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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2014

Documento
La dictadura perfecta

Felipe Cuevas Mndez
Rebelin


Nota preliminar

Introduccin

Captulo I. Las elecciones

1.- Normatividad electoral

2.- Inversin monoplica

3.- Prerrogativas del capital financiero

4.- Plataformas electorales de los partidos

5.- Nuevas condiciones del aparato estatal


Captulo II. El proceso electoral

1.- El Estado y la democracia en el momento actual

2.- El Proceso electoral

3.- El sistema electoral

4.- El sistema de partidos

5.- Presupuesto estatal


Captulo III. La democracia en Mxico

1.- Democracia y monopolio

2.- La democracia en su relacin con el Estado

3.- Sentido histrico

4.- Carcter de clase

5.- Poder, Estado y Rgimen

6.- Poder econmico y poder poltico


Captulo IV. El Orden establecido

1.- El Estado en Mxico

2.- Orgenes, estructura y principios

3.- Municipios y Estados

4.- El Poder poltico central

5.- Financiamiento del Estado

6.- Ejrcito y polica


Captulo V. Tareas del proceso revolucionario

1.- La necesaria destruccin del Poder burgus

2.- El camino del pueblo

3.- El proceso de lucha de clases

4.- Acumulacin revolucionaria de fuerzas

5.- Programa democrtico y revolucionario

6.- Necesidad de una democracia popular



Advertencia

La dictadura perfecta

Este concepto fue acuado por el pensamiento liberal de corte progresista, para nosotros tiene sus connotaciones ms all de la crtica sesgada a una cara del sistema econmico y poltico de Mxico, de ah que el objetivo sea destrabar el problema de la interpretacin de oposicin, dimensionar el fenmeno en todos sus aspectos, en su condicin de realizacin eficaz del Estado capitalista para el sometimiento del trabajo.

Nota Preliminar

Las circunstancias en las cuales elabor el presente trabajo me llevaron a plantear el carcter del Estado mexicano en plena ruptura del pacto social, partiendo de su democracia electoral, para a travs de sta atender sus principales componentes y sus fuerzas motrices. De una parte haba que identificar la naturaleza del Estado y sus alteraciones recientes, de otra haba que abocarse muy concretamente a sus realidades inmediatas. La exposicin fue dando cuenta del contenido de las relaciones polticas y econmicas de la sociedad y del recuento de daos del neoliberalismo a la estructura estatal.

La primera edicin y su reimpresin ocurrieron en el ao 2006, en parte por esa razn, que permite escalar en la comprensin, se sigue la secuencia de prioridades en el marco de aquel momento para ir despejando las cuestiones del Estado capitalista. En la vida del pas todo continu para empeorar, el desmantelamiento constitucional continu en los principales mbitos del Estado, una guerra sucia prolongada hasta nuestros das, la guerra entre el narcotrfico, el arribo del narco-poder, hasta finalmente llegar al neocolonialismo y subordinacin del Estado al imperialismo yanqui; constituyndose en una organicidad transnacionalizada del poder para la dominacin sociopoltica y la regulacin de la actividad capitalista.

En la esencia de ste texto se considera que est en la propia construccin y reconfiguracin del Estado una batalla por destruirnos y desposeernos no slo de los recursos y derechos sociales, adems de los sentidos con que percibimos el pas, de lo popular, lo clasista, lo indgena, lo poltico, lo cultural. Las relaciones recreadas en la atmsfera del Estado-nacin mexicano se sustentan directamente en el ejercicio de la hegemona burguesa, el establecimiento de parmetros vinculantes asociados a los intereses de la explotacin capitalista, aunque para este caso su centralidad consista en la opresin llevada al extremo, a la sapiencia en el arte de prevalecer las conductas monopolistas, burocrticas, del poder poltico y sus medios cada vez ms represivos.

La burguesa y sus estrategas nacionales e internacionales apuestan especialmente en esta combinacin de fuerza, arrogancia y manipulacin; se dan cuenta que para gobernar el pas llevndolo a una forma de ruina que lo subaste convenientemente, requieren de altas dosis de terror contra el pueblo, de una sumatoria infinita de leyes, la desviacin de la conciencia clasista, as como del sentido de lo nacional, del sentido del Estado-nacin.

Viendo la realidad actual del pas queda ms patente este fenmeno, la articulacin del Estado mexicano a los imperialistas para servir de trampoln en algunas de sus correras, trayendo ms injusticia y desigualdad de la que dicho proceso lleva alcanzado. En fin, tan lamentable situacin est en la inercia de las fuerzas dominantes, no obstante ello nos propone y obliga a desarrollar acontecimientos extraordinarios, venidos del pueblo acontecimientos protagonizados por quienes sufren la explotacin y opresin del sistema, hechos revolucionarios desde abajo, que abran las compuertas de la guerra del pueblo contra el capitalismo y el Estado represor.

Para esta edicin se introducen modificaciones slo en la proyeccin del sentido del Estado tal cual queda reconfigurado por la lite oligrquica que lo controla; se agregan algunos elementos que fueron desatendidos ante la premura del momento, pues ciframos el esfuerzo en difundirlo al movimiento popular desde marzo de 2006 y en las jornadas de lo que fue La Otra Campaa; as fue como el texto se abri paso al margen de las libreras, en la caravana, en concentraciones, manifestaciones, mtines y asambleas.

Desde entonces la lucha de clases se hizo presente en cuanto a trazar en sus lneas diversos aspectos que concernan al problema del Estado, tales como la democracia popular y proletaria, la participacin popular en sus asuntos, los intereses inmediatos y estratgicos del campesinado, el proletariado y los amplios sectores populares e intelectuales ligados al pueblo, la poltica estatal, el tema del capital financiero, los monopolios y sus nefastos intereses, la cuestin del poder de clase y la lucha por el socialismo. Pero la dictadura perfecta sigue ah, armndose y preparndose contra el pueblo, acordonndolo a la vez que penetrando sus cadenas; mientras tanto la irrupcin y la ruptura popular laten y requieren expresarse por la vida y por la libertad.



Introduccin

Vamos a construir nuestra visin en una sumatoria de elementos partiendo de lo que hoy es ms visible, para arribar a lo esencial de la vida nacional. Estamos sistematizando hechos ampliamente comprobables sobre el sistema capitalista, de tal manera que sea posible establecer diversos mecanismos de verificacin, de refuerzo y ensanchamiento del anlisis sobre el carcter de nuestra sociedad. Hasta si se quiere puede apoyarse en la informacin de los medios y la intelectualidad para ver cun ligados marchamos aqu a las realidades claves que se viven sin dar pie a especulaciones sobre el Estado mexicano.

Indguese todo cuanto se quiera, que los hechos son claros, y la comprensin de los mismos marchar sin grandes dificultades. Est bastante demostrado que en el reino del capital las mayoras se convierten en objetos de la explotacin, en tanto que unos cuantos han coronado esta situacin para vivir de las ventajas que proporciona el Poder, y preservarlas; hoy se puede verificar con lujo de detalles y sin la menor duda sta condicin de alienacin del trabajo por el capital, como una realidad que tiene sus bases materiales en la propiedad privada y el Estado.

Por eso el sesgo moderno de defensa del Estado capitalista consiste en negarlo todo, consiste en apoyarse en los viejos principios liberales y positivistas para trazar una lnea poltica donde lo importante es hablar sin parar, manipular la realidad, procurando al mximo poner en ltimo plano lo que acontece en lo econmico como factor independiente de los acontecimientos sociales y no su condicionante central. El intento de quienes defienden as el sistema no est carente de contradicciones, al fin y al cabo no se puede negar una situacin al tiempo que vivir de ella.

Y la esplendidez con que se patrocina la democracia y el carcter de la sociedad mexicana por los medios de comunicacin, los magnates, los partidos polticos y el Estado, tomando sus tres poderes, pues todos ellos anuncian logros y ms logros; verifica hasta dnde actan en comn todas las fuerzas del capitalismo en contra de los que necesitan cambiar sus condiciones sociales de existencia.

Proliferan los aplausos, pero desmejoran las condiciones de vida y trabajo de la poblacin, destacan las cifras macroeconmicas pero la crisis sigue, hay capital pero est concentrado en unas cuantas familias, abundan los pactos pero ninguno favorece al trabajador, se clama por el trabajo pero se vive y se piensa con el capital, se simula un rgimen de democracia pero se hace todo cuanto es posible para impedir que algo as suceda en Mxico, se habla de los pobres pero se impide que asomen en poltica mas que para escuchar. Posturas e imposturas, es el estilo poltico que ha coronado el sistema de explotacin y opresin sobre las mayoras.

La burguesa se traiciona respecto de sus viejos principios, los abandona y cree que eso es suficiente para que el resto de las clases sociales le sigan en sus correras proimperialistas y antidemocrticas, pero se engaa, eso no va a ocurrir, la lucha de clases anuncia otras lneas de accin y un camino completamente diferente para la emancipacin social.



Captulo I

Las elecciones

La decadencia del rgimen involucra el propio proceso electoral, este se encuentra visiblemente atenazado por los intereses de los monopolios y la orientacin monoplica en poltica. Las ideas de equilibrio, equidad, consenso, etc., tan en boga, son actualizadas en una orientacin mucho ms corta que en las precedentes etapas del capitalismo al ubicarse simplemente como las bases polticas permisibles para que la gran empresa prospere, en tanto que antes se manifestaban como ideas de lucha contra el dominio feudal y por el desarrollo del capitalismo en general, pero como suele decirse, todo corresponde a su poca.

El equilibro que se pretende lograr con el proceso electoral en curso, es entre los intereses del gran capital y las facultades sociales del Estado para que en el entorno social dejen de manifestarse otros intereses. Ese equilibrio lleva por meta la asuncin de que en la poca actual solo hay cabida para la opinin gran burguesa, para la decisin gran burguesa, para la poltica gran burguesa.

Esta readaptacin de los viejos ideales a las condiciones de la poca imperialista, como ideales de la oligarqua financiera buscan prescribir los derechos polticos y sociales del pueblo, dichos ideales pretenden allanar el camino de sus luchas y llaman a todos a defender la sociedad capitalista, suplantan los intereses histricos de la clase obrera con los intereses egostas de la clase dominante.

El reto burgus en el proceso electoral es despojar a su propia democracia de los elementos que permiten se expresen otros intereses contrarios a los suyos (an cuando se hace encubriendo y tergiversando su carcter), afirmando su soberana voluntad de clase, y suprimiendo las formas de lucha popular que dentro de la misma democracia representativa burguesa se manifiestan. Las elecciones son cada vez ms semejantes a las pasarelas polticas a que estn acostumbrados los imperialistas, as como su sistema electoral y la retrica que le complementa va asociado a esa recogida de voluntades desde arriba para hacer la gran poltica de Estado sin intervencin riesgosa de las clases subordinadas. Suponemos que el inters oligrquico obliga a ello, y el temor a que ocurran sucesos en respuesta a la noche neoliberal, que como en otras latitudes puedan desajustar el sistema neocolonial que nos rige.



1.- Normatividad electoral

Se presume que contamos con unas normas electorales cuan perfectas como el Estado mismo, absolutas, segn se cuenta de ellas, a las cuales acaso el tiempo solo modifique en forma. As como fuimos premiados con un cuerpo legal articulado al carcter democrtico de la sociedad mexicana, que asegura ser expresin disolutiva de las contradicciones de clase.

La realidad viene demostrando todo lo contrario, esta direccin legal de los asuntos electorales es lo ms antidemocrtico que pueda conocerse, por su contenido especfico, por su rol en la sociedad capitalista, por su imposicin desde las clases dominantes y por su adulteracin de la verdadera problemtica social.

La ley define un escenario en el que desfilan y compiten personajes de la poltica (candidatos), un auditorio espectador de ciudadanos pobres (votantes), un organizador (el Estado y la mediacin del IFE) mas un equipo manipulador de ciudadanos ricos (aportaciones privadas, visin estratgica de los empresarios); se trata de una delimitacin rgida de los actores de la democracia burguesa, la misma ley de medios viene a fortalecer esta premisa, a la vez que la designacin de recursos econmicos impide, dadas las carencias del trabajador, que ste pueda asumir posiciones de debate o de alteracin de los principios establecidos.

Hay normas de conducta durante el proceso para reforzar al Estado acotando todos los actos, quedando prohibidas las confrontaciones con los candidatos, las impugnaciones, el rechazo a las campaas, la imposibilidad de que compitan candidatos obreros o campesinos ni sus verdaderas organizaciones. En este propsito de contencin de las protestas y contradicciones, se vale del uso a fondo de aquella locucin latina que fuera del pas quiere decir con mayor razn, pero que en Mxico adquiere la categora chiquita de a fuerzas, para suplantar e impedir todo acto democrtico en sus procesos de recambio.

Otra lnea de demarcacin es que la competencia no debe rebasar un lmite de legalidad con relacin a la imposibilidad de cuestionar el sistema social existente en su conjunto, ni sus partes como tales. Lo que trae a colacin el tema de la canturreada libertad, cuyos principios resultan por dems inoperantes, vindose constreida a sus dulces cantos y a su aplicacin solo por los representantes del capital .

Es comn el argumento de los diversos polticos de la burguesa que gira sobre su espaldarazo a la ley electoral como la aceptacin de las reglas del juego como fundamento para la democracia, argumento que juzga la democracia como patrimonio de quienes hacen la gran poltica en Mxico, argumento que ubica la legitimidad por consenso de los partidos polticos de la burguesa, argumento que registra el marco legal para la estabilidad del sistema.

El proceso de renovacin de gobiernos asumido ahora como una cuestin de tcnica e ingeniera electoral en trminos de funcionalidad, donde no cabe el detenerse a cuestionar las bases de esta misma estructura, sino a aplicarse en ella, tal es otro de los aspectos a que llega la democracia del capital, a lo que invierte todos sus recursos.

El Cdigo Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales menciona que votar es un derecho y una obligacin del ciudadano en las elecciones, puesto que vivimos en un Estado de eleccin popular y hay que formar parte de ste, esto no es ms que una falacia hecha ley, asentada bajo un supuesto que no existe.

Luego nos insisten en la cultura cvica para la obtencin del voto sin ideologa revolucionaria, se asegura que ya estn firmes las reglas para que no sucedan casos de distorsin del voto, que hay tolerancia, y as sucesivamente se abunda en la administracin cientfica de la opinin, el control de la discusin electoral, la monopolizacin de la poltica, toda una batalla de la burguesa para que, sean cuales sean los agraciados con el voto, sus lneas de mando sean inconmovibles.

De esa manera va hilvanndose la legalidad, mas nuestra primera intencin aqu consiste nicamente en dotarnos de los elementos inmediatamente visibles, permisibles para dar continuidad a la definicin progresiva de su contenido, de sus implicaciones histricas y econmicas. Punto de partida para que efectivamente remontemos el escenario de la cuantificacin por s misma, que no asegura conclusiones mas que en su crculo, y por tanto requiere de la conjuncin de otros aspectos de su mismo nivel de evidencia, preciosos para romper este estado comn de interpretacin y nos asciendan a nuevas evaluaciones ms amplias y fundamentales.

2.- Inversin monoplica

Partamos de un hecho concreto, recin comenz el ao 2006 y los burgueses mediante su Consejo Coordinador Empresarial fueron bastante claros en varias cuestiones: 1.- que el gobierno hizo lo correcto para preparar econmicamente la democracia, gozndose de buena salud macroeconmica, 2.- que el poder legislativo debe aplicarse a sus tareas de reformas estructurales sin remilgos, y 3.- que los tres partidos mayoritarios les deben demostrar que s tienen vocacin de mansedumbre ante los intereses del capital financiero. Desencarnando la naturaleza de esos ejes, vendra el fraude electoral de ese ao y en seguida la crisis econmica con la total sujecin a los intereses trasnacionales, posteriormente en 2012 otro tipo de fraude electoral y un nuevo Pacto por Mxico a la sombra de los llamados intereses fcticos, replantearan el escenario de la democracia electoral.

Nada ms y nada menos, este es solo el punto de partida en cuanto a la movilizacin burguesa para acelerar el proceso de adecuacin de los partidos a sus prioridades por encima de las anteriores divergencias de sus principales segmentos, recordemos que la burguesa mexicana haba estado dividida tradicionalmente en tres bloques de la gran burguesa hasta que estos variaron, se reacomodaron e integraron plenamente como un eslabn ms en el complejo econmico yanqui; concluyendo ahora sus principales fuerzas en empujar a toda costa dicho proceso y las reformas estructurales que les exige.

Por ah se adentraron de firmes en dictaminar lo que se puede y no se puede decir en la contienda electoral, que se ha traducido en la regla no escrita que todos los partidos vienen acatando con disciplina.

Vayamos por partes, de acuerdo con los dictmenes de la burguesa, en las contiendas no se puede hablar objetivamente sobre el modelo econmico neoliberal ms que limitadamente, es decir, acusarse de neoliberales es posible, pero no agredir al modelo en s aludiendo a sus diversas bases.

En la lucha partidista electoral no se est discutiendo ni se discutir el rumbo de la poltica econmica, acaso en medio de su vaciedad se formulan lemas sobre la democracia, la equidad, la esperanza, por el bien de todos, el desarrollo, etc., mas no atentar contra los ejes que vienen con la reforma estructural, fijmonos simplemente en algo tan cuestionado como las campaas mediticas de los partidos.

Y la sugerencia de todos los das, no hablar de intereses de clases, insistir hasta el fastidio que en Mxico todos tienen los mismos intereses, hacer nfasis en la unidad nacional desde todos los puntos para que solo pensemos en votar.

La inversin pblica ser analizada ms adelante, en lo que se refiere a la otra gran inversin de la burguesa, esta se distribuir directamente entre los tres principales partidos, que sin duda alguna como aconteci en el 2000 e increment en el 2003 superar lo estipulado legalmente, representando como mnimo el equivalente de los gastos otorgados por el Estado. Esta situacin est prevista por el IFE que aunque dice no la permitir, sabe que es necesaria y que tendr que cuidar sea equilibrada de acuerdo a su modo de operar. Ya los partidos polticos trabajan por asegurar en sus comits nacionales los puentes con diversos operadores econmicos del tipo de Ren Bejarano para el caso del PRD, encargados de recabar capital a precio de componendas y posteriores concesiones.



3.- Prerrogativas del capital financiero

Con el Acuerdo Nacional para la Unidad, el Estado de Derecho, el Desarrollo y el Empleo, bautizado como el Pacto de Chapultepec, establecido el da 29 de septiembre de 2005 se marcaron firmemente los ejes oligrquicos por los que debe regirse la vida econmica, poltica y social del pas. Aunque el lenguaje busca ocultar su esencia clasista, al final estas son las prerrogativas ampliamente difundidas por el capital financiero de cara a las elecciones:

a) La democracia representativa que se ha construido es para que garantice la libertad de movimiento de los monopolios con visin estratgica (repsese la lista de las principales empresas que operan en Mxico, as autodenominadas de visin estratgica, dizque porque estas s crecen hasta en periodos de crisis). El Estado de derecho, las instituciones y la sociedad civil burguesa estn por encima de todo.

b) La seguridad de la burguesa y sus capitales son una prioridad de Estado, por eso el Estado debe modernizar sus organismos represivos y dependencias administrativas. Los intereses y el papel de la burguesa (llmennos empresarios, que el trmino molesta, dicen unos) deben estar arriba y al centro de las acciones del Estado.

c) Los recursos del pas deben ponerse a trabajar para que se desarrolle el capital nacional e internacional en ambientes de competitividad. Las reformas estructurales de sujecin del pas al capital nacional e internacional son impostergables en su agenda. La poltica fiscal debe orientarse a reforzar la acumulacin capitalista.

d) La orientacin econmica del pas debe seguir su marcha, incrementar la venta de petrleo, capitalizar las remesas que envan los emigrantes, impulsar el turismo internacional, alentar la exportacin hacia los Estados Unidos, obtener nuevos emprstitos internacionales, controlar y menguar el gasto social, impulsar las inversiones pblicas y privadas, marchar a la dolarizacin, liberalizar los mecanismos de inversin y juego burstil.

e) Impulsar el crecimiento econmico neocolonial con nuevos empleos sin derechos sindicales y sociales para los trabajadores, explotando al mximo sus capacidades creativas.

f) Afirmar la unidad nacional de todos en torno a la oligarqua financiera, sus grupos e intereses.

g) Poner en manos privadas la construccin y venta de vivienda, pero con el auxilio del capital estatal.

h) Acotar el proceso electoral de manera que no interfiera con las actividades regulares de la explotacin de los trabajadores, no debiendo haber impugnaciones al proceso como ha sido diseado y de los resultados que vengan.

i) Absorber el campo al proceso de concentracin y centralizacin de capital arruinando al campesinado y jornaleros agrcolas.

j) Acotar las posibilidades de la mediana y pequea burguesa en su carrera por incrementar sus capitales, para que todo pueda manejarse desde las principales empresas monopolistas. S, s, se dice hay que incentivarle, pero se establecen mecanismos para que pasen solo aquellos con mayor potencial econmico y dispuestos a convertir sus empresas en parte del engranaje de los grandes consorcios en el campo y la ciudad.

k) Privatizar la educacin, orientar el sistema educativo a la capacitacin de la fuerza de trabajo, eliminando sus aspectos humansticos, afirmando el espritu de respeto a la propiedad privada.

l) Sujetar el presupuesto pblico a las decisiones del Poder ejecutivo previa orientacin de los magnates, eliminando las fastidiosas intervenciones del Poder legislativo. Regir el mismo presupuesto de acuerdo a las premisas de costo-beneficio anulando su aspecto social.

Esas son las prerrogativas.

Antes del desencanto causado por el suponer que solo repetimos cosas ya tratadas, nos proponemos sealar lo siguiente: sobre la base del material concreto de los Acuerdos de Chapultepec que aqu ofrecemos sintetizado en sus implicaciones, nos proponemos demostrar tres cosas, una que con este recuento el horizonte histrico del capitalismo tiene muy agotadas sus posibilidades, otra que el gobierno burgus se encuentra sumamente dbil debido a las condiciones en que llega al momento de las elecciones, y la tercera que los Acuerdos manifiestan una profunda preocupacin de los patrones porque la crisis poltica pueda ser capitalizada por los trabajadores.

Hay poco que decir a tan claras intenciones de la clase en el Poder, sus posiciones estn trazadas, lo caracterstico de estas exigencias es que la burguesa est actuando con abierta ofensiva sobre las clases sociales oprimidas y explotadas sin ninguna cortapisa, cuya orientacin fundamental corresponde a los intereses del capital financiero en Mxico en su extensa lista de monopolios controlados por EUA, Japn, Inglaterra, Francia, Alemania, Suiza, Espaa, Italia, Holanda, y los magnates nacionales bastante identificados en la famosa lista de los doce a la cabeza de los cuales aparece Carlos Slim, precisamente el personaje que ms actu con sus fuerzas econmicas y polticas para afirmar esos acuerdos. Nada nos dicen del origen de sus riquezas, qu hay del hecho de que el 80 % del incremento en la tasa de plusvala viene por los bajos salarios para enriquecer a todos esos seores?

El Pacto por Mxico del 2 de diciembre de 2012 vino a ratificar dichos acuerdos y empujar la toma de decisiones en donde aquel pacto de Chapultepec haba fracasado por la resistencia popular, nuevamente en Chapultepec, pero esta vez amarrando al oportunismo se dictaron los ejes de la intransigencia financiera de las clases explotadoras en un momento coyuntural para desviar la atencin y aplicar toda la fuerza del Estado en su total subordinacin al imperialismo:

a) Fortalecimiento del Estado Mexicano para cumplir con sus objetivos oligrquicos contra las clases explotadas y oprimidas.

b) Engatusar a los sectores populares para dejar atrs el descontento con el fraude e incompetencia del nuevo presidente, pregonando ahora la democratizacin de la economa y la poltica, as como la ampliacin y aplicacin de los derechos sociales, cuando de lo que se da cuenta es de su violacin diaria y sistemtica.

c) Y como salido del surrealismo, la declaratoria de participacin de los ciudadanos como actores fundamentales en el diseo, la ejecucin y la evaluacin de polticas pblicas, donde lo que impera es la accin exclusiva de los polticos de la burguesa en total aislamiento del pueblo y sus intereses, en otras palabras, recobrar los mritos discursivos de la dictadura perfecta.

Dicho pacto cumpli un alto papel para reunir las fuerzas del sistema en la exigencia de sus reformas estructurales, dur lo suficiente para su cometido. Con ste pacto se procura tomar los recursos fundamentales, la columna vertebral de la economa mexicana para que tambin a travs de ello entren en operacin las tendencias econmicas del imperialismo y sus dinmicas de produccin. Sus consecuencias, acumuladas a los problemas por los que vena atravesando que sito entre la crisis econmica, los problemas socioeconmicos acarreados por el TLCAN, las privatizaciones, los problemas institucionales, la crisis de los partidos, el accionar de los grupos de poder y los problemas del propio aparato estatal, conducen a la crisis del Estado.



4.- Plataformas electorales de los partidos

No se nos ofrecen muchas novedades sobre las plataformas de los partidos, lo que no le quita su importancia a cuanto ah se dice, siendo necesario repasarlas para que veamos a las primeras cun compatibles son sus posturas y cun comn les es lo que hasta ahora ha hecho el rgimen. El rbol del neoliberalismo ech races y dio frutos en todos los partidos burgueses:

El PAN , propone la superacin de la pobreza y el crecimiento econmico, creacin de juicios orales, unificacin de todas las policas, inversin privada en PEMEX (privatizacin llana en realidad), elitizar el Parlamento disminuyendo el nmero de diputados y senadores y restringiendo las posibilidades de acceso, legalizar la reeleccin, mayores funciones del Poder ejecutivo en relacin a los otros, controlar la orientacin presupuestal plenamente desde el Ejecutivo, privatizacin de la educacin, combatir la corrupcin, en poltica exterior se plantea hacer el trabajo del imperialismo en Centroamrica, y acceder a las presiones en la frontera, dejar a los emigrantes a merced de la burguesa yanqui.

El PRI , propone combatir la pobreza y promover el desarrollo de la infraestructura econmica, orientar el presupuesto federal al desarrollo de las empresas, crear puentes de consulta con los empresarios, vincularse con el Parlamento, inversin privada en PEMEX (privatizacin) y CFE, continuar con la privatizacin de la Educacin, atacar los problemas de corrupcin, en cuanto a la poltica exterior se ubica en el retorno a la complacencia con los yanquis, sobre los emigrantes todo consistir en dejarlos como estn, le ponen sus pasitas al postre neoliberal.

El PRD , combatir la discriminacin y la pobreza, adentrarse en la economa internacional con estabilidad, potenciar la industria energtica con la participacin de inversin privada, capitalizacin de PEMEX (de hecho formacin de una empresa de capital mixto), potenciar la industria de la construccin, aplicar una poltica de fomento a las empresas, capitalizar al campo, sostener algunos principios de justicia social asistencialista, reforma laboral, mantener la educacin pblica en su nivel actual, hacer que se acate la ley, mantener a las fuerzas policacas y el ejrcito en su actual papel, en la poltica exterior plantean que es conveniente optar por la mesura.

Qu triangulacin de los intereses gran burgueses!

La chiquillada tiene sus plataformas, pero no son propiamente su fuente de inspiracin, son organizaciones que se componen con escisiones de todos los partidos y lo que en su camino deja la degeneracin de viejos seudoizquierdistas, su integracin se ve favorecida por el sistema electoral en los aspectos que promueven el multipartidismo, aunque los requisitos legales de permanencia terminan por disolverlos para que de los vidrios rotos vuelvan a juntar algo y fundar otra institucin partidista. Generalmente estn a la espera de alianzas con los tres principales partidos para encaramarse con alguna curul, puesto o alcalda:

Convergencia , partido cochupero de Dante Delgado ya sell su alianza con AMLO.

El PT, al final de la rebatia se amarr al PRD.

El PVEM se fue con el mejor postor, que para su caso result ser el PRI.

El Partido Alternativa Socialdemcrata y Campesina, entre divisiones internas y sus apetitos dinereros tiene poco o nada que plantear, Patricia Mercado es su candidata pachanguera.

La Nueva Alianza, con la designacin del expriista Roberto Campa, sus charritos gordillistas andan apurados en acomodarse con los otros.

Las plataformas electorales han variado poco, lo ms sintomtico viene a ser el gatopardismo, el arte de encubrir los fines verdaderos ya sea para no despertar la ira popular o para ganar la estima de los poderosos.

Otros partidos van surgiendo dentro de este sistema que por lo general tienden a hilvanar sus propias relaciones de poder y negociacin frente a la burguesa, estratos sociales o las burocracias para prestarle sus servicios.

Hay en los monopolios esta conviccin de que sus intereses estn finamente representados en estos instrumentos polticos. Una de esas empresas transnacionales para medir valores burgueses lo ha certificado ( Standard and Poor's), felicitando que se asuman con responsabilidad las posiciones constructivas del imperialismo y la oligarqua financiera., califican de positivo que el pas asuma su rol de neocolonia, ah estn los que nos orientan, aseguran que se debe mantener las posiciones del crecimiento, luego sealan que son correctas las propuestas de los partidos polticos, a eso le llaman madurez poltica. Y algunos sinvergenzas en la charca de la politiquera dicen en la gran prensa burguesa hay que votar sin importar que los partidos sean corruptos, vienen a adoctrinarnos a que no son momentos del todo o nada, sin embargo eso es lo que ms bien practica la oligarqua a travs de las plataformas electorales de sus partidos, ese impulso del deber ciudadano asume el rol de aquel personaje agente del Poder descrito por Jos Saramago en su novela Ensayo sobre la lucidez, no asimilan el escarnio aplicado ni ah ni por la experiencia general del pas, sus intereses y relaciones son demasiado poderosas para hacer otra cosa.

Considerando la fuerza que significa ejercer el poder estatal, es natural que los actores polticos de la burguesa se dividan en atencin a apetitos fraccionales y/o individuales de dominio, lo que ha debilitado enormemente la fuerza total de la burguesa. La raz en la debilidad de las alianzas polticas burguesas y de las capas medias radica en que se sostienen por fines de corto plazo y no presentan una plataforma poltico-econmica sustentable, en correspondencia con sus intereses generales, sino lo que mejor se pueda sacar de las componendas con la oligarqua financiera.

Aquella debilidad hoy se busca superar con nuevas concesiones, pero sin duda por la intransigencia del capital financiero lo lograrn solo en unos aspectos, a costa de crear nuevos huecos en la capacidad del organismo estatal para mantener sus antiguas libertades de movimiento frente a los imperialistas.



5.- Nuevas condiciones del capitalismo y el aparato estatal

Acaso suene tedioso decir que las nuevas y viejas prcticas de la burguesa para mantenerse en el Poder no pueden ir ms all de sus intereses, lo recordamos por aquellos supuesto de quienes alientan el cambio democrtico en las elecciones de este ao, que hasta apoyndose en Carlos Marx, como lo hace continuamente el intelectual Enrique Dussel. Y muchos ms, formulan propuestas en las que se nos asegura que los buenos polticos pueden salvar al pas, y otros personajes que acusando a los brasileos de ser culpables por que las cosas no prosperen, como previniendo a los mexicanos que no sean tan ingratos con cierto candidato socialdemcrata de la oligarqua financiera, al que esta le hace el feo siendo comestible, como demuestra su plataforma electoral y su trayectoria de apuntalamiento de los monopolios en el Distrito Federal, aquellos monopolios que enfocan buena parte de su capital a la construccin, a los que ahora otorga un lugar privilegiado para el desarrollo de Mxico, desarrollo que no es tal si se toma en cuenta que la generacin de trabajo no es perdurable, que agota los recursos estatales, esquilma a la poblacin, no incide en las ramas productivas, no amplifica el mercado interno, y va contribuyendo a desequilibrar ms la economa capitalista en su conjunto, s, los perredistas causan graves males a la economa en aras de paliar la crisis manteniendo en funcionamiento unas cuantas empresas, no han quedado atrs con respecto de sus oponentes, como no poda dejar de suceder al aplicar la poltica monopolista en un mbito de apariencia social.

La verdad de las cosas es que el gobierno est sometido a los intereses del capital financiero, la soberana nacional ha quedado reducida a un mnimo de normativas acordes a la internacionalizacin del capital y el dominio imperialista sobre el pas, el IFE funciona como una empresa privada de hacer democracia para el mercado, los partidos polticos burgueses se sometieron finalmente al dictado de los monopolios, los cuerpos represivos se redisearon sobre las bases de mecanismos fascistas, el espritu de enriquecimiento reina entre los actores polticos de la burguesa, el control ideolgico (pblico, privado y clerical) y la enajenacin son utilizados al mximo para impedir que las clases desposedas adquieran conciencia propia.

En la marcha neoliberal toca el turno a la integracin legal del pas al imperialismo, primero mediante la absorcin de la Bolsa Mexicana de Valores de todo el capital nacional, luego sujetndola como centro de operaciones financieras de los monopolios internacionales para adquirir el capital nacional, a continuacin asimilndola como sucursal de la Bolsa de Nueva York, para superar las barreras legales del movimiento de capital, permitiendo su concentracin y su ubicacin de acuerdo a las necesidades del imperialismo.

Las clases dominantes se enfrentan a una terrible realidad histrica: no pueden superar el estado lamentable en que colocaron al pas, en que al disolver diversas cualidades de su Estado y de la operacin de las formas tradicionales de explotacin y opresin de la clase obrera, no cuentan con la ms remota posibilidad de resolver una sola de las problemticas de fondo que padece el sistema.

En particular, la capa ms elevada y dirigente del sistema, la oligarqua financiera en Mxico es incapaz de superar su propia poltica monoplica, y por tal razn, solo puede seguir en su dinmica de esquilmarnos y sojuzgarnos. La oligarqua financiera tiene todas sus apuestas en la llamada reforma estructural de integracin a la esfera yanqui y su complejo econmico, donde no caben los intereses populares.

Las incongruencias manifiestas entre la prdica poltica burguesa y sus acciones son claras, al estar confrontadas con los intereses populares no queda ms que engatusar con seudoprogramas, en hablar de bondades burguesas a las clases sociales que histricamente han sufrido el acoso, la invasin, la masacre, la mutilacin territorial, el saqueo por las diversas potencias imperialistas y de la burguesa nacional. El rgimen, el PRI, el PAN y el PRD fundamentalmente, son en este sentido instrumentos consolidados de la artimaa, del encubrimiento, de la opresin burguesa.

El desvelo de la burguesa y sus instrumentos consiste en mantener el estatus de sus prerrogativas como clase dominante, en hacer inviolable la propiedad privada y los mecanismos de explotacin, en ocultar las implicaciones de su existencia, consiste en afirmar su sistema poltico-econmico, consiste en inculcar en nosotros el respeto a las formas del dominio dentro y fuera de la democracia del capital. Su reto en el 2006 es precisamente el poder llevarse la casa con estas premisas.

Todas las fuerzas de la burguesa obran an por su cuenta, en funcin de hacer prevalecer al rgimen, garantizarle la continuidad y afirmar su capacidad de dominio sobre los explotados y oprimidos; aqu se nos revelan varias tendencias:

a) Unas tendencias polticas de la burguesa alcanzan a ser conscientes de que se est jugando mucho ms que la continuidad de unos u otros operadores polticos del Estado, que en realidad se est poniendo en juego el papel del Estado y su esencia como dictadura del capital. Al percatarse de estos hechos, se empean con redoblado encono en mantener la unidad entre las diversas fuerzas polticas, pero no logran disuadir a los diversos actores, por ser todos miembros de una u otra faccin, por estar atenazados a diversas inercias de la lucha por el poder, por eso, estas nociones cuentan con ms eco entre la prensa liberal y en las ctedras al margen de una posibilidad por hacerse prevalecer y determinar el rumbo de la poltica gran burguesa.

b) Hay otras tendencias a su vez que no perciben esta situacin, para ellas todo est en detentar las riendas del rgimen en competencia contra sus pares, estas fuerzas se empean por circunscribir toda la realidad nacional al tradicional esquema de recambio, estn cegadas a las fracturas con las que viene andando el sistema y solo tienen en mente la defensa a ultranza de toda idea monoplica.

c) Existen tambin las visiones poltico-ideolgicas que ven la mala conducta de las otras facciones como causante de las tragedias del pas, que procuran hacer una revisin, inconsecuente por dems, pues ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio, pretenden disuadir a todos de que tienen la solucin para pobres y ricos, y que basta con un poquitn de equilibrio constitucional para remediar los males.

Todas estas fuerzas no hacen ms que proyectar las diversas maneras con que la burguesa enfrenta la realidad, y en especial sus retos, por ello estas visiones se entremezclan en los diversos polticos contribuyendo a agudizar sus divisiones internas, son la matriz del gran debate de los generales y generalitos de la poltica burguesa y de pequeos mercaderes. Sin embargo les es comn la premisa de que la suerte de nosotros los explotados la deciden ellos, nadie ms. Ellos que se consideran al tanto de la realidad nacional, pregonan solo defender los intereses generales del pas, en realidad solo buscan llevar a cabo los principios econmicos, polticos e ideolgicos que permiten sostener la prctica de las relaciones sociales de produccin capitalista, es decir, sus actos polticos llevan el sello de garanta de defensa de los intereses particulares del capital. Hay tantos aspectos centrales y tantos detalles reveladores de esta realidad que por todos lados es persistente, desde la vida cotidiana en las fbricas y plantaciones.

Naturalmente la correlacin de fuerzas se est complicando para todos por la evidencia de los intereses defendidos, y la descomposicin que sufren los partidos burgueses, de implicaciones polticas, ticas y sociales. La poltica burguesa no tiene los alcances que puedan conmover o reagrupar en su entorno a los trabajadores como antao, lo que ha restado por hacer a muchos es acoplarse a las demandas generales, en trminos de aprovechar los momentos para seguir apuntalando los intereses oligrquicos en sus diversas modalidades. Solo cuando los burgueses y sus partidos promueven algo de inters social logran recuperar cierto margen de audiencia que rpidamente se les agota por dedicarle a las rutas de solucin capitalistas.

La poltica burguesa vive en la zozobra, por tanto lo nico que la sostiene es el poder del capital, los cuerpos de represin, la demagogia, el derecho burgus, los instrumentos de control ideolgico y el encubrimiento en unos aspectos, de sus verdaderos intereses, an as, est resultando difcil mantener las cosas induciendo a la buena conducta de la gente.

La tradicin de dominio con todo lo que se tiene adelantado de experiencia priista no es suficiente para apaciguar a la inconformidad social, las pasiones fascistas del PAN por s solas o ligadas con lo anterior tampoco resultan suficientes, por ello a pesar de sus ascuas, tienen en el oportunismo perredista una ayuda imprescindible para copar lo que ellos consideran todas las salidas posibles al descontento, hoy es claro que estas tres agrupaciones en mancuerna con sus chiquilines estn jugando un rol coordinado a ciertos niveles a pesar de sus desavenencias y su competencia poltica.

Podemos ver cmo la oligarqua financiera trata de inculcarnos la confianza de que estas comparsas son lo ms avanzado en materia de democracia, la burguesa quiere plasmar en nuestras mentes la idea de que las tendencias que promueve son el coronamiento de los intereses generales, pero su celo cae por su propio peso.

De ello resulta que la poltica burguesa a pesar de la ostentosidad de sus medios es: 1.- insuficiente para ocultar los daos que nos ocasiona constantemente, 2.- es anacrnicamente reaccionaria como para pretender defender siquiera los llamados intereses generales algo as como el desarrollo de todas las clases sociales?, 3.- est suficientemente desgastada como para no poder posponer an despus del proceso electoral el ascenso de la lucha de clases, y, 4.- concretamente ineficaz como para controlar absolutamente la accin conciente de la clase obrera.

Hasta aqu con respecto al entorno inmediato en que se desarrollan las elecciones.



Captulo II

El proceso electoral

Las difciles condiciones que vive el capitalismo en su fase monoplica, trajeron una grave crisis de la clase dominante para sostenerse en el Poder, crisis que se traduce en que la maquinaria estatal burguesa vive en su decadencia, trasmitindose al proceso electoral en curso.

No hace falta iluminar extensamente el hecho de que muy a desagrado de las cuentas alegres del Estado capitalista, ste se enfrenta a innumerables dificultades histricas, estructurales y coyunturales para hacer funcionar su ciclo de reproduccin con soltura y en buen ambiente social; pero no nos vamos a quedar con una declaracin, puesto que el tema es demasiado importante, y da pautas sobre las inmensas tareas del movimiento revolucionario.

Esta problemtica ya que es imposible remontar en un futuro cercano por los capitalistas, y marcha irrevocablemente a peores escenarios para el sistema, trata de apaciguarse recurriendo a la instrumentacin en el campo de la ratificacin de su mando, construyendo un proceso de tal forma que el xito le est garantizado con antelacin, sujetndolo a lo que es su patrimonio econmico, poltico y moral antes que a los intereses de las clases de cuyos padecimientos se sirve.

De esta manera el proceso electoral aparece en un corto espacio histrico y poltico tratando de suprimir el movimiento de clases ms importante y trascendente para acotar y acortar las perspectivas de las masas proletarias.



1.- El Estado y la democracia en el momento actual

Los rasgos del decadentismo comienzan por el desgaste de los mecanismos tradicionales de la burguesa para afirmar su omnipotencia sin activar la lucha popular, en este sentido son notorias las acciones masivas en oposicin a las constantes reformas y polticas privatizadoras, tanto como frente al desmantelamiento de viejas conquistas sociales.

Luego se observa el agotamiento del organismo estatal para ocultar el velo de las relaciones de dominio capitalista, pues es inocultable cada paso de la maquinaria en pro de los intereses del imperialismo y la oligarqua financiera, en forma de un perpetuo despojo de los recursos del gobierno. Marcha que abarca a todo el Estado por ser el soporte poltico, administrativo, ideolgico y militar de las relaciones sociales y contradicciones del capitalismo. Que trasciende al desgaste de las maneras socialdemcratas y populistas de encubrir desde el Estado la verdadera naturaleza de ste.

Otra cuestin que acrecienta sus dificultades resulta de la inexistencia de un servicio burocrtico eficiente para cubrir los aspectos bsicos de la administracin estatal. En otras palabras, el Estado como botn de las facciones burguesas y sus partidos sin apego a las necesidades de administracin ni a las cualidades que se requeriran.

Empeoran las cosas tanto la misma supremaca de los estilos y dinmicas empresariales monopolistas de lucro al seno de la administracin estatal (en forma de lobby y en la forma de llevar los manejos de la administracin en general), como por la atrofia ante el establecimiento y arraigo del sistema institucional de lealtades hacia el modo de vida burgus, hacia el gran capital y hacia sus jerarcas polticos.

Por su parte, en lo histrico resalta la descomposicin del poder poltico tradicionalmente nacionalista y profesional; la decadencia de la accin parlamentaria, acentuada por el arribo de un ejrcito de polticos advenedizos incondicionales de los monopolios y la oligarqua financiera.

Hay que decir entonces que las crisis polticas que vive el pas, tienen su centro en el propio Estado capitalista.

Las cosas se vienen a empeorar con el encadenamiento del Estado mexicano al Estado imperialista yanqui, a la oligarqua financiera internacional y a los monopolios internacionales.

En medio de la descomposicin del Estado, se han implantado de firme los estilos y dinmicas de ste para hacer valer los intereses de la gran burguesa y el imperialismo, pese a su agotamiento, como lo son: el corporativismo, legalidad, burocratismo, reglamentacin de la explotacin y la opresin, presidencialismo, fuerza policaca y militar, fascismo, demagogia, subsidio al monopolio, corrupcin, control ideolgico, y la manipulacin del papel del Estado bajo el precepto del Estado de todo el pueblo mexicano.

A su vez, se mantienen abiertas dos grandes formas del control poltico de la sociedad y de puesta en operacin de los imperativos de la oligarqua financiera, es decir, por un lado, ante el desgaste de las estructuras de dominacin, el Estado mexicano marcha a la fascistizacin, y por otro, navega en la posibilidad de maniobrar con reformas que le concedan nuevas coberturas, en las que tiene una gran experiencia para afirmar su control y afianzar las tendencias de la acumulacin capitalista.

Actualmente vienen empujndose ambas opciones, no sin sus contradicciones y dificultades por la lucha poltica que entraan y porque inevitablemente entran todas las clases sociales con sus respectivas plataformas programticas. La oligarqua financiera, puesto que tiene ms ventajas en los marcos del juego poltico burgus gracias a sus recursos econmicos y su arsenal de artimaas espera hacer mejor uso de los dividendos de fascistizacin y de la tradicin reformista del Estado mexicano.

Dentro del cuadro general de las variantes polticas que le son propias, el Estado burgus mexicano hoy supeditado al Estado imperialista norteamericano y a los monopolios dominantes en el pas, juega con el recurso de la poltica desarrollista, modernista y de unidad nacional como elementos ideolgicos en la manipulacin de los trabajadores del campo y la ciudad, para incrementar su explotacin, aunque solo sea a nivel de una propaganda sin sustento en la realidad, pues lo que prevalece es el cierre de empresas, la apertura de maquilas, la importacin de mercancas y la divisin antagnica de la sociedad.

Cuando los diversos actores polticos de la burguesa permiten que pasen las acciones ms reaccionarias y oscurantistas como las del Yunque y el retorno del alto clero a la poltica nacional, no solo revelan su incompetencia, al mismo tiempo reflejan su dbil protesta, pues no dejan de verse aspectos intrnsecos a una clase social a la cual pertenecen, por ms desagradables que les puedan parecer. Y de la misma forma, en el plano de la reforma del Estado los partidos burgueses buscan sentar de firme el dominio de la oligarqua financiera, an cuando sus contrincantes se muestren desesperados ante la limitada eficacia de las reformas y la falta de un gobierno fuerte.

En estas lneas de accin que le dan su brillo, el Estado se ve inducido a actuar persiguiendo toda manifestacin de los oprimidos, ya que encuentra en estas un abierto desafo a su papel, an cuando son visibles sus limitantes al momento de desatarse grandes acciones populares donde no le queda otro remedio que aguardar largo tiempo a que tengan efecto sus maniobras, sus chantajes, sus manipulaciones sistemticas a travs de los medios de comunicacin, sus acciones de desgaste contra los movimientos, debido a que ya no puede aniquilarlos de la noche a la maana.

La burguesa y sus polticos exhiben al pas las ms degradantes maniobras polticas (video escndalos, espionaje telefnico, deserciones, revelaciones, corrupcin, fraudes, espionaje, golpes parlamentarios, burdos manejos legales, asesinatos, chantajes y enjuagues de todo tipo), para consumar su lnea econmica y afirmar alguna de sus fracciones en el mando del gobierno.

En esta lucha, los neoliberales y socialdemcratas tienen mucho en comn, sostienen: 1.- La divisin de las clases trabajadoras, 2.- La manipulacin de sus luchas e intereses, 3.- La negociacin y la maniobra poltica para desmovilizarlas, 4.- La fascistizacin del rgimen, 5.- La represin y criminalizacin de la lucha popular, 6.- La obstruccin de sus verdaderos intereses.7.- La destruccin de sus derechos, 8.- El aislamiento respecto de las capas populares no movilizadas que an constituyen la inmensa mayora, 9.- El sealamiento de sus activistas y organizaciones como soportes de grupos guerrilleros en la idea de que se trata de desadaptados, an cuando son falsas dichas acusaciones, pretenden adems correr el velo respecto de la violencia y su papel en la historia, 10.- En aplastar los anhelos democrticos, 11.- En la impedimenta de que se desarrollen las acciones democrticas y revolucionarias conducidas por el proletariado.

Los contrapesos del rgimen se estn agotando, su capacidad para sortear el campo minado que tanto se empe en sembrar est a punto de hacer explosin, por algo le vimos pidiendo tregua en septiembre y luego en diciembre para afrontar su maltrecho prestigio, pero las fuerzas econmicas y polticas son superiores a estos raquticos esfuerzos, y pronto se deshace de los compromisos en cuanto se siente saludable.

Esta nueva escalada no recompondr la crisis poltica porque sigue promoviendo la lucha de facciones, y empeora las condiciones de vida de los trabajadores, las victorias del foxismo, el calderonismo y el peanietismo no son ms que una ilusin, el rgimen se encuentra enfermo de gravedad en su etapa terminal, sus propuestas solo han consistido en entregarse ms y ms al imperio gringo.



2.- El Proceso electoral

Por encima de cualquier nocin que se juzgue como antielectorera, queda demostrado que las elecciones son organizadas de manea que los intereses populares estn fuera de su horizonte, las elecciones por su forma de organizacin, por el contenido de las propuestas en disputa, por el carcter de los partidos que en ellas concurren; estn fuera de toda sospecha, pero para el capital financiero.

Y no puede ser de otra forma, pues como quedan las cosas, las elecciones se rigen por lo que dice quien lleva las riendas, que es el capital. El simple hecho de que en las elecciones se gaste una cantidad de recursos tan grande, plantea en s el objetivo que persiguen, a quin s se escucha, en qu Poder s se confa, lo que es ms revelador, se consolida en este terreno el papel del capital como elemento de alienacin superior sobre la sociedad, como la base en poltica para dictar la direccin del proceso, ante tales recursos no podemos esperar ms que la presencia avasalladora de los intereses burgueses. En su ostentosidad econmica se esconden sus limitaciones de clase, se evidencian los apetitos que corroen el proceso de extremo a extremo.

En general en los procesos electorales que organiza la burguesa no es posible cambiar las bases del propio modo de explotacin de los trabajadores del campo y la ciudad, las elecciones no tienen forma de subvertir el orden social existente, y las presentes ni siquiera de contener sus aspectos ms negativos, pero esto no cierra definitivamente las posibilidades de la lucha electoral de manera absoluta, solo nos plantea la realidad imperante en las presentes contiendas.

Por supuesto, las elecciones siempre han sido ms que el simple escenario de recomposicin de los gobiernos burgueses, se trata de un derecho conquistado con mucho esfuerzo, que anhelaba votar para cambiar su situacin por esta va, que pese al recurrente abstencionismo, deseara que las cosas se solucionaran bien por medio de elecciones para influir en lo que se viene haciendo, sostenindose la tendencia democrtica de las masas tambin en el campo de la legalidad del sistema, sin en cambio la burguesa y sus polticos se burlan de estos sentimientos y deseos populares.

En las elecciones de 2006 se burlaron al extremo de que ah donde fue posible deshacerse del voto hostil lo hicieron por medio del abandono de su tradicional poltica de celo empadronador, temerosos de las sorpresas, no le pusieron la suficiente atencin aprovechando la circunstancia de que quienes se trataba de ubicar en sus intenciones de votar se encuentran abrumados por la carga de trabajo en los Estados Unidos, se enfrentan a la persecucin por ilegales, ni se les auxili debidamente quedando fuera de estas elecciones millones de proletarios, al final el IFE celebr haber recabado arriba de las 15,000 solicitudes (de 4,000,000 de posibles electores en los EE UU), para comunicar en seguida la infausta noticia de que el tiempo se acab, Dios perdona, pero el tiempo no. En las elecciones de 2012 y todas las intermedias, se recurri a la compra del voto, el engao respecto de los verdaderos fines y los amagues para que las fuerzas pudiesen ser concentradas en la derrota del movimiento popular a efecto de hacer pasar las grandes reformas del 2013.

Las elecciones como fenmenos poltico-sociales que hoy da la burguesa no puede eludir sin riesgo de perderlo todo, captan la atencin de la poblacin que vive una situacin desesperada y quiere cambiarla, siendo educada para actuar en dichos procesos. Por verse tan afectada con la poltica burguesa tratar de influir con sus propias banderas, y por ello las elecciones llaman nuestra atencin y nos convocan a luchar, as sea contra de los deseos de la burguesa. Qu fuerza revolucionaria no se ha planteado la necesidad de destacar revolucionarios en los gobiernos municipales, en los parlamentos estatal y federal? El problema son los inconvenientes que ha montado la burguesa por hoy.

Por lo que se refiere a esta necesaria tarea, al respecto la burguesa en contubernio con los oportunistas han cerrado el paso a los obreros, a los campesinos, a los demcratas y a los revolucionarios para que por encima del mismo contenido de las elecciones pudieran contender y acceder a alguna instancia representativa que permita hacer uso de nuevos espacios legales a efecto de reclamar los intereses populares y el apuntalamiento de la lucha social; a pesar de esta realidad, a pesar de que no deja de ser una debilidad del movimiento, que le sustrae un elemento material de insercin en la lucha, no hay resignacin entre los trabajadores, los progresistas, los demcratas y los revolucionarios, en su contraparte, pese a los frenos que plantea el proceso, se nos abren todas las posibilidades para orientar la lucha por otros senderos. Los problemas sociales solo presentan la imposibilidad de resolverse electoralmente, ms no as revolucionariamente.

No obstante tenemos claro los objetivos en lo que respecta a la estrategia electoral, el movimiento debe plantearse el rechazo a las plataformas polticas de los partidos burgueses en campaa, debe destacar sus propios planteamientos de solucin a los problemas, su propio programa de lucha, mucho del cual est contenido en el planteamiento de Ni un gobierno neoliberal ms!, debe plantearse la necesaria reforma popular de las leyes electorales y restringir la operacin de los partidos burgueses para impedir que sigan haciendo cuanto les dictan sus amos, debe plantearse la importancia de que sus verdaderos representantes accedan a espacios donde puedan abonar el terreno de la solucin de sus demandas y el terreno de la lucha revolucionaria misma.

Esas son algunas de las tareas inmediatas en el terreno electoral, pues en las condiciones que prevalecen no cabe esperar que el proceso de neocolonizacin imperialista, de destruccin de la economa del pas y de intensa emigracin pueda detenerse desde las instancias legales presentes ni por las que sean electas al trmino, y entonces hay que combatirlas en primer grado. Esta profundizacin de los males del capitalismo va a ocurrir debido a tres principales elementos objetivos: porque los principales contendientes, con reales posibilidades de acceder al Poder, estn vinculados a unas u otras fracciones de la oligarqua financiera; porque el patrn general de las plataformas polticas est diseado en funcin a eso; y porque la lnea mnima de accin burguesa est en correspondencia con el capitalismo monopolista.

Y como premisa de elemento subjetivo se destaca que, partiendo de las condiciones actuales del pas se ha corrido completamente el velo de las elecciones, demostrando con lujo de detalles que lo que se prepara es la reafirmacin de los valores ideolgicos del gran capital.

Con el alto gasto financiero y con su mercadotecnia el proceso se destaca como una campaa de enajenacin intensa sobre las clases productivas, donde se llevar al colmo de la ignominia el buen capital de campaa a los centros poblacionales hoy tremendamente pauperizados, para que puedas ver ms de las desigualdades y contradicciones del sistema entre la capacidad operativa, el despliegue de tecnologa, los vehculos de primera, los trajes de gran parada, la buena comida, en contraposicin con nuestro drama diario. Y todo eso es plusvala sustrada de tus manos.

Los partidos polticos se han consolidado como organizaciones representativas de las distintas facetas de la oligarqua financiera en poltica, y sus candidatos son dignos representantes de la ambicin personal de lucro, que recientemente ocupaban cargos en unas u otras esferas de esos mismos partidos y del Estado, jugando ahora por colarse en el nuevo gobierno para seguir viviendo del dinero arrebatado al trabajador.

Las acciones cotidianas de los partidos polticos estriban en hacer un inmenso teatro sobre la democracia, que es la gran ausente, pues cada uno de sus candidatos viene de procesos internos desacreditados en diversos sentidos, han ocupado cargos donde le dieron duro a la corrupcin, el nepotismo, etc., han comprado muchas de sus candidaturas y otros las han negociado con influyentismo, peor an, en su mayora renen el perfil del poltico trnsfuga, sufragado por los monopolios, no abundan los representantes obreros, ni del campesinado pobre, los que dicen serlo, en su mayora slo se adjudican ese papel.

La persistente crisis poltica ha trasladado su escenario a la contienda electoral, y de ella no ha de salir sino que desmejorar, porque ninguno de los problemas sociales ha sido resuelto, ni tiene visos de poderse resolver por las clases dominantes ya que no solo son su responsabilidad, adems son en buena medida necesarios para que siempre haya seres humanos en condiciones de ser explotados y ejerzan presin en el descenso de los salarios.

La estrategia principal de los candidatos a presidente, senador, diputado, gobernador o alcaldes es posesionarse en los medios de comunicacin, fortalecer sus estructuras polticas partidarias y extra-partidarias, ofrecer todas las garantas al capital y manipular la conciencia de los oprimidos, con todo tipo de discursos, pero sin concretar nada que ponga en entredicho los intereses del sistema.

Estas elecciones significan la vuelta de tuerca en la lnea del Poder debido a que las elecciones niegan el hecho fundamental de la contradiccin entre la burguesa y el proletariado que sostiene a la presente sociedad en el estado de perpetua explotacin de la fuerza de trabajo por el capitalista, y niegan por tanto la necesidad de disolver el rgimen poltico que afirma esta realidad central. Por eso el gran cometido de este proceso es lograr la ms completa unificacin entre explotados y explotadores, donde precisamente las elecciones sirven como el arreglo contractual entre los de arriba y los de abajo para redoblar la marcha del sistema, elevando el mito de la democracia burguesa y procurando poner a buen recaudo el proceso revolucionario.

La cuestin nos lleva a pensar en los actos eslabonados de la rutina electoral como est delineada en el escenario actual, trazados por los idelogos como sumatorias positivas de toma de partido por una u otra opcin de las que se ofrecen en el mercado electoral, pero debe verse la parte negativa consistente en que cada paso de esa sumatoria representa la prdida de la conciencia de clase y la prdida sensible de los intereses de clase para someterse a las plataformas polticas de la oligarqua en una de sus diferentes presentaciones, esta contradiccin lleva al punto donde el fenmeno trasciende como el crisol de nuestra esclavizacin puesto que por efecto de respaldar con el simple acto del 2 de julio una de sus versiones, se respalda al conjunto del sistema. En este grado se presenta la situacin.

En su contraparte, sta trgica situacin para el pueblo de Mxico lo est llevando al lmite de su capacidad de soportar su continuacin. Por el doloroso camino del hambre y la miseria el punto de quiebre de su conciencia tiene inmensas posibilidades de superarse, as como nunca antes habamos llegado a tal grado de deshumanizacin, as como nunca antes el capital en Mxico haba logrado tal control y dominio sobre la sociedad en general y sobre los explotados en particular; la lucha popular tiene mayores perspectivas.

Las elecciones acontecern, pero lo que nosotros no podemos permitirnos es dejar de actuar para superar la fase actual de lucha ahora y despus del proceso, lucha que se destaca en el proceso de acumulacin revolucionaria de fuerzas con lo que respecta a las elecciones, a impedir que la oligarqua financiera se fortalezca y mantenga sus posiciones, a socavar el sistema de partidos y electoral transformados en patrimonio de la oligarqua financiera, para ir fincando una estrategia electoral revolucionaria de incidencia.

En las condiciones actuales y la presin de la historia del capitalismo, en que se ha luchado por tener dignas condiciones de vida y trabajo a un alto precio, se han asimilado lentamente elementos de necesaria resistencia, se acumularon al fin y al cabo inmensas experiencias de lucha contra la burguesa y su Estado, se afirm finalmente la naturaleza del enemigo de clase y la necesidad de combatirle. Por tanto el movimiento tambin se apresta a combatir a la burguesa y sus partidos polticos en su propia casa, en el mismo proceso electoral habr lucha, habr protestas, contamos con La Otra Campaa, posteriormente surgi la APPO, importantes movimientos de resistencia y denuncia del rgimen a los que seguirn nuevas jornadas de lucha, avanza la idea de un frente patritico, se dar la amplia difusin del programa democrtico y revolucionario, la asamblea popular aparece en la discusin, los propios eventos electorales son ya escenarios de la protesta popular.

Bien se insiste en todas partes, en algunas con deleite y en otras con inocultable bochorno, en que el proceso poltico por la sucesin presidencial esta vez se desat con virulencia, falta aadir las razones y alcances de esto, la razn est a flor de piel, la situacin es una muestra de la grave crisis del rgimen, en tanto que los alcances distan de interpretarse en sus ms amplias consecuencias.

El destino del proceso electoral ahora es lavar en las aguas del olvido la memoria colectiva, borrar las tristes cuentas del capitalismo, repasar la nota democrtica, seguir la marcha cronometrada de la explotacin y la opresin de los trabajadores para que todo contine peor que como hasta ahora. La burguesa decidi sobre la disyuntiva que ofreci el mismo IFE con relacin al presupuesto democracia o demandas sociales?, a favor de su democracia de dinero.

Despus de todo este Orden de cosas se reafirma una y otra vez, encuentra en los procesos electorales nueva vitalidad, reestablece por algn tiempo los supuestos del mandato de la clase dominante. Crea la apariencia de que los ricos descienden al mundo de los pobres y los pobres ascienden al mundo de los ricos, pero al da siguiente de ser ejecutado el ltimo acto en las urnas todo se reestablece, la desigualdad se acenta por el simple hecho de que nuevos personeros continan la labor del sistema y los votantes tienen en adelante ms normas que acatar y menos intereses que exigir.

Es de considerar que persiste tal cosa porque el proceso electoral no cuestiona las bases del sistema, como no podra hacerlo siendo una parte importante de ste en el campo de la poltica burguesa, y consecuentemente no se establecen mecanismos para desembarazarnos del rgimen opresor. An en los escenarios de actividad poltica cvica de mayor crtica, el punto base que se sostiene es el de la defensa del Estado de Derecho en que el Poder se sustenta, en la propiedad privada como principio inmutable, como ordenador de la vida social.

Hay una historia particular de cada proceso electoral, a cada cual le ha correspondido resolver ciertos antagonismos interburgueses, enfrentar la presin de los de abajo, mantener el estatus de clase dominante para la burguesa, entablar acuerdos con las clases explotadas y oprimidas sin romper dicho estatus, y tambin, enfrentar los retos de legitimacin de cada escalada opresiva; visto as, la lucha de clases adquiere claras connotaciones muy peculiares en cada proceso, aunque por lo pronto no abundaremos ms, pues ste ser un elemento que no dejaremos de considerar.

Enfocando ahora la cuestin en su dimensin histrica, es reconocible un hecho: en un tiempo, y especialmente de cara a la lucha contra el feudalismo y sus reminiscencias vivas, los procesos electorales, por ms limitados que fueron -simplemente considrese a este respecto la historia del voto universal en Mxico-, cumplan un papel progresista cuando aseguraban a la burguesa y la pequea burguesa el mando del Estado, herramientas invaluables en la lucha contra las antiguas clases retrgradas, as mismo cuando dichos procesos aseguran la participacin amplsima de los trabajadores bajo sus propios programas (lo que dista mucho de ser una realidad en nuestro pas a pesar de la pompa ramplona de la poltica burguesa que destaca como gran mrito de sus procesos electorales el de: todos pueden votar), son an de gran valor para la lucha que sustentan, a pesar de haber perdido su mayor valor de avanzada, puesto que su papel fundamental y sus posibilidades reales est en los dictados de las clases que ya detentan el Poder.

En lo que respecta a esto, que dichos procesos cumplan el ms puro de sus propsitos de asegurar la libre participacin ciudadana y el ms trascendental ejercicio democrtico, fraseologas tan altisonantes, resulta falso por varias razones:

1.- Porque lo que se cumple es la voluntad del capital de continuar con su ciclo, pues como hemos constatado, todas las candidaturas con posibilidades de triunfo estn alejadas de los problemas fundamentales de la sociedad o bien se circunscriben a instrumentar medidas paliativas.

2.- Porque es estrictamente efectivo para las facciones burguesas que detentan el mayor poder econmico, solo la oligarqua financiera al asegurarse la distribucin (derroche) de recursos financieros, polticos, propagandsticos, legales, etc., tiene asegurado que se pronuncie su voz y los intereses del capital, las distintas recetas para su dominio, y eventualmente imponerse por el control del pas ante cualquier adversario o disconforme en alguno de los mbitos de su actividad.

3.- Porque es insuficiente alimentar al propio rgimen con la cobija protectora de atender la voluntad popular y la prdica de la igualdad, cuando ni existe tal respeto de nuestros intereses y se vive en el reino de la ms grave desigualdad.

4.- Porque ya no pueden asegurarse una sola accin democrtica una vez hecha la eleccin, por influjo del poder de autoridad del que quedan recubiertos quienes ascienden al poder poltico, consagrados en las leyes y los principios rectores del mando burgus, y,

5.- A riesgo de parecer doctrinarios, las ideas polticas dominantes en el rea del ejercicio democrtico son las ideas de la clase dominante, esto se manifiesta por miles de formas, va desde los criterios con que se inducen las preferencias electorales, las falsas interpretaciones sobre las causas de la crisis y los males que padecemos, hasta las declaraciones insinuantes de los grandes magnates y los imperialistas, sobre nuestra incapacidad histrica de llevar a buen puerto nuestros asuntos sin ellos y sus dictmenes.

Respecto de este ltimo punto permtasenos un breve comentario, claro, claro, nos inculcan en realidad la idea reaccionaria de que ya no habr movilidad social y la democracia burguesa con sus tramas electorales existir por siempre, vinindonos lo ms noble desde fuera y en especial del espritu yanqui. La oligarqua financiera comparte no solo intereses, tambin comparte una gran preocupacin, si falla el sistema electoral por diversas causas como puede ser la generalizacin de protestas, el abstencionismo, o la contencin de algunas de sus polticas ms ambicionadas; en Mxico las condiciones sociales pueden provocar el desarrollo del movimiento organizado y en pugna por el Poder. Sintiendo esto, los magnates se adelantaron a los acontecimientos, estn elaborando un procedimiento que asegure las mximas garantas, que tiene como punto de apoyo el Pacto de Chapultepec donde cieron a los partidos polticos pero como una clara advertencia a los pobres del campo y la ciudad a respetar la civilidad y las normas de buena conducta, que nadie de los magnates y los partidos respeta ni tienen una idea tica de estas, solo instrumental.

Erigido en norma republicana cada acto electoral permite a la burguesa que su poder poltico sea una transaccin donde prevalecen sus intereses fundamentales, tanto por los representantes electos, aunque no necesariamente por esto, sino por lo que resulta ms importante, la inviolabilidad de sus privilegios de clase. Las elecciones tienen el papel de hacer que regularmente la burguesa se sobreponga a sus irremediables crisis polticas, resuelva siempre la continuacin de otras acciones en su beneficio y supere el descontento que cada rgimen genera. Con cada acto se concentra ms y ms el poder burgus, lo cual es consustancial, puesto que obedece a determinadas leyes de la propia dinmica capitalista. Esto ocurre en dos formas fundamentales, de un lado asentando normas de accin exclusivamente burguesas en el conjunto de la sociedad, y de otra concentrando las decisiones ms trascendentales en un ncleo exclusivo del gobierno, la oligarqua financiera y las elites de sus partidos.

Si bien el Gran Elector difcilmente es el presidente de la repblica, aqul existe, y responde al nombre de capital. Sus leyes econmicas y jurdicas, sus necesidades, sus prioridades y sus chequeras son las mayores determinantes en los procesos electorales del capitalismo.

Era natural que a cada momento expansivo del capitalismo, los procesos electorales se revistieran de majestuosidad y lograran encarrilar la accin de los trabajadores en refuerzo de la poltica burguesa, lo que de tiempo en tiempo otorgaba ms y ms legitimacin tanto a los procesos electorales posteriores como a todas las polticas del rgimen.

Mas asistimos a momentos en que ya de un buen tiempo a la fecha la gran burguesa va hundiendo al pas en la miseria en tanto que esta engorda y se alinea al imperialismo, sus fracasos en la direccin del pas, su incapacidad como clase para eludir las crisis econmicas la han metido en el marasmo poltico, en la constante zozobra, y por ende en cada proceso electoral se enfrenta a sus propios malestares, lucha ante el descrdito, inventa nuevas formas dictatoriales de despojar sus procesos de los resquicios democrticos, trata entonces de encubrir el hecho de que su sistema electoral y su democracia estn agotados, as como se empea en disuadir el creciente descontento popular y enredarnos en su cada.

Su apuesta de siempre es que pese a todo, el movimiento no alcance a constituirse en movimiento poltico independiente con objetivos democrticos y revolucionarios ante la situacin que se est generando. Es ah donde radica lo verdaderamente trascendente del asunto, que est en disputa en estos momentos, atravesando todo el proceso electoral y ms all de ste.



3.- El sistema electoral

Dos reas claves de la democracia burguesa sobre la renovacin de los regmenes, son el sistema electoral y el de partidos, como bien lo reconocen todos los polticos de la burguesa, estos sistemas son fundamentales en la democracia burguesa, y marchan en un sentido hacindose contrapesos para asegurar cierto equilibrio y, en otro sentido, apoyndose en el esfuerzo comn de perfeccionar las capacidades del sistema capitalista, a manera que una mano lava la otra.

En la nueva reforma electoral figuran estos sistemas como los soportes sociales del Estado mexicano, o sea, ambos aparecen como organizacin independiente, de los ciudadanos, para participar polticamente en lo que les es comn. Resulta fantasioso colocarlos al margen del Estado, lo que no se puede esperar, ni le es conveniente al mismo, entretanto juegan con el supuesto, para elevar los logros en cuanto a que de una parte el IFE es ahora institucin autnoma, y el Tribunal Federal Electoral ha conquistado un nuevo estatus en la toma de decisiones, al igual los partidos polticos se nos presentan como instituciones libres de la presin del Estado y de las clases sociales. A las primeras se ver que eso solo es cierto con lo que respecta a su operatividad, ambos sistemas estn fuertemente asidos al Estado por vas econmicas y polticas, sirvindole enormemente.

El sistema electoral consiste en diversas reglas e instituciones que se encargan de organizar las elecciones y resolver las controversias que surjan, fijar el monto de las campaas polticas, y regular la actividad de los partidos, o sea la sociedad en s no interviene. Estos son mecanismos que lo enlazan con el Poder, recordemos que la burguesa qued obligada a separar esta antigua atribucin de su Estado y traspasarla en apariencia a los ciudadanos a travs del IFE y el Tribunal Electoral, se trata de una atribucin de Poder para asegurar el paso al mando del Estado.

As pues, el sistema electoral se ha venido diseando para estas tareas y tambin para romper con la antigua fuerza de los partidos de la burguesa a la hora de asumir el mando del gobierno, tanto como para romper con las antiguas presiones del presidencialismo; estos son dos aspectos que llevando mucho de validez, constituyen el argumento subjetivo que permite ocultar los cambios econmicos que sustentan estas nuevas necesidades del sistema capitalista.

El sistema electoral ha sido cuidadoso en crear una serie de reglas de ascenso al parlamento para los diversos partidos, mimndoles cuando los votos de algn candidato no alcanzan con procedimientos de representacin para que no pierdan sus espacios, corrompindoles al permitir legalmente que cualquier personaje busque una candidatura por fuera de su anterior partido, facilitando las alianzas interpartidistas para diversas campaas electorales, y en algunos rubros hasta concedindoles algunos viejos valores de concepcin de los partidos burgueses sobre su preponderancia en el mismo sistema electoral a sabiendas de que estas pretensiones socavan a los actores polticos ms retrasados en el cambio oligrquico.

En el fondo con ste sistema todos los partidos han quedado sujetos a su decisin final, no es gratuito entonces que, guardando silencio sobre sus respectivas ganancias, constantemente estos dos sistemas se hostiguen y confronten en nuestro pas, tanto por los viejos estilos de disputa partidista, como por las diferencias respecto de cmo modernizar ms ambos sistemas.

En este caso, desde la visin del IFE, la polmica se atraviesa porque segn su ex Consejero Presidente Luis Carlos Ugalde Me parece que uno de los problemas fundamentales de este contexto con la manera cmo se conduce la competencia poltica en Mxico en ocasiones, y el sector privado ha sido muy enftico en sealarlo de manera correcta, es en torno a la calidad de llevarlo, que se ha orientado en ocasiones ms a la descalificacin del adversario y a la propuesta de ofertas para los funcionarios sobre los problemas fundamentales del pas. Es decir, segn l lo malo del sistema son simplemente las diatribas de los partidos polticos, y habra que corregirlas tomando en cuenta las orientaciones de la burguesa.

Una muestra de la fuerza del IFE para sujetar a los partidos a sus decisiones fue el ensayo decembrino de la tregua dictaminada por el IFE a los partidos polticos y que solo el poder ejecutivo se atrevi a violar sin mas ni mas.

Gracias a las normas e institucionalidad alcanzadas, el IFE ha devenido en un organismo eficaz para debilitar a los partidos polticos ajustndoles a las nuevas condiciones de poder del capital financiero, mismos que avalaron las cosas as an cuando no esperaban la trascendencia del proceso y solo buscaban su legitimidad y pronta llegada al gobierno.

Con la salvedad de que se seguir ajustando, en lo ms importante ya est consumado el proceso de formacin de este sistema electoral, asegurando para el capital financiero por medio de una serie de candados institucionales que quien arribe al gobierno est obligado a acatar las normas econmicas que se han dictado desde hace varios decenios, ello en lo estratgico, y digamos en lo inmediato, las ganancias multimillonarias del presupuesto del IFE son en primer lugar para los monopolios de la comunicacin.

No hay que olvidarlo, las propias ligas del IFE en el Estado mexicano, las caractersticas proburguesas de sus consejeros, y el papel que el Secretario de Gobernacin est jugando al frente de los clericales y fascistas, como interventor en cuanto acontece en el interior del pas; presionarn las conquistas institucionales de la democracia burguesa, y la ajustarn sin duda a las necesidades emergentes de hacer llegar al Poder a los personajes ms idneos para capitanearlo.

Dado que la corrupcin gan a los comicios limpios, corre una institucionalizacin del fraude, el IFE pasa a ser INE, Instituto Nacional de Elecciones (un cambio que cost mil millones), como medio de ingeniera electoral favorable a los chanchullos de los grupos de poder dominantes. En el mismo sentido lo que ya entreveamos respecto del IFE vino cocinndose como formacin de poder poltico, en el INE queda definitivamente asentado como nuevo poder al margen del pueblo y en su contra para que ni dicha instancia ni mucho menos el pueblo puedan ejercer vigilancia y control sobre los procedimientos electorales, pasando estos a servir de empresa gestora del reparto de poder en forma autocrtica.

Los partidos han sido exhortados por la burguesa a luchar contra el fantasma del abstencionismo, que es visto como una de las principales amenazas a la estabilidad y conclusin del proceso electoral, y mucho ms peligroso si adquiere conciencia, por ello han puesto todo a trabajar para impedir una debacle por esta va y el que en Mxico se constituya un gobierno dbil ante las mayoras.



4.- El sistema de partidos

Al perfeccionarse la democracia burguesa, no solo se viene el florecimiento de un ambiente legal para el debate y la disputa de sus intereses en muchas ramas econmicas, tambin se ambienta el escenario pertinente para que se desarrollen los rganos polticos que sostengan permanentemente las diversas reivindicaciones y proyecciones.

Los partidos polticos actuales, sin importar sean de vieja o reciente fundacin, sus disparidades de origen y sus anteriores servicios al Estado, actualmente se organizan para fortalecer ese escenario de concordia burguesa, este moderno sistema del multipartidismo en Mxico le ayuda a la burguesa a encontrar las frmulas polticas ms apropiadas para hacer pasar sus intereses como los de toda la nacin. Todo un sistema a lo gringo, que en lugar de dos tiene tres cabezas, las dos primeras estaran repartindose los principales puestos, en tanto que el tercero con la consolidacin de la socialdemocracia de derecha sirve de vlvula de escape al descontento, los dems hacen el escenario seudo-democrtico y otras funciones de rejuego poltico; unos votan las reformas, otros hacen el juego y las intrincadas relaciones del poder poltico, y cuando lo ven conveniente golpean la mesa y llaman a defender al pueblo con las armas melladas del capitalismo.

No hay que cerrar los ojos, son varios los hechos recientes que sostienen el sistema de partidos en sus viejos y nuevos aspectos, estos hechos parten, en otro ngulo, en la prioridad del control econmico y poltico de la oligarqua financiera que necesitaba limitar su protuberancia priista, restringir los alcances de sus burocracias, empequeecerlas y someterlas cien por ciento. Otro hecho es que el desplazamiento de la burguesa media y de la pequea burguesa de la economa y el Estado, se tradujo en este orden en su debilitamiento poltico y en la exigencia oligrquica para soltar las amarras de la presin partidista. Uno ms fue la batalla popular por acotar la accin de los partidos de la burguesa, en especial del PRI, el PAN y el PRD, influy en aclarar los lmites de estos, aunque no resolvi positivamente el problema del control definitivo sobre los trabajadores como no se poda resolver en esta sociedad. El ltimo de estos hechos de gran significacin es la presin imperialista por ubicar a los partidos en su nuevo papel. A todos estos hechos relevantes les sigui de cerca la cuestin del sentido poltico de la oligarqua financiera que le incita a modernizar sus estructuras partidarias de control social.

El desafo burgus de consolidar un sistema de partidos confiable consisti en permitir su arribo al cuerpo del Estado y disponer de un codiciado presupuesto para maicearlos y ponerlos en operacin. La burguesa mat varios pjaros esplndidamente, se deshizo de la acostumbrada impertinencia partidista de la charola, carg el gasto de los partidos a la poblacin por intermediacin del presupuesto pblico, golpe a las burocracias anquilosadas (dinos del PRI) modernizndolas, desarticul los caudillismos ms perniciosos, arrebat de instrumentos de negociacin a la burguesa media, y estableci un mecanismo legal de conversin de las izquierdas legales a derechas oposicionistas.

De este sistema se destacan 8 partidos y 113 agrupaciones polticas legalmente constituidas, asimiladas a la organizacin del Estado. Dicho en su momento en palabras de Jos Woldenberg: los partidos se han vuelto el centro motor del funcionamiento del Estado democrtico, muy consecuente en sus criterios, l fue uno de los principales protagonistas de este sistema de partidos contando con el respaldo firme de la oligarqua financiera y su Estado, que no le import el giro liberal-reformista de este seor exponente de las ideas modernistas del otrora reformista francs Maurice Duverger.

Esos partidos y agrupaciones polticas tienen sus posibilidades no solo de coordinacin, sino de formar bloques con especial nfasis a las campaas electorales y la actuacin comn parlamentaria, con objeto de resarcirles por un lado ciertas debilidades de accin, fomentando el espejismo de que se forman frentes populares, y reestableciendo la fuerza de la burguesa para unificar posiciones.

Varios son los objetivos a que sirven los partidos polticos de la burguesa. Si tratamos los objetivos en el llamado arcoiris de derecha a izquierda, distinguiremos algunos de estos en un marco de acciones orientadas a la reaccin, el reformismo y la mediatizacin a las clases oprimidas, lneas que corresponden muy bien a las distintas opiniones existentes entre las clases poseedoras, pero ahora interesa ms que observemos aquellos objetivos donde siempre hay coincidencia, que son comunes a los partidos burgueses en nuestro pas por tratarse del sistema en que se sostienen.

A este efecto hemos enlistado los objetivos del sistema de partidos por como se suceden y ligan unos con otros.

Al principio se destaca el plano de las normas de participacin legal que consiste en asegurar la reivindicacin de la sociedad civil burguesa por intermedio de los partidos polticos en un proceso de depuracin de los antagonismos, para presentarlos como intereses generales, sin la supuesta estrechez de clase.

En seguida se ve materializado el objetivo de crear un equilibrio poltico social de aparente consenso que estimula la mediatizacin de toda accin popular a enrolarse en el cause de la legalidad a la hora de plantearse soluciones como aquella propuesta del PRD para reglamentar las manifestaciones y hasta de otorgar un espacio de protesta (marchdromo) que ahora trasciende a la criminalizacin de la protesta y la manifestacin en la va pblica. Y es muy eficaz por cuanto aprovecha las grandes necesidades del movimiento popular de resolver demandas de lo ms normales, pero que se ve obligado con este estado de cosas, a vender su definicin al candidato que ms prometa, aunque despus no les vaya a cumplir, alentando en el interior de las organizaciones su descomposicin poltica, que sus lneas programticas se desdibujen y abandonen los fines por los cuales se constituyeron. La burguesa complacida con todo esto, no se detiene, trabaja por disolver la protesta popular en iniciativas del PAN, del PRI y el PRD para poner en la completa ilegalidad las ms elementales protestas.

No es ninguna inferencia artificial el concluir que estos partidos marchan juntos en los asuntos de la consolidacin del Estado, an cuando persisten sus diferencias, mucha es su obra comn para resguardar la democracia burguesa. En todo se establece el objetivo de subrayar la competencia electoral ponindola en el primer plano de la lucha de clases.

Es preciso insistir en su relacin con la estructura del Estado, otro de los objetivos del sistema de partidos consiste en asegurar que en el marco de la divisin de poderes, un partido sea el timonel en tanto que otros se dedican a hacer una oposicin discursiva sin afectar la continuidad del mando oligrquico.

Se percibe en estos planes que se destaca tambin el encubrir adecuadamente las contradicciones del sistema en un cmulo de intenciones democrticas para afrontar los retos del ciclo de la poltica burguesa.

En punto a la lucha de clases se quiere desalentar otro tipo de salidas de ruptura con el rgimen. Disuade respecto del camino revolucionario, disuelve la accin de los partidos revolucionarios, los coloca en serias dificultades al cerrar el paso a los mecanismos legales que permiten resolver diversas problemticas de los movimientos populares, cierra el paso a la difusin masiva de las consignas revolucionarias, y se reserva una firme estructura de legalizacin de organizaciones que filtra todo intento democrtico-revolucionario por incursionar en la actividad legal, etc. A su vez desvirta el espritu de clase y opaca la lucha ideolgica.

No poda faltar en estos objetivos el de llevar al campo social el espritu de realizacin burguesa individualista.

El sistema de partidos en Mxico tiene algunos aditamentos garantes de que todo marche acorde con las necesidades del capitalismo en sus diversos momentos, aditamentos que norman la vida interna de los partidos polticos desde la rigidez panista donde es poco necesario para la oligarqua en acentuar el fondo de los debates y la formulacin profunda de sus apetitos, la discusin vertical del priismo de los dictmenes de la burguesa sin entrar en contradiccin con los mismos, la exacerbada actitud de polmica al interior del PRD para contentar a sus muy diversas facciones, la laxitud del debate en la chiquillada, donde lo prioritario es escalar puestos parlamentarios, servir de cua a los gobernantes en su disputa con alguno de los grandes partidos, y no perder el presupuesto.

Exteriormente, y en relacin con el electorerismo, destaca en las normas del sistema de partidos para mantener la buena comparsa, el sistema de mayora absoluta y relativa, y de las formas de representacin proporcional.

Asimismo se hace mucho hincapi en los nuevos esquemas de financiamiento estatal, como una manera efectiva de atraer a todos al paraguas econmico del Estado, y esforzarse por desarrollar una estructura territorial contra toda necesidad de las clases explotadas y oprimidas para afianzar en los distritos y esquemas de organizacin territorial del Estado la vigilancia y preponderancia de la clase gobernante.



5.- Presupuesto estatal

Todos sabemos que el presupuesto estatal para las campaas electorales va en aumento al paso que se afianza el sistema electoral y el de partidos como sustanciales de la democracia burguesa. El presupuesto otorgado para el proceso electoral del 2006 fue de poco ms de 13 mil millones de pesos, de los cuales el IFE entreg a los partidos 4,913 millones, y el resto de casi 2/3 del presupuesto se qued en manos del IFE. El presupuesto electoral 2011-2012 fue de 15 mil 953.91 millones de pesos, una democracia extremadamente costosa.

El seor Jos Woldenberg ex consejero presidente del IFE se encarg de esclarecer dos de los principales fines del presupuesto electoral en el ramo de los partidos: para ligarlos al cuerpo del Estado y para soldarlos a la sociedad donde sirven para el procesamiento de sus intereses. Esto es de capital importancia para la clase gobernante, asegurando a los partidos los dineros, define su orientacin y la de las polticas de Estado de una forma institucional, convirtindolos en los instrumentos ms eficaces para encandilarnos y atarnos al carro burgus.

A despecho de las otras capas de la burguesa, la oligarqua financiera y el imperialismo vienen insistiendo en los avances en materia de financiacin pblica de los partidos polticos, an cuando es sabido que es quien ms invierte capital en los procesos electorales, con la salvedad de que sus mecanismos son ms eficaces para eludir la justificacin legal de sus aportaciones, es obvio que su propsito est en buena medida en impedir que la mediana y pequea burguesa lo hagan y hostilicen con ello sus tendencias, por eso les reprocha continuamente que pretendan secuestrar a los partidos y sujetarlos a intereses privados (est de rerse), pero tambin prev la necesidad de que sus gastos los realice el Estado por una sola va, cerrando, clausurando los mecanismos en que se haca a travs de cada dependencia y se fortaleca el influyentismo e importancia de la burocracia estatal al margen de la clase.

Hay que reconocer que s tiene sus motivaciones el otro objetivo de poner el acento en el financiamiento pblico para equilibrar la competencia entre partidos, an cuando claramente esto no ser en la presente contienda electoral que ha quedado muy desigual; sino como propsito para doblegar las desmedidas ambiciones de las burocracias partidistas, menguar la interferencia de los partidos en los asuntos de la organizacin del Estado, desplazar del escenario los viejos esquemas de control social partidista, y crear una atmsfera de igualdad (muy barata si se toma en cuenta que solo el 30% del presupuesto a los partidos se divide equitativamente, y el resto es de acuerdo a lo que obtuvieron en la eleccin anterior en votos, cantidad que se duplica en aos electorales).

El tercer objetivo de importancia que el IFE se traza es que al ser el Estado la principal fuente de ingresos de los partidos polticos, tiene entonces definitivamente el pleno derecho a fiscalizar sus finanzas, a llevar el conteo de entradas y salidas, a determinar en consecuencia una buena parte de su poltica, pues ya sabemos que mucho de lo que realizan los partidos en la cotidianeidad tiene que ver con movimiento de dinero.

El inmiscuirse del Estado en los asuntos de los partidos se acrecienta si consideramos que su presupuesto se divide en orden de importancia de acuerdo a: primero la accin electoral, segundo el sostenimiento de sus actividades ordinarias y tercero la formacin de sus cuadros.

El sistema burgus de presupuesto ha creado la plena dependencia de sus partidos, los ha separado de sus viejos consensos, imposibilitando que en ellos se expresen los intereses populares, por ejemplo estipula que sus simpatizantes no pueden rebasar el 10% de su financiamiento.

Los gastos electorales de los partidos cada vez se concentran ms en la labor de propaganda, destacando la difusin televisiva y radial (por algo todos los partidos estuvieron de acuerdo en la reciente reforma a la ley de radio y televisin), que viene a colocarlos en la dependencia respecto de estos medios como para completar el cuadro, que como bien ha sido denunciado ampliamente, se han convertido en medios de comunicacin con una poderosa influencia econmica, poltica e ideolgica.



Captulo III

La democracia en Mxico

Cuestionan a la democracia en Mxico de estar seriamente distorsionada, particularmente los enfoques occidentalistas de la burguesa en las grandes potencias tratan de atribuir las insuficiencias al atraso con respecto de sus pases, al conservadurismo, el presidencialismo y otros males. Las distorsiones son por dems patentes, an cuando hay rubros en los que la burguesa mexicana avanz ms que otras, pero pretender llevar la denuncia a los niveles superestructurales, y particularmente a lo relacionado con las normas que impiden el ascenso de la recolonizacin del pas, es poco slido para presumir de imparcialidad y objetivismo.

Con esas maniobras seudo-sociolgicas en una gran dosis se trata de acallar cualquier otra nocin que se encamine a recoger los elementos que hacen la democracia en un pas bajo una especificidad y rasgos clasistas. No cabe duda que las interpretaciones burguesas enfocan las cosas de una manera distorsionada, pues la nota que se destaca siempre es que los individuos son los que hacen su democracia, claro, encuentran fcilmente la forma de apoyarse en la intensa presin popular para sostener la lnea de que se puede continuar en esta sociedad, implantan la concepcin de que la democracia es un proceso evolutivo aparte, al que le son ajenas las formas de propiedad de los medios de produccin.

En vista de que es imposible ocultar los orgenes de la democracia en la lucha de clases, con inusitada fuerza en las luchas obreras del siglo XX; los idelogos y polticos que siguen la corriente del llamado pensamiento liberal-democrtico de la sociedad civil burguesa organizan su vida para que en todo momento prevalezca la visin y los hechos sociales como por mandato del pueblo, como obedeciendo sus deseos. Entonces, con relativa facilidad afirman el principio de que los intereses populares son sistemticamente incorporados a los cambios del capitalismo, una falsedad que lamentablemente prende hasta en sectores revolucionarios que hoy da se resisten a aceptar que la historia mexicana del siglo XX es una ms de las historias del capitalismo y el ascenso de la oligarqua financiera, se aferran en la creencia de que algo raro pas en el camino, sostienen con fervor religioso que la historia pudo ser otra al margen de los males del capitalismo.

Librmonos del error de suponer que ya en los comienzos del siglo XX e inmediatamente despus de la revolucin mexicana ya dominaba la oligarqua financiera, nada de eso, solo se asienta que el proceso de acumulacin capitalista, el proceso histrico de concentracin y centralizacin de capital condujo a donde tena que conducir, es decir, ni marchaba hacia atrs u otra va nostlgica pequeo burguesa, ni tena ya por mando un aparato propio de la siguiente fase, era un rgano burgus para el desarrollo del modo de produccin capitalista, que con su avance deriv en Capitalismo Monopolista de Estado, el Estado al servicio de los monopolios, una verdad de hace ya muchas dcadas.

Este es un problema grave que permanentemente obstaculiza la plena concientizacin de los trabajadores al plantear una continuidad en las formas de lucha legal y no su accin ascendente, una integracin exclusiva a la legalidad del sistema, y lo peor, un destino nacional con la burguesa.



1.- Democracia y monopolio

Vamos a considerar nicamente las cuestiones ms importantes que definen el estilo de operar de la gran empresa, base de los reflejos democrticos de la burguesa. Son estos reflejos los que le permiten ajustar sus principios histricos, sus ideales y su carcter como clase dirigente.

La empresa capitalista se dirige verticalmente, se administra verticalmente por oposicin al proceso colectivo de produccin. Este es el primer crculo en que la burguesa se forma las ideas de democracia limitada a los intereses de clase, el segundo crculo abarca la concentracin de empresas en monopolios, que dota de un carcter an ms restringido en nuestro pas al dominar estos sobre la economa; para explayar ambos crculos inmediatamente de la produccin al intercambio, la distribucin y el consumo, y de ah a todas las reas de la vida social.

Inevitablemente choca con la produccin social, con el desarrollo de las fuerzas productivas en general, en otras palabras, la burguesa choca con el desarrollo tecnolgico y humanos; pues todo acrecentamiento en ellos inclina a la accin social, en tanto que en el punto que determina las pautas, las orientaciones y objetivos de la produccin, o de la actividad de toda empresa capitalista prevalece el inters de los dueos del capital.

Tomando el conjunto de monopolios y empresas capitalistas medias veremos homogeneizados los patrones de comportamiento burgueses en su propia fuente, y trascendidos en poltica, en ley. Esta situacin define en el marco de las diversas situaciones por las que atraviesa el capitalismo en su ciclo, una poltica concreta a nivel empresarial que destaca siempre su primaca en el mando, la determinacin de los mecanismos para garantizar la acumulacin de capital, que durante mucho tiempo hizo pasar por consenso nacional. Sin hacer historia, basta traer el referente del actual medio para continuar el proceso de acumulacin capitalista: modelo de exportacin con bajo costo de la fuerza de trabajo y garanta de fluidez de fuerza de trabajo a los Estados Unidos. Este es un dictado apoyndose en diversos mecanismos empresariales y de Estado.

Dicha poltica no sera factible de sostener si a su vez los capitalistas y el Estado en sus empresas y ramas de administracin, seguro social y educacin, no hubiesen ganado terreno en el control y enajenacin del trabajador con el ardid de que incrementando su trabajo es la nica forma de incrementar su salario, lo cual no es necesariamente cierto en todos los casos.

En este terreno se las ingeniaron obteniendo las pautas en el mismo proceso de maximizacin de ganancias, para definir los contornos de la poltica de productividad y de ascensos escalonados en los puestos de trabajo, incrementando de una parte la productividad del trabajo, disminuyendo los salarios, e imponiendo solo sus mecanismos para que el trabajador lleve un poco ms de ingresos a su casa a costa de una mayor carga de trabajo y de la privacin de la mayor parte de su vida poltica y social, restringindolas a lo ms simple, por cierto, disminuyendo en realidad el salario continuamente a lo largo de tres dcadas.

En el capitalismo todo aumento salarial venido por medio de la intensificacin del trabajo o extensin de la jornada de trabajo es en realidad una disminucin del salario disfrazada por la compensacin de horas extras y/o el aumento de la productividad, en ambos casos aumentando la tasa de plusvala y gratificando al trabajador con un cierto porcentaje nfimo (de entre el 3 y el 9 % de incremento salarial anual) por encima del salario anterior, pero por debajo del incremento de su productividad y en muchas ocasiones hasta por debajo de su anterior capacidad adquisitiva de mercancas. La historia nos demuestra toda la verdad contenida en la obra de Carlos Marx, para que la burguesa ample sus ganancias, tiene que: acortar la parte de la jornada en que el obrero necesita trabajar para s, y, de ese modo, alargar la parte de la jornada que entrega gratis al capitalista. (El Capital, T I, Cap. XIII Maquinaria y gran industria, p. 302, Fondo de Cultura Econmica). Y esta labor la realiza mediante diversas acciones tales como la maquinizacin del proceso de produccin, el alargamiento de la jornada de trabajo y la utilizacin de una organizacin racional del proceso productivo, as se nos acortan una serie de derechos en tanto que la urgencia consiste en sacar a flote la empresa capitalista.

La clase obrera siente en carne propia las consecuencias de la nueva visin de la democracia burguesa sobre la extraccin de plusvala; baste decir que la ganancia empresarial es el 65 % del PIB, en tanto que el ingreso del trabajo se ha reducido al 35 %, a su vez, en los ltimos 23 aos el salario se contrajo en un 89 %.

Sin salirse ni un instante de sus posiciones limpiaron el terreno de la lucha sindical para imponer sus mecanismos empresariales, por supuesto que viene impuesta por las transnacionales, pero el cmo lo lograron, es contribucin de la burguesa nacional y sus polticos.

La libertad sindical entonces es uno de los aspectos contra los que ms arremete la burguesa en la actualidad, en la mayora de los casos de entrada lo ha logrado anulando los sindicatos, en otros como bien se sabe, recurre al charrismo sindical, al sindicato patronal, la flexibilizacin laboral, los contratos basura y a la poltica economicista de los sindicatos, declarando que cualquier otra prctica es perniciosa para la economa nacional, o sea para su economa.

La ausencia de libertad y accin sindical que la burguesa trata de imponer en el criterio de que las empresas son centros de trabajo no de poltica, no puede negarse que es una poltica contra la poltica sindical colectiva, democrtica y revolucionaria. La poltica burguesa en estos terrenos implica para el trabajador la constante prdida del poder adquisitivo de su salario, la baja de sus condiciones de trabajo, la anulacin o disminucin de la atencin mdica, y de sus prestaciones, la inseguridad respecto de su fuente de trabajo, la opresin por burocracias sindicales, su mayor explotacin, la pauperizacin, y su total subordinacin tanto a la poltica fabril como a la gran poltica burguesa ya sea mediante el corporativismo o simplemente por efecto de su adoctrinamiento y la ausencia de organizacin. Al trabajador esta poltica le deja sin opciones y a merced de los capitalistas en el campo y la ciudad.

Se dice que todo es necesario a causa de la crisis, argumento favorito de aquellos que viven en la abundancia. La burguesa y sus partidos hacen clculos complejsimos para sacar al pas de la situacin actual, recurren al montaje de escenarios celestiales y/o apocalpticos ocultando la esencia de los fenmenos del capitalismo.

La inevitable accin de las leyes econmicas del sistema, el hecho de que nuestro pas est sujeto a la dominacin neocolonial por el imperialismo, ms la naturaleza rapaz de la oligarqua nacional, agrava lo que de por s es norma en el sistema, una continua pauperizacin en las masas, por ejemplo, el 80 % de la poblacin no tiene acceso a la canasta bsica, as se forman los criterios democrticos de no acceso a muchas otras cuestiones puesto que existen prioridades a las que los pobres se deben ajustar. Prosigamos, la democrtica legislacin laboral en el capitalismo, no ha hecho ms que llevar al rango de ley el derecho burgus a explotar y oprimir al proletariado, el campesinado y masas en general. En la legislacin vigente ese derecho est ms que consagrado, an cuando la burguesa se vio obligada a hacer importantes concesiones al proletariado y masas trabajadoras que hoy busca revertir.

Por si esto no bastase, en medio de las convulsiones de un sistema en descomposicin, los oligarcas estn desesperados por incrementar sus ganancias, hacen todo lo posible por desregular la explotacin de la fuerza de trabajo, y es en este sentido en que se suscriben las distintas iniciativas de reforma a la Ley Federal del Trabajo (LFT) de los partidos burgueses y otras organizaciones del mismo corte.

Las distintas iniciativas de la democracia burguesa en relacin con el trabajo se centran en modificar los aspectos ms neurlgicos de la actual ley, enfatizando en la fractura de las conquistas obtenidas por las masas trabajadoras, para beneficiar indiscutiblemente a la burguesa y su proceso de acumulacin de capital. Hay que agregar que an cuando la ley tiene sus contradicciones que facilitan el manejo a placer de la burguesa, al tiempo que se ha formado una gran legin de servidores del derecho burgus y mafias del coyotaje, y que los trabajadores encuentran otras innumerables trabas a la defensa de sus intereses inmediatos; la Ley no es cumplida a cabalidad por la misma clase en el poder, tomemos en cuenta que cada ao se van produciendo alrededor de 100 mil violaciones a la LFT, lo que traducido como fenmeno significa que constantemente se arremete contra los intereses de las masas trabajadoras de mil maneras: contencin salarial, desconocimiento de acuerdos y contratos, despidos, desconocimiento de antigedad, jineteo de pensiones, aumento de la carga de trabajo, imposicin de horas extras.

Pero a pesar de estos xitos de la poltica empresarial, la situacin de la burguesa y el imperialismo resultan peligrosas en tanto que no tienen todos los soportes legales a su actual forma de operar y en tanto que se encuentran con ciertas restricciones; de ah que tanto por los crecientes problemas econmicos del capitalismo como por los de ndole poltica en relacin al control de las masas, las clases poseedoras presionen para llevar a cabo sus reformas. Y vaya que presionan!, la burguesa y sus polticos han convertido el tema de las reformas en prioridad de la agenda nacional, en estandarte de la vida democrtica e institucional, sin importarles las consecuencias para el pueblo. La burguesa ha llegado al punto de la violacin fundamental de lo que fue la Constitucin de 1917 con sus leyes antimonopolio, su nacionalismo, la defensa de la tierra, los recursos minerales y energticos, rompiendo definitivamente con el viejo pacto social.

Esta es la fuente viva de la democracia capitalista: su forma de accionar la gran empresa. Y medio mundo sabe cun lejos estn de los supuestos democrticos y cun duro es el rigor fabril, as como en las plantaciones del terrateniente y burguesa agrarias en nuestro pas. Esa es la pauta, a aplicar en todos los renglones sociales en combinacin con elementos polticos, histricos y coyunturales para armar su relamida visin estratgica.



2.- La democracia en su relacin con el Estado

Lo caracterstico del Estado mexicano moderno es su envoltura republicana, as como la extensin de los valores democrticos de la burguesa, que aunque con una amplitud de conductos, se ve limitada a la democracia de la propiedad, del comercio, la industria, el transporte, las comunicaciones, la movilizacin de la fuerza de trabajo y un conjunto de valores sociales que le dan sustento, de ah en fuera, se acaba la democracia. Vistas las cosas en su concrecin, la democracia burguesa es precisamente el estado de cosas a nivel social y poltico que hacen posible la reproduccin del capital, la democracia actual es el sistema del Estado que posibilita nica y exclusivamente la supremaca de una sociedad sujeta a la voluntad de los explotadores; la democracia de los poseedores de capital constituye en s una parte importante del Estado, no un rea, sino su sistema operativo, su mecanismo de consensos y disensos, su modo de operar para imponer los criterios de dominacin sobre todos nosotros.

Siempre que se habla de la cortedad de horizontes democrticos de la oligarqua financiera o de las elites, se dice una verdad a medias, pues si bien es cierta tal situacin, tambin es extensiva al resto de las clases explotadoras; sabemos de las intenciones que mueven a muchos demcratas y nacionalistas al distanciarse de las capas oligrquicas y sentirse traicionados por estas, es normal, mas no se puede cambiar un mal por otro, las limitaciones de clase son propiamente limitaciones debido al lugar que ocupan en su papel de explotadoras de otras clases, siempre vern hasta en los de su misma clase, la defraudacin cuando hay disparidad en la distribucin de plusvala, siempre clamarn por los viejos principios enunciados por Reyes Heroles para ampliar el programa econmico en inters de servirse una mejor racin, para que los presupuestos y cargos administrativos del Estado se repartan ms equitativamente entre las capas de la mediana burguesa y las capas altas de la pequea burguesa, empujando en el mismo sentido la sustraccin de plusvala.

Esa contradiccin interna entre las clases explotadoras respecto de hasta dnde pueda acortarse o extenderse la democracia, hace mucho ms patente tres aspectos caractersticos de la democracia burguesa:

El primer aspecto es que en general defiende todos los derechos sociales, polticos, laborales, etc., por influjo de la accin histrica de los explotados, pero sin dejar de subordinarlos al ciclo de reproduccin del capital. Esto se hace legalmente a travs de las condicionales para que dichos derechos se ejerciten en el marco de no atentar contra la propiedad privada capitalista que viene a ser el basamento con que est sustentada la Constitucin de 1917 y atemperado en las reformas. Para lograr una mejor armazn se le asegura polticamente a travs del dinamismo de las acciones de rgimen contra los intentos de ejercer los derechos sociales en un campo ms amplio.

El segundo aspecto caracterstico de la democracia burguesa consiste en que consolida y organiza estructuralmente el ejercicio de la violencia contra todo lo que niegue los fines de la sociedad actual, el problema de la violencia en su aspecto esencial de conservacin del Poder burgus est claramente delimitado, su ejercicio es una garanta constitucional contra los atentados de los de abajo. Toma la forma de leyes, fallos y condenas ejecutorias conforme a derecho, y es reforzado por la batalla diaria de la burguesa para ampliar su propio margen de accin legal, en el empleo de la represin judicial y extrajudicial, la persecucin poltica y la organizacin de la agresin antipopular. Al final la burguesa vuelve a pugnar por confirmar su accin extralegal al cuerpo constitucional, siendo la represin, el revanchismo contra los trabajadores y la prevencin ante nuevas oleadas de lucha, el origen de muchas de las leyes vigentes, en muy pocas ocasiones las reformas siguen el movimiento contrario de despojarse de las normas ms reaccionarias por propia iniciativa.

El tercero es que la democracia trasciende como sistema para asegurar la inviolabilidad de las leyes del capitalismo, se adapta en el devenir histrico del Capitalismo Monopolista de Estado, que afirma el principio de direccin del capital financiero y marca una tendencia a la anulacin de los viejos valores democrticos de las etapas de industrializacin y de pequeos patronos que ponan el acento en otras prerrogativas de acumulacin. De una parte se asegura la omnipresencia de criterios y principios gran burgueses de accin social, inserta en la sociedad la visin segn la cual ejercer la democracia es ejercer el derecho a la realizacin del capitalista, de otra parte asegura para los poseedores del capital que la sociedad solo pueda conducirse por ellos. Hasta dnde se engaan quienes pregonan que la democracia transcurre en un proceso por el cual se ampla ilimitadamente!

La superficial vocacin democrtica de la burguesa tiene en su base las limitaciones materiales particulares de esta clase en el pas, a partir de esto, se desprende el factor poltico con el que la burguesa trat de salir avante en sus aspiraciones, es decir preconizando la democracia en abstracto, defendiendo a ultranza los pilares democrticos afines a su inters propietario y mercantil de clase, renuncia a la accin democrtica concreta que pondra en tela de juicio su autoridad.

En otras palabras, las nicas restricciones a la democracia en el sistema imperante son las que se desprenden del choque entre el capital y el trabajo en las condiciones histricas de nuestro pas. Se podra suponer que al emprender esta cuestin laceramos una debilidad social, que estamos aprovechando un mal menor de la sociedad capitalista para hacer lea del rbol cado, sin hacer escndalos decimos que no, no hace falta desgarrar los tejidos del sistema, basta con verlo tal cual es, que con eso es suficiente para demostrar su alcance final.

As, del cruce de lneas de la accin misma del capital, la oposicin en los marcos del sistema y la accin popular en niveles de lucha reivindicativa, se afianz en lo econmico y en lo poltico una cerrazn total a todo indicio de democracia.

La resultante lgica es que los trabajadores del campo y la ciudad se ven engaados y amenazados por los artificios que sustraen el problema democrtico de sus bases econmicas, concretamente de las relaciones sociales de produccin. Esto ocurre en un tiempo cuando ya no puede ocultarse que la opresin poltica y la explotacin econmica son indisociables, que su complementariedad es parte de la dictadura del capital.



3.- Sentido histrico

La dinmica misma de la formacin del capitalismo en Mxico fue moldeando la democracia aplicable a las circunstancias. La lenta expansin del capitalismo fue conducida por normas polticas de saqueo de los bienes, de expropiacin a los pueblos indios y mestizos en particular, siendo necesarias las acciones represivas, hilvanndose una concepcin del racismo sui gneris de las clases dominantes, que avanz con firmeza bizarra especialmente en los hechos a la negacin de los derechos polticos adquiridos con la Revolucin de Independencia.

Fue configurndose desde el siglo XIX un rgimen que atenda con todas las de la ley los preceptos clsicos de la ilustracin, pero que fiel a la continuidad del Poder de los hacendados no los aplicaba, sus apetitos estaban despiertos y especialmente enfocados a la depredacin, por lo que no le interesaba (con excepcin del periodo juarista en que ya se afirman los intereses burgueses, y esto de una manera bastante limitada), no le interesada decimos, cambiar las bases econmicas y la correlacin de clases, ni potenciar bases democrticas.

El Estado se distingue por el rechazo a la nacin indgena mexicana, procur anular la cuestin indgena y foment el endorracismo para restarle trascendencia, para hacer prevalecer intereses del poder terrateniente, econmico y poltico desde su formacin con fuertes lazos de dominacin por las potencias y sus mecanismos de democracia.

En su momento el porfirismo represent la cumbre de este rgimen, la alianza de los grandes terratenientes y los grandes burgueses en lo interno, cuya nica manifestacin poltica legal fue el accionar de estas clases a fin de otorgar un poder poltico descomunal al presidente para que encausara los asuntos del capitalismo naciente por ms de 30 aos. Una democracia reducida a unos cuantos, por lo dems la historia dio su veredicto, fue esa una de las formas ms brutales de la dictadura del capital en Mxico.

La revolucin mexicana de 1910-1917 socav aquella alianza, y en su lugar erigi la alianza entre la burguesa y la pequea burguesa, pero al gobierno lo tom cual estaba hecho, introduciendo las modificaciones de rigor que exiga la nueva correlacin de fuerzas, dando margen en un principio a los derechos populares, una democracia extendida pero supeditada a las clases dominantes, que se ira perfeccionando a lo largo de todo el siglo XX.

Al evaluar los aspectos claves del nuevo rgimen pueden distinguirse lo que queda de lo viejo con respecta de lo que es nuevo, que no es poco, sin apuntar ms que a la expansin del capitalismo, las nuevas leyes permitieron la movilidad de la clase obrera para ser explotada, su organizacin corporativa para ser controlada, pues estaba en el ser de las leyes de sindicalizacin el que la organizacin creada se deba dedicar a contribuir a los procesos productivos, es decir a permitir que de los trabajadores se obtuviesen siempre cuotas ms elevadas de plusvala, por eso todo aquello que los trabajadores lograron en su favor era siempre en choque con los intereses burgueses y el Estado. En determinados momentos y circunstancias se dieron fenmenos de conexin de intereses entre los de abajo y los de arriba, que aunque iban en diferentes direcciones, la burguesa supo ligarlos para servirse de ellos como son los casos de la creacin de la Ley Federal del Trabajo, la reforma agraria, la expropiacin petrolera, la industrializacin y urbanizacin, etc., todo lo cual habra de dar ms y ms capacidad de decisin a las clases en el Poder, crendose as un robusto cuerpo estatal.

Una y otra vez el Estado era cuestionado, amenazado, asediado por el descontento popular, sin embargo, la amplitud de aquel dio el tono a que las ms poderosas batallas del pueblo terminaran siendo cooptadas, desarticuladas o reprimidas. En dcadas el Estado y la burguesa no han permitido que pase la ms mnima poltica de beneficio a los de abajo a pesar de importantsimas acciones populares, a lo sumo los poderosos se abstengan de efectuar algunas de sus decisiones ms oprobiosas ante el rechazo popular.

El Estado actual se perfeccion en su poltica de masas en una escuela de manipulacin y represin sistemtica, de duplicidad de lenguaje, de una diplomacia amenazante y chantajista, de una burocracia disuasoria, de una violacin sistemtica abierta y encubierta a los derechos del pueblo, de la conculcacin de sus ms elementales derechos. En la batalla contra sus enemigos internos (obreros, campesinos, mujeres, colonos, estudiantes) el actual Estado pisote en lo concreto sus ideales democrticos, aunque nunca dej de alardear en la escala nacional de ser su defensor; especialmente las luchas aisladas y pequeas le permitieron disponer de material para inflamar su supuesta rectitud democrtica, pero no siempre todo ocurri con la misma calma, ferrocarrileros, estudiantes, maestros, campesinos, todo un ejrcito de desposedos supo, piedra por piedra, a lo largo de decenios, develar el verdadero carcter de la actual dictadura del capital.

Pero sigamos en nuestras consideraciones sobre la democracia en su sentido histrico. La democracia que en los hechos se consolid era bastante simple: hacer funcional el proceso de explotacin capitalista. Y entonces las medidas que prevalecieron consistieron en asegurar leyes y normas que garantizaran la orientacin de la sociedad sobre la base de los requerimientos de las clases dominantes, asegurarse un ideal de progreso de cara al pueblo y a tono con el desarrollo industrial de un pas subordinado al imperialismo, agenciarse la categora de defensor de los ideales de la revolucin mexicana, detentar el monopolio de la poltica, la iniciativa poltica y la inclinacin poltica del pas, y si no era posible esto, tergiversar todo, embrollarlo o resolverlo por las vas violentas tradicionales. Unos momentos de la realidad nacional dieron su contribucin en el rea del monopolio poltico (maximato, surgimiento del PNR al final PRI), otros aportaron a consolidar la poltica de masas y la autoridad de las instituciones del Estado (cardenismo), en otros se pudo desatar ms los patrones de corrupcin y el peso de la represin (alemanismo y diazordazismo), otros fortalecieron en primer plano la visin absolutista del poder del Estado (lopezportillismo), y otros rectificaron el camino afirmando una nueva correlacin de fuerzas de la clase en el Poder, la oligarqua financiera, y la suplantacin de una democracia llamada de mercado, empresarial, estadstica, rectora de toda conducta humana (salinismo en adelante).

Al final el viejo positivismo porfirista de orden y progreso por encima de todo fue cambiado por el neopositivismo de disciplina y negocio limitado con exclusividad a los principios empresariales, es decir, la visin de los principios democrticos se volvi ms limitada en el contexto global de los derechos sociales, polticos, etc., concentrndose en el detalle de los derechos de la gran empresa, del gran capital en oposicin a los trabajadores del campo y la ciudad, esto es lo que hoy nos rige.

No podramos engaarnos con suponer una falta de talento en los polticos de la burguesa y en esta misma clase para sostener las riendas de su rgimen, todo lo contrario, cada vez mejora sus habilidades y su ingeniera poltica para el ejercicio de su Poder. La situacin que se le presenta y por la cual se ve obligada a recular sobre sus propios pasos para abandonar sus viejos bagajes consiste simplemente en que para sacar a flote su maltrecho sistema se ve obligada a sustituir los esquemas antimonoplicos, destacando su necesidad de romper con antiguas trabas del cdigo de conductas, requiere reestablecer el salvajismo econmico.

Al ser sus polticos aprensivos del fenmeno y estando empeados en su propio beneficio, respecto de esos viejos principios liberal-democrticos naturalmente unos los olvidan, otros los hacen a un lado o simplemente prefieren ignorar, y muchos ms ni quieren saber nada que obstruya su comportamiento rapaz. Su enlistado puede hacerse en muy diversas variantes, por partidos polticos, por grupos o facciones, por personalidades, hasta por escuelas polticas.

Los derechos del pueblo son ahora material flexible, manipulable y factible de acomodar a la voluntad capitalista, aunque no siempre el tiro les ha salido a la perfeccin. Los casos ms sonados en las implicaciones de la operatividad de la democracia burguesa, de estos nuevos patrones de conduccin social son las privatizaciones ya dadas y las que pretenden lograr, mismas en las que no hay discusin, un consenso, una consulta, no seor, todo es impuesto desde las cumbres del Poder, pero antes dictaminado desde el FMI, el BM, los monopolios internacionales y el imperialismo (desde hace mas de 20 aos, para acabarla en las cartas de intencin de cierto seor recluido a gusto en el Banco de Mxico). Otro caso es la privatizacin de la enseanza, que se ha visto obligada a andar embozada bajo los supuestos de la capitalizacin requerida. Uno ms es el importante proceso de la flexibilidad laboral, una batalla que si bien no ha presentado la respuesta total de la clase obrera, tampoco ha sido fcil para la burguesa, donde de nueva cuenta recurre a su tradicional poltica y otras acciones calcadas del Estado yanqui. La cuestin agraria presenta los mismos lineamientos de violacin de los derechos campesinos tanto como del proletariado agrcola. En el fondo subyacen las prioridades de la clase capitalista, con actitudes cada vez ms fascistas y cada vez ms comprometidas con el capital internacional, generando una creciente inestabilidad social y una ausencia de derechos polticos en lo que respecta a los grandes problemas nacionales.

La lucha de los electricistas del SME con el apoyo popular resisti, la huelga de la UNAM con el respaldo popular contuvo el golpe a la educacin pblica, las luchas magisteriales con otros sectores han soportado la carga, los campesinos de Atenco detuvieron a los monopolios, etc., no es todo, hay luchas en todas partes. Evidentemente hasta el momento la balanza se inclina en lo ms fundamental a favor del Estado y la oligarqua financiera, an cuando no siempre resuelven la situacin en su total favor. La amplia gama de recursos del Estado y de la burguesa para complicar en nosotros la comprensin de lo ocurrido realmente en el pas, su capacidad de maniobra, etc., han pesado decisivamente.

No es gratuito que la burguesa dedique grandes esfuerzos a la enajenacin, a la manipulacin meditica, a la propaganda, por estos medios afianza sus nociones polticas, sus interpretaciones respecto de cada hecho o fenmeno que se presenta, al tiempo que adelanta determinados principios interpretativos para que los adoptemos y demos por buenos, as se permite no nada ms decir incongruencias, sino salir a la defensa pblica del fascismo y de las concepciones ms oscurantistas y reaccionarias sobre la naturaleza humana, sobre la supuesta inviabilidad de diversos principios democrticos que antes abanderaba, de defender el sistema de corrupcin y hasta de embellecerlo, de poner como de poca monta las peores acciones del sistema y del rgimen.

Entre otros instrumentos, a expensas de su arsenal principista en materia democrtica, la clase dominante ha alcanzado la primaca en poltica, ha sentado las bases para que solo se escuche su voz, y solo sta sea atendida sin dilacin, an cuando se diga que en Mxico todo se dilata, hay algo que no, son los intereses capitalistas, y ojo, que cuando algunos de estos se dilatan en un grado es en provecho de una redistribucin de ganancias entre la burguesa y los personeros que tiene en el gobierno, todo lo dems se dilata por accin y efecto de que es rechazable para la burguesa, y por tanto fortalece en la base una administracin burocrtica engorrosa sustentada en el atropello.

Por si fuera poco, su ciencia poltica sirve cien por ciento a los intereses del gran capital. En este entorno de crisis econmica y poltica las nociones filosficas se van limitando a una interpretacin diran algunos torcida, retardataria de la sociedad, que se limita a poner por encima de todo, los criterios de supervivencia de la gran burguesa. Vase cmo las plataformas de los partidos se vinieron constriendo a los pactos de los magnates.

Mxico transit a la consolidacin institucional e ideolgica de esos criterios, las restricciones o bien las facultades excepcionales se han hecho norma. Visto as no parece grave, pero si lo consideramos a trasluz de lo que ocurre entre los trabajadores se har visible en sus repercusiones, por doquier la poblacin no encuentra espacios para que se le haga justicia y frecuentemente recurre a la de su propia mano al margen de la ley; la poblacin urbana y rural se encuentra a merced de cualquier eventualidad, sea esta de ndole social o natural, cualquier situacin repentina que se produzca y requiera de un esfuerzo suplementario para resolverla se convierte en tragedia ante la falta de recursos disponibles, de medidas preventivas, de informacin, etc., que si llegan son en forma tarda y selectiva, consolndose con eso de querer tapar el pozo despus de ahogado el nio, la poblacin queda siempre en lamentables condiciones de vida; a su vez, en las fbricas ya no se puede inconformar por nada sin riesgo de despido inmediato; las mujeres empeoran su remuneracin econmica; los programas asistencialistas a los trabajadores que llegan a la edad senil son abandonados por las empresas (luego se dice que por sus familias, como si eso mismo no fuera resultado del sistema), o como oportunidades, no resuelven ni en una centsima los malestares de la extrema pobreza, solo sirven de pantalla y captores del voto; el trabajador y especialmente su juventud recurre a la fuga del pas ante la crisis, desplazndose una cuarta parte de poblacin de origen mexicano a los Estados Unidos (entre 10 millones de nacidos en Mxico y otros 16 millones de personas descendientes de mexicanos nacidas en ese pas).

Las instituciones estn establecidas por criterios de funcionalidad administrativa, poltica e ideolgica burgueses, copadas por partidos y personajes serviles a la burguesa y organizados por ella, para que los intereses del pueblo no aparezcan ms que desteidos en las declaraciones polticas de todos los das. Hay desde los que dicen que traen la democracia en su gentica, que les fue trasmitida por los paps de los paps de sus paps (priistas), pasando por los panistas que pregonan que su sentir democrtico les es otorgado por el reclamo de los tiempos, hasta llegar a los perredistas oportunistas que dicen ser nuestros redentores, los hay para todos los gustos burgueses.

No es extrao que los tericos burgueses inclinen sus opiniones a interpretaciones subjetivas sobre la falta de creatividad y de inteligencia, sobre nuestra corta visin por pensar siempre en lo inmediato, indiscutiblemente cuestionan los efectos mas no as las causas. No lo podemos negar, los ms altos pensamientos del trabajador comn se ven constreidos por su grave situacin, por su constante incertidumbre sobre el futuro inmediato, que derivan en impedimentas muy ciertas cuya solucin no est en incrementar la carga de sus preocupaciones y padecimientos como insiste la pedagoga burguesa por ejemplo.

Al final lo que queda es la instrumentacin de diversas acciones con un mismo e invariable objetivo, la consabida defensa del sistema capitalista en oposicin a cualquier movimiento contra ste venido desde abajo, para eso existe una disciplina orientada polticamente.



4.- Carcter de clase

Va resultando obvio que la democracia en Mxico corresponde a los intereses de la clase en el Poder. Las revolucionarias y los revolucionarios, sin desdear el papel de la democracia en los procesos de la lucha de clases, no dejan de observar el fondo sobre el cual est trazada, los ejes bajo los cuales se mueve, tanto como sus contradicciones interiores. Enormes confusiones se generan en torno al problema de la democracia cuando sta se deja de apreciar bajo la ptica del proletariado. En este propsito, muchas son las tendencias que operan por la confusin ideolgica, de la difusin de una democracia en abstracto sin sus configuraciones de clase, ni sus bases, limitaciones, contextos y circunstancias histricas.

En su entorno, la democracia burguesa tolera la existencia de contradicciones interburguesas, puesto que estas definen su movimiento de reafirmacin y determinan el rumbo de la acumulacin de capital, en torno a la explotacin.

Significativamente en cuanto a las contradicciones antagnicas con el proletariado, la democracia burguesa pretende velarlas, catequiza que todos somos ciudadanos en igualdad, cierra el paso al planteamiento radical de la cuestin (como dijo Lenin jams podrn ser iguales burgueses y proletarios), e instrumenta todo tipo de mecanismos para que en especial el antagonismo fundamental no pueda ser puesto en escena por el proletariado.

Gobernar sobre la base de la explotacin capitalista, conceder la libertad de ser explotado por cualquier capitalista, garantizar el proceso de acumulacin de capital, afirmar la soberana de la burguesa y en especial de la oligarqua financiera sobre el territorio nacional, sus recursos, su industria y el mercado nacional; son la sustancia sobre la que se mueve la democracia burguesa.

El Estado nacional, los 31 gobiernos estatales de la Repblica y el Gobierno del Distrito Federal aparecen como mediadores entre los intereses burgueses, as como entre estos y los intereses de las dems clases o sectores de clase, en el marco que lo permiten sus controladores y poseedores, de los que destaca por excelencia de entre la clase burguesa, la oligarqua financiera.

La democracia burguesa tiende a sostener efectivamente una emancipacin poltica limitada, como instrumentacin a que los individuos puedan explotar o ser explotados, oprimir o ser oprimidos. Que tratndose de la sociedad capitalista, y sus leyes de acumulacin, se trastoca en la opresin y explotacin de las inmensas mayoras por unos cuantos, no existe una emancipacin de la naturaleza de clase de los individuos, al contrario, se trata de una reafirmacin de su condicin material.

Para ser concretos, los derechos humanos y polticos que postula la democracia burguesa realmente consagran la desigualdad entre las clases y purifican el proceso de acumulacin de capital, pues es respetado as sea hipotticamente todo acto humano siempre y cuando no atente contra la propiedad privada, tal y como est gravado en la Constitucin Poltica. Bendita manera de ocultar la dictadura de la burguesa sobre los explotados!

La democracia burguesa consagra al proletariado y el campesinado pobre como servidores de los mezquinos intereses del capitalista. La democracia burguesa no libera al hombre en abstracto, sino a las relaciones sociales de produccin capitalista que permiten acrecentar la riqueza material de unos cuantos. El proletario sigue encadenado a su condicin de clase explotada y oprimida.

Tan superficial es la democracia burguesa con respecto a lo que ha conquistado de libertad aclasista que en las batallas electorales los partidos contendientes, lo mismo asimilan que pierden votos por unos u otros hechos eventuales. El motivo podemos encontrarlo en que:

a) Los intereses de las clases explotadas no pueden tener salida por estos causes, debido a que estos se apoyan en la socializacin de los medios de produccin, por eso la democracia burguesa da por descartada la conciencia de clase respecto de sus verdaderos intereses.

b) La burguesa detenta el control de los instrumentos democrticos y de los medios de produccin de los que se sirve la difusin de ideas, la gran prensa, las televisoras, las radiodifusoras.

c) Cuando se trata de amplias participaciones populares se mantiene a resguardo la estructura econmica capitalista por las leyes supremas de la nacin constituida, a resguardo est la poltica econmica, la inviolabilidad de la propiedad privada, sus leyes y sus instituciones.

d) En las grandes participaciones populares se evidencian hechos tales como el impulso a manifestar nuestro repudio a las polticas preponderantes en los Estados y su deseo de cambio respecto de lo que se vive bajo la democracia burguesa, pero dichos intereses quedan restringidos, el poder econmico de la burguesa encuentra un destacado refuerzo legitimador.

Como queda asentado, prevalecen como elementos clsicos de la democracia burguesa, la repblica democrtica burguesa, el constitucionalismo, el parlamentarismo, el sistema de instituciones pblicas y el sistema de partidos polticos burgueses. Este es el esquema sobre el que se explaya la dominacin del capital en general.

Aunque esta conclusin es correcta, resulta insuficiente si no se consideran condiciones ms particulares que operan alrededor de la democracia burguesa en Amrica Latina y en Mxico. Es necesario sealar otros elementos particularidades como la tradicin y el desenvolvimiento histrico propiamente mexicano, la rigidez de las relaciones sociales de produccin y el grado de concentracin y centralizacin del capital (este en particular, de suma importancia), el peso de sectores burgueses retrgrados fincados en la gran propiedad de la tierra y el dominio imperialista, el despilfarro del gasto pblico en las instituciones de la democracia burguesa, el parasitismo de su burocracia, el corporativismo, el nuevo sistema de gran propiedad monoplica sobre la tierra que restringe la movilidad social en algunos estados y que obliga en otros a una intensa inmigracin segn sean los patrones de produccin, y muchas violaciones de las normas democrticas.

Estos factores en ciertos grados contradictorios y retardatarios, resultan ser indispensables en la supervivencia del sistema y su democracia, hasta se permiten recrearse con el juego-sueo de alcanzar el ideal democrtico.

Junto a las grandes presiones de la lucha popular, los elementos sealados, son un puente en unos casos tendido por la burguesa, y en otros, simplemente utilizado por esta para asegurarse el traspaso inconsciente a la organizacin estatal fascista. La base material del fenmeno democrtico trae el paquete completo, la anomala fascista como complemento a la lnea inviolable de la sacrosanta propiedad privada, cuando la democracia deja de presentar sus delicias. Los miles y miles de asesinatos, desaparecidos, torturados, heridos, encarcelados y perseguidos es un saldo a estas alturas incuantificable en el que se trasmutan la una por la otra cara de la democracia burguesa.

La democracia burguesa aqu sintetiza a lo sumo las condiciones en que se encuentra el capitalismo y la clsica lnea de perpetuar la acumulacin capitalista, la propiedad privada, y el individualismo que resguarda el modo de vida burgus.

La maniobrabilidad de la democracia burguesa est constreida al ejercicio del poder poltico y econmico de los monopolios, velando los antagonismos de clase, de ah la sordidez de las instituciones con respecto de la violencia ejercida contra nuestros intereses. Actuar bajo el influjo de las premisas de la democracia burguesa mantenindose en la esfera de inviolabilidad de los cimientos del sistema, es convertirse en agentes de los monopolios, en administradores de los intereses capitalistas, en gestores del Poder de la burguesa.

Sealaremos de pasada que la democracia burguesa, pese a su esencia y sus artimaas, no es ajena al proletariado en la medida en que esta le asegura una participacin poltica, una posibilidad de accin y una va til para fortalecer las premisas de la inevitabilidad histrica de la revolucin violenta.

La utilizacin de la democracia burguesa es indispensable en la defensa de los intereses de clase, tomemos por caso la sindicalizacin y los derechos de asociacin. Con la condicionante de que partimos del principio de clase consistente en que el proletariado, sus organizaciones y su partido poltico estn concientes y organizados de manera tal que no sean envueltos en la vorgine de la legalidad burguesa, logrando siempre anteponer su carcter revolucionario a la rida proclamacin de eternidad capitalista que supone la democracia burguesa, o a la adopcin de principios de democracia burguesa para arribar al socialismo de acuerdo a las fantasiosas vas pacfica, nacional, parlamentaria, gradual, y otras excrecencias por el estilo.

Vamos corroborando que la visin idealizada de la burguesa sobre su rgimen es natural para ella, corresponde a su afianzamiento como clase, le es permisible todo cambio que apunte en la direccin de acrecentar su capital, asegura la primaca de valores burgueses absolutos.

Bajo la democracia actual la dictadura del capital se sostiene, no se retrae de los objetivos histricos de la burguesa: acumulacin de capital y expansin de su rgimen. Como tampoco deja a un lado sus objetivos particulares del presente proceso para la oligarqua financiera y sus partidos polticos: librarse de la legislacin laboral, librarse de las restricciones antimonoplicas y antiprivatizadoras, de acuerdo con su concepcin neoliberal. Ms s cobra relevancia la concepcin autoritaria, y fascista de mantener las riendas del Estado. El despotismo neoliberal busca disear una democracia de oropel aplicando todos los recursos a su alcance para prolongar su Poder a pesar de sus resquebrajados principios.



5.- Poder, Estado y Rgimen

Poder, Estado y Rgimen son conceptos que interpretan en distintas categoras y rangos la direccin de una sociedad dividida en clases, a manos de una clase que detenta los medios de produccin fundamentales. Es ya un vicio el que se acepte pero no se observe estas nociones bsicas.

El Poder , se tergiversa con la esperanza de que se permita seguir hablando de l en tanto relaciones de fuerza entre las clases sociales, o que se canonice por la izquierda la idea de Poder como los espacios conquistados dentro del sistema capitalista no tanto para reforzar la lucha contra ste como para obtener prebendas, con la tendencia a referirse como Poder del pueblo. O bien se nos inculque el Poder como la capacidad de una clase social para realizar sus intereses objetivos segn la vieja opinin de Nicos Poulantzas, erigida lamentablemente en tesis del oportunismo; suplantando vilmente lo ms valioso de la teora sobre las relaciones de poder y su centralidad en la lucha de clases, tendiendo a aflojar de sta la batalla por la toma del Poder como meta de la revolucin proletaria.

El uso del concepto Poder en forma libre y cotidiana ha derivado en interpretaciones aproximadas, no siempre plenamente correctas, nosotros no nos vamos a mortificar por el empleo generalizado del concepto particularmente en torno a la divisin de poderes, ni a la vieja estratificacin feudal de poderes en primero, segundo, tercero, y el cuarto agregado, o la distincin entre lo econmico y lo poltico. Eso s, sin admitir tampoco las intenciones evidentes de manosearlo y degradarlo para oscurecer todo cuanto hay de trascendente en torno a la concepcin materialista sobre el Estado y el Poder, sobre el Poder del Estado para acabar.

