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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2014

A propsito del permanente discurso de los medios de comunicacin sobre la inseguridad
Robar

Gustavo Robles
Rebelin


Se dice que la profesin ms antigua del mundo es la prostitucin. Sin embargo, tan vieja como ella al menos, es la prctica que algunos tienen de quedarse con lo que a otros pertenece. Es obvio que las caractersticas propias del ser humano son el caldo de cultivo para que ello ocurra. Las hay del tipo natural, instigadas por la necesidad para subsistir y el instinto de conservacin; pero tambin las hay del tipo cultural, creadas por el desarrollo de la civilizacin y la organizacin social. El constante avance en los logros civilizatorios de la Humanidad, distribuidos de manera arbitraria y desigual, ha modelado esa forma deshonesta de ganarse la vida.

Sin embargo, cuando uno se detiene a analizar hilando un poco ms fino en el asunto, comienza a preguntarse cul es la causa y cul la consecuencia: si la distribucin desigual de los beneficios de los avances en los conocimientos para el manejo de los recursos no tiene que ver con designios msticos o naturales, deben tener que ver la opresin y la apropiacin de la produccin de la riqueza, generada a travs del intelecto y de la fuerza de trabajo para la transformacin de la naturaleza, por parte de unos pocos en detrimento de las mayoras.

Imagino en los albores de la humanidad una tribu viviendo en comunidad, donde los machos se encargaban de cazar y las hembras de reproducir la especie y cuidar a las cras; o ms tarde, con el avance civilizatorio de la agricultura. En ambos casos, ya desde el principio, donde se cazaba o produca con el trabajo conjunto y asociado, no se reparta lo producido en partes equitativas entre sus integrantes, pues siempre alguien, generalmente el ms fuerte fsicamente y con menos escrpulos, se quedaba con lo producido por los dems sin tener que esforzarse trabajando, sino imponiendo su fuerza, apaleando y amedrentando a sus congneres. As naci no slo el robo, sino la explotacin. Y por supuesto, la sociedad de clases

Con el correr de los siglos, esas prcticas se fueron perfeccionando y adquirieron diferentes caractersticas segn en qu sector social se desarrollaran. La apropiacin del producto del sudor de las mayoras por parte de las clases acomodadas fue legitimada por el orden social creado por ellas. Las leyes se pensaban, se escriban y sancionaban en funcin de esa lgica social, dando forma a la institucin Estado, para resguardar los privilegios de los poderosos. Hasta la Fe de millones era cooptada y las jerarquas de las diferentes supersticiones -transformadas en religiones- se acomodaban para pasar a ser herramientas de engao y explotacin. La legalizacin de lo ilegtimo por parte de los que detentan el poder, lleg al extremo de matar para lograr sus objetivos de quedarse con lo que no era suyo: ya sea a un individuo, a un grupo de personas, a un pueblo o a varios pueblos a la vez, todo pas a ser vlido para los que dictan las normas. Las guerras, las invasiones, los genocidios, las colonizaciones, las limpiezas tnicas, fueron justificados por el poder triunfante de turno. Por supuesto, todo aqul que quisiera recuperar algo de lo apropiado por sus explotadores, era considerado un delincuente. Y por supuesto tambin, en el marco en el que la apropiacin era legal de arriba para abajo, haba quienes sin el poder de los poderosos pero con su misma baja calaa de escrpulos, se apoderaban ocasionalmente de lo poco que posean aquellos que pertenecan a su misma clase social. A eso se lo llam, simplemente, robar, y quienes lo llevaban a cabo, ladrones

El advenimiento de formas complejas de organizacin social determin la conformacin no slo de castas y clanes, sino de la representacin poltica de los estados constituidos. En los regmenes monrquicos, feudales o aristocrticos, el funcionariado estatal es explcitamente lacayo de las clases dominantes y no tiene representacin popular pues no hay opcin de elegir para las masas. Con el surgimiento y consolidacin de la hegemona y la democracia burguesas, la conformacin de los partidos polticos y las posibilidades cada vez ms amplias de eleccin popular, la relacin entre la clase dominante (burguesa) y la representacin poltica del Estado tambin se complejiz. Los polticos que se alternan en el manejo de las riendas del Estado (gobierno), al velar por la salud de la organizacin estatal que los ha ungido, tienen entramados sus intereses con los de quienes le dan el carcter de clase a ese Estado (los burgueses): son sus instrumentos. As, pasaron a formar parte de los beneficiados en la apropiacin de las riquezas generadas por los asalariados. La explotacin, las leyes, el comercio, los precios, las tarifas, los impuestos son partes de ese mecanismo. Los dueos de los medios de produccin se enriquecen comerciando entre ellos y con los estados, mientras el funcionariado poltico se constituye en una nueva casta de nuevos ricos, a costa de dietas muy por encima de los salarios de los trabajadores, y de su relacin implcita con los sectores patronales, dispuestos a invertir en ddivas (coimas) hacia ellos para sostener y perfeccionar el sistema que les asegura sus privilegios

Est claro entonces que la accin robar, apropiarse de lo que le pertenece a otros, es la misma en todos los casos, pero, segn qu clase la lleve a cabo, es socialmente aceptada o no. Una es legitimada por las leyes y la otra condenada. Y una es consecuencia de la otra. El paso del tiempo y el acostumbramiento han transformado esta concepcin en Cultura de masas

Eso se ha plasmado a travs de la historia en todas las pocas. Hoy vemos cmo los medios de comunicacin, parte fundamental de la Cultura impuesta por las clases dominantes, se horrorizan ante la accin delincuencial de los pobres que toman ese camino, y nada dicen de la apropiacin constante del sudor de las mayoras asalariadas por parte de sus explotadores, a los que hacen ver como grandes seores. Nadie puede negar que la tan mentada inseguridad existe, aunque en ese sentido ha existido siempre. Pero mientras la denunciada y condenada se lleva las posesiones puntuales de quienes la sufren ocasionalmente, hay otra mucha peor, que es la que llevan a cabo individuos sentados detrs de un escritorio, manejando lujosos automviles y viviendo en ostentosos inmuebles: los dueos de las empresas y su representacin poltica, que se apropian constante, metdica y estructuradamente de las riquezas producidas por los trabajadores. En el concepto que inculcan a travs de sus medios de comunicacin sobre inseguridad, no entran la precarizacin laboral, ni la inaccesibilidad para atender la salud o a la educacin por parte de millones de seres humanos.

En la Argentina actual, en ese sentido, el kirchnerismo se da la mano con los sectores de la explotacin, pues es parte responsable de esas inseguridades no reconocidas como tales. Ha venido a embarrar las cosas, como en todo aspecto de la poltica: mientras dice pelearse con algunos representantes de la burguesa, los sigue enriqueciendo como nadie antes, a la vez que sus lderes amasan enormes fortunas aprovechndose de sus tareas en la funcin pblica, constituyendo claros actos de corrupcin. Una de las caractersticas de la corriente poltica creada por el pejotista Nstor Kirchner es la de generar e imponer un discurso que poco tiene que ver con la realidad. Pero es ms curiosa an la postura que adopta ante la corrupcin de sus funcionarios. As como decide ignorar la inflacin provocada por sus polticas econmicas y ni se permite mencionarla, hace lo mismo ante el latrocinio de los miembros de su troupe, y ataca a los que osan denunciarla. El crecimiento exponencial de las posesiones de sus cuadros y aliados no puede explicarse pero tampoco sealarse ni discutirse. Y esa concepcin se traslada a su militancia y a los sectores populares que lo apoyan: cualquiera que se indigne ante esa magia que transforma en magnates a los funcionarios o sus amigos de un da para el otro, es tildado de gorila. Con lo cual, la lucha contra la corrupcin es desdeada como si no importase y fuese consecuencia inevitable de un ciclo que algunos quieren hacer ver de crecimiento virtuoso-, lo que constituye una aberracin en s misma, para dejarla, encima y ante la vista de las masas, en manos de sectores de derecha, los mismos que jams sealaran a un patrn por enriquecerse a costa de sus obreros

En mi vida me han asaltado simples cacos en infinidad de oportunidades. No olvidar jams la primera vez, cuando una bandita intent despojarme de mi bolso cuando iba caminando a entrenar a las inferiores de Arsenal, all por los 70, detrs del viaducto de Sarand. Varios asaltos en mi casa, en mi laburo, hasta un par de vehculos robados, son experiencias que generan malos tragos con el paso de los aos. Pero les aseguro que nadie, nadie, me ha robado ms en la vida que los patrones que he tenido, los polticos a cargo del Estado Burgus y las empresas monoplicas a las cuales esos canallas han enriquecido a nuestra costa.

Si de verdad alguna vez la Humanidad quiere terminar con la inseguridad que produce el triste arte de robar, deberamos empezar a aleccionar por arriba y no tanto por abajo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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