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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2014

Elogio de la marihuana?

Marcelo Colussi
Rebelin


Por qu en algunos pocos pases ya ha pasado a ser legar fumarse un cigarro de marihuana mientras que en otros, la gran mayora, eso es delito? Del mismo modo podramos preguntar: por qu, salvo en algunos pases musulmanes (Arabia Saudita, Afganistn, Irn, Sudn, Bangladesh, Yemen) beber bebidas alcohlicas no es delito sino que, por el contrario, se promueve insistentemente? Se trata de complejos asuntos poltico-sociales y culturales donde estn en juego infinidad de variables que tienen que ver con el proyecto humano subyacente, y con enmaraados procesos en torno a relaciones de poder.

Parto por hacer una primera aclaracin, innecesaria quiz para los fines tericos del presente texto, pero ticamente importante: no soy consumidor de marihuana (slo una vez en mi vida la prob), pero la convivencia diaria con muchos jvenes de distinta extraccin social por motivos de trabajo, y el tener hijos adolescentes, me permite ver que hoy el uso de esta sustancia pas a ser una necesidad casi obligada en muy buena parte de las poblaciones juveniles.

Una segunda aclaracin esta s importante a los fines conceptuales de lo que se intenta transmitir es que de ningn modo se pretende hacer una apologa de la sustancia psicoactiva cannabis sativa, comnmente conocida como marihuana, la droga ilegal ms consumida en el mundo en la actualidad (segn datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito -UNOCD-). El hecho de titular el presente texto como elogio no es sino una provocacin: en realidad, no se est haciendo una defensa cerrada de su uso como panacea (de hecho, como droga utilizada con fines recreativos, puede llegar a tener peligrosos efectos dadas ciertas circunstancias, y no deja de ser una puerta de entrada para sustancias adictivas mucho ms dainas) sino que se busca abrir una problematizacin a ese complejo campo de lo legal y lo prohibido, del ejercicio de los poderes y del mantenimiento de una sociedad basada en el lucro de unos sobre la explotacin de las mayoras y la injusticia humana que eso conlleva.

Partimos de la base que droga es cualquier sustancia que se introduce en el cuerpo humano modificando el equilibrio natural, ya sea con un fin teraputico (lo que se conoce habitualmente como medicamento o frmaco) o recreativo/ceremonial (lo que popularmente llamamos drogas: sustancias con principios psicoactivos que modifican el aspecto conductual de quien las ingiere). En ese sentido, la marihuana es una droga, la ms popular y consumida de todas. Y, por cierto, en la gran mayora de pases, hoy por hoy ilegal.

Drogas que modifican el estado psicoafectivo de quienes las consumen ha habido siempre en la historia de la Humanidad, en todas las culturas, desde hongos alucingenos hasta el alcohol etlico de vegetales fermentados, pasando por un largo listado. La necesidad? de huir de la crudeza de la vida cotidiana parece repetirse siempre; de ah que esas sustancias han aparecido ininterrumpidamente a lo largo de nuestro transcurrir como especie. Ahora bien: en el transcurso del siglo XX, en medio de un mundo ya globalizado y capitalista en su totalidad, estas drogas van pasando a ser un negocio ms. Como en este sistema todo es mercadera lucrativa, las sustancias psicoactivas (entre las que habra que incluir al alcohol etlico tambin) fueron y siguen siendo un gran negocio. Viendo los daos colaterales que esas mismas sustancias pueden provocar, tambin en el curso del siglo pasado van apareciendo las primeras restricciones a su comercializacin. Hoy, el negocio de esas drogas (las legales como el alcohol, o incluso el tabaco) y las ilegales (la marihuana y toda la cohorte que viene tras ella) es una de las grandes actividades econmicas de la humanidad. Las drogas constituyen actualmente el mercado de productos ilegales ms grande del mundo, un mercado fuertemente ligado a actividades criminales de lavado de dinero y corrupcin, informa la UNOCD.

Que esas drogas son dainas a la salud, incluida la marihuana, no es ninguna novedad. Por eso aclarbamos que no se trata de hacer su apologa, su panegrico, sino de entender el fenmeno en su complejidad y tratar de entrever qu agendas ocultas puede haber en todo ello. Plantearse un mundo libre de drogas, tal como bienintencionadamente muchos lo hacen, es encomiable. De todos modos, siendo realistas y teniendo en la mano los conocimientos que las ciencias sociales modernas y con criterio crtico nos proporcionan, como mnimo habra que abrir algn cuestionamiento a esa propuesta. Si hoy da, y desde hace ya varias dcadas, la narcoactividad se ampla continuamente, ello quiere decir algo: o bien que la sociedad est cada vez ms necesitada de este tipo de placeres dainos (mecanismos de huda de la realidad), o que hay agresivas polticas de fenomenales grupos de poder que fomentan ese consumo. O, complejizando el asunto, estamos ante una combinacin de ambos factores, lo cual hace infinitamente ms complicado su estudio, y ms an, su solucin en tanto problema.

Lo que s resulta inexorablemente cierto es que lo que aos atrs quiz cinco o seis dcadas, un par de generaciones en trminos socio-demogrficos era una extravagancia, un toque distintivo de grupos muy delimitados (la bohemia, algunas sub-culturas marginales) en la sociedad global de hoy pas a ser una mercadera ms. Ilegal en la gran mayora de pases, por cierto; pero mercadera consumida en cantidades fabulosas, y siempre en aumento. De ah que la marihuana retomando la primera aclaracin que haca ha pasado a ser una mercadera ms de las tantas cosas consumibles, fundamentalmente en la poblacin joven. Ello se repite en pases de alto poder adquisitivo (el Norte prspero) como en los pobres del Sur.

Evitar el consumo de estos evasivos (la marihuana, digamos tambin el alcohol etlico o toda la serie de productos novedosos que no dejan de surgir en el transcurso del siglo XX y que se sigue acelerando en el XXI: cocana, herona, drogas sintticas, etc.) parece imposible. Esa necesidad de huda de la realidad, de bsqueda de parasos placenteros, habla de nuestra humana condicin, de nuestras estructurales debilidades y flaquezas. Y si en algunos pases musulmanes, como apuntbamos ms arriba, el alcohol est severamente prohibido, ello no hace sino ratificar el hecho que la especie humana tiene un borde transgresor que siempre nos lleva a buscar esa manzana prohibida.

Apologa de la marihuana, o de ninguna otra droga psicoactiva que altere nuestro sistema nervioso central: no! Pero su satanizacin tampoco nos lleva a ningn lado. Prohibirlas y poner los ms drsticos castigos para quien ose consumir esos productos vetados, definitivamente no sirve, porque no impide el consumo. La debilidad y la flaqueza que hace parte de nuestra condicin aparecen siempre, y de alguna manera (transgresin de por medio) se consigue la sustancia evasiva. En las crceles, por ejemplo, si se endurecen los controles y realmente no entra ninguna droga, los privados de libertad inventan la forma de conseguir sustancias psicoactivas, y as llegan a fumar telaraas! Es un ejemplo, pero vale. Por otro lado, el endurecimiento de las prohibiciones la experiencia lo demuestra slo consigue impulsar mercados negros. Recordemos la tristemente Ley Seca en la dcada de los aos 20 del pasado siglo en Estados Unidos.

Qu hacer entonces?

Con el desarrollo a ultranza del capitalismo en su etapa imperialista, que en esta fase de la globalizacin hunde en la miseria a la mayora de la poblacin mundial, muchos pueblos de importante economa agraria optan por los cultivos de coca, amapola y marihuana como nica alternativa de sobrevivencia. Las ganancias de estos campesinos son mnimas. Quienes verdaderamente se enriquecen son los intermediarios que transforman estos productos en substancias psicotrpicas y quienes los llevan y realizan en los mercados de los pases desarrollados, en primer lugar el de Estados Unidos de Norteamrica. Las autoridades encargadas de combatir este proceso son fcil presa de la corrupcin, pues su tica sucumbe ante cualquier soborno mayor de 50 dlares.

Gobiernos, empresarios, deportistas, artistas, ganaderos y terratenientes, militares, polticos de todos los pelambres y banqueros se dan licencias morales para aceptar dineros de este negocio que genera grandes sumas de dlares provenientes de los drogadictos de los pases desarrollados. El capitalismo ha enfermado la moral del mundo haciendo crecer permanentemente la demanda de estupefacientes, al mismo tiempo que las potencias imperiales ilegalizan ese comercio, dada su incapacidad para producir la materia prima. El ejemplo del mercado de la marihuana en los Estados Unidos es plena evidencia.

Por ser tan grande la demanda en sus propios territorios como voluminosa la cantidad de dlares que por este concepto salen del marco de sus fronteras, erigen el eslabn de produccin en su enemigo estratgico, en grave amenaza para su seguridad nacional. Olvidan sus propios postulados del libre mercado: la oferta en funcin de la demanda, descargando su soberbia contra los campesinos que trabajan simplemente por sobrevivir pues estn condenados por el neoliberalismo a la miseria del subdesarrollo. El narcotrfico es un fenmeno del capitalismo globalizado [ y como alternativa] exhortamos a legalizar el consumo de narcticos. As se suprimen de raz las altas rentas producidas por la ilegalidad del este comercio, as se controla el consumo, se atienden clnicamente a los frmaco-dependientes y liquidan definitivamente este cncer. A grandes enfermedades grandes remedios, decan en su documento Legalizar el consumo de la droga, nica alternativa seria para eliminar el narcotrfico en el ao 2000 las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-.

Poda decirse casi a modo de conclusin de todo esto que la humana necesidad de buscar alguna va de escape al malestar intrnseco de la vida, algn alivio al sufrimiento que implica la cotidianeidad, lo hemos buscado y probablemente sigamos hacindolo en estas salidas mgicas que nos hacen volar, que inventan realidades menos crudas, ms placenteras, tal como son los efectos que producen las drogas. O las religiones! En ese sentido tiene absoluta vigencia la expresin de Marx la religin es el opio de los pueblos. En definitiva, con drogas o con religiones, buscamos salidas mgicas. El hedonismo, en tanto bsqueda de placer por sobre cualquier otra cosa, es lo que est a la base de esa tendencia que podemos tener (todos, cualquiera de nosotros) a consumir estas sustancias psicoactivas (de marihuana en adelante, pasando por cualquier cosa, telaraas, thinner inhalado o las ms refinada sustancia sinttica). Si no fuera as, no podra explicarse el aumento sideral en la narcoactividad que viene registrndose ininterrumpidamente desde hace aos (es el negocio que ms est creciendo).

Sabido esto, una vez ms la pregunta: qu hacer entonces? Prohibir su consumo no lleva ms que al mercado negro y a una actividad subterrnea que produce circuitos criminales, siempre cargados de suma violencia. La propuesta de legalizar el consumo y ah habra que empezar una enorme serie de consideraciones, pero teniendo la legalizacin siempre como el norte es la ms humana de las salidas. La menos mala quiz (porque reprimir no termina con el consumo), pero por eso mismo, la ms esperanzadora.

Por qu legalizar?

Asumiendo que las drogas, al menos en este momento histrico del desarrollo de la Humanidad, llenan una necesidad (flaqueza estructural digamos; si no, nadie las consumira), pero ms an: teniendo en cuenta que esa necesidad se ha manipulado y mercadeado de un modo monstruoso haciendo de los narcticos una mercadera ms, fundamentalmente en las poblaciones jvenes, abordar el problema nos pone ante un complejo campo socio-sanitario, pero no policaco-militar!

Que se ha mercadeado, y se lo sigue haciendo de un modo cada vez ms sutil apelando a las ms refinadas tcnicas de promocin comercial, no caben dudas. Como dijimos ms arriba: lo que antes constitua una rareza cultural, hoy es ya casi un producto de primera necesidad en muchos crculos. Incluso se ha ido construyendo toda una cultura de aceptacin de las drogas, a punto que para pertenecer a diversos colectivos, hay que consumir. Ya no asustan, no espantan, no estn estigmatizadas. Esto difiere de grupo social, de pas, de nicho de mercado, dicho en trminos mercadolgicos. La marihuana es la droga ilegal ms popular (hasta un 5% de la poblacin adulta mundial, UNOCD), puesto que grandes masas (de jvenes en lo fundamental) ricos y pobres, varones y mujeres, intelectuales crticos y banales consumistas, de izquierda o de derecha, etc. la consumen. Pas a ser un baluarte, un smbolo: en cualquier sitio se puede conseguir un vendedor, cosa que dcadas atrs no suceda.

Pero pese a este consumo fabuloso, siempre en aumento, el sistema en su conjunto, ms all de la declaracin de flagelo con que se suele presentar el asunto, hace un combate muy singular del problema. Si se tratara de un tema socio-sanitario, por qu, como dice el documento de las FARC, se castiga bsicamente al productor de la materia prima, al campesino que produce las plantas de donde se extraen las sustancias base, o al consumidor final, al usuario ocasional o al drogodependiente? (que, llegado a un punto, no es sino un paciente en relacin enfermiza con un txico, pero nunca un criminal). Por qu la guerra contra las drogas se hace slo con armas letales y ejrcitos armados hasta los dientes y no, por ejemplo, con ejrcitos de mdicos, psiclogos, trabajadores sociales, comunicadores? Los principales beneficiarios de la guerra contra las drogas son los presupuestos de las fuerzas armadas, la polica y las crceles as como de otros sectores relacionados al rea de tecnologa e infraestructura , sealaba la UNOCD).

La Comisin Global de Polticas sobre Drogas, integrada por los ex presidentes de Mxico, Ernesto Zedillo; de Brasil, Fernando Henrique Cardoso; de Colombia, Csar Gaviria, y de Suiza, Ruth Dreifuss, as como por personalidades internacionales tales como el ex Secretario de Estado de Estados Unidos George Shultz, el ex Jefe de la Reserva Federal tambin de Estados Unidos, Paul Volcker y el ex Secretario General de la Organizacin de Naciones Unidas, el ghans Kofi Annan, adems de numerosos acadmicos y activistas sociales, evalu en el 2011 que tal como se vena llevando adelante, con ese espritu militarista y prohibicionista, la guerra global a las drogas ha fracasado, con consecuencias devastadoras para individuos y sociedades alrededor del mundo. Cincuenta aos despus del inicio de la Convencin nica de Estupefacientes, y cuarenta aos despus que el Presidente Nixon lanzara la guerra a las drogas del gobierno norteamericano, se necesitan urgentes reformas fundamentales en las polticas de control de drogas nacionales y mundiales. Los inmensos recursos destinados a la criminalizacin y a medidas represivas orientadas a los productores, traficantes y consumidores de drogas ilegales, han fracasado en reducir eficazmente la oferta o el consumo. Las aparentes victorias en eliminar una fuente o una organizacin de trfico son negadas casi instantneamente por la emergencia de otras fuentes y traficantes. Los esfuerzos represivos dirigidos a los consumidores impiden las medidas de salud pblica para reducir el VIH/SIDA, las muertes por sobredosis, y otras consecuencias perjudiciales del uso de drogas. Los gastos gubernamentales en infructuosas estrategias de reduccin de la oferta y en encarcelamiento reemplazan a las inversiones ms costo-efectivas y basadas en la evidencia orientadas a la reduccin de la demanda y de los daos. [Las] polticas de drogas deben basarse en los principios de derechos humanos y salud pblica [teniendo como principal medida de xito] la reduccin de daos a la salud, a la seguridad y al bienestar de los individuos (Comisin Global de Polticas de Drogas -CGPD-, 2011).

Todo indica que si efectivamente se quiere tomar el tema de las drogas, empezando por la marihuana, como un verdadero problema de salud y por cierto lo es, porque no hay ninguna droga inocua, desde los esteroides hasta la terrible herona llenar de policas y soldados la sociedad militarizando todo y criminalizando al consumidor, no resuelve nada. Decamos que no hacemos elogio de la marihuana, ni de ninguna droga, porque no hay ninguna que no presente consecuencias dainas. De hecho, el cannabis no es tan inocente, si bien es menos daino que el tabaco de cigarro comn; pero no deja de tener consecuencias negativas, ms an que el LSD o el xtasis. La cuestin fundamental, ms all del grado de peligrosidad de la sustancia en juego, es que todas las drogas deben ser abordadas como problema sanitario, psicosocial, poltico-cultural. De ah que pensar alternativas novedosas como la descriminalizacin y su legacin es un interesante camino a transitar.

Si la narcoactividad crece de tal manera es porque hay grupos de inters (enormes y poderossimos grupos de inters!) que buscan que el negocio crezca y que siga en la ilegalidad. Legalizarlo podra hacer perder una buena tajada, obviamente. En el Prlogo que hace el ex presidente brasileo Fernando Henrique Cardoso al libro Polticas sobre drogas en Portugal. Beneficios de la Descriminalizacin del Consumo de Drogas, de Artur Domosławski del ao 2012, donde se analiza el fenmeno en ese pas donde el consumo de cannabis para usos recreativos fue legalizado, puede leerse que Toda la evidencia disponible demuestra, ms all de cualquier duda, que las medidas punitivas por s solas, sin importar su severidad, no logran la meta de reducir el consumo de drogas. Peor an, en muchos casos la prohibicin y el castigo tienen desastrosas consecuencias. La estigmatizacin de los consumidores de drogas, el miedo a la represin policial y el riesgo a enfrentar procesos penales, hacen mucho ms difcil el acceso al tratamiento. [] Existe un amplio consenso mundial de que la guerra contra las drogas ha fracasado, y que es momento de abrir un amplio debate sobre alternativas viables y nuevas soluciones.

Es obvio entonces, por lo que vamos viendo, que legalizar el consumo de drogas puede ser una va mucho ms sana que seguir reprimiendo, si es que se quieren buscar alternativas reales a todo esto. Pero llevar adelante una medida as toca fabulosos poderes que no son slo las mafias encargadas del trasiego de las sustancias del punto de produccin al consumidor final por lo que el asunto es claramente un tema poltico y social. Por qu cuesta tanto promover estas legalizaciones? Porque mantener en la ilegalidad es el negocio de esos grandes poderes.

La llamada guerra contra las drogas, tal como se lleva adelante en la actualidad, no es sino una estrategia de grandes poderes, incluido Washington, que sirve para 1) generar enormes ganancias a quienes lucran con cualquier guerra y 2) una coartada perfecta para mantener bajo control a grandes extensiones del planeta a partir del proyecto de dominacin estratgico que lidera la Casa Blanca, amparndose en esta noble tarea de combatir un flagelo.

La guerra contra las drogas no busca en realidad terminar con el consumo, ni mucho menos. Alimenta la industria blica y posibilita actuar (al proyecto de dominacin estadounidense bsicamente) all donde tiene intereses estratgicos (recursos naturales: petrleo, agua dulce, biodiversidad). Aos de guerra frontal contra las drogas no lograron terminar con la produccin, el trfico y mucho menos el consumo de estupefacientes. Por el contrario lo vemos con la marihuana como ejemplo arquetpico su consumo sigue aumentando.

Valen aqu palabras de Noam Chomsky para graficar la situacin: El movimiento de los negros lleg a su lmite en cuanto se convirti en un asunto de clase. La clase media de minoras raciales representaba cierta amenaza para la hegemona blanca. Por lo tanto, a finales de los aos setenta las autoridades empezaron a reaccionar con la reinstitucin de la criminalizacin de la poblacin negra. El instrumento que se utiliz para recriminalizar a la poblacin negra fueron las drogas . [] La guerra contra las drogas es un fraude, un fraude total. No tiene nada que ver con las drogas. [] En lo que ha sido exitosa la guerra contra las drogas es en criminalizar a los pobres. Y los pobres en EE.UU. resultan ser en su mayora negros y latinos.

Quiz, no sin cierta cuota de resignacin, hay que aceptar que las drogas cumplen un cometido en la dinmica humana, al menos en el sujeto que somos hoy, falibles y atravesados por conflictos. Igual que las religiones, ayudan a sobrevivir. Si a eso se le suma que hay quienes aprovechan esa humana tendencia para desarrollar all un enorme negocio dadas las reglas de juego dominantes (sistema capitalista), el campo de la narcoactividad no va a desaparecer nunca, sino que se refuerza. La represin del consumo evidencia que no da mayores resultados, pues el mismo no baja. Entonces pensar inteligentemente en quitarle el atractivo de la transgresin, de fruta prohibida a las drogas, logrando su legalizacin ya lo es el alcohol, por qu no hacerlo con la marihuana? es tal vez la nica salida posible para evitar que esto siga aumentando.

El llamado no se hace desde un moralismo simplista. Se hace desde una profunda conviccin en que debe construirse una sociedad donde lo ms importante no sea el lucro personal sino el inters colectivo.

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Bibliografa

 

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Comisin Global de Polticas de Drogas. (2011) Guerra a las drogas. Versin electrnica disponible en: http://www.e-drogas.es/c/document_library/get_file?uuid=4f0a2cb6-3c01-446c-9be6-3804e8a35b38&groupId=10156

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Snchez Turet, M. (1991). Drogodependencias: aspectos terminolgicos y taxonmicos . Anuario de Psicologa. Barcelona: Facultat de Psicologia, Universitat de Barcelona. (49): pp. 5-18.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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