A igual tnica es normal y justo hablar del Poder poltico, econmico, y todas sus subdivisiones, enfticamente en ellas solo se indica lo que les atae, es decir, a lo que se circunscriben cuando se habla de dichas partes en trminos de especificidad; el error frecuente es que se les disecciona de tal manera que ante nosotros aparecen como entes aislados, como partes del Poder que sin necesidad de ser reunidas, detentan una parcela importante del mando social, lo que es peor, se les suele poner en un nivel de igualdad o equilibrio que anula la realidad de las cosas con respecto de la direccin social que en estos momentos ejerce la clase de los explotadores. Acaso esta sea una de las polmicas ms delicadas de lo singular en torno a la cuestin del Poder, entre los revolucionarios de un lado y el liberalismo en comparsa con el oportunismo del otro lado. Agotemos esta discusin, si hemos de hablar del Poder econmico y poltico, debemos tratar el problema, en el sistema capitalista las formas del Poder burgus se presentan en dos connotaciones fundamentales indisolubles en el fondo, estas son: 1.- las relaciones de propiedad, y 2.- las relaciones de direccin social.

Se desprende inmediatamente de ello, y por otras problemticas sobre el carcter de la lucha de clases, otra polmica igual aguda referente a que el Poder no encuentra su centralidad en torno a la posesin de los medios de produccin, una aberracin que se aprovecha con ventaja debido a las complejidades de la vida social posmoderna, donde son propicias las acciones de mando sin que medie necesariamente la posesin de capitales, simplemente desde la oficina administrativa de x o y dependencia estatal, o hasta de alguna organizacin. Ello es solo un engao que no por el hecho de darse el escenario, los dictados de lo que se hace dejen de estar tras bambalinas, en forma indirecta, desde la ptica e intereses de las clases dominantes.

Por su parte, el Poder al que nos referimos en su forma ms general pone de manifiesto las habilidades, las facultades, la potencia que son dados por la propiedad de los medios de produccin y su acumulado de riqueza; en suma, dicho Poder de clase se sustenta en la posesin de dos elementos claves para eso, el Capital y el Estado.

Dicho Poder naturalmente se expresa en cuerpo y alma en el Estado.

El Estado . Fijemos nuestra atencin en lo que es el Estado, a lo que obedece su existencia. Oficialmente se dice que es el cimiento de nuestra sociedad, cercano pero pretencioso. Por su parte, en el extremo del error el radicalismo pequeoburgus sostiene que es el mal mismo de la civilizacin, un juicio crtico en un sentido pero fuera de enfoque histrico. Si queremos tener una idea clara del Estado mexicano, debemos partir de su historia, de sus hechos y estructuras, sin descuidar todo cuanto se dice de l, esta cuestin obviamente se sale de los objetivos de este apartado, por tanto el asunto ser retomado ms adelante, no obstante asentaremos algunos elementos.

Muy particularmente todo cuanto se dice del Estado ayuda a comprender las nociones que las distintas clases sociales se forman al respecto, en donde se bosqueja as sea en medio de absurdos, el programa de las mismas en relacin con l. Solo as podremos hablar del carcter del Estado mexicano del modo ms amplio, objetivo, plstico y especialmente activo.

De un extremo a otro se conjugan todo tipo de interpretaciones sobre l, lo que resulta invariable es que siendo el Estado un rgano social de gran extensin puesto como va de trnsito de la actividad social, destaca siempre en la visin de las clases y capas sociales el fijar su posicin respecto de l; por eso puede desprenderse de cierto que el Estado juega un papel central en la sociedad capitalista, define, concretiza su Poder poltico. En consecuencia es responsable en buena medida de los problemas del sistema, no es gratuito que entonces el Estado est en el centro de la discusin.

Lo primero que no se debe olvidar sobre el Estado actual es que todo cuanto lo conforma como relaciones sociales sobre la organizacin del territorio, lo pblico y lo civil se encuentra subordinado a hacer que la propiedad privada se conserve para asegurar la acumulacin de capital. Del cmo se logra esto cada obrero, cada campesino lo perciben directamente en su despojo de cuanto crean para que unos cuantos se beneficien. El Estado es el aparato de control y mando burocrtico, administrativo, policaco, militar, judicial, social y parlamentario por donde deben certificarse los actos de nuestra sociedad, aparato que asegura infaliblemente la aplicacin de la democracia burguesa, las leyes econmicas y jurdicas para el engrandecimiento de la propiedad privada.

El Rgimen poltico econmico y sus acciones. El Rgimen, la forma en que se gobierna el pas es ya la garanta inmediata de las clases explotadoras para que se operen las normas y reglas que les permiten sostenerse como lo que son. El Rgimen es la aplicacin y el uso sistemtico del Estado para dar rumbo a la poltica y la economa del capitalismo como fcilmente puede verse en los asuntos cotidianos del Rgimen actual que constituyen el eje de su poltica. El Rgimen aplica el recurso del mtodo en cuestiones de Estado para que la burguesa se mantenga en el Poder, el Rgimen es la vida que cobra el Estado burgus.

La burguesa se ha asegurado la llamada continuidad del Rgimen por diversos mecanismos, todos sustentados en el potencial econmico de los monopolios, uno de esos mecanismos fue durante mucho tiempo la inflexibilidad poltica ante los intereses populares revestida de nacionalismo revolucionario del priismo, ahora en su auxilio se destaca el sistema de partidos que afirma el principio de direccin gran burguesa sobre la sociedad, otro consiste en el establecimiento de una misma poltica econmica por encima de los cambios sexenales y sujeta a la voluntad de las grandes corporaciones nacionales y extranjeras, otra es el establecimiento de mecanismos de ligazn entre la burguesa y el Estado en los diversos niveles de la actividad administrativa del gobierno; para que al final, ante cualquier imprevisto, siempre se haga la voluntad de los monopolios por encima de los caprichos o extravagancias de algn gobernante.

Los cambios de rgimen han dejado de ser la mayor preocupacin de la clase capitalista, sabe perfectamente que los colores de los partidos no le hacen dao, an cuando sus facciones tengan preferencias, tiene al Estado blindado y vacunado para todo tipo de virulacos, y al rgimen concreto, para que al cambiar todo quede igual. La burguesa se asegura de ello auxilindose de la legalidad y normativas del gobierno, en especial de su democracia, abre la llave de sus recursos econmicos y del Estado en la direccin que le interesa, no conforme con esto, en su pragmatismo previamente reparte los gabinetes y puestos claves entre sus personeros ms firmes an antes de los procesos electorales, definiendo lo que ha de ser la poltica del siguiente gobierno, dictaminando su orientacin. Su preocupacin est en otro lado, en mantener a las clases explotadas y oprimidas en la misma relacin, para que no busquen asaltar el Rgimen y el Estado mismos.

Cualquiera sabe que no todo es idilio y satisfaccin, se puede verificar que an entre los personajes de la poltica burguesa existen quienes se adaptan menos rpido a los cambios de bandera que exige el capital financiero, sustentando a ultranza principios enmohecidos sobre la dinmica de acumulacin capitalista, los hay de las ms diversas corrientes nacionalistas hasta en el PAN, siendo ltimamente apartados de donde puedan causar malestar al patrn de acumulacin capitalista. La burguesa tiene que remar con todos, los requiere para las distintas labores del sistema, y en algunas esferas significan concesiones a facciones menores de su clase como los pequeos industriales, hoteleros, etc.

As las contradicciones interburguesas se han llegado a reflejar en el seno del propio Rgimen, y particularmente en las cmaras parlamentarias, a pesar de las cuales todo funciona como le es preciso. Esta situacin lleva a la creencia de que entonces el Rgimen puede cambiar evolucionando a otro ms social y humano. Una opinin agradable que lamentablemente, se abstrae de los pilares del Estado expresados en cualquiera de los regmenes posibles del capitalismo, y de la naturaleza que adquiere la Poltica de Estado como expresin de las relaciones que lo conforman y lo hacen prevalecer. Un cambio de rgimen debe ser acompaado de un cambio de Estado y de poder de las clases sociales.



6.- Poder econmico y Poder poltico

Tocamos la hondura de los problemas de la democracia en Mxico su sistema de produccin expresado en el Poder con dos implicaciones. Introducindonos en especificidades, el Poder poltico no puede marchar ms all de los lmites mismos del Poder econmico del cual obtiene su vitalidad y su fuerza, no es este ltimo un Poder detrs del trono, sino la fuente misma de las facultades de dominio de los capitalistas que se expresa en lo poltico a travs del Estado y sus aditamentos, es decir, a travs del Poder poltico. El Poder poltico la burguesa lo ejerce mediante el organismo estatal, aqu ha habido mucha confusin de la mano de un hecho: que en el mbito poltico la burguesa alcanza nuevos frutos por encima de su punto de partida econmica, lo indescartable es que la clase capitalista por ser duea del capital se mantiene como rectora de los asuntos del Estado y de la democracia por prctica, por poltica, y por ideologa.

En la cumbre del Poder poltico en Mxico, la dictadura perfecta se sostienen en orden de importancia: 1.- el imperialismo yanqui, 2.- la oligarqua financiera internacional y nacional, 3.- los grandes burgueses industriales, agrcolas, ganaderos, comerciales y de servicios, 4.- los crteles de la droga, 5.- las altas burocracias de los principales partidos, y 6.- el alto Clero. Pero en este entramado lo que sobresale como razn es el Estado burgus como instrumento de control de la oligarqua financiera mexicana e internacional sobre los obreros, campesinos y capas populares. En el acto se ve el papel, es un Estado al servicio de los monopolios. El Capitalismo Monopolista de Estado en Mxico opera de tal forma que nada escapa al criterio de clase gran burgus en el poder econmico y poltico. Inevitablemente los poderes polticos y consecuentemente en el sistema de su democracia, se ven adscritos al riguroso orden del capital financiero.

El argumento del capitalismo es el dominio de leyes econmicas de obtencin de plusvala, la extrapolacin del mezquino inters de acumulacin de capital en unas cuantas manos, leyes que se han visto desarrolladas a un nuevo nivel con la consecuente aparicin de los monopolios. Hoy el sistema apareja las viejas leyes capitalistas con otras nuevas venidas de la actuacin monoplica y del capital financiero, ms perniciosas para los trabajadores, reveladoras del cdigo de expoliacin burguesa.

En esta categora, la cuestin del Poder, que para su estudio se compartimenta en econmico y poltico, es un todo, a pesar del dolor de muelas en muchos socialdemcratas creyentes de la interpretacin del bloque histrico. Interpretacin que como seores del consenso y la concesin, no paran en mientes sobre lo que implica la democracia del capital, el poder que estructura en su entorno y que le simboliza; sin siquiera percatarse que dicha idea pertenece a una forma de conciencia burguesa en determinadas fases de su desarrollo; sin detenerse en ubicar los procesos histricos que van acentuando el carcter del Estado, ms all de las facciones de la clase dominante que ejercen capacidad de mando. Corren espantados ante el hecho de la preeminencia de las relaciones sociales de produccin capitalista en la fase actual, mistificando viejas y cretinas ideas del romanticismo econmico sobre el posible equilibrio de las clases y el Poder.

Hace algn tiempo podan darse esas confusiones, eran hasta normales en los ambientes en que la oligarqua financiera se debata contra las otras capas de su propia clase social por desarrollar el sistema. Si bien caa en pugnas constantes, inevitablemente por uno u otro camino terminara rematando el proceso de concentracin y centralizacin de capital, dando paso a la consolidacin del capital financiero.

Este fenmeno puede confirmarse observando simplemente las distintas rutas que siguieron los grandes burgueses en Mxico para dar paso, al capital financiero y su cambio de rol como oligarqua financiera en su punto de remate. Con la resultante de que si bien engrandecieron su poder interno frente al Estado (que un tiempo no solo le sirvi de puntal, sino que jug el rol de organizador de una clase bastante dbil), hasta lograr asumirse como clase dirigente sin ninguna cortapisa; en el plano internacional el proceso se oper a la inversa y dicha clase se empequeeci al igual que su Estado en el concierto de los monopolios transnacionales, as su pregonada democracia qued bien sujeta a dictmenes internacionales de las principales esferas imperialistas. Pues la oligarqua financiera nacional con todo y su inmenso acumulado ya no controla el ciclo de produccin capitalista ni interno ni mucho menos hacia el exterior, ste es controlado en mayor grado por los imperialistas, los que en voz de Enrique Krauze nos mandan un fino mensaje: que nadie ose tocar sus intereses.

Esto ltimo tambin se expresa en la escasa influencia que hoy ejerce la diplomacia mexicana en la ONU, en la participacin trivial de Mxico respecto de los organismos internacionales que definen las reglas del comercio mundial, en la imposibilidad de hacer cambios al mismsimo Banco de Mxico ni al desarrollo industrial, en el juego de Fox como pen imperialista, en la labor de Caldern como gestor de la crisis y el narco-poder, en el desempeo de Pea Nieto como ttere del gran capital, en la contradictoria poltica exterior del PAN, el PRI y el PRD.

Cunto se nos insiste en estos das precisamente en esa ruta de cambio de Poder, sin que eso cambie, haciendo a un lado todo aquello que da verdadera cuenta de los actos de la clase social que est en el Poder y a la cual se le encubre para que siga ah, acaso removiendo viejos escollos que solo hacen ms eficiente sus instrumentos polticos!

Poder poltico y Poder econmico son dos componentes de la hegemona de la clase dominante, o en otros trminos, el Poder de la burguesa sobre la sociedad es econmico y poltico, se manifiesta de conjunto en los siguientes elementos:

a) Prevalecen las relaciones sociales de produccin capitalista. La contradiccin capital-trabajo es mantenida en la lnea de maximizacin de ganancias a expensas de la ms extrema explotacin de la fuerza de trabajo. Extensin de la pauperizacin y el hambre como consecuencias del poder burgus.

b) Los principios econmicos de competencia desenfrenada, valores individualistas aplicados, y sed de ganancias, rigen la ideologa de la clase dominante.

c) En el plano concreto, en que los monopolios nacionales e internacionales en estrecha colaboracin dominan el panorama econmico del pas; todo conduce a mantener en completa sujecin al Estado mexicano por el servicio de la deuda, el despojo de las paraestatales y su dependencia del mercado internacional.

d) La economa nacional se encuentra supeditada a la economa imperialista yanqui, siendo adems ste el origen de los principales monopolios extranjeros. Las acciones fundamentales del Estado y los monopolios obedecen a los mismos preceptos de la acumulacin capitalista en gran escala, dictados desde el FMI, el Banco Mundial, Washington y Wall Street

e) En que los principales puestos del gobierno son ocupados por personeros del gran capital nacional y extranjero. La accin del Estado se alinea a ser el soporte poltico, administrativo, ideolgico y militar de las relaciones sociales y contradicciones del capitalismo. El despojo sistemtico de los mismos recursos del gobierno por parte de la clase capitalista y el imperialismo. La supremaca de los estilos y dinmicas empresariales monopolistas de lucro al seno de la administracin estatal. Y la corrupcin de gran calibre para romper viejas restricciones antimonoplicas en el Estado mexicano.

f) Finalmente, el ejercicio de una tributacin onerosa contra el pueblo, distribucin desigual de la riqueza en alto grado.

Puede verse cun estrechos avanzan estos dos aspectos del Poder burgus, y adems, cun adelantadas estn las bases para que las dificultades que en lo econmico tiene la burguesa, trasciendan a su aspecto poltico, caracterizndose por la crtica situacin de subordinacin frente al Estado imperialista yanqui y las presiones de la oligarqua financiera internacional contra el Estado mexicano.

Los anteriores elementos nos acercan a la realidad actual de Mxico bajo el dictado del Poder capitalista. As se viene extremando en la crisis del sistema econmico e institucional ante la nueva correlacin de fuerzas dominantes, en el entrelazamiento con los monopolios internacionales, en el desgaste de los antiguos esquemas polticos de control sobre el pueblo, en las ineficacias del servicio burocrtico, en el actuar de las facciones partidistas, y el de los mismos magnates.



Captulo IV

El Orden establecido

En ningn pas fue la burguesa tan vergonzante para ocultar sus fines y hablar a nombre de los trabajadores pretendiendo anteponer sus intereses a los de estos, y ahora que se decide a llamar las cosas por su nombre y descubrirse como la principal y esencial fuerza de la sociedad, lo hace en medio de tensiones mayores que no se esperaba, pues emprende la carrera justo en el momento en que cumple con su antigedad. Hasta quiere dar ctedra de libertad justo ahora que el pas est a disposicin del complejo econmico imperialista y su poltica.

Como se llega a un momento de debacle econmica y poltica, va entonces a hacer el arranque de la renovacin estatal bajo los viejos cdigos de mando, readaptando sus estructuras polticas a los propsitos y necesidades de relaciones sociales nefastas.

La ofensiva, la agresin poltica, y la intransigencia econmica dictan su movimiento en pro de la modernizacin del Estado para asegurar que la capa ms retrgrada y ms rapaz de la burguesa se consolide como el gran patrn de Mxico, la democracia del capital financiero, creando mayores calamidades a las clases que viven ya en condiciones pauprrimas.

Pero los clculos de la burguesa y el imperialismo por afianzar su total dominio sobre Mxico si bien tienen muchos puntos de apoyo material e ideolgico, estn errados en varios elementos vitales: 1.- ninguno de sus partidos polticos est en condiciones de decidir respecto del futuro del pas, 2.- ni Carlos Slim, ni el Grupo Monterrey ni ningn otro magnate o monopolio cuentan con el atractivo hacia las masas por tanto saqueo en que se han involucrado, 3.- ningn representante burgus est en condiciones de parar la catastrfica crisis que no acaba de llegar a lo ms hondo, 4.- ningn programa poltico burgus puede velar el problema de las contradicciones de clase que viene ponindose en la palestra desde los tiempos de la Revolucin de Independencia, la Guerra de Reforma, la Guerra nacional contra la intervencin francesa y an ms la revolucin de 1910-1917, y, 5.- ningn capitalista o sus representantes pueden seguir haciendo caso omiso de la lucha popular democrtica, antiimperialista y revolucionaria hoy nuevamente en una tendencia progresiva de acumulacin de fuerzas.

Retomemos el debate revolucionario sobre estos problemas.



1.- El Estado en Mxico

Hace un buen tiempo que las cosas del Estado vienen operando bajo el manto de los intereses burgueses, solo que los cambios acontecidos en el mundo desde la ltima gran crisis mundial de los aos 70s vinieron a empeorar el asunto. La efervescencia de la acumulacin extrema trae consigo los esfuerzos gran burgueses por conseguir un empotramiento mayor del Poder burgus en lo econmico y lo poltico amenazando a los obreros, a los campesinos, a los indgenas, a todo el pueblo mexicano. La burguesa hace todo cuanto est a su alcance para preservar el aparato de control que le da forma, conserva y ensancha su Poder, revalida su mando, se otorga ms atributos de clase dominante.

Las consecuencias de ese control y mando estn a la vista, de las viejas promesas desarrollistas no qued ms que un pas atado y postrado ante los monopolios, han dejado al pueblo hundido en una miseria como no se haba visto nunca antes; de la demagogia sobre la expansiva democrtica no qued ms que como siempre la pura palabrera; y as sucesivamente la libertad, la justicia, la igualdad y otros sagrados preceptos del republicanismo burgus quedan evidenciados en toda su tendencia de clase por la magia del poder omnmodo del capital. Mxime el rigor que cobran en Mxico las relaciones sociales de produccin intensificando la explotacin del trabajo. Cuando un Poder asegura que todo ocurra as, quiere decir que la arquitectura de dicho Estado es ajena a los intereses del pueblo, que el edificio se cre y se sostiene an con nuestro sudor, nuestra sangre, nuestros sufrimientos.

En esa medida el Estado mexicano ha mostrado firmeza en su rol, en situaciones muy adversas debido a las condiciones y mecanismos en que el capitalismo dio sus frutos, un escenario tan complicado que le mereci los elogios de las facciones ms reaccionarias de la burguesa de dentro y de fuera. Sin duda alguna, es difcil pensar en que otros Estados se pudiesen sostener en las mismas condiciones, entre uno de los movimientos campesinos ms fuertes de principios del siglo XX, constantes protestas obreras y de otros sectores durante todo ese siglo, la amenazante presencia del imperialismo yanqui, la permanencia de restricciones elitistas en torno a la acumulacin capitalista, y otros fenmenos adversos.

Aprovechando los diversos procesos de la lucha de clases en su favor, la burguesa cosech sus triunfos. La potencia y capacidad del Estado mexicano pas su curso entre las guerras campesinas de la revolucin mexicana, las batallas contra la clase obrera y la pequea burguesa, aprovech el cobijo del imperialismo yanqui y sus otros imperativos. De todo sali graduado con altos honores y reconocimientos. Se le ha glorificado la crudeza represiva con el estilo alemn, la demagogia populista y el partidismo con los del revisionismo sovitico, la corrupcin pblica con la italiana, la ligazn burguesa y su accin gangsteril con el Estado yanqui, el corporativismo y vigilancia de la sociedad con las dictaduras militares latinoamericanas, y hasta la ineficacia histrica del cuerpo administrativo es elogiada entre burlas porque al final hace prevalecer los intereses materiales del capital.

Sorprendentemente, en un tiempo en que estaba sobradamente aclarada la esencia misma de los Estados como soportes centrales de la contradiccin capital-trabajo, el Estado mexicano surgi con una pretenciosa renovacin humanstica al margen de las clases, y a la vez en pro de los desprotegidos (esto como para continuar con las mismas artimaas ideolgicas de los opresores de antao), desarmando al pueblo de la crtica de las armas del 1910 al 1917 de una parte, y de otra armndole para la batalla por los preceptos del capital, consagrando e idealizando la sociedad burguesa en la Constitucin de 1917.

No hay necesidad de exagerar las cosas ni un tantito, sin duda alguna muchos personajes y clases sociales enteras creyeron que construan otra cosa, lo cual era normal e inevitable entre tanta polvareda, en virtud de esas dos tendencias que operaban en el Estado entre la democracia y antidemocracia como puntos de apoyo sociales. Mas las leyes econmicas hacen poco caso de los deseos, y las tendencias fueron ajustndose en medio de batallas, al final aconteci que el conjunto de la sociedad fue enrolado en la lucha por consolidar el modo de produccin capitalista; as el Estado burgus mexicano vino templndose al comps del desarrollo de la sociedad civil burguesa.

En una forma muy especial, dice de s mismo que es un aparato que se prosterna ante lo social, ante el inters comn, cuyos actos son dictados por lo general, lo trascendental para la historia del pas, etc., sin dejar de cumplir ni un instante con los apetitos burgueses, con los intereses privados; una combinacin altamente explosiva que incurre en contradicciones palpables, que solo dispara los antagonismos de clase sin perder la compostura y naturalidad, tratando de encarnar en el discurso aquella tendencia que se empe en aplastar con mucho xito.

Todo lo manifestamos as sin prevenciones, partiendo de verdades tan elementales a sabiendas de que se nos lance la acusacin de faltos de mayores razonamientos. No obstante un rasgo notable es que por ms ingeniera poltica y por ms recubrimientos, los soportes y propsitos primarios del aparato estatal burgus estn para hacerse valer en contra de los intereses populares. Todo se clarifica cuando se repasa lo que han significado las ltimas dcadas en materia de accin estatal: violacin de derechos polticos y sociales, una poltica econmica de Estado sistemtica para expoliar, pauperizacin, una proyeccin nunca antes vista de la oligarqua financiera.

Por algo los conceptos morales, las doctrinas legistas y la propaganda alineada al espritu burgus estn dispuestas a fin de obscurecer la esencia del Estado como buenos instrumentos suyos. Con el inconveniente de que tanto por lo que ste acciona y lo que arroja en su largo existir, como por la corrupcin de s mismo (es decir, su desgaste, la falta de escrpulos de sus personeros y todas sus perversiones institucionales), resulta sumamente verdadera la sentencia de que no deja de ser el aparato de control de una clase social sobre otras.

No es el aparato de un bloque o faccin, sino el de toda una clase social privilegiada que se vincula directamente a la defensa de la propiedad privada, an cuando en su conjunto esta clase ceda la direccin de los asuntos de Estado a las camarillas prominentes o a las facciones dotadas del mayor potencial econmico, an cuando stas y sus representantes puedan hacer los actos ms ultrajantes y despticos contra la legalidad, an cuando se asuman como propietarias del Estado; sus prerrogativas siguen siendo las mismas de toda la clase social a la que pertenecen, a pesar de la conduccin ms mezquina, elitista del rgimen, consistente en garantizar la accin de las leyes de la produccin capitalista, el mercado y la distribucin de ganancias en primer lugar para los monopolios, lo que no puede dejar de ocurrir en vista de su potencia econmica, solo la acentan. Esas reglas nunca dejan de ponerse en primer plano aunque con otras variables en el extremo de su capacidad de funcionamiento, cuando el Estado est diluido en la defensa de intereses nacionales y hasta pequeoburgueses- es decir, no deja de ser la defensa de un proceso histrico de acumulacin capitalista, en apego a circunstancias que dictan uno u otro comportamiento social de los intereses capitalistas.


2.- Orgenes, estructura y principios

Ya que se tienen los resultados finales hacia donde conduce el desarrollo del sistema capitalista, hay que volver sobre sus pasos por su reinterpretacin como proceso histrico para integrar nuestras propias perspectivas en su crtica, campo de disputa entre el olvido y su asimilacin consciente.

Nuestra historia est plagada de situaciones cruciales para el desarrollo social que no acabaramos de enumerar, situaciones que fueron transfiguradas en incidentes de poca monta, casuales, oscilantes y faltos de consistencia con la base material, que en realidad perfil el desarrollo del capitalismo.

Interpretaciones de ese tipo se preservan en el campo de la nocin superflua que hace la burguesa evitando nos alimentemos de la experiencia, ni encontremos jams la forma correcta de integrarla, de revalorar las justas dimensiones de nuestros procesos, y las deficiencias propias. De esta manera debemos hacer acopio del conjunto de nuestros procesos, y necesitamos recurrir a los procesos mundiales a los que llevamos siglos integrados.

Reunidos ambos aspectos, sirven de medidores y catalizadores de aquello que no aparece claro por falta de elementos materiales que disolvieran viejas creencias e impusiera dinmicas de una continua interpretacin estrecha, recortada, maniquea, fantasiosa, ilusoria, y prejuzgada de nuestra historia, a veces reforzada por nuestras limitaciones como clases explotadas y oprimidas a las que solo se nos permite ver y vivir en segmentos muy poco claros del contexto social. Por eso cada vez que volvemos a ella nos encontramos con valiosas revelaciones para la lucha de clases.

En la tensin de nuestra historia tomamos el punto con respecto a la aplicacin de los preceptos del republicanismo y el federalismo en la estructura del aparato estatal. Esta aplicacin va muy de la mano de las particularidades en que la burguesa se asegur del Poder a lo largo de dos siglos, en dicha aplicacin es visible la simbiosis con formas arto verticales en la manera de ejercer el Poder, la supeditacin de muchos aspectos democrticos bsicos en la vida nacional a los imperativos de la acumulacin capitalista irrestricta.

Estos hechos han llevado a un error constante a los intrpretes oficiales e independientes, que particularmente abrazan, comparten o mezclan los criterios sociolgicos de Tocqueville y Weber, segn los cuales, el aparato estatal habra surgido y sobre todo se habra desarrollado con independencia de las condiciones materiales de existencia de los hombres y de las relaciones sociales de produccin que los rigen; y as prevalecera el espritu de libertad u opresin, el protestantismo o el catolicismo, el ingenio o desatino de los pueblos y sus gobernantes, la tendencia al practicismo o al burocratismo, el liberalismo o el bonapartismo, etc.

Vale recordar que el Estado mexicano se consolid en medio de una constante vacilacin frente a las clases reaccionarias representativas del antiguo rgimen colonial y por supuesto contra los parias. La debilidad econmica y poltica con que aparece la burguesa en Mxico y su refuerzo pequeo burgus tiene su explicacin en varios aspectos previamente establecidos largos de enumerar, de los que destacan los siguientes: las consecuencias del despojo colonial; la convivencia con relaciones sociales de produccin arcaicas venidas del feudalismo y de las antiguas formas tributarias indgenas; la inhabilidad de la burguesa para adaptarse a los cambios del comercio internacional; el encogimiento del mercado interno; la ineficacia de sus polticas, su discontinuidad, y otras incapacidades; el peso del Clero, los latifundistas y castas militares; el atraso de los medios de produccin; escasa presencia del proletariado; las restricciones a la movilidad de la fuerza de trabajo; las limitaciones econmicas y las restricciones impuestas a la pequea burguesa; el problema de las castas, y finalmente; el atraso secular de los pueblos.

Estos son algunos de los aspectos ms sustanciales de la situacin prevaleciente a la hora en que la burguesa toma el Poder en sus manos. Especialmente agudizadas por ese argumento superior que tocamos ahora: la falta de una base firme de la produccin y el mercado capitalistas que pospusieron ruinosamente las posibilidades de dotar al Estado mexicano de orden y cohesin. Con esa situacin el ambiente fue propicio para las constantes presiones de la gran propiedad agraria, el Clero y los sectores militares, as como las inevitables pugnas internas, vindose el Estado burgus muy diezmado, cercenado y puesto a merced de las grandes potencias (Estados Unidos, Francia, Inglaterra), atndosele hasta finalmente integrarlo al sistema mundial del neocolonialismo.

Situacin que en lugar de ser superada en lo decisivo, donde la burguesa y la pequea burguesa debieron abocarse a destruir los esquemas de dominio de los virreinatos y la Corona, a romper con los viejos compromisos, a disolver los pilares del poder de los hacendados, a desatar los nudos del desarrollo capitalista, a romper los lazos polticos con y entre las capas parasitarias promonrquicas y conservadoras; se convirti en un lastre permanente pese a importantes batallas como las tempranas conquistas liberales y la Reforma Juarista. En lugar de ello, la historia tubo un curso de complicadas combinaciones erradas y retardatarias, la situacin incit a la burguesa y la pequea burguesa a hacer uso de los recursos del Poder en las formas ms ignominiosas, preservndolos luego sin el menor recato o bajo burdas sutilezas con el argumento de las prioridades y el carcter nacional; y peor an, la situacin era trasplantada una y otra vez a nuevas y graves dificultades como en las concesiones al Clero y las clases reaccionarias del campo, el despojo de los pueblos, las concesiones (obligadas unas y otras complacientes) a los pases imperialistas, el sostenimiento de una gran burocracia, con un fuerte aparato militar, as como el sostenimiento del atraso en el campo y dificultades administrativas de todo tipo a la mediana y pequea burguesa, hasta el momento mismo en que estall la Revolucin de 1910-1917.

La revolucin mexicana puso finalmente a la burguesa y un sector importante de la pequea burguesa al frente del aparato estatal, el recuento del siglo XX consiste en la consolidacin de dicho aparato correspondiente siempre a la dinmica de un pas econmicamente atrasado en el que la clase dominante se empe por afirmar su preponderancia en todos los renglones de la vida, ajustando las cuentas a sus viejos aliados, foment el desarroll de ciertas industrias al precio de una escalada de explotacin extensiva de la fuerza de trabajo, combin las formas represivas violentas con las jurdicas e ideolgicas que su chovinismo le dict, se apoy en esquemas polticos de manipulacin y control anquilosados y mantuvo en lo que le fue posible un aislamiento del pas (del proletariado y los campesinos entre s y con respecto a lo que aconteca en el mundo), filtrando siempre todo aquello cuyo acceso no poda impedir por ms tiempo.

El aparato estatal es obra de las condiciones por las que atraves el desarrollo capitalista en Mxico, naturalmente sus fundamentos poltico-ideolgicos se encuentran en los librepensadores europeos, la Revolucin en Norteamrica y la Revolucin Francesa, as como en los referentes posteriores de las revoluciones independentistas en Amrica Latina, siempre bajo una aplicacin maniquea de sus principios.

As no hay que preguntarse (como lo hacen ciertas cabecitas embebidas de idolatra a la democracia yanqui), el por qu en nuestro pas siguen dndose violaciones constantes a las leyes en todos los rubros, pues la burguesa no consolid, no poda, ni estaba en sus haberes, un rgimen particularmente democrtico. Un rgimen as no se lo permita su sed de mximas ganancias, no lo permitan las concesiones al imperialismo, ni la accin del imperialismo contra los intentos de ejercicio democrtico burgus, no lo permita la extrema pobreza de la poblacin, la falta de un punto de apoyo firme al desarrollo industrial y luego la resistencia a buscarlo o crearlo, ni lo permitieron las urgencias por hacer frente a la competencia interna y externa, como tampoco lo permiti la debilidad econmica de la burguesa en el contexto general para atender a un mayor desarrollo general del pas, pero tambin su propio eslabonamiento en el sistema de dependencia econmica yanqui. Estas circunstancias le imponan a esta clase actuar despticamente en el ms amplio concepto de la palabra y hacer uso de todas las formas imaginables para asegurarse su hegemona y su enriquecimiento. Los polticos de la burguesa nacional y del imperialismo faltan a la verdad cuando achacan al pueblo su incapacidad de vivir democrticamente, faltan por cuanto todo lo hacen para imposibilitar cualquier acto salido desde abajo.

En pases como Estados Unidos o Francia fue posible y conveniente un alto democratismo en algunos momentos histricos an a pesar de la resistencia de las clases opresoras (principales beneficiadas), pero no en toda su historia y menos en la actualidad. En esos casos la clase en el Poder necesitaba del recurso amplsimo de la democracia y divisin de poderes por lograr o tener una correlacin de fuerzas visiblemente ms favorable a ella, mayor terreno para la accin burguesa individual, mayores ventajas en la potenciacin de sus revoluciones industriales, amplias ventajas de acumulacin, sin subestimar el hecho de que la presin de las capas populares y en gran medida el proletariado tambin cumpli un importante papel en extender la base del desarrollo social y para garantizarse el uso de atribuciones o ejercicios de control locales y regionales. No es el caso de Mxico y Amrica Latina donde las condiciones fueron muy otras y difciles.

Para su mala fortuna, lleg la hora de la metamorfosis, en aquellos pases la situacin ha cambiado, ya dejamos atrs la etapa premonopolista, y eso dice mucho, antes las burguesas de esos pases necesitaron, por las buenas o las malas, extender las facultades democrtico-burguesas de sus Estados, especialmente con la derrota de la clase de los hacendados y su desplazamiento del poder, por as convenir al ascenso del capitalismo, a su expansin progresiva, lo que termin y dej de ser tal, es decir progresivo, cuando se complet el desarrollo del sistema y todo deriv en el imperialismo que le da nuevos rasgos, para soportar la Ley de maximizacin de ganancias circunscribiendo toda la cuestin estatal y social a sus reglas, a sus dictmenes. Algo de ello nos dicen las polticas racistas y xenfobas de los Estados Unidos y Francia con relacin a la poblacin inmigrante, pero solo un poco, lo ms destacado es la dictadura de los monopolios multinacionales que ah tienen sus matrices.

En el concierto pueden distinguirse todos los tonos que en conjunto componen el sistema mundial del capitalismo imperialista, an cuando las cosas no tengan los mismos alcances como en nuestros pases, la violacin de derechos o la manipulacin de la divisin de poderes se manifiesta en todas partes.

Pero cuidado, esta antiqusima acusacin de los imperialistas a nuestros pases, sin penetrar en el fondo del asunto, sin la menor valoracin de las condiciones, haciendo uso de las ideas que ms les son agradables a sus odos, atribuyendo todo a una perversin social innata en nuestros pueblos; puede llevarnos al desatino socialdemcrata de pretender que con la simple aplicacin de los principios de la democracia burguesa nuestros graves problemas se resolveran, sin parar mientes en las contradicciones sociales que atravesamos y sus antagonismos de clase.

Detengmonos brevemente en el siguiente detalle, todo un caso para reflexionar sobre esa otra contradiccin del Estado mexicano entre el querer y el poder hacer: La propia circunstancia de que Mxico basara su desarrollo en la dependencia y subordinacin a los intereses imperialistas, se le supeditara a los marcos del mercado mundial (produccin petrolera, alimenticia e industrias atadas al complejo industrial yanqui), es el contexto que determina la inaplicabilidad de los viejos principios liberal-nacionales de la burguesa. Vase as, el Estado en Mxico como pas dominado solo puede actuar en un cuadro de contadas posibilidades siempre sujetas a lo que se defina en las grandes metrpolis, lo cual lo lleva a sostener mecanismos de accin de principios del capitalismo, viejas formas de dominar an en medio de las relaciones sociales de produccin capitalista, una represin interna ms feroz, formas de control repulsivas a la democracia de las grandes potencias, pero sin las cuales ni ellas tendran seguro su dominio sobre nosotros qu sera de los monopolios yanquis como Coca Cola, J. P. Morgan, General Motors, las petroleras y las maquiladoras, sin la violacin de los derechos humanos, sin la violacin de los derechos laborales?, de qu proporcin seran las ganancias yanquis sin el hambre de los parias de Mxico dentro y fuera del pas? Los imperialistas siempre se congratulan con inculpar a los pueblos, y en el mejor de los casos arrojrselas a las burguesas nacionales. En fin, continuemos, que estamos solo en los antecedentes.

La clase burguesa al amparo de las grandes potencias, se construy un aparato estatal, unas instituciones, partidos polticos, adems de organizaciones corporativas, con los que vino a terminar la obra de su vida, imponer su rgimen de acumulacin, reproducirse como clase, mantener bajo control a los explotados y oprimidos, potenciar un cierto desarrollo industrial, afirmar el dominio de sus monopolios, y naturalmente supeditarse a los imperialistas aceptando que ellos metan mano en todos los asuntos.

Se dir que no, que el PRD naci de las luchas populares, esto no es cierto, en el movimiento espontneo que estall desde mediados de la dcada de los 80s, los fundadores del PRD trataron de mediatizarle como ya era su tradicin poltica de muchos aos atrs; no hay que olvidar que uno de los componentes de la poltica nacional burguesa se vio separado de las esferas decisivas del rgimen e intent reestablecer la situacin, pero los monopolios ya haban madurado asegurando su obra de tal forma que an llegando Crdenas en aquel entonces al Poder acaso hubiese aplazado ciertas privatizaciones, pero entonces se vera en una situacin ms complicada por el control econmico y financiero sobre el pas de parte de los grandes monopolios (recordemos que an se vivan las secuelas de la crisis del 82), que en los trminos de la poltica burgus nacionalista la alianza oligrquica se habra reestablecido a favor del capital financiero, pero para no alargar ms el caso, esto no fue ni siquiera intentado desde un principio, Crdenas se resign, por lo mismo porque tendra que fracasar: los socialdemcratas no confan en los obreros ni pretenden hacerles concesiones de envergadura como despus tuvimos ocasin de ver en su gobierno del Distrito Federal, solo utilizaron aquel movimiento de masas para asegurar a la burguesa una instancia para resguardarse ante ciertas eventualidades, aprovechando las debilidades del pueblo en ese entonces, especialmente su falta de conciencia y organizacin.

Otro elemento de esta sintona: La divisin de poderes en el seno del aparato estatal funciona de acuerdo al momento que atraviesan los capitalistas, en las condiciones particulares de Mxico, pas salido del colonialismo, luego permanentemente asediado, agredido y devorado por diversas potencias del siglo XIX, ms adelante por las potencias yanqui, e inglesa, junto a los pequeos monopolios nacionales en las primeras dcadas del siglo XX, cuando an no despuntaba la oligarqua financiera y la burguesa industrial requera de la mayor unidad del Estado; todo estribaba en imponer a la sociedad los dictmenes sin ninguna consulta. Adems de verse muy limitada en recursos dicha divisin de Poderes era inexistente, el control cuasi absoluto recaa en manos del poder ejecutivo con la insignia del presidencialismo. En estos momentos que han surgido facciones de la oligarqua financiera, que se acrecienta el papel del imperialismo, que se resquebrajan viejas alianzas con la mediana y pequea burguesa, la divisin de poderes se apega a lo que de cada parte constituyente del Estado pueda sustraer la clase en el poder, sin alcanzar ya los viejos estilos polticos absolutistas, pero sin que nada se le escape, an teniendo graves problemas para imponerse tanto por sus pugnas internas como por la presin desde abajo, tmese en cuenta la desesperada batalla por la reforma estructural que ha trado al pas a la quiebra de su viejo pacto social de dominacin burguesa.

Igualmente, hay quienes se basan en estos hechos para dar por buena la operatividad al fin lograda de la sana distancia y la justa aplicacin de las normas en la divisin de poderes, todo lo cual no es ms que un espejismo, la lucha de la burguesa y sus polticos en estos tiempos de crisis consiste en sacar el mejor partido de la situacin, en estos avatares lo que reina es: el caos administrativo, la manipulacin, la compra-venta de influencias, el traspaso de funciones, la componenda. Lo que se empean en llamar republicanismo, la pluralidad pregonada por los gobernantes de hoy, quitndole la buena vestimenta, se basa en que en la mayora de los casos la burguesa no tiene que lidiar con los viejos consensos del aparato priista, sino que dispone ahora de representantes ms flexibles por el hecho de venir de diversos partidos, por achicarse la capacidad de stos para tejer maniobras polticas, ahora s tienen que demostrarle a sus patrones sus servicios. Tal es el tejido indispensable y parte de las garantas que la oligarqua financiera y los imperialistas exigen, los representantes de ahora son ya sin el menor recato costumbrista, los polticos patrocinados por alguna empresa, suscritos a sus nminas y suscritos a un partido poltico en permanente monitoreo para que cada cual acomode su vida pblica a los intereses monopolistas.

La vida poltica que este Estado consolid bajo la ideologa de la continuidad revolucionaria, los principios constituyentes, de soberana, la ideologa del desarrollismo y el ficticio bien comn, hicieron de los intereses populares algo sin importancia cuando no se enfocaran por medio de dichos principios, algo que haba que atacar con toda la fuerza de las instituciones.

En las nuevas condiciones del dominio de la oligarqua financiera y los imperialistas norteamericanos sobre nuestro pas, la tendencia que ellos dictan y que sus principales partidos polticos acatan va en sentido de adelgazar el aparato estatal, sustraerle sus fundamentos para incorporarlos a su propio Estado desde el cual se pretende dictar todas las lneas econmicas, arrebatarle diversas funciones independentistas (soberana, seguridad nacional, desarrollismo), eliminar o supeditar funciones sociales (salud, educacin, vivienda, trabajo, cultura, etc.) otorgndolas a los grandes monopolios que como nos demuestra la prensa no las cubren mas que cuando ellos llevan ventaja, y por supuesto, arrebatar los derechos democrticos al pueblo en general.

La propaganda demaggica no logra ocultar las polticas que anuncian las campaas en curso, haciendo uso, como siempre, de todos los instrumentos con que cuenta el Estado, agotando las reservas econmicas en acrobacias y veleidades polticas.



3.- Municipios y Estados

Los municipios y los estados cuentan con una impresionante historia de despojos, llenan bibliotecas enteras en lo oficial, arcas repletas en lo privado y atropellos colosales en la vida del pueblo.

Estos entes de la organizacin del Estado mexicano no son ni remotamente retrotrados de la vida social, se tiene una experiencia tan desoladora de stos, que no hace falta dedicarnos a hacer denuncia de todo cuanto causan a las clases explotadas y oprimidas, solo pretendemos condensar su sustancia para una mejor ubicacin.

Los municipios y estados de la repblica, partes constituyentes del cuerpo del Estado mexicano, estructuras de la divisin poltica territorial para poner en actividad las fuerzas de las clases opresoras, se fueron templando al paso de la acumulacin de capital, la dominacin de los monopolios y la necesidad de la centralizacin poltica. No es que los municipios y los gobiernos estatales funcionen mal, al contrario, funcionan correctamente de acuerdo a los intereses capitalistas, no es que su poltica pueda ser aleatoria entre malos y buenos gobiernos, al contrario, es especficamente el marco de buenos y malos gobiernos el que permite la aplicacin de los derechos de la propiedad privada. Ver las cosas llanamente es un aspecto harto necesario para la lucha revolucionaria, de esta manera el proletariado aprende a desencantarse rpidamente de los cantores populistas, a asimilar con serenidad sus tareas y hacer a un lado las malas pasadas represivas de gobiernos socialdemcratas a nivel estatal y municipal como en los estados de Guerrero, Michoacn y Zacatecas.

En los municipios y los estados la idea federalista adquiere un cariz de limitaciones en el marco de las decisiones fundamentales de la oligarqua financiera y sus principales agrupaciones, con un extenso margen de atropellos al pueblo, de violacin sistemtica de la llamada legalidad; en consecuencia llevaron siempre la rmora del autoritarismo y el viejo caciquismo poltico (hijo putativo del atraso econmico de la burguesa, atraso al que enfrentaba con la barbarie de su dominio sobre los campesinos y los obreros). Al final el caciquismo la burguesa lo termin por asimilar, ajustar y recategorizar para hacerlo funcional a las condiciones del dominio monoplico.

Aquellos aejos estilos de control poltico venidos de tiempos lejanos en que permitan la cohesin comunitaria, fueron evolucionando en los peores rasgos del mando personal de potentados polticos; hoy se funden con la acumulacin de capital y resurgen en maneras de acentuar el dominio poltico de la burguesa an cuando sus aplicaciones han variado bastante, preservndose los rasgos o modismos en la forma, pero en el fondo imponindose un sistema estructural institucional de la hegemona burguesa.

Digamos de pasada que el caciquismo en estas acepciones asimiladas al capitalismo se encuentra en todos los niveles del rgimen capitalista, en las comunidades costeras, serranas, de las planicies, siempre se localiza un Juan de las Pitas coludito con los ricos a quienes refuerza en el dominio de la poblacin, en los municipios tambin se encuentran los Pedro Pramo sustentando poder poltico y poder econmico, en los estados de la repblica otro tanto, predominan las familias Madrazo, Crdenas, Garza, aunque tambin en el plano nacional vuelven a figurar sus delfines y otros ms como Hank, de los que sin duda el caso Salinas resulta ser el modelo ms refinado (dice una definicin de diccionario, refinado: extremado en la maldad), todos juntos son tratantes de los intereses burgueses, explotadores y opresores del pueblo mexicano.

Pongamos nuestra atencin en los municipios. Estos varan por sus dimensiones y condiciones materiales de un lugar a otro del pas, en apenas 80 municipios se concentra ms de la mitad de la poblacin econmicamente activa, mientras que en 1661 municipios apenas concurre una octava parte de la poblacin econmicamente activa. Pero sus rasgos caractersticos son que en ninguno de ellos el pueblo ejerce algn poder de repercusin en la mejora de sus condiciones de existencia. Otro aspecto son los recursos financieros con que cuentan y el hecho de estar supeditados tanto a los gobiernos estatales como a los dictmenes de la burguesa asentada, el narcotrfico y los viejos caciquismos.

Los gobiernos municipales difieren los conflictos locales de la lucha de clases a travs de la crcel, el control policiaco de las poblaciones y ciudades, el encarcelamiento de los pobres, la promocin de mandos antidemocrticos que restringen las posibilidades de movilizacin de la poblacin, el chantaje y la enajenacin, tanto como la aplicacin de medidas de concerta-cesin. Es de sealar que en miles de comunidades la poblacin se encuentra simplemente a merced de caciques, narcotraficantes, terratenientes y sus bandas blancas, ya que los gobiernos municipales no siempre cuentan con recursos para intermediar con polica o bandos de gobierno ante los excesos de aquellos.

La maquinaria estatal obliga a los municipios a subsistir bajo normas de regulacin de sus gastos contrarias al desarrollo local, dictamina hacia dnde destinar los escasos recursos en la prioridad de atender las necesidades de la burguesa. Hoteleros, ganaderos, burguesa agrcola, monopolios agrario-industriales, industriales, grandes comerciantes, son los beneficiados del presupuesto municipal y estatal. Se disocia unos municipios de otros, se tiende sistemticamente a aislarlos del contexto nacional, se genera conflictos intermunicipales para ocultar el control del capital y la monopolizacin de la tierra, a su vez se separa a los gobiernos municipales de la poblacin para que la relacin sea siempre vertical, donde los obreros y campesinos estn supeditados a lo que mande el gobierno municipal.

Bruscamente en los municipios por efecto de las restricciones administrativas al progreso de los pueblos sobresale una horda de polticos que esperan con ansiedad el momento de su ascenso a la presidencia de la alcalda para dar por seguro su enriquecimiento y el de sus allegados, que lo dems es servir a la burguesa local, nacional e internacional, no por nada hoy su demanda principal es que se les otorgue ms presupuesto sin cambiar las formas de sus gastos o en su defecto se les permita establecer nuevas cargas impositivas a la poblacin, en unos casos ya simplemente se trata de que se establezca legalmente las prcticas actuales con las que esquilman a la poblacin.

Los presidentes municipales reclaman se les permita cobrar por los servicios bsicos obligatorios del Estado para privatizarlos finalmente y volver a las prcticas porfiristas de cobrar un impuesto por la construccin de cualquier ventana que abras en tu casa. S que saben aprovechar la situacin, con una mano piden ms recursos y con otra niegan que los haya, y qu dicen los candidatos a presidentes municipales en sus programas?, que pedirn ms dinero, que realizarn obras, que son necesarios los impuestos, as con ese descaro, piensan seguir gobernando existe algn partido de la burguesa que no se apegue a estas normas?

La estructura municipal corresponde a una dinmica de control burgus y de acumulacin de capital, supedita el Municipio a los intereses de la burguesa, del aparato estatal y federal, pone las decisiones en un personero de los burgueses locales, le garantiza una rendicin de cuentas fcil de adulterar y colaboradores cmodos, en donde solo el mando superior y no el pueblo pueden decidir qu hacer.

Con una estructura que asegura al gobierno municipal establecer el mando bajo la direccin de los intereses burgueses asentados por la simple detentacin del poder econmico, los presidentes municipales se ven obligados a recurrir a estos en toda accin, puesto que como bien es sabido la mayora de municipios tienen un bajo presupuesto. La situacin empeorar con su descentralizacin, la burguesa tratar de ahogar los conflictos en un escenario donde no encuentren solucin por el raquitismo en que se coloca a la inmensa mayora de municipios. El pueblo tiene muy limitadas posibilidades legales de intervenir para tratar de romper con la poltica de los municipios, en vista de ello, cuanto ha logrado en relacin a cambiar los gobiernos municipales ha sido en violacin a la ley, y en la mayora de los casos enfrentando diversos procesos legales en contra de sus dignos dirigentes, sin que el poder de la burguesa haya podido ser eliminado.

Lo ms denigrante es que movidos por la sed de riquezas de quienes llegan a los puestos de alcaldas, bien sea por su meritorio servicio o por su bajo perfil poltico, se entregan a la corrupcin, el trfico de influencias, el saqueo de los pueblos, la promocin de todo tipo de negocios de la burguesa, se dedican a hacer componendas con los carteles y pequeas bandas de la droga y el crimen organizado burcratas de da y narcos de noche, contribuyendo a agravar las condiciones de vida de la poblacin. Muchos de estos casos estallan en la arena pblica bajo los efectos de la guerra de facciones y la disputa por el poder, pero son apenas una pequea proporcin de la realidad sobre el trfico poltico en estos tiempos de crisis, pues hasta los gobiernos municipales independientes con respecto de los narcos, se ven obligados a vivir en un marco de tolerancia de dejar hacer, limitndose a desbaratar o agredir a las mafias menores, convirtindose en cautivos de los grandes crteles, aportndoles indirectamente al refuerzo de su poder. Entonces vemos que en esos lugares se incrementa el crimen, florece la impunidad y las presidencias municipales se vuelven instancias grises a las que nadie recurre excepto para los casos de escasa significacin poltica. Y puesto que se incrementa la pobreza de la poblacin, florece ese otro crimen de los pobres para sobrevivir amargamente, contra el que se arremete con todo rigor, sin parar en las causas que engendra la burguesa ahora s en una actitud de guerra contra la delincuencia de los pobres, delitos que seguirn una espiral de ascenso en relacin con la espiral de la miseria y la descomposicin social en general.

No es relevante cuestionar la honestidad o deshonestidad, debido a que con o sin ellas operan esquemas que permiten a los potentados del gobierno municipal enriquecerse a travs de inversiones, el salario que perciben, las regalas de empresas, los impuestos, etc. Con o sin, su poltica est determinada por las necesidades del sistema capitalista, de velar por la legalidad, de mantener el orden que permite a los explotadores del campo y la ciudad hacer que funcionen sus negocios, y si algo de esto llega a funcionar mal, entonces son depuestos por la burguesa bajo los ms pueriles pretextos para velar la verdad.

Vayamos a los estados. Los gobiernos estatales (ejecutivo, legislativo y judicial), provenientes de los diversos partidos polticos y de las combinaciones polticas ms extravagantes (recurdese que los partidos polticos se alinean con sus rivales en unos estados en tanto que en otros les hacen la guerra, sin principios, solo apoyndose en el servicio que les asegure asociarse o confrontarse), responden solo a los dictmenes del gran capital y los suyos propios. Sirven con particular celo a toda empresa de la cual puedan obtener algn favor, an cuando el favor superior beneficie ms a la empresa, en la cual sirvieron previamente, o con la que se asocian, u obtuvieron previamente apoyos para su ascenso.

Una cuestin convertida en crtica pilar de la prensa es que los salarios de gobernadores y sus equipos, simplemente llegan a ser superiores a los del presidente de la repblica, y los diputados locales no se quedan atrs en el atraco. Pero en donde verdaderamente juegan un rol central -que es en el cumplimiento al pie de la letra de las polticas econmicas dictadas por los monopolios nacionales e internacionales diseminados en todo el territorio-, simplemente no hay cuestionamientos que se destaquen.

Solo tomemos una de las tres partes, los gobernadores: ejercen un amplio poder poltico, aunque estn atados al presupuesto federal que les recorta las aspiraciones y les ata a las voluntades centrales de la oligarqua financiera y el imperialismo, por este medio, se logra apuntalar determinados estados (Estado de Mxico, Jalisco, Nuevo Len), manteniendo en el atraso a otros an cuando sus necesidades sean mayores y cuenten con los ms amplios recursos para su desarrollo (Chiapas, Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Michoacn, Hidalgo).

En su conjunto, el cuerpo de poderes en los gobiernos estatales actan, con el concurso del gobierno federal, por medios represivos y despticos para mantener el control del proletariado y los campesinos, promueven el inmovilismo social, violan sistemticamente los derechos democrticos y humanos, manipulan los intereses fundamentales de los trabajadores en provecho de los monopolios, en los enfrentamientos populares maniobran siempre para beneficiar a la burguesa. Su poltica estriba especficamente en eso, por ms variantes discursivas y aperturas mostradas, el soporte del dominio burgus aparece siendo el mismo de Yucatn a Baja California, solo que ajustado a las condiciones de cada estado y a la respuesta popular, para lo cual han montado un nivel mnimo de tolerancia, que una vez superado debe ser reprimido con todo rigor.

De esta manera han llegado al grado de establecer entre el movimiento popular la nocin de que hay un punto de la lucha que ya no debe ser rebasado a menos que se quiera sufrir las consecuencias, punto que dicho sea de paso no llega ni a las concesiones de la Constitucin de 1917, sino que se queda en vaguedades de la canalizacin institucional de reivindicaciones materiales sujetas a revalorizacin y al presupuesto, despus de las cuales no se admite reivindicaciones polticas de cuestionamientos al rgimen y su poltica, ya ni siquiera de la cuestin de que se hable de libertad a los presos polticos, los cuales se dice no existen en Mxico, recurdese que en nuestro pas a los presos polticos se les procesa por acusaciones ficticias de delitos comunes, resultando que a la fecha, en la historia moderna no ha habido un solo caso que se haya revisado y recatalogado como delito de Estado contra el pueblo, a pesar de tanto defensor de los derechos humanos, pues estos mismos prefieren que sus defendidos salgan de la crcel mediante el retiro de las acusaciones o por que se les conmute la condena a una menos grave, que no mejor, pues la opresin est hecha, aquel que no est enterado puede revisar los casos de los obreros y campesinos de los 30s, los 40s, del charrismo de los 50s del siglo XX, de los estudiantes de los 60s, de los guerrilleros de los aos 70s, los de los lderes obreros de los 90s, los de los campesinos de esa misma dcada, los de los estudiantes de los 80s y 90s., de los luchadores populares de estos tiempos, de los presos de las organizaciones constituyentes de la Promotora por la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo, y luego irse a los casos de cada pueblo, de cada municipio, de cada estado, una misma poltica represiva.

Tan actan al amparo de los criterios reaccionarios que los casos ms bochornosos son expuestos por los mismos gobernadores y allegados con toda impudicia, tanto porque para ellos no cuentan los derechos de los trabajadores como por su escasa capacidad para identificar sus constantes atropellos metidos en su dinmica capitalista, por ejemplo el caso de los gobernadores:

Al cerco a periodistas por grupos especiales de la polica, porque se atrevieron a hacerle diversas crticas a uno de los gobernadores ms represivos de Oaxaca, ste seal que eran violadores de la ley.

A las crticas del pueblo de Quintana Roo de que no llegaban los apoyos, ni se respetaban las fuentes de trabajo por los desastres de los huracanes, el gobernador de ese estado dijo inmediatamente que no era cierto lo primero sin siquiera cerciorarse, sin estar en la zona de desastre, y que lo segundo no tena importancia puesto que eran trabajadores eventuales. Y hoy sabiendo el tamao del desastre, el seor gobernador sigue en sus trece.

A la pregunta (de por s ingenua) que le hicieron a un ex gobernador de Veracruz sobre si su bando de buen gobierno con el que pretenda colocar fuera de la ley toda protesta pblica e imponer el garrote al autorizar la represin en cualquier caso de reunin pblica, si la medida no violaba el derecho de manifestacin?, simplemente se refiri a que si alguien llegaba a sentir eso pues que pusiera una demanda.

A las crticas por la insuficiencia en las medidas preventivas de los gobiernos estatales norteos ante los frentes fros y las muertes que ocasionan, todos respondieron con alusiones de cosas de la naturaleza poniendo el acento en culpar a los inocentes que por falta de otra cosa calientan sus hogares con lea o carbn.

Ante los casos de las muertas de Jurez, las reiteraciones por aos del ex gobernador de Chihuahua Patricio Martnez, han trascendido a poltica oficial por el actual gobernador, de que se trata de mujeres con doble vida que no van precisamente a misa.

En su momento a los periodistas que solicitaron su opinin al gobernador de Nuevo Len sobre la relacin del PAN con la mafiosa magisterial Elba Esther Gordillo, ste respondi tomando la ofensiva sin ms clamando porque se pare la guerra sucia.

Ante la larga lista de recomendaciones de la CNDH al gobierno del estado de Jalisco, el gobernador dijo sin mas ni mas que no la acata, y para que la gente se olvide del asunto le lanz una perorata sobre la familia poniendo como ejemplo la suya propia (frmula infalible: autoritarismo en la familia y en el estado).

Si en cualquier caso se les pide retirar del cargo a alguno de sus funcionarios ya sea por reclamo popular o por Derechos Humanos, simplemente los gobernadores piden seriedad, mas si la orden viene de los poderosos, ruedan las cabezas. Grande es la madeja de altaneras y negligencias bien esforzadas. Es la doctrina del rgimen para la opresin, as es la hilatura del aparato estatal burgus mexicano.

Los gobiernos estatales, las cmaras estatales y los poderes judiciales estatales derivaron en el soporte legal para la accin de los intereses gran burgueses debido al esquema de funcionamiento, debido a los imperativos del capital, a los remedos de planes de desarrollo, a la orientacin de las leyes, a los sesgos polticos de las influencias, al lugar intermedio en la circulacin de recursos presupuestales, y a los controles establecidos entre los capitalistas sobre la mayora de sus personeros.

En los estados, los burgueses actan sobre las elecciones de manera clave, sin que escape el candidato ms honrado. Dependiendo la composicin de las clases dominantes, en unos estados la hegemona la sostienen la burguesa agraria y ganadera (como en Chiapas), en otros la industrial como en Puebla, en otros la crema y nata de la oligarqua financiera (como en el Estado de Mxico con el Grupo Atlacomulco, y Nuevo Len con el Grupo Monterrey), en otros la burguesa monopolista establecida en los servicios (como en Michoacn con la Organizacin Ramrez), en algunos mas los capitalistas en compadrazgo con los carteles de la droga (como en Sinaloa) tanto en ese negocio como en el de su lavado, y en otros en el amasiato de los principales monopolios nacionales y extranjeros (como en Puebla).

En sntesis, el pueblo mexicano se encuentra a merced del poder burgus, a merced de la explotacin inmisericorde y de la opresin omnipotente del aparato estatal. Lo anterior queda ms claro si se observa este abandono ante la utilizacin de los recursos pblicos para las necesidades de la gran burguesa, la cadena corruptiva del presupuesto estatal desde sus mismas instancias, que nos han colocado a merced de los elementos naturales ya no tan naturales, pues es repetida la frase aquella para diversas circunstancias: nuestra gente resiste todo. De esta manera para ellos se vale que nos tomen desprevenidos los huracanes, que luego nos acosen las epidemias de mosquitos, luego las de gripe, y otras en las grandes concentraciones urbanas desprotegidas por una poltica de Estado de arramblar con todo lo que haya de recursos, de no dejar siquiera para fumigantes ni costales de arena, de que luego el fro haga estragos, que ms despus vengan las sequas y los incendios, que nos sorprendan las epidemias, que adelante le sigan las trombas de agua, y vuelta al ciclo una, y otra, y otra vez; el cuadro puede verse con toda claridad, no tenemos nada que nos invoque a defender este sistema, sino todo lo contrario Vaya que resulta proverbial aquello que Carlos Marx y Federico Engels concluyeron en su histrico manifiesto: Las clases dominantes pueden temblar ante una revolucin comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella ms que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.



4.- El poder poltico central

Los tres poderes de la Unin encuentran su campo de accin en las relaciones sociales de produccin, como guardianes de stas, y en una parte (la correspondiente a la produccin paraestatal e inversiones mixtas), directamente la hacen de patrones, aunque en orientacin de los monopolios privados. Las relaciones de mercado son la materia de trabajo del Estado mexicano, su mediacin en ellas es su radio de accin, el poder central, tiene en su haber la tarea de mantener el buen comps de la contradiccin capital y trabajo, entre la presin burguesa constante y la lucha del pueblo, pero tambin de otra contradiccin interna del capitalismo y el derecho, entre la clara desigualdad de la acumulacin y lo estipulado en cuanto a igualdad social como principio liberal, cosa que tiende un lmite a la accin del aparato estatal, tejido que hoy se trata de romper definitivamente.

La intervencin de los tres poderes en torno a la crisis actual define en buena medida tanto el carcter como la potencia de su fuego. Vemoslo, de un lado existe una urgencia nacida de las condiciones materiales de que el Estado intervenga y resuelva los problemas ms importantes, pero de otro, est limitado en sus alcances, pues no cuenta con los instrumentos, el capital y la capacidad de orientar la economa en funcin de las necesidades de la sociedad, pues todo ese poder econmico se encuentra en manos de la burguesa, que espera del Estado no que disponga de sus empresas, sino que disponga de la opresin del trabajador para que soporte la carga, por esto los llamados instrumentos regulatorios solo tienen un alcance parcial siempre en nuestra contra, , particularmente en la presin a los salarios, uno de los pilares de la poltica estatal; los programas sociales nunca detienen en lo mnimo la desigualdad socioeconmica.

Con el grado de sujecin de nuestro pas a los imperialistas, su subordinacin en la divisin internacional del trabajo, su colocacin en la internacionalizacin del capital y su ligazn al mercado mundial, el poder central, es a su vez un poder de las fuerzas internacionales del capital operantes en Mxico, que lo socava da a da para establecer un aparato ms ligero, para conducirse firmemente desde el exterior, trayendo como consecuencia un constante choque de las acciones del Estado enfrentadas a s mismas, es decir, buena parte de las incongruencias del rgimen tienen esta lgica de pretender ser a la vez acciones nacionales y proimperialistas, traducindose en pugnas que desarticulan al propio aparato burgus, en donde las ventajas trabajan a favor del gran capital, pues mientras en el poder se busca resolver todas las controversias de este tipo entre sus actores, en la base econmica se acciona a marchas forzadas ante los imperativos de la acumulacin, por esto nada de lo que haga o deje de hacer el poltico gran burgus ms demcrata por ajustar, normalizar los trastornos o encontrar el justo medio, puede superar el orden del poder burgus. El hecho de estar firmemente incorporados al sistema mundial del capitalismo imperialista es punto ms que suficiente para que el aparato estatal navegue en la inconsistencia poltica de un lado, pero en la voluntad econmica neoliberal de los hechos trascendentes o qu otra cosa hacen en San Lzaro, en los Pinos, en Bucareli, en la Suprema?

a) El Poder ejecutivo federal ha sido erigido tras aos de batallas burguesas como el mando poltico de sus intereses, cada vez con menos posibilidades de manipulacin econmica en sus fueros, pero s con capacidad poltica para imponer los criterios de la oligarqua financiera de la cual depende decisivamente a estas alturas. Nos dice Carlos Marx: "Verdaderamente hay que ignorar en absoluto la historia para no saber que en todos los tiempos, los soberanos se han tenido que someter a las condiciones econmicas, sin poder dictar nunca su ley. Tanto la legislacin poltica como la civil no hacen ms que expresar y protocolizar las exigencias de las relaciones econmicas." (Miseria de la filosofa).

El Poder Ejecutivo ha sido una firme garanta de acumulacin capitalista, su poltica es claramente dictada desde el FMI, el Banco Mundial y el grupo selecto de oligarcas nacionales y extranjeros. Se nos ha hecho creer que todo depende del personaje y partido poltico que llegue al Poder ejecutivo, cuando en realidad, an con el evidente desplazamiento de unas u otras facciones, prevalecen los mismos criterios impositivos, las mismas prerrogativas del gran capital, cierto que con distintas variantes de aplicacin para explotar la fuerza de trabajo.

Tan marcado est el poder ejecutivo por las condiciones materiales que concretamente la accin del rgimen (que equivocadamente se suele asociar solo al poder ejecutivo), le ha tocado lidiar con la agravacin de la crisis general del capitalismo en la etapa de internacionalizacin de su ciclo, y no puede pensarse en actuar por fuera de sta realidad por impulsos personales de ningn tipo. Dicha situacin sin embargo contradice profundamente la dinmica de acumulacin de la estructura econmica y la estatal, creadas con anterioridad generando inevitablemente parte de su inestabilidad.

Como era de esperarse, el Poder Ejecutivo practica la conversin de los intereses burgueses en inters pblico, el inters general del presidente es solo aquello que a la burguesa le interesa. Busca afanosamente fomentar las ilusiones de que solo realiza una actividad administrativa y ejecutoria de las necesidades sociales, una pretenciosa jugada que ya ni los cientficos ni los filsofos pueden asegurarse para s mismos, a donde quiera que vaya saltan sus orientaciones de clase.

Tradicionalmente el Poder Ejecutivo se muda de ropa segn el personaje en turno, pero queda en el fondo el mismo carcter de clase y los mismos mecanismos de ejercer el mando, aunque en el actual puede verse mayor debilidad, que como anotamos anteriormente tiene su lgica en relacin a las acciones impulsadas por la burguesa para limitar los recursos de la burocracia del aparato estatal. As pues a fin de cuentas este poder recibe la denominacin de salinismo, foxismo, calderonismo, peanietismo, traspasando sus propias fronteras y contagiando en buena medida a los otros dos poderes.

Por supuesto, este poder como cualquier otro de las clases explotadoras lleva implcita una bsqueda por amplificarse, en ocasiones hasta en contra de las intenciones de aquellas clases, pero a pesar de ello en su beneficio. Del cmo lo hace es claro que ya no por los antiguos mtodos de sustraer las empresas a sus patrocinadores, sino a costa de elevar impuestos a la poblacin, restringir la circulacin de capitales provenientes de las remesas, hacer compromisos con el sector narcotraficante de la burguesa, e inevitablemente caer en la corrupcin institucional para compensar lo que por un lado se le ha quitado. Si bien algo se recupera de la capacidad de maniobra del poder ejecutivo en especial, la resultante es una mayor inestabilidad econmica y poltica.

El Poder Ejecutivo tiene a la farsa como inclinacin poltica, pblicamente proclama la defensa de los intereses populares y en los hechos se desvive por sostener los imperativos econmicos de la oligarqua financiera y el imperialismo, para ello como lo establece la constitucin se crea de una red de direccin del gobierno a travs del gabinete presidencial, una red que se bifurca en dos tipos de lealtades: al presidente y a las empresas que los patrocinan. Lealtades en las que se satisfacen los apetitos de poder de sus miembros. Cada secretario de Estado cuenta con una red institucional-instrumental, una red de influencias y lealtades personales y otra a la que todo est supeditado, proveniente de los monopolios que en realidad dirigen el pas, el lobby. Eso s, mucha asepsia poltica en la aplicacin del neoliberalismo.

El Estado mexicano en voz del Poder ejecutivo no tiene el control del pas, buena parte de ste est en manos de empresas trasnacionales, en las potencias imperialistas y los organismos internacionales operados por el capital financiero, otra parte del control lo detenta la burguesa mexicana. En especial la poltica exterior del rgimen es a las claras entreguista.

La crisis poltica y econmica que enfrenta el pas se desarrolla en medio de un escenario de instigaciones e intrigas surgidas desde el Poder con el fin de hacer pasar las prerrogativas del capital. La vena financiera del poder ejecutivo constituido lo impulsa como primera carga de artillera en pro de la privatizacin, la reforma laboral, la reforma del Estado, la disolucin de los derechos del pueblo, y en pro de la atencin a los dictmenes del capital internacional.

En relacin al cuestionado proceso de corrupcin de este rgano del poder poltico, tan extensamente documentado, efectivamente se ha vuelto una poltica de sus personeros en virtud de que el mismo andamiaje del poder lo permite e incentiva para asegurar su pertenencia a la clase burguesa, la mansedumbre del presidente y sus allegados ante los monopolios, si hubiese manera de eliminar la dichosa corrupcin nada cambiara la relacin de fondo.

El presidente de la repblica solo puede seguir atendiendo tales ejes, a no ser que los oprimidos cambien las cosas en otro sentido.

b) El Poder legislativo federal , bastin de la constitucionalidad burguesa, es una parte importante del aparato estatal que se dedica con ahnco a filtrar los reclamos de abajo, pero estableciendo las prerrogativas de los de arriba. En ese sentido, pero sin perderse en la generalidad del planteamiento, el Parlamento se enfoca a recomponer el marco de la legalidad burguesa a la nueva realidad monoplica. Mantiene consecuentemente la visin capitalista respecto del tipo de legalidad a sustentar, trata a toda costa que las prerrogativas del sistema de propiedad privada se preserven, an en el marco de sus constantes divergencias internas y con los otros poderes.

El Poder legislativo ha garantizado hasta ahora el nuevo marco de legalidad burguesa que permite: a) la flexibilizacin laboral an sin la reforma pertinente, pues no hace nada contra los sucesos cotidianos en las fbricas, ni sanciona ni rechaza con acciones, pues no est en sus aspiraciones, prefiriendo que los pobres se las arreglen como puedan, b) determin parte de las consecuencias del despoblamiento en el campo al destrabar las leyes (reforma al art. 27) y las restricciones a la importacin de granos, que impedan el despojo definitivo de los campesinos, c) puso en marcha la reforma petrolera para entregar este recurso a las trasnacionales del sector, d) la educacin privada y religiosa, su privatizacin progresiva, el deterioro de la enseanza pblica adems, e) asegur la operacin del nuevo esquema de desarrollo maquilador, causa de inmensa presin contra las leyes laborales del viejo nacionalismo burgus, f) encubre con el humo del discurso patriotero lo que acontece en la actualidad respecto del saqueo del pas, g) asegura con sus constantes divergencias que los poderes econmicos acten en consecuencia solo bajo sus impulsos sin encontrar restricciones serias, como en el caso de la reforma a la ley de radio y televisin donde Televisa fue el mayor beneficiario, h) acopla en sus diferencias las lneas de accin gran burguesa, unos por mpetu nato (PAN), otros por armona nacional (PRI), otros por apego a la legalidad (PRD). Lo que en otros pases el imperialismo consigue por la guerra, en Mxico lo logra por efecto de la dictadura perfecta y la traicin de todo el rgimen a los intereses nacionales. El parlamento es uno de los ejes en donde puede verse el flujo de los grupos de poder y lites monopolistas haciendo de managers para el manejo absoluto de este instrumento.

Es inocultable que el Poder legislativo manifiesta cambios sustanciales respecto de la poca del poder regio del presidencialismo y el proceso econmico del desarrollo capitalista de aquella fase de sustitucin de importaciones, cuestiones que claramente le definan como elemento de la unidad nacional, que le condicionaban a ser la comparsa incondicional del poder ejecutivo. Desde luego que no son los cambios que cree el comn de los oportunistas, ni mucho menos los que destacan los reaccionarios fascistas. Lo nuevo que marca el tono es el marketing poltico, el lobby de las empresas en secciones especiales de los comits nacionales de los partidos polticos y sus grupos parlamentarios, diputados y propiamente diputaciones de Televisa, de Filip Morris, de Coca Cola, de BBVA Bancomer, BlackRock, ExxonMobil, Chevron, Shell

Se alardea con la recuperacin del equilibrio de poderes, la modernidad de la divisin de poderes, el justo medio en el papel del poder legislativo, el nuevo estatus de mayora, pero es bueno ver todo ello de cara a los cambios en la dominacin del pas por la oligarqua financiera nacional e internacional y la extrema acumulacin de capital, para percatarse de los beneficios que ha trado la moderna aplicacin del parlamentarismo en las necesidades de toma de decisiones de la clase dominante.

En su relacin con el poder legislativo hay que ubicar primero las fuentes de dicha modernidad institucional:

1.- En Mxico se llega al accionar de la divinizada divisin de poderes en medio de profundas crisis econmicas y polticas, que por tanto fcilmente tienen fracturas polticas respecto de las aplicaciones y distribucin de sus representantes en las distintas esferas del Estado.

2.- El quehacer de la oligarqua financiera influye ms inmediatamente en unos poderes que en otros debido a su propia naturaleza pragmtica y prioridades, determinando en alto grado ciertos contrastes con lo que respecta al poder legislativo siempre un tanto a la zaga, aunque actualmente se empean a fondo para recuperar el terreno, quedando un margen debido a que en ste rgano son muchas bocas que los monopolios deben alimentar y distintas las maneras para sobar, por algo los monopolios a travs del PAN plantean eliminar ms adelantito unas 200 diputaciones y otras senaduras.

3.- La divisin de poderes que hoy se ha alcanzado, el nivel especial de debates y polmicas del legislativo son un acicate al accionar de los monopolios que concurren en nuestro pas, reafirman el sentido de concurrencia y definicin condensada de los dictmenes del capital financiero.

4.- A nadie puede escapar el hecho de que el contenido individualista-mercantilista del comportamiento y legalidad actuales del parlamentarismo viene manufacturado del norte. La disposicin parlamentaria por ejemplo respecto de la venta de petrleo barato a los Estados Unidos, las observaciones parlamentarias a los estados Unidos por los atropellos a los emigrantes mexicanos sin que medie ante los organismos internacionales, se les de seguimiento o se les coloquen medidas ms efectivas de inconformidad, hablan ms de complacencia que de verdadera intencin de hacer respetar los intereses como pas.

5.- La realidad del poder burgus en Mxico determina los fines del poder legislativo, por lo que de este solo han venido leyes y criterios afines con los monopolios. Hasta aquellas reformas menores en apariencia enfocadas a combatir el machismo y actitudes retrgradas solo buscan disponer, a conformidad, de la fuerza laboral femenina y garantizar su movilidad.

Para esta modernizacin las dificultades que enfrenta el gran capital al seno del poder legislativo estriban en que dicho campo del Poder se encuentra en el centro de la atencin social sobre la actividad pblica, guardando a pesar de todo mbitos donde el pueblo opta para hacerse escuchar aunque con escasos resultados, asimismo por que debe enfrentar las crticas al rgimen orillndose a guardar ciertas formalidades sobre el interpretar los deseos de los electores, y por la propia historia del parlamentarismo que no puede deshacerse con facilidad.

Por su veracidad y fuerza parecen recin dichas estas palabras fulminantes respecto del poder legislativo:

Decidir una vez cada cierto nmero de aos qu miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el parlamento: he aqu la verdadera esencia del parlamentarismo burgus, no solo en las monarquas constitucionales parlamentarias, sino tambin en las repblicas ms democrticas. (Lenin, El Estado y la revolucin, p. 55, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1985).

El Parlamento entra en el juego poltico burgus como un bastin de la legalidad monoplica, permite la operatividad legalmente aceptada de la explotacin capitalista, sustenta ideolgicamente la opresin que padecemos.

c) El Poder Judicial de la Federacin guardin del orden, tan desacreditado como los otros poderes, solo sabe vender justicia a unos cuantos y otorgar injusticia a las mayoras, por sus normas y procedimientos, pero tambin por las necesidades del gran capital (simplemente no ha resuelto uno solo de los casos de asesinatos polticos de la burguesa y sus representantes), lo prioritario para los burgueses respecto de dar sustento judicial a sus contiendas en el proceso de afirmacin del mando financiero sobre el pas, en ese mbito todo es rpidamente resuelto, en tanto que cualquier reclamo popular tiene estos sellos: se le satura de mil y un trabas desgastantes, crceles repletas de pobres, certificacin judicial de despojos de tierras, de viviendas, de los fondos de retiro y pensiones, despojo de recursos pblicos, etc.

Uno de los rasgos que distingue los cambios actuales en ste poder consiste en la intervencin directa de la gran empresa privada en la imparticin de justicia a su discrecin. As tambin se le presentan la corrupcin particular frente al narcotrfico sujeta lgicamente a contradicciones dadas las exigencias del imperialismo y las obligaciones de Estado.

Hay que medirlo por la vara de su trabajo, y sintetizarlo por la naturaleza de las leyes que resguarda, cuando los conflictos no se resuelven con dinero y se busca la intermediacin de la justicia se pasa simplemente a la aplicacin desigual de la ley segn los intereses, los recursos econmicos o polticos del demandado o del demandante, penalizacin marcadamente tendenciosa contra la profanacin de la propiedad privada (se sabe que en algunos estados es ms penado el robo de una vaca que la violacin a una mujer), anacrnica aplicacin del criterio de que nadie es inocente hasta que no lo demuestre, torpes frmulas de ficcin y ciencia ficcin para obtener las pruebas de inocencia o culpabilidad a conveniencia de la parte firmemente orientada a los esquemas de acumulacin capitalista, o econmicamente ms capaz, as como la limpieza de toda culpa a los personeros del aparato estatal en cada atropello que cometen, a no ser que el susodicho caiga en contradiccin con el conjunto, o sea miembro de alguna faccin poltica enemiga.

El poder judicial est an ms delimitado por dos cualidades fundamentales, una que es su articulacin como mecanismo para atender los derechos del capital sobre el trabajo, y la otra es su capacidad para romper reglas que imposibilitan el crecimiento de la propiedad y la acumulacin. Es un poder bajo el mando del ejecutivo, ajustado a sus variaciones polticas acordes con las circunstancias.

Por otro lado, an cuando se le estn introduciendo cambios, es un poder sujeto a la rigidez de leyes contra los pobres basadas en el Cdigo Napolenico de principios del siglo XIX, un tipo de reglas que siempre buscan ser rigurosas en la bsqueda de delitos que puedan ser dignos de castigo, que pasan a ser de situacin aleatoria o secundaria a los motivos de la detencin a la causa principal por diversos vericuetos procesales, del tipo de que si en el robo de un objeto de escaso valor mentiste o se localiz otro objeto que no se supona se encontraba u otras circunstancias del robo afectaron el desempeo de la detencin, investigacin u otra actividad pblica o privada, entonces se ubica la sancin de mayor grado y se te hace la sumatoria.

La Suprema Corte de Justicia est siendo puesta a tono como una institucin donde los monopolios diriman sus problemas y en la que encontramos una barrera a la defensa de nuestros intereses, en ambos casos sin la intervencin omnipotente del poder ejecutivo. Para los potentados la Suprema Corte sabe encontrar todo tipo de medios de solucin, amparos, omisiones, aplicacin suave de la ley, extorsin de la Polica, compra de jueces, etc. En el caso de los pobres, los tribunales no son expeditos o bien trazan impedimentos insalvables en tiempo, forma y recursos, es documentado que en el Distrito Federal existen cerca de 11,000 reos del pueblo por robar comida o algn delito menor, ha habido pobres en cautiverio por espacio de un ao debido a que no pudieron pagar $250.00 pesos de multa. La multa es otra de las razones por las que la polica atrapa a personas en la calle por cosas insignificantes para que los tribunales les vacen los bolsillos, en tanto que los delincuentes de gran calado se pasean con toda impunidad.

En relacin con los fallos de la Suprema Corte de Justicia a nivel de los estados y de los intereses que afectan a los monopolios en la mayora de los casos no son acatados. Mientras que nosotros tenemos escasos recursos legales para ponerlos en entredicho, ya se trate de problemas concernientes a los antagonismos de clase, delitos del orden comn, o hasta acciones del mismo tipo de las que realizan los poderosos (el robo principalmente), que no le estn permitidas por ningn motivo a los parias de la tierra.

Ello ha trado la consecuencia de que si bien disminuye la violencia descarada del rgimen, se incrementa la violencia institucionalizada, reglamentada del mismo, y se expande la violencia privada de los monopolios y bandas organizadas de stos.

La consecuencia de tal sistema es la injusticia para el pueblo, el otorgamiento de prerrogativas jurdicas para la burguesa y sus monopolios, adems de la transaccin poltica de la justicia de acuerdo a las disputas de los partidos polticos.

Los tres poderes formales del pas encuentran una actuacin institucional, aseguran una nueva sincronizacin que si bien preserva rasgos del proceso de fortalecimiento de la burguesa nacional, hoy van fundamentalmente a permitir la direccin en primera instancia de la oligarqua financiera sobre la vida social. Este acortamiento de las funciones estatales solo consiste en que el capital financiero venci las restricciones de antao y se ha puesto a la cabeza de la poltica estatal.



5.- Financiamiento del Estado

Producto del desvalijamiento que han hecho los monopolios sobre el Estado, sus formas de financiamiento han variado en una direccin antipopular, han variado para ser completamente dependientes del mandado del capital financiero.

Una de las principales formas del financiamiento fue la entrada de ganancias a travs de las ms de mil empresas que lleg a tener bajo su custodia, pero estas hoy son empresas privadas.

El endeudamiento externo fue sin duda una gran fuente de recursos para el Estado, pero se encuentra en la etapa de los onerosos desembolsos a cuenta de los intereses de la deuda, y solo se puede recurrir para casos ms extremos de crisis, la presin del crdito internacional para garantizarse nuevas concesiones de nuestro pas o para el blindaje en diversos procesos polticos, por lo que ya no hay una intensa entrada por esta va, sino una intensa salida de recursos.

Aunque tratndose de aos electorales, la burguesa y su Estado pujan por asegurarse amplios recursos, mismos que se lograr a costa de malbaratar petrleo, incentivar el turismo internacional, la inversin extranjera, enfocar la exportacin, el lavado de dinero y la entrada de remesas. Claro que manteniendo los problemas engendrados por la crisis en su mismo nivel en unos casos y en otros agravndolos, por ejemplo, se continu reduciendo el gasto social, y hasta para este ao ya estn anunciadas nuevas reducciones.

Respecto del impuesto a las empresas de acuerdo a su rgimen de ganancias, hoy esa regla se ha invertido, es decir, entre ms capital posee un burgus menor ser el pago de impuestos. En la misma clase capitalista hay un recargo de impuestos en la escala hacia sus capas menores, siendo de todas ellas la pequea burguesa la que recibe el mayor golpe. Este rgimen de impuestos tiene sus complejidades siempre gratificantes para los magnates, pues entre ms recursos econmicos tienen, mayor es su capacidad para eludir legal y extralegalmente el pago de impuestos, como los casos de los monopolios que adeudan a Hacienda y al IMSS.

Los impuestos que se derivaban del intercambio comercial internacional estn siendo suprimidos por el Estado como parte de diversas componendas con el capital internacional (en especial el TLC, los de la OMC y el contrabando en que est involucrada con productos de Asia y Norteamrica) que obviamente disuelven las antiguas barreras de proteccin de lo que fue la empresa nacional, al tiempo que anula las entradas de recursos por esta va.

Los impuestos de siempre, tanto los que afectan directamente al trabajo como los que le afectan indirectamente por va del comercio son hoy da la mdula espinal del nuevo proyecto de financiamiento del aparato estatal. Cuando hablamos de esto debemos considerar que son precisamente los monopolios y bancos internacionales quienes influyen en el Estado para inclinar la tendencia de la nueva reforma hacendaria en su favor, pues son muchos sus reclamos de pago de deuda y de subsidio a su desarrollo. Para ser precisos, los burgueses necesitan resolver las cuentas del Estado y las suyas propias aumentando la carga en los pobres, por ejemplo, esta es una de las intenciones en la insistencia de los neoliberales sobre el IVA en alimentos y medicinas, de otra parte el hecho de que el Estado busque concesionar las aduanas, es una mal disfrazada capitulacin frente a la vehemencia de los monopolios por abrogarse asuntos de su antigua competencia, hacer el negocio de su vida, cobrar impuestos y dar una tajada a la burocracia. Cosa que ya ocurre en muy diversos asuntos estatales.

Someramente planteados, estos nuevos esquemas del financiamiento pblico, agudizan las dificultades del aparato estatal, crean un nuevo escenario donde el Estado aparece desvinculado completamente de los propios recursos del pas, los cuales se encuentran principalmente concentrados en unas cuantas manos, ello acenta su debilidad y afirma su orientacin oligrquica.

El Estado queda al margen definitivamente de sus viejas lneas de regulacin capitalista, ya no cuenta con la capacidad para inducir o promover cambios en la estructura econmica ms que en una sola lnea, la del mando gran burgus, incluso pierde terreno en el control del sistema monetario, acusndose los brotes de la dolarizacin y la ulterior anulacin de la financiacin pblica como atributo del aparato, para ser sujeto de integracin al imperialismo.



6.- Ejrcito y Polica

El Ejrcito Mexicano de 179,964 efectivos, con un historial muy negro en las ltimas dcadas, y muy desastroso en el ltimo sexenio, tiene muchos motivos para ser hermtico, pero ni sus ms audaces estratagemas de seguridad impiden ver su realidad de total mansedumbre hacia el capital financiero y de combate al pueblo. La ardua lucha del pueblo mexicano ha puesto en evidencia el carcter del ejrcito burgus. Sobre sus propias condiciones, baste decir que hasta el Departamento de Defensa norteamericano ha desclasificado documentos sobre el Ejrcito Mexicano con informacin que sera difcil obtener en el pas, por ejemplo, segn los yanquis l os principales problemas que siguen obstaculizando al Ejrcito mexicano son un equipo heterogneo y obsoleto, la falta de control logstico y mantenimiento tcnico, una centralizacin excesiva, la corrupcin y un entrenamiento inadecuado . Se comprende mejor su hermetismo si se toma en cuenta que el ejrcito y la polica son las principales instituciones de accin represiva y violacin sistemtica de los derechos humanos. nicamente tomamos de la nota el aspecto a que se hace alusin (la imposibilidad de ocultar su rol y sus caractersticas) para no desviar nuestra temtica.

Tratndose de una institucin armada a las puertas del imperialismo yanqui naturalmente su situacin actual est condicionada a desmantelarlo, ms que actualizarlo como fuerza beligerante, mutilar las cuestiones de soberana que le dotaban de tareas relevantes, reservndole solo las labores de represin interna, de defensa de los poderes polticos, de garante de la legalidad y lucha antinarcticos.

De acuerdo con las leyes se trata de un ejrcito nacional que muy expresivamente elude las cuestiones exteriores frente al imperialismo yanqui, estos dicen que ms bien el ejrcito mexicano se acomod a su paraguas militar, como quiera que sea, les favorece esta situacin condicionada como ajustndose al dominio neocolonial. En fin, estos aspectos junto a las condiciones actuales permiten que el ejrcito norteamericano vigile nuestras costas (con nfasis en las plataformas petroleras), nuestro espacio areo, defina varios de los rubros en que debe actuar el ejrcito mexicano y forme a sus elites. An as ha habido disputas provenientes de sectores nacionalistas en el mismo ejrcito mexicano, y otras tantas insinuaciones de protesta por la evidente razn de que se le est desmantelando.

Esto se muestra en la criticada resistencia a la apertura, en donde la burguesa aprovechando los reclamos de la sociedad, para asegurar que el cambio del ejrcito se de en el camino requerido, presiona con abrir los archivos secretos de la poca de intensas represiones, como picndole las costillas insina que toda la culpa es del ejrcito y le catequiza a mejor asumir los nuevos roles. La burguesa capitaliza estos problemas en funcin de sus necesidades como el hecho de acceder a los reclamos imperialistas de realizar maniobras militares en el interior del pas.

En los ltimos 5 aos hasta 2006 hubo una desercin total de 100 mil soldados del ejrcito mexicano, teniendo como principal motivo el econmico, a partir de 2006 a la fecha hubo un estimado de 43,827 deserciones teniendo como causa la guerra contra el narcotrfico. El fenmeno rompi los mitos de la fortaleza militar y su buena situacin, se revelaron varios males del proceso de declive militar como la concentracin excesiva de los mandos y los recursos econmicos, la rezagada concepcin sobre lo militar que se dispone en el ejrcito, la falta de ascensos, las difciles condiciones de vida del soldado, la rigidez de las estructuras militares que le impiden defender sus derechos, y las nuevas amenazas provenientes de la actividad contra el narcotrfico. En consecuencia muchos soldados se unieron al otro ejrcito de emigrantes, y parte de los soldados de elite fueron a parar a diversas bandas de la delincuencia organizada.

Agregndose a las tradicionales divergencias de los dos cuerpos armados oficiales, el Ejrcito y la Polica, en la relacin actual del Ejrcito con la PGR, claramente se ubican las discordancias provenientes de que sta ha recibido mayores ventajas en la modernizacin del aparato estatal y la abrogacin de facultades en la sociedad moderna. Como para intermediar fue creada la PFP, con elementos provenientes del ejrcito para asumir tareas antinarcticos y represivas, pero ello es simplemente otra forma de llevar la rudeza militar a las cuestiones civiles sin que adelante un tanto el papel del Ejrcito en lo estratgico, solo se le coloca como instituto de choque inmediato, de presencia amenazante en las actividades civiles cotidianas.

Al colocar al ejrcito en la guerra contra el narcotrfico, lejos de llevarlo a su profesionalizacin y desarrollo, se lo condujo a una crisis interna debido a que no se le prepar para los eventos de los ltimos 8 aos, no se le reequip para las exigencias de esa forma de guerra, se le emple en una lucha entre bandas criminales favoreciendo unas en detrimento de otras, no hubo estrategia global, se desenfoc el combate al plantearse a niveles de guerra, se desmejor la moral del ejrcito porque sus xitos se atribuan a los gobernantes, los fracasos a los militares y los enfrentamientos lo rodearon de incertidumbre por los resultados, los mismos resultados generales operaron en contra de la institucin, se puso al ejrcito en condicin de violar los derechos populares, la comisin de delitos de toda ndole hasta el falseamiento de sus acciones frente al narcotrfico, se corrompi a tal punto que buena parte de este se enrol con su enemigo. Al final los imperialistas penetraron sus fuerzas e impusieron la circulacin de sus agencias, lo que tampoco beneficia al ejrcito mexicano, aunque se habla de una modernizacin de sus fuerzas, claramente se ve en sujecin al imperialismo dada nuestra incorporacin a la zona de vigilancia estratgica norteamericana. Su descomposicin no augura nada bueno en el marco de que queda a merced de los imperialistas y en la desmoralizacin de sus fuerzas frente a lo que ha hecho de l la oligarqua gobernante, sus polticos y altos mandos, las y los revolucionarios, el pueblo mismo deben recoger sus cenizas y replantearle otro tipo de cometido social para que sea ejrcito del pueblo.

A las policas, elementos del poder judicial, compete otro tanto en la seguridad del Estado capitalista y el resguardo de la propiedad privada al extremo de las masacres.

La respuesta del rgimen a los males sociales es el incremento de las policas y su especializacin en diversos menesteres represivos hacia la sociedad. En todos los casos las policas cuentan con ms atribuciones para actuar con todo rigor, lo que ocasiona diversas respuestas de la poblacin desde la manifestacin en pro de la seguridad hasta el ajusticiamiento de policas corruptos.

En el esquema de la oligarqua financiera se trata de incrementar la vigilancia de la seguridad sobre la poblacin, que segn sus informes representa la mayor amenaza al Estado, por ello, se intensifica la presencia y la accin intimidatoria de la polica enfocada contra los trabajadores del campo y la ciudad, contra los estudiantes y colonos.

Los agentes de seguridad estn colocados en una estructura estatal de corrupcin, sin embargo, donde el proceso adquiere dimensiones de parasitismo o no fluye el recurso de la mordida hacia arriba, es donde mayormente se fustiga al trasgresor y se hace escarnio de ste como para afirmar que la polica est cambiando, cierto, solo que selectivamente, es decir, los policas reciben instrucciones de no molestar a quienes visiblemente ostentan riqueza. Ese es un aspecto de la problemtica de la corrupcin, otra ms recurrente es la que quebranta la accin policial mediante la compra de sus servicios frente al delito.

Para tratar de resolver o acotar estas graves problemticas, revertidas en inconvenientes a la accin pronta de la polica, se ha reformado constantemente sus sistemas obteniendo algunos avances, pero siendo incapaces todos de acabar con el mal, pues todo indica que ste se encuentra en la propia insercin de la polica en el torrente de relaciones econmicas de explotacin y opresin, que le generan sus propios apetitos, a la vez que los burgueses se ven obligados a violar sus propias reglas a cada paso por muy diversas causas.

Otra rea de cambios se da en las policas privadas de los monopolios, que aunque estn sujetas a unas normas de funcionamiento, en los hechos encuentran en la empresa que les contrata su propio mini-Estado al cual acatan absolutamente.

Con lo que respecta a la violencia, en su conjunto las fuerzas del Estado participando de la violencia institucional agravan a la vez que desatienden estructuralmente los problemas de la violencia general, la inseguridad y el crimen organizado de la sociedad actual; las condiciones imperantes, los instrumentos estatales y sus razones de Estado impiden ejecutar una poltica resolutiva de este mal.



Captulo V

Tareas del proceso revolucionario

Por aos las clases explotadoras hicieron todo lo que estuvo a su alcance para reducir estos pensamientos al absurdo, logrndolo en la medida en que se encontraron con una suerte de combinacin de diversos fenmenos histricos contrarrevolucionarios y el accionar de aquellas clases interesadas en mantener el estado de cosas; de este modo, cerrando en conjunto o retardando simplemente en diversos pases el proceso de proyeccin de masas de las ideas crticas con respecto al sistema existente. A esto hay que agregar que tambin en la medida en que no se resolvieron las tareas que pondran las ideas de avanzada en manos de la clase de avanzada, todo qued pendiente reducindose a una posicin fuera de lo posible en el contexto del dominio capitalista.

Los adversarios de la clase obrera s que han recopilado un amplio arsenal de razones para mantener las cosas como estn, mas eso no le resta la superioridad a las ideas de emancipacin y las tareas para realizarlas. Las razones de la clase obrera, de los campesinos pobres, de los sectores populares para cambiar este rgimen son histricas, su peso es incuantificable porque encierra los intereses y anhelos humanos de verse en un mundo sin explotados ni explotadores.

La libertad efectiva de la humanidad solo se encuentra en consolidar bases armnicas de producir y compartir lo producido, de armona entre los trabajadores y anulacin de toda forma de explotacin, esta libertad solo se logra con la lucha revolucionaria de las clases sociales pisoteadas, arruinadas y hastiadas por el capitalismo.

La marcha del movimiento de masas es primordial para enfrentar en mejores condiciones a la burguesa, y superar los viejos esquematismos de la lucha izquierdista, democrtica y revolucionaria. Esta es una verdad muy reconocida pero pocas veces aplicada ms all del espontaneismo.

Ahora se presentan en toda su crudeza los problemas de la lucha de clases, se vuelve prioritario atenderlos, encuadrando sus tareas en las organizaciones justamente. En este impulso renace una nueva energa entre la clase explotada para su preparacin activa tras la penuria de vivir en el capitalismo.



1.- La necesaria destruccin del Poder burgus

Es necesario partir de una prevencin, generalmente el reformismo ha engatusado a muchos con la concepcin de que las luchas revolucionarias no tienen una lgica interna en el devenir del capitalismo, y que ms bien son para combatir los aspectos ms negativos del sistema, resaltando aquellos problemas que son visibles en el rea del mercado, del consumo, de la poltica de los gobiernos, etc., eso solo es cierto si se le coloca en segundo grado, puesto que son sus efectos.

Cuando se combate bajo esas concepciones son comunes las curas desarrollistas o las plataformas estabilizadoras que al final en lugar de servir ahondan los antagonismos, dejndose sin sostn aquello que se crey un proyecto revolucionario, por qu? porque se le coloc bajo la consideracin de que lo que estaba mal era simplemente la poltica, que la sociedad funciona bien, pero algunos abusan del poder, tomndose por cura una serie de reformas que nunca afectan los problemas medulares y su esencia econmica. Entonces, quien quiera hablar de cambio revolucionario solo puede referirse a subvertir el orden social existente desde sus cimientos o de lo contrario solo se trata de uno ms de los charlatanes del oportunismo que busca cobijarse con el manto de la burguesa.

El Poder de la burguesa es el poder del capital y del Estado juntos cuyo fundamento est en la propiedad privada de los medios de produccin, esta situacin se debe destruir. Naturalmente puede verse este carcter de la sociedad con mayor claridad en los momentos de crisis econmica y poltica como el actual, es decir, en la actual crisis pueden registrarse los elementos que constituyen este rgimen y que lo llevan a constantes recadas, elementos a los que hay que atacar. Si bien se deben considerar los problemas que surgen como esas mismas crisis, el hambre, las enfermedades, las guerras, la ignorancia, el desempleo, la devastacin ecolgica, la inseguridad, para combatir al sistema en s, ms que simplemente a estas terribles secuelas.

Volvamos a la esencia de los males, la contradiccin capital-trabajo arduamente sealada como el problema fundamental de esta sociedad, contradiccin entre la produccin social de millones y millones y la apropiacin privada de lo producido por unos cuantos miles. Sin superar esta contradiccin social no hay superacin del estado de cosas existente, mientras la propiedad de los medios de produccin sea de unos cuantos sabemos que no habr manera de que se resuelva el resto de problemas que padecen los trabajadores. Si esa contradiccin no se resuelve, es inevitable que todo el proceso de desarrollo capitalista y sus tendencias fundamentales contine en detrimento de los parias, continuar la monopolizacin, continuar la acumulacin de capital, continuar la concentracin y centralizacin de capital, continuar el despojo de nuestro pas por la oligarqua financiera, continuar desmantelndose los derechos laborales y sociales, etc., porque solo as puede subsistir el capitalismo en las actuales condiciones.

Quiz no todas las clases sociales pueden plantearse un cambio social revolucionario, solo aquellas que lo han perdido todo en el capitalismo; aquellas que adems de perderlo todo viven de su propia fuerza de trabajo; aquellas que por tanto venden esa fuerza de trabajo a quienes se han enseoreado en la sociedad; aquellas que se enfrentan del otro lado de la contradiccin y que representan otra manera de vivir del trabajo propio, de vivir de la solidaridad de clase. Esa clase ya se sabe que es el proletariado.

Esta clase social no necesita rebuscar argumentos para enfrentarse a los explotadores, ya est confrontada a la burguesa desde que aparecieron, pero an no asume plenamente sus retos histricos, an no se asume como clase que no pertenece a esta sociedad ms que en la condicin de esclavo asalariado, que no es libre, an no asume que debe buscar su propia emancipacin y aliarse en esa tarea con las otras clases explotadas y oprimidas.

Apoyndonos en las condiciones objetivas del pas, y sin perder de vista el arsenal de experiencias histricas terico-prcticas del proletariado internacional, por las caractersticas de la nueva revolucin que ha de venir en Mxico, se trata de una revolucin que se plantear la necesidad de destruir la propiedad privada de los medios de produccin y socializarlos, se plantear la necesidad de destruir el Estado capitalista y crear otro Estado en el que prevalezcan sus intereses de clase y los de sus aliados trabajadores. Por eso, y por el rol dirigente en estos trminos de la clase obrera, esa revolucin ya no puede ser otra que una revolucin proletaria y popular.

Solo una revolucin de tal naturaleza puede acabar con los actuales partidos polticos de la burguesa, acabar con los poderes nefastos del capital, acabar con el rgimen de explotacin, miseria y opresin que llevamos a cuestas, acabar con el espritu burgus y acabar con el dominio del capital financiero nacional e internacional, encontrando la ms firme solidaridad de los pueblos del mundo.

A la dictadura del capital se hace fundamental sepultarla y oponer la ofensiva de las clases explotadas y oprimidas en la construccin de una nueva sociedad en que prevalezca el programa del proletariado que tiene por fundamento poner en correspondencia la produccin social con la apropiacin social de los productos, ello solo se podr sostener con la democracia popular y proletaria.

Este es un punto bsico fundamental de la lucha revolucionaria del pueblo mexicano, pero previamente para ello tenemos tareas pendientes



2.- El camino del pueblo

Una referencia obligada: el proletariado, el campesinado, la mujer, la juventud y los sectores populares han vivido el proceso de ascenso y desarrollo del capitalismo del lado opuesto de la opulencia, el ascenso y desarrollo del universo hostil de las relaciones sociales de produccin capitalistas.

Los trabajadores han aprendido mucho de ste sistema, han persistido en librar la batalla por mejorar en sus condiciones de existencia, han visto madurar el capitalismo y con ello su visin de ste, en esta libraron y libran luchas contra los dogmas del pensamiento burgus sobre el desde y para la eternidad del sistema, contra los dogmas y roles de explotacin que nos educan en la docilidad y la paciencia, contra los prejuicios religiosos en mil aspectos de nuestra vida social, an cuando nos quedan muchos por vencer, combatieron y combaten el control poltico del capital an cuando ste se encuentre en su mximo, as lograron llegar a algunas conjeturas de clase sobre su carcter.

Al trabajador sencillo le ha costado mucho aprender en su carne la subordinacin a la burguesa, le ha costado grandes sacrificios llegar a vencer las verdades absolutas de la poltica burguesa, le ha costado, y a veces pagando con su silencio, el comprender lo que hacen los gobernantes para seguir en su lugar, le ha costado obtener nuevas nociones sociales de s mismo, an cuando no alcanza a plasmarlas con toda claridad, dificultades de comprensin que tenan mucho que ver con el atraso del pas, el caos de las visiones de las capas medias y la intensa contaminacin del viejo nacionalismo revolucionario con que los capitalistas se encubrieron durante dcadas. En su carne el pueblo ha venido persuadindose que este mundo es el peor de los mundos posibles.

Habida cuenta de que la burguesa persiste en limitar, en doblegar la actividad poltica de los oprimidos, fue inevitable que surgieran sus luchas, ideas, juicios, posiciones, visiones y planteamientos en todos los renglones sociales, culturales, educativos, de convivencia, artsticos, en los cuales se manifest una tendencia negadora del capitalismo, con lo que la clase en el Poder se dedic a resistir lo progresista, lo democrtico y lo revolucionario. Todo esto sigue ah en el pueblo, unas cuestiones solo en germen, en tanto que otras se despliegan ms abiertamente, pero no pueden desarrollarse ni hacerse dominantes en los marcos de la sociedad actual.

Estas energas latentes, frecuentemente disimuladas bajo una frase en boca de todos, sin pretensiones filosficas: ya no estamos en el tiempo de antes, en que uno tena que aguantarse, no encuentran todava la forma ms firme de abastecerse de argumentos, de plenos contenidos y de mecanismos para ponerse en marcha, por tanto, tienen aqu planteadas sus necesidades bsicas.

Son condiciones y situaciones latentes en el seno de un pas sojuzgado, a las que siempre se les busc la manera de disolverlas en tanto que premisas y elementos de la conciencia popular, sujetndonos a diversas racionalizaciones, ordenaciones y necesidades del capital. As las presiones del capital impiden a la fecha que se logre no solo comprenderlas, sino ubicarse en el terreno de la accin a partir de ellas y convertirse propiamente en conciencia popular como corresponde a las necesidades histricas.

Primera cuestin prioritaria de lo antes dicho es que ante la profunda proletarizacin del pas y los acumulados en conciencia, experiencia y organizacin con todas sus debilidades, debe seguirse una ruta de revolucionarizacin desde abajo. Nuestra visin no puede continuar rutinariamente agrupando y reagrupando luchas para una coyuntura, de una a otra situacin; consideramos debe tomarse a s misma para no desvincular el arsenal de luchas populares y hacer una formulacin nueva de stas sobre la base de la ms avanzada teora revolucionaria, en otras palabras, es una tarea importante revisar a fondo las experiencias y ponerlas al da con respecto de la interpretacin proletaria de todo cuanto ha sucedido en la lucha de clases. Solo as se podr desarrollar las ms amplias lneas y concepciones, ponerlas en juego y darles una clara sustancia de clase a los procesos.

En la lucha popular vendr la segura revolucionarizacin de las concepciones de clase, ya que es ah en donde el proletariado tiene todas las posibilidades de demostrar la objetividad de sus argumentos y la certeza de sus planteamientos.

Los sentimientos y virtudes populares deben transformarse entonces en ntida conciencia proletaria, los anhelos de los oprimidos y explotados, sus esfuerzos cotidianos, su satisfaccin natural por estar haciendo lo correcto en tantas y tantas luchas no hay que dejarlos disueltos, tienen que concretarse volvindose sustancia de nuestra doctrina poltica, tienen que hacerse de la consistencia de clase solidaria, activa y revolucionaria.

Lo logrado con sus esfuerzos, son su patrimonio poltico, cultural, econmico y social, como clases oprimidas. La alegra de nuestro pueblo al obtener triunfos, as como sus penas cuando hay derrotas, y el odio manifiesto a sus hambreadotes son valores genuinos de la lucha de clases, son sntomas de que se debe superar el nivel, acentuar el elemento consciente de clase para s. Por supuesto, hay sectores avanzados, mismos que deben jugar como puntales de estas tareas.

Las dificultades para que estas cuestiones se impongan estn expuestas, estn presentes las rigurosas normas del capital en la fbrica, en el campo, que restringen, que fatigan, que desgastan y que si no aniquilan inmediatamente es por la constatada razn de que esperan extraernos el mximo de ganancias como mercanca especial que se duplica, agotando sistemticamente nuestras capacidades. Estn a la orden las represiones, la restriccin de la libertad de expresin, las persecuciones, los sealamientos, los adoctrinamientos para no pensar, para que no actuemos como clase aparte, estn presentes viejas nociones de otros tiempos y otras circunstancias sociales, estn presentes viejos y nuevos prejuicios contra la organizacin de clase. Por eso ahora la resistencia tenaz juega un papel destacado, tambin la solidaridad de clase y las tareas bsicas de accin son indispensables.

La toma de conciencia de clase tiene diversas manifestaciones, siendo hoy la accin masiva la clave para lograrlo todos, superando aquellas fosilizadas concepciones sobre la sociedad cuyo fundamento est en el positivismo burgus, el liberalismo y el pensamiento pequeo burgus trayendo consigo una tela de problemas y limitaciones en el movimiento para ver el carcter de la poca y el rol de las diversas clases y sectores sociales.

Los choques y tropiezos de la lucha deben superarse superando las formas de enfocarlos, rebasando aquellas formas atrasadas de afincamiento de posturas parcelarias de secta ms que de clase que pretenden prescribir la historia para la edificacin del paraso pequeo-burgus desde las alturas moralizantes; ahora la clase obrera, los campesinos, la juventud, el magisterio, estn en condiciones de que se superen sobre la base de la accin concreta, sin desgastarse en las terribles preocupaciones e impugnaciones de los catequistas, pero sin dejar de ponerles atencin para que no se desgranen, no perder ninguna de las fuerzas, pues para el proletariado son aliados que no va abandonar.

No abundaremos ms sobre dichas cuestiones, en adelante trascienden como asuntos a tratar constantemente en la acumulacin de fuerzas.



3.- El proceso de lucha de clases

El movimiento popular ha venido dando sus progresos aunque no siempre en forma que refleje una mayor organizacin y cobertura del panorama nacional. Pues por un lado, se encuentra a merced de la influencia de algunas concepciones polticas nacional-burguesas, tiene problemas para robustecerse entre toda la poblacin oprimida y explotada, an mantiene las inercias y sectarismos del espontaneismo y las inconsecuencias disolventes de las estructuras de masas que ha logrado aglutinar. Sin embargo, la nota sobresaliente es que por encima de ello, plasma cierta organizacin a travs del Frente Sindical, Campesino, Social, Indgena y Popular (FSCSIP), el Dilogo Nacional, la Promotora por la Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo (PUNCN), la Otra Campaa, la APPO, la CNTE, el movimiento por la paz, el movimiento yo soy132 y toda una plyade de luchas populares, mismos que han marcado la diferencia entre el caos y la bsqueda de una salida popular a los problemas sociales, an bajo el peso de la debilidad organizativa, las componendas del charrismo y las inconsecuencias del oportunismo que tratan de hacer agua el proceso. La ruptura popular y revolucionaria an est por venir, la unidad tendr una forma todava ms amplia de la que se viene dibujando con la plena articulacin de los intereses sociales y populares fundamentales para golpear devastadoramente al Estado y sus mecanismos de poder poltico-econmico.

S, con todo, el movimiento tiene un punto de apoyo en estas estructuras y sus plataformas, la tradicin frentista de nuestro pas por supuesto que tiene mucho qu replantearse respecto de los programas, respecto de las formas de organizacin y la unidad, pero muy especialmente respecto del soporte de alianza de clases obrera, de campesinos pobres y popular, respecto del estilo proletario de darle continuidad a la lucha e impulsar la acumulacin revolucionaria de fuerzas.

En el panorama que se nos presenta los revolucionarios deben poner en juego sus mejores cualidades, deben empearse en desarrollarlas. Lo que viene inmediatamente es:

Primero , que al cobrar relevancia el proceso electoral, parte de la lucha de clases tomar forma en el combate a las posiciones burguesas que ah se manifiestan, aprovechndose las disputas interburguesas por el rejuego electoral. Aqu entra en accin el reclamo de los de abajo por la defensa de sus intereses y por el llamado de stos a que se les escuche, su rechazo a los diversos programas del capital financiero; de ah se desprende en un plano muy general el que la labor de los frentes junto con la de nuestras organizaciones se despliegue a la defensa de tales intereses, al impulso a la lucha organizada y a la manifestacin poltica.

Segundo , que al demostrarse la cerrazn de los distintos partidos burgueses a defender los intereses populares, si las clases oprimidas logran identificarlos concientemente, estallen diversas acciones y movilizaciones de protesta mas o menos conciente en rechazo al proceso electoral y por la solucin inmediata de demandas de diverso tipo.

Tercero , que la poltica de los frentes amplios y sus planes de accin, sean capaces de influenciar a ms amplios sectores del proletariado y sus aliados en general, por la organizacin en funcin a un programa democrtico bajo la forma del antineoliberalismo y el anticapitalismo, de pugna contra la burguesa y por articular un amplio frente de lucha popular.

Cuarto , que la plataforma de lucha por reconquistar y viabilizar todas las formas de lucha contribuya en todos los procesos a jalonar a la lucha poltica frente a los intentos desesperados de la democracia burguesa por reciclarse, y afirmen la importancia de la accin revolucionaria.

Quinto , que al abrirse la lucha legal en un radio mayor, an sin una forma concreta pero sustentndose en la posibilidad de ejercer el derecho de manifestacin y convocatoria a mtines, avanzando a la disputa de algunos espacios de organizacin con cierto reconocimiento (asociacin civil, debate pblico y municipalidades), reforma electoral democrtica; no debe ser desechada, sino ampliada en sus posibilidades revolucionarias, pues puede contribuir en gran medida a que nuestras organizaciones retomen nuevos escenarios, adquieran relevancia nacional y encuentren nuevas perspectivas en la aplicacin de sus tareas.

Sexto , que los movimientos asimilen a la parte ms combativa de la poblacin para que se le incorpore al cause del proceso de acumulacin revolucionaria de fuerzas, planteen que son las campaas de los pobres, que es en el dilogo de las clases explotadas y oprimidas en donde se encuentra la esencia de otro tipo de democracia de clase, y sirva de instrumento para sostener una organizacin nacional que tambin transmita la poltica del proletariado consciente.

Sptimo , que prenda a nivel nacional la necesidad histrica que tienen los trabajadores de este pas de formar su unidad estratgica para la organizacin y lucha bajo las banderas democrticas, antiimperialistas y socialistas.

Al seno del movimiento esto depara una intensa disputa entre el oportunismo, el revisionismo, el pensamiento pequeoburgus, y las posiciones revolucionarias. Lucha en la que si bien se puede neutralizar a algunos enemigos o bien alinear a algunos a la pelea contra el enemigo fundamental, o inducir a las tendencias menos agresivas contra el proceso a que tomen bandera por la unidad y por ciertas reivindicaciones programticas; una parte importante de estas tendr en lo fundamental como eje de su conducta el socavar el proceso revolucionario, el destruir a quienes lo representamos, siendo importante el que los revolucionarios sorteen las dificultades, sabedores de nuestras debilidades, no enfrentemos a un enemigo ms poderoso en las desventajas actuales, saquemos provecho de las cuestiones comunes de lucha contra la oligarqua financiera. Crear a cada paso ms y ms vnculos entre los explotados para trasladar al terreno de la lucha general la confrontacin al reformismo.

An cuando nuestra concepcin difiera profundamente de las tendencias que se debaten por plasmar desde una poltica nacionalista hasta una de tipo radical pequeoburguesa, porque no encaja en las perspectivas del proletariado, nuestra conducta poltica tendr que desarrollarse en funcin de los elevados intereses que perseguimos, mismos que hoy nos dictan ser precavidos, ser pacientes y dedicar ms esfuerzos a contribuir a que en su marcha el movimiento de masas supere tales posiciones.

Lo que dicta nuestro primer rechazo a todas aquellas tendencias no deja de tener su validez, se debe recoger la amarga experiencia del proletariado en Mxico y sus daos, esto debe llevarnos a despertar nuestra capacidad poltica y nuestra creatividad para avanzar en la lucha consecuente. Hay que tomar en consideracin tres cuestiones claves: 1.- el proceso de lucha enfrenta an muchas debilidades y por lo tanto debemos buscar las alianzas de clase, sostenerlas, hacerlas avanzar, 2.- la ruta que sigue la lucha de clases es a que los aliados fundamentales aprendan a confiar y accionar conjuntamente, una cuestin que no est asimilada an, que slo podemos lograrlo combatiendo juntos y desarrollando as el protagonismo de clase, es decir, lo que nos interesa es actuar y aprender en esta etapa del proceso sobre la importancia de la alianza de clase, 3.- las revolucionarias y los revolucionarios son muy pocos por lo que deben definir puntualmente sus verdaderas tareas de mxima importancia para romper con el radio de accin tan limitado en que suelen caer; el proletariado requiere organizacin y consciencia, para inspirar la suficiente autoridad a sus aliados estratgicos, requiere de liderazgos individuales y colectivos tenaces y hbiles en la lucha, superad ya las sectas y la esterilidad discursiva!

Con esto manifestamos nuestro rechazo al aventurerismo revolucionario y al sectarismo. Hay necesidad de lanzarse a la lucha por el camino ms factible que le haga avanzar en forma ascendente, no llamar a nada que sea imposible de ejecutar por los oprimidos en las condiciones actuales. Tal posicin tiene diversas implicaciones en el accionar de los revolucionarios y adems en el movimiento en general, sin que se recule ante otras posiciones, sino que se ajuste la tctica y la capacidad de maniobrabilidad para sostener la lucha y las tareas revolucionarias, se trabaje para transformar las bases del movimiento.

Es importante en el terreno democrtico burgus, aprovechar las posibilidades para el desarrollo de la lucha de clases. Es fundamental imprimir el sello proletario a los procesos en lucha para llevarlos por la fase de acumulacin revolucionaria de fuerzas. Es necesario velar por el desarrollo de acontecimientos revolucionarios venidos del pueblo, pues slo estos darn el giro a la situacin imperante, y una vez iniciados, hay que entregarlo todo a estos en la lucha contra el sistema y su Estado.

La lucha democrtica en general, y el estado actual de las fuerzas sociales, nos proporcionan elementos para sostener, a estos terrenos, planes orientados a acercarnos a la revolucin, a que las masas obtengan xitos inmediatos que les permitan afianzarse en el marco de la lucha de clases e imprimiendo una profunda conciencia de clase para que las siguientes batallas puedan tomar un calado revolucionario.



4.- Acumulacin revolucionaria de fuerzas

Ya est bosquejado el proceso actual, as que podemos ocuparnos de la tendencia objetiva de agudizacin de la lucha de clases y crecer las reservas revolucionarias del proletariado.

Esta patente tendencia a la agudizacin de la lucha de clases se enfrenta a la accin de todas las fuerzas reaccionarias y oportunistas, al tradicional economicismo y el inmediatismo en poltica (el nuevo culto a la espontaneidad), posturas que restringen cada paso del movimiento.

En el terreno de las concepciones de las clases sociales y sus dirigentes tenemos una batalla a librar, es contra los estereotipos del proceso revolucionario regulado por una organizacin, contra el dirigismo de determinados sectores provenientes de la pequea burguesa, contra la confusin ideolgica y la formulacin de teoras a partir de prejuicios, contra el culto a la espontaneidad y la vida poltica artesanal. Cuestiones todas ellas que le rehuyen al trabajo revolucionario, que le temen a la responsabilidad de atender las tareas cotidianas de la lucha de clases, que les cuesta trabajo imponerse una disciplina, que se acomodan a la autosatisfaccin y la autosuficencia conquistando un conjunto de reivindicaciones sin percatarse que caen en las garras de las maniobras burguesas, no ubican ni asimilan los cambios que trajo la industrializacin y la vida social urbana sobre el proletariado, y definitivamente no logran superarse a s mismos, ni concentrarse como movimiento para acrecentar la accin revolucionaria. Todo eso hay que combatirlo de frente a las tareas que se imponen a la clase obrera y sus aliados.

Lo urgente es asegurar la conexin de actos, esfuerzos, lneas de accin y programas que posibiliten el ascenso del movimiento, una parte importante le es dada por las condiciones materiales a las que ya hemos hecho bastante referencia, entonces vamos a dedicarnos a la parte que corresponde a la ligazn interna de las tareas de clase.

Vamos de la mano del desarrollo de las condiciones sociales, estas proyectan las tareas necesarias para adquirir una fuerza, una orientacin, una organizacin, una tctica, unos objetivos y una estrategia seguras para enfrentar a la clase capitalista y los instrumentos que esta misma ha creado a fin de mantener las cosas como estn, as que todo se resume en: agrupar, construir, crecer, organizar, confrontar.

La organizacin : Consideramos que no solo debe agitarse, sino pasar a organizar importantes sectores de la clase obrera, los campesinos pobres, los indgenas, los empleados, el estudiantado, etc., donde lo central de hoy no est en limitarse a construir solo aquello susceptible de influir por una u otra organizacin, sino retomar el conjunto abnegadamente con conciencia de clase, ubicando como eje el carcter de las organizaciones de masas, pues este est por encima de los deseos de las llamadas izquierdas, correspondiendo a sus necesidades e intereses vitales, y ello da mucho campo de trabajo para demcratas, progresistas y revolucionarios. Sin duda vendrn muchos problemas, pero sin organizacin la defensa del pueblo se hace punto menos que imposible, ste seguir encontrndose a merced de las organizaciones de la burguesa y su aparato estatal, en cambio con organizacin se puede partir de mejores condiciones del movimiento para ir superando los problemas.

El proceso de los frentes amplios marcha a la unidad en la accin, pero sus resistencias persisten, los revolucionarios vienen sealndolas desde hace tiempo y aportando con sus posibilidades a que se superen, pero aqu cabe recalcar que es insuficiente. Podramos hablar de las diferencias ideolgicas, las prevenciones normales, pero lo principal est en su contenido de clase, la marginacin de algunas fuerzas respecto de la lucha poltica y revolucionaria, en las dificultades frecuentes del movimiento, en el arrinconamiento por la burguesa contra todas las organizaciones populares, y en los fracasos frentistas por esas y otras causas. Mas siendo as, nuestro reto es que se contine en el proceso.

Es obligada la fusin de los intereses populares, de estos surge el programa de emancipacin. Su unidad es una necesidad del movimiento en tanto asienta una plataforma comn, que ubica al enemigo comn y concentra un esfuerzo comn, y a partir de ah, posibilita la tarea comn de reflejar el tipo de organizacin correspondiente con los intereses totales de los explotados. Cierto que se le ve con desdn por muchos, y se apoyan en los argumentos anti-stalinistas por dems desfasados, pero no solo eso, adems son argumentos de capas medias que no logran superar el tener que despojarse de la mezquindad de clase, el dejar de ver al mundo a partir de sus propias vidas autosuficientes, autorrealizadas, mas las consecuencias devastadoras del capitalismo y la otra gran vida social les estn empujando a contracorriente a asumir nuevas posturas sobre la lucha, sin que esto quiera decir que sea suficiente, pues llegan con sus prejuicios de clase a tratar de bajar de tono a la lucha y las reivindicaciones, por eso combatimos sus posiciones, por fuera de otro tipo de cuestiones, sin desagrado, solo por los principios proletarios.

La unidad requiere ms, por supuesto, requiere un movimiento de masas muy amplio, una continuidad de las acciones, una unidad de las organizaciones polticas revolucionarias, democrticas, humanistas, progresistas, etc., la fusin de las clases populares requiere que el movimiento madure a posiciones izquierdistas, democrticas y revolucionarias, asentndolas en sus principios. Un frente as, estar en condiciones de redisear la poltica de los trabajadores del campo y la ciudad para la lucha por la defensa de sus intereses, estar en condiciones de insertarse en la lucha general y reclamar el lugar que le corresponde en la sociedad.

Pero todo esto no ser suficiente, hace falta construir por todo el pas la organizacin de los proletarios en su concepcin revolucionaria, el partido de los explotados y oprimidos es tambin una necesidad para la lucha de clases. Tantas veces negado, hoy basta tocar cualquier cuestin de actualidad para ver la falta que hace una amplia organizacin de clase que cumpla con tareas revolucionarias, agrupe a los luchadores y al pueblo, les cohesione y los integre plenamente en el suelo mexicano como hijos dignos de la clase obrera, de los campesinos pobres de la juventud, de la mujer.

La tctica poltica popular contra la dictadura del capital : la tctica difiere segn la clase social y la organizacin de que se trate, mas en el entendido de la formacin de frentes y la unidad de los luchadores sociales bajo un programa concreto contra el sistema capitalista, estamos ubicando una realidad en que la tctica comn de un conglomerado de fuerzas se hizo al final de cuentas indispensable para los objetivos trazados en colectividad.

En tctica hay que actuar y pensar acumulativamente, existe al respecto un punto general delimitado que le permite a las organizaciones hacerlo saliendo fortalecidas y acrecentando el potencial revolucionario en el seno de las masas.

En el apartado anterior sobre la lucha de clases se vio la situacin general a que se enfrentan y las tcticas concretas que en cada terreno sostienen, aqu solo consideraremos las tareas que el proceso de acumulacin revolucionaria de fuerzas nos plantea.

Un asunto clave en este terreno es el que las organizaciones democrticas, progresistas y revolucionarias centren los esfuerzos en las tareas de la lucha de clases tal como se presentan, de las que se destaca: a) el que todas las organizaciones se afirmen en la tarea de unirnos, b) el que todos reafirmemos el principio de movilizacin como eje nodal de su desarrollo, c) el que aseguremos la conduccin de las clases populares sobre la base de su programa democrtico-revolucionario, d) el que se haga clara la importancia de la alianza obrera, campesina y popular, e) el que le demos al movimiento una base segura a su formacin interna, f) que se de seguimiento al desarrollo de las formas y etapas de la lucha de clases. As, estas son algunas de las pautas que conducen la poltica revolucionaria hacia la constitucin de un escenario y una estructura organizativa del pueblo mexicano y sus clases laboriosas antiimperialista y anticapitalista, tomando fuerza en los diversos frentes, organizaciones, territorios, movimientos y a las que debemos asirnos sin vacilaciones en la construccin del poder popular.



5.- Programa democrtico revolucionario

A este objeto es posible y necesario dotarnos del programa democrtico-revolucionario que sustente y afirme las orientaciones estratgicas del proletariado, dicho programa no es todava el socialista, pero s apisona el camino a l. En la consecucin de dicho programa se pone en accin todas las formas de lucha, y adquiere carta de presentacin la lucha por establecer elementos de vida democrtica compatibles con las exigencias de la poblacin, y que obligadamente son elementos de cierta ruptura con la democracia burguesa, pero que an pueden darse dentro de ella, por lo que esto deben tenerlo muy bien definido los revolucionarios.

El programa democrtico revolucionario a tal propsito se sustenta en:

1.- Hacer a un lado el actual gobierno de la burguesa y el imperialismo.

2.- La instauracin de un Gobierno Revolucionario que derive en un gobierno de obreros, campesinos pobres y sectores arruinados.

2.- Que este gobierno sea un poder popular y proletario con sus propias formas de organizacin de la vida pblica y social ms acordes a los intereses del pueblo, en base a:

a) Establecimiento de soportes antiimperialistas en la estructura econmica, poltica y social de nuestro pas, expropiacin de las empresas monopolistas, altos impuestos a las mercancas de los monopolios exteriores, desconocimiento y no pago de la deuda externa, supresin de la bolsa de valores.

b) Expropiacin de la oligarqua financiera, supresin de los compromisos de sta y el Estado con el imperialismo.

c) Control obrero sobre la economa.

d) Expropiacin de la tierra a los terratenientes y su entrega al campesinado pobre.

e) Derogacin de las reformas estructurales.

f) Disolucin de las organizaciones fascistas y de las gran-burguesas, disolucin de los aparatos de represin.

g) Poltica econmica orientada a anular la miseria de nuestras poblaciones.

h) Desarrollo econmico industrial enfocado a resolver las grandes necesidades sociales.

i) Libertad a los cientos de presos polticos, castigo a los represores, y en general, la ampliacin de las libertades polticas del trabajador.

Un programa similar, requiere de una nueva forma de repblica popular y de democracia popular.

Como puede verse, esto no rompe an con el ncleo, ni destruye los hilos del capital, pero su puesta en marcha le asegurarn la ms amplia insercin a la mayora de la poblacin humilde a la vida poltica, y la necesaria unidad entre los y las revolucionarias para que la revolucin socialista aparezca en los escenarios.



5.- Necesidad de una democracia popular

Despus de padecer la dictadura perfecta, slo nos queda romper con ella. Los rasgos de la sociedad actual determinan la forma de su anulacin: una democracia popular por el establecimiento de otro tipo de relaciones sociales diferentes a las que hoy existen, es decir, nos referimos a un tipo de Estado y una sociedad que correspondan a los intereses de las clases y sectores sociales trabajadores, que consagre todas las fuerza a la lucha contra el capitalismo.

Sin nuevas relaciones y condiciones en la base econmica del pas, no cabe hablar de democracia popular, pues se tratara de simples espejismos, es por el momento entrar en un proceso de cimentacin de la lucha de clases por la revolucin socialista. La democracia cual sea de la que se hable tiene siempre el principal propsito de ensanchar y reforzar las bases de una sociedad determinada, as que aquellas democracias que siguen manteniendo el estatus explotado-explotador, paralizando la actividad revolucionaria, no pueden decirse populares, as sea que en ellas acontezcan cambios en beneficio de la nacin, y esto trae a cuento la diferenciacin poltica sustancial, entre ligarse estrechamente al imperialismo como sucede en Mxico con la concentracin y centralizacin de capital a que se ha llegado, y mucho ms a tono con los esquemas impositivos de nuestra democracia. Aqu la integracin social al capitalismo es sumamente vertical. Agregaremos que a consecuencia del desarrollo histrico un tanto diferente, de la historia de los procesos de la democracia burguesa tambin diferenciados y acoplados a diversos escenarios, y de los momentos en que atraviesa la lucha de clases, encontramos una gran abundancia de formas democrtico-burguesas en el mundo.

La base econmica de la democracia popular en Mxico debe estar en la propiedad colectiva de los medios de produccin, con una orientacin a mejorar las condiciones de vida y trabajo, a afirmar el papel protagnico, econmico, social, cultural y poltico de los trabajadores.

Tal democracia no es posible sostenerla con la actual divisin de poderes compartimentados de la burguesa y el parlamentarismo, a ese nivel, la experiencia del pueblo mexicano afirma que se requiere de otro tipo de representacin democrtica-popular que ubique la permanente actividad poltica de masas en las decisiones del pas, que establezca slidos mecanismos de orientacin poltica y consulta, prevaleciendo en ello las razones de los explotados y oprimidos, que la responsabilidad pblica sea un acto de conciencia de clase, que elimine todo tipo de prerrogativas econmicas que no vengan de la propia actividad que se realiza, y delimite las facultades de sus dirigentes. Tmese en cuenta que si los trabajadores no tienen las armas materiales (medios de produccin), no pueden alcanzar esas otras armas espirituales (democracia popular) que hacen de una sociedad su esencia y su forma.

Partiendo de un momento transitorio de democracia del pueblo en la que se ponen al centro los programas antiimperialistas, antioligrquicos, anticapitalistas y por el socialismo, en estas circunstancias la direccin del proletariado, la alianza de clases que levanta, y la mayor actividad reivindicativa que transcurre, caracterizan el proceso. Con la condicionante de que dadas las inmensas fuerzas de la burguesa y sus potentes relaciones sociales de dominacin, se hace indispensable mantener en primer plano la batalla contra la oligarqua financiera, plantendose en el trnsito aniquilar la influencia de la mediana burguesa y de las formas de actividad del capital muy proliferadas entre la pequea burguesa.

Solo un Poder popular y proletario puede hacer frente a los explotadores, a la crisis del Estado, a las graves condiciones de existencia, a todo su sistema de dominacin, a los diversos problemas de la situacin nacional e internacional; slo esta perspectiva permitir el despliegue de la lucha de clases bajo condiciones de accin abierta y plena del pueblo con derechos polticos y sociales sin limitacin a los intereses del capital; slo ello garantiza la emancipacin del proletariado, la clase campesina, la cuestin indgena, los sectores populares, los empleados, los intelectuales del pueblo, la mujer y la juventud.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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