Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2014

La edad de oro del periodismo?

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traducido para Rebelin por Silvia Arana


Era el ao 1949. Mi madre -conocida en las columnas periodsticas de la poca como "la joven caricaturista de New York"- haca bocetos teatrales por contrato para revistas y peridicos, incluyendo el Brooklyn Eagle. Este diario, que entonces tena ms de un siglo de existencia, solo dur unos pocos aos ms. El poeta Walt Whitman haba sido su editor de 1846 a 1848. En aos posteriores, a mi madre le encantaba contar una ancdota sobre el editor del Eagle -de la poca en que ella trabajaba all. Cuando este supo que yo iba al jardn de infantes Walt Whitman, dijo en el clsico estilo inmortalizado en pelculas como His Girl Friday: "Todava se usa el nombre del viejo bastardo para llamar a las cosas?".

En mi niez, la ciudad de New York estaba llena de peridicos. Entre ellos figuraban el Daily News, el Daily Mirror, el Herald Tribune, el Wall Street Journal... quizs haba nueve o 10 peridicos importantes por da en los quioscos y, aunque esto pueda ser visto como la edad de oro del periodismo, es bueno recordar que varios de ellos ya eran en ese momento amalgamas. El Journal-American, por ejemplo, haba sido antes el Evening Journal y el American; de la misma manera que el World-Telegram & Sun era la conjuncin de tres diarios: el World, el Evening Telegram y el Sun. En mi casa recibamos el New York Times (que para mi desilusin careca de historietas), el New York Post (que entonces no era de derecha sino liberal, con las caricaturas polticas de Pogo y Herblock) y, a veces, el Journal-American (Believe It or Not y The Phantom).

Luego, estaban las revistas: en mi casa, Life, Saturday Evening Post, Look y el New Yorker -mi madre tambin trabajaba para algunas de ellas- y quin sabe qu otra cosa en esa acumulacin de papel. Era un universo de papel impreso, el cambio y la competencia al ms alto nivel flotaban en el aire. Despus de todo, la pantalla (televisiva) estaba entrando de manera avasallante en los hogares norteamericanos. La ma lleg en 1953 cuando el Post le asign a mi madre la tarea de hacer los bocetos de las audiencias del proceso "Army-McCarthy", las cuales -algo nuevo bajo el sol- iban a ser televisadas en vivo por ABC.

Pero, al menos en mi ciudad, pareca existir una edad de oro para las noticias impresas, incluso para el periodismo. Algunos podran decir que ese rtulo est reservado para la era de las rupturas, la dcada de los sesenta, el momento en que surgi el Nuevo Periodismo, cuando una prensa alternativa irrumpi en la escena, y por un momento breve a fines de los sesenta y principios de los setenta, el viejo periodismo se enfoc en revelar masacres, reportando lo peor de la guerra librada por EE.UU., develando los escndalos de Washington y causando la cada de un presidente. Mientras tanto, revistas como Esquire y Harper's se especializaron en una suerte de rebelda fastidiosa y escritura con mucho estilo, que un da se convertira en la marca distintiva del mundo online y de la era del internet. (Todava recuerdo la conmocin que sent al leer la nota de Tom Wolfe "The Kandy-Kolored Tangerine-Flake Streamline Baby" sobre el mundo de los autos "personalizados" por sus dueos. Hizo bramar los motores con su escritura deslumbrante.)

Sin embargo, tuvo que llegar el siglo veintiuno para cambiar drsticamente el mundo periodstico de los cincuenta y llevarlo al basurero de la historia. Me refiero a los aos en que redujeron la pantalla, y la pusieron, primero en tu escritorio; luego en tus manos y posteriormente en tu bolsillo, y en un da no muy lejano, la pondrn en tus lentes -una pantalla hecha de tal forma que te conecte con todas y cada una de las personas del planeta y ellos -ya sea como amigos, enemigos, curiosos, voyeurs, vendedores o compradores corporativos o espas de la NSA. Solo entonces se hizo evidente que, a lo largo de la era de la imprenta, en todos estos aos de imprimir peridicos y de canillitas y de quioscos de venta de diarios, desde Walt Whitman hasta Woodward y Bernstein, el peridico haba recibido un nombre errneo. [Nota de la traductora: La palabra en ingls para "peridico", es newspaper, que significa literalmente "papel de noticias".]

El amor propio de los periodistas impidi una evaluacin clara de qu era exactamente un peridico. Solo entonces [en el siglo XXI] fue completamente evidente que desde el principio, debera haberse llamado "adpaper" (papel de anuncios). Cuando la corporacin y sus "Mad Men" [N. de la T.: referencia a la serie televisiva sobre las agencias de publicidad en la dcada de los cincuenta y sesenta en EE.UU.] que trabajaban en ellos espiaron en internet y vieron cuan conveniente era agrupar audiencias y lo que se poda aprender de sus vidas, preferencias y hbitos ntimos de compra, sobre las maneras de que se puede escudriar datos demogrficos para identificar clientes potenciales detrs de la pantalla omnipresente, los anuncios comenzaron a huir de los medios impresos hacia el mundo online. Fue entonces, por supuesto, que los peridicos (al igual que las revistas) quedaron con redacciones reducidas, extenuadas de trabajo, con fondos que se evaporaban, y las noticias sin anuncios empezaron a reducirse y en algunos casos, a colapsar (lo que no habra sucedido si las noticias hubieran huido).

New York todava tiene cuatro diarios (el Post de Murdoch, el Daily News, el New York Times y el Wall Street Journal). Sin embargo, en aos recientes, muchas ciudades con dos peridicos, como Denver y Seattle, pasaron a tener un nico y debilitado diario, cuando expiraron el Rocky Mountain News y el Seattle Post-Intelligencer (o pasaron a tener una vida exclusivamente digital). Mientras tanto, el Detroit News y el Detroit Free Press cambiaron a una edicin impresa de tres das a la semana al igual que el Times Picayune de Nueva Orlens (antes de retornar a cuatro das a la semana como Picayune y tres das a la semana en el formato de tabloide en 2013). El Christian Science Monitor dej de publicar un ejemplar semanal. Y as muchos otros. En esos aos, los anuncios en los peridicos recibieron un fuerte golpe, la circulacin baj, a veces estrepitosamente, y las bancarrotas estuvieron a la orden del da.

Las secciones con menor auto-financiamiento, como las reseas de libros, simplemente se evaporaron y en el diario de importancia donde qued la resea de libros, el New York Times, fue de forma reducida. Las revistas dominicales se achicaron. Algunos multimillonarios comenzaron a comprar peridicos a precio de remate, como por capricho. Se recortaron drsticamente los puestos de trabajo en las redacciones (al igual que en los noticieros televisivos, por ejemplo, el programa Nightly News with Brian Williams de NBC, en el que a menudo uno tiene la impresin de que el respetable Richard Engel, con el ttulo de jefe de corresponsales en el extranjero es el nico "corresponsal en el extranjero" que sigue en el trabajo, y que est continuamente viajando de un sitio en conflicto a otro a travs del mundo).

No existe la menor duda de que si eres un reportero establecido de una cierta edad o cualquier otra persona que trabaje en una sala de redaccin, podas constatar que esta es la "edad de aluminio" del periodismo. Tu trabajo podra estar en riesgo, probablemente igual que tu pensin. En esos aos, impactados por lo que les estaba sucediendo, la administracin de los peridicos se qued paralizada, como el proverbial venado ante las luces enceguecedoras, cuando el barullo del internet los apabull, convirtiendo sus pginas de opinin en las hermanas no queridas del mundo de la lectura. Luego, en la carrera ciega para salvar lo que sea posible salvar, recapturar los anuncios, o buscar cualquier otro camino hacia un nuevo modelo que de ganancias, desde la publicidad digital (decepcionante) hasta pagar por "paredes" (con resultados mixtos), los peridicos lanzaron ediciones online. En el proceso, duplicaron el trabajo de los periodistas y editores que quedaron, que ahora tenan que producir el viejo y el nuevo peridico.

El peor de los tiempos... el mejor de los tiempos

De muchas maneras, ha sido y sigue siendo una triste, e incluso horrorosa, crnica de una prdida. (Algo similar con lo que ocurre con el libro impreso, cuya nica ventaja fue la de carecer de publicidad que se fuera de ellos, pero sufri de igual manera - expulsado de los peridicos como un producto que no da ganancias y sumido en estado de inconciencia por un bombardeo de nuevas opciones de lectura y entretenimiento. Y digo esto como alguien que ha pasado la mayor parte de su vida como editor de libros impresos.) Los lamentos y el duelo sobre la cada del periodismo en los medios impresos duraron aos. Es una situacin que representa -dependiendo de quin cuenta la historia- el fin de una era, la cada de todos los estndares o la prdida del espritu cvico y de una suerte de reportaje investigativo que podra encauzar hacia un comportamiento honesto a ms polticos y ejecutivos de corporaciones, y etctera, etctera.

Debemos admitir que los pecados del internet son numerosos y bien conocidos: los programas masivos de vigilancia gubernamental; la vigilancia corporativa; la prdida de privacidad; los fraudes y trolls; las teoras conspiracionistas; los hombres furiosos y los personajes raros a los que les otorga un momento de fama aparentemente interminable; y la manera, entre otras cosas, que tiende a reforzar con un "like" ("me gusta") una cadena de opinin. S, s, es cierto, es terrible, te destruye los nervios.

Como editor de TomDispatch.com, he pasado la ltima dcada sumergido en ese mundo, a menudo con gente cuya edad era la mitad de la ma e incluso ms jvenes. No uso Twitter. No tengo un Kindle ni ningn otro equivalente. Ni siquiera tengo un telfono inteligente ni un tablet ni nada por el estilo. Cuando algo, cualquier cosa, no funciona bien en mi computadora me siento como un condenado en un universo forneo, extraando la ltima mquina que entend (una mquina de escribir), y a merced de la ayuda de mi hija.

Me he sentido abrumado, especialmente en el punto crucial de los aos de Bush, con los mensajes electrnicos enviados en cadena -a veces, cientos de ellos- con tono amenazante. He recibido muchas amenazas. He recibido e-mails "crticos" (abusivos), descargas de ira que impactaran a cualquier persona, porque el internet, segn mi experiencia, hace que la gente pierda las inhibiciones, elimina tabes y estimula un sentido de anonimato, caractersticas que hubieran sido imposibles en el viejo mundo de la palabra impresa, cartas o reuniones en persona. He visto muchas cosas perturbadoras. Bueno, se podra pensar que dada mi edad, mi experiencia y mi vida actual, yo podra extraar y sufrir por todo lo que hemos perdido.

Pero, sin embargo, debo admitir que tengo otra percepcin, a un nivel puramente personal, por sobretodo lo que he mencionado arriba. Creo que nunca hubo un momento experimental como este, en trminos de periodismo, de expresin, de reportaje de calidad y de escritura excelente, de un amplio rango de noticias, opiniones, perspectivas y puntos de vista sobre lugares, mundos y fenmenos que no hubiera conocido de otra manera. Estoy deslumbrado. A pesar de todo, a pesar de las intenciones malignas que usan el internet, yo lo considero una maravilla de nuestra era. S, quizs sea la era infernal para los reporteros (y editores) tradicionales que trabajan doble jornada, en las ediciones online e impresa, para los peridicos que estn tambaleando, pero para los lectores, puede existir alguna duda de que es ahora -y no en las dcadas de 1840 ni 1930 ni 1960- la edad de oro del periodismo?

Lo podemos visualizar como el hermano mellizo positivo de la vigilancia de la NSA. As como la NSA puede llegar hasta todos, as tambin de una manera diferente t tambin puedes hacerlo. Esto significa, que si tienes un sitio web, cualquiera podra, al menos tericamente, hallarte y leer tus noticias. (Y en mi propia experiencia, a menudo me siento maravillado de quienes pueden hacerlo y lo hacen!) Y t, lector, tienes acceso a una cantidad de textos del ms alto nivel de todo el planeta. Puedes leer escritos de todo el mundo casi sin lmites, seguir a tus escritores favoritos hasta el ltimo rincn de la Tierra.

El problema de este momento no es demasiado pequeo. No es un mundo en colapso. Es demasiado grande. Estos das, de una manera previamente imposible de imaginar, es posible ahogarse en artculos y reportajes con ideas estimulantes y clarificadoras. De hecho, te desafo a que en 2014, cualquiera sea tu tpico de inters y tu nivel de experiencia, sigas trabajando en ello.

El auge de los lectores

En la "edad de oro del periodismo", esto es lo que haca: En los sesenta y principios de los setenta, lea el New York Times (como lo sigo haciendo con la edicin impresa a diario), varias revistas desde el New Yorker y Ramparts hasta peridicos "underground" como el Great Speckled Bird cuando lo hallaba a mano, y el I. F. Stone's Weekly (al que tena una suscripcin), al igual que Hard Times de James Ridgeway y Andrew Kipkind y otros ms. Tambin tena una suscripcin a una publicacin semanal que inclua lo mejor del Guardian, el Washington Post y Le Monde. Eso cubra un amplio rango.

Pero los lmites de esa poca de "oro" no podran ser ms obvios en la actualidad. Hoy, despus de todo, si quisiera podra leer cada palabra del Guardian, el Washington Post y Le Monde (aunque mi francs sea muy endeble para hacerlo). Y esto podra hacerlo cada da, y esto a su vez, es nada.

Se trata de todo lo que existe a tu alcance. La mayora de los diarios y revistas del mundo, publicaciones especializadas, propaganda, boletines del Pentgono, blogs con opiniones radicales, sitios web especializados, sitios web personales de expertos, sitios web para todas las reas, desde historia, teologa, filosofa, hasta tecnologa y literatura, y tambin sobre periodismo. Puedes leer toda la prensa de EE.UU. y del mundo. [...]

Podras, esencialmente, armar tu propio peridico (o revista) una vez o dos, tres, seis veces al da. O -una ventaja particular en este ocano de palabras- puedes dejarle esta tarea a un nuevo grupo de gente que tiene una capacidad especial para recolectar informacin valiosa y una fascinante perspectiva editorial. Hablo de equipos -que yo llamo "sitios insurreccionales" -por la profusin de titulares que exhiben como Antiwar.com (donde no pasa desapercibido ningn artculo que merezca ser ledo sobre algn conflicto) o Real Clear Politics (sobre noticias internacionales, tecnologa, energa, etc., etc., etc.). Es posible subscribirse a un casi ilimitado abanico de boletines en internet enfocados en tpicos especficos, como el "resumen de la maana", que recibo diariamente con recomendaciones de notas sobre la guerra ciberntica, el terrorismo o la vigilancia de sitios como el Center on National Security at Fordham Law School. Y para qu hablar de la versin online de tu revista favorita o de revistas online como Salon.com, o los innumerables sitios web que leo con frecuencia como Truthout, Alternet, Commondreams y Truthdig.

De hecho, nunca hubo un momento como este en lo que respecta al periodismo y al reportaje mundial. Punto. Por primera vez en la historia, t y yo tenemos la posicin de editor de un peridico. Hemos dejado de ser lectores pasivos sujetos a la idea de otra persona sobre cmo reportar o cmo organizar una publicicacin y sus numerosas partes. En un grado u otro, segn el tiempo, la curiosidad o la energa que cada uno tenga, todos tenemos la oportunidad de moldear, reimaginar y entender el mundo desde nuevas perspectivas.

S, es un universo periodstico infernal, una verdadera pesadilla; y sin embargo, es tambin un mundo experimental, algo emocionante, inesperadamente nuevo bajo el sol. Para el lector, ha surgido una nueva Era de la Palabra, que es extraamente democrtica e igualitaria. Es catica; es demasiado; y no nos equivoquemos, tambin es una mezcla inestable que podra transformarse en quin sabe qu. Pero, quizs algn da, a pesar de sus horrores y fallos, ser recordada, al menos por un breve momento histrico, como la edad de oro del lector, una poca en que todas las palabras que pudieras necesitar estaban disponibles gratis para armar tus propias lecturas. Tenlo en cuenta. No lo olvides.

Tom Engelhardt, es co-fundador de American Empire Project y autor de The United States of Fear al igual que de The End of Victory Culture , una historia de la Guerra Fra; dirige el blog del Instituto de The Nation, TomDispatch.com . Terminator Planet: The First History of Drone Warfare, 2001-2050 se titula su ltimo libro, escrito con Nick Turse.

Copyright 2014 Tom Engelhardt

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175796/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter