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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2014

Varados frente a Europa

Laura J. Varo
M'Sur - MediterrneoSur


Joven de 21 aos con aspiraciones busca trabajo fuera de su pas. Habla ingls fluido y tiene disponibilidad para viajar. Su meta: Europa. En la vida tienes que aprovechar las oportunidades para conseguir algo mejor, dice Osman, emigrante, a veces tienes que arriesgar lo que sea para lograr lo que quieres. A veces hay que empaquetar una vida y poner rumbo a un nuevo mundo, como ensean las crisis, el paro o las ambiciones. A veces, contina el gambiano, tienes que arriesgar tu vida, morir nunca es tu intencin.

Quiz fue cosa de fe, como dice el joven, que el bote en el que se haba embarcado en una playa libia fuese detectado por los guardacostas. Hasta octubre de este ao, de las 32.000 personas que han intentado llegar al continente de enfrente, ms de 700 han perdido la vida, segn el recuento de Frontex, la agencia europea para la proteccin de fronteras que colabora con el Gobierno libio en la contencin de la inmigracin a travs de EUBAM, una misin de entrenamiento de guardias fronterizos.

Trabajamos con la guardia costera, la guardia fronteriza y la polica de aduanas, confirma la portavoz de la misin. El mandato se restringe a seguridad fronteriza, asegura. Los alrededor de 300 kilmetros que separan Libia de Lampedusa y Malta hacen del Mediterrneo una de las fronteras ms monitorizadas del mundo. Lo que ocurre de puertas para adentro, sin embargo, se queda en casa.

Dos das despus de su aventura frustrada, Osman se sacude la humedad. l y los otros 179 inmigrantes que se apelotonan contra las paredes el centro de detencin temporal de Abu Salim, un suburbio de Trpoli, no han pegado ojo por culpa de los litros de lluvia que se cuelan por el techado para acabar convirtiendo el suelo en un enorme charco. La tormenta les poda haber pillado en alta mar. No fue as, ni han muerto ni han llegado a Italia, se han vuelto invisibles, varados en una prisin improvisada.

Libia, nunca ms

Necesitamos volver, finiquita Labil, de 19 aos. El joven lucha contra el fro en mangas cortas y con un solo guante mientras su compatriota, Jiby John, de 22 aos, se desvive por un cigarro con el que olvidarse del hambre. En todo el da ha comido una barra de pan con un quesito: Todos estamos de acuerdo, si nos llevan de vuelta a Gambia no vamos a volver aqu, ni siquiera a Italia.

Abu Salim no es un centro de alojamiento, denominacin oficial de los locales en los que se apian los inmigrantes irregulares arrestados en el mar, a punto de partir en patera, o en redadas aleatorias en las rotondas de Trpoli, donde se congregan cada maana esperando un patrn que necesite pintores, obreros o carpinteros. No est preparado para que pasen ni una noche, denuncia el propio Al Milya, responsable de la brigada antiinmigracin de la Polica libia que gestiona el lugar. Abu Salim apenas sirve para agrupar la miseria de docenas de africanos antes de derivarlos a otros antros desde donde deportarlos (en el mejor de los casos) o, simplemente, acumularlos.

Con poco ms de seis millones de habitantes, Libia ha sido tradicionalmente un pas receptor de extranjeros. Unas 1.500 personas atraviesan cada da los 4.300 kilmetros de frontera, en su mayora abierta en mitad del desierto, segn el Danish Refugee Council (DRC). Hasta 2011, los datos bailaban entre 1,5 y 2,5 millones de personas cuya situacin jams se preocup de regularizar el rgimen de Muammar Gadafi. La herencia normativa, dos aos despus de la revolucin que puso fin a cuatro dcadas de dictadura, es lamentable: de la mirada de tratados internacionales a los que ha accedido (solo ha ratificado la Convencin de la Unin Africana para la Proteccin de los Refugiados Africanos), no se ha implementado ley alguna concerniente a poltica migratoria.

En Gueryn, a 80 kilmetros al sur de la capital, la desolacin en la voz de los 18 africanos que hacen cola para recibir el rancho es tan opresiva como el olor a cuadra dentro del barracn, apenas ventilado por un ventanuco. El ala, que ha llegado a albergar a 100 personas segn el guarda, acoge los camastros entre paredes tuneadas con banderas, pintadas y posters informativos sobre cmo evitar el contagio de enfermedades infecciosas. All, Destiny, nigeriano de 37 aos, da vueltas a qu pasar con su familia si lo expulsan del pas. Tengo una esposa y un hijo en Trpoli, no saben nada de m, no me dejan llamar, protesta, mi mujer no trabaja, no pueden simplemente mandarme a Nigeria, no puedo abandonarla.

Las opciones son pocas tras cuatro meses retenido. Algunos inmigrantes han estado encerrados ms de un ao, menores como Aout, eritreo de 15 aos, incluidos. Las repatriaciones, de las que el Estado no es capaz de hacerse cargo, dependen de organismos como la Organizacin Internacional para la Migracin, que en el ltimo ao ha devuelto a 800 personas a sus pases de origen.

Libia necesita sistemas adecuados y humanos de gestin migratoria y asilo y estos deberan ser compatibles con las normas internacionales, apunta Nigel Clarke, jefe de misin de DRC. La organizacin recibe un milln de euros de la UE, muy por debajo de los 30 millones presupuestados para cada uno de los tres aos de duracin de EUBAM. Es cierto que la poltica europea respecto a Libia y a la inmigracin en Libia parece ampliamente concebida desde una perspectiva de seguridad fronteriza, concede, la agenda y la financiacin lo reflejan.

Emmanuele Gignac, responsable de Acnur, es ms incisivo. Hay un gran inters en Europa por apoyar a Libia en la gestin del flujo migratorio, subraya. Pero en la frontera, an estamos lejos de conseguir algo [en cuanto a derechos humanos], especialmente en lo que se refiere a refugiados. Segn sus datos, esos son en torno al 60% de quienes intentan cruzar el mar, provenientes de Somalia o Eritrea, y, desde el estallido de la guerra civil, de Siria. La agencia de Naciones Unidas ha registrado ms de 30.000 casos de solicitantes de asilo y refugiados en 2013, algo que tampoco ayuda: Libia no reconoce ese estatus, la nica diferencia con el resto de inmigrantes es que no se les puede deportar.

Los dejamos aqu y ya est, reconoce Najib Mato, jefe de seguridad en las antiguas caballerizas de un parque en Surman, ahora transformadas en centro de alojamiento para 70 mujeres, 32 hombres, 10 locos y un beb etope nacido all. Mato lleva la cuenta al dedillo en un papel escrito a lpiz que guarda en el pantaln. A los de estos pases (Somalia o Eritrea) les hacemos un chequeo mdico y los dejamos salir una semana para trabajar, comenta, esto lo hacemos nosotros como algo humano, si hay algn amigo nuestro que necesita ayuda para preparar una boda o algo, le dejamos algunas chicas.

El propio guarda est preparando su boda y bromea sobre ello al calor de un fuego prendido junto a la colada tendida fuera. Mientras habla, una cancin que escapa de entre las habitaciones a oscuras hace las veces de banda sonora. Dentro, las mujeres han invitado a caf y t mientras se calientan con un cuscs preparado por Malika, una marroqu encerrada solo por tener sida. Cuando termina la conversacin, un grito pone fin al canturreo y un portazo metlico recuerda en las barracas que no son libres siquiera de poner msica a la nada.

Publicado parcialmente en El Pas

Fuente: http://msur.es/2014/02/03/libia-varados-europa/2/



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