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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2014

Oro

Alfredo Molano Bravo
El Espectador


Al menos cinco personas murieron, 15 resultaron heridas y 17 estn desaparecidas, luego del colapso de una mina de oro aluvial en el corregimiento de Sanabria, municipio de Santa Brbara-Iscuand, en la costa pacfica nariense.

Este contenido ha sido publicado originalmente en Vanguardia.com en la siguiente direccin: http://www.vanguardia.com/actualidad/colombia/246924-al-menos-cinco-mineros-muertos-tras-derrumbe. Si est pensando en hacer uso del mismo, recuerde que es obligacin legal citar la fuente y por favor haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. Vanguardia.com - Galvis Ramrez y Ca. S.A.

El colapso de una mina de oro aluvial el 14 de febrero dej varios muertos y heridos graves en el municipio de Santa Brbara-Iscuand, en la costa pacfica nariense.

Cuando se habla de oro, y de minas, se piensa en un hueco largo, con vigas de madera y chorritos de agua que se deslizan por las paredes del tnel.

Cuando se habla de Santa Brbara de Iscuand, quizs se piensa en la costa del Pacfico. Si se agrega que hubo una docena de muertos en ese lugar, muchos pensarn que no cuadra la cosa. Muertos en una mina de oro en Iscuand? Acaso hay socavones en los manglares? Pues no. Socavones no, pero minas de oro, s.

S, porque el oro que se est sacando por toneladas en el litoral Pacfico se saca usando retroexcavadoras, buldceres, dragas, mercurio y muertos. En Iscuand puede haber 300 o 400 retroexcavadoras. Cada una obtiene, en promedio, una libra semanal; remueven miles de toneladas de tierra y dejan huecos en los que no se recuperar la vegetacin ni sembrando yarumos, un rbol que se da en todas partes. Es tierra envenenada que ha pasado por las uas de las retroexcavadoras, por los canelones llenos de mercurio y por las manos de los negros que la vuelven a lavar con una batea de madera para sacar, si la suerte les ayuda, un adarme de oro, o sea lo que pesa un grano de maz blanco y criollo.

Las retroexcavadoras entran sin licencia y pasan frente a las autoridades legtimas e ilegtimas, que cobran por dejarlas entrar a trabajar y luego cobran por dejar sacar el oro. Las retros hacen huecos que pueden tener 50 metros de dimetro. Remueven horizontal y verticalmente lo que llaman, con asepsia encubridora, material. En realidad es la delgada capa vegetal donde antes haba selva ms piedras, arenas y gredas. Todo. Los negros van detrs de las retros, o mejor, a su lado, y en cada tronera que abren las mquinas se meten 100 o 200 barequeros. Las retros escarban y ahondan y las paredes de ese material se derrumban sobre la gente que est trabajando. En general son miembros de la misma comunidad con la que el patrn de la retroexcavadora ha hecho un trato. A veces les pagan con plata, a veces con una moto, con un par de celulares, con un revlver. Todo depende del cateo que el patrn haya hecho para saber cunto oro puede dar la veta, o el sitio.

La costa del Pacfico est toda cateada por las compaas de empresarios mineros y por las grandes empresas aurferas colombianas, canadienses, surafricanas. El nico que no sabe cunto oro hay, ni donde est, es el Estado. Y no quiere saberlo, porque los gobiernos locales ganan por un lado o por el otro con esa explotacin y dejan que el gobierno central conserve su calculada inocencia.

Circula en los medios de comunicacin la noticia de muertos, heridos y sepultados en una mina de oro. Las autoridades competentes, para llamarlas como las llaman, y que son todo lo contrario, no saben cuntos muertos son porque la Armada Nacional dice que es muy difcil llegar all, a esos manglares que estn bajo su responsabilidad militar, y por donde se saca madera, oro, coca, cocana, y entran armas, insumos.

A los muertos que pueden ser muchos los sacarn en helicpteros medicados, como dice la informacin que circula. Los sacarn y la gente los llorar con sus gritos eternos y despus de nueve noches volvern con sus bateas a seguir sacando lo que dejan las retros y lo que el Estado de cosas permite.


Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/oro-columna-475283



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