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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2014

Qu es lo que podemos hacer?

Santiago Alba Rico
Rebelin


Digamos que en el Estado espaol ha habido y sigue habiendo dos formas de bipartidismo.

El primero es el bipartidismo de los vencedores: emanado del consenso de lites llamado transicin, hoy en harapos, ha impuesto desde 1975 frreos lmites -cuyos hierros se vuelven cada vez ms visibles y opresivos- a los avances democrticos permitidos tras la muerte de Franco. Esa transicin y esos avances democrticos estn perdiendo rpidamente su legitimidad y su vigencia.

Pero hay tambin un bipartidismo de los perdedores. A la izquierda del PSOE hemos vivido siempre sometidos a una alternativa asfixiante -una pelota que rebota entre dos paredes cerradas- que nos ha obligado a escoger entre la versin pobre del voto til, representado por IU y que IU ha usado una y otra vez para permanecer uncido al sistema; y la fidelidad a una izquierda extraparlamentaria que se ha dedicado, como los monjes con la cultura en la Edad Media, a conservar bien enlatada la pureza para un futuro de gloria revolucionaria del que nos alejamos cada vez ms. Y mientras miles de militantes valientes, sensatos y realmente altersistmicos le hacan el boca a boca a IU, la izquierda extraparlamentaria, con sus militantes valientes, sensatos y altersistmicos, constitua una especie de lite al Revs, tan minoritaria como la de los gestores del bipartidismo victorioso, pero sin medios para hacerse escuchar e incapaz de alcanzar un consenso. Durante dcadas, mientras el bipartidismo dominante se pudra y pudra las instituciones democrticas, IU lama los mrgenes, con la lengua pegada al hielo, a expensas de sus principios y su militancia, y la lite al Revs de la izquierda extraparlamentaria se obstinaba en buscar en las catacumbas la unidad de los aicos, una unidad que, alejada del poder, no tena ninguna posibilidad de cristalizar y que, alejada de la gente, no tena ninguna posibilidad de alcanzar el poder.

Cuando este doble bipartidismo pareca insuperable y definitivo, fue la calle -y no un acuerdo de partidos- la que lo declar nulo. Fue el 15M, en efecto, con su secuela de mareas ciudadanas, el que, expresando de manera inesperada la indignacin popular ante la crisis, impugn al mismo tiempo el bipartidismo de los vencedores y el bipartidismo de los perdedores: todo el marco, en definitiva, de la transicin. Cualesquiera que hayan sido sus lmites polticos y hasta sus injusticias ideolgicas, lo que no puede negarse es que, en trminos de prctica poltica, hay un despus del 15M y tiene que ver con la iluminacin de una orografa institucional en la que ya no se puede romper con el bipartidismo del sistema sin romper tambin con el bipartidismo de la izquierda: con la alternativa -es decir- entre la izquierda Mal Menor y la izquierda lite al Revs. Nuestro error ha sido quizs el de obsesionarnos con buscar la unidad dentro de nuestras filas cuando debamos buscar el acuerdo ms bien fuera , con esa potencial mayora social, de pronto cabreada y al mismo tiempo activa, que por desgracia podra sumar tambin su indignacin, en el derrumbe del bipartidismo dominante y a poco que nos descuidemos, a proyectos neofascistas o destropopulistas. No tenemos mucho tiempo. Los grandes peligros que nos atenazan -y atenazar es algo ms que una metfora- nos obligan a ganar. El 15M y su secuela de mareas ciudadanas, con sus muchos reveses y sus poquitas pero estimulantes victorias, nos permiten por primera vez plantearnos la posibilidad de hacerlo. El motor no pueden ser las organizaciones del doble bipartidismo sino esa tercera voz, potencialmente mayoritaria, que impugna el bipartidismo de los vencedores pero tambin el de los perdedores, esa potencial mayora social dispuesta a defender sus derechos amenazados pero que considera a IU un apndice -en su intestino- del sistema y a la izquierda extraparlamentaria una lite al Revs de pureza jeroglfica; esa potencial mayora social que desconfa del doble bipartidismo pero aprueba las reivindicaciones del 15M, apoya a la PAH y considera justo y bueno a Caamero; la mayora social que apuesta por esa tica comn que exige pagar a los acreedores pero no a los chantajistas, que dice que robar est mal y por eso condena a los bancos y que considera que el derecho a una vivienda digna, a una escuela, a un tratamiento contra el cncer, a una alimentacin suficiente, a un mundo duradero, a la palabra libre y la libre autodeterminacin, estn por encima de cualquier consenso destinado a enriquecer a los ricos. Eso -segn esa tica comn- no se llama consenso sino conspiracin; y conspiracin para el crimen. Como los miles de militantes valientes, sensatos y altersistmicos de la izquierda piensan exactamente lo mismo que esta mayora potencial, se trata de que la izquierda Mal Menor y la Izquierda lite al Revs se pongan de acuerdo no entre s sino con ella. La izquierda Mal Menor tiene que comprender que no puede liderar ninguna refundacin de la izquierda con vocacin de mayora y la izquierda lite al Revs tiene que comprender que el objetivo no es conservar la pureza sino los derechos; y que para eso hace falta llegar al poder y llegar al poder al margen del doble bipartidismo -de los vencedores y los perdedores- del sistema.

No me siento cmodo apoyando esta iniciativa, pero s esperanzado. No me siento cmodo porque me he movido siempre entre la izquierda Mal Menor y la izquierda lite al Revs y porque muchas de las objeciones me parecen razonables: sobre el momento, el liderazgo, los peligros de un fracaso. Me temo, en todo caso, que no habr nunca un momento ni peor ni mejor y creo que los momentos guardan en su interior duraciones explosivas sin desplegar. Me temo tambin que en este marco institucional y meditico, que es el que nos est matando y en el que necesitamos ganar, hay que resignarse a un liderazgo bien controlado, a un ttere resultn -si podemos decirlo as- de los colectivos y las mayoras. Considero asimismo que la previsin de un fracaso debe llevar a afinar la estrategia, pero no a abandonar el intento: en trminos polticos, lo nico que podemos perder son nuestras miserias.

Pero me siento tambin esperanzado. Me siento esperanzado porque la situacin es desesperada. Los que comparan la situacin de hoy con la que llev hace 80 aos al fascismo no exageran. La diferencia es que hace 80 aos la izquierda, que no era consciente de los peligros, tena en cambio ms medios y ms poder. Hoy somos muy conscientes de las amenazas y de la urgencia de una intervencin, pero no contamos con herramientas ni -peor an- con el apoyo de las vctimas. Ningn cambio ser posible sin ese apoyo; y ese apoyo no ser posible sin romper con el doble bipartidismo de la transicin. Con fundamento o sin l, esta iniciativa pretende abrir ese camino.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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