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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-01-2014

Mover ficha: volver a saber que s podemos

Juan Carlos Monedero
Rebelin


Corra el ao de 1553 y ttiene de la Botie, en su Discurso sobre la servidumbre voluntaria, se preguntaba cmo era posible que una sola persona gobernase sobre todo un reino. Acertaba a sealar que la rutina era la principal enemiga del cambio. Hoy sabemos que la obediencia al poder poltico tiene tambin otras razones junto a la resignacin (que crece y crece cuando no se ven alternativas). La coaccin, como siempre ha sabido el poder, es bien importante para sembrar miedo (hijo, t no te signifiques). De hecho, siempre es su ltima razn. Tambin consentimos si vemos legitimidad en el poder poltico. En nuestros pases esa legitimidad viene del proceso electoral y del cumplimiento de los procedimientos. No es de menor importancia la inclusin ciudadana (disfrutar de todas las ventajas de la vida social). Si la sociedad te abandona por qu no va a abandonar t los compromisos con la sociedad? Y, por supuesto, razn no le faltaba a de la Botie, sigue siendo esencial para el orden existente impedir que el pueblo salga del sopor conformista al que invita el elevado muro de la imposibilidad y la inutilidad del cambio que arman los que mandan. Todas estas razones de la obediencia estn rotas en Espaa. Entonces?

Nos distraemos con quimeras, nos conformamos con migajas, construimos horizontes con espejitos, nos asustamos con bravuconadas y nos resignamos con el relato de nuestra supuesta impotencia. Intuimos que somos muchos y muchas y que la indignacin nos va creciendo. Pero al igual que el mundo griego y romano prohiba a los esclavos vestir de la misma forma para evitar que se supiera que eran muchos, nosotros nos prohibimos a nosotros mismos encontrarnos en ese gesto que nos cuente que estamos en la misma pelea. Aunque nos repitamos mil veces que la unin de los que tienen razn hace la fuerza.

El poder sabe mejor que nosotros mismos cul es nuestra potencia. Y nos tiene ms miedo del que imaginamos. Por qu ahora una ley ciudadana que convierte en delito casi cualquier protesta en el pas con menor ndice de delincuencia de Europa? Por qu llenar el barrio burgals de Gamonal de antidisturbios? Por qu presentar cada disenso como una escuela de terrorismo? Por qu presentar el derecho a decidir como un delito y no como una oportunidad? Porque el rgimen del 78 sabe que la situacin en Espaa est cogida con las meras pinzas de nuestro convencimiento. Y no tienen mucho ms. Y si empezamos a decir que s se puede

Bast que se expropiasen en el supermercado de una multinacional cuatro carritos con aceite, lentejas y garbanzos para que pareciera que se hunda la civilizacin occidental. La ciudadana protesta en Burgos porque les estn robando la ciudad y el gobierno del PP tiene que redoblar la represin porque necesita creer que detrs no est el to Juan y la ta Mara sino comandos itinerantes financiados por Fu Man Ch (y un lugarteniente suyo con txapela). Decenas de miles de jvenes se han ido de Espaa porque aqu no tienen trabajo, y como el gobierno tiene claro que pueden regresar de golpe a exigir lo que es suyo, quiere convencerles de que estn en verdad en un viaje de aventura. El Papa Francisco dice que el capitalismo es contrario a la tica cristiana y Rouco Varela, en conversacin con Rajoy y Dolores de Cospedal, pone un amplificador a la guitarra de los Kikos y grilletes a las mujeres, no vaya a ser que sigan creciendo en derechos y digan que no aceptan ningn recorte ms a sus libertades.

El vapor de la indignacin flota en el ambiente. Falta la caldera que lo concrete y ponga a trabajar las turbinas. Nos imaginamos una hucha comn donde pudiramos meter todos los ahorros de nuestra desobediencia? Una referencia sentida como propia entre los que luchan en Gamonal, en las mareas, en la verja de Melilla, en cada oposicin a un desahucio, abriendo comedores populares, presionando a la burocracia en Bruselas, personada en las fosas y reclamando la memoria histrica, siendo voz contra el fracking y los transgnicos, ayudando a los emigrantes, siendo acusacin particular en cada caso de corrupcin, la voz comn en el sealamiento a los corrompidos rganos de los jueces, defendiendo la ley de plazos en el aborto, siendo el impulso de cada atrevimiento a reinventar la convivencia comn de los pueblos del reino, llenando de razn cada esquina del Estado para acabar con la medieval institucin de la monarqua, velando por el cumplimiento de los derechos humanos por todos los rincones, impulsando rganos ciudadanos que regresen la mercanca informacin a su condicin de bien comn, siendo capaz de ser la patria que nos robaron en 1936. Tan difcil es?

No tiene sentido que en mitad de la mayor crisis que nadie recuerda en nuestro pas, la capacidad poltica de respuesta siga sumida en la impotencia. El PSOE desperdici su conferencia poltica por no querer escuchar a sus bases que le pedan incorporar demandas nacidas del 15M. Izquierda Unida, que siempre dijo que el espritu de la indignacin era el suyo se empea en desperdiciar cada ocasin que se le brinda para romper con la lgica burocrtica que fagocita a los partidos. En otros lugares del Estado, la izquierda ms novedosa se ha acomodado en la identidad nacional y su principal fuerza y necesidad reside en que no hay nadie fuera que represente con credibilidad la invencin -porque nunca la hemos inventado- de una Espaa federal y de izquierda que se aprenda a s misma de otra manera.

Estamos en un escenario donde el PP est cambiando el contrato social que hemos construido durante los ltimos 35 aos. La posibilidad que utiliza la derecha est en nuestra perplejidad convertida en impotencia. Por eso, la respuesta de la izquierda no puede ser la fragmentacin eterna, contentarse con esperar que le caigan las migajas electorales de la mesa de los poderosos, resignarse a ser un mero corrector -hasta donde se pueda- de los desmanes del neoliberalismo, o pretender representar, desde la misma matriz de la resignacin, lo nuevo, sin entender que antes le toca reinventarse a s misma. O es que puede la izquierda pedir al pas que haga un proceso constituyente cuando la izquierda ha sido incapaz de poner en marcha ese proceso en su propia casa? Va a pedir a la gente que haga lo que ella no se aplica? Con qu credibilidad?

La respuesta de la izquierda no puede ser tampoco el reproche interminable dentro de las propias filas (a los que les pese demasiado el oprobio biogrfico debieran tener la generosidad de dar un paso atrs). No puede ser, de igual manera, la reivindicacin de demandas envejecidas o vestidas de gris que ignoren la necesidad de un nuevo lenguaje y un nuevo gesto. No puede ser en absoluto el maximalismo que se niega a seguir adelante porque ve sombras en cualquier amanecer (nos acordamos en la Puerta del Sol de asambleas de miles de personas frenadas porque una sola persona cruzaba los brazos negando su acuerdo?) ni la intransigencia de quien quiere imponer el cien por cien de sus presupuestos. Y, por supuesto, no puede ser una fachada de reivindicacin de las mayoras, de reinvencin de la democracia si no asume la radicalidad que exige la poca para acabar con la corrupcin, con el autoritarismo, el sexismo en todas sus expresiones, la destruccin de la naturaleza, el oprobio a los inmigrantes, la falta de honestidad en lo pblico y, en consonancia con lo que sigue siendo la contradiccin principal de nuestras sociedades, que no asuma que el mundo del trabajo necesita ser reconstruido para que cada ciudadano y cada ciudadana tenga la posibilidad de relacionarse con los dems a travs de un trabajo que no le robe la dignidad y le permita desarrollarse como persona.

Hace falta romper las tablas de la aburrida partida de ajedrez en la que estamos detenidos. Hace falta una candidatura unitaria a las elecciones europeas que nazca de un proceso de deliberacin y decisin populares. Es el lugar y el momento. Quienes se nieguen a aprovechar la coyuntura para consolidar el proceso de unidad de la izquierda no han entendido lo que nos estamos jugando. Nunca fue ms cierto que no nos sirve un trozo de la tarta: necesitamos reclamar la tarta entera. Los contratos sociales los arman las mayoras. Pero delante de nuestras narices lo estn desmantelando las minoras. Por eso decimos que el miedo tiene que cambiar de bando. Para que pierdan esa impunidad que tienen los ladrones, los corruptos, los que ofrecen trabajos basura, los que ofenden a las mujeres, los que quieren regresar a una Espaa de sacrista, los que insultan la memoria histrica, los que vibran con Franco, los que expulsan a los universitarios de las aulas, los que niegan el acceso a una sanidad digna, los que tienen a este pueblo con la alegra robada. Los zapatistas se taparon el rostro para que se les viera. Ahora nosotros decimos que no para que podamos construir un s que nos emocione.

Por todo eso movemos ficha. Para que todos y todas entiendan la oportunidad de hacer lo mismo.

Blog del autor: http://www.comiendotierra.es/

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Comunicado: Mover ficha: convertir la indignacin en cambio poltico

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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