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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2014

The Act of Killing
La rabia ante el criminal confeso

Pascual Serrano
Mundo Obrero


Existe algo ms elocuente y demostrativo de un genocidio que el testimonio directo de sus supervivientes? S, el testimonio sin arrepentimiento de los verdugos y, adems, su escenificacin. Ese testimonio muestra, adems, de la veracidad del genocidio la prueba clara de la impunidad.

Haji Mohammad Suharto lleg al poder en Indonesia tras un golpe de Estado en 1967 con el apoyo de la CIA con el pretexto del asesinato de seis generales derechistas. En su camino hacia el poder, y como jefe del Ejrcito, mediante escuadrones de la muerte y grupos paramilitares, masacr a todo tipo de opositores, desde comunistas a sindicalistas o simples campesinos. Los analistas establecen que, en menos de un ao, asesinaron, en torno a un milln de militantes comunistas en lo que se convirti en uno de los ms grandes genocidios del siglo XX.

El director Joshua Oppenheimer vivi en Indonesia y descubri con sorpresa que uno de sus vecinos era uno de los que haba protagonizado cientos de esos asesinatos. Era tal la naturalidad e impunidad con que relataba sus crmenes que se dio cuenta que grabarle era la forma ms reveladora de la criminalidad de lo sucedido. Y as es como se hace en 2012 The Art of Killing, un documental en el que una caterva de paramilitares procedentes del lumpen explican y escenifican de un modo tan pattico como odioso y repugnante el mtodo con el que torturaban y asesinaban a los comunistas en los sesenta. Y por si esa impunidad no fuese suficiente, en algunas escenas en las que recrean masacres de aldeas anteras o en actos de reafirmacin les acompaan ministros del gobierno.

Es tanta la pulsin vanidosa de estos dirigentes paramilitares que aceptan entusiasmados la propuesta del director de protagonizar ellos mismos las escenas de las masacres que cometieron hace ms de cuarenta aos. Entre sus grotescas interpretaciones de cine gore -pero fieles a la historia- y las conversaciones captadas aparentemente sin que ellos lo supieran, el documental nos provoca el rictus de quien siente una mezcla de vergenza ajena por el ridculo de esa canallesca pero, al mismo tiempo, despierta mayor odio que cualquier denuncia de organizacin de derechos humanos hubiera logrado. La siguiente indignacin es la de comprobar que ni el gobierno ni la justicia indonesia, ni ninguna otra justicia internacional haya intentado o conseguido actuar contra quienes ellos mismos se reconocen autores de un genocidio de inocentes. Alguien se imagina a unos criminales nazis relatando y escenificando las torturas a judos, las cmaras de gas, los asesinatos de mujeres y nios a sangre fra? Sin embargo, como las vctimas eran indonesias y comunistas, los torturadores siguen ah pavonendose. El espectador puede ver sus caras, el reconocimiento de sus crmenes, la confesin de la inocencia de sus vctimas, la representacin de las torturas que infringan, el homenaje y la gratitud de los miembros del gobierno indonesio. Todo ello alternado con el lujo hortera de los palacios donde viven los criminales, el deleite con el que se pasean por un centro comercial. Hasta escuchamos a uno de ellos decirle a su nieto que le pida perdn a un patito al que lastim una de sus patas. Lo dice quien asesin a mil personas y no tiene ni pizca de arrepentimiento. En todo ello muestra Oppenheimer su genial exposicin de la irona.

El 27 de enero de 2008 mora a los 86 aos el ex dictador que dirigi todo ese genocidio. La agencia Efe dijo que su presidencia da comienzo la era del Nuevo Orden: estabilidad, crecimiento, desarrollo y orden. (). La democracia vigilada permite un progreso econmico notable y el general de sonrisa constante, voz clara y fuerte, y de hablar pausado, pasa a convertirse entre su pueblo en Bapak Pembangunan (Padre desarrollo). Como dice uno de los criminales en un momento del documento: "Lo que se considera crimen de guerra est definido por los vencedores. Ah est Bush y Guantnamo. Ahora todos los critican pero no ha sucedido nada.

Pascual Serrano es periodista. Su ltimo libro es La comunicacin jibarizada (Pennsula).



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