Portada :: Espaa :: La indignacin toma las plazas
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2014

La poltica y la Nada: Espaa en la crisis

Amador Fernndez-Savater
eldiario.es

En La historia interminable de Michael Ende, el personaje de la Nada devora los lugares, el mundo y la vida sin que nadie sepa cmo detenerla. Es una imagen perfecta para describir la accin del capitalismo en la crisis.


Le ms o menos la misma versin de este texto en dos charlas en el extranjero. Primero en la Universidad VIII de Pars (enero 2013) en un encuentro sobre las resistencias europeas en la crisis (los materiales acaban de ser publicados en espaol por Errata Naturae). Ms tarde en el encuentro Wake Up! en Mnich (noviembre 2013), donde conversaron distintas respuestas poltico-culturales a la crisis econmica (teatros ocupados en Grecia e Italia, humoristas de revistas satricas turcas, artistas portugueses, etc.).

La recepcin del texto fue a la vez muy fra entre los pblicos francs y alemn y muy clida entre los pblicos griego, portugus o turco, es decir, donde estn pasando ms cosas en la calle. Mera casualidad o un lmite de la transmisin de experiencias all donde no hay una vivencia fsica comn?

No tena pensado publicarlo, porque el texto retoma simplemente las reflexiones de otros textos precedentes sobre los movimientos en la crisis, pero Lenidas Martn y Enrique Flores -con quienes compart el encuentro de Mnich- me convencieron de que poda tener su utilidad como fragmento de un relato. Y quiz, ahora que los medios de comunicacin martillean y machacan con la idea de que no est pasando nada, la gente no se rebela, como si estuvisemos a principios de 2011 y no hubieran existido el 15-M, las mareas, ni la PAH, es importante cuidar la brasa de la memoria para resistir en lo posible la amnesia organizada y dirigida desde arriba sobre lo que hemos vivido y hemos hecho estos dos ltimos aos y medio.

Desde el comienzo de la crisis econmica, en Espaa vivimos una situacin realmente excepcional, una aceleracin histrica y una apertura de lo posible sin precedentes en el pasado inmediato.

La verdad es que no tengo recuerdo de que nunca se escribiera y se leyera tanto y con tanta intensidad. Estamos realmente hambrientos de referencias inspiradoras para entender lo que nos pasa y hacer algo al respecto. La crisis ha servido ms que un milln de cursos de fomento de la lectura.

Miramos a Plaza Tahrir en El Cairo, a Plaza Syntagma en Atenas, a Zuccotti Park en Nueva York, a Gezi Park en Estambul... con una curiosidad y una avidez desconocidas, vinculndonos poltica, vital y afectivamente con lo que ocurre ms all de nuestras fronteras, tratando de aprender algo que nos pueda servir para pensar, para luchar, para vivir.

Mi idea hoy es contribuir humildemente a esta conversacin entre plazas con algunas instantneas de lo que pasa en Espaa, algunas reflexiones elaboradas con amigos sobre la marcha vertiginosa de lo que va sucediendo, un punto de vista particular e implicado, es decir ni objetivo ni exterior, confiando en las resonancias que pudieran darse para organizar la conversacin.

La Nada interminable?

Lo llamamos crisis pero la palabra no alcanza. Es ms bien un cambio radical en la totalidad de las reglas de juego.

Neutralizacin de los restos de soberana de la democracia parlamentaria, desmantelamiento del Estado del bienestar, precarizacin y empobrecimiento general de la vida... No se trata simplemente de recortes, sino de un cambio de escenario.

A nivel personal, la crisis supone un hachazo en la normalidad de la vida de millones de personas. Lo que dbamos por garantizado se hunde ante nuestros ojos. Se abren una cantidad de preguntas que nunca nos habamos hecho. Nuestro mismo estar en el mundo se vuelve problemtico.

Un detalle personal: yo haba ledo todo lo que hay que leer sobre el papel que juegan los bancos en la economa financiera, pero jams me haba cuestionado realmente donde tener mi dinero. Hasta ahora. Lo que quiero decir es que hoy la realidad nos obliga a pensar, estamos forzados a pensar porque la vida ya no va de suyo.

La tradicin filosfica tiene algunas imgenes clebres que pueden servirnos de ayuda para imaginar lo que pasa: el tren sin frenos de Walter Benjamin o la cita de Marx sobre lo slido que se disuelve en al aire. Pero entre amigos preferimos usar otras dos imgenes similares que nos ofrece la cultura popular.

La primera es el tren de la escena final de Los Hermanos Marx en el Oeste que se desmantela a s mismo para alimentar una fuga enloquecida hacia adelante. Para pagar las deudas acumuladas por el capital financiero, el tren capitalista se traga nuestros derechos, nuestros recursos, nuestras riquezas, nuestros vnculos. El edificio entero de la civilizacin social moderna.

La segunda es la Nada de La historia interminable de Michael Ende. Esa Nada que nadie sabe muy bien de dnde sale ni cmo detenerla, pero avanza devorndolo todo y dejando el vaco a su paso. Es una imagen que a algunas personas de mi edad nos impresion mucho en su da y que reaparece inesperadamente en las conversaciones informales sobre nuestra experiencia contempornea. Porque de pronto aqu tambin hay Nada donde antes haba lugares, mundos y vida.

Son todas ellas imgenes que tratan de figurar la aceleracin del tiempo de destruccin del capitalismo. La sensacin de vivir en una realidad en desintegracin.

Nuevas politizaciones

Pero quiz lo ms interesante y especfico de la situacin espaola es la respuesta a la Nada: una politizacin generalizada de la sociedad. Pero una politizacin atpica, que redefine lo poltico y arranca (visiblemente) con el movimiento 15-M.

Voy a lanzar ahora cinco titulares sobre algunos de los aspectos a mi juicio ms llamativos de esa nueva politizacin a partir del 15-M:

1.- Es un movimiento a la vez poltico y antipoltico. Antipoltico en el sentido de que expresa un rechazo general de la poltica de los polticos: las consignas ms conocidas del movimiento son no nos representan y lo llaman democracia y no lo es.

Ya para nadie en Espaa es un secreto que los polticos se limitan a gestionar simplemente las necesidades de la economa global y han desviado para ello completamente la soberana popular. El mismo presidente del Gobierno lo declara cuando anuncia cada recorte: no hay margen de maniobra.

Pero aunque en un primer momento nos uniese el rechazo, somos ms que rechazo. Se ha dicho y repetido que el 15-M es un movimiento puramente reactivo de indignacin y protesta, pero para cualquiera que pasara por las plazas es muy claro que no slo estbamos all para gritar nuestra indignacin, sino tambin por la belleza y la potencia de estar juntos, ensayando modos de participacin comn en las cosas comunes.

2.- La activacin de la gente cualquiera. El protagonismo en el campamento de mayo/junio de 2011 es de la gente sin experiencia de politizacin previa, creo que el frescor y la capacidad de creacin vienen sobre todo de ah. De hecho, los grupos militantes y los activistas de largo recorrido estaban por lo general muy desubicados ante lo que ocurra: algunos gozando de esa desubicacin y otros con el ego muy herido.

Es un movimiento sin banderas, sin bloques identitarios en las manifestaciones, donde las pancartas son personales (lo que alguien ha llamado democracia semitica) y las propias manifestaciones son autoconvocadas (muchas veces de forma annima).

El movimiento evita identificarse en el tablero de ajedrez poltico: izquierda o derecha, PSOE o PP. Dice de s mismo que no es un movimiento de izquierda contra la derecha, sino de los de abajo contra los de arriba. Esto es muy relevante porque rompe con la falsa polarizacin que define el mapa de lo posible en Espaa desde hace dcadas ("las dos Espaas").

3.- Se construye como un espacio de invitacin. No busca la separacin de la sociedad o de la gente normal, ni se concibe como una trinchera o un afuera utpico o radical, sino que hace una y otra vez gestos de invitacin al otro para pensar y luchar juntos, desde la idea de que los problemas que tenemos como sociedad nos afectan a todos y que la complejidad y magnitud de las cuestiones a las que nos enfrentamos requiere una implicacin activa de todos (o, mejor dicho, del 99%).

4.- El uso de nombres de cualquiera. Para que los muchos y diferentes puedan estar juntos, tenemos que dejar de ser quienes somos, porque en tanto que lo que somos (de izquierda o de derecha, anticapitalistas o reformistas, monrquicos o republicanos, etc.) slo hay choque, relacin instrumental, desigualdad, no horizontalidad.

Los nombres de cualquiera suspenden las identidades previas y crean un terreno comn donde es posible el encuentro.

El ms conocido de estos nombres de cualquiera es indignados, pero se han usado otros: el 99% que viene de Occupy Wall Street, la insistencia en la palabra personas (una poltica de personas) o la misma puerta del Sol misma considerada como un personaje colectivo.

Estos nombres de cualquiera o identidades no identitarias disponen un nosotros abierto que no reenva a ninguna identidad previa, sociolgica o ideolgica, sino a una decisin subjetiva, potencialmente accesible para todos.

5.- Por ltimo, la noviolencia. El 15-M es un movimiento que plantea conflicto (toma el centro de las ciudades en acampada, bloquea desahucios, etc.), pero de forma noviolenta.

Nadie lo decidi as, pero esa noviolencia alegre y ostentativa se ha mantenido hasta el da de hoy, a pensar de haber sufrido en numerosas ocasiones la brutalidad policial.

Noviolencia para evitar entrar en la espiral represin-reaccin y poder seguir manteniendo la iniciativa.

Noviolencia para desertar de los escenarios donde se nos espera y seguir siendo imprevisibles.

Noviolencia para poder seguir acogiendo la pluralidad que somos.

No violencia como forma de humanizar los conflictos, usando formas de comunicacin irnicas o empticas con la polica y el resto de poblacin.

En definitiva, si tuviera que resumir el 15-M es una sola frase, yo dira que consiste en el deseo y la prctica de una poltica ciudadana, accesible a cualquiera, no troceada ni instrumentalizada por los partidos polticos, que busca reapropiarse de la posibilidad de decidir algo en los asuntos comunes.

Expulsar, desposeer, desahuciar

Esas potencias siguen vivas hoy, despus de dos aos y medio, aunque con distintas formas y distintos problemas. Os hablo ahora un poco de algunas continuaciones del 15-M.

Por un lado, una de las lneas de accin que se ha desarrollado con ms fuerza es la lucha contra los desahucios.

Se calcula que se producen, atencin, 500 desahucios al da en Espaa, gente que ha contraido hipotecas y ahora no puede pagarlas al haberse quedado sin trabajo por la crisis.

Expulsar, desposeer, desarraigar, precarizar, arrojar a la intemperie y la incertidumbre Los desahucios son quiz la imagen ms precisa de la crisis, quiz tambin la imagen ms precisa del capitalismo actual. Es la forma material que toma la Nada.

Una estructura previa al 15-M, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), enriquecida por nuevos activistas pasados por las plazas, ha parado infinidad de desahucios, consiguiendo en muchos casos mejoras concretas para los afectados.

Tambin se han forzado algunas tibias medidas gubernamentales para aliviar esta terrible realidad y la amonestacin (con algunas consecuencias prcticas) de Europa al respecto.

Pero sobre todo se ha hecho visible una realidad que antes pasaba completamente desapercibida y estaba completamente normalizada, ningn desahucio haba sido noticia hasta ahora.

La sensibilizacin social con este tema ahora es enorme y ello explica que se puedan detener tantos desahucios, no nicamente la tctica o la fuerza fsica de las treinta o cuarenta personas que se congregan cada maana en la puerta de la persona afectada para impedir la expulsin. Se podra decir quiz que los desahucios se paran socialmente antes de pararse fsicamente.

Cada desahucio nos ofrece as una imagen resumida del combate general que se est librando aqu y ahora: la accin poltica defiende y crea mundos all donde la Nada los hace desaparecer.

Vida y poltica

Al mismo tiempo, se ha dado tambin un cierto vaciamiento de las asambleas de barrio, donde el movimiento se mud al abandonar las plazas. Mucha gente ha vuelto a hacer su vida.

Las semanas de acampada en Sol fueron un tiempo excepcional, pero resulta muy complicado habitar una excepcin. O slo puede hacerlo gente fuera de lo normal: por ejemplo, los activistas, los que hacen de la poltica el centro de su existencia.

Pero la profesionalizacin de la poltica (tambin activista) vaca los espacios comunes,  porque  los modos de hacer activistas acogen y convocan sobre todo a otros activistas.

El problema aqu es la enorme dificultad que tenemos para inventar una poltica habitable para el 99%, no slo para los activistas. Lo personal se desliga de lo colectivo cuando no somos capaces de inventar engarces entre modos de vida y modos de lucha.

Pero volver a hacer su vida es una mala expresin. Porque despus de pasar por las plazas no se vuelve igual, ni por tanto se vuelve a la misma vida. Paradjicamente, volvemos a una nueva vida: tocada, atravesada, afectada por la experiencia empoderadora de las plazas.

Miles de personas han visto alterada su mirada y su estar en el mundo tras el encuentro con el 15-M. Por eso es posible decir que ahora el 15-M no solo es una estructura organizativa compuesta de asambleas y comisiones, sino sobre todo otro estado mental y otra disposicin colectiva hacia la realidad, marcada por la experiencia empoderadora de las plazas.

Un nuevo clima social que libera por todas partes nuevas posibilidades de accin.

Y atraviesa la sociedad entera como una corriente discontinua en el tiempo y el espacio, compleja y diversa, intermitente e imprevisible. A veces subterrnea, encarnada en mil iniciativas formales e informales arraigadas en lo cotidiano. A veces muy visible, expresndose en enjambres y mareas que toman masivamente la calle.

Las mareas

El Partido Popular ha puesto en marcha una poltica dursima de recortes, precarizacin y privatizaciones que afecta a todos los sectores de la sociedad (profesores, mdicos, jubilados, jueces, policas, etc.).

Pero como el clima ya no es el de la queja y la resignacin, la respuesta es casi siempre el hacer, la protesta, la organizacin.

Cada recorte genera un nuevo espacio de lucha que toma el nombre de marea y un color: por ejemplo, la marea verde de profesores, padres y alumnos que llevan una camiseta verde caracterstica; o la marea blanca de mdicos y trabajadores de la salud que defiende el derecho de todos, ricos y pobres, a la sanidad pblica, etc.

Lo interesante es que cada marea replica a su modo el espritu 15-M. Hay una especie de transmisin inconsciente y espontnea de saberes, cada nueva politizacin activa un depsito latente de formas de hacer y decir, se retoman y replican una serie de claves. Por ejemplo:

-La autoorganizacin desde las bases, a distancia de o sin sindicatos.

-La inclusividad, por la cual en torno a objetivos comunes se agrupa gente de diferentes ideologas (la marea blanca de defensa de la sanidad pblica est protagonizada por un colectivo mdico de tendencia bastante conservadora) o de distintos roles sociales (mdicos, trabajadores y usuarios de la salud en el caso de la marea blanca; profesores, padres y alumnos, en el caso de la marea verde).

-La toma de la calle sin pedir permiso ni legalizar recorridos, desde la noviolencia e inundando el espacio pblico de alegra.

-La interpelacin positiva constante hacia la sociedad y el espritu de invitacin a luchar juntos por lo comn: en la huelga de hospitales se cuid mucho que nadie sufriera por ella, se organizaron abrazos donde la gente rodeaba los hospitales de su barrio para expresar su apoyo, etc.

Preguntas, problemas y debates abiertos

Voy a acabar mencionando rpidamente algunos de los debates abiertos que hay entre nosotros, algunas de las preguntas que nos hacemos, algunos de los problemas y desafos que afrontamos:

1.- El problema de la organizacin. Profesores, mdicos, jueces, jubilados, diversos fsicos, mineros... podra pensarse una articulacin de todas las mareas, de qu tipo?

Nos faltan imgenes para pensar la organizacin ms all de las formas clsicas del frente, el bloque, que piensa la articulacin como suma.

Sin embargo, hay ya una cierta organizacin entre todas las mareas, una organizacin, no en trminos de bloque o de frente, sino de circulacin y comunicacin de saberes, herramientas, nociones, imgenes. Se puede intensificar esa circulacin por ahora casi inconsciente, cmo?

2.- El problema del tiempo. Hay un desacople muy grande entre el tiempo acelerado de destruccin y el tiempo lento de la construccin (de otra subjetividad, otras relaciones sociales) que nos produce muchsima angustia. La Nada devora los mundos en un segundo, pero no se construyen mundos nuevos en un segundo.

Hemos vivido momentos muy marcados por estas lgicas de emergencia y ansiedad, como la convocatoria del 25 de septiembre de 2012 para rodear el congreso y exigir la dimisin de todos los polticos que se desarroll en un imaginario apocalptico de cambio radical e instantneo.

Esa ilusin de producir un evento milagroso que lo cambia todo no es muy realista, pero basta con insistir simplemente en la necesidad de un tiempo lento mientras a nuestro alrededor todo se desmorona?

3.- El problema del logro o la victoria. Qu es ganar? Mucha gente acusa al 15-M de no haber conseguido nada. Y es verdad: no hay ninguna victoria clara y contundente que presentar como en el caso de la Primavera rabe por ejemplo (aunque la marea blanca ha conseguido la paralizacin judicial de proceso de privatizacin de la sanidad y hay muchos otros logros no pequeos).

Nuestra sensacin paradjica es que todo ha cambiado aunque nada haya cambiado. Que la realidad es la misma pero ahora la vemos desde otro sitio. Que hemos ganado sin ganar nada. Que la sociedad ahora es ms rica aunque sea en realidad ms pobre.

Pero muchas veces nos es difcil pensar polticamente con una imagen tan difusa de lo que es un logro.

4.- El problema de la militancia. Como deca antes, los militantes no han sido el motor central o generador de las nuevas politizaciones, pero su aportacin -en el caso de los militantes que estn a la escucha y no quieren dirigirlo todo- es muy valiosa e importante.

Podemos repensar la militancia, no como un centro que dirige o empuja, sino ms bien como una funcin de acompaamiento y enlace entre todas esas experiencias que ya estn en marcha?

5.- El problema de lo macro y lo micro. Todas las iniciativas mencionadas se topan una y otra vez con un techo de cristal: la poltica de los polticos est blindada a cualquier tipo de escucha de lo que se dice en la calle.

Cmo hacer cua en ese bnker? Es el gran debate abierto en torno a la cuestin del partido y hay ya en marcha varias iniciativas de nuevos partidos que no pretenden tanto representar -mejorar la representacin, conseguir una representacin mejor- como devolver el poder a la ciudadana, hacer de caballo de troya o caja de resonancia de los movimientos callejeros.

(En este punto podramos incluir tambin el problema del desacople entre el contexto transnacional de toma de decisiones y nuestro cerebro educado estrechamente a pensar en trminos de Estado-nacin.)

Por ltimo, creo que hay una pregunta que las resume todas, y que podra ser quiz: qu es el cambio social, cuando no se trata de simplemente tomar el poder -porque no hay otra economa ni otra poltica posibles sin otra subjetividad social-, ni tampoco de construir una sociedad paralela -porque somos el 99%?

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/politica-Espana-crisis_6_216688353.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter