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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-02-2014

Entrevista a Rita Segato, especialista argentina sobre la violencia de gnero en todo el suelo latinoamericano
Mujer y cuerpo bajo control

Karina Bidase
Revista


Rita Segato es una intelectual feminista lcida. Vive en Brasil, naci en el barrio porteo de Constitucin y se define como una mujer del Sur. Comprometida con el feminismo latinoamericano, los movimientos indgenas y el movimiento negro en Brasil, sus libros son un blsamo al cual recurrir para poder penetrar los grandes dilemas de nuestro tiempo. Acaba de publicar La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Jurez (Tinta limn). Esta entrevista realizada en Buenos Aires es un fragmento de una charla sobre renovados proyectos emancipadores.

Qu cambios ha observado en Ciudad Jurez, y en su propia reflexin, en la dcada que va de 2003 a 2013?

En Ciudad Jurez descubro el territorio, la territorialidad. Lo que antes se deca estar en la base hoy se dice estar en el territorio. Ha pasado a formar parte del vocabulario de las personas y del vocabulario poltico. En 2003 yo empiezo a ver al cuerpo de las mujeres como una funcin territorial, como territorio mismo y lo relaciono con la idea de soberana. Desde los 70 se vena hablando de la posicin de la mujer como naturaleza, lo que despus pas a ser criticado dentro del feminismo. Eso pas a ser muy frtil de varias formas: comenc a decir que el cuerpo de las mujeres era el propio campo de batalla donde se plantaban las banderas del control territorial, jurisdiccional, donde las nuevas corporaciones armadas en las modalidades mafiosas de la guerra no convencional, emitan los signos de sus siempre fugaces victorias, de su capacidad de soberana jurisdiccional e impunidad, y tambin comenc a pensar en los porqus del cuerpo como ese bastidor en que se cuelgan insignias. Tambin vi, que el cuerpo es nuestro ltimo espacio de soberana, lo ltimo que controlamos cuando todas nuestras posesiones estn perdidas. Las afinidades semnticas entre cuerpo y territorio, dentro del paradigma colonial, son infinitas Posiblemente el cuerpo indio no tenga, desde una perspectiva precolonial o nocolonial, esos mismos significados. Pero la colonialidad se los asigna. Esto, cruzado con las polticas de las identidades, cuya crtica es el tema central de mi libro La nacin y sus otros es tambin, y de otra forma, frtil. El formateo de las identidades, como soporte de la poltica, tiene que ver tambin con lo territorial, lo que voy a llamar en dos ensayos de ese libro y en otro texto posterior el carcter territorial de la poltica hoy. La cultura poltica de las identidades es tambin territorial y, si prestamos atencin, constataremos que hasta la poltica partidaria es hoy una cuestin de identidad y, por lo tanto, de territorio. La expansin de las identidades en red, las formas de anexin de miembros a redes identitarias o, en otras palabras, en redes como territorios, es hoy el tema y el proyecto de la poltica. As como la religin hoy se prende al control fundamentalista de los cuerpos (y aqu coloco en el mismo plano el velo obligatorio en el islam y la obsesin antiabortista entre los cristianos) por razones que son de soberana jurisdiccional y no de orden teolgico, moral o doctrinal, de la misma forma, las razones de la poltica son hoy del orden de la cohesin y de las alianzas y, en ese sentido hasta la poltica partidaria es hoy poltica de identidad y su proyecto puede ser tambin comprendido como territorial, entendiendo la red de sus miembros como su territorio. Entonces, el tema de los cuerpos, de su control y de la espectacularizacin de ese control sobre los cuerpos se ha vuelto central en la poltica.

Cmo define la poltica de la identidad?

Cuando cae el Muro de Berln y finaliza la Guerra Fra, el paradigma dominante de la crtica poltica pasa a ser el de la poltica de las identidades. Identidades que, para ese fin, pasan a ser formateadas y globales. La crtica antisistmica, al sistema capitalista y sus metas de acumulacin y concentracin pasa a ser sustituida por una poltica de identidades y se enfoca en lo distributivo. En ese sentido el discurso de los DDHH pasa a tener un papel que poco se ha examinado y cuya meta inclusiva no es otra que la de poner lmites al pacto estadocapital. En lugar de la crtica antisistmica, pasa a considerarse que deben haber algunas garantas de proteccin para aquellos que no son igualmente productivos, desarrollados, modernos o, mejor, modernizados, para que puedan incluirse, no slo a los derechos sino tambin en el mercado. Las polticas de inclusin siempre hay que mirarlas bajo un signo de interrogacin. Son interesantes como agitacin porque cuando uno dice hay que incluir est tambin apuntando a fallas severas del orden social, de la justicia, del bienestar colectivo. Entonces los DDHH entran ah, cuando hay que poner lmite a la intervencin del capital en las instituciones, al poder del capital en el orden estatal. El capital nunca se satisface y los DDHH son la normativa que intenta ponerle coto a su injerencia. Las polticas de las identidades no son ms anti sistmicas como fue la poltica del activismo de los 70. Cuando pasa ese perodo histrico, queda una especie de silencio, un interregno, durante el cual los de nuestra generacin quedamos perplejos ante la cada del Muro. Aunque no fusemos pro rusos, aquello era un mundo alternativo con un proyecto alternativo al capital. Cuando esa ilusin acaba, sobreviene un gran silencio. No tenemos una historia de la mentalidad, no he visto investigaciones de cmo se transforma la conciencia de las personas en el perodo que va desde los 60 hasta la transformacin de los paradigmas de la poltica, de cmo se transform el paisaje de nuestra conciencia a travs de un cisma ideolgico muy profundo.

Ha podido el discurso de los DDHH proteger a las personas de la violencia del proyecto capitalista? Y trasladado esto a las mujeres, ha podido protegerlas de la masacre misgina?

Creo que no, lo que estamos viendo es que ese techo de contencin de los males a que pueden ser expuestas las personas muestra su incapacidad de protegerlas, y es indispensable liberarnos de nuestra fe cvica y comenzar a sospechar de la capacidad del Estado y de las organizaciones supraestatales para proteger a las personas. Ms que de una fe cvica, estamos sufriendo hoy de una ceguera cvica. Hemos utilizado demasiado tiempo y puesto demasiadas fichas a la expansin de esos derechos y lo que vemos es un mundo en que nunca hubo mayor concentracin de riquezas y las personas estn cada vez ms vulnerables. Tenemos que preguntarnos qu ha pasado y qu est pasando, cmo hemos perdido derechos bsicos en la Argentina frente al camino del capital, es decir, a los valores de la competitividad, la productividad, la acumulacin, la concentracin cada vez mayor y la exclusin. Entonces el discurso de los DDHH, como promesa efectiva de proteccin por parte de cortes estatales supraestatales, es, hasta el momento, francamente ficcional, es una falsa conciencia. La justicia moderna es punitiva por naturaleza, no constructiva. Todo el peso es colocado en la negatividad, y prcticamente no hay resultados en los aspectos positivos de la justicia. Lo que es incontestable es el valor de agitacin y pedaggico del discurso de los Derechos Humanos, en su capacidad de persuadirnos de que debemos transformar valores, costumbres, y por lo tanto, humanizarnos, azuzando nuestra insatisfaccin tica por una mayor felicidad colectiva.

En qu momento de su trayectoria se cruza con el pensamiento de Anbal Quijano?

Cuando escucho en l la manera ms lcida y ms conmovedora de hablar de la raza y el racismo sin entrar en la trampa de las polticas de las identidades de matriz multicultural burguesa, que es ornamental: las figuritas del indio, del negro, cada uno haciendo su papel, Quijano propone cmo pensar la raza histricamente y no a partir de conos de diversidad que son superficiales, cosmticos, enlatados, falsamente naturalizados, como en el multiculturalismo. Cuando cae el Muro se abren dos caminos nuevos de la poltica: uno es del multiculturalismo anodino, como le ha llamado Homi Bhabha, donde la estructura, o sea, el sistema, no est en juego y no cambia, y el otro camino es el de la crtica de la colonialidad como la estructura profunda que gua la reproduccin de las desigualdades. La crtica de la colonialidad busca en las lgicas indgenas y en las lgicas comunitarias caminos alternativos al del capital. Quijano nos ofrece un anlisis sociolgico, filosfico e histrico que permite entender la raza como una invencin histrica y por fuera completamente del multiculturalismo. La raza es producto de la racializacin de origen colonial. Le recientemente una propuesta de descolonizacin maravillosa en un libro publicado por el gobierno de Evo Morales, pero que no cita al autor que es el que genera esta idea de una colonialidad diferente del colonialismo y de un pensamiento descolonial. Y me pareci equivocada la utilizacin de formulaciones que son claramente de Quijano sin el debido reconocimiento de autora. El reconocimiento de la gestacin de las ideas es sagrado para m, y no se trata de propiedad y s de parentalidad. Reconocer autora es muy importante sobre todo en nuestro mundo latinoamericano, en primer lugar porque un autor es una posicin en la escena histrica y tens que comprender la escena y la historia; si vos lo censurs, le negs este conocimiento a la gente, le negs acceso a la genealoga de ese pensamiento, el quin y el dnde. La genealoga permite situarse en una historia. Me doy cuenta de eso a partir de una lucha en la que particip activamente, como fue la lucha por las cuotas raciales de estudiantes negros en Brasil, cuyo proceso de gestacin se ha censurado. Esa lucha que protagonic en 1998 contra la discriminacin de un estudiante negro en el Doctorado de Antropologa en la Universidad de Brasilia origin la primera propuesta de reserva de cupos para estudiantes negros y algunas medidas inclusivas para estudiantes indgenas. Hoy es una realidad consagrada pero condicionada a una censura de la historia que origin ese proceso debido a la cual muchos estudiantes negros piensan que un rector, un ministro o el mismo Lula tuvo un da una idea beneficiosa y, con un golpe de pluma, tuvieron la gentileza de firmar un decreto que les dio acceso a la universidad. Decirles que sujetos concretos, situados en las escenas histricas de nuestro continente pensaron propuestas que tomaron forma es hablarles de su propia potencia transformadora y constituye una verdadera pedagoga poltica. El reconocimiento de la autora y del protagonismo son esenciales por esa razn autorizadora, especialmente en un continente en el que las universidades, por su eurocentrismo endmico, ensean que las ideas y los grandes cambios histricos siempre se originan en otro lugar.

Cmo pensar entonces la relacin de afectacin sumamente cruel y violenta del cuerpo de las mujeres por el paradigma territorial de la poltica?

El cuerpo de las mujeres es particularmente afectado por este paradigma territorial que domina hoy el pensamiento contemporneo. Como sostuve en mi libro Las estructuras elementales de la violencia , la violencia sexual tiene componentes mucho ms expresivos que instrumentales, no persigue un fin, no es para obtener un servicio. La violencia sexual es expresiva. La agresin al cuerpo de una mujer , sexual, fsica, expresa una dominacin, una soberana territorial, sobre un territoriocuerpo emblemtico.

Cmo mueren las mujeres en ese espacio de la guerra que has llamado segunda realidad?

La mujer muere en el espacio domstico por la gran lucha, la gran tensin entre los gneros, porque el hombre est masacrado, emasculado por el capitalismo contemporneo. La presin sobre el sujeto masculino es enorme, y ste se restaura como masculino tambin mediante la violencia. Restaura dentro de casa la masculinidad que pierde fuera de casa. Pero tambin la mujer muere en otras esferas. Por ejemplo, en las estadsticas de Bolivia entre 1 de enero y el 31 de agosto de 2011, de todos los asesinatos cometidos, 62,5% son de mujeres, y menos del 51% ocurren en el espacio domstico; el otro 49% ocurren en otro lugar y eso nuestras categoras no lo alcanzan a ver. Muchos de esos bitos, que, cada vez ms ocurren fuera del ambiente domstico, son de mujeres que mueren en las guerras informales de la segunda realidad, esfera en que las mujeres y, en algunos casos, nias, como lo fue Candela, son torturadas, violentadas sexualmente, asesinadas como espectculo de la soberana de quien tiene el control territorial en esas guerras que nunca empiezan y nunca terminan, que son guerras continuas, sin declaracin y sin armisticio, sin victorias ni derrotas ms que transitorias. La impunidad y discrecionalidad de lo que se puede hacer con el cuerpo de las mujeres como el lugar donde se implanta la insignia de la soberana expresa el control territorial en la modalidad mafiosa de las nuevas guerras informales.

Fuente original: http://www.revistaenie.clarin.com


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