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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2014

Es utpico luchar contra el capitalismo?

Julio C. Gambina
Rebelin


La crisis capitalista es un dato de la realidad, aunque algunos la nieguen. Es parte de un diagnstico generalizado, a izquierda y derecha, sin embargo algunos se resisten a esa calificacin.

Hace pocos das, el economista Pablo Rojo me discuta la existencia de una crisis mundial y calificaba de utpica mi propuesta en pos del socialismo [1]. Era en pleno despliegue de la mega devaluacin de fin de enero.

Lo curioso es que tambin me calificaba de utpico un periodista de izquierda ante mis comentarios de nacionalizacin del comercio exterior y la banca realizados en una entrevista radial telefnica antes de la mega devaluacin.

No son los nicos, ya que algunos (muchos) amigos que evalan mis presentaciones pblicas me endilgan la imposibilidad de materializar mis propsitos anti capitalistas y que se requieren soluciones para el mientras tanto, lgicamente dentro del capitalismo.

Utpicos son los que esperan soluciones para la mayora dentro del capitalismo

La realidad es que mientras me califican de utpico, el capitalismo realmente existente contina su desarrollo, con mayor desigualdad a escala mundial y local.

La organizacin OXFAM present en Davos, en el Foro Econmico Mundial, un informe que entre otras cuestiones relata como 85 fortunas tienen el equivalente de la riqueza de la mitad de la poblacin mundial, unos 3.500 millones de habitantes.

A su vez, la CEPAL, en su ltimo Panorama Social de Amrica Latina difundido a comienzos de este 2014 da cuenta del estancamiento en la tendencia a la mejora de los indicadores sociales verificados en buena parte de la dcada 2002/2012, con deterioro de las causas que explicaron el gran crecimiento de la regin y su impacto positivo en la disminucin de la pobreza.

El asunto es que la crisis, con epicentro en el capitalismo desarrollado, situacin normal para calificar de mundial a una crisis, empieza ahora a sentirse entre los pases emergentes, forma de llamar a aquellos territorios receptores de inversiones externas en plena crisis de los desarrollados, y lgicamente con ellos, el impacto de la crisis se extiende a todo el resto de pases, amplificando el fenmeno de la miseria, la pobreza y la mayor explotacin de los trabajadores, de los pueblos y de la naturaleza.

Lo utpico es pensar en un mientras tanto (difuso) en el marco del horizonte capitalista.

Juan Carlos Pugliese, el ministro de economa en el ocaso del gobierno de Ral Alfonsn, confesara a la sociedad que les habl con el corazn y los empresarios le contestaron con el bolsillo. Se puede pensar que se olvid del orden social capitalista presidido por la lgica de la ganancia y la valorizacin del capital.

Ocurre lo mismo cuando las autoridades actuales se sorprenden ante la actitud especulativa de la sociedad ante la posibilidad otorgada por la poltica econmica para ahorrar en divisas, o cuando solicitan a los productores vender sus tenencias acumuladas en silo-bolsas para bien de la situacin econmica nacional.

Ambas acciones, las compras de dlares o las retenciones de producciones, son parte de una cultura propia del orden capitalista incentivado por la posibilidad ofrecida desde la poltica gubernamental.

Ahora, desde el agrupamiento Carta Abierta se acusa al poder econmico de haber obligado al gobierno a devaluar, siendo que el deliberado accionar poltico podra haber enfrentado, no de palabras, sino con acciones la aspiracin por la depreciacin de la moneda nacional.

La propia Presidenta aludi a la ausencia de una burguesa nacional, sujeto imprescindible para el sueo utpico del capitalismo nacional a que convoc Nstor Kirchner el 25/5/2003.

El capitalismo nacional es una utopa!

No existe ese sujeto burgus para un capitalismo nacional en tiempos de transnacionalizacin de la economa, verificado en la dominacin transnacional de la produccin y los servicios en el pas, aun en una dcada de crticas discursivas contra el neoliberalismo, los organismos internacionales y el poder econmico concentrado.

