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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-01-2014

Romper el encanto neoliberal
Europa, terreno de lucha

Sandro Mezzadra y Toni Negri
Euronomade


Quienes, como nosotros, no tienen intereses electorales, estn en la mejor posicin para reconocer la gran importancia que tendrn en 2014 las elecciones al Parlamento Europeo. Es fcil prever que en la mayor parte de los pases implicados habr un elevado abstencionismo y una significativa afirmacin de las fuerzas euroescpticas, unido a la retrica de la soberana nacional, a la hostilidad frente al euro y a los tecncratas de Bruselas. Para nosotros, no se trata de nada bueno. Estamos convencidos desde hace tiempo de que tanto bajo el perfil normativo como bajo la accin gubernamental y capitalista, hay una Europa cuya integracin ha traspasado el umbral de lo irreversible. El realineamiento general de los poderes en la crisis en torno a la centralidad del Banco Central Europeo y lo que se define como federalismo ejecutivo ha modificado ciertamente la direccin del proceso de integracin, pero no ha puesto en discusin su continuidad. La propia moneda nica se muestra hoy consolidada en la perspectiva de la unin bancaria: es necesario responder a la violencia con la que sta expresa el mando capitalista, pero imaginar un retorno a las monedas nacionales significa no entender cul es hoy el terreno en el que se juega la lucha de clases. Es verdad que Europa es hoy una Europa alemana, cuya geografa econmica y poltica se va reorganizando en torno a relaciones de fuerza y de dependencia concretas, que se reflejan incluso a nivel monetario. Pero solo el encanto neoliberal induce a confundir la irreversibilidad del proceso de integracin con la imposibilidad de modificar los contenidos y las direcciones, de hacer que se agite dentro del espacio europeo la fuerza y la riqueza de una nueva hiptesis constituyente. Romper este encanto neoliberal significa redescubrir hoy el espacio europeo como espacio de lucha, de experimentacin y de invencin poltica. Como terreno sobre el cual la nueva composicin social de los trabajadores, de las trabajadores y de los pobres abrir quiz una perspectiva de organizacin poltica. Luchando sobre el terreno europeo, una organizacin tal tendr la posibilidad de golpear directamente la nueva acumulacin capitalista. Y solo sobre el terreno europeo se puede plantear ya tanto la cuestin del salario como la de la renta, la redefinicin de los derechos como la nueva dimensin del Welfare, las transformaciones constitucionales internas en los pases individuales como la cuestin constituyente europea. Hoy, fuera de este terreno, no hay realismo poltico.

Nos parece que las fuerzas de derecha han comprendido hace tiempo que la irreversibilidad de la integracin seala hoy el permetro de lo que resulta poltica y prcticamente pensable en Europa. En torno a la hiptesis de profundizacin sustancial del neoliberalismo, se ha organizado ya un bloque hegemnico que comprende en su interior variantes significativamente heterogneas (desde las aperturas no slo tcticas en la direccin de una hiptesis socialdemcrata de Angela Merkel a la violenta constriccin represiva y conservadora de Mariano Rajoy). Las mismas fuerzas de derecha que se presentan como antieuropeas, cuando menos en sus componentes ms informadas, juegan su opcin sobre el terreno europeo, apuntando a ampliar los espacios de autonoma nacional que en la constitucin de la UE estn bien presentes, y recuperando en un plano meramente demaggico el resentimiento y la rabia difundidos en amplios sectores de la poblacin tras aos de crisis. La referencia a la nacin se muestra como lo que es: la transfiguracin de un sentido de impotencia en agresividad xenfoba, la defensa de intereses particulares imaginados como arquitrabe de una comunidad de destino. Por contra, la izquierda socialista, aun no formando parte del bloque hegemnico neoliberal, fracasa en diferenciarse eficazmente de ste a la hora de elaborar propuestas programticas de signo claramente innovador. La candidatura de Alexis Tsipras, lder de Syriza, a presidente de la Comisin Europea, reviste en este orden de cosas una importancia indudable, habiendo determinado en muchos pases una positiva apertura del debate de izquierda, si bien en otros parecen prevalecer los intereses de pequeos grupos o partidos, incapaces de desarrollar un discurso poltico plenamente europeo.

Estando as las cosas, por qu nos parecen importantes las elecciones europeas del prximo mayo? En primer lugar porque tanto el relativo reforzamiento de los poderes del Parlamento como la designacin por parte de los partidos de un candidato a la Presidencia de la Comisin hacen necesariamente de la campaa electoral un momento de debate europeo, en el cual las diversas fuerzas estarn obligadas a definir y anunciar cuanto menos un esbozo de programa poltico europeo. Nos parece por tanto que se presenta aqu la ocasin para una intervencin poltica de quienes se baten por romper tanto el encanto neoliberal como su corolario, segn el cual la nica oposicin posible a laa forma actual de la Unin Europea es el populismo antieuropeo. No excluyamos de inicio que esta intervencin poltica pueda encontrar interlocutores entre las fuerzas que se mueven en el terreno electoral. Pero en lo que estamos pensando es antes de nada en una intervencin de movimiento que sea capaz de radicarse en el interior de las luchas que en los ltimos meses se han desarrollado, si bien de maneras muy diversas, en muchos pases europeos, con significativa intensidad incluso en Alemania. Resulta decisivo hoy volver a habilitar un discurso de programa, y esto no es solo posible dentro y contra el espacio europeo. No vemos que se pueda indagar sociolgicmente de manera adecuada la composicin tcnica de clase desde un punto de vista mesinico sobre la composicin poltica adecuda. De la misma forma que no se darn movimientos de clase victoriosos que no hayan interiorizado la dimensin europea. No sera la primera vez, incluso en la historia reciente de las luchas, que tales movimimientos se vieran obligados por el marco poltico a modificarse replegando a experiencias locales hasta verse asfixiadas en clausuras sectarias. Se trata de reconstruir inmediatamente un horizonte general de transformacin, de elaborar colectivamente una nueva gramtica poltica y un conjunto de elementos de programa que puedan agregar fuerza y poder en el interior de las luchas. Aqu y ahora, lo reiteramos, Europa nos parece el nico espacio en el que esto es posible.

Un punto que nos parece particularmente importante. La violencia de la crisis har sentir todava durante largo tiempo sus efectos. En el horizonte no est la recuperacin, si por tal entendemos un significativo retroceso del desempleo, la disminucin de la precariedad y un relativo reequilibrio de las rentas. Aun as, parece que se puede descartar que siga profundizndose la crisis. El acuerdo sobre el salario mnimo sobre el cual se funda la nueva gran coalicin en Alemania parece ms bien indicar un punto de mediacin en el terreno del salario social que puede funcionar en una geometra y geografa variable como criterio de referencia general para la definicin de un escenario de relativa estabilidad capitalista en Europa. Es un escenario, no la realidad actual, y es un escenario de relativa estabilidad capitalista. Para la fuerza de trabajo y para las formas de la cooperacin social, este escenario asume como datos de partida la extensin y la intensificacin de la precariedad, la movilidad forzada dentro del espacio europeo y a su exterior, el desclasamiento de cuotas relevantes del trabajo cognitivo y la formacin de nuevas jerarquas dentro de este ltimo, que la crisis ha determinado. Ms en general, el escenario de relativa estabilidad del que hablamos constata la plena hegemona de un capital cuyas operaciones fundamentales tienen una naturaleza extractiva, es decir que combinan la persistencia de una explotacin de tipo tradicional con intervenciones de sustraccin directa de la riqueza social (mediante dispositivos financieros pero tambin asumiendo como terreno privilegiado de valorizacin bienes comunes como, entre otros, la salud y la educacin). No por casualidad, los movimientos han comprendido que en este terreno se dan las luchas capaces de golpear el nuevo rgimen de acumulacin.

Dentro de este escenario, se trata obviamente de saber percibir la especificidad de las luchas que se desarrollan, analizar su heterogeneidad y medir su eficacia en contextos polticos, sociales y territoriales que pueden ser muy diversos. Pero se trata tambin de plantear los problemas de modo en que las luchas puedan converger, multiplicando su propia potencia local pero dentro del marco europeo. Delinear los nuevos elementos del programa puede adoptar mientras tanto la forma de escritura colectiva de una serie de principios inderogables en el terreno del welfare y del trabajo, de la fiscalidad y de la movilidad, de las formas de vida y de la precariedad, en todos los terrenos sobre los cuales se han expresado los movimientos en Europa. Lo que estamos pensando no sera una carta de derechos escrita desde abajo que habramos de proponer a cualquier instancia institucional: es ms bien un ejercicio colectivo de definicin programtica que, como empieza a mostrar en estas semanas la Carta de Lampedusa en lo que respecta a la migracin y el asilo, pueda convertirse en instrumento de organizacin a nivel europeo. Sin olvidar que en este trabajo pueden surgir impulsos decisivos, incluso inmediatos, para la construccin de coaliciones de fuerzas locales y europeas, sindicales y cooperativas, en movimiento.

Traduccin de la Fundacin de los Comunes

Fuente: http://www.euronomade.info/?p=1371


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