Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2014

Dualidades de Amrica Latina (II)
Bloques y gobiernos

Claudio Katz
Rebelin


Los alineamientos geopolticos en Amrica Latina estn condicionados por la accin de Estados Unidos, que reforz su presencia en Centroamrica y mantuvo gravitacin en Sudamrica.

COERCIN PARA RECUPERAR HEGEMONA

La primera potencia mantiene su influencia desplegando fuerzas militares. El Comando Sur de Miami que supervisa este control, cuenta con ms personal civil dedicado a Latinoamrica, que todos los departamentos asignados a la misma zona en Washington.

Esta preeminencia del Pentgono se acentu con la instalacin de siete bases de gran alcance en Colombia. En ese pas impera desde hace dcadas el terrorismo de estado, el asesinato de sindicalistas y el desplazamiento forzoso de campesinos.

La CIA, la DEA y otras agencias secretas participan tambin en forma activa en la guerra social que ya dej ms de 60.000 muertos en Mxico. Han aprovechado este conflicto para disear planes de militarizacin (Aspan 2005, Mrida 2007), intervenir en la modernizacin del ejrcito e influir en el dictado de leyes contra-insurgentes. Incluso han negociado con los Carteles a espaldas de las autoridades locales. Inspiraron, adems, la ideologa del miedo que se utiliza para justificar la accin cotidiana de los gendarmes.

Esta injerencia se desarrolla bajo un estandarte hipcrita de lucha contra las drogas, que encubre el rol protagnico de Estados Unidos como mercado y refugio financiero del narcotrfico. En los bancos de ese pas se lava el 70% del dinero generado por ese negocio. Bajo vigilancia norteamericana, Colombia persiste como el principal productor regional y Per aument su planto en un 55% en la ltima dcada [2] .

La misma presencia yanqui se verifica en la guerra contra las bandas delictivas de Centroamrica (maras). Su persecucin es esgrimida para atropellar a los pobres y apaar ejecuciones en los barrios carenciados. Tambin en las posesiones coloniales del Caribe, el Pentgono multiplic sus instalaciones militares (Islas Vrgenes, Puerto Rico), en estrecha asociacin con Holanda (Curazao) y Francia (Martinica).

Cualquiera de estos hechos desmiente la ingenua creencia en la prdida de inters estadounidense por Amrica Latina o en el inminente abandono de la doctrina Monroe. Existe un llamativo divorcio entre esa sensacin de repliegue y la creciente presencia imperial en toda la zona.

Desde el embarque de la IV Flota (disuelta en 1950 y reinstalada en el 2008), el total de militares latinoamericanos entrenados por el Pentgono super el promedio de las dcadas precedentes (195.807 efectivos en 1999-2011). La asistencia militar-policial involucra altsimas sumas (6.821 millones de dlares en 2009-2013) y se incrementaron los tratados para compartir informacin sensible. Estados Unidos mantiene desplegados 4000 uniformados en forma permanente para acciones de emergencia. Sus drones operan sin ninguna restriccin en todo el hemisferio [3] .

La funcin geopoltica central de Amrica Latina para el imperio no ha cambiado y el manejo de esa supremaca con instrumentos de coercin y consenso, tampoco se ha modificado. Esa estrategia siempre implic una complementacin bipartidista del g arrote (Eisenhower, Reagan, Bush I y II) con la zanahoria (Clinton, Carter), sin rgidas distinciones entre Republicanos y Demcratas. Como Obama necesita reorganizar drsticamente las formas de intervencin retoma la tradicin afable. Recompone paulatinamente esta injerencia, enmendando el lastre que dejaron las infructuosas guerras de Bush.

El margen de accin directa de los marines ha quedado recortado en Amrica Latina desde el fracaso del ALCA, el declive de la OEA y la irrupcin de organismos distanciados del mandato imperial (UNASUR, CELAC). La embajada yanqui ha perdido peso en varios pases de Sudamrica, el espionaje genera inditas protestas y dos denunciantes de esas actividades han recibido ofertas de asilo en la regin (Snowden por parte de Venezuela y Assange de Ecuador). El intento yanqui de penalizar estas reacciones con la retencin en vuelo del presidente de Bolivia no dio ningn resultado.

Tal como ocurri en los 70, Obama intenta restablecer la capacidad de accin de Estados Unidos. Repite el sendero que transit Carter para atemperar los efectos de Vietnam y Watergate. Estados Unidos procesa esta adversidad, con los recursos de la nica potencia que ejercita la custodia del capital a escala global. Esa supremaca militar le otorga una gran ventaja sobre sus competidores europeos y asiticos.

ESTRATEGIAS Y RIVALES

Los recursos naturales del Sur son la prioridad de las empresas del Norte. El imperio apetece los minerales, el petrolero, el agua y los bosques de Amrica Latina. El Departamento de Estado tiene mapeadas estas reservas y atesora datos ignorados por el resto del hemisferio. No por casualidad el 98% de las comunicaciones de la regin pasan por algn centro informtico estadounidense.

El inters econmico de la primera potencia por el resto del hemisferio no ha decado. Se mantiene al tope en el ranking de inversores externos de la regin y en el 2012 esas colocaciones fueron cinco veces superiores al quinquenio precedente. Las exportaciones al mismo destino crecen por encima de las ventas a otras zonas [4] .

Pero este terreno no est exento de competidores. Durante los aos 80 y 90 Europa increment su presencia en la regin a travs de Espaa. El ingreso de ese pas al euro y la internacionalizacin de sus empresas condujeron a un indito aumento de las empresas hispanas en sus antiguas colonias. Durante el boom de las privatizaciones, esa inversin se situ incluso por delante de Estados Unidos .

Pero el futuro de Espaa en la zona es una incgnita. Latinoamrica ha sido l a tabla de salvacin de muchas compaas ibricas desde el estallido de la crisis global . Financiaron sus desbalances con transferencias de las filiales situadas en el Nuevo Continente. Pero este rescate se ha combinado con cambios de propiedad en los paquetes accionarios y nadie sabe quin terminar manejando esas compaas.

Europa contina negociando tratados de libre comercio con la regin, pero la expectativa de una gran mercado iberoamericano se est diluyendo. Los mandantes del Viejo Continente disputan negocios, pero no la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio.

El desafo que introduce China presenta otro alcance. En la ltima dcada el gigante asitico se convirti en el gran mercado de las materias primas exportadas por la regin. Absorbe el 40% de esas ventas y algunas estimaciones consideran que cada punto de incremento del PBI chino arrastra un 0,4% de su equivalente latinoamericano.

Tambin las inversiones de la potencia oriental se expanden en forma vertiginosa. Subieron de 15.000 millones de dlares (2000) a 200.000 (2012) y llegaran a 400.000 (en 2017). China se est convirtiendo en una gran fuente de crdito. Entre el 2005 y el 2011 concedi prstamos por ms de 75.000 millones de dlares, superando los montos otorgados por Estados Unidos o el Banco Mundial [5] .

Aunque esos prstamos se negocian en mejores condiciones, su principal destino son proyectos de minera, energa o commodities, que afianzan la especializacin latinoamericana en la provisin de insumos bsicos.

China introduce una amenaza comercial a la supremaca estadounidense. Pero al igual que Europa no aspira al control geopoltico de la regin. Hay rivalidad econmica, sin consecuencias poltico-militares a la vista.

Incluso llama la atencin la aceptacin yanqui de la presencia oriental en reas vedadas. Hay empresas chinas en Panam y la construccin de un nuevo canal, que atravesara Nicaragua ha sido adjudicada a constructores de ese origen, sin desatar la reaccin del Departamento de Estado. Esa tolerancia ilustra el inters que tambin tienen las compaas estadounidenses en la ampliacin de las transacciones martimas con Oriente.

LA CONTRAOFENSIVA DEL PACIFICO

La estrategia econmica estadounidense gira en torno a los tratados de libre comercio. De los 20 acuerdos de este tipo que ha suscripto en todo el mundo, la mitad se localiza en la regin. Con el ALCA aspiraban a forjar un gran mercado sin barreras para las compaas del Norte. Pero ese proyecto fracas en el 2005 por la resistencia que desplegaron varios pases. No se pudo concretar el gran bazar que promova Washington para manejar las exportaciones desde Alaska a Tierra del Fuego.

Estados Unidos comenz a suscribir convenios bilaterales para reemplazar el fallido acuerdo hemisfrico y ahora ensaya otro paso con la constitucin de la Alianza del Pacfico. Motoriza esta iniciativa mediante giras presidenciales y promesas de todo tipo. Ya concret un bloque con Per, Mxico, Chile y Colombia, se apresta a sumar a Panam y Costa Rica y tienta a Uruguay y Paraguay con el status de observadores [6] .

Los tratados buscan incrementar las ventas estadounidenses a mercados que se tornan cautivos, a medida que la apertura arancelaria destruye la competitividad local. Tambin refuerzan el patrn de especializacin minero-petrolera de Amrica Latina, para asegurar el abastecimiento de insumos bsicos a las empresas yanquis.

El proyecto apunta, adems, a la triangulacin mundial. Est concebido como un puente con los dos convenios gigantescos que la primera potencia promueve con 28 naciones de la Unin Europea (Tratado de Sociedad Transatlntica de Comercio e inversin, TTIP) y con 11 pases asiticos (Acuerdo de Asociacin Transpacfico, TPP). Estos acuerdos se amoldan a las necesidades de las empresas ms globalizadas, que fabrican en distintas localizaciones y lucran con la movilidad de capitales y mercancas.

E n el plano geopoltico la Alianza del Pacfico busca neutralizar cualquier proyecto de autonoma latinoamericana. Por eso se ha sustituido la suscripcin dispersa de los TLC por un plan articulado de bloque regional.

Mxico es el ejemplo ms avanzado de esa estrategia. En dos dcadas de vigencia del NAFTA, el pas se ha transformado en una plataforma de petrleo y maquilas para el mercado estadounidense. Los neoliberales celebran esta asimilacin difundiendo inverosmiles imgenes de progreso, que ocultan la desarticulacin de la economa azteca [7] .

La industria que Mxico forj durante la sustitucin de importaciones ha quedado desmantelada. Por cada dlar que se exporta a Estados Unidos hay cuarenta centavos de importaciones del comprador. Esta atadura supera a Canad y presupone un sometimiento absoluto. La formalidad de un tratado tripartito oculta una sociedad entre dos poderosos que subordinan al integrante latino. Mxico vende el 90% de sus productos a su vecino, tiene sus riquezas naturales atadas a ese mercado y drena mano de obra para realizar trabajos descalificados al otro lado de la frontera [8] .

Esta dependencia extingue la autonoma de poltica exterior que exhiba Mxico en los aos 60, cuando mantena relaciones diplomticas con Cuba desafiando al resto del continente. Esa actitud ha quedado demolida con el NAFTA, que impera borrando la memoria de la enorme confiscacin territorial que Estados Unidos le impuso a su vecino durante el siglo XIX.

La alta burguesa mexicana participa del acuerdo con el Norte ampliando sus propios sus negocios. Ha desarrolla grandes compaas internacionalizadas y comparte con sus pares brasileos el tope del ranking regional. De las 100 principales empresas locales de la regin ese binomio aglutina no slo 85, sino tambin 35 de las 50 ms rentables. El peso de Cemex, Alfa, Modelo, Telmex o Bimbo es tan relevante, como el poder logrado por Slim, que se ha ubicado en la crema de los multimillonarios globales [9] .

Aqu radica la gran diferencia con los pequeos pases centroamericanos. Ese pelotn no incluye economas medianas, ni semi-perifricas y cuenta con pocos grupos capitalistas integrados a los grandes negocios. En lugar de gestar un imperio Slim, la insignificante burguesa hondurea recrea la trayectoria de las elites del banano y sus pares de Panam se limitan a lucrar con la intermediacin del canal o el comercio en las zonas francas.

LAS VARIANTES DE LA DERECHA

La mayora de los gobiernos que participan en el bloque del Pacfico presentan un cariz derechista. Esta correspondencia no es casual. Estn subordinados a Estados Unidos, incentivan la militarizacin y s e amoldan a la etapa neoliberal.

Los dos sexenios del PAN (2000-12) y la nueva presidencia del PRI en Mxico son ejemplos de esta congruencia. Pea Nieto combin viejas prcticas de manipulacin electoral con el sostn meditico de Televisa para llegar a la primera magistratura. Se dispone a implementar la agenda de contrarreformas que exige la clase dominante en el plano energtico, fiscal y educativo.

Para privatizar PEMEX ya derog la enmienda constitucional que impide celebrar contratos con empresas privadas. Destruye la compaa nacionalizada que simboliza la gesta del Cardenismo. Con un incremento del IVA buscar financiar la eventual cada de ingresos fiscales que generara esa entrega. Tambin encarece el transporte pblico, desarticula el sector elctrico y avasalla los derechos de la docencia [10] .

Colombia es un segundo caso de estrecha asociacin entre gobiernos derechistas y adscripciones librecambistas. Aqu el alineamiento poltico-militar con Estados Unidos fue determinante para el liderazgo reaccionario que encarn Uribe. Aterroriz a los campesinos, preserv los privilegios de los latifundistas, facilit la violencia de los paramilitares y renov la ideologa anticomunista del Pentgono.

Su sucesor Santos persigue los mismos objetivos, pero reinici las fallidas negociaciones de 1982-86 y 1998-2002 con la insurgencia. En una sociedad ms urbanizada, con clases dominantes embarcadas en ampliar la frontera de la minera y agro-negocio, el fin de las hostilidades es la llave de nuevas inversiones. Pero los viejos hacendados se oponen y el gobierno juega a dos puntas: mantiene la represin y negocia un acuerdo que convalide la concentracin de tierras, perpetrada con desplazamientos y destrucciones comunitarias.

Chile constituye el tercer ejemplo de la misma conexin entre tratados de libre comercio y regmenes derechistas. All ambos procesos se recrearon mediante la Constitucin Pinochetista, que ratificaron los demcrata-cristianos y socialdemcratas convertidos al credo neoliberal. La Concertacin garantiz los privilegios del ejrcito (10% de las utilidades de la empresa estatal de cobre), un nivel de desigualdad superior al promedio regional y un agobiante sistema de endeudamiento personal, para acceder a la educacin superior. El perodo pos-dictatorial ha estado signado por la represin, la pobreza y la baja sindicalizacin [11] .

En su segundo mandato Bachelet promete hacer lo que omiti en su gobierno anterior. Afirma que limitar la privatizacin de la educacin y ampliar la participacin estatal en un sistema de pensiones privadas que otorga jubilaciones nfimas. Pero la enorme abstencin que rode a su triunfo electoral (59% del padrn), ilustra la desconfianza que existe en la concrecin de esas medidas. Cualquier paso estar sujeto al filtro restrictivo de la Constitucin.

Tambin Per ha permanecido alineado con el bloque libre-cambista-derechista. El presidente actual (Ollanta Humala) retoma la trayectoria de gobiernos explcitamente neoliberales (Toledo) o de origen nacionalista (Alan Garca), que redoblaron la represin para expandir la mega-minera. Sus promesas progresistas se diluyeron al acceder a la presidencia. Apalea movilizaciones sociales, congela salarios y viola derechos laborales. Incorpor oscuros personajes a su gestin y autoriz la presencia masiva de militares estadounidenses. Su comportamiento retrata un caso maysculo de travestismo poltico.

Los condicionamientos polticos que generan los TLC tienen un alcance abrumador en los pequeos pases de Centroamrica. Estas repblicas arrastran una historia de sometimiento al poder estadounidense que se ha renovado con las remesas y la emigracin. Los presidentes privatizadores de Panam, Guatemala o Costa Rica han reforzado esa dependencia hasta extremos inditos.

GOLPISMO INSTITUCIONAL

La derecha ha logrado reciclar su preeminencia en el bloque pro-norteamericano a travs de sucesivos comicios. Estas votaciones no amenazan los privilegios de los acaudalados, ni implican un ejercicio real de la democracia. En los pocos casos de mandatarios electos que atemorizaron a las minoras poderosas volvi a irrumpir el golpismo, esta vez con disfraz institucional. Las asonadas fueron propiciadas por el Parlamento, los medios de comunicacin y la embajada estadounidense. Tres casos ilustran esta modalidad.

  El presidente Aristide de Hait fue capturado y expatriado en el 2004 y las presidencias posteriores quedaron en manos de personajes permeables a los intereses de las fuerzas de ocupacin extranjeras (MINUSTAH). Con esta cobertura las empresas forneas han lucrado con la tragedia humanitaria que afronta la isla luego del terremoto. Realizaron grandes negocios con la simple remocin de escombros. El peligro de hambruna sobrevuela siempre a un pas que en 1972 se autoabasteca de alimentos y ahora importa el 82% de su principal consumo (arroz).

Los gendarmes extranjeros introdujeron, adems, una epidemia de clera que produjo 7.000 muertos. Apaan las violaciones que soportan los haitianos en la frontera con Repblica Dominicana y desprotegen a la poblacin frente a la criminalidad del narcotrfico. Se estima que el 12% de la cocana ingresada a Estados Unidos pasa por Hait [12] .

En Paraguay bast la introduccin de algunos tibios cambios para desatar en el 2012 la reaccin macartista contra el presidente Lugo. Armaron una farsa parlamentaria y consumaron en pocos das la accin destituyente. El mandatario que asumi posteriormente (Cartes) est muy involucrado con el narcotrfico y el contrabando.

En Honduras el golpe fue perpetrado para sepultar las reformas y la poltica externa autnoma de Zelaya. Luego de un record de asesinatos consumaron un fraude, comprando votos, vendiendo credenciales y manipulando actas para impedir el triunfo de la coalicin opositora [13] .

La derecha tambin intent golpes fallidos contra Chvez (putch petrolero), Morales (ensayo de secesin territorial) y Correa (levantamiento policial). Estos fracasos demostraron los lmites que afronta el proyecto reaccionario a escala regional. Por eso sus idelogos conservadores suelen transmitir ms desencanto que satisfaccin [14] .

Esa frustracin aument con el primer ao del nuevo Papa, que es un importante actor de la poltica regional. La derecha percibe que no habr repeticin latinoamericana de la cruzada desplegada por Juan Pablo II en Europa Oriental durante los aos 80. Francisco tiene olfato poltico y capta la inexistencia de condiciones para reproducir esa accin. Por eso difunde mensajes alejados de la retrica convencional. Antes de adoptar cualquier estrategia de poltica exterior debe atenuar el descalabro de corrupcin, pedofilia y prdida de fieles que soporta la Iglesia.

LA AMBIVALENCIA DE BRASIL

La continuada gravitacin militar de Estados Unidos, la contraofensiva librecambista del Tratado del Pacfico, la variedad de gobiernos derechistas y complementos golpistas determinan un escenario ajeno a la tesis pos-liberal. En ese segmento se verifica una ntida continuidad del neoliberalismo. Si ese bloque constituyera el nico escenario de la regin confirmara la vigencia de un consenso de commodities.

Pero la complejidad de Latinoamrica radica en la coexistencia de esa articulacin con un segundo eje geopoltico liderado por Brasil. Este segmento alienta el regionalismo capitalista con estrategias poltico-econmicas ms autnomas. El pas que encabeza esta estrategia alcanz un PBI de 2,4 billones de dlares en 2011 y se ubica en el tope de las economas latinoamericanas. Cuenta con 14 multinacionales de proyeccin global y motoriza inversiones externas en funcin de un plan estratgico (IIRSA) con financiacin estatal (BNDES). 

Este papel de Brasil tiene races en la historia del pas que preserv dimensiones continentales. A diferencia de Hispanoamrica, su conformacin nacional no estuvo acompaada de fracturas territoriales. En la segunda mitad del siglo XX se convirti en una economa mediana, con mercados internos ms extendidos y cierta diversidad exportadora.

Estas caractersticas tipifican un status semiperifrico. El lugar de Brasil en la divisin internacional del trabajo tiene ms parecidos con Espaa que con Nicaragua o Ecuador. Se ubica en un espacio intermedio entre las grandes potencias y la periferia relegada.

El mantenimiento de esta posicin exige exhibicin de poder. Brasil moderniza su ejrcito, ensaya intermediaciones en conflictos alejados (Medio Oriente, Irn, frica) y ambiciona el mismo asiento permanente en el Consejo de Seguridad que otras sub-potencias. Ninguna otra nacin latinoamericana intenta jugar a ese nivel.

Pero al mismo tiempo, Brasil amolda su poltica exterior al logro de cierta coordinacin hegemnica con Estados Unidos. Por un lado, protege militarmente la Amazona de las 23 bases que maneja el Pentgono en la zona. Y por otra parte, comanda la ocupacin de Hait en total sintona con el Departamento de Estado. Sus empresas participan en el negocio de reconstruir la isla, alientan la creacin de zonas francas y disputan privilegios de exportacin.

La dualidad de la poltica exterior brasilea tiene incontables manifestaciones. Dilma evit participar en la cumbre regional de repudio al atropello yanqui-europeo contra el avin presidencial de Bolivia, pero tambin cancel una visita de estado con Obama para protestar por el descarado espionaje de la CIA.

Este camino intermedio fue ratificado recientemente con la decisin de sustituir la compra de aviones militares estadounidenses por unidades de Suecia. Se evit el choque frontal que hubiera implicado la adquisicin de modelos rusos o chinos y se opt por un equipamiento escandinavo, que incluye componentes de empresas norteamericanas [15] .

El mismo pndulo ha seguido la diplomacia de Itamaraty en la ltima dcada. Durante el 2003-2011 predomin el distanciamiento hacia Estados Unidos y en el 2011-2013 prevaleci un gran acercamiento, que en los ltimos meses parece concluido.

Brasil oscila sin poder imitar a otras sub-potencias que detentan arsenales atmicos (como Rusia o India) o despliegan efectivos en su radio de influencia (Turqua). Intenta forjar su propio espacio, instalando un colchn que atempere las presiones estadounidenses sin confrontar con la primera potencia. No promueve rupturas con el imperio, ni tampoco acepta la subordinacin neocolonial al mandato yanqui.

MERCOSUR Y UNASUR

Brasil promueve con Argentina la creacin de un rea comercial con gran participacin de las empresas extranjeras, pero estructura arancelaria propia. El MERCOSUR pretende actuar como una asociacin unificada en las negociaciones con otros bloques.

Pero este proyecto no ha podido avanzar a lo largo de dos dcadas. Mientras Estados Unidos impulsa la iniciativa con la Alianza del Pacfico, el MERCOSUR navega sin rumbo. Rehye iniciativas y sobrevive en el estancamiento.

La asociacin no ha concretado ningn paso hacia la coordinacin macroeconmica. El divorcio de monedas, tipos de cambios y polticas fiscales entre sus integrantes es maysculo. No existen propuestas para reducir las asimetras entre pases, y como la industria retrocede, tampoco hay planes de coordinacin fabril o utilizacin compartida de la renta exportadora.

Los miembros del MERCOSUR comercializan los mismos productos e individualmente priorizan la soja y la mega-minera. Este ltimo sector absorbi, por ejemplo, en el 2012 el 51% de las inversiones externas.

La parlisis actual recrea viejos conflictos entre Argentina y Brasil, en torno a normas arancelarias y restricciones cambiarias. Las inversiones se suspenden (Minera Vale en Argentina) y los proyectos se posponen (ferrocarril). En estas condiciones, Paraguay y Uruguay mantienen abierta la posibilidad de tramitar sus propios TLC, quebrando la cohesin del MERCOSUR [16] .

Las indefiniciones de Brasil sofocan a la asociacin. Ese pas tiene ms convenios fuera del rea que dentro de Sudamrica y no quiere institucionalizar acuerdos regionales que obstruyan su multilateralismo. Intenta mantener una doble insercin como exportador de productos bsicos al resto del mundo y como abastecedor de mercancas elaboradas para sus vecinos. Pero cualquier iniciativa en el primer terreno afecta la expansin del segundo y viceversa.

Una integracin productiva sudamericana con fondos regionales de estabilizacin cambiaria, moneda comn y financiacin del Banco del Sur, obligara a Brasil a concentrar inversiones en la zona, en desmedro de su proyeccin internacional propia. A una escala inferior esta misma tensin entre prioridades regionales y globales se verifica en Argentina, que tiene distribuidas sus exportaciones por todos los continentes.

Las tendencias disolventes se acrecientan, adems, a la hora de negociar tratados con otros bloques. La Unin Europea propicia un acuerdo de libre-comercio que privilegia las exportaciones del Viejo Continente, sin atenuar el proteccionismo agrcola que limita las ventas sudamericanas. Los europeos suelen tentar con ofertas unilaterales a funcionarios de todos gobiernos para que acepten un acuerdo a espaldas del resto [17] .

El estancamiento del MERCOSUR contrasta con el intenso activismo geopoltico que ha desplegado el bloque sudamericano en los ltimos aos. Nunca hubo tantas reuniones presidenciales, ni eventos compartidos por los mandatarios de la regin. Esta frecuencia contrasta, por ejemplo, con el declive de las Cumbres Iberoamericanas.

La nueva centralidad regional surgi de acciones conjuntas del Grupo Rio (2010), que alumbraron la UNASUR y luego la CELAC (2011-2013). Al asignar la presidencia rotativa de ese organismo a Cuba se concret un fuerte desafo a la OEA. Tambin frente al golpe que desplaz a Lugo hubo rpidas respuestas. El MERCOSUR suspendi a Paraguay y aceler el ingreso de Venezuela a la asociacin.

Pero especialmente UNASUR es un conglomerado muy heterogneo y Estados Unidos presiona a travs de sus socios . En el organismo participan varios pases de la Alianza del Pacfico que albergan marines en su territorio.

El bloque sudamericano carecer de consistencia mientras Brasil se mantenga a mitad de camino. Busca sostn para sus aspiraciones, mientras frena todas las iniciativas de integracin. Pero a la larga r esultar imposible liderar un proyecto sin cargar con los costos de su concrecin. Estas contradicciones se han reforzado en los ltimos aos, con los privilegios acordados a la agro-exportacin, en competencia con los aliados sudamericanos y en desmedro de la industria.

La opcin brasilea por la soja afecta localmente, adems, la variedad de cultivos de la era cafetalera e incrementa la tradicional concentracin de la tierra. Slo el 10% de los propietarios controlan el 85% del valor total de la produccin agropecuaria y 50 empresas manejan toda la comercializacin. La dependencia de los fertilizantes es mayscula. El pas participa del 5% de la produccin agrcola mundial, pero consume el 20% de los agroqumicos. En este marco la reforma agraria qued totalmente detenida y 150.000 familias continan acampando a la espera de un terreno [18] .

Brasil no puede encabezar la integracin sudamericana repitiendo el molde de extractivismo con poca manufactura que impera en la regin. Su gravitacin econmica justamente emergi con el esquema opuesto de expansin fabril, durante los aos 60 y 70. En las ltimas dcadas ha retrocedido en todos los planos de la industria. L a tasa de inversin (17% del PBI) fue inferior durante el ciclo expansivo reciente (2006-2011) a la media histrica y la fuerte apreciacin del tipo de cambio afect adicionalmente la competitividad.

Brasil abandon adems el cimiento energtico de la hidroelectricidad, a favor de una dudosa apuesta por la explotacin petrolera. Facilit tambin la desnacionalizacin de la industria con aperturas al capital extranjero. Casi 300 empresas pasaron a control forneo desde el 2004, con grandes ventajas para las compaas estadounidenses (3,4 veces ms firmas que los franceses, alemanes y japoneses) [19] .

Las recientes medidas adoptadas por Dilma para apuntalar la industria con subsidios financiados por previsin social no revierten la regresin fabril. Durante la ltima dcada se apost a la expansin del consumo sin correlato en la inversin. Ms de 15 millones de brasileos viajaron por primera vez en avin y 42 millones fueron incorporados al sistema bancario. Se ampli el crdito y se recuper el salario mnimo, pero estas mejoras coyunturales no resuelven el bache estructural en la industria [20] .

Esta vulnerabilidad se acenta por la gran afluencia de capitales de corto plazo, que tienden a salir del pas con la misma velocidad que ingresan, en funcin del rendimiento financiero. Por primera vez en una dcada, el 2013 cerr con un peligroso dficit en los movimientos de capital que siempre atormentaron a la economa brasilea.

LOS VAIVENES DE ARGENTINA

Durante el siglo XX la economa argentina sigui etapas semejantes a Brasil con resultados opuestos. Tuvo preeminencia durante el liberalismo agro-exportador, perdi posiciones en la sustitucin de importaciones y decay brutalmente bajo la valorizacin financiera. An no se puede predecir cul ser el desemboque final del ensayo neo-desarrollista de la ltima dcada, pero la clase dominante argentina ya no disputa hegemona con su socio mayor.

Aunque el entrelazamiento entre ambos pases se afianza, el MERCOSUR es timoneado desde Brasilia. Esta supremaca obedece a condicionantes de largo plazo, derivados de las grandes diferencias en recursos naturales, demografa y territorio que existen entre ambos pases. El lder cuenta con un espacio territorial cuatro veces superior a su vecino y alberga una poblacin cinco veces mayor.

Brasil mantuvo durante el siglo XIX la unidad de su territorio original, mientras que su vecino padeca ingobernabilidad y fracturas. Pero esta asimetra no impidi la primaca de Argentina hasta la posguerra, ni la paridad entre ambos hasta los aos 60. El posterior distanciamiento no puede atribuirse a la conformacin histrica de ambas naciones. Obedece a procesos de la ltima centuria.

Algunos analistas ponen el acento en la obstruccin que impuso el lobby agrario argentino al desarrollo industrial. Otros remarcan el comportamiento rentista de la burguesa, que ha sido muy proclive a la especulacin financiera y todos resaltan la herencia cultural de improductividad que leg la oligarqua vacuna.

Pero muchos estudiosos estiman que estos condicionamientos no fueron tan significativos como la ausencia de estabilidad poltica que singulariza a la Argentina. Esta fragilidad socav la accin de la burocracia estatal, en contraste con la cohesin y la mayor articulacin con la clase capitalista que exhibe ese estamento en Brasil.

Por otra parte, los grupos dominantes de este ltimo pas siempre tuvieron ms instrumentos para neutralizar las huelgas y rebeliones, que han sido la nota dominante de los trabajadores de la primera nacin. Cualquiera sea la explicacin acertada de esta variedad de interpretaciones, la brecha entre ambos pases ya es un dato definitivo.

Esta separacin no elimina el status semiperifrico de la Argentina. El pas participa en el selecto grupo de 20 naciones que discuten las prioridades del orden global. Esta presencia obedece a la relevancia que mantiene como exportador de alimentos. Se ubica en el quinto lugar de ese ranking y es un actor de peso en la definicin de las regulaciones y los precios mundiales de ese sector.

Pero esta gravitacin agro-exportadora ha obstruido al mismo tiempo el intento de recomposicin industrial de la ltima dcada. El rebote de la gran debacle del 2001 se materializ con un gran repunte del PBI, el empleo y el consumo. Pero al concluir esa recuperacin el deterioro de largo plazo ha reemergido.

Argentina afronta nuevamente las tensiones clsicas de su economa: altsima inflacin, desajuste cambiario y bache fiscal, aunque sin cargar por ahora, con los niveles de endeudamiento que la empujaron a colapsos peridicos.

Este retorno al estancamiento obedece a la preservacin de una economa que no remont sus desequilibrios estructurales. Se renunci a un desarrollo productivo basado en la apropiacin estatal de la renta agro-sojera y la burguesa local volvi a su costumbre de fugar capital y remarcar precios sin invertir. En estas condiciones afloran los lmites de una estrategia exclusivamente basada en empujes de la demanda [21] .

CENTROIZQUIERDA CON SORPRESAS

La correspondencia actual entre el MERCOSUR y las administraciones de centro-izquierda confirma la correlacin general que existe entre bloques regionales y tipos de gobierno. Pero tal como ocurre con el binomio TLC-derecha, tampoco aqu rigen estrictas sintonas.

El MERCOSUR precedi a los gobiernos actuales y tuvo una larga consolidacin durante el cenit neoliberal de Fernando Henrique Cardoso y Carlos Menen. Pero el regionalismo capitalista que intenta la asociacin es ms acorde con los gobiernos actuales, que contemporizan con los movimientos sociales y auspician polticas externas ms independientes de Estados Unidos. El lulismo y el kirchnerismo constituyen dos variantes de este mismo posicionamiento, pero con grandes diferencias en la accin poltica.

Durante la ltima dcada, el Partido de los Trabajadores (PT) decepcion en Brasil a quienes esperaban un gobierno afn a los asalariados. El peso de esa organizacin expres la influencia alcanzada por un proletariado fuerte y concentrado, pero con escasa experiencia y capacidad para contrarrestar la asimilacin al sistema burgus, que impuso el lulismo. El PT qued integrado a la estructura de las clases dominantes y asegur la continuidad sin imprevistos, que caracteriza al rgimen poltico de ese pas.

Este afianzamiento conservador multiplic la despolitizacin, generaliz el consenso pasivo y modific la base social del gobierno. Los sectores plebeyos de las regiones empobrecidas sustituyen a la clase obrera, las capas medias y la intelectualidad, en el sostn de la actual administracin. El gobierno se ha guiado por el principio de otorgar slo aquellas concesiones que aceptan las clases dominante. Su norma ha sido dar algo a los de abajo, sin quitar nada a los de arriba [22] .

Esta poltica genera incontables contradicciones, pero no es neutral. Es una orientacin al servicio del capital con algunos rasgos de tibio reformismo. Permiti una dcada de estabilidad burguesa, socavando la legitimidad del proyecto obrero original y se ha mantenido concertando alianzas con la derecha y haciendo concesiones ideolgicas al establishment. El lulismo ha seguido la misma trayectoria de involucin que transitaron los partidos socialdemcratas.

Con ese soporte Dilma desarroll su gestin. Pero afront el ao pasado la sorpresiva irrupcin callejera de jvenes indignados que impusieron sus demandas. Esta enorme movilizacin slo tiene dos antecedentes contemporneos: la lucha por las directas en 1984 y por el impechment de Collor en 1992.

Las protestas iluminaron la realidad del pueblo brasileo, que sufre desigualdad en gran escala, deterioro del transporte y degradacin de la educacin pblica. El PT qued desorientado frente a movilizaciones que retrataron su alejamiento de la calles. Ahora la derecha buscar aprovechar este desgaste, para hacer demagogia e intentar un improbable retorno a la presidencia en el 2014.

ESCENARIOS CONTRAPUESTOS

La novedosa oleada de manifestaciones que sacudi a Brasil es un dato corriente de Argentina. El ejercicio excepcional de la poltica en las calles en el primer pas constituye la forma habitual de accin ciudadana en el segundo. Aqu radica la principal causa del carcter divergente que asumieron dos gobiernos del mismo cuo.

Mientras que el lulismo acentu la desmovilizacin durante su gestin, las continuidades de la rebelin del 2001 obligaron al kirchnerismo a gobernar con un ojo puesto en la reaccin de los oprimidos.

Esta peculiar variante del peronismo se aboc inicialmente a restaurar el sistema poltico tradicional amenazado por la sublevacin popular. Pero recompuso el poder de los privilegiados, otorgando importantes concesiones democrticas y sociales al grueso de la poblacin. A diferencia de Lula -que se manej en un escenario de escasas reformas y sin ninguna presin desde abajo- los Kirchner actuaron en un tembladeral. Reconstruyeron un estado colapsado, en contraste con un PT que mantuvo casi intacta la estructura transferida por Cardoso.

Esta diferencia determin tambin la implementacin de polticas econmicas distintas. En Argentina se ensay un esquema neo-desarrollista con creciente regulacin estatal, para recomponer un mercado interno devastado. En Brasil la inicial continuidad socio-liberal fue pausadamente sustituida por acotadas medidas de intervencin, tendientes a contrarrestar la erosin provocada por la ortodoxia monetarista .

El kirchnersimo encabez un rgimen asentado en el liderazgo presidencial, el arbitraje del poder ejecutivo y la influencia de organismos para-institucionales. Este molde poltico informal retom ciertas modalidades neo-populistas del peronismo clsico, en contraposicin al institucionalismo negociado que continu imperando en Brasil. Por dos caminos diferentes, el kirchnerismo y el lulismo han buscado neutralizar el protagonismo de los sindicatos y la clase obrera.

Los dos gobiernos pertenecen a la misma especie de centroizquierda y han recurrido a la misma retrica progresista. Los Kirchner retomaron el proyecto de mixturar el peronismo con la variante socialdemcrata anticipada por el alfonsismo y Lula-Dilma transformaron al PT en un tpico partido del orden vigente .

El kirchnerismo afronta ahora un declive, que le ha impedido a Cristina seleccionar al prximo presidente como hizo Lula con Dilma. La derecha se prepara desde el oficialismo o la oposicin para liderar el recambio del 2015. Pero temen la repeticin del tormentoso traspaso presidencial, que ha sido la norma en Argentina y la excepcin en Brasil.

Uruguay ha transitado la dcada con un gobierno de centro-izquierda, ms parecido a su par brasileo que a su vecino del Ro de la Plata. El Frente Amplio gestion algunas mejoras en materia de empleo, salario y pobreza, que resultaron suficientes para asegurar su preeminencia. Pero gobierna con la misma desmovilizacin del PT, generando el mismo tipo frustraciones, especialmente en el terreno democrtico ( veto a la despenalizacin del aborto, persistencia de la ley de amnista ).

El presidente Mugica sustituy la vieja cultura institucionalista de la clase media por una retrica plebeya, que gener cierta identificacin afectiva en una sociedad estancada por la emigracin y el envejecimiento. Sostiene su popularidad en una exitosa exhibicin de generosidad personal y desinters.

Su trayectoria guerrillera ha sido utilizada, adems, para legitimar la depredacin de los recursos naturales, la primaca de la soja y la especulacin inmobiliaria en Punta del Este. Los lderes de la coalicin oficialista apuestan a un ajuste de figuras para asegurar la continuidad en la eleccin presidencial del 2014.

INTERROGANTES IRRESUELTOS

El escenario neoliberal uniforme de los aos 90 ha quedado sustituido por un contexto geopoltico ms diverso. El proyecto de regionalismo capitalista que lidera Brasil altera ese cuadro, a pesar de la gran ambivalencia que caracteriza a la sub-potencia sudamericana. El MERCOSUR se mantiene estancado y Argentina no despunta, pero al comps de los gobiernos centroizquierdistas la UNASUR y la CELAC han logrado un indito protagonismo.

La tesis pos-liberal resalta estas mutaciones y le asigna un gran impacto progresista. Pero olvida que esta configuracin coexiste con un alineamiento neoliberal del Pacfico, que tiene el mismo (o mayor) peso regional. Tambin omite que Brasil y Argentina han acentuado su amoldamiento econmico a la exportacin primaria.

Esta ltima adaptacin es presentada por la visin opuesta, como una evidencia del Consenso de commodities. Pero con esta denominacin se diluyen las diferencias y se pierde de vista el posicionamiento de un bloque sudamericano, que no adhiere econmicamente a los TLC, no est sometido a la geopoltica del Pentgono y no opera a travs de gobiernos derechistas.

La clarificacin de estos problemas exige abordar otras dos singularidades latinoamericanas: el papel de la lucha social y la incidencia de los procesos radicales, que analizados en la tercera parte del texto.

25-1-2014

RESUMEN:

Estados Unidos no se desinteresa de Amrica Latina. Con una diplomacia ms afable despliega tropas para reorganizar su dominacin. Todas las potencias apetecen los recursos naturales de la regin. El avance europeo se ha detenido y la presencia china se acrecienta, disputando negocios pero no preeminencia poltico-militar.

El objetivo del ALCA resurge con el Tratado del Pacfico. El NAFTA ilustra las consecuencias sociales de estos convenios, que la burguesa mexicana utiliza para internacionalizar sus negocios. Existe una estrecha conexin entre esos acuerdos y los gobiernos derechistas, que no se renuevan slo por medios constitucionales. El golpismo ha reaparecido en los pequeos pases y fracas en sus intentos de mayor alcance.

Brasil encabeza otro bloque con metas ms autnomas de regionalismo capitalista. Se ha consolidado como sub-potencia semiperifrica y adopta posturas ambivalentes frente a Estados Unidos. Ese posicionamiento conduce al estancamiento del MERCOSUR. El pas se expande en forma multilateral y evita los costos de la integracin. Su opcin por el agro-negocio limita la intervencin geopoltica de UNASUR y CELAC.

Argentina ha quedado relegada y sujeta a imprevisibles vaivenes. Ya afloran los lmites de una recuperacin que preserv la renta y el comportamiento burgus improductivo. Los presidentes de centroizquierda son afines, pero el Lulismo gobern desmovilizando y asimilando al PT al sistema. El Kirchnerismo reconstruy el estado afrontando luchas sociales. Estas condiciones dismiles determinaron polticas econmicas distintas. La tesis pos-liberal sobrevalora la gravitacin del bloque autnomo sudamericano y la visin opuesta diluye la singularidad de este alineamiento

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[1] Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

[2] Ver: Berterretche Juan Luis, El embuste de la guerra contra la droga, www.argenpress.info, 7-12-2010.

[3] Tokatlian Juan Gabriel, Bye Bye Monroe, Hello Troilo, elpais.com/elpais/2013/11/27.

[4] Tokatlian Bye Bye.

[5] Hernndez Navarro Luis, La reinvencin de Latinoamrica, 26/12/2013, alainet.org/active

[6] Morgenfeld Leandro, Alianza del Pacfico hacia un nuevo ALCA, www.albatv.org, 05/05/2013.

[7] Dos exponentes de estos mitos: Oppenheimer Andrs, El plan de Kerry para Amrica Latina, 15/12/2013, www.elnuevoherald.com. Crdenas Emilio, El xito del Nafta, veinte aos despus, La Nacin, 9-1-2013.

[8] Ver Echeverra Pedro, Mxico pas poderoso, 10/4/2012, www. argenpress .

[9] Santiso Javier, La emergencia de las multilatinas, Revista CEPAL 95, agosto 2008.

[10] Ver: Aguilar Mora Manuel, Los primeros siete meses de la restauracin priista,  www.rebelion.org, 25-7-2013.

[11] El 1% ms rico acapara el 31% del ingreso y el 5% ms rico percibe 257 veces ms que el 5% ms pobre. Quijano Jos Manuel, El difcil cambio hacia el combate de la desigualdad, Brecha, 21-12-2013. Tambin Brum Horacio, Segundas partes sern buenas?, 23/11/2013 vientosur.info/

[12] Ver: Chalmers Camille, Hait y la permanencia de la Minustah, 18/10/2013, brecha.com.uy/index.

[13] Arkonada Katu, Del golpe de estado al golpe en las urnas, 26/11/2013, alainet.org/active.

[14] Un ejemplo en: Sanguinetti Julio Mara, Se nubla el cielo de Amrica Latina, www.lanacion.com.ar, 16-11-2012.

[15] Luego del conflicto de espionaje, las empresas estadounidenses quedaron fuera de la licitacin del gran yacimiento de Libra y perdi fuerza el ala pro-norteamericana de Patriota frente al sector crtico de Amorin-Figueiredo. Dos evaluaciones opuestas de la decisin de compra de aviones en: Boron Atilio, Un increble y enorme error geopoltico, 30/12/2013, www.globalresearch. Zibechi Ral, Una decisin que fortalece la independencia, 23/12/2013, alainet.org/active/

[16] Turzi Mariano, Al MERCOSUR le hara falta una remodelacin, www.clarin.com, 03/07/2013

[17] Ver: Marchini Jorge, Negociaciones por un acuerdo MERCOSUR-UE, 8-1-2014

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[18] Stedile, Joao Pedro, O governo ainda nao entendeu, Revista Desacato, 2013.

[19] Ver: Lessa Carlos, Dilma precisa de coragem, www1.folha.uol.com.br, 14/01/2013. Tambin: Chade Jamil, Brasil se transforma no 4to maior destino, www.iberoamerica.net, 24/01/2013.

[20] Nepomuceno Eric, Brasil y sus contradicciones,  www.pagina12.com.ar, 18/02/2013.

[21] Nuestro anlisis en Katz Claudio, La Economa desde la Izquierda. Coyuntura y ciclo Modelo y propuestas, http://www.geocities.com/economistas_de_izquierda/28-11-2013.

[22] Ver: Machado Joao, Tambin la izquierda radical ha sido sorprendida,  vientosur.info, 25/06/2013

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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