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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2014

Siete falacias sobre el comunismo (y el capitalismo)

Jesse Myerson
Salon

Traduccin al espaol de Atenea Acevedo.


Lo que la mayora de la poblacin estadounidense [i] cree saber del capitalismo y el comunismo raya en el absurdo. Veamos por qu.

 

Los comentarios en torno a las recientes muertes de Nelson Mandela, Amiri Baraka y Pete Seeger ponen en evidencia que la idea que la mayora de los estadounidenses tiene sobre el capitalismo y el comunismo raya en lo absurdo. No es de sorprender dada la historia del llamado miedo rojo en nuestro pas, diseado para grabarnos a fuego la nocin de que ser anticapitalista equivale a cometer traicin a la patria. Me parece que en 2014 ya estamos bastante lejos de la amenaza de la aniquilacin termonuclear propia de la Guerra Fra y es tiempo de hacer un balance de la propaganda que nos han inoculado a pesar de la famosa advertencia de Harry Allen que aconsejaba: no le creas a la propaganda. Bien, aqu presentamos siete falacias sobre el comunismo y el capitalismo.

1. Solo las economas comunistas ejercen la violencia de Estado.

Evidentemente, ningn magnate de los capitales privados que valga su peso en adquisiciones apalancadas renunciar de buen grado a su fortuna, y todo intento por lograr la justicia econmica (como los impuestos) enfrentar la rgida oposicin de la clase propietaria. Sin embargo, la violencia de Estado (como los impuestos) es inherente a todo conjunto de derechos de propiedad que un gobierno conciba adoptar, incluidos aquellos que permitieron al hipottico magnate antes citado amasar su fortuna.

En el capitalismo, las disputas por la propiedad se zanjan gracias a la voluntad del Estado de recurrir a la violencia a fin de excluir a todos los rivales, con excepcin de uno. Si reclamo para m la propiedad de una de las mansiones de David Koch, como el liberal anglosajn que es, recurrir al gran gobierno y sus armas para ponerme en mi sitio. Es dueo de la mansin porque as lo afirma el Estado, el mismo Estado que amenaza con llevar preso a cualquiera que no est de acuerdo. Si no hay Estado, el poderoso ms violento determina quin se queda con qu: un caudillo, un caballero medieval, la mafia o una banda de vaqueros en el Lejano Oeste. Los derechos de propiedad se defienden con violencia, ya sea ejercida por autonombrados vigilantes o por el Estado.

As funciona tanto para las posesiones personales como para la propiedad privada, pero es importante distinguir las diferencias entre ambos conceptos. La palabra propiedad no implica un bien, sino un ttulo (escrituras, contratos, acciones, bonos, hipotecas, etctera). Cuando los marxistas hablan de colectivizar los derechos de la propiedad de la tierra o los medios de produccin estamos en el mbito de la propiedad; cuando los conductores de Fox Business Channel juegan a confiscar mi corbata estamos en el mbito de las posesiones personales. El comunismo necesariamente distribuye la propiedad de manera universal pero, al menos en lo que a este comunista concierne, nadie te va a quitar tu smartphone. Estamos?

2. Las economas capitalistas se basan en la libertad de intercambio.

La contraimagen del mito de la opresin comunista es el mito de la libertad capitalista. La idea de que todos vamos por la vida eligiendo libremente todo el tiempo en un mercado que se distingue por la abundancia y donde todo el mundo satisface sus necesidades no vale un pepino cuando la contrastamos con la realidad de cientos de millones de personas. La mayora nos la pasamos atrapados entre presiones rivales que nos estresan y agotan, y nos sentimos solos mientras persiste nuestra bsqueda de sentido y la sensacin de no tener control sobre nuestras vidas.

Y es que no tenemos control sobre nuestras vidas, el mercado las controla. Si no lo crees, intenta salirte del mercado. El capitalismo se origin al arrebatar a los campesinos britnicos de su acceso a la tierra (podramos decir que sus propiedades fueron confiscadas) y, por ende, despojarlos de sus medios de subsistencia y desarrollar su dependencia del mercado para sobrevivir. Ya sin tierras, se vieron obligados a migrar en masa a ciudades plagadas de barrios pobres donde abundaba la porquera, el alcohol y las enfermedades para vender lo nico que les quedaba: la capacidad de poner su cerebro y sus msculos a trabajar. La otra opcin era morir. Al igual que ellos, la gran mayora vemos arrebatado nuestro acceso a los recursos necesarios para prosperar, aunque hay ingentes cantidades de ellos, y nos vemos forzados a trabajar para un jefe que busca enriquecerse pagando cada vez menos y explotndonos ms.

Ni siquiera el jefe, aparente vencedor del libre intercambio, goza de libertad: el mercado impone a la clase propietaria el imperativo de acumular riqueza sin pausa y estimular el aparato de produccin so pena de sucumbir. Los capitalistas tienen que apoyar regmenes represivos y destruir el planeta como parte de sus negocios, aun cuando afirman tener buenas intenciones personales.

Y eso no es ms que el principio del sistema. La marca particular del capitalismo estadounidense necesit exterminar a la poblacin indgena de todo un continente y secuestrar a millones de africanos para convertirlos en esclavos. Adems, la industria capitalista no hubiera sido posible sin el trabajo invisible de las mujeres blancas, consideradas propiedad de sus padres y maridos, que se dedicaron a criar a sus hijos y limpiar sus casas sin recibir un sueldo. Tres vivas por el libre intercambio.

3. El comunismo acab con las vidas de 110 millones* de personas que se resistieron a ser despojadas de sus bienes.  

*Esta cifra tiene la misma solidez que todo lo derivado de investigaciones que se suponen serias, es decir, ninguna.

Greg Gutfeld, uno de los conductores del programa The Five de Fox News e historiador de pacotilla, recientemente plante que solo la amenaza de muerte puede materializar el sueo de la izquierda: nadie en su sano juicio se ofrecera de voluntario para semejante patraa. Eso explica 110 millones de muertes. Con esta declaracin Gutfeld y los de su pelaje ofenden el sufrimiento de los millones que perecieron bajo los gobiernos de Stalin, Mao y otros dictadores comunistas del siglo XX. Inventar una cifra descomunal de seres humanos y achacar sus muertes a una nocin abstracta de comunismo no expresa en modo alguno un compromiso con las vctimas de las atrocidades cometidas contra los derechos humanos.

Por una parte, un importante nmero de quienes murieron durante el comunismo sovitico no eran los kulaks que a todo el mundo parecen preocupar, sino comunistas. Stalin, paranoico hasta la crueldad, no solo mand asesinar y ejecutar a dirigentes de la revolucin rusa, sino que extermin a partidos comunistas enteros. No se trataba de personas que se oponan a la colectivizacin de la propiedad, sino que estaban comprometidas con el proceso para colectivizarla. Tambin cabe recordar que los soviets tuvieron que librar una guerra revolucionaria contra, entre otros, los Estados Unidos. Como sabemos gracias a la revolucin estadounidense, estas guerras no son una fiesta de abrazos grupales. Adems, los soviets se enfrentaron (y derrotaron heroicamente) a los nazis, a quienes tenan no al otro lado del ocano, sino a unos pasos de sus fronteras.

Hasta ah en lo que respecta a la URSS. El episodio ms horripilante del comunismo oficial en el siglo XX es la Gran hambruna china; es difcil determinar el nmero de muertes que caus, pero sin duda la cifra alcanza varias decenas de millones. Evidentemente fueron varios los factores que operaron en esta atrocidad, pero el elemento central fue el Gran salto adelante de Mao, una desastrosa combinacin de pseudociencia aplicada, manipulacin estadstica y persecucin poltica diseada para transformar a China en una superpotencia industrial en un abrir y cerrar de ojos. Los resultados del experimento son macabros, pero afirmar que las vctimas murieron porque, en su sano juicio, no se ofrecieron como voluntarios para cumplir un sueo de la izquierda es ridculo. El hambre no es un problema exclusivo de la izquierda.

4. Los gobiernos capitalistas no cometen atrocidades contra los derechos humanos.

Ms all de la evaluacin que se haga de los crmenes cometidos por los dirigentes comunistas, los exaltados defensores del capitalismo son imprudentes al invocar el jueguito de contar cadveres; si la gente como yo tiene que responder por los nmeros de los cados en el gulag y la campaa para exterminar los gorriones en el marco del Gran Salto Adelante, ellos tendrn que explicar lo que pas con el trfico de esclavos, la exterminacin de las poblaciones nativas, los holocaustos del fin de la era victoriana y todas las guerras, genocidios y masacres llevadas a cabo por los Estados Unidos y sus compinches en la tarea de vencer al comunismo. Ya que la banda de paladines del capitalismo se preocupa tan profundamente por el sufrimiento de las masas rusas y chinas, a lo mejor quieren hablar de los millones de muertos por la transicin de esos pases al capitalismo.

No debera ser difcil intuir que el capitalismo, con su glorificacin del crecimiento ms vertiginoso en medio de la competencia ms despiadada, genera acciones de enorme violencia y marginacin; sin embargo, por alguna razn sus simpatizantes estn convencidos de que opera, siempre y en todo momento, como motor de la liberacin y la rectitud. Sera interesante verlos tratar de persuadir de ello a las decenas de millones de personas que mueren de desnutricin ao tras ao mientras el libre mercado no ha sido capaz de evitar que la mitad de los alimentos producidos en el mundo acabe en la basura.

Las 100 millones de muertes que parecen ameritar nuestra atencin inmediata son los que, segn la organizacin internacional de derechos humanos DARA, sern producto del cambio climtico entre 2012 y 2030. A ellas seguirn otros 100 millones, y no tardarn 18 aos en morir. Se aproximan hambrunas que la especia humana jams ha conocido porque el libre mercado no pone precio al carbono y las petroleras capitalistas, desde el colapso de la URSS, hacen su soberana voluntad. Los anticomunistas ms virulentos tienen un estilo bastante cmodo, aunque moralmente penoso, de pronunciarse sobre esta extincin masiva: niegan que est sucediendo.

5. El comunismo del siglo XXI en Estados Unidos se parecera mucho a los horrores de la Unin Sovitica y la China del siglo XX.

Antes de sus revoluciones, Rusia y China eran sociedades preindustriales, agrcolas y en gran medida analfabetas, cuyas masas estaban conformadas por campesinos dispersos en vastas extensiones de tierra. Hoy, en Estados Unidos los robots fabrican robots y menos de 2% de la poblacin trabaja en el campo. Estas dos situaciones son profundamente distintas. Por ende, la sola invocacin de esta idea carece de valor en tanto argumento respecto al futuro de la economa estadounidense.

Para m, el comunismo es una aspiracin, no un estado inmediatamente accesible. Al igual que la democracia y el liberalismo anglosajn, es utpico en el sentido de que constantemente lucha por un ideal, en este caso la no propiedad de todo y la posibilidad de concebir la cultura, el tiempo de la gente, el cuidado prodigado a los dems y un largo etctera como elementos de inherente dignidad y valor, no como bienes a los que poner un precio para su intercambio en el mercado. Los pasos en esa direccin no tienen que incluir medidas tan atemorizantes como la expropiacin y la abolicin inmediata de los mercados (despus de todo, los mercados anteceden al capitalismo por varios milenios y a los comunistas les encantan los mercados de agricultores). Ms bien, sostengo que pueden llegar a incluir reformas que despierten la simpata de actores con ciertas divergencias ideolgicas.

En vista de los avances tecnolgicos, materiales y sociales del siglo pasado, tiene sentido esperar que una aproximacin al comunismo fuese, hoy por hoy, mucho ms abierta, humana, democrtica, participativa e igualitaria que los intentos en Rusia y China. Incluso me atrevera a decir que ahora sera ms fcil construir un conjunto de relaciones sociales basadas en la camaradera y el apoyo mutuo (a diferencia de las relaciones sociales que, en el capitalismo, se basan en la competencia y la exclusin) al punto de hacer necesario el paulatino adelgazamiento del Estado, ese fetiche del liberalismo anglosajn, sin volver a la Edad Media (solo que ahora con drones y metadatos).

6. El comunismo promueve la uniformidad.

Parece que la mayora de la gente no sabe distinguir entre igualdad y homogeneidad. Tal vez se deba a la tendencia, en las sociedades capitalistas, a concebirnos bsicamente como consumidores: la fantasa distpica nos presenta un supermercado donde todos los productos ostentan una sola marca, la del Estado, que ostenta un envoltorio rojo y letras amarillas.

Sin embargo, las personas hacemos mucho ms que consumir. Algo a lo que dedicamos bastante de nuestros recursos es trabajar (o, en el caso de millones de estadounidenses desempleados, tratar infructuosamente de trabajar). El comunismo imagina un tiempo ms all del trabajo, donde las personas son libres, como seal Marx, [de dedicarse] hoy a esto y maana a aquello, que pueda[n] por la maana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y despus de comer, si [les] place, dedicar[se] a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crtico. En ese sentido, el comunismo se basa en las antpodas de la uniformidad: una gran diversidad, no solo de seres humanos, sino incluso dentro de la ocupacin de cada persona.

El hecho de que tantos y tan grandiosos artistas y escritores hayan sido marxistas es un indicio de que la produccin de cultura en ese tipo de sociedad generara un enorme grado de individualidad y ofrecera mayores vertientes de expresin. Seguramente aquellos artistas y escritores pensaban en el comunismo como una asociacin en la que el libre desarrollo de cada uno sera la condicin para el libre desarrollo de los dems, pero puedes verlo como la traslacin de un concepto abstracto del acceso universal a la vida, la libertad y la bsqueda de la felicidad a la ejemplificacin tangible.

Ni siquiera reparars en los envoltorios rojos con letras amarillas!

7. El capitalismo promueve la individualidad.

Lejos de favorecer que cada persona d rienda suelta a su espritu empresarial y se dedique a aquello que le interesa, el capitalismo aplaude a un pequeo nmero de empresarios que acaparan grandes porciones de los mercados masivos. El proceso requiere de la produccin a gran escala e impone una doble uniformidad social: montones y montones de personas compran los mismos productos, y montones y montones de personas realizan el mismo trabajo. La individualidad que florece inmersa en este sistema suele ser sumamente superficial.

Has visto los complejos residenciales suburbanos que el auge de la industria de la vivienda dej caer como mierda por todo el pas? Has visto los cubculos de paneles grises, baados en luces fluorescentes, apiados en zonas de oficinas tan parecidas entre s que fcilmente haran que te perdieras? Has notado las franjas de centros comerciales y las gasolineras y las comedias de la tele? Nuestra capacidad de adquirir productos de empresas capitalistas rivales no ha generado una sociedad idealmente diversa e interesante.

De hecho, el grueso de las expresiones artsticas ms impresionante dentro de un sistema capitalista siempre ha sido una aportacin de oprimidos y marginados (piensa en el blues, el jazz, el rock & roll o el hip-hop). As, gracias al capitalismo, acaba siendo homogeneizado, comercializado y exprimido por encumbrados empresarios que se acomodan el traje maravillados ante su habilidad para hacernos creer a quienes no estamos a su altura que somos libres.

Fuente original: http://www.salon.com/2014/02/02/why_youre_wrong_about_communism_7_huge_misconceptions_about_it_and_capitalism/



[i] Si bien el autor dirige sus reflexiones a la opinin pblica estadounidense, su razonamiento es aplicable al grueso de las poblaciones de los rincones ms diversos del mundo. N. de la t.



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