Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2014

La desobediencia como necesidad urgente

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


En Agosto de 2008 escrib un relativamente largo texto titulado La desobediencia como necesidad, a libre disposicin en la Red. Ahora presento a debate pblico en la Kultur Etxea de Burlata, Irunea, este otro mucho ms breve en contenido pero algo ms largo en el ttulo al aadirle la prioridad de la urgencia. Las razones que justifican este llamado a la urgente necesidad de la desobediencia masiva, sostenida, coordinada y organizada, son obvias. De verano de 2008 a enero de 2014 se ha endurecido, intensificado y extendido sobremanera el ataque sistemtico e implacable del capital contra el trabajo, de los Estados nacionalmente opresores contra los pueblos que explotan, y del sistema patriarco-burgus contra las mujeres. Y este devastador ataque inhumano va a endurecerse ms an.

Todava en Agosto de 2008 ramos relativamente pocos quienes defendamos no slo la existencia de una crisis sistmica en el capitalismo mundial, que iba agravndose por momentos, sino que sobre todo insistamos en que esa crisis estaba adquiriendo especial gravedad, formas y expresiones mucho ms agudas en el Estado espaol por sus contradicciones sociohistricas irresolubles. Todava ramos menos quienes plantebamos la necesidad de avanzar en la autoorganizacin prctica y terica para aumentar las luchas contra los ataques capitalistas. El texto La desobediencia como necesidad se inscriba en este esfuerzo por acelerar la concienciacin prctica y terica que avanzaba ms lentamente que la celeridad creciente de la crisis. Entonces era obvio que por momentos se agrandaba la distancia entre la rpida agudizacin de las contradicciones objetivas y el lento avance de la conciencia subjetiva organizada como fuerza material.

La reflexin sobre la desobediencia en cuanto una de las seas bsicas de la identidad humana autoconsciente y crtica, esta reflexin imprescindible, deba ser por tanto impulsada en las dos vertientes de la praxis: en la accin y en el pensamiento. Bien mirado, este esfuerzo vena de lejos pero se haba reforzado nada ms estallar la crisis parcial en Agosto de 2007, cuando la denominada crisis de los bonos basura destapaba una podredumbre subterrnea ms pestilente e infecta, ms generalizada, que la trgica hecatombe de miles de familias obreras y populares norteamericanas lanzadas al abismo de los desahucios. Si en Agosto de 2008 ramos pocos quienes advertamos del problema, an ramos menos quienes justo un ao antes explicbamos que la crisis parcial de los bonos basura se inscriba en una dinmica de confluencia de sub-crisis en una nica gran crisis capitalista que por sinergia dialctica o ley del aumento cuantitativo y del cambio cualitativo, era esencialmente ms grave que la simple suma de las crisis parciales, cambio cualitativo ante la que debamos responder rpidamente. En Lecciones prcticas de una crisis prevista, del 17-08-2007, a libre disposicin en la Red, se avanzaba en esta direccin.

El punto decisivo sobre el que gira en estos momentos la praxis de la desobediencia como urgente necesidad no es otro que el de la correcta valoracin de la esencia de la crisis capitalista actual. Ms adelante comentaremos algo sobre la frivolidad inconsciente de quienes siguen reduciendo la desobediencia a la mera ideologa pacifista, pero antes debemos hincar los pies en el suelo de la realidad e introducir nuestra cabeza en lo ms duro de la lucha de contrarios antagnicos que determinan las tendencias fuertes que est imponiendo la burguesa mundial al amparo de la crisis. La desobediencia, como una de las tcticas de lucha revolucionaria, slo tiene visos de efectividad si se basa en una correcta valoracin de los cambios introducidos por el capital en sus anteriores tcticas, estrategias, doctrinas y paradigmas represivos, cambios destinados a imponer definitivamente brutales condiciones de sobreexplotacin que, en Occidente, nos recuerdan a las existentes en el capitalismo de finales del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX, antes de que la lucha obrera y popular empezara a obtener victorias sectoriales que mejoraban relativamente su malvivencia cotidiana. Pero slo nos lo recuerdan porque ahora, a estas alturas del siglo XXI la civilizacin del capital dispone de instrumentos de terror material y simblico, de potenciacin del fetichismo, de sumisin y de obediencia muy superiores a los de entonces.

Es por esto que la tctica de la desobediencia debe siempre estar supeditada a la estrategia de la toma del poder como camino hacia la Repblica Socialista Vasca, porque slo una perspectiva histrica revolucionaria puede oponerse a la perspectiva histrica reaccionara. El tiempo poltico no es neutral, es un arma. Es por esto que siempre es necesaria la revisin autocrtica de lo que se ha escrito y sostenido en el pasado, porque malvivimos en una realidad objetiva de lucha permanente de contrarios irreconciliables de manera que el capital, los Estados espaol y francs, el sistema patriarco-burgus, tambin intervienen activamente en la lucha con sus planes a medio y largo plazo, con sus innovaciones y con sus alternativas varias, que frecuentemente aparentan ser diferentes cuando en el fondo buscan el mismo objetivo. Las referencias a los dos textos arriba citados, el de 2008 y el de 2007, y a otros que no se citan pero que son tambin necesarios como los que tratan sobre la teora de la organizacin de 2011, por ejemplo, corresponde a este deber metodolgico de autocrtica colectiva permanente, virtud tensa sustituida hace tiempo por de la cmoda palabrera normalizadora y moderadora.

Lo que sigue es una muy breve sntesis de las tendencias fuertes desarrolladas por el capital con la excusa de salir de la crisis, sntesis inserta en la lnea terica y poltica de los dos textos referenciados pero realizada bajo las transformaciones acaecidas desde entonces hasta ahora. Consta de tres puntos:

El primero concierne a las dificultades que tiene la izquierda europea y vasca para superar la derrota terica y tica --mal llamada derrota ideolgica-- sufrida en los aos 70 e incrementada en los 80 y que justo ha empezado a ser revertida desde la segunda mitad de la dcada del 2000. Naturalmente que son fechas aproximadas, que ha habido lugares en los que la derrota ha sido menos grave y ms corta en duracin, y que en otros ha empezado ms tarde; ahora no podemos analizar al detalle estas diferencias. En qu consiste esta derrota en lo relacionado con la crisis y la desobediencia? Sobre todo en que se ha perdido o se ha debilitado grandemente el conocimiento terico de lo que es el capitalismo y de su capacidad de desactivacin por un lado y por otro de integracin en su beneficio del malestar social latente y hasta emergente. La teora marxista de la crisis no se limita slo a sus causas, sino tambin a su desarrollo y a sus posibles salidas, con sus efectos en el largo futuro de la humanidad explotada. Por ejemplo, ahora mismo la mayor parte de las contestaciones crticas a la propaganda oficial sobre los supuestos primeros brotes verdes se centran casi exclusivamente en demostrar que lo contrario, siendo muy contadas las que se extienden ms all de lo inmediato para alertar sobre lo realmente decisivo: la entrada definitiva del capitalismo mundial en una nueva fase represiva y explotadora global.

Constreida por esta limitacin, la tctica de la desobediencia slo se piensa a muy corto plazo y para reas muy restringidas de la totalidad explotada, oprimida y dominada. Por lo general, se cree que la situacin socioeconmica y poltica tender a mejorar a corto o medio plazo, que la presin no violenta de la llamada sociedad civil, o del pueblo a secas, sin contradicciones clasistas internas, lograr frenar la voracidad omnvora del capital y de su nacionalismo imperialista facilitando as la realizacin de acuerdos institucionales que abran vas para la reconquista de derechos restringidos, prohibidos e ilegalizados. Simplificndolo un poco: se trata de una desobediencia parcial, a ratos, sobre aspectos sectoriales, que convive con una obediencia masiva, cotidiana, psicolgico-afectiva y poltico-cultural. Sin perspectiva histrica de las innovaciones explotadoras y represivas introducidas durante la crisis, nuestra mente no puede superar lo ms inmediato, ni tampoco comprender los dramticos efectos acumulativos de tales innovaciones en la creciente precarizacin de la vida.

El segundo punto concierne precisamente al concepto de precarizacin. Precarizar la existencia, reducir casi hasta la nada la sensacin colectiva de seguridad vital imponiendo la incertidumbre atemorizada, hacer del egosmo ms fro e individualista la nica garanta de sobrevivencia en medio de la precariedad absoluta, y en este contexto presentar al Estado como el guardin que nos protege de los peligros pero a costa de cederle nuestra libertad, este es uno de los objetivos vitales buscados por el capital. Aunque siempre haya alguna fraccin burguesa dispuesta a frenar un poco el empobrecimiento social y la precarizacin, la tendencia mayoritaria de la clase dominante ha sido, es y ser la de reducir las condiciones vitales al mnimo suficiente para la imprescindible recomposicin y cualificacin de la fuerza de trabajo, nunca ms all de ese mnimo socialmente establecido por la lucha de clases. La burguesa no descansa en imponer ese mnimo, sabiendo que slo la lucha obrera y popular se lo impide; por esto, cuando se sabe con fuerza sociopoltica suficiente endurece sus ataques a los instrumentos obreros y populares por antonomasia: sus organizaciones, sus sindicatos, sus movimientos populares y sociales, sus medios de prensa libre y crtica, etc. Debilitados stos, o destruidos, ilegalizados, entonces la clase dominante endurece sus ataques.

Aunque existe una conexin interna casi directa entre la pobreza relativa y absoluta y la precarizacin social, hay que saber que en determinados perodos la pobreza puede ampliarse o reducirse segn los vaivenes de la lucha socioeconmica de clases, pero que la precarizacin es una necesidad tendencial al alza de la lgica capitalista que slo puede ser derrotada mediante la revolucin social y poltica. Slo la revolucin socialista puede acabar con la tendencia a la absoluta precarizacin existencial porque sta no es otra cosa que la prdida total de medios propios de autoexistencia, de medios de produccin propios, colectivos y comunes, que garanticen que una persona no tenga que venderse a un empresario como esclavo asalariado por poder subsistir. La precarizacin consiste en la indefensin creciente, en la prdida de la independencia personal y colectiva porque se ha cado en la dependencia del salario propio o ajeno ya que el capital se ha apropiado mediante la violencia fsica o econmica de las fuerzas productivas.

La precarizacin aumenta al aumentar la concentracin y centralizacin de los capitales, de la riqueza, en cada vez menos manos, mientras por el lado opuesto aumenta la gente que carece de todo menos de su fuerza de trabajo, y eso cuando todava est en condiciones psicosomticas de ser explotada hasta el lmite. Por esto existe relacin casi directa entre empobrecimiento y deterioro de las condiciones de vida y trabajo, por un lado y precarizacin vital por otro lado aunque en determinadas fases de la lucha de clases la burguesa tenga que conceder aumentos salariales y mejoras sociales debido a la gran fuerza obrera mientras que, por lo bajo, contina aumentando la poblacin que slo tiene su fuerza de trabajo para existir. Una vez que a un pueblo o a una persona se le ha expropiado de cualquier medio de autoexistencia independiente de la propiedad burguesa, o sea, una vez que se le ha rebajado a la inhumanidad de esclavo asalariado directo o indirecto al margen de la cuanta salarial que reciba, se multiplica exponencialmente la probabilidad de empobrecimiento. A la vez, se refuerza la tendencia al autoritarismo, al recorte de derechos y libertades. Y es que la tendencia a la concentracin de la propiedad privada en una minora selecta es incompatible con la tendencia al incremento del malestar social difuso e inconcreto en su inicio, pero que puede concretarse y materializarse despus.

Desde esta perspectiva, la marxista, la desobediencia debe adquirir otro contenido diferente al que se le daba hasta ahora porque la creciente precarizacin de la existencia slo puede mantenerse a la larga mediante un sistema represivo que anule cualquier posibilidad de resistencia, sobre todo antes de que esta empiece a tomar cuerpo en las iniciales desobediencias descoordinadas pero que pueden llegar a ser peligrosas si crecen y se coordinan. Y sobre todo cuanto la resistencia avanza de ser defensiva a ser ofensiva, es decir, cuando mediante la formacin terica y poltica toma conciencia de que la superacin de la precariedad vital exige la socializacin de las fuerzas productivas, la socializacin de los bienes privatizados por y para la burguesa y que antes eran comunes, colectivos, pblicos, en sntesis, mediante la expropiacin de los expropiadores. En la medida en que no exista esta conciencia poltica y terica, la desobediencia defensiva puede llegar a ser tolerada y en determinadas circunstancias inducida y apoyada indirectamente por determinadas fuerzas burguesas para manipular la simple indignacin del pueblo utilizndolo contra otros sectores burgueses. Tal ha sido el caso de la manipulacin por parte del PSOE de amplios sectores del movimiento 15M, aunque no de todos, para crear un movimiento ciudadano contra el PP.

La desobediencia indignada sirve de poco si no avanza a la rebelin poltica y tericamente guiada. Entre otras muchas, la experiencia alemana tambin es aplastante, y del mismo modo en el que el avance del autoritarismo social norteamericano marca la pauta del capitalismo mundial, la alemana marca la del europeo. Pues bien, el retroceso sistemtico y continuado de las condiciones de vida y de trabajo, de los derechos reales, durante ms de dos dcadas en Alemania muestra la perversa capacidad del capital para anular la mitologa tpica de las tcticas de desobediencia del famoso movimiento verde, ecopacifista, ecofeminista, alternativo, etc., integrndolo en buena parte incluso en la poltica euroimperialista. Y por si fuera poco, una vez desactivada aquella desobediencia, aquella famosa nueva forma de hacer poltica, la burguesa alemana est preparndose para atacar a su verdadero enemigo: la lucha obrera y popular mediante la militarizacin soterrada pero legal de la vida sociopoltica al permitir por primera vez desde 1945 que el ejrcito intervenga pblicamente con excusas manipulables y laxas como las de situaciones de riesgo, catstrofe, etc.

En realidad se trata de la dinmica de policializar lo militar y de militarizar lo policial que recorre con diversos ritmos e intensidades todo el capitalismo mundial, y que responde a las necesidades represivas detectadas en las proyecciones de futuro que realizan los aparatos multidisciplinares en los que la industria poltico-meditica est integrada como parte esencial. Estos aparatos son a su vez parte de los comits de crisis de los Estados en los que se planifican estrategias diferentes para diferentes posibles crisis ms o menos graves o parciales, hasta llegar a las definitivas, las crisis revolucionarias. Alguien cree que las nuevas leyes represivas introducidas por el PP, la compra masiva de armas y municiones antidisturbios, la impunidad legal represiva concedida a las policas hasta ahora privadas, todo esto y ms responde slo a los especficos intereses econmicos de la industria de la represin, como se ha sostenido desde el reformismo, o en realidad responde a las previsiones del Estado como centralizador estratgico de todas las represiones?

En la medida en que la precariedad de la existencia aumenta, tarde o temprano se refuerzan las condiciones objetivas que facilitan el surgimiento de las desobediencias, de las resistencias y de la conciencia revolucionaria como sntesis ltima de este proceso, siempre y cuando existan organizaciones revolucionarias que luchen en el interior de las masas explotadas aportando su experiencia terica, recibiendo lecciones prcticas y fusionndose con y en las luchas concretas.

Y el tercero y ltimo punto trata precisamente de las relaciones entre la praxis organizada y las desobediencias desorganizadas y descoordinadas como componentes de una estrategia revolucionaria de toma del poder. Por qu se plantea tan crudamente el problema en vez de hablar genricamente, en abstracto, por mucho que se llegue a especificar y hasta dar nombre concretos a formas particulares de desobediencia? Pues porque siempre hay que bucear hasta la raz de los problemas, ah en donde se libra el choque a muerte entre la independencia y la dominacin, entre ser propiedad-de-s-mismo y para-s-mismo, o se propiedad-de-otro y para-otro; dicho de otro modo, entre la propiedad colectiva en la que la persona se sabe parte activa y dirigente, libre, y la propiedad privada en la que la persona se sabe parte pasiva y dominada, esclavizada.

Las diversas formas de desobediencia tarde o temprano llegan a este punto de bifurcacin: por el lado de la izquierda, avanzan llenando su desobediencia de contenido socialista y colectivo, o por el lado de la derecha, frenan su desobediencia aceptando la derrota. No existe una tercera alternativa cuando se ha avanzado hasta la cuestin de la propiedad y del poder, cuando se ha llegado al lmite de la accin desobediente porque, a partir de ah, lo que se cuestiona es la opresin misma. Por ejemplo, el ejercicio del divorcio legal y definitivo, que no la simple separacin; la decisin de abortar despus de haber discutido y enfrentado a todas las presiones contrarias; la decisin de denunciar en el juzgado las agresiones machistas en el domicilio, en la empresa, en las relaciones afectivas, sabiendo que con ello se inicia de un duro proceso judicial lleno de incertidumbres pero que conduce a la justicia, estos y otros pasos hacia la libertad son tomados, por lo general, despus de prcticas de desobediencia creciente, de resistencias cotidianas, de negativas y de rechazos a las rdenes que emanan en todo momento del sistema patriarco-burgus.

Las desobediencias iniciales de muchas mujeres tienen en esencia la misma lgica interna que otros procesos de lucha emancipadora en los que las iniciales resistencias se enriquecen y radicalizan mediante el contacto con otras experiencias, con colectivos de ayuda y solidaridad mutua que aportan conciencia terica y apoyo prctico. Los movimientos populares y sociales en barrios y pueblos que se enfrentan al racismo, al narcocapitalismo, a los desahucios, a la especulacin urbanstica, al consumismo de las grandes superficies; las luchas sindicales y sociales, culturales, recreativos; las reivindicaciones socioecolgicas; la autodefensa antifascista, todas estas riadas que pueden ir confluyendo en un incontenible tsunami de emancipacin nacional de clase, recorren cada una a su manera el mismo sendero bsico del ejemplo puesto sobre la inicial desobediencia antipatriarcal.

Como resultado, si el proceso sigue adelante, las desobediencias tienden a mirar ms al futuro que al presente, toman conciencia de que llegarn batallas ms speras y que la sencilla pero necesaria negacin inicial ha de dar el salto a una lucha por un objetivo preciso: la libertad. Segn sean las luchas, la conciencia poltica que cohesiones esas desobediencias iniciales va apareciendo como necesaria con diferentes ritmos, pero en lneas generales y sobre todo en un contexto de larga crisis profunda, entonces esa concienciacin puede avanzar ms rpidamente tal como lo explica la ley del desarrollo desigual y combinado.

Para terminar, llegamos al momento en el que la conciencia desobediente se enfrenta al problema de asumir el contenido poltico de toda explotacin, incluida la que esa conciencia sufre, o de retroceder espantada ante la perspectiva que se le abre. La ideologa dominante, la sntesis social burguesa, nos hace creer que existen cauces legales, democrticos, que debidamente cumplimentados resuelven los problemas por lo que las desobediencias siempre tienen que moverse por el interior de esas veredas, sin desbordarlas. Hacerlo, salirse de lo tolerado y de lo democrtico, deslegitima la razn de la protesta y justifica que la ley intervenga. Tal creencia presiona demoledoramente en todas las situaciones individuales o colectivas en las que puede crecer una resistencia a la opresin, sean las que fueren, porque estn inscritas en el cdigo ideolgico del democraticismo burgus. Tolerancia democrtica y desobediencia limitada y cobarde se apoyan mutuamente, formando las dos mandbulas de un cepo que una vez cerrado amputa la conciencia y encadena la libertad.

La solucin no es otra que llenar de contenido poltico y terico socialista toda prctica de desobediencia, de lo contrario ser integrada, paralizada o destrozada.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter