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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2014

Seis anttesis sobre las elecciones en El Salvador

Alberto Quinez
Rebelin


En un artculo reciente, Joel Arriola sistematiza algunas tesis sobre las prximas elecciones en El Salvador [1]. El presente artculo va en clave de anttesis, no en el sentido de negacin del artculo de Arriola, cuyas conclusiones generales compartimos, sino con la intencin de ampliar la perspectiva sobre el proceso electoral que se avecina y frente al cual, el movimiento social categora que podr parecer demasiado ambigua pero que discutiremos posteriormente- an aparece, en la mejor perspectiva, como la fuerza detenida del viento y, en el peor de los casos, como un cascajo, como una marioneta.

I

La izquierda oficial, encarnada en el partido FMLN, es la carta ms fuerte de la contienda electoral. Detrs de esa fuerza no se encuentra ningn movimiento social ni poltico que lo sustente. Es la fuerza del capital y del engao. Los $800 millones de ALBA Petrleos sirven de suelo nutricio al ramaje de programas asistencialistas que, ejecutados desde el gobierno o desde la base corporativa de ALBA, se abanderan en nombre del Frente y le reditan puntos electorales importantes. Gran parte del movimiento social y de los intelectuales estn adormecidos por ese teatro del buen gobierno y la responsabilidad social corporativa. Ingenuos o derrotados, ven en el Frente al mesas o al mal menor.

II

Pero la izquierda oficial no es izquierda: forma parte del abanico discursivo de la derecha. Ese abanico est constituido entonces por la burguesa oligrquica (ARENA), la burguesa menos retrograda (GANA y UNIDAD) y la burguesa naciente (FMLN-ALBA). Hemos dicho que ese abanico es discursivo solamente: de fondo, ninguna de las propuestas polticas de estos partidos presenta diferencias importantes. Todos hablan de inversin, emprendedurismo, crecimiento, combate de la delincuencia, inclusin. Nadie toca los temas de fondo: sustentabilidad, solidaridad, democracia, derechos humanos. Quien desde el movimiento social ha apostado por el mal menor, olvida que el peor de los males es aquel al que no quiere hacrsele frente: el capital.

III

No se puede decir que la izquierda no partidaria ha tomado poca parte en los procesos electorales. A pesar de su renuencia, termina por avocarse a las urnas para votar al menos malo, al ms cercano en trminos de discurso, al que est cerca de aquella memoria que el paso del tiempo termina por convertir en heroica. Adems, cmo conformarse a que sean otros los que decidan? Cmo no elegir entre las posibilidades que objetivamente se presentan? Cmo no utilizar los mecanismos del sistema para transformar en la medida de lo posible, para abrir caminos, para dar batalla y conquistar de a poco? La izquierda no partidaria ha olvidado que su principal fuerza ha sido y es la negacin.

IV

Solo hay una forma de ver a los partidos en pugna: como mscaras. Tanto la derecha histrica como la nueva derecha esconden en su seno la pltora del capital, medianamente solapada por las temticas sociales de la coyuntura, por la simpata de sus candidatos o por la verbosidad atroz de sus intelectuales. La agenda neoliberal, los vnculos orgnicos con los imperialismos, los no precarios negocios con sus bases corporativas, entre otras, son algunas de las cosas que cada uno de los partidos trata de maquillar, medianamente esconder o tapar por completo.

La danza de las mscaras anuncia un hecho inslito o terrible: la destruccin del movimiento social que en cierto modo es consolidacin del rol que ste ha jugado en los ltimos aos, es decir, el rol pasivo de depositar en aquellos personajes partidarios parte sustancial del accionar poltico. Para que el movimiento social asuma a su enemigo, que es un enemigo de clase, esas mscaras deben caer inexorablemente. En su desnudez, el enemigo no ser dbil ni pequeo, pero al menos ser visible. Si a pesar de ello el movimiento social se mantiene ciego, habremos agotado una de nuestras ltimas cartas.

V

El problema que se plantea es mltiple. Por un lado, la correspondencia o, ms bien, la organicidad entre todos los partidos y las clases dominantes. Por otro, la autonoma de los partidos de su contraparte en la sociedad civil. Y estas dos aristas se resumen, a nivel de la prctica inmediata, en algo concreto: el problema del Estado. El Estado no es el demonio, pero puede jugar ese rol de una forma intachable. La recuperacin del Estado, en los procesos anticapitalistas que la historia resea, no ha dado precisamente los frutos esperados. Cmo puede recuperar una fuerza revolucionaria al Estado sin deformarse en el intento? Qu implica la recuperacin del Estado, si ste mismo es un mecanismo de dominacin? Preguntas de no fcil respuesta terica, mucho ms difciles de responder en el plano de la prctica.

VI

La utopa no est muerta. Duerme un profundo sueo. Pero ese sueo no deriva necesariamente en un despertar. La vorgine de la crisis capitalista o de su superacin por las vas del sistema puede asaltarla durante el sueo. Hay que negar la pasividad y la ausencia de crtica, negar el cierre del pasado en funcin del porvenir moderno del capitalismo global, negar aquello que nos mantiene en el mbito de las pesadillas. Negarse en definitiva, negarse a aceptar lo dado.

Nota:

[1] Arriola, Joel. 12 tesis sobre las elecciones presidenciales del 2014 en El Salvador. Enero, 2014. Disponible en: http://www.contrapunto.com.sv/prensa-ciudadana/12-tesis-sobre-las-elecciones-presidenciales-del-2014-en-el-salvador.

Alberto Quinez. Colectivo de Estudios de Pensamiento Crtico (CEPC).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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