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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2014

ETA, el pecado necesario

Paco Roda
Rebelin


Todo empez por una foto. La de los presos excarcelados de ETA en Durango. Pero tal vez, antes de esa foto, estaba el negativo de la realidad por un lado y el positivo de la ficcin por otro. Si bien ETA ha muerto, o est a punto de hacerlo, quienes formaron parte de ella han vuelto para integrarse entre los vivos. Pese a que haya quien piense que siempre debieron quedarse entre los muertos. Pero han cumplido con la ley, con la ley que los conden y no con otra. Y eso les autoriza tica y jurdicamente para estar presentes. Aun a costa del dolor infligido. Porque el espacio privado del dolor sufrido no debe mezclarse con el espacio pblico y poltico. Una cosa es cmo se viven los duelos privados y otra como se gestionan las consecuencias del sufrimiento en el escenario poltico.

Personalmente creo que cumplir la condena impuesta y ellos y ellas lo han hecho- lleva implcita la redencin y el perdn de los pecados. Porque el fin de la pena es restablecer el dao causado. Ms an, el delito ya penado supone devolver a la sociedad el orden social sustrado y retribuir a la vctima en este caso a sus familiares- el mal generado. Aunque la prdida sufrida no obtenga compensacin ni reparacin alguna. Del arrepentimiento mejor no hablar. A no ser que slo nos interese pedir tal certificado en funcin de la nmina que nos sustenta.

Un amigo de Oiartzun (Gipuzkoa) -inmaculado abertzale-, me deca el otro da que hace dos meses era impensable prever el paso que han dado la izquierda abertzale y los presos de ETA. Creo que para la gran mayora de la poblacin vasca tambin. Y ms. No hay partido poltico, mnimamente sensato, que no se haya sorprendido ante las actuales posiciones de los presos, la izquierda abertzale y la propia ETA. Nadie apostaba hace un ao por imaginar un escenario como el que hoy vivimos. Me refiero a los pasos dados, a las aceptaciones, a las renuncias y a los compromisos polticos y sociales en el seno de ETA y su entorno. Actores, fuerzas, ideas y dinmicas se mueven. Por precepto, conviccin, por escenificacin, por volver a estar vivos o por regresar a la poltica. El hecho es que la realidad muestra esos signos, emite esos ecos. Otra cosa es que el gobierno y el PP no se quieran enterar o que hagan como que no ven, no oyen o no escuchen.

En la manifestacin que tuvo lugar el pasado da 11 de enero en Bilbao, impulsada tras acuerdo entre el PNV, Sortu y otras fuerzas polticas y apoyos como el de Geroa Bai, se puso de manifiesto la capacidad de convocatoria de las formaciones en torno a un lema comn y consensuado vinculado a la paz, la necesidad de acuerdo y los derechos humanos. Un lema ajustado a la correccin poltica en toda regla. Ello tuvo lugar tras un decretazo del juez Velasco ilegalizando una anterior convocatoria de apoyo a los presos de ETA. Quizs la respuesta de la ciudadana, unas 130.000 personas, no respondi solo al lema, sino tambin al tema. Y el tema de fondo es la creciente criminalizacin de la vida social y poltica en el reino de Espaa y sus periferias nacionalistas. La gente, y el caso de los sucesos de Burgos es un ejemplo, est cansada ante la desproporcionada cantidad de corrupcin, mentiras y manipulacin que es capaz de gestionar el gobierno del PP sin pudor alguno. Quienes participaron en la manifestacin de Bilbao estaban all, tal vez por muchas cosas ms. Sin que ello merme valor alguno al principal motivo de la misma.

Y es que la sociedad vasca es consciente del enorme esfuerzo que va a suponer normalizar la situacin poltica y social del Pas Vasco. Hacer duelos, renunciar a la venganza, normalizar los discursos, convivir con vctimas y verdugos, cerrar pginas, abrir procesos, dimitir de convicciones, vivir de renuncias, encarar el futuro al fin. Esto es lo que nos espera. Ms no esperemos que sea fcil. Ni para la izquierda abertzale, ni para el aparato jurdico-policial espaol. No va a ser fcil para nadie. Pero el PP se empea en enrocarse en un permanente conflicto. Sumergirse y regodearse en la perpetuacin del mismo. Pese a que lo nieguen. Rajoy y su gobierno no aspiran a gestionar este tiempo. Rajoy es un mediocre gobernante que ni ve ni quiere ser visto. Y todo para evitar ser testigo de la historia. El PP est anclado en el pasado, en el olor de la sangre derramada. Porque ello le resulta rentable. Porque el PP, sus medios de presin meditica y la gran derecha unionista no pueden vivir sin l. ETA, como smbolo vinculador de estrategias polticas, fue y es su sustento; como una adiccin perversa. Porque ante la falta de violencia fsica de ETA, el PP necesita reactivar sus cenizas, reinventar sus sombras, revivir sus fantasmas. Volver al viejo lema: Todo es ETA. Y si falta ETA necesitamos reinventarla. Y si no hay terroristas que detener, los inventaremos. Resucitaremos a ETA con nuevos discursos, simbolismos, imgenes distorsionadas o ideas-fuerza que rentabilicen el crdito pasado. Porque todo lo que huela a abertzalismo, es sinnimo de ETA. Y si no lo es, ser. Por ordeno y mando de un discurso manipulador y una gestin de la justicia contaminada de venganza revanchista. Y en este sentido la AVT un autntico lobby de presin tica y moral- es el ms fiel exponente de una venganza sin lmites. Uno es capaz de entender el dolor privado, la ausencia de los seres queridos asesinados, lo que ello puede suponer. No as el intento de mercadear con el recuerdo y la victimizacin eterna en una orga patolgica de revancha sin fin.

Y es que el PP es rehn de los hooligans de la ultraderecha meditica y los lobbies de presin que emponzoan a diario la opinin pblica. Pero en medio de esta cinaga, el PP sabe que muere lentamente en las urnas. O al menos est tocado. Y lo sabe. Sabe que su poltica social y econmica est hundida. No da ms de s. Y eso tiene un precio. Volver al desempleo poltico, a la oposicin aislada. As que slo echando mano de ETA, el producto estrella de la manipulacin y la ms rentable idea-fuerza electoral, el PP volver a convencer, a ser creble. Lo necesita para tapar los enormes agujeros negros abiertos en la sensibilidad de la gente tras la gestin nefasta de una crisis abierta y cerrada en falso. Pero ello precisa de una escenificacin y un escenario. Ese escenario es la vuelta a la tensin, a la persecucin, a la criminalizacin poltica injustificada, al conflicto eterno, a la provocacin a la izquierda abertzale y la ciudadana en general. Esto vende como producto emocional de consumo populista. Es rentable y convence a un electorado anestesiado y necesitado de proezas apasionadas ante la falta de una autntica gestin de la crisis. Pero ms an, transmuta los problemas reales y recentra los polos de atencin sobre el viejo problema del terrorismo tratando de resucitarlo como prioridad poltica y social.

Por eso el PP, obligado a actuar desde inmediatez, desde la urgencia, desde el arranque visceral, comete errores de bulto. Otra cosa es que no le importe y espere que el tiempo lo borre y disimule como un mal sueo. Las recientes detenciones de ciudadanos en el Pas Vasco, la calumnia contra la manifestacin de Bilbao, sus crticas al PNV, las declaraciones del ministro del Interior, ms propias de un poltico antidemocrtico sin redimir, son un fiel reflejo de esta estrategia de huida hacia adelante.

No est muy lejos el momento en que ETA haga pblica su disolucin y sus militantes entreguen las armas. Incluso es posible que en un acto de suprema redencin pidan perdn por sus pecados. A buen seguro nada de esto ser suficiente para que el PP cambie de estrategia como lo hiciera el gobierno britnico con el IRA. Ese acto de indulgencia pblica y social de ETA no ser suficiente. Ni ese ni ninguno. Porque ETA es un activo, un valor de cambio. Ha sido y es el pecado que ha dado de comer a los que la condenan. Nada ms. Por eso hay que resucitarla. Como sea. Porque a alguien le sirve ms viva que muerta. Porque el PP pareciera abonado al placer del pensamiento fnebre.

Paco Roda. Universidad Pblica de Navarra

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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