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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2014

No todos somos iguales ante la ley

Jaime Richart
Rebelin


En estos momentos el asunto est a flor de piel de la ciudadana. Los aprovecho porque cuando todo va bien y la vida nos sonre cualquier anlisis social que no sea positivo molesta. En cambio, en tiempo de crisis es ms fcil hablar y comprender alegatos que en otros bonancibles pueden resultar extravagantes

Sostengo que no hay una realidad, sino realidades mltiples relacionadas con una misma cosa. El mismo objeto de observacin tiene distinta naturaleza y es visto de manera diferente segn el conocimiento fragmentado de las diversas disciplinas que constituyen el saber. Es decir es, segn lo examine y diagnostique un filsofo, un poltico, un socilogo, un moralista, un antroplogo, un jurista, un telogo, un poeta, un fsico o un bioqumico. Lo que coloquialmente llamamos "esa" realidad social, a cada uno de ellos le sugiere -ideologas aparte- una diferente composicin qumica y corpuscular...

Pues bien, las penas, los cdigos penales y la historia de la sociedad tambin presentan opciones por realidades diferentes, pese a que se nos repita cada da el mantra de que el sistema no tiene alternativa, que es el mejor posible y que la nica posibilidad es la de mejorarlo con pensamiento global nico. Pero resulta que la sociedad "es" muy diferente dependiendo de donde radique el valor supremo. Si lo situamos en el dinero y en la riqueza, lo lgico es que esa sociedad d ms importancia a la corporacin y a las acciones que a los accionistas, ms a la medicina y a los laboratorios que al enfermo, ms a la ganancia de las editoriales de libros de texto que al inters del educando, ms al embrin informe que a la mujer y al ser vivo consolidado, ms a la propiedad privada que a la vida individual y al bien comn. Ser, en fin una sociedad deshumanizada y absurda, amparada en la ideologa neoliberal y en la ideologa socialdemcrata, ambas a su vez proteccionistas de la realeza y de los privilegios, y patrocinadoras de esperpentos sin cuento que son muestra de una incesante decadencia. Hasta tal punto esto es as que es de temer que debamos esperar para sanearla, por lo menos otro siglo o a una revolucin en toda regla...

Tngase en cuenta que en el origen de toda sociedad est la ley penal, el cdigo penal. Con ellos empieza la civilizacin propiamente dicha. Los elaboran individuos de castas dominantes y luego los interpretan y aplican otros pertenecientes a las mismas castas. Por este motivo, desde el trnsito de la horda al clan, de ėsta a la tribu y de la tribu a la sociedad las leyes punitivas son injustas de raz. No participan en su concepcin, redaccin y aplicacin los individuos desposedos, ni las capas sociales que, aunque carezcan de ilustracin y precisamente por eso tendran mucho que decir. Si un ciudadano salido del pueblo hubiera estado presente desde el principio, o ms adelante, en el proceso civilizador para tipificar los delitos y consensuar principios generales y normas penales (atenuantes y agravantes incluidas), no dudemos que el cdigo, las penas y las circunstancias modificativas de la responsabilidad seran otras. Principalmente con lo relacionado con los bienes pblicos. Desde luego los delitos de toda ndole cometidos por "ilustrados" y privilegiados seran agravados justo por su mayor ilustracin y su mayor responsabilidad, y no al contrario. Cuanto ms sofisticado es el sistema y el ordenamiento jurdico, ms contranatural y ms distante est del ms normal sentido de la justicia...

Porque es cierto que para discernir tcnicamente sobre juridicidad y Derecho, es preciso ser experto en "la ortodoxia". Pero la ortodoxia es lo ya establecido. Y lo establecido es precisamente lo decidido por los sucesivos herederos de las clases poseedoras. Justicia y legalidad son, pues, la justicia y legalidad instituidas por una manera de vivir y de entender la vida desde el desahogo material; del mismo modo que es muy desigual el modo de entender la vida de los que hacen la historia y el de quienes la padecen. Pero no es necesario ser perito en Derecho para concebir la justicia como valor universal y distinguir lo justo de lo injusto. Ms bien lo contrario, "cultura" e ilustracin enturbian fcilmente el entendimiento y estragan el sentido natural de las cosas y de las relaciones sociales -lo que entendemos por sentido comn-. Sentido que es apartado y desdeado por ambas, para hacerse dueas de la sociedad por esta va. Justo lo que haca lamentar en el siglo XIX a Anatole France la injusticia de ser el mismo delito robar un panecillo por un rico o por un pobre. Qu posibilidad hay de que lo robe el rico?

Sin embargo -y he aqu la paradoja de lo que quiero decir-, no es posible (pese a que las ideas inoculadas por la globalizacin anglosajona nos van arrasando poco a poco el pensamiento a todos por igual) que todos seamos iguales. La justicia debe ser igual para todos slo en trato procesal y garantas. Pero desigual en funcin del nivel de instruccin y acomodo de quien hubiere incurrido en ilcito penal. Lo justo es discriminar y agravar la pena a imponer al delincuente que lo tiene todo: dinero, instruccin y responsabilidades pblicas que nadie les pidi, y atenuar la pena al que carece de todo, con una instruccin bsica o ninguna...

Ahora pugnan en Espaa cientos o miles de delincuentes polticos, empresariales y miembros de la jefatura del Estado que han desvalijado al pas, por librarse del banquillo y de ser condenados por delitos que atentan gravemente contra la colectividad. Sin embargo, pruebas abrumadoras contra ellos se convierten en papel mojado dada la facilidad con que jueces y tribunales les aplican el principio de "la duda", es decir, el "in dubio pro reo", lo que les permite salir del trance con cortas penas o absueltos. Y si no indultados. Y todos acaban pudiendo recoger luego el fruto de su saqueo. En cambio otros acusados se pudren en la crcel exclusivamente por la prueba de menor valor jurdico como pieza de conviccin para el juez: la prueba testimonial, tan fcil de maquinar. Cuntos presos vascos y no vascos permanecen en las crceles por haber dado inusitada importancia a testimonios comprados con dinero o en especie?

En este tiempo se cambian y actualizan, casi compulsivamente, muchas cosas: desde el software de los programas informticos hasta los espacios de las grandes superficies. Pero se siguen manteniendo criterios de justicia ordinaria y social cercanos a aquellos en que el Estado o el strapa de turno distinguan inequvocamente entre los derechos y las penas correspondientes al explotador y al explotado, al hombre libre, al siervo y al esclavo...

 

Jaime Richart, Jurista y antroplogo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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