Histricamente, el peronismo pretendi suplir la ausencia de burguesa nacional con el papel del Estado como sujeto colectivo para definir ese objetivo deseado.

Resulta que el Estado ha sido reformulado en los 80 y 90, siendo la institucionalidad neoliberal, reforma constitucional incluida, con sus tratados internacionales e institutos de libre comercio y defensa de las inversiones extranjeras (TBI, CIADI, etc.), con la legislacin favorable a los transgnicos, la reforma al Cdigo minero, la proteccin a la produccin de las terminales extranjeras de la industria automotriz, la promocin de la industria de armadura, o la ley de entidades financieras suprstite; junto al cncer de la especulacin financiera y el endeudamiento, lo que explica el carcter estructural de la subordinacin y dependencia del capitalismo argentino al orden contemporneo del capital, ms all de buenas intencionalidades discursivas.

Un mrito del kirchnerismo fue captar a importantes sectores de la sociedad y el movimiento popular para su proyecto poltico de hacer normal el desarrollo capitalista en la Argentina, es decir, crecimiento econmico con consenso social y relativa capacidad compensatoria de satisfacer necesidades insatisfechas y deterioro absoluto y relativo de condiciones de vida entre 1975 y 2001.

La convergencia de demanda social hacia el 2001-03 con el discurso oficial kirchnerista favoreci la extensin del consenso que empieza a encontrar lmites ante las restricciones para continuar la convivencia del desarrollo capitalista normal con paliativos social de inclusin.

Estamos en pleno despliegue del ajuste

El ajuste responde a plena lgica del rgimen del capital. No es impuesto por lgica externa, sino por la propia dinmica de la bsqueda de la ganancia, la acumulacin y la valorizacin.

La devaluacin desde el 1 a 1 a 1 =1,40 y su proyeccin 1=3 y su evolucin hasta el 1=8 constituyen una poltica de transferencia de ingresos desde la mayora de la poblacin con ingresos fijos a la minora en condiciones de fijar precios en el conjunto de la economa. La poltica de gobierno, sea fiscal o monetaria, de ingresos y precios, ms all de ciertas iniciativas en el intento de frenar aumentos o administrar el precio de la divisa ha sido funcional al modelo de acumulacin de ganancias, de riqueza y de poder.

No todos los pases sufren el problema de la inflacin, no del modo en que se soportan para la mayora de la poblacin en la Argentina. El asunto es que la inflacin, lo dijimos muchas veces, es la forma especfica que tiene el poder econmico actuante en el pas para redistribuir regresivamente el producto social del trabajo en el pas. La responsabilidad gubernamental es esencial, por accin u omisin.

Desde el fortsimo impacto social de la situacin econmica del 2001-2002, se crearon condiciones para desplegar paliativos que nunca retrotrajeron la situacin social a otros tiempos del capitalismo local, previos a 1975, el mximo de redistribucin progresiva en el marco capitalista. El tiempo de las reformas encontraron un lmite hacia el 2007 y por eso la respuesta del capital hegemnico fue la inflacin, que contagia incluso a sectores no hegemnicos, que aumentan precios mientras exista mercado que demande sus bienes o servicios. Por esto es que la inflacin no solo tiene sus causas en los grandes fijadores de precios, sino que estos tienen capacidad de extender la cultura remarcadora asociada a la demanda de un patrn de consumo que favorece a los monopolios.

El gobierno se jacta de no querer generalizar el ajuste. Sin embargo, la inflacin es ajuste. Es algo que sufre la mayora de trabajadores, regulares o irregulares, precarios o no, tercerizados o no, activos o pasivos, incluso benefactores de subsidios congelados o actualizadas en una desigual carrera contra los precios de bienes y servicios que consume la mayora de la poblacin.

La realidad es el ajuste mundial que induce el capitalismo en tiempos de crisis, con especificidades nacionales. En Argentina se pretende disciplinar a los trabajadores que se aprestan a discutir convenciones colectivas, intentando que demanden por debajo de la inflacin pasada y en perspectiva, que dicho sea de paso, nadie puede verificar a ciencia cierta ante las incertidumbres de las mediciones del INDEC. Una gran incgnita es el nuevo indicador federal de la evolucin de los precios, algo a develar en los prximos das y meses.

No es en las conspiraciones en que se debe indagar sobre los responsables de los problemas econmicos de la Argentina, es en el propio capitalismo y su lgica de explotacin de fuerza de trabajo (agro y monocultivo, industria de armadura dependiente de insumos externos) y naturaleza (tierra, agua, minera, hidrocarburos), como en la dependencia del ingreso de inversiones externas (Chevron, por ej.) o prstamos (acuerdo con el BM, bsqueda de acuerdo con el club de Pars para cancelar deuda ilegtima asumida en tiempos de la dictadura genocida).

Llamemos a las cosas por su nombre: el problema es el capitalismo

Resulta imprescindible cambiar la lgica de razonamiento sobre la solucin de los problemas que afectan a nuestro pueblo. No existe salida dentro del capitalismo. Eso es lo utpico. Hace falta enfrentar el orden capitalista y as como el capitalismo tiene sujeto social que lo hace posible, en la vanguardia las transnacionales, los principales estados capitalistas y los organismos internacionales, los que generan el sentido comn mayoritario para un patrn productivo y de consumo privilegiando el slvese quien pueda y el individualismo, el anticapitalismo y el socialismo tambin requiere de la construccin del sujeto social para el cambio.

Esa construccin de sujeto es el mientras tanto entre la denuncia actual al orden capitalista y su gobierno, y la perspectiva para pensar en construir una sociedad alternativa con otro modelo productivo y de desarrollo, bajo el programa de la soberana alimentaria, energtica, financiera en un marco de integracin regional no subordinada.

La soberana alimentaria supone discutir el modelo sojero transgnico monoproductor, bajo el comando de las transnacionales de la alimentacin y la biotecnologa, de Monsanto, Syngenta, Dreyfus, Bunge y otros similares. Se trata de avanzar desde la agricultura familiar y de las comunidades en articulacin con comunidades barriales de abastecimiento popular, extendiendo ferias contra grandes cadenas comerciales monoplicas, en beneficio de calidad de vida y empleo extendido con participacin popular en la definicin del patrn de produccin y consumo.

Al remitir a la soberana energtica se supone asumir el proyecto petroamrica oportunamente sustentado por Hugo Chvez para articular una poltica energtica comn en Nuestramrica, lo que significa aunar criterios de impulso al desarrollo tecnolgico y cientfico autnomo, con aporte de las universidades pblicas de la regin, con asignacin de presupuestos suficientes y una convocatoria a definir el modelo productivo y de desarrollo no solo para el pas, sino integradamente con la regin.

Apuntamos a sustentar la propuesta de nueva arquitectura financiera para la regin, con fondo constituido por las reservas internacionales, las que deben dejar de alimentar las finanzas del capitalismo desarrollado para organizar financiamiento propio con Banco del Sur o del ALBA, con aliento a monedas locales, sea el SUCRE (aceptado en el ALBA y que Venezuela podra proponer al Mercosur), o los acuerdos escasamente desarrollados de intercambio con monedas locales como el suscripto entre Brasil y Argentina.

Todo ello es posible si se denuncian los acuerdos bilaterales, se retira a la Argentina del CIADI, se generaliza una campaa contra el libre comercio redivivo en la Alianza Pacfico o en los acuerdos del Mercosur con la Unin Europea, si se audita la deuda pblica, especialmente ahora la que demanda el Club de Pars, que en su mayora es deuda ilegitima, espuria y odiosa, por haber sido asumida por gobiernos no constitucionales.

Cualquier medida que asumamos en este sentido, sea la nacionalizacin del comercio exterior y la banca, como venimos proponiendo, supone golpear fuerte al desarrollo capitalista e iniciar la construccin de un nuevo orden que me empecino en llamar socialista. No es una utopa la lucha contra el capitalismo y por el socialismo, es una demanda de nuestro tiempo, es el camino por la emancipacin social y la defensa de la naturaleza.

Nota

[1] En el programa de Rolando Graa, tercera posicin, 3P, en A24.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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