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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-01-2014

Ucrania: la quimera de Europa

Higinio Polo
Rebelin


El estallido, a finales de 2013, de una nueva crisis poltica en Ucrania, ms all de los protagonistas locales y de las causas internas que han llevado a su repentino desarrollo, manifiesta que la agria disputa por el dominio de la antigua periferia sovitica no ha terminado, ni mucho menos. Junto a las fuerzas polticas ucranianas, y los grupos econmicos ligados a ellas, tres poderes exteriores protagonizan la crisis. Por un lado, es visible la accin de Estados Unidos, que aunque por imperativos geogrficos no puede aspirar a introducir en su rea de influencia directa a Ucrania, s pretende convertirla en una segunda Polonia: un pas-cliente, satlite, activo propagandista de la visin norteamericana del mundo y solcito cumplidor de todas las demandas de Washington, desde el envo de tropas a aventuras neocoloniales hasta la apertura de crceles secretas, pasando por la colaboracin de servicios secretos y fuerzas armadas. Por otro, es evidente el ejercicio posibilista de la Unin Europea, que si bien aspira a atraerse a Ucrania a su zona de influencia (con la colonizacin del mercado interior ucraniano y la apertura de nuevas fuentes de inversin y negocio para las empresas europeas), sabe tambin que, inmersa en una dura crisis la propia Unin, no puede prometer a Ucrania una integracin inmediata: el interminable caso turco (Bruselas firm con Ankara un tratado de asociacin en 1963, que no ha tenido consecuencias para la integracin), y las dimensiones de Ucrania, muestran los lmites de su poltica exterior. Por su parte, Rusia se halla embarcada en la reconstruccin y reintegracin del antiguo espacio sovitico, resignada al distanciamiento bltico, el rechazo azer y la enemistad georgiana, pero dispuesta a poner lmites a Washington y Bruselas en el resto de las antiguas repblicas soviticas.

Las informaciones de la prensa occidental han tendido a presentar la hipottica firma de un acuerdo de asociacin entre Bruselas y Kiev como la antesala de la integracin ucraniana en la Unin Europea, pero dista de ser cierto. La Unin Europea ha firmado acuerdos de Asociacin con Centroamrica, el Mercosur, Israel, Georgia, Moldavia, Chile, la Comunidad del Caribe (CARICOM) y la Repblica Dominicana, entre otros. Esos acuerdos son, en general, pactos reguladores de comercio entre las partes. La Unin Europea, adems, mantiene una particular relacin con seis ex repblicas soviticas (Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Armenia, Azerbeijn y Moldavia), que participan en el Programa de Asociacin Oriental, con un vago propsito de desarrollo de relaciones de integracin pero que no implica el ingreso en la Unin, al menos en un futuro previsible.

El acuerdo que la Unin Europea y Ucrania deban firmar a finales de 2013 es un conjunto de medidas que pretenden anular los aranceles que protegen la produccin ucraniana, y que, de llevarse a cabo, supondran la destruccin de buena parte de la industria que subsiste en Ucrania, y la entrada de multinacionales europeas que se apoderaran del mercado y de las estructuras productivas ucranianas. Es cierto que, sobre el papel, un acuerdo de asociacin permitira a los productos ucranianos el acceso al enorme mercado de la Unin Europea, y estimulara las inversiones extranjeras en Ucrania, pero, al mismo tiempo, aumentara el desempleo y facilitara la emigracin de muchos jvenes, puesto que destruira buena parte de la industria local, incapaz de competir con empresas ms fuertes y desarrolladas. Por aadidura, empeorara las relaciones con Rusia. El actual proyecto de asociacin no es bueno para Ucrania, y las diferencias entre el tamao de la economa ucraniana y el de la Unin Europea muestran el duro destino reservado para Ucrania. El acuerdo obstruira las relaciones econmicas con Rusia, cuyos pedidos son imprescindibles para la industria ucraniana, que entrara as en una crisis terminal. Las condiciones del convenio son tan onerosas que Piotr Simonenko, secretario del Partido Comunista ucraniano, ha calificado al proyecto de asociacin con la UE de acuerdo suicida. Debe recordarse que, a pesar de la importancia del pas, y de su considerable poblacin (similar a la espaola) y extensin, el desastre del trnsito a la economa capitalista ha reducido su importancia a extremos casi ridculos: hoy, Ucrania tiene un PIB inferior al de Austria o Suiza, pequeos pases que apenas superan los ocho millones de habitantes, y poco mayor que el de la empobrecida Grecia.

Los anlisis realizados por los grandes medios de comunicacin occidentales, repletos de lugares comunes, mentiras y desinformacin, trazan con brocha gruesa un panorama en el que las fuerzas ucranianas proeuropeas, supuestamente partidarias de la libertad y la democracia, luchan contra los partidos ucranianos autoritarios, herederos de un pasado siniestro cuya referencia sigue siendo Mosc. A juicio de la prensa conservadora, la disyuntiva es clara: Ucrania debe optar por la Unin Europea o por Rusia. No hace falta insistir en que ese esquema es de una falsedad evidente: primero, porque las fuerzas dominantes en el pas (los azules de Yanukvich o los naranjas de la oposicin democrtica), ambas, son los instrumentos del poder oligrquico que se hizo dueo de Ucrania tras la desaparicin de la URSS y que se reparti la propiedad pblica, las empresas y la riqueza social acumulada; y, segundo, porque ambos bloques tienen ideologas semejantes, basadas en el predominio de la propiedad privada y en la defensa de una economa capitalista. No hay en ellos dos visiones de Ucrania, puesto que ambas facciones (integradas por distintos partidos) coinciden en las cuestiones fundamentales, aunque se enfrenten por el control del gobierno y tengas orgenes territoriales diferentes e, incluso, simpatas diversas: los partidos naranjas se reconocen ms en la tradicin nacionalista (y, tambin, fascista) del occidente ucraniano, y los azules en las regiones de idioma ruso del Este del pas. Sin embargo, el anterior presidente, Yshenko, o la encarcelada Timoshenko, as como los actuales dirigentes opositores (Arseniy Yatseniuk, Wladimir Klitchko, Oleg Tiagnibok) son muy similares a Yanukvich, partidarios de una economa liberal, y, tambin, no hay que olvidarlo, semejantes a la coalicin rusa conservadora que gobierna en Mosc y que tiene a Putin como dirigente. Todos son unos dirigentes corruptos, cmplices del descarado robo de la propiedad pblica, o bien nuevos allegados que pretenden incorporarse al reparto del botn.

En tercer lugar, porque, de ese escenario, la prensa conservadora ha hecho desaparecer en sus anlisis a la izquierda, que, aunque muy debilitada, mantiene una radical crtica tanto al gobierno ucraniano de Yanukvich como a la oposicin liberal. La fuerza principal de la izquierda es el Partido Comunista, que lleg a ser el ms votado en los aos noventa, con el 25 % de los votos, aunque la accin de los gobiernos de derecha y sus propios errores redujeron su electorado. En las ltimas elecciones, a finales de 2012, el Partido de las Regiones de Yanukvich obtuvo el 30 % de los votos; Batkivschina (Patria), el 255; Udar (Golpe), de Klichko, el 139; el Partido Comunista, el 131, y Svoboda (Libertad), el 104 %.

Ese es el esquema poltico actual en Ucrania, pero quines son esos liberales elogiados y apoyados por los gobiernos europeos y por Estados Unidos, supuestamente partidarios de la libertad de Ucrania? Klitchko (el boxeador protegido por Merkel y el PP europeo), es el dirigente de la Alianza Democrtica Ucraniana para la Reforma (UDAR), una fuerza conservadora y populista que no duda en prometer quimeras y mentir a la poblacin; el nacionalista Oleg Tiagnibok, es el dirigente de Svoboda, una formacin de extrema derecha, claramente fascista en muchos de sus postulados; y Yatseniuk es el dirigente de Batkivschina, el conglomerado de partidos de la encarcelada Timoshenko, coalicin que mantiene unos vagos valores europeos y que es una fuerza de derecha, partcipe de la corrupcin. Timoshenko ha perdido en buena parte el favor de la derecha alemana, que se inclina ahora por apoyar a Klitchko, un demagogo boxeador, que no tiene inconveniente en hacer las promesas ms disparatadas. Enfrente, el partido de Yanukvich es tambin una fuerza conservadora, originaria de las regiones del Este del pas y que ha mantenido una posicin ms amistosa con Rusia, aunque defiende el ingreso en la Unin Europea. La CDU de Angela Merkel financia al partido de Klitchko, y mantiene buenas relaciones con el partido de Timoshenko: no en vano, tanto el partido Patria, de Timoshenko y Yatseniuk, como la Alianza de Klitchko son miembros observadores del Partido Popular europeo. Svoboda es un partido fascista, punta de lanza de las provocaciones y de la xenofobia. En esa oposicin naranjista predomina un nacionalismo xenfobo, antirruso, racista. El antisemita Tiagnibok, por ejemplo, no duda en acusar de los mayores males a la mafia juda que, segn l, gobierna en Mosc.

Oleg Tiagnibok, y su partido Svoboda, fueron los protagonistas de la destruccin del monumento a Lenin en Kiev, como fieles anticomunistas y exaltados seguidores de Stepn Bandera. No era la primera vez que lo intentaban. La puesta en escena del derribo de la estatua de Lenin (semejante, no por casualidad, a la operacin de propaganda que hicieron las tropas de Bush en Bagdad, en 2003, con la de Sadam Hussein) fue catapultada de inmediato por toda la prensa occidental, deseosa de emociones fuertes y de noticias de impacto. El asalto de edificios gubernamentales, ministerios, del ayuntamiento de Kiev, presentados por la prensa occidental casi como una revolucin democrtica, fue acompaado del saqueo de propiedades pblicas, la ocupacin de la plaza de la Independencia de Kiev y una furiosa campaa desencadenada por el razonable rechazo del gobierno ucraniano a un acuerdo de asociacin con la Unin Europea que era claramente perjudicial para el pas. Curiosamente, en esas informaciones parecera que Yanukvich, Putin, Lenin, y, ms all, los rusos, compartan alguna cosa. Nada ms lejos de la verdad. La oposicin liberal, el nacionalismo y la derecha rusa festejaron con gran alegra la destruccin de la estatua de Lenin en Kiev. De hecho, pese a las obvias diferencias, muchas cosas unen al rgimen de Yanukvich, a la oposicin ucraniana, y al propio rgimen de Putin, que tambin intenta ocultar la figura de Lenin a la poblacin, por ejemplo tapando su mausoleo en los desfiles conmemorativos de la victoria sobre los nazis en la Segunda Guerra Mundial: por encima de todo, les une su decisin de hacer irreversible la destruccin del sistema socialista sovitico. Mientras se ponan los focos de la prensa internacional en Kiev, nadie hablaba de las multitudinarias protestas contra el acuerdo de asociacin entre la Unin Europea y Moldavia que tenan lugar en Chisinau, de signo radicalmente contrario a las de Kiev.

La demagogia naranjista cuaj sobre la insatisfaccin popular y en los sectores nacionalistas ucranianos, mayoritarios en el oeste del pas. Es obvio que las embajadas y servicios secretos de potencias occidentales participan en la evolucin de los acontecimientos, y en la financiacin de organizaciones opositoras. Sin embargo, tachar las protestas de conspiracin caricaturiza y simplifica la crisis, aunque no hay duda de que la actuacin de las potencias occidentales, con Merkel a la cabeza, y de Estados Unidos, es una intromisin vergonzosa. No es muy habitual que ministros de gobiernos extranjeros intervengan y apoyen manifestaciones, como hicieron ministros polacos, suecos, o el ministro de Asuntos Exteriores alemn. Catherine Ashton, la responsable de Asuntos Exteriores de la Unin Europea no tuvo el menor reparo en reunirse con Tiagnibok, dirigente de un partido fascista. Por no hablar del paseo del senador norteamericano McCain, a mediados de diciembre, animando a los manifestantes en Kiev, o la visita de la vicesecretaria de Estado norteamericana, Victoria Nuland, repartiendo alimentos en la plaza de la Independencia de Kiev y llamando a resistir y a combatir al gobierno. Cul hubiera sido la reaccin norteamericana si ministros de otros pases se pasearan entre los manifestantes del Occupy Wall Street en el Zucotti Park de Nueva York, por ejemplo, apoyando la ocupacin de sedes oficiales, y llamaran a combatir al gobierno de Obama?

McCain, Nuland o Ashton no fueron los nicos en protagonizar groseras injerencias. Mijal Saakashvili (ex presidente georgiano y probado hombre de Washington, iniciador de la guerra en Osetia del sur, de acuerdo con Bush), acudi a la plaza de Kiev a arengar a los manifestantes llamando a la defensa de la libertad, azuzando los odios nacionalistas, acompaado, adems, de sospechosos grupos de seguridad, armados con objetos contundentes. Lo mismo hizo Vlad Filat, ex primer ministro moldavo; y dirigentes del PP europeo como Jos Ignacio Salafranca, junto a Jacek Saryuz-Wolski, o el ex primer ministro polaco Jerry Buzek. Todos, arengando a los manifestantes. Tambin Kwasnewski, el converso ex presidente polaco, haca un llamamiento a la resistencia para derribar el gobierno ucraniano de Yanukvich. Anteriormente, el secretario general de la OTAN hizo unas declaraciones abiertamente ofensivas para Mosc. Como en otros escenarios semejantes, en las calles de Kiev apareci Marko Ivkovic, un serbio (hoy, nacionalizado norteamericano, creador de Otpor, el movimiento que derroc a Milosevic, que trabaja para el Instituto Nacional Demcrata, y que ha impulsado movimientos de protesta en Georgia, en Ucrania, y Kirguizistn, donde derrocaron a Kurmanbek Bakev), que se reuni con Arseni Yatseniuk para coordinar la accin de los manifestantes de la plaza de la Independencia de Kiev.

Durante la cumbre de Vilna, Angela Merkel, para justificar su poltica y la accin de sus ministros, no tuvo el menor reparo en declarar que pensaba en todos los que, en Ucrania y en Bielorrusia, viven en difciles condiciones polticas. Y lo deca quien no haba dudado a la hora de imponer, por medio de Bruselas, dursimas condiciones a la poblacin griega, irlandesa, portuguesa, y espaola. En los hechos, la Unin Europea desempea, deliberadamente, la funcin de desestabilizar la situacin poltica en Ucrania, sin reparar en las consecuencias ni en los posibles riesgos de enfrentamientos civiles que puedan desatarse, en una irresponsable poltica que recuerda a la que mantuvo durante los enfrentamientos iniciales en la antigua Yugoslavia que acabaron desencadenando una aterradora guerra civil.

* * *

Tras los partidos naranjas, como tras los partidarios azules del gobierno, se encuentran los mismos oligarcas que se enriquecieron con el robo de las propiedades pblicas. La crisis ucraniana es un enfrentamiento entre dos sectores de la misma oligarqua, que pugnan entre s con diferentes partidos para optar a una mayor porcin de la economa del pas y por controlar los resortes del gobierno, que siguen siendo cruciales para la obtencin de riquezas y oportunidades de negocio. Los dos sectores, adems, estn relacionados con el crimen organizado, que ha conseguido dominar importantes reas econmicas, aunque los lazos son oscuros y confusos. Ambas facciones han recurrido al acarreo y la compra de ciudadanos para nutrir los espacios pblicos y las manifestaciones que se han celebrado durante semanas. Pero las dos estn de acuerdo en el acercamiento a la Unin Europea, aun con diferente entusiasmo. Existen diferencias entre ellos: los naranjas consiguen su clientela en las zonas de mayor tradicin nacionalista, al oeste del pas, y los blanquiazules en el Este y Sur (Donetsk, Jrkov, Lugansk, Crimea), de clara inclinacin y cultura rusa, pero ambos optan desde hace aos por la integracin en la Unin Europea, en una competicin demaggica sobre las supuestas ventajas que ello supondra para la poblacin. Muchos ucranianos les han credo, pero el proyecto de asociacin no supondra la llegada de la prosperidad prometida, sino el desmantelamiento de buena parte de la industria y la entrada de empresas y tiburones financieros occidentales. Muchas de las promesas se han vuelto amenazas, y Yanukvich, que teme una revuelta popular por las duras condiciones que supondra aplicar el acuerdo con la Unin Europea, fue consciente de ello retrasando la firma del mismo con la esperanza de conseguir mejores condiciones y, al mismo tiempo, de conseguir ayuda rusa, en un difcil equilibrio que tiene un objetivo a corto plazo: ganar las prximas elecciones. A nadie se le escapa que una zona de libre comercio entre la Unin Europea y Ucrania creara problemas y disfunciones graves en las relaciones ucranianas con Mosc, que vera la llegada de productos occidentales por la puerta falsa de Kiev.

Los elevados ndices de desempleo, los bajos salarios, los altos precios de los productos de primera necesidad, los abusos en la administracin pblica y la polica, la omnipresente corrupcin (bajo gobiernos naranjas y azules), componen el escenario de la crisis, donde la insatisfaccin popular por las duras condiciones de vida es utilizada para nutrir las protestas y dirigirlas hacia objetivos estratgicos. La oposicin quiere trasladar al mundo la idea de que componen un conglomerado de fuerzas democrticas que se opone a la deriva autoritaria del gobierno de Yanukvich, y, tambin, al autoritarismo de Putin, y que se identifican con los valores de la Europa democrtica, sean cules sean esos valores, pero el conglomerado opositor agrupa a viejos demonios familiares para el mundo, en la constatacin de que mantiene no slo una forma distinta de concebir Ucrania: el nacionalismo de Svoboda tiene peligrosas connotaciones fascistas.

En la segunda ciudad ucraniana, Lviv, centro del nacionalismo ucraniano, el ayuntamiento est dirigido por Svoboda (el alcalde, Andrii Sadovyi, es un ultra seguidor de Stepn Bandera), y la prensa occidental recogi, en 2012, el acusado racismo de una parte de la poblacin: los seguidores del equipo de ftbol Karpaty Lviv tienen por costumbre mostrar en los encuentros banderas con smbolos nazis, y son frecuentes las muestras de odio hacia los judos y los comunistas, sin que las autoridades muestren mayor preocupacin, fuera de algunas declaraciones tranquilizadoras para consumo exterior. Sbovoda no ha dudado en homenajear en Lviv a veteranos de las divisiones de las SS nazis, al igual que se ha hecho en los pases blticos, y una de sus actividades habituales es organizar persecuciones de homosexuales. El sector liberal de la oposicin hace algn mohn de disgusto ante la evidente barbarie del nacionalismo ucraniano, pero precisa de sus grupos de choque para crear y mantener la situacin de crisis y de emergencia en el pas. Los grupos ms extremistas reclaman la prohibicin del partido de Yanukvich y del Partido Comunista ucraniano (a quienes califican de organizaciones criminales), exigen la ruptura de los acuerdos con Rusia, la desrusificacin y descomunistizacin, as como la prohibicin a quienes no sean ucranianos para ejercer cualquier cargo pblico, junto a otras exigencias semejantes.

Las ilusiones puestas por una parte de la poblacin ucraniana en la Unin Europea no resisten ningn anlisis. No ya por el destino reservado a la periferia interna (la escalofriante situacin en Grecia, el duro retroceso en Portugal, Espaa, Italia, el asalto a las conquistas sociales en Francia y Alemania, son la prueba), sino tambin por la progresiva derechizacin, el aumento de la segregacin y el racismo, la limitacin de la libertad, y por la inclinacin a aventuras exteriores como las intervenciones en Libia o el abortado ataque a Siria. Sin olvidar que es vital para Ucrania recuperar el volumen de intercambios comerciales con Rusia: el propio primer ministro ucraniano, Nikoli Azarov, declar que, de no ser as, el colapso de la economa sera inevitable. La creacin de zonas de libre comercio entre la Unin Europea y la antigua repblica sovitica no estimulara los intercambios y la competencia, sino que inundara Ucrania de productos de la Unin y hara quebrar buena parte de su estructura productiva. La hipottica ayuda del FMI, utilizada como anzuelo por Occidente, estara condicionada a una serie de obligaciones imposibles de asumir por el gobierno de Yanukvich: nuevos recortes sociales, aumento del precio del gas para la poblacin, limitacin de derechos laborales, reduccin de los presupuestos de ayuda a los ms necesitados. Por lo dems, el acuerdo de asociacin no abre la puerta de la Unin Europea a Ucrania, ni mucho menos, ni establece ningn tipo de plazos para una hipottica integracin futura, ni facilita la movilidad de los ciudadanos ucranianos por el interior de los pases de la Unin. Fija, s, las condiciones para un desmantelamiento voluntario de la economa ucraniana, ya de por s dbil, para facilitar la actuacin de las empresas y del capital de Europa occidental: el destino de Ucrania sera el de Bulgaria o Rumania, un nuevo pen de la estrategia norteamericana en la periferia de Mosc, y, de inmediato, el colapso de su economa, y con toda probabilidad una explosin social que el poder o la oposicin slo podran detener sino con una dura represin. De momento, los acuerdos cerrados entre Putin y Yanukvich (rebaja del 30% en el precio del gas, y la inyeccin rusa de 15.000 millones de dlares en la economa ucraniana, entre otros) evitan, en opinin del primer ministro ucranio, la quiebra de la economa y el colapso social.

Tras todo ello, se encuentra tambin el complejo juego de equilibrios estratgicos: Estados Unidos, y sus clientes de la Unin Europea, siguen apostando por la destruccin del espacio euroasitico que ocup la URSS y que Rusia se esfuerza por reconstruir: Mosc, adems, no quiere a Ucrania en la OTAN, hiptesis que contempla como la culminacin del cerco que se inici hace veinte aos con el incumplimiento de las promesas de Washington a Gorbachov de no ampliar la alianza militar occidental. Tampoco Mosc ve con buenos ojos el acercamiento de Ucrania a la Unin Europea, porque, en buena lgica, impedira la reconstruccin y reintegracin que busca. Despus de todo, argumenta Rusia, si Occidente considera legtimo que Ucrania pueda integrarse en la Unin Europea, por qu no iba a ser legtimo tambin que se asocie con pases con los que Kiev ha estado unida durante siglos? Por el contrario, si Ucrania optase por integrarse en la Unin Aduanera de Rusia, Bielorrusia y Kazajastn, Mosc reforzara considerablemente su posicin y empezara a tomar cuerpo la nueva arquitectura estratgica del espacio postsovitico.

Washington quiere amarrar a Ucrania a una asociacin con la Unin Europea, que le permitira ejercer en Ucrania una influencia semejante a la que tiene en Polonia, y desactivar as el proyecto ruso de reconstruccin, que tiene otros escenarios de enfrentamiento con Estados Unidos en el Cucaso y en Asia central. Por su parte, Bruselas slo aspira, hoy, a ampliar territorios comerciales, sin que disponga de un serio proyecto estratgico para el Este de Europa. Mosc, lucha trabajosamente por superar la divisin que trajo la debacle gorbachoviana y la traicin yeltsinista, consciente de que Occidente no renuncia a apoderarse de una parte del espacio que ocup la Unin Sovitica, y de que no ha renunciado a destruir la propia Rusia. El secretario general del Partido Comunista ruso, Ziugnov, denunciaba recientemente los cantos de sirena para desmembrar partes de Rusia, en Siberia, el Cucaso, y en otras regiones, y no debe olvidarse que Brzezinski defendi recientemente, en la propia Rusia, la estrafalaria idea de que Siberia se separase del pas y se integrase con Estados Unidos, supuestamente para asegurar el desarrollo y el bienestar de la poblacin siberiana. De momento, Yanukvich ha anunciado que Ucrania puede compaginar la asociacin con la Unin Europea y el rango de pas observador en la Unin aduanera que impulsa Mosc, y pretende llegar a soluciones de compromiso con la apertura de negociaciones tripartitas entre Mosc, Bruselas y Kiev, hiptesis que es rechazada de plano por la Unin Europea, y, tras ella, por Washington.

La Unin Europea es la quimera de Ucrania, un espejismo que ayuda a soportar la dura vida trada por el capitalismo, y, en un sorprendente juego de espejos, Ucrania es tambin la quimera de Europa, la huida hacia delante de la Unin para escapar de una aguda crisis interna que puede suponer su propio fin. La intromisin en los asuntos internos ucranianos por parte de polticos europeos y norteamericanos ha llegado a extremos delirantes, vergonzosos, en una disputa de enormes repercusiones estratgicas que no ha terminado, porque la batalla contina.



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