Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-01-2014

Dualidades de Amrica Latina (I)
Economa y clases

Claudio Katz
Rebelin


En la ltima dcada Amrica Latina gan autonoma o reforz su condicin dependiente? Ampli o redujo su margen de soberana? Afronta la crisis econmica global con ms proteccin o ms desamparo?

La evolucin de Sudamrica brinda muchos argumentos para las tesis de la autonoma y el curso de Centroamrica para el diagnstico de la dependencia. La misma contraposicin se verifica si se generaliza el sendero que transita Venezuela o Mxico. Los nuevos mrgenes de independencia de la regin cobran relevancia, cuando se pone el acento en la dimensin geopoltica y la reinsercin perifrica salta a la vista, cuando se prioriza la evaluacin econmica.

Pos-liberalismo y Consenso de commodities son do s conceptos que sintetizan ambas miradas. La primera nocin remarca la vigencia de una nueva etapa signada por la poltica exterior independiente, la multiplicacin de gobiernos progresistas y el retroceso de la derecha [2] .  El segundo trmino resalta el reforzamiento uniforme de modelos centrados en la exportacin de bienes primarios [3] .

Cul es la caracterizacin acertada? La respuesta exige evaluar las grandes transformaciones econmicas, sociales y polticas registradas en la regin, durante las ltimas dos dcadas.

AGRO-EXPORTACION Y MINERIA

La reestructuracin neoliberal en Amrica Latina afianz desde los aos 80 un patrn de especializacin exportadora que recrea la insercin internacional de la regin como proveedora de productos bsicos.

Esta renovada gravitacin de las commodities ha implicado una profunda transformacin en el agro, basada en la promocin de cultivos de exportacin en desmedro del abastecimiento local. En todos los pases se reforz un empresariado que maneja los negocios rurales con criterios capitalistas de acumulacin intensiva. La vieja oligarqua encabez esta reconversin, en estrecha asociacin con las grandes compaas del agrobusiness.

Los pequeos productores soportan encarecimiento de los insumos, mayor presin competitiva y creciente transferencia de riesgos, a travs de contratos amoldados a las reglas de la exportacin. Deben adaptar su actividad a nuevas exigencias de refrigeracin, transporte e insumos agro-qumicos, para generar productos amoldados al marketing global. Frecuentemente se endeudan, venden la tierra y terminan engrosando la masa de excluidos que emigra a las ciudades.

Esta presin por elevar los rendimientos socava las reminiscencias de la agricultura no capitalista y diluye las viejas discusiones sobre la articulacin de distintos modos de produccin en este sector. Bajo la disciplina que impone la demanda externa se reducen las fronteras entre el sector primario y secundario y se ampla la gravitacin del trabajo asalariado con modalidades tayloristas.

La soja es un tpico ejemplo de este nuevo esquema agrcola. Se ha difundido en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, destruyendo otros cultivos, mediante un modelo transgnico de siembra directa y dependencia de Monsanto como proveedor de semillas. Como requiere poca fuerza laboral para producir aceite o alimentos de animales, genera un slo empleo cada 100-500 hectreas [4] .

Pero la misma mutacin se verifica en otras regiones y productos. Las frutas y vinos de Chile se elaboran con nuevos parmetros de venta externa, que incrementan la concentracin rural y multiplican la sub-contratacin de trabajadores temporarios. Las flores en Ecuador y Colombia se cultivan con tcnicas intensivas de irrigacin y elevada explotacin de la mano de obra femenina, desplazando la produccin alimenticia tradicional. Los nuevos vegetales de invierno en las plantaciones de Centroamrica se exportan a costa de la produccin tradicional y ya han generando un dramtico incremento de la importacin de alimentos bsicos [5] .

Esta misma especializacin en exportaciones primarias se verifica en la minera con la nueva modalidad de explotaciones a cielo abierto. Para extraer mineral se dinamitan montaas y las rocas son disueltas por medio de compuestos qumicos (fracking). Como estas tcnicas reemplazan al viejo socavn y necesitan mayor inversin se ha potenciado la presencia de compaas extranjeras, que obtienen cuantiosas ganancias tributando bajos gravmenes. Las empresas de Canad -mixturadas con australianos, belgas, suecos y estadounidenses- controlan la mayor parte de esos emprendimientos.

Chile es un paraso de esta actividad. El cobre ya no es extrado slo por la estatal CODELCO. Tambin participan otras compaas que pagan bajos impuestos (7,8%) y obtienen elevadsimas rentabilidades (50%). Lo mismo ocurre en Per, que desarroll un proyecto de alcance extractivo gigantesco en la regin de Conga [6] .

Esta minera utiliza enormes volmenes de agua que afectan a los emprendimientos agrcolas y amplan la contaminacin. Se refuerzan as las calamidades ambientales que soporta la regin, ante la desaparicin de los glaciares andinos, la sabanizacin de la cuenca amaznica y las inundaciones costeras. El extractivismo exportador acenta todos los efectos del cambio climtico [7] .

RETROCESO INDUSTRIAL

El declive industrial es la otra cara del auge agro-minero. El peso del sector secundario en el PBI latinoamericano descendi del 12,7% (1970-74) al 6,4% (2002-06) y la brecha con la industria asitica se ha ensanchado en produccin, productividad, tecnologa, registro de patentes y gastos en Inversin y Desarrollo [8] .

Este retroceso es frecuentemente identificado con la reprimarizacin de la economa latinoamericana. Pero la industria no desaparece y ms acertado es sealar su readaptacin a un nuevo ciclo reproductivo dependiente. El repliegue es muy evidente en Brasil y Argentina, las dos economas ms representativas de la industrializacin de posguerra.

En el primer pas la productividad decrece, los costos aumentan y el dficit industrial externo se expande, en un marco de inversiones estancadas e infraestructuras de energa y transporte muy deterioradas. Algunos analistas estiman que el aparato industrial brasileo ha quedado reducido a la mitad de la dimensin que alcanz en los aos 80 [9] .

La misma regresin se verifica en la industria argentina, a pesar de la recuperacin registrada en la ltima dcada. Este sector ocupa un lugar menor que en los 80 (del 23% al 17% del PBI) y se encuentra altamente concentrado en cinco sectores, con predominio extranjero, importaciones crecientes y baja integracin de componentes nacionales.

En Mxico, la industria tradicional -erigida durante la sustitucin de importaciones para abastecer al mercado local- ha sido reemplazada por el auge de las maquilas, en las zonas francas. Este tipo de fbricas jerarquizan la exportacin y operan a travs de redes adaptadas a las normas de la acumulacin flexible. Comenzaron con la indumentaria y la electrnica, se expandieron a la rama automotriz y ya representan el 20% del PBI mexicano. En la frontera de Estados Unidos se ubica la localizacin emblemtica de este modelo. Las 50 plantas iniciales (1965) se multiplicaron a 3000 fbricas mellizas (2004), asentadas a ambos lados de la zona limtrofe.

Al desenvolverse como ensambladoras con reducida calificacin laboral, estas fbricas contienen muchos rasgos de la especializacin bsica que afecta a toda la economa latinoamericana. Su principal insumo es la baratura de la fuerza de trabajo.

Las empresas lucran con el reclutamiento de trabajadores provenientes de las zonas rurales y criminalizan la sindicalizacin. Mientras que la productividad se asemeja a los niveles vigentes en las casas matrices, los salarios son varias veces inferiores a la media estadounidense y se ubican por debajo del sector agremiado mexicano.

Este cimiento del modelo en la explotacin laboral es ms visible en la nueva generacin de empresas localizadas en Repblica Dominicana, Guatemala u Honduras. All contratan jvenes sometidos a una disciplina agobiante. La presin por aumentar la productividad es permanentemente recreada por la competencia asitica.

REMESAS Y TURISMO

El modelo de especializacin en exportaciones bsicas crea poco empleo, acenta la emigracin y ha generado en los pequeos pases de la regin un nuevo tipo de dependencia en torno a las remesas.

Amrica Latina es la mayor receptora de estos fondos, que constituyen el principal ingreso de Repblica Dominicana, El Salvador, Guatemala, Guyana, Hait, Honduras, Jamaica y Nicaragua. Estas transferencias son la segunda fuente de divisas para Belice, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay y Surinam. Han sustituido la primaca del caf en El Salvador y de las bananas en Honduras [10] .

Con las remesas se estabiliza una indita situacin dual de ingresos producidos en un pas y consumidos en otro. La fuerza de trabajo remunerada en un punto solventa la reproduccin de sus semejantes de otra zona. La comunicacin global y el abaratamiento del transporte han creado un espacio multinacional estable de personas que viven al mismo tiempo en dos mundos, puesto que la conexin del inmigrante con su localidad de origen se mantiene, forjando un doble patrn de vida en ciertas comunidades [11] .

Este proceso potencia la fractura entre pases que exportan poblacin sobrante y economas que absorben selectivamente ese flujo. Los movimientos son multidireccionales, pero las regiones abandonadas y los destinos ambicionados son siempre los mismos, como lo prueban los 30 millones de latinos actualmente afincados en Estados Unidos.

Tambin el turismo se ha tornado esencial para la supervivencia de los pequeos pases de la regin. Este servicio ya desplaz a las bananas como principal exportacin de Costa Rica y es la segunda actividad de Honduras, Guatemala y el Caribe. A partir de la estandarizacin de las prestaciones, Amrica Latina se ha tornado atractiva por su disponibilidad de fuerza de trabajo barata, sus ambientes naturales propicios y su valorado patrimonio cultural.

El capitalismo neoliberal reemplaz las viejas reglas del turismo social por criterios individualistas, que naturalizan la divisin entre ricos (con derecho a descansar) y pobres (con obligacin de servir). Los medios de comunicacin realzan la atraccin de lo extico, homogenizan la cultura y han convertido al Tercer Mundo en una periferia del placer.

La clase media accede a estas nuevas experiencias internalizando los mitos del libre-comercio, sin registrar la creciente desigualdad que rodea a este negocio. Al reavivar el racismo y el elitismo, el turismo global tiene un impacto ideolgico muy significativo.

PERSISTENCIA DEL MODELO

La mundializacin neoliberal ha reconvertido a Latinoamrica en una economa con alta centralidad de la agro-exportacin, la minera y los servicios, a costa del desarrollo industrial. Pero lo ms llamativo es la continuidad de tendencias en el reciente perodo de crisis global.

Esta persistencia obedece al efecto intermedio del temblor financiero mundial sobre la regin. Tanto en el perodo previo a la crisis (2003-2008) como en la fase posterior (2008-2013), la tasa de crecimiento latinoamericana se ha ubicado por encima de la media internacional. Ese promedio ha declinado en los ltimos aos sin tornarse irrisorio. Rondara el 3,2% en el 2013 frente al 3% del ao anterior [12] .

En comparacin a los devastadores colapsos sufridos entre 1980 y 2003, la crisis tuvo hasta ahora un efecto limitado sobre Amrica Latina. No se produjeron quiebras de bancos, ni explosiones de la deuda externa. Esta neutralizacin fue ms significativa en el sur que en el centro de la regin, pero distingue a la regin de la fuerte recesin registrada en los pases centrales .

El contraste con la depresin del 30 es ilustrativo. Durante ese colapso las exportaciones de Amrica Latina declinaron un 65% y las importaciones un 37%, mientras que el grueso de los pases sufri un desmoronamiento financiero, que los oblig a suspender el pago de la deuda externa. Esa cada se revirti con el encarecimiento de las exportaciones y la acumulacin de reservas que acompa a la Segunda Guerra Mundial [13] .

La continuidad del patrn de especializacin exportadora ha sido tambin facilitada por el alto nivel de precios que mantienen las commodities. Estas cotizaciones cayeron en el 2008, pero se recuperaron rpidamente. La mejora de los trminos de intercambio ha subsistido, con la triplicacin de l os precios de las materias primas registrada en la ltima dcada. El petrleo duplic su cotizacin, el cobre se quintuplic y la soja subi dos veces y media. Esta apreciacin incentiv a su vez un incremento del 55% del volumen exportado [14] .

