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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2014

Una iglesia sin dios ni moral

Moiss Rubio Rosendo
Rebelin


Desde que Jorge M. Bergoglio sustituy a Joseph A. Ratzinger en la cspide de la burocracia eclesistica, muchas personas han visto signos que parecen indicar que la Iglesia catlica puede estar modernizndose y recuperando el espritu de apertura del ya quincuagenario Concilio Vaticano II.

Y si es cierto que, en apariencia, "el papa Francisco" est lanzando mensajes que pueden hacer pensar de esta manera, una mirada ms exhaustiva invita a pensar que con ello slo se pretende una flexibilidad cultural suficiente para asegurar la supervivencia de la arcaica estructura de la Iglesia catlica, fundamentada en un gobierno autocrtico, un discurso colonizador y un ejrcito de fieles vasallos.

Jugando entre lo pblico y lo privado

En la configuracin moderna del Estado, la burocracia eclesistica carece formalmente de privilegios, pero si una numerosa ciudadana catlica toma posiciones colectivas, la iglesia se convierte en un agente socialmente legitimado para negociar con los estados y en el mercado. As, despus de siglos de dominio social y poltico, la nica manera que encontr la oligarqua catlica de mantener sus privilegios -a pesar de las ideas emancipatorias ilustradas- fue contar con un ejrcito de sbditos que se lo garantizara. Por este motivo, la burocracia eclesistica necesita tener un mbito de influencia que le sea propio, en el que pueda erigirse duea y seora: el mbito privado.

As, al manejar la dualidad pblico-privado, lo que pretende la iglesia es distanciar dos expresiones de una misma realidad, erigindose en la conciencia de una de ellas (la privada) para controlar ambas. Su preocupacin en el mbito de la sexualidad y el aborto son una expresin de su deseo de control sobre el mbito privado; su tenaz lucha contra la educacin para la ciudadana muestra el inters por ser la nica institucin legitimada para formar los valores (de nuevo el mbito privado) del individuo.

El engao de esta treta radica en que la distincin entre lo pblico y lo privado no existe: cada persona (lo privado) est moldeada por la sociedad a la que pertenece (lo pblico), al igual que sta est moldeada por los individuos que la conforman. Son un continuo: no hay sociedad sin individualidades ni individuos sin sociedad. Y la burocracia eclesistica sabe que tener capacidad de control sobre el individuo y la familia, es tener influencia sobre la organizacin social, poltica y econmica. Su verdadera motivacin al erigirse en estandarte de la moral no es la vida, la dignidad o las buenas obras, es su propia supervivencia como grupo privilegiado.

Esto explica, por ejemplo, que no haya ninguna correlacin entre la estridente lucha que mantiene la iglesia contra el aborto y sus escasas manifestaciones contra el militarismo. Es que tiene ms derecho a la vida un embrin que una vctima de un conflicto blico? Evidentemente, no; pero el aborto (y no as la guerra) entra dentro del mbito privado que la iglesia pretende controlar.

La mercantilizacin de los sacramentos

Y como se trata de una cuestin de nmeros, la iglesia ha mantenido una estrategia burda pero efectiva para asegurarse a sus sbditos: la mercantilizacin de los sacramentos. El bautismo, la eucarista (en particular la "primera comunin"), la confirmacin y el matrimonio no exigen una demostrada coherencia con el estilo de vida de Jess, slo una manifestacin expresa de fe: cualquiera puede acceder a los sacramentos si consiente decir las palabras adecuadas.

Con la costumbre de su parte y sin muchas exigencias, la iglesia vende sacramentos en el mercado de la fe para asegurarse el mayor nmero posible de fieles y, con ello, su capacidad de influencia poltica y sus privilegios. Frente al discurso de que es dios quien da sentido a todo, en la prctica, aquello que legitima hoy a la iglesia es la aceptacin de sus productos en el mercado. En trminos econmicos se dira que, en vez de una estrategia de diferenciacin, la iglesia ha asumido una estrategia de costes: vende barato para hacerse con el liderazgo.

Una contradiccin que supone que la iglesia refuerza al mercado -y no a dios- como sacro central de nuestro tiempo: es a l (el Mercado) a quien se debe. En otra poca, si hubiera habido quien pudiera hacerlo, la burocracia catlica habra sido juzgada por hereja.

Dos iglesias que suman privilegios

Esta aseveracin lleva a plantear necesariamente que existen dos iglesias: la del cuerpo burocrtico (papa, cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes y diconos) y la iglesia laica o seglar.

En el cuerpo burocrtico, jerrquicamente organizado y con una fuerte jefatura del papa, reposan todos los poderes de la iglesia: es donde se genera todo el cuerpo legislativo, se concentra todo el poder ejecutivo y donde se dirimen todos los conflictos. Con l conviven adems grupos de laicos y laicas, por lo general agrupados en torno a parroquias, que aceptan y se sienten parte de ese entramado. Esta iglesia es la que mantiene sus privilegios sociopolticos gracias al mercado de los sacramentos.

La otra iglesia, la ms multitudinaria, est conformada por todas aquellas personas que han accedido a los sacramentos bien porque son convenciones sociales, bien porque son vividos como ritos de paso. Un uso de los sacramentos que poco tiene que ver con la fe o el compromiso con el estilo de vida de Jess. En muchos de estos casos ni siquiera se acepta a aquel cuerpo burocrtico como cuerpo mediador entre el ser humano y dios: de ah la famosa frase creo en dios, pero no en la iglesia. Paradjicamente, este nutrido grupo laico es el que legitima la influencia poltica de los curas.

La obra social de la iglesia

En la obra social de la iglesia podramos incluir a Critas, algunos hospitales, centros asistenciales, etc: instituciones cuya funcin es atender a personas con determinadas necesidades especiales. Sin duda, un trabajo tan imprescindible como insuficiente, porque tan importante es el cuidado de esas personas como transformar la estructura social que permite las situaciones que padecen y el imaginario colectivo que las condena.

De hecho, puede decirse que cualquier actuacin sobre la realidad oscila siempre entre una posicin colaboradora y otra transformadora: si no se presta atencin a la transformacin de la realidad, se la est manteniendo. Y la principal carencia de la obra social de la iglesia es que no tiene vocacin transformadora, por lo que se est perpetuando las condiciones que provocan los grandes retos que afronta hoy el ser humano, en teora hombres y mujeres iguales a los ojos de dios.

Esta situacin, lejos de ser casual, es fruto de los privilegios que anhela mantener la burocracia eclesistica: si ya han vendido su dios al Mercado, que sentido tendra contrariar a las grandes fuerzas polticas y econmicas con las que quiere codearse?

La experiencia de la transcendencia y las misiones de la iglesia

Mencin aparte requiere otra obra social de la iglesia que, en el fondo, no es tal: las misiones y ONGD catlicas. Mostradas al mundo como un ejercicio de solidaridad, la verdadera razn de su existencia (tampoco se oculta) es la evangelizacin: llevar la luz de Cristo a todos los pueblos del mundo. Esta misin es consecuencia de la visin sobrenatural de dios: si existe un ser omnipotente al que se atribuye la creacin del universo, la lgica exige que no existan otros dioses en competencia. Sin embargo, si se percibiera a dios como una manifestacin cultural de la trascencedencia, podran comprenderse y respetarse otras manifestaciones culturales diferentes de esa misma realidad.

Desde la perspectiva social, las misiones de la burocracia eclesistica obvian toda crtica al ideario economicista, desarrollista y globalizador que supone el proyecto modernizador de Occidente. Como misin evangelizadora, y aunque el espritu pueda actuar donde y como quiera, la iglesia sigue manteniendo el discurso etnocntrico de que su fe es la nica verdadera.

Como resultado, los proyectos sociales y evangelizadores de la iglesia suponen la imposicin del modelo de vida occidental a todos los pueblos del mundo, adems de una agresin a la diversidad de los sistemas simblico-culturales de interpretacin de la trascendencia y la pertenencia al cosmos. Hoy, como antao, la cruz sigue acompaando a la espada en la colonizacin del mundo.

Cuestiones clave que no parecen preocupar a la iglesia

El mundo de hoy necesita respuestas nuevas a cuestiones que no lo son tanto. Y aunque la mayora de ellas ya estn siendo respondidas por movimientos sociales, rara vez la iglesia se pronuncia y toma postura, ms all de discursos vacos de toda coherencia.

Uno de los ms importantes se refiere a los estrechos vnculos que existen entre el Estado, el Mercado y los ejrcitos, y cmo entre las tres instituciones se promueve la canibalizacin de unas personas por otras, de unos pueblos por otros, en nombre del progreso, con la libertad de Mercado por bandera y en pos de la acumulacin de riquezas.

La posicin de dominio del hombre sobre la mujer y el marcado carcter etnocntrico de los vnculos de Occidente con los dems pueblos del planeta es otra de esas cuestiones; ya que provocan relaciones de fuerza asimtricas entre las personas en funcin de su sexo o por su origen tnico, siempre a favor del hombre blanco.

Tambin es importante dar una respuesta global al problema medioambiental: la razn, la ciencia, la tcnica y el trabajo son los elementos que han llevado al mundo occidental a percibirse superior a la naturaleza, objetivarla e instrumentalizarla. El resultado es ya conocido: la expoliacin de recursos; la prdida de la biodiversidad; la contaminacin atmosfrica, de la tierra y de los ocanos; el calentamiento global...

Por fin, el aumento del precio de los combustibles, la deslocalizacin de los procesos productivos, el actual desmantelamiento de los derechos laborales y de nuevo la destruccin del medio ambiente hacen ya difcil e inconveniente el acceso a puestos de trabajo tradicionales, de qu manera puede afrontarse la necesidad de nuevos sistemas de valores y estrategias de supervivencia personales y colectivas?

Una sola Iglesia con sabor a Evangelio

Desde el convencimiento de que no existe un ser sobrenatural con personalidad propia, capaz de pensar, sentir y actuar en y sobre el mundo; tampoco parece que defender la existencia de ese ser todopoderoso tenga que promover necesariamente un imaginario perverso: el dios-padre(1) es la parbola con la que se mostr la idea de la trascendencia al pueblo (judo) ms humilde, ofrecindole as una utopa que poda dar sentido a sus vidas e incluso a su muerte.

En cualquier caso, aunque el lenguaje, las metforas y los smbolos de Jess pudieran haber sido revolucionarios en su tiempo, mantener hoy ese imaginario puede dificultar una manera propia de transitar nuestro camino a la trascendencia. De hecho, nuestra cultura respeta a un ser consciente imaginado sin llegar a aceptar que ese dios puede no ser ms que una antigua parbola del cosmos(2).

Ahora bien, afirmar esto no puede llevarnos a negar la posibilidad de que otras personas o grupos puedan hacer una interpretacin actualizada de los evangelios, porque al margen de las dos iglesias a las que ya se ha hecho referencia, es innegable que tambin existe un tercer sector de personas que vive su fe desde una opcin que ahonda en las races de la pobreza y en la relacin de sta con el contexto medioambiental, cultural, poltico y econmico. Un sector que entiende que el estilo de vida cristiano necesita, ms que grandes declaraciones voluntaristas, un anlisis profundo de las realidades del planeta, un compromiso de denuncia de toda forma de explotacin y un quehacer cotidiano coherente con tales anlisis y compromiso.

Sin embargo, este tercer sector es sistemticamente ignorado y ocultado -cuando no condenado- por la burocracia eclesistica, que ve en el sabor a Evangelio una amenaza a sus privilegios. Y no es slo que el verdadero sentido del cristianismo pueda encontrarse en este tercer sector, es que las otras dos iglesias son una realidad contra la que es imprescindible movilizarse: bien por su complicidad con los grandes centros de decisin global del planeta, bien por su pasividad ante los grandes retos que afronta hoy el ser humano.

Esta verdadera Iglesia, que poco o ningn espacio tiene para "transformar la iglesia desde dentro", debe sentirse legitimada incluso a hacer lo que cuentan los evangelios que hizo Jess a los mercaderes del templo, porque en nombre y en beneficio de quin hace negocios y mantiene su influencia la burocracia eclesistica?

Notas

(1): El propio Jess no es otra cosa que el arquetipo de hroe mitolgico clsico, probablemente al servicio de algn grupo religioso liderado por los evangelistas.

(2): Dios, como representacin del cosmos, no adquiere entidad por s mismo ni cuenta con un especie de espritu propio: es ms un artificio humano, una propiedad, un sentido que le damos al percibirlo; la manera en que nuestra mente dota de significado a la realidad en la que se circunscribe; el valor simblico con que nuestra especie lo desborda todo en su mirada consciente.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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