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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2014

Falstaff y Robin Hood

Santiago Alba Rico
Atlntica XXII


He escrito a menudo que el capitalismo ha hecho realidad todas las utopas de la izquierda, pero voltendolas en pesadillas: el dominio de la naturaleza en cambio climtico, la versatilidad de los talentos en flexibilidad laboral y movilidad forzada, el ocio en paro, el voluntariado guevarista en esclavitud complacida. El desempleo y la crisis, en el contexto de una economa de rehenes consumidores, ha generado, en efecto, un ejrcito de voluntarios al servicio de las empresas: miles, millones de jvenes dispuestos a trabajar gratis a mayor gloria del capitalismo. El sacrificio, la entrega, la abnegacin no han dejado de existir; se han desplazado, como polen y gasolina de los intereses privados, a la maquinaria multinacional de la destruccin global. Mientras que el socialismo fracas en la construccin de un hombre nuevo, el capitalismo lo ha hecho realidad en la figura del emprendedor, un tipo desarraigado, radicalmente soltero, que trabaja y consume con ferocidad sectaria, fuera del mundo, entre el jefe y el ombligo.

Uno de los grandes errores de la izquierda ha sido el de creer que, frente al capitalismo y sus horrores, se trataba de crear un hombre nuevo y no de conservar y mejorar el viejo. Para fabricar el suyo, al capitalismo le ha bastado con desmantelar, desmontar, disolver, liberar, con mucha destruccin pero poca represin. Por contra, nuestros grandes modelos morales -revolucionarios puros, insobornables, infatigables, sin deseos ni ambiciones personales- slo podan imponerse socialmente a travs de la dictadura y estaban condenados, en consecuencia, a fracasar estrepitosamente. Los hroes pierden su luz, tan educativa y necesaria, si se convierten en instrumento de humillacin y de castigo para una humanidad que quiere admirarlos, pero que no es capaz siempre de imitarlos.

As lo explicaba, en sntesis luminosa, el gran terico de la tecnologa, Lewis Mumford, en un libro de 1926 sobre las utopas: Al exigir que Pistol y Fasltaff vivan como Cristo el fanatismo religioso impide que estos bribones de nacimiento sean capaces de alcanzar al menos el nivel de un Robin Hood. Mumford extenda la denuncia de este fanatismo a algunas corrientes revolucionarias de izquierdas obsesionadas con la perfeccin moral como condicin de todo cambio estructural. La humanidad mira a Cristo y al Che, cados del cielo, pero se desplaza trabajosamente de Falstaff a Robin Hood; sta es la transformacin a la que podemos aspirar y a la que debemos confiar las revoluciones sociales: de un alegre, bullicioso, juerguista, putaero y ladrn hijo de puta a un bullicioso, juerguista, putaero y ladrn solidario. Ese otro mundo posible que imagino, ms o menos justo y democrtico, sin capitalismo ni patriarcado, homenajear al Che, pero estar compuesto bsicamente de humanos robinhoodescos o robinhoodianos y se reservar algunos Falstaff, ahora inofensivos, porque no habr forma de aniquilarlos (y porque -diablos- tienen tambin su baja grandeza).

Hace unos das me enter con alegra de que se ha iniciado el proceso de beatificacin del escritor ingls G. K. Chesterton y de que el papa Francisco ha autorizado incluso una oracin en su nombre: Dios nuestro Padre, T que has colmado la vida de tu siervo Gilbert Keith Chesterton con ese sentido del asombro y el gozo () haz que su inocencia y su risa () y su amor por todos los hombres, especialmente por los pobres, concedan alegra a aquellos que se hallan sin esperanza. Entre otros milagros que el Vaticano no contabilizar, Chesterton devolvi a muchos ateos la salud mental y lo hizo precisamente mediante esa reivindicacin del hombre comn - Falstaff y Robin Hood- como fuentes y destinatarios de la revolucin, una revolucin que a sus ojos slo poda ser, adems de religiosa, anticapitalista. Si se consuma su elevacin a los altares, ser uno de los santos ms irregulares de la historia: conservador pero no puritano, gran bebedor y fumador, nacionalista anti-imperialista, azote de plutcratas, ser recompensado no por imitar a Cristo sino por imitar un poco a Rabelais y un poco a Pancho Villa. Chesterton siempre prefiri un comunista a un predicador y si se alej de los comunistas fue precisamente por su mana de predicar.

Nuestra situacin hoy es complicada. El centro comercial ofrece un poderoso mito a los rehenes consumidores y al hombre nuevo emprendedor. La Iglesia se apropia al alegre Chesterton y su opcin preferencial por los pobres. La derecha se queda con la soberana, la nacin y las banderas. Qu tenemos en la izquierda? Nada que ofrecer ni al hombre nuevo del capitalismo ni al hombre comn que resiste contra l y cuyos valores movilizan las derechas y acabarn movilizando, a poco que rodemos crisis abajo, los fascismos. Es casi una cuestin de vida o muerte: o la izquierda europea da la batalla del hombre comn o est condenada a abandonar la escena de la historia, como los viejos dinosaurios, para entregrsela al fuego y la destruccin -Monsanto, los curas y Le Pen.

Fuente original: http://www.atlanticaxxii.com/

 




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