Existen interpretaciones divergentes sobre las causas de este repunte de las materias primas. Algunas explicaciones remarcan la incidencia de los movimientos especulativo-financieros, otras caracterizaciones destacan la expansin de los agro-combustibles y un tercer enfoque considera que la demanda china ha establecido un nuevo piso de cotizaciones. Pero cualquiera sea la duracin de este proceso ha incentivado la profundizacin de las transformaciones neoliberales precedentes.

Finalmente, l a afluencia de inversiones extranjeras ha operado como determinante de la continuidad de tendencias. Esos ingresos totalizaron 173.000 millones de dlares en el 2012, superando en un 6% los porcentuales del ao anterior y duplicando los montos de principio de la dcada. Los capitales ingresados y la valorizacin de las exportaciones facilitaron el incremento de las reservas y una reduccin del ratio del endeudamiento [15] .

El retrato de las ltimas dcadas y de la crisis reciente corrobora el diagnstico que resalta la centralidad de las commodities en las economas latinoamericanas. Por esta gravitacin la regin luce menos vulnerable en la coyuntura (balance de pagos, reservas, deuda), pero ha incrementado su fragilidad estructural.

LOS CAMBIOS POR ARRIBA

La consolidacin de la regin como exportadora de productos bsicos ha impactado tambin sobre el perfil de las clases dominantes, reforzando la conversin de la vieja burguesa nacional en burguesa local. El primer molde corresponda a los industriales que fabricaban para el mercado interno, con proteccin aduanera y subsidios que privilegiaban la expansin de la demanda. El segundo perfil es propio de un sector que ya no restringe su actividad a la manufactura, ni pregona desarrollos auto-centrados. Promueve ms la exportacin que el mercado interno y prefiere la reduccin de costos a la ampliacin del consumo.

Esta transformacin acentu el enriquecimiento de una elite de millonarios. Algunos apellidos emblemticos de este ascenso son Slim (Mxico), Cisneros (Venezuela), Noboa (Ecuador), Santo Domingo (Colombia), Andrnico Lucski (Chile), Bulgheroni, Rocca, (Argentina), Lemann, Safra, Moraer (Brasil). Sus fortunas se remontan al pasado, pero registraron un gran incremento con los negocios de exportacin de las ltimas dcadas.

En su conjunto los capitalistas latinoamericanos constituyen un sector minoritario de la poblacin. Existe un enorme divorcio entre su poder y el nmero de sus integrantes. Los propietarios y receptores de utilidades de las empresas no superan el 1-2% de la poblacin econmica activa. Este porcentaje se incrementa al 10%, si se incluye a los ejecutivos y profesionales que administran y controlan la fuerza de trabajo o ejercen algn rol estratgico en las compaas. A travs de esas funciones participan en la confiscacin del trabajo ajeno [16] .

La reconversin de las ltimas dcadas aument la concentracin e internacionalizacin de los principales grupos capitalistas, que se afianzaron como conglomerados regionalizados. Surgieron las nuevas empresas Multilatinas, a partir de familias adineradas que expandieron sus compaas, con gerenciamiento global y prioridades regionales. Los conglomerados de Brasil y Mxico encabezan esta tendencia, secundados por Argentina y Chile.

La tradicional diversidad entre fracciones agro-mineras, industriales y bancarias no ha desaparecido, pero el entrelazamiento aument como consecuencia de la gran presin competitiva que introdujo la mundializacin neoliberal. Esa rivalidad modific la composicin de las principales 500 empresas latinoamericanas. Entre 1991y 2001 decay la participacin de empresas estatales (de 20% al 9%) y se increment el peso de las extranjeras (27% a 39%) [17] .

Los grupos locales reorganizaron su actividad con mayor financiacin externa y capitalizacin burstil. Este ingreso a los mercados de valores coincidi con el incremento de acciones circulantes en los denominados pases en desarrollo (de 80.000 millones de dlares en 1981 a 5 billones en el 2005). Por esa va aument la penetracin del capital internacional en la estructura propietaria de las empresas latinoamericanas.

Las compaas actuales son ms poderosas, pero la clase capitalista de la regin no remont su papel global secundario y perdi posiciones frente a los nuevos competidores de Oriente. Ese resultado ha sido congruente con su especializacin en ramas bsicas y su distanciamiento de las actividades ms elaboradas. Por esa razn la brecha industrial con el Sudeste Asitico se transform en una fractura irreductible.

La burguesa local ha estrechado vnculos con el capital extranjero, pero no desaparece como un segmento diferenciado. Mantiene pretensiones de acumulacin propia que desbordan el marco nacional y se proyectan al escenario regional. Se han forjado burguesas ms asociadas con empresas forneas, afianzando un proceso que comenz en los 60 en Brasil, continu en los 80 en Argentina y se consolid en los 90 en Mxico. Este sector dej atrs su debut industrial y se extendi a la agro-minera y los servicios [18] .

La reciente incorporacin de Mxico, Brasil y Argentina al G 20 marca otro salto en la relacin de las burguesas actuales con el capital extranjero. Pero entre ambos sectores existe una relacin de cooperacin antagnica, que combina el estrechamiento de las conexiones con el mantenimiento de las diferencias entre el socio mayor del Norte y el empresariado menor del Sur [19] .

Aunque los negocios con el capital forneo se han multiplicado, el pas de origen persiste como base de operaciones, fuente privilegiada de las ganancias y centro de las decisiones de las burguesas locales . La internacionalizacin de los crditos, los mercados, y la propiedad accionaria, no anula el carcter localmente territorializado de los principales grupos capitalistas.

CLASIFICACIONES ERRNEAS

Las burguesas locales y asociadas que encabezan la especializacin exportadora compartiendo beneficios con las empresas forneas, no conforman una nueva oligarqua. Los rasgos pre-capitalistas que caracterizaban a ese sector se extinguen, junto al avance de los procesos de capitalizacin. Las viejas elites latinoamericanas -que recurran a modalidades arcaicas de explotacin y dominacin para usufructuar de sus propiedades agro-mineras- pierden peso.

Algunos enfoques subrayan el carcter transnacionalizado de los grupos dominantes que optaron por globalizar sus negocios [20] . Pero aqu se confunde la asociacin con la fusin, olvidando que la internacionalizacin en curso se desenvuelve a partir de clases y estados existentes. La mundializacin neoliberal no anula esas estructuras, ni tampoco elimina el entrelazamiento prioritario entre los capitalistas del mismo origen nacional.

La transnacionalizacin plena se encuentra por el momento limitada a sectores cosmopolitas gerenciales o fracciones de la alta burocracia de los organismos mundializados. La propiedad de las empresas se mantiene, en cambio, enraizada en zonas geogrficas diferenciadas y los estados nacionales persisten como el nico instrumento con cierta legitimidad para disciplinar a los trabajadores.

Las burguesas locales latinoamericanas no son satlites manipuladas por las metrpolis. Actan como clases capitalistas, que combinan el usufructo de la renta agro-minera con la plusvala extrada a los trabajadores. Se comportan como clases dominantes y no como capas parasitarias, compradoras o tributarias del capital forneo. Su incapacidad para desarrollar la regin no implica desinters por ese objetivo.

La economa latinoamericana est regida por patrones de competencia, inversin y explotacin. Como esas normas difieren significativamente del pillaje es una simplificacin utilizar el mote de lumpen-burguesa para retratar a la burguesa [21] .

Es a denominacin slo corresponde a sectores que acumulan capital en los mrgenes del circuito legal. El narcotrfico, por ejemplo, obtiene fortunas en la criminalidad y blanquea parcialmente esos ingresos en actividades financieras o productivas. Pero conforma un segmento marginal y no integrado al club estable de los dominadores.

Tambin es errneo generalizar situaciones propias de los pequeos enclaves. Amrica Latina constituye una unidad analtica, pero las caracterizaciones referidas a Honduras o Panam no valen para Brasil. Slo en los primeros casos prevalecen burguesas neo-coloniales teledirigidas por Washington.

El giro hacia las commoditie torna ms ntido el perfil de l os opresores latinoamericanos. Son capitalistas que explotan econmicamente a los asalariados, burgueses que someten polticamente a los trabajadores y dominadores que subordinan ideolgicamente a los dominados. Desenvuelven las mismas funciones que sus pares de otros puntos del planeta.

Pero cargan tambin con la dbil autoridad de un sector que no lider luchas nacionales, no coopt personal significativo a su dominacin y no facilit la movilidad de las clases medias. Tambin estas flaquezas se han potenciado bajo el nuevo patrn de acumulacin de especializacin exportadora.

LOS CAMBIOS POR ABAJO

 

Las transformaciones de la estructura social latinoamericana han alterado tambin la configuracin de las clases dominadas. Como un eje de este cambio se localiza en el agro se verifica una prdida de cohesin del viejo campesinado, afectado por el creciente xodo hacia los centros urbanos. Por esta razn las tensiones en el agro presentan otro cariz.

El viejo latifundio que recreaba la miseria campesina obstruyendo la gestacin de una burguesa agraria, decae frente a las empresas capitalistas que despojan al agricultor de sus tierras, contratan asalariados precarios y fuerzan el trnsito hacia las ciudades.

Este desplazamiento engrosa la masa de excluidos urbanos con poco trabajo e nfimos ingresos, en un marco de pocas salidas laborales para la poblacin excedente de Amrica Latina. Por eso la informalidad se afirma como norma, tanto en la recesin como en la prosperidad de las economas extractivistas.

La emigracin -que fue la vlvula de escape para los desequilibrios de la acumulacin europea en varios momentos del siglo XIX y XX- solo aporta pequeos desahogos en la actualidad. L os jvenes de la regin no encuentran empleo en sus pases, ni el exterior. Tienen simultneamente vedado e l arraigo y la emigracin.

Una consecuencia directa de esta exclusin es el incremento exponencial de la criminalidad. La narco-economa se ha convertido en un refugio de supervivencia para los sectores empujados a la marginalidad. En la regin se registra la tasa de homicidios ms alta del mundo. La delincuencia crece junto a la fractura social y la obscena promocin de los consumos y placeres que disfrutan los enriquecidos.

Como el modelo extractivo crea empleos de baja calidad, la precarizacin laboral supera en Amrica Latina los promedios de los pases centrales. Esa informalidad ya no se recrea en los circuitos agrarios pre-capitalistas, ni en la reproduccin familiar de la fuerza de trabajo. Se extiende junto a la penetracin del capitalismo en todas las esferas de la vida social. Algunas investigaciones estiman que el sector precarizado rene al 46% de los trabajadores latinoamericanos [22] .

Otro dato clave es la extensin de la pobreza, que en Amrica Latina desborda al sector informal. Afecta tambin a un amplio segmento de los trabajadores estables. A diferencia del grueso de las economas desarrolladas, el universo de los individuos con ingresos inferiores a la satisfaccin de las necesidades bsicas no se limita aqu a los excluidos. Se extiende a los trabajadores explotados de las empresas modernas. El porcentual de nios pobres ( 45% del total) es ilustrativo de la magnitud de este flagelo [23] .

La extensin de la informalidad es tambin consecuencia de las maquilas y la regresin industrial. En el escenario manufacturero regional, la aceleracin del cambio tecnolgico incrementa la segmentacin entre trabajadores especializados y descalificados. Los cargos estables con proteccin social decrecen, en comparacin a los puestos de contratados sin ningn resguardo.

La magnitud de esta fractura es el rasgo descollante del mercado laboral. El tpico operario masculino y sindicalizado de posguerra tiende a ser sustituido por trabajadoras femeninas ms flexibilizadas. Este declive de los sectores formales es maysculo en las maquilas. La propia ampliacin de la clase obrera industrial ha perdido el mpetu precedente. El proletariado fabril no se extingue, pero su incidencia ha disminuido.

En el modelo actual de exportaciones primarias persiste la tradicional estrechez de la clase media latinoamericana en comparacin a los pases avanzados. Este segmento contina aportando un colchn muy exiguo, al abismo que separa a los acaudalados de los empobrecidos. Adems, perdura la vieja clase media frente a los nuevos segmentos de esa categora. Subsisten muchas franjas de pequeos comerciantes y cuentapropistas y crecen poco los profesionales o tcnicos altamente calificados. Este infradesarrollo es acorde a la estrechez de la industria.

Ciertamente los sectores medios amplan su consumo con la ampliacin del crdito, la publicidad y el arribo de las grandes cadenas comerciales. Pero en economas tan atadas la exportacin de productos bsicos, los cimientos productivos del poder adquisitivo son muy frgiles.

Muchos analistas igualmente destacan la reduccin de la pobreza, el desempleo y la desigualdad durante la ltima dcada, sin registrar el estrecho alcance de una mejora derivada del repunte cclico del nivel de actividad.

Lo ms novedoso ha sido la generalizacin de la asistencia social para atemperar la pobreza. Pero los auxilios oficiales slo han protegido transitoriamente a los desamparados, sin alterar las causas del problema. Estos planes coexisten con la precarizacin y convalidan la segmentacin laboral.

Por otra parte, la leve disminucin de la desigualdad no modifica el lugar que ocupa la regin al tope de los indicadores globales de inequidad . El coeficiente de Gini que mide esta polarizacin supera en la zona (51,6) a la media mundial (39,5), duplica los promedios de las economas avanzadas e incluye a los cuatro pases que encabezan el barmetro mundial (Colombia, Bolivia, Honduras, Brasil). El ingreso del 20% ms rico de la poblacin latinoamericana supera en casi 20 veces al 20% ms pobre [24] .

EXPLICACIONES CON PROBLEMAS

El diagnstico pos-liberal no condice con el contexto econmico actual de Latinoamrica. En toda la regin prevalece un esquema de especializacin productiva, basado en la agro-exportacin, la minera de cielo abierto, el declive de la industria tradicional, las remesas y el turismo. Este molde implica una generalizada reinsercin perifrica o semiperifrica en la divisin internacional del trabajo.

En consonancia con estas tendencias gestadas durante el neoliberalismo se ha reforzado la transformacin de las burguesas nacionales en burguesas locales, ms internacionalizadas y asociadas con el capital extranjero. El mismo cambio ha potenciado el xodo campesino, la precarizacin laboral, la marginalidad urbana y la endeblez de la clase media.

Este escenario es ms acorde a la visin contrapuesta de una economa de commodities en toda Amrica Latina. Pero esta segunda caracterizacin no es puramente descriptiva, puesto que postula la existencia de un consenso en torno al extractivismo. Desborda, por lo tanto, el retrato de la economa y tiene implicancias polticas, que exigen evaluar que ha ocurrido en esfera geopoltica y gubernamental. Desarrollamos este anlisis en la segunda parte del texto.

25-1-2013

RESUMEN:

La validez de los conceptos Pos-liberalismo y C onsenso de commodities se dilucida analizando las transformaciones de la regin . El capitalismo se ha extendido en el agro y la mega-minera se ampla, acentuando la preeminencia de las exportaciones bsicas. La industria abastecedora del mercado interno retrocede frente a las maquilas, las remesas son un recurso de supervivencia y el turismo es un ingreso clave para los pequeos pases. Estas tendencias econmicas han sido reforzadas por desde el inicio de la crisis global.

La burguesa nacional que privilegia la demanda ha sido reemplazada por la burguesa local, que jerarquiza el abaratamiento de los salarios. Su carcter minoritario se consolida junto a la asociacin con empresas extranjeras. Se extinguen sus rasgos pre-capitalistas y no conforman nuevas oligarquas. Mantiene sus bases de acumulacin sin convertirse en un grupo transnacionalizado. Slo fracciones marginales aglutinan una lumpen-burguesa y no se extiende a los pases medianos la dependencia neo-colonial.

La expansin de la informalidad, el xodo campesino y el estancamiento de la nueva clase media reconfiguran a las clases dominadas, en un marco de pobreza, desempleo y desigualdad. El escenario econmico no corrobora el diagnstico pos-liberal, pero la tesis opuesta debe ser evaluada incorporando la dimensin poltica.

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[1] Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

[2] Es la visin de: Sader Emir, La crisis de la derecha latinoamericana, 05-12-2013, www.rebelion.org/mostrar.

[3] Es el enfoque de: Svampa Maristella, El consenso de commodities y lenguajes de valoracin en Amrica Latina, 02/05/2013, www.iade.org.ar/modules/noticias

[4] Katz Claudio, El agro-capitalismo de la soja, Anuario EDI, n 4, ao 2008, Buenos Aires

[5] Una descripcin en: Robinson William I, Latin America and global capitalism: a critical globalization perspective, Johns Hopkins University Press, Baltimore, 2008, pag 58-101.

[6] Ver: Gudynas Eduardo, Cinco hiptesis sobre el caso Conga,  brecha.com.uy, 17-7-2012. Tambin: Hernndez Navarro Luis, La reinvencin de Latinoamrica, 26/12/2013, alainet.org/active.

[7] CEPAL, La economa del cambio climtico en Amrica Latina y el Caribe, Sntesis 2010, www.eclac.cl

[8] Rodrguez Jos Luis, Las alternativas actuales de la industrializacin en Amrica Latina, segundo semestre 2012, www.espaciocritico.com .

[9] Palma Gabriel, Optar por el desarrollismo, Pgina12, 15-7-12.

[10] Las remesas han generado un lucrativo negocio para las agencias de intermediacin (Western Union, Thomas Cook, MoneyGram). Aqu la regin acompaa aqu una tendencia mundial, puesto que las transferencias a los pases en desarrollo pasaron de 332.000 millones de dlares (2010) a 372.000 (2011) y se esperan 399.000 (2013) y 467.000 (2014) Wall Street Journal, Las remesas ayudan a los pases emergentes, 24/9/2012, online.wsj.com.  

[11] Ver: Anderson Benedict, Exodus, Critical Inquiry, n 2, Winter, 1994.

[12] Ver: Ugarteche Oscar, Las tres velocidades de la crisis 03/05/2013, alainet.org. Tambin: Rubinzal Diego, Dcada ganada, 17/02/2013, Pgina 12.

[13] Ver: Guerra Vilaboy Sergio, Breve Historia de Amrica Latina, Habana, Ciencias Sociales, 2006, pag 163-165.

[14] Arriazu Ricardo, Pequeas seales de alerta, 27/01/2013, Clarn.

[15] Naim Moises, La latinoamericanizacin de Europa , La Nacin, 6-11-11. Tambin Clarn, 27/01/2013.

[16] Ver: Portes Alejandro. El desarrollo futuro de Amrica Latina: neoliberalismo, clases sociales y transnacionalismo, Ediciones Antropos, Bogot, mayo de 2004, cap 1.

[17] -Santiso Javier, La emergencia de las multilatinas, Revista CEPAL 95, agosto 2008

[18] El giro implic mayor subordinacin de la burguesa nacional al capital extranjero y consiguiente renuncia a implementar transformaciones progresistas, en el balance que plante: Dos Santos Theotonio, La teora de la dependencia un balance histrico y terico, en Los retos de la globalizacin, UNESCO, Caracas, 1998.

[19] Esta caracterizacin fue anticipada por: Marini Ruy Mauro, La dialctica del desarrollo capitalista en Brasil, Subdesarrollo y revolucin, Siglo XXI, 1985.

[20] Es la visin de Robinson William I, Latin America and global capitalism, pag 176-178.

[21] Los orgenes de este error en: Frank Andr Gunder, Lumpenburguesa y lumpendesarrollo, Laia, Barcelona, 1979.

[22] Portes El desarrollo futuro, cap 1 y 4

[23] Ver; CEPAL-UNICEF, Boletn Desafos n 10, mayo 2010, www.oei.es/noticias/

[24] -Guillemi Rben, Amrica Latina la regin ms desigual, www.lanacion.com.ar, 22/09/2012

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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