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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2014

Nuevos modelos de relaciones laborales de la burguesa, recomposicin de clase y accin sindical

Vidal Aragons
La hiedra




El periodo junio de 2010-agosto de 2013 supone sin duda una nueva realidad para las relaciones laborales que se derivan de la legislacin del Estado espaol. Ley 35/2010, Real Decreto 7/2011, Ley 3/2012, Real Decreto 11/2013, no son meros cambios legislativos sobre los Derechos Laborales sino que constituyen un cambio absoluto de paradigma y la imposicin del modelo neoliberal. Ello tendr, de hecho ya lo tiene, un efecto radical sobre las condiciones materiales de la clase trabajadora e incluso sobre su propia estratificacin, as como sobre las organizaciones obreras y la accin sindical.

Al hablar de la significacin del cambio normativo introducido a lo largo de los ltimos tres aos, debemos recordar que las ltimas tres dcadas ya haban consolidado una realidad sociolaboral diferente a la existente con la aprobacin en 1980 del Estatuto de los Trabajadores. El mismo fue la mxima expresin de la correlacin de fuerzas de la etapa anterior y el inicio de las dinmicas que descubriramos con posterioridad: conquista de derechos derivados de la etapa ms lgida de la lucha de clases en el Estado espaol y renuncias justificadas a travs de la Paz y el Dilogo social. Debiramos recordar que, con independencia de la situacin de crisis econmicas de mediados y finales de los 70, la normativa laboral ms avanzada que se ha conocido en el Estado espaol se corresponde con los aos 1976 y 1977, reflejo directo del mayor momento de expresin de huelgas y movilizaciones.

El periodo 1980-2010, desde el punto de vista de los derechos laborales, ha supuesto: aumento de contratacin temporal, legalizacin de las E.T.T.s y no limitacin de la subcontratacin, facilitacin del despido y reduccin de las indemnizaciones, ampliacin de los supuestos en los que se podan modificar las condiciones de trabajo, desregularizacin salarial en la negociacin colectiva, desarrollo y permisividad ante trabajado excluido de laboralidad. La imposicin durante aquellos treinta aos fue de la mano de prcticas de concertacin social de las direcciones de los sindicatos mayoritarios. Ello no significaba siempre la aceptacin de las medidas pero s la negativa a llevar a cabo procesos de movilizacin sostenida que iban a romper con la paz social.

Si bien las organizaciones sindicales mayoritarias tienen la primera y gran responsabilidad sobre la constante prdida de derechos, no podemos quedarnos en un anlisis tan determinista y simplista del proceso. La gran derrota de la clase obrera ha sido de carcter ideolgico y organizativo. Paulatinamente y fruto de las desilusiones que provocaban las organizaciones de izquierdas, las mismas se vaciaban de trabajadores y trabajadoras, hecho que provocaba y/o permita, a su vez, nuevos giros a la derecha. De igual forma, la mejora de las condiciones sociales de toda una generacin y el crecimiento econmico de buena parte de los aos 80, 90 y primeros aos del milenio crearon una visin posibilista del capitalismo entre la mayora de la clase trabajadora.

Cuando la burguesa apuesta por acabar con los Derechos Laborales conquistados fundamentalmente en las luchas obreras del tardofranquismo, tan slo procede aplicar la Doctrina del Shock a las Relaciones Laborales: la manera de salir de la crisis es minorando derechos. Ha sido posible llevarlo a cabo por una combinacin entre la debilidad poltica de la clase trabajadora y el conocido posicionamiento de las organizaciones sindicales mayoritarias. Que los representantes del PP manifestasen que entendan que los sindicatos mayoritarios convocasen una huelga general nos indica que la necesidad era otra: romper con la paz social en centros de trabajo, convenios colectivos y relaciones institucionales. Lejos de ello, las convocatorias de Huelga General tuvieron como objetivo recuperar el dilogo social y legitimarse como interlocutores vlidos.

Se impone as el modelo neoliberal para las relaciones laborales: el trabajo es una mercanca ms y como tal se debe comprar, modificar y vender con total facilidad y bajo o inexistente coste. Si trasladamos esta idea a la regulacin laboral vemos que las recientes contrarreformas laborales han actuado sobre las instituciones bsicas del Derecho del Trabajo: negociacin colectiva, contratacin, condiciones de trabajo y despido. As, tanto de manera individual como desde una perspectiva colectiva, las organizaciones sindicales y la clase trabajadora en su conjunto se debilitan.

El objetivo de la burguesa a corto plazo es el mantener el nivel de beneficios a travs del incremento de la explotacin de la clase trabajadora, con un sistema en crisis de crecimiento y por tanto, de consumo y de compra, el incrementar la plusvala es la nica manera de minorar prdidas o mantener beneficios: que la crisis la paguen las trabajadoras y los trabajadores. Tambin se busca poder aumentar las exportaciones por una reduccin de costes en base a la mano de obra, pero ello no tiene importancia desde el punto de vista cuantitativo. La insercin de la economa peninsular en el mercado europeo provoc que no hubiese una capacidad real de competir ms all de invertir en tecnologa pero no por la reduccin de costes de mano de obra. A medio plazo el objetivo es tambin el debilitar los derechos colectivos y la accin sindical.

Efectos sobre la clase trabajadora: quebramiento generacional y atomizacin. Aumento del conflicto laboral.

Seguramente a partir del ao 2015 se producir una recuperacin del PIB y del empleo que ser visto como una salida de la crisis. Sin embargo, difcilmente se llegar a los niveles de desempleo existentes antes del 2008. La nueva sociedad que se configurar combinar una desocupacin alrededor del 10% con un aumento de la rotacin en el empleo, bajos salarios y contratacin a tiempo parcial.

El primer efecto salvaje de las contrarreformas es eliminar toda una realidad de condiciones laborales dignas. El facilitar el despido ha provocado la expulsin del mundo del trabajo de los sectores ms pauperizados y la salida del mismo de un buen nmero de trabajadores y trabajadoras que todava ostentaban realidades laborales no precarias. Sus condiciones de trabajo no sern recuperadas en un futuro inmediato; al contrario: sern sustituidas por empleo barato y temporalidad. As, se ha acelerado el proceso de sustitucin generacional que se haba iniciado en los primeros aos noventa a travs de un procedimiento muy simple: despidos colectivos en sectores de dignas condiciones laborales e incorporacin masiva de juventud al mundo del trabajo en condiciones precarias.

La nueva realidad de facilitacin del despido y reduccin de sus costes construye un formal contrato indefinido hasta el momento en el que la empresa decide que se extingue. Ello quebrantar todava ms la estabilidad laboral, provocando mayor temporalidad y rotacin en el empleo, ya no como una realidad de empleo temporal a empleo temporal sino de etapas de trabajo a etapas sin trabajo.

Las contrarreformas laborales tendrn efecto tambin sobre el salario directo (las retribuciones que abonan las empresas como contraprestacin directa del trabajo), el indirecto (los servicios pblicos) y el diferido (el FOGASA y las pensiones). No podemos tratar los graves efectos que sobre estos dos ltimos tiene y tendrn los cambios normativos por escaparse del objeto del presente, pero s que podemos centrarnos sobre el salario directo. El mismo sufrir una cada en picado a travs de las nuevas regulaciones del contrato de aprendizaje y la modificacin de condiciones de trabajo pero sobre todo de la negociacin colectiva.

Esta ltima cuestin, la negociacin colectiva, tendr una afectacin directa sobre los salarios en una permanente cada. Pero tambin afectar a los sindicatos. La regulacin incluida en el Estatuto de los Trabajadores de 1980 -fase final de La Transicin- sustrajo la centralidad del proceso de negociacin del mbito de la empresa y la situ en el marco ms general del sector, sin pretender generar superiores derechos ni reforzar visiones de clase. El objeto era hacer desaparecer lo que en aquel momento era una realidad de fortaleza laboral en el mbito de empresa y que responda a dinmicas de participacin de la clase trabajadora mediante asambleas, enfatizando otra realidad donde el protagonismo se traslada a una representacin sindical separada del da a da de los centros de trabajo. En el 2013, en una inversin del trnsito previo, se pretende desplazar la negociacin a la empresa, donde ya no existen de manera generalizada dinmicas de participacin asamblearia sino que la negociacin resulta totalmente desigual en detrimento de los intereses de la parte social. La realidad anterior no puede entenderse sin la preferencia aplicativa del convenio colectivo de empresa sobre el convenio de sector, cuyo efecto ser un desinters claro y paulatino hacia la negociacin en el mbito sectorial, dificultando en el actual momento una posible expresin de clase de la parte social y la consecucin de garantas de unos mnimos aceptables en los diferentes sectores. En definitiva, se trata de debilitar a los sindicatos como organizaciones fuertes y representativas a la hora de negociar y potenciar el habitual chantaje del cuerpo a cuerpo negocial en el mbito de empresa. En una realidad de crisis, se dar un efecto domin en el cual la firma por parte de una mercantil de un convenio de empresa que empeore las condiciones contempladas en el convenio de mbito superior obligar a las sociedades competidoras a degradar a su vez sus propias condiciones laborales, algo solamente evitable por un sindicalismo combativo. Si ello, por s mismo, no fuese suficientemente preocupante para la sociedad del futuro, otras novedades como la posibilidad de inaplicacin del convenio colectivo incorporadas por la ley 3/2012 agravan todava ms la realidad y de facto, hacen desaparecer la negociacin colectiva como tal. Ahora, la parte patronal tambin encontrar la posibilidad y las facilidades que se requieran para no aplicar aquello pactado. Por ltimo, el potencial laudo obligatorio por falta de acuerdo en las normas paccionadas nos sita ante un modelo de negociacin colectiva ms prximo a lo que se desarrollaba en la dictadura franquista que al posterior desarrollo de la materia durante los ltimos 33 aos. Es indudable que hay quien pretende transformar el dilogo social en monlogo empresarial y el acuerdo entre partes, en la decisin de un tercero que nunca puede ser neutro.

La nueva realidad jurdico laboral se proyectar en un futuro inmediato en el que se quiebra generacionalmente a la clase trabajadora y se la atomiza y se pauperizan las condiciones laborales. En todo caso, esa realidad de inestabilidad laboral y bajos salarios ir acompaada de diferentes situaciones: contratos administrativos, falsos autnomos, becas, falsas becas, inmigrantes ilegalizados por el Estado, trabajo sin altas en la Seguridad Social, contratos a tiempo parcial, contratos fijos discontinuos, inexistencia del centro de trabajo, teletrabajo, etc., etc.

La formacin de la clase trabajadora y el crecimiento de la conciencia de clase se desarrollaron de la mano de la cohesin y las mejoras materiales; ahora, con dinmicas de atomizacin y pauperizacin social, se debilita tanto la clase como los procesos de toma de conciencia. En los ltimos 20 aos ha existido una prdida de conciencia de clase con el elemento poltico e ideolgico como determinante y con la actual debilidad material y las nuevas realidades de prdida de homogeneidad de clase se profundiza la prdida de fortaleza de la misma.

Hablamos de un proceso de prdida de conciencia de clase que a su vez puso las bases para una derrota en cuanto a las condiciones materiales. La etapa que se inicia, de mnimos formales derechos laborales, acrecentar el conflicto de clase. As se puede iniciar un proceso a la inversa, por el cual a travs del conflicto laboral se abren posibilidades para la recuperacin de la conciencia de clase. En la dialctica de estos procesos jugar un papel determinante la capacidad de incidir del sindicalismo alternativo que se acompae de un fuerte discurso crtico.

Ms all de la derrota material formal que suponen los cambios normativos, debemos tener muy claro que en la existencia de Derechos Laborales lo determinante no son las leyes ni el aparato judicial sino la capacidad de luchar. Si bien el Derecho es la voluntad de la clase dominante erigida en ley, el Derecho Laboral como rama especializada y separada del Derecho privado, tambin expresa la correlacin de fuerzas entre burguesa y movimiento obrero en cada momento. Las leyes formalizan derechos y los tribunales interpretan su significacin, la movilizacin colectiva es la que conquista y mantiene los mismos.

Nueva realidad sindical y nuevas luchas

El quebrantamiento generacional tiene tambin una afectacin sobre la percepcin de las organizaciones sindicales en un doble sentido: por un lado la cada de la afiliacin a las organizaciones mayoritarias y por otro, la no herencia de las tradiciones de sindicalismo de clase.

Debiramos ser conscientes de que en el actual momento los sindicatos mayoritarios se encuentran en su peor situacin en los ltimos 40 aos: muy bajos niveles de participacin, vida interna en la mnima expresin, supuestos de corrupcin e incluso despidos de buena parte de sus trabajadores y trabajadoras. Esto es consecuencia de su crecimiento como sindicatos de servicios dependientes de las subvenciones estatales y responsables de llevar a cabo las mismas prcticas empresariales a las que formalmente se oponen. Existen otras dos realidades que debilitarn an ms a los sindicatos mayoritarios: por un lado, el traslado de la centralidad de la negociacin colectiva del sector a la empresa y por otro, la inutilidad de su prctica sindical de las ltimas dos dcadas. Ahora el Pacto Social lo ha quebrantado el Estado y la patronal, ya no existe ni la posibilidad de cambiar desregulacin por salario variable y la negociacin sin movilizacin es simplemente para perder. En un pasado reciente, el discurso sindical de paz laboral se basaba en la existencia de empleo y el mantenimiento de algunas condiciones laborales; ese argumento ya no puede existir con altos niveles de desempleo y la prdida brutal de derechos.

Respecto al traslado de la centralidad de la negociacin al convenio de empresa y no al convenio sectorial, lo determinante no es tanto la determinacin legal de los mbitos de negociacin sino la postura de solidaridad de clase o de corporativismo empresarial. Durante tres dcadas con los convenios de sector como determinantes no se ha evitado el surgimiento de un sindicalismo que pensaba en una ptica en la que lo que beneficiase a la empresa era positivo para las trabajadoras y los trabajadores. En un sentido diametralmente opuesto, durante los aos 60 y 70 cualquier conflicto de empresa entenda la necesidad de coordinar las luchas y dar una respuesta global.

El autntico drama es que el vaco que generar el desangrarse de los sindicatos mayoritarios (que nadie piense que van a desaparecer) no ser ocupado por el sindicalismo alternativo por diferentes cuestiones que nos perfilan un nuevo espacio sindical.

Es evidente que la clase trabajadora no particip como clase en el 15M pero algunos mtodos y expresiones del mismo s han tenido una plasmacin en las Mareas. Debiera observarse que en Educacin, Sanidad y Justicia han existido procesos de movilizacin que han desbordado a los sindicatos mayoritarios: en unas ocasiones en una combinacin de participacin asamblearia y acompaamiento de los sindicatos mayoritarios, en otras por la existencia de un sindicalismo alternativo como punta de lanza de procesos de lucha.

Existe una construccin mecanicista por la cual, supuestamente, tan slo podra haber sindicalismo combativo en grandes empresas de sectores tradicionales y nunca en sectores precarios y de nueva organizacin del trabajo. La primera premisa no guarda relacin con la realidad en la que podemos apreciar que el sindicalismo de mayor renuncia se ha cosificado en las grandes empresas. A la par debiramos observar la existencia en los ltimos meses de luchas en nuevos sectores productivos sin tradiciones sindicales de la mano de un sindicalismo combativo (en el telemarketing o en empresas informticas). Esto nos debe llevar a pensar que lo determinante en la existencia de accin sindical combativa y movilizaciones no son tanto las condiciones objetivas para la lucha como la existencia o inexistencia de condiciones subjetivas. Llama poderosamente la atencin la existencia de una nueva capa de jvenes sin experiencia sindical pero predispuestos a la lucha contundente a travs del sindicalismo alternativo y/o procesos asamblearios.

En la prxima etapa, la reorganizacin sindical (que requiere adaptarse a la nueva realidad recuperando mtodos clsicos) no podr construirse en base a la estabilidad en el empleo; deber cimentarse en la existencia de esta nueva generacin que se incorpora al sindicalismo desde una perspectiva crtica con el sistema y al calor de las movilizaciones.
La nica alternativa real para la recuperacin de Derechos es que el sindicalismo vuelva a ser combativo. Un sindicalismo alternativo slo ser protagonista si pasa por la construccin, no slo de realidad sindical en los centros de trabajo, sino de hegemona cultural entre la clase trabajadora, en sus barrios y ciudades.

Vidal Aragons es abogado laboralista del Collectiu Ronda

http://lahiedra.info/nuevos-modelos-de-relaciones-laborales-de-la-burguesia-recomposicion-de-clase-y-accion-sindical/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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