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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2014

Radicalizar la imaginacin democrtica

Antoni Jess Aguil
Pblico.es


El neoliberalismo ha impuesto su visin del mundo como verdad universal, arrastrndonos cada vez con ms virulencia a sociedades de mercado que naturalizan la lgica del capitalismo y sus valores. Y ello con un profundo impacto en la vida individual y colectiva: empleos esclavizantes; deudas ilegtimas pagadas con los cuerpos de las clases trabajadoras; suicidios inducidos por condiciones inhumanas; falsas democracias que expropian la soberana popular; educacin alienante que rechaza la idea de quesomos seres de transformacin y no de adaptacin (Freire), etc.

El impacto tambin es notorio en la imaginacin poltica. Las lites neoliberales en ascenso en la dcada de los 80 entonaron el no hay alternativa al capitalismo global y a la democracia liberal como nico marco de lo posible. Desde entonces, el neoliberalismo ha tratado de reprimir por todos los medios la imaginacin creadora de disidencia, ruptura y radicalidad. El resultado ha sido el empobrecimiento alarmante de las percepciones, significados y prcticas en torno a la democracia. Padecemos una regresin democrtica continua y sostenida que se refleja por lo menos en cinco aspectos: 1) el vaciamiento y descrdito de las instituciones y prcticas polticas liberales, 2) la despolitizacin de la sociedad, 3) la privatizacin de lo pblico, 4) la subordinacin de la izquierda institucional a las reglas de juego de la poltica (neo) liberal y 5) la reduccin de la democracia a un simulacro electoral donde la representacin poltica se compra y vende al mejor postor. Vivimos en una poca en la que, parafraseando a Walter Benjamin, la cotizacin de la experiencia democrtica se ha devaluado de manera salvaje.

Necesitamos combatir urgentemente la miseria democrtica que arrastramos con imaginacin. Como instrumento al servicio del cambio social, la imaginacin democrtica es una facultad capaz de ir ms all de lo inmediatamente visible porque permite el reconocimiento de diferentes prcticas y actores sociales invisibilizados, oprimidos y a menudo eliminados (Boaventura Santos). El ejercicio de la imaginacin democrtica es radical cuando formula preguntas que desafan las ideas y prcticas convencionales de la democracia; cuando reconoce la existencia de formas democrticas que amplan su significado y alcance, en cuanto prcticas que van ms all de los Parlamentos, y muchas veces a pesar de ellos; y cuando es portadora de un horizonte emancipador que apunta a la transformacin poltica, social, econmica y cultural.

Creacin, imaginacin radical, imaginario histrico-social escribe Castoriadis son ideas madres indefinidamente fecundas reprimidas o marginadas por las teoras polticas dominantes. Cultivar la imaginacin radical requiere recuperar las tradiciones, instituciones y prcticas democrticas situadas fuera o en los bordes de la poltica hegemnica. El levantamiento zapatista, la revolucin bolivariana, el Foro Social Mundial y, ms recientemente, el joven rebelde que desencaden la Primavera rabe, los movimientos antiausteridad europeos, Occupy, el 15M, Tamarod (Egipto), el Movimiento Passe Livre (Brasil) o Yo soy 132 (Mxico) son, todas ellas, expresiones de imaginaciones polticas surgidas en la poca del neoliberalismo que nos recuerdan que la democracia genuina est por conseguir.

En la actualidad, los movimientos por la democracia real han reavivado la chispa de la imaginacin democrtica en diversos rincones del planeta. Luchas por la participacin poltica, reivindicaciones de democracia, asambleas populares, demandas de procesos constituyentes y cambios de rgimen revelan una explosin de imaginaciones disidentes frente a la brutalidad neoliberal. Estas luchas generan un horizonte de democratizacin no exento de retos y potencialidades. Sealar algunos de los principales retos a los que se enfrenta la imaginacin democrtica contempornea puede sugerir caminos para enriquecerla y ejercer su poder en mayor grado:

1) Legitimar y articular la diversidad democrtica. Legitimar las experiencias y tradiciones de pensamiento democrtico desacreditadas por la poltica liberal es una condicin necesaria para ampliar los debates y perspectivas sobre la democracia. Asamblearismo, autogestin, dignidad o territorio, entre otras palabras, dan cuenta de un repertorio de lenguajes democrticos alternativos desde los que ejercer la lucha contra el capitalismo y su brazo poltico, la democracia liberal. Pero no es suficiente. La radicalizacin de la imaginacin tambin pasa por lograr una mayor articulacin y complementariedad entre la inagotable diversidad de pensamientos y prcticas democrticas. Aqu el dilogo interpoltico es fundamental. La imaginacin radical debe ayudar a convertir los fragmentos dispersos de democracia en frmulas audaces de cara a nuevas coaliciones y articulaciones para la trasformacin de la sociedad. Las elecciones europeas se aproximan y la oportunidad para Podemos, IU, Equo y las fuerzas soberanistas de izquierda est servida.

2) Radicalidad democrtica. Superar nuestra pobreza democrtica exige colectivizar los procesos de decisin. La democracia no puede ser algo abstracto en la vida de las personas ni un mero rgimen formal que nace y muere en las elecciones. La democracia es una forma de vida colectiva y cotidiana. En este sentido, las prcticas de autogestin en el mbito del trabajo, la familia, la escuela o el mercado deben verse en trminos de democracia real en la medida que promueven el autogobierno y el aprendizaje cooperativo. Las experiencias de autogestin son una forma de radicalizar la experiencia democrtica que debera ser patrimonio de toda imaginacin poltica que aspire a refundar la cultura democrtica.

3) Transformar la democracia representativa. La democracia representativa que tenemos es uno de los frenos ms poderosos a la innovacin democrtica. Sus principales instituciones (los Parlamentos, el sufragio universal, los partidos polticos tradicionales) no se han renovado en dcadas y han sido histricamente colonizados por lites econmicas y polticas. La soberana popular es una conquista resultante de luchas sociales (de clases, de gnero, identitarias, etc.). No se trata de rechazar la democracia representativa en s misma, sino de hacer de ella una conquista popular, despojndola de su carcter clasista, patriarcal y mercantilista para mostrar que otros ejercicios representativos son posibles cuando estn al servicio de los grupos subalternos. La representacin poltica basada en el mandar obedeciendo zapatista o la democracia representativa ejercida en la Comuna de Pars son algunos ejemplos.

4) Aumentar la combatividad. Combinar la lucha legal e ilegal es esencial. A pesar de los intentos de criminalizacin de la protesta social, la ilegalidad, la turbulencia y el desorden son un terreno frtil para la democracia. Si Rosa Parks o Nelson Mandela no hubieran cometido actos ilegales, el mundo sera ms repugnante e injusto. La imaginacin democrtica tiene que potenciar la creatividad subversiva para enfrentar los ataques venideros con mtodos de lucha ms prolongados e incisivos: formacin de comits de barrio, huelgas generales indefinidas, insurreccin en las calles, etc. La huelga de tres semanas consecutivas de miles de docentes en Balears, la huelga de barrenderos en Madrid o la lucha vecinal del Gamonal y Hamburgos on seales importantes.

5) Romper el fatalismo. Frente al campo de restricciones del no hay alternativa, la imaginacin radical concibe la realidad como un campo de posibilidades donde, al decir potico de Mart i Pol, to test per fer i to ts possible. Los estudios de Prigogine sobre sistemas qumicos no lineales revelan que la innovacin se produce a partir de rupturas de equilibrio en las que una pequea perturbacin del orden establecido puede producir efectos globales imprevistos. La Revolucin rusa comenz con reivindicaciones populares de pan y acab con la cada del rgimen zarista de Nicols II y la proclamacin del poder sovitico. Las protestas en Tnez, detonante de las Primaveras rabes, se desencadenaron con la autoinmolacin de Mohamed Bouazizi ante al acoso policial a los vendedores ambulantes. En Brasil, la chispa fue el aumento del 20% del precio del transporte pblico.

Desatar el potencial de imaginacin es un imperativo para fortalecer la democracia. Sin imaginacin democrtica, la sociedad se anquilosa y la poltica se vuelve una actividad fosilizada, como en la inmutable repblica platnica. Lejos de ver la imaginacin como una fuerza dinmica y transgresora de los cdigos heredados, Platn la despreci por considerar que deformaba la realidad. Quiz por ello nunca ha sido un referente para la democracia.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/8870/radicalizar-la-imaginacion-democratica/

Antoni Jess Aguil es filsofo poltico y profesor del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Combra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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