Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2014

Espaa
El derecho al aborto, la opresin del patriarcado y la necesidad de la liberacin de las mujeres

Concepcin Cruz Rojo
Rebelin


Con la aprobacin el pasado da 20 de Diciembre en Consejo de Ministro de la "Ley de Proteccin de la Vida del Concebido y los Derechos de la embarazada" se pretende eliminar de un plumazo el derecho al aborto, a decidir la maternidad de las mujeres o las posibilidades de reproduccin asistida con total libertad. El nombre de la nueva ley no es balad, est cargada de intenso significado, adems de cinismo y falsedad. De las pocas promesas electorales que el gobierno cumple respondiendo a sus bases catlicas integristas y ultraderechistas. De esta forma se pretende aumentar la poblacin autctona en una poca de crisis tambin demogrfica con un descenso de la poblacin, en parte por la marcha forzada de poblacin inmigrante, que fue la que en los ltimos aos hizo aumentar la tasa de natalidad, ahora se trata de potenciar un aumento de la natalidad que suponga futura mano de obra precaria para los trabajos menos cualificados.

Una ley paternalista, prepotente y cruel, porque solo permitir abortar a las mujeres en dos supuestos: 1) en caso de violacin o 2) de "menoscabo importante y duradero" para la salud fsica y psquica de la mujer o un peligro importante para su vida. El aborto deja de ser un derecho en cualquier condicin. Y en estas dos nicas excepciones, la decisin recae en el profesional sanitario, no en la propia mujer, ya que se necesitan la certificacin de dos especialistas mdicos de un centro sanitario diferente al centro donde se va a realizar el aborto. Eso s, se protege an ms la objecin de conciencia de los trabajadores sanitarios que no quieran realizar ninguna actuacin profesional relacionada directa o indirectamente con la prctica de un aborto.

Adems, a este nuevo paso en la medicalizacin del cuerpo de la mujer, su control y tutela legal que la aleja de su autonoma personal y menoscaba su dignidad, se incluye ahora, pasar obligatoriamente por un humillante asesoramiento personalizado para que en un plazo de siete das decidan si consienten expresamente el aborto. La decisin personal de la mujer se transforma en un juicio por parte de mdicos y servicios sociales. Ya que estos se encargarn por un lado de explicar que la vida del no nacido constituye un bien jurdico protegido por la Constitucin y de realizar un estudio sobre las circunstancias concretas de la mujer, explicndole las alternativas existentes a la interrupcin voluntaria del embarazo, como la guarda administrativa, el acogimiento o la adopcin. Por otro lado, los mdicos sern los encargados de informar a la mujer de los riesgos del aborto para la salud y la maternidad futura, as como sobre el diagnstico, aspectos mdicos y psicosociales, y expectativas sobre la salud del feto.

Es de suponer que muchas mujeres, sabias e inteligentes, sobre todo aquellas que proceden de familias humildes y que tienen que cuidar y arropar a los suyos, responderan a estos "asesores" que ya saben que la vida del no nacido es un bien que debe ser protegido por la sociedad; que cuando quieran continuar con su embarazo, y solo cuando ellas quieran, deben recibir todos los cuidados necesarios sanitarios y sociales as como las ayudas a la crianza de su beb y para atender a sus padres y abuelos. Les dirn que cuando decidan tener hijos, ser para criarlos con amor y que un nio o nia en acogimiento y adopcin es la peor de las alternativas posibles. En definitiva, que su salud, y la de su posible futuro beb, depender sobre todo de las adecuadas condiciones de vida que la sociedad, y sus instituciones, les ofrezcan y el deseo real de ser o no ser madre en ese momento.

El anteproyecto de ley, suprime tambin el derecho al aborto por anomala fetal grave a excepcin de que esta suponga un peligro para la salud mental de la mujer porque sea incompatible con la futura vida del feto. En un sistema sanitario que permite el diagnstico de patologas prenatales, este proyecto de ley elimina una gran cantidad de malformaciones fetales muy severas que se diagnostican en la actualidad aunque no compromentan su vida futura. En el contexto actual de recortes a las ayudas pblicas, incluidas a la maternidad y al cuidado de la infancia y de los sistemas socio-sanitarios, esta restriccin en las posibilidades de aborto deja a muchas mujeres y familias en situaciones muy difciles y dolorosas. Un beb podr desarrollarse y tener una vida plena y feliz con una madre que haya elegido libremente afrontar la experiencia. Y como decamos esa madre, padre o cualquier otro familiar o allegado, debe recibir la garanta de una sociedad que se preocupe y cuide de ellos.

Los sectores ms reaccionarios de la sociedad, la institucin eclesistica incluida, se arrogan una potestad sobre las personas, sobre todas las mujeres, que no les pertenece. Los mismos gobernantes que desprecian el cuidado de la naturaleza y las condiciones de vida de las personas, hablan de proteger la "vida" basada en una justificacin no cientfica, sino puramente religiosa. La teora de la hominizacin retardada que defiende que la vida comienza en el momento de la fecundacin, ya que desde ese instante el huevo recibe animacin -alma-, no es ms que tesis religiosa y por tanto un acto de fe, como cuando decan que las mujeres no tenan alma. Sin negar la naturaleza biolgica humana del huevo y del embrin, ambos representan una posible futura vida humana, pero no son vida humana en s mismos. Y puestos en el dilema moral, quien tiene ms derechos un posible ser vivo futuro o la vida de las mujeres?

Pero la cuestin del aborto siendo un aspecto esencial, es solo uno ms del control y opresin que los estados, los poderes polticos junto a los eclesisticos y religiosos, han ejercido sobre las mujeres. Este sistema patriarcal que continuamos padeciendo en los actuales estados capitalistas, se origin hace miles de aos -como tan bien nos muestra Gerda Lerner- con la constitucin de los primeros estados y a lo largo de la historia ha sido un pilar fundamental para mantener los privilegios econmicos e ideolgicos de las clases dominantes. Coincidimos con la autora del fundamental libro, la creacin del patriarcado, que este proceso de dominacin sobre las mujeres ha sido distinto segn su contexto temporoespacial, que apareciendo en diferentes lugares bien distantes del planeta y periodos de tiempo no puede analizarse de forma monoltica ni lineal y por tanto se ha presentado, y se presenta, con formas e intensidades diferentes.

El patriarcado (inserto en la formacin de las clases sociales) es un sistema histrico, es decir, tiene un comienzo y por tanto puede tener un final. Suscribimos esta afirmacin tan revolucionaria y llena de esperanza que nos plantea la autora. La primitiva divisin sexual del trabajo no implic dominio o subordinacin sino complementariedad entre las mujeres y los hombres. No creemos necesario entrar a desmontar todo tipo de teoras absurdas sobre las supuestas diferencias biolgicas que hace que las mujeres "sirvan" casi exclusivamente para el cuidado de los hijos y los hombres para el mantenimiento del grupo, y an ms las tesis machistas y racistas de la sociobiologa cuando pretenden continuar con esa supuesta inferioridad biolgica de las mujeres (y otras clases sociales). Teoras que resultan an ms absurdas e injustificadas en una poca donde el descenso de la mortalidad infantil y maternal hace an ms innecesario la divisin sexual del trabajo.

Las ciencias continuamente nos demuestran que las diferencias de gnero (que no de sexo) es una construccin cultural que se ha podido entender mejor gracias a la contribucin esencial del marxismo, siendo un libro de referencia obligado el clsico de Federico Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, aunque algunas des las informaciones etnogrficas en la que se bas Engels ha sido rebatida, ya que las mujeres contribuan en las sociedades cazadoras recolectoras al 60% o ms del aporte de alimentos. Gerda Lerner resalta antes que nada la contribucin inestimable de Engels cuando subraya los cambios entre las relaciones de parentescos y la divisin del trabajo por un lado y la posicin que ocupan las mujeres en la sociedad, por el otro; demostr la conexin entre el establecimiento de la propiedad privada, el matrimonio mongamo y la prostitucin; la conexin entre el dominio econmico y poltico de los hombres y su control sobre la sexualidad femenina; el situar la histrica derrota del sexo femenino en el periodo de formacin de los primeros estados, dando historicidad al acontecimiento.

Sin embargo, Gerda Lerner va ms all en el estudio y comprensin de la formacin del patriarcado, que consideramos de intres comentar aunque sea de forma muy breve porque para poder acabar con una situacin tan injusta como la opresin patriarcal debemos comprender como y porqu se origin. Y tambin para comprender la importancia que tiene para la lucha de liberacin de la mujer los aspectos subjetivos que subyacen en un proceso de creacin histrica tan largo. Antes que nada la autora profundiza en las diversas teoras a las que critica bien por su ahistoricismo (las que abogan por la universalidad de la subordinacin femenina), y por tanto inmutabilidad, adems de por su posicin unicausal en el origen de un proceso tan complejo y general. Porque poner solo de relieve la biologa o la economa deja de lado el importante papel de los sistemas de creencias, los smbolos y las construcciones mentales. Tambin crtica las teoras maternalistas, que con paralelismos con las ideas de Bachofen, consideran que las caractersticas femeninas positivas son innatas. Explica que en las sociedades primitivas de cazadores-recolectores, la necesidad de unos mayores cuidados para el beb en esos primeros aos por parte de la madre pudo producir la primera divisin -sexual- del trabajo. En aquellas condiciones extremas y peligrosas la mujer debera tener varios embarazos para que, al menos, dos nios de cada pareja llegaran a ser adultos (recordamos que dicho nmero es el mnimo que asegura la capacidad de reemplazo generacional). Adems el proceso de amamantamiento duraba entre 3 y 4 aos. Por todo ello las mujeres nbiles dedicaban una gran parte de su vida adulta a los embarazos, lactancia y crianza de sus hijas lo que produjo una serie de creencias, costumbres y valores en su cultura para mantener esa vital supervivencia del grupo.

La autora recalca que solo acepta esta explicacin biolgica en esos primeros estadios de la evolucin humana que necesit dicha divisin sexual del trabajo, y que precisamente por eso no la hace "natural" cuando cambian esas especficas condiciones sociales y econmicas y, por tanto culturales. La autora quiere demostrar que la dominacin msculina fue un fenmeno histrico que surgi de una situacin determinada por la biologa y que con el paso del tiempo se convirti en una estructura creada por la cultura. Sobre el origen de la dominacin masculina seala como hechos ms probables el desarrollo de la guerra entre tribus durante periodos de escasez econmica que propiciara el ascenso al poder de los hombres con xitos militares. A estos hechos aade el fenmeno del intercambio de mujeres observado en numerosas sociedades tribales de distintas reas del mundo que adopta formas variadas (rapto de la novia, violacin ritual, matrimonios acordados, etcs.). El intercambio de mujeres se considera una innovacin cultural aceptada porque supone una ventaja evolutiva para mantener a la poblacin. Es obvio que la tribu que tuviera ms chicas que chicos incrementara ms rpidamente su poblacin, asegurando su superviviencia.

La autora muestra como sociedades agrcolas muy distantes en el espacio y/o tiempo han cosificado la capacidad reproductora de las mujeres y no la de los hombres, concluye que eso supuso una ventaja para la expansin y apropiacin de excedentes en relacin con aquellas sociedades cazadoras recolectoras ms basadas en la complementariedad de los sexos. Cuando se han producido situaciones adversas en la produccin que amenazase la supervivencia del grupo, se buscaran ms mujeres lo que lleva a suponer que la primera apropiacin de propiedad privada consiste en la apropiacin del trabajo reproductor de las mujeres. Sin entrar en el debate, que creemos ya superado, de que fue antes la propiedad privada o el intercambio de mujeres que inicia el sistema patriarcal, en la actualidad se admite que tuvo que ser un proceso largo en donde interactuaban distintos factores, uno importante la formacin de los estados arcaicos en la revolucin neoltica y el excedente alimentario que produjo sociedades ms jerrquicas y militarizadas para conquistar y comerciar con productos y donde los jefes y guerreros, hombres, fueron adquiriendo un poder poltico y econmico. Las sociedades ms complejas presentaban una divisin del trabajo que ya no solo se basaba en las diferencias biolgicas, sino tambin en las jerrquicas y en el poder de algunos hombres sobre otros hombres y todas las mujeres.

En cualquier caso, y volviendo a la actualidad y a nuestro medio, el sistema capitalista no solo ha mantenido el sistema patriarcal sino que ha resultado esencial, no en vano la opresin de la mujer sufri una intensificacin sin precedentes en la formacin del sistema capitalista como nos muestra tan bien otra autora, Silvia Federici analizando las causas profundas de la "caza de brujas" que produjo cientos de miles de mujeres asesinadas por esa "pecado".

Como comentbamos en un escrito anterior:

.... la lgica capitalista, para seguir asegurandose sus beneficios y la obtencin creciente de plusvala, necesita promover la reproduccin y sustitucin de la fuerza de trabajo el trabajo que produce parcial o totalmente para otro, para el empresario-, por otra de vida til ms corta, que produzca ms. Tras la incorporacin generalizada de la fuerza de trabajo masculina, al volverse sta ms costosa y sustituible, produjo la incorporacin masiva del trabajo femenino, que favorecido por los cambios familiares y demogrficos ha conducido a unas tasas de fecundidad tan bajas que no garantiza la capacidad de reemplazo generacional. Posteriormente, y paralelamente, se ha complementado la mano de obra ms cara de los pases enriquecidos por otra ms barata de los pases empobrecidos y la migracin del capital y las empresas a zonas con mayor capacidad de reemplazo. Un ejemplo cruel y de mxima actualidad de esta situacin son las condiciones de explotacin inhumana de las mujeres y nias de Bangladesh para las grandes empresas textiles, como las conocidas Zara y C&A, entre otras....

Tambin decamos que con la actual crisis econmica, social y poltica de una gravedad y cualidad nueva est provocando una juventud sin perspectivas de futuro y el descenso de la poblacin inmigrante (que vuelve a sus pases de origen), lo que agudiza an ms la bajada de la tasa de natalidad y fecundidad, provocando por primera vez, desde que se tienen registros de empadronamiento, que descienda la poblacin en el estado espaol. La cada vez menor proporcin de la poblacin en edad de trabajar, tras dcadas de descenso de las tasas de natalidad y el aumento del paro, especialmente de los ms jvenes, son los factores ms graves que hace inviable una comunidad, que envejezca y no crezca. Ante esta dramtica situacin, al poder no se lo ocurre otra solucin mejor que el fomento de la vuelta de las mujeres al trabajo sumiso del hogar, como fuerza reproductiva y de trabajo gratis e invisible, porque con servicios sanitarios y sociales pblicos cada vez ms insuficientes, alguien tiene que cuidar de los pequeos y de los mayores o discapacitados, y quien mejor que las mujeres en cada casa. A lo que aadimos lo comentado al principio del texto, la necesidad de ms poblacin autctona -con claras connotaciones racistas- que cubra, sea excedente de mano de obra de trabajos no cualificados. En este contexto debemos enmarcar el retroceso que se quiere implantar sobre la actual ley del aborto, el ministro Gallardn lo ha dicho muy claro, con la situacin actual de baja natalidad es muy necesaria la reforma de esta ley.

La mujeres, debemos ser libres para decidir sobre nuestro cuerpo y sobre nuestra reproduccin, los que promulgan estas leyes saben que son las ms humildes y necesitadas las que ms la sufrirn. Por ello, reclamamos, adems de este elemental derecho de las mujeres, el derecho a la proteccin social que debemos recibir en cada una de nuestras etapas vitales, desde el periodo prenatal hasta la ancianidad. Es una simplificacin, no pocas veces interesada, dividir a la poblacin entre los que estn a favor y los que estn en contra del aborto. A favor del aborto no hay nadie, estamos a favor de que se legalice la posibilidad de que una mujer pueda abortar si as lo desea y evitar las muertes por abortos clandestinos como ocurren en pases que no lo permiten. Una ley del aborto libre y gratuito que an no hemos conseguido, como un derecho de la mujer que quiera servirse de ella, en pleno uso de su libertad y con todas las garantas legales y sanitarias desde lo pblico. Adems, como hemos tratado de exponer, la lucha por el derecho al aborto es parte, esencial, pero parte, de la lucha de la liberacin de la mujer contra el estado patriarcal y que, a su vez, forma parte de la amplia lucha de la clase trabajadora por unas condiciones de vida dignas y plenas en una sociedad plural y comunal, de respeto a los pueblos y naciones oprimidas y por la igualdad de los sexos.

Concepcin Cruz Rojo es Militante del Sindicato Andaluz de Trabajadores/as (SAT)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter