la amistad entre los capitalistas franceses y los estadounidenses se refuerza con ministros pronorteamericanos en Economa, Presupuesto y Comercio Exterior. As pues, el tndem Villepin-Sarkozy es ms de lo mismo. Con vistas a las presidenciales de 2007, el primer ministro quiere recoger votos de izquierdas con el tema del empleo, y el de Interior votos de derechas con los de la seguridad y la lucha contra la inmigracin (prioridades de la extrema derecha de Le Pen). A primeros de julio Villepin anunciaba ms privatizaciones y Sarkozy ms expulsiones de sin papeles.

Sin embargo, es el pueblo del no quien soporta las acusaciones de racismo, so pretexto de haber confundido sus votos con los de la extrema derecha (Front National de Le Pen), contraria a los poderes supranacionales. No perdamos de vista lo fundamental: el Front National no debe su peso poltico a un supuesto racismo del pueblo francs, ni mucho menos a su inclinacin al fascismo, sino a la reaccin de un sector extremista de la burguesa ante la decisin adoptada y puesta en prctica por los jvenes de los barrios populares, franceses e inmigrantes, de construir juntos, en un ambiente de tolerancia, una Francia mestiza y multicolor, de fraternidad de razas y nacionalidades, justamente lo contrario del modelo de apartheid globalizado al que conduce el proyecto hegemnico estadounidense. Le Pen medr gracias a una maniobra de Mitterrand para reducir la influencia del Partido Comunista. Ha crecido sobre el estircol hediondo de la historia de la burguesa francesa, la de la esclavitud y la colonizacin, la de la colaboracin con los nazis y el imperialismo. En su movimiento se pudren los elementos de las clases medias empobrecidos por el neoliberalismo. Las victorias cosechadas contra l por esa juventud multicolor de las barriadas, que tambin ha dicho no, son y sern decisivas en la lucha contra el racismo y en defensa de los valores republicanos. Ya es hora de que la izquierda se muestre solidaria con ese pueblo llano de las ciudades, pues aunque seguramente no forme toda su base social, lo cierto es que, sin l, nunca podr ser popular.

Qu lecciones puede extraer de la victoria del no la izquierda de progreso? En primer lugar, que la vigilancia de las bases de los partidos y los sindicatos es indispensable para imponer la democracia a sus direcciones, propensas a desviaciones neoliberales. Lo vimos en la CGT, primer sindicato obrero francs, prximo a los comunistas: la movilizacin logr invertir la lnea de su direccin, que pas del s al no. En segundo lugar, que cuando una direccin de partido o sindicato rescata lo que nunca debi perder, la combatividad y el progresismo, enseguida recupera la confianza de las bases. Los dirigentes del Partido Comunista, que volvieron a su posicin de clase y se opusieron a la derechizacin socialdemcrata con su acertada apuesta por el no, obtuvieron el respaldo del 98% de sus militantes en referndum (la proporcin ms alta de todos los partidos). En tercer lugar, que la reconstruccin de una izquierda radical, al servicio de las bases participativas, debe hacer hincapi en los valores comunes y aceptar las diferencias. En el caso francs, el PCF fue el eje organizativo y logstico decisivo de las izquierdas del no durante la campaa. De no haber sido por su apoyo local y material a las dems organizaciones progresistas, seguramente no se habra alcanzado la victoria. Se presenta as, quiz por primera vez en nuestro pas, una oportunidad histrica de unin del pueblo de izquierdas. No debemos malograrla (por ejemplo, con crticas excesivas o alianzas regresivas, ya sea con la direccin del PS partidaria del s, o con sus disidentes del no capitaneados por el neoliberal atlantista Fabius). A falta de grandes dirigentes y de firmeza, no es seguro que las fuerzas de izquierda puedan conjurar esos peligros.

Por consiguiente, hoy conviene ampliar y profundizar las discusiones y luchas que han llevado a la victoria, hacer que cunda la solidaridad entre trabajadores en la accin, sobre el terreno, aumentar la presin contra las destrucciones neoliberales apoyndonos en las movilizaciones de otros pueblos de Europa, y plantar cara a las reacciones de la clase dirigente, dispuesta a que Europa se someta al mundo financiero y a la estrategia guerrera de Estados Unidos. Para ello debemos recuperar nuestro lenguaje revolucionario, hacer una lectura crtica de la historia de nuestras luchas, reforzar los contactos entre organizaciones de trabajadores del Norte, renovar la solidaridad con los pueblos del Sur en lucha, transformar nuestras crticas al neoliberalismo y la guerra en propuestas de ruptura con el capitalismo y el imperialismo. La situacin actual en Francia y Europa exige una ruptura, una alternativa al neoliberalismo y al atlantismo, un proyecto democrtico y social. Reconocer que ni Francia ni Europa estn a las puertas de una revolucin no significa que debamos renunciar a la meta de una revolucin, y menos an a la de construir el socialismo en estos pases y este continente. Son metas que debemos incorporar a la lucha por el socialismo a escala mundial.



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