Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2014

Contra la esencia

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


A Engels le gustaba esta lapidaria frase de Hegel sobre la esencia aparentemente fija e inmutable: En la esencia todo es relativo; y a m tambin me gusta esta otra de Caro Baroja sobre la misma cuestin: Toda identidad es dinmica. Es decir, variable. O sea, en la identidad, en la esencia, todo es relativo y variable, todo es dinmico. Entonces la pregunta es: existe lo real si su esencia identitaria es variable y relativa en su movimiento permanente? La respuesta es una: desde luego que existe lo real. Sin revivir el ya afirmativamente concluido debate sobre la dialctica de la naturaleza, y cindonos a la dialctica de lo social, es obvio que la realidad objetiva existe. Adegi, por ejemplo, es una organizacin empresarial objetiva con esencia e identidad burguesa. Y porque lo es, ha propuesto una nueva forma de contratacin laboral que, de triunfar, abre la va de retroceso a un estadio social pasado que en lo que nos concierne ahora tuvo dos caractersticas demoledoras: una, la total indefensin de la clase trabajadora, y otra, la exclusin del pueblo de la esencia de la nacin. Ambas caractersticas se fusionan en una sola.

El contrato o convenio colectivo fue una conquista central del movimiento obrero, inseparable de otras como la libertad sindical, las pensiones y las jubilaciones, la seguridad social, etc. Victorias logradas con sangre y sacrificio, pero tambin con sabia determinacin poltica al aprovechar las disputas tcticas entre fracciones burguesas. Unas, las ms obtusas y miopes, queran multiplicar la explotacin aunque ello agotara irreparablemente a la clase trabajadora. Otras, las menos miopes y obtusas, comprendieron que haba que cuidar un poco ms a la gallina de los huevos de oro. La nacin burguesa fue crendose por un lado en estas tensiones interburguesas, que siempre desaparecan cuando se trataba de poner orden y disciplina, atemorizar y escarmentar al pueblo; y por otro lado, en medio del creciente saqueo colonial e imperialista del grueso del planeta. Explotacin interna e imperialismo externo, estos y no otros son los pilares de la democracia burguesa y del mal llamado Estado del bienestar (?). Las excepcionales y nicas circunstancias de la segunda postguerra, el pacto keynesiano y taylor-fordista, adems de otras condiciones, sostuvieron el mito de la paz social, de la desaparicin de la lucha de clases, etc. Muy contados han sido los pases que desarrollaron el Estado-nacin keynesiano; pero an as, su historia est surcada por una contradiccin de clase que se agudiza durante los perodos de crisis estructural prolongada.

Hego Euskal Herria no entra en este selecto club. Aqu no se desarroll el sistema clsico de integracin burguesa democrtica en los contenidos sociales, salariales, lingstico-culturales y de sexo-gnero no slo porque la opresin nacional lo imposibilita sino tambin porque la burguesa de aqu no quiere hacerlo, limitndose a beneficiarse de la descentralizacin administrativa tolerada por el Estado espaol. Adems, la especial configuracin del capitalismo vasco hizo que la lucha de liberacin nacional surgiera con un determinante contenido obrero y popular, en el que la mejora de las condiciones de vida y trabajo era y es una parte sustantiva de la praxis independentista. Mientras que la economa avanzaba mal que bien, con crisis peridicas clsicas, la burguesa sabedora de la combatividad popular intentaba mantener un inestable equilibrio de apariencias reformistas sobre un fondo esencialmente conservador y hasta reaccionario en cuestiones centrales, asestando a la clase obrera cuantos golpes poda. Pero conforme la crisis actual supera a todas las conocidas, entonces el capital afincado an en Hegoalde ha empezado a mostrar su verdadera faz. Apoyndose en el Estado espaol y con la excusa de las exigencias de la UE y de las presiones del llamado mercado mundial, propone un retroceso cualitativo en el sistema de contratacin laboral, individualizndolo en parte, por ahora.

No debemos cometer el error de creer que la indivualizacin de los contratos laborales es un problema que slo afecta a la gente trabajadora. En realidad afecta a la totalidad social por tres razones: una, porque empieza a destrozar la raz del pensamiento colectivo del pueblo explotado, raz que histricamente da un salto cualitativo con la conquista de los derechos sociales, sindicales, salariales, vivenciales, etc., conquista inseparable de la negociacin colectiva en las empresas. Luchar unidos contra la burguesa, negociar unidos los salarios, mantener la unidad obrera y popular a pesar de las represiones, trampas, chantajes y sobornos, tal cohesin de la gente explotada para lograr conquistas elementales termina generando conciencia de clase unida, aunque tarde ms o menos tiempo; por esto mismo, la burguesa siempre ha buscado reinstaurar los contratos individuales.

Dos, en las actuales condiciones de precarizacin, desempleo, y empobrecimiento popular, los contratos individuales son el estoque destinado a matar a la resistencia obrera, a atomizarla en unidades aisladas e incomunicadas entre s. Destrozada la unidad y pulverizada la conciencia colectiva, la ideologa individualista burguesa tender a rebrotar rpidamente en sectores del pueblo atemorizados por la precarizacin vital, acogotados por las deudas y el empobrecimiento, inseguros por su presente y por el futuros de sus familias. Miedo, egosmo insolidario e individualizacin del contrato son las tres patas de perfecta dominacin capitalista, la que apenas necesita de la represin fsica directa porque cada cual se reprime a s mismo, rebaja sus peticiones o reniega de sus ideales con tal de firmar un leonino y humillante contrato secreto con una patronal envalentonada, que estipula prcticamente el despido a capricho, fulminante.

Y tres, en un pueblo trabajador nacionalmente oprimido, la unidad obrera lograda y sostenida en la lucha socioeconmica fortalece el proceso de liberacin nacional. Dado que la burguesa se ampara en el Estado opresor, dado que utiliza sus leyes para enriquecerse ms y ms, con suma facilidad se evidencia entonces la comunin de intereses materiales entre ella y el Estado. La conciencia del pueblo oprimido va as forjando una identidad nacional propia, trabajadora, opuesta a la identidad explotadora de la burguesa. Romper esta dinmica es vital para el poder, y junto a otros ataques para lograrlo, la invidualizacin del sistema salarial penetra como un torpedo por debajo de la lnea de flotacin en la sala de calderas de identidad nacional popular, reventndola.

La actualizacin de la maltusiana tesis de la individualizacin extrema por parte de la burguesa aqu residente se realiza en el mismo momento en el que esta patronal reafirma su total negativa a cualquier posibilidad independentista, reconoce eufrica la dbil presencia prctica del soberanismo pese a su alta cota electoral, y deja que el cooperativismo interclasista sufra un varapalo tremendo debido a sus propias limitaciones internas. Es en este contexto relativamente nuevo en el que debemos volver a Hegel y a Caro Baroja, entre otros muchos dialcticos. La identidad y la esencia contradictorias de Euskal Herria siempre estn en movimiento por la lucha de sus contradicciones internas y las presiones externas. Ahora mismo, la burguesa aqu afincada refuerza sus ataques para hacer que lo relativo, variable y dinmico de la identidad oscile definitivamente hacia el orden material y simblico del capital, debilitando o mejor destruyendo si fuera posible la identidad popular antagnica que siempre late en la dinmica esencia contradictoria de todo pueblo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter