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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-02-2014

Lo sucedido en Lampedusa y Ceuta no son anomalas, sino la normalidad de la frontera
Mentiras y alambradas

Eduardo Romero
eldiario.es


Hay algo de efectos mucho ms profundos que la manipulacin, incluso que la mentira. Anders, Pasolini, Alba Rico nos han hablado de ello en diferentes momentos desde que, a mediados del siglo XX, una parte de la humanidad se convirti en consumidora compulsiva de un ingente nmero de mercancas, incluida la mercanca televisiva. En vez de recorrer nosotros mismos los caminos, ahora es el mundo el que nos recorre, sealaba Anders. Ningn centralismo fascista ha logrado lo que el centralismo de la civilizacin de consumo, escriba Pasolini. Y Alba Rico caracterizaba la nueva psicologa del consumidor como de mximo sentimentalismo y mxima indiferencia. Estos tres autores nos alertan, en definitiva, de la generalizacin de una percepcin de los hechos sociales caracterizada por la ausencia de memoria, de imaginacin y de responsabilidad.

No es culpa de los medios de comunicacin ni del Ministerio del Interior que no conozcamos la verdad. Porque sabemos la verdad. Sabemos que ms de 20.000 personas se han ahogado en la frontera sur desde el ao 1988. Sabemos que otras miles permanecen desaparecidas. Nos consta que su desgracia no responde a designios divinos: los violentos dispositivos fronterizos o los naufragios por la voluntad policial de impedir el paso son noticia recurrente. Conocemos incluso la existencia de naufragios en alta mar de los que nadie da cuenta, producto de rutas cada vez ms largas y peligrosas para sortear la militarizada frontera. Sabemos tambin que los barcos de la OTAN han dejado morir a inmigrantes en alta mar. Y no nos cabe ninguna duda de la connivencia entre los cuerpos policiales espaoles y norteafricanos, sea para disparar balas contra los cuerpos de quienes saltan la valla en el ao 2005, para disparar balas de goma contra quienes nadan hacia una playa o para abandonar en el desierto a inmigrantes detenidos en redadas en Marruecos o Argelia. Sabemos tambin que los cuerpos policiales marroques y argelinos nuestros socios violan sistemticamente a las mujeres que transitan hacia Europa.

Dentro de nuestras fronteras sucede algo parecido. La muerte de Osamuyi en un vuelo de deportacin, asfixiado por la mordaza policial, fue publicada en todos los medios. Y quin puede ocultarnos que existen Centros de Internamiento de Extranjeros en el Estado espaol? Conocemos su existencia, y tambin sabemos que personas encerradas en sus muros mueren: Samba muri en el CIE de Aluche; Mohamed, Idrisa y Alik, en el de Zona Franca. Cada muerte sali en todos los peridicos. Como tambin son pblicas las decenas de informes que demuestran las atrocidades cometidas en el interior de estas crceles racistas.

De las redadas no hace falta que nos informen los medios de comunicacin. Basta caminar por las calles para verlas, basta circular por las estaciones de trenes o autobuses, o por determinados barrios, para saber que el ministro de turno cuando las niega miente. Su mentira en este caso slo puede poner en evidencia a Alfredo Prez Rubalcaba o a Jorge Fernndez Daz.

Precisamente porque ya sabemos, he renunciado hasta ahora a sumar palabras a la efervescencia meditica en torno a Lampedusa y Ceuta. Todo el mundo sabe la verdad. Y acumular escritos que hablan de los centenares de muertos en aguas italianas o de las quince personas asesinadas en la colonia espaola en Marruecos puede provocar un efecto perverso: que pensemos que Lampedusa y Ceuta fruto de esta atencin desmedida son una anomala. Que la frontera sur europea funciona normal y pacficamente y que, de vez en cuando, operan la bajeza moral y la violencia policial, y es entonces cuando se produce un trgico accidente y un terremoto poltico. Pero es al contrario: la anomala en la frontera sur sera que hombres y mujeres migrantes la cruzaran de sur a norte con la misma naturalidad con que millones de turistas, militares, diplomticos, cooperantes y empresarios europeos y espaoles la cruzan de norte a sur. La normalidad es que los policas disparen y las personas migrantes mueran. La normalidad es que se hundan las embarcaciones y no reciban socorro. La normalidad son los muros y las alambradas. Si Lampedusa y Ceuta fueran la anomala, sera imposible contar decenas de miles de cadveres en la frontera.

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Hay algo mucho ms profundo que la mentira. Pero no minusvaloremos los efectos de sta. A veces la mentira es tan obscena, tan rastrera y despreciable, que no queda otra que abandonar el silencio para combatirla.

El lunes pasado el diario El Pas titulaba en su portada: 30.000 subsaharianos preparan el salto a Europa por Ceuta y Melilla. El subttulo tampoco tena desperdicio: Los intentos de entrada desestabilizan y crean alarma social. La fuente en la que se basa El Pas para redactar su principal noticia de portada semana y media despus de las quince muertes en Ceuta es un informe de la inteligencia espaola que seala la enorme presin migratoria en torno a las dos ciudades espaolas. Organizaciones criminales, saltos masivos, empleo de la violencia por los subsaharianos, son algunas de las perlas de la ejemplar portada.

No nos escandalicemos. Esta portada tampoco es anmala o excepcional. Ya hace ms de una dcada en el ao 2003 el Consejero de Economa canario haba declarado en los medios: O creamos all una zona de prosperidad o nos invaden 20 millones de africanos. En 2006, El Pas y muchos otros medios se sumaron con furor a la campaa poltica y meditica que coloc en portadas y noticiarios a la llamada crisis de los cayucos. Dicha campaa converta la llegada de inmigrantes a Canarias en un grave problema demogrfico. Y al calor de dicha campaa, el gobierno espaol el de Zapatero y Rubalcaba aprob el Plan frica, un plan palabrera aparte diseado para militarizar y externalizar la frontera y para utilizar la excusa de la inmigracin ilegal para promover intereses neocoloniales en frica. Intereses pesqueros e intereses petrolferos y gassticos formaban parte de aquella ofensiva diplomtica y comercial.

Cuntos migrantes llegaron a Canarias en 2006? Precisamente treinta mil, el mismo nmero que ahora segn El Pas y la inteligencia espaola aguardan el salto por Ceuta y Melilla. Desparramemos un puado de cifras: en 2006 vinieron a Espaa ms de 400.000 inmigrantes, lo que converta en residuales a las treinta mil entradas por Canarias. Y es que en el perodo 2000-2008 entraron en el Estado espaol ms de 5 millones de inmigrantes, con llegadas anuales en algunas ocasiones de ms de 700.000 personas. En el ao 2006 visitaron Canarias 9,5 millones de turistas. Y treinta mil inmigrantes eran un grave problema demogrfico?

Actualmente hay ms de 6 millones de inmigrantes en el Estado. Si exceptuamos Marruecos, el nmero de inmigrantes con tarjeta de residencia procedentes del continente africano es del 4,5 por ciento. El otro 95,5 por ciento procede de otros continentes. Cul ha sido la avalancha subsahariana por la frontera sur? A lo largo de todo el ao 2012, ltimo ao del que ha aportado cifras el Ministerio del Interior, las entradas de inmigrantes por Ceuta y Melilla, en todo un ao, no llegaron a las 3.000.

Las cifras de El Pas daan la inteligencia.

La inteligencia espaola es la misma que dispar las balas de goma.

Fuente: http://www.eldiario.es/quehacemos/Ceuta_Fronteras_6_230337003.html

Eduardo Romero es coautor del libro Qu hacemos con las fronteras. miembro de la Asociacin Cambalachey de su Grupo de Inmigracin. Participa en la iniciativa asturiana "Ruta contra el racismo y la represin", y es autor de varios libros editados por Cambalache:Quin invade a quin. Del colonialismo al II Plan frica(2011),Un deseo apasionado de trabajo ms barato y servicial. Migraciones, fronteras y capitalismo(2010),A la vuelta de la esquina. Relatos de racismo y represin(2008), yQuin invade a quin. El Plan frica y la inmigracin(2007). Tambin ha participado en las obrasFrontera Sur(Virus, 2008), ySi vis pacem. Repensar el antimilitarismo en la poca de la guerra permanente(Bardo Ed. 2011). Colabora adems en la publicacin feministaLa Madeja.

Para ms informacin, esta entrevista con Eduardo Romero, y este extracto del libro.




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