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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2014

De "Malebranche" a "Sugar Man"

Juan Domingo Snchez
Rebelin


Dieu fait pleuvoir dans le dessein de rendre les terres fcondes, & cependant il pleut dans les sablons et dans la mer; il pleut dans les grands chemins: il pleut galement dans les terres ingalement cultives. N'est il pas vident par tout ceci que Dieu n'agit pas par des volonts particulires?, P. Malebranche, Mditations chrtiennes et mtaphysiques, Mditation XIV.

(Dios hace llover para hacer que las tierras sean fecundas, y, sin embargo, llueve en los arenales y en el mar; llueve en los caminos: llueve tambin en las tierras desigualmente cultivadas. No es evidente a partir de todo esto que Dios no acta por voluntades particulares?, Malebranche, Meditaciones cristianas y metafsicas, Meditacin XIV).



Searching for Sugar Man, el documental largo de Malik Bendjelloul que gan un Oscar en 2013 es una pelcula sorprendente. En primer lugar, la historia que nos cuenta parece ms digna de la ficcin que de la realidad, y el personaje que la protagoniza, lleno de realidad, no deja de ser increble en una sociedad como la nuestra. El documental nos muestra una larga bsqueda, la de un mito. En los ltimos aos de la Sudfrica del apartheid, un cantante americano del que solo se conoca el nombre y alguna foto sacada de lbums se convirti en el dolo de los jvenes blancos en rebelin contra el apartheid que no solo era un rgimen de explotacin y humillacin brutal contra los negros, sino que negaba las libertades mnimas al conjunto de la poblacin, incluida buena parte de la minora blanca. En ese mundo asfixiante sin apenas contacto con el exterior, unos pocos discos o cassettes de un cantante de cancin protesta norteamericano llamado Sixto Rodrguez, con un estilo que a veces recuerda al del primer Bob Dylan y otras a Creedence, consiguen introducirse en el pas burlando la vigilancia policial. Las canciones de Rodrguez se escuchan, se graban, se copian, se difunden por todos los medios y se convierten en autnticos himnos de desafo al apartheid. El cantante no es blanco como los que lo escuchan, tampoco es negro. es un hispano de los Estados Unidos mticos que los sudafricanos blancos ven como una tierra de libertad.

Mientras tanto, Sixto Rodrguez ha llegado a ser en su pas un perfecto desconocido: despus de haber hecho dos lbumes y dado varios pequeos conciertos en Detroit y sus alrededores, a pesar de que su voz y sus letras son de indudable calidad, no logra saltar a la fama y regresa plcidamente, sin particular sentido de derrota, a su trabajo habitual de albail, al que acude, como muestra de dignidad de clase un poco anticuada, impecablemente vestido de traje y chaleco. Tambin se dedica a la actividad poltica y se presenta a las elecciones defendiendo a los trabajadores de su deprimida ciudad. Mientras, en el otro lado del mundo es un fenmeno de masas a travs de sus canciones, en su propio pas nadie lo conoce, como descubrimos al principio del documental cuando se pregunta sobre Rodrguez a alguna gente por la calle. Incluso hay quien lo da por muerto. De su xito en Sudfrica, Rodrguez lo ignora absolutamente todo, en particular que, tras la cada del apartheid, se grabaron discos suyos y tuvieron una amplia difusin. Su productor norteamericano no le dijo nada, ni tampoco le di un cntimo del dinero de los derechos de autor que le pagaron religiosamente los sudafricanos.

Hay as dos Rodrguez: el de carne y hueso, un buen cantante que no obtuvo xito ni fama en su pas, y el de Sudfrica, el dolo musical y poltico de un pas para el que las canciones de Rodrguez eran un chorro de aire fresco. El Rodrguez de carne y hueso hizo su vida de obrero, tuvo hijas que educ en la dignidad de clase de un trabajador orgulloso de serlo y a las que logr dar gusto por los estudios y la cultura. Los dos Rodrguez, el real y el de vinilo existen en dos mundos que recuerdan los mundos posibles de Leibniz en los que un mismo personaje poda tener existencias enteramente distintas a partir de tan solo un pequeo acontecimiento de su vida. Hay un mundo posible en el que Csar cruz el Rubicn y otro en el que retrocedi en lugar de hacerlo. Rodrguez, por una serie compleja de razones no dio el paso a la fama y no le import nada. Mantiene frente a las fascinaciones del business del espectculo una distancia irnica, con cierta guasa, sin rencor, sin amargura. Ha tenido la vida que ha querido en las circunstancias sociales que le toc vivir. Incluso su paso por Sudfrica una vez "redescubierto", los conciertos masivos, el entusiasmo del pblico no lo perturban. Agradece al pblico que "lo mantuviese vivo" en su primer concierto: "thank you for keeping me alive", pero regresa a los Estados Unidos y su vida sigue como antes.

La historia de Sixto Rodrguez es, como otras muchas, la de un "fracaso" social. Un talento que en una sociedad que une el xito al negocio se ve frustrado. Es como la semilla que en la parbola evanglica del sembrador cae en la roca y no germina o como la lluvia de Malebranche que cae en el mar, en los caminos o los arenales. La particularidad de la historia de Rodriguez es que lo que era un fracaso en un mundo, en ese otro mundo del cono sur de frica fue un xito rotundo. Por lo dems, Rodrguez era, para un sistema que evala a los individuos conforme al valor de cambio y al beneficio, un simple residuo.

Tal es la suerte de la inmensa mayora de los humanos en una sociedad de clases. El capitalismo es a estos efectos un rgimen particularmente cruel, pues priva a la inmensa mayora del mnimo reconocimiento social, sume a casi todo el mundo en el anonimato y la soledad, mientras hace relucir el mito de la fama y la gloria universales asociadas al dinero. El bilogo norteamericano Stephen Jay Gould afirmaba sobre los supuestos "genios": "En cierto modo me interesan menos los pliegues del cerebro de Einstein que la casi certidumbre de que gente con el mismo talento vivi y muri en los campos de algodn y en las fbricas". La historia de las sociedades de clases es la historia de la produccin en masa de restos, de residuos, de talentos frustrados y de vidas truncadas.

Sin embargo esos residuos que son para las clases dominantes los trabajadores, pueden reservarles sorpresas. Pueden encontrarse con circunstancias que les permitan desplegar su capacidad u obtener reconocimiento social. Circunstancias que, como en el caso de Sixto Rodrguez pueden ser perfectamente fortuitas. Tambin pueden construir las condiciones que les permitan abandonar esa condicin de residuo, encontrndose con otros y asocindose a ellos en la construccin de otro mundo posible -que est ya en este- donde los iguales se reconozcan en sus diferencias y en sus talentos singulares. En la Sudfrica del apartheid, el fin de ese espantoso rgimen de opresin pareci durante muchos aos un sueo, en el que sonaban las canciones de Rodrguez entre los blancos o musicas de otro tipo en la mucho ms oprimida y empobrecida mayora negra. El apartheid cay. Hoy es posible soar con el fin de la sociedad de clases, incluso es posible y hasta urgente prepararlo.

Fuente original: http://iohannesmaurus.blogspot.be/2014/02/de-malebranche-sugar-man.